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VIRGILIO
ENEIDA
INTRODUCCIN
Virgilio
Quiz desde comienzos del milenio, el territorio que bordea el lento fluir de las aguas del Po se vio habitado por grupos celtas que acudan en sucesivas oleadas de allende los Alpes. Junto al Mincio, uno de sus afluentes, en Andes, una aldea cerca de Mantua, naci Publio Virgilio Marn (Vergilius) el 15 de octubre del ao 70 a. C. A lo largo de esos mil aos que preceden a su nacimiento, los pueblos celtas de la ribera habran recibido diversas influencias civilizadoras, y, si en su momento el elemento etrusco tuvo sin duda la fuerza que destaca Virgilio en su descripcin de Mantua (Eneida, X, 198-203), desde los tiempos de la Segunda Guerra Pnica haban brotado ya en el territorio numerosas colonias de latinos que hicieron de la Galia Cisalpina una regin de avanzada cultura y saneada economa agrcola, tal como era durante el siglo 1 a. C.
Vergilius es un nombre gentilicio latino bien implantado en el norte y en otras regiones de Italia, y nos hace pensar que naci el poeta en una de esas familias latinas instaladas en la campia del Po ya tiempo atrs, quiz desde la poca de aquellas colonizaciones. Andando el tiempo y ya tan tarde como en los ltimos aos del imperio, sus lectores habran corrompido el nombre en Virgilius -de donde procede el que an hoy utilizamos para el autor de la Eneida- por una doble va: de virgo (dado el tmido carcter que le vali el apodo griego de Parthenias), o de virga (por la varita caracterstica de los magos, que esa fama tendra ya entonces nuestro poeta).
Su padre, aunque la tradicin lo describe como de humilde origen, un alfarero o un bracero -o las dos cosas- que se habra casado con la hija de su patrn, Magia Pola, fue probablemente un eques, un terrateniente lo bastante rico como para preocuparse de que recibiera su hijo la mejor educacin posible y prepararlo as para la carrera forense, camino seguro en la Roma de entonces hacia la lucha poltica.
Sus primeros aos debieron de transcurrir, por tanto, en la finca de Andes, entre las labores del campo que tanto habrn de aparecer en sus obras, confiado tal vez a un paedagogus que cuidase de su instruccin primera. En Roma, Pompeyo y Craso desempeaban el ao 70 su primer consulado compartido en astuta jugada poltica que, bajo la apariencia de liquidar la obra de Sila, trataba de asentar el poder en las manos del partido senatorial. Diez aos despus formaran el primer triunvirato con Csar, primer movimiento de una larga partida que habra de liquidar el rgimen republicano. As, la vida de Virgilio sigue paso a paso los ltimos cuarenta aos de esta agona, hasta el triunfo definitivo del principado en la persona de Augusto.
Con diez o doce aos se traslad a Cremona para comenzar sus estudios. Csar iniciaba por esas fechas su conquista de la Galia, y hay quien afirma que ley Virgilio sus Comentarios con mayor inters por haber tenido quiz ocasin de verle personalmente cuando andaba reclutando sus tropas por las ciudades de la Galia Cisalpina. Aunque era primaria la educacin que recibi en Cremona (es decir, una enseanza elemental de lectura, escritura y aritmtica), no hay que perder de vista que era ste el territorio donde haban nacido y comenzado a escribir parte de los poetae novia; temprano habra empezado Virgilio a entrar en contacto con el mundo de la literatura ms refinada de su tiempo.
Parece que recibi la toga viril el ao 55, y quiere la tradicin que tambin fuera ste el ao de la muerte de Lucrecio. Siguiendo el camino que le alejaba de su tierra natal imperceptiblemente, marcha Virgilio a Miln a continuar los estudios de gramtica y literatura que ya habra comenzado en Cremona. Era Mediolanum una importante ciudad donde cabe suponer que sera fcil recibir una adecuada educacin para intentar el salto final hacia Roma, donde debi de instalarse Virgilio el ao 54, ms o menos.
Su intencin era, como la de todo romano cultivado, estudiar retrica, y parece que su padre le obligaba a prepararse para una carrera forense y poltica, aunque puede que este dato de su biografa no sea otra vez sino el tpico que hace con frecuencia trabajar a los poetas contra las buenas intenciones de la familia. Segn alguno de sus bigrafos, frecuent las lecciones de Epidio, quien fuera tambin maestro por entonces de Antonio y Octaviano, el futuro Augusto. Pero era la retrica rida especialidad para un poeta y, por otra parte, los tiempos en Roma (en el 52 Pompeyo se convirti ya en consul sine collega) eran ya ms de dinero y espada que de discursos. Por ello no es raro que Virgilio prefiriera dedicarse a frecuentar los restos de lo que haba sido el crculo de Catulo, como muestran las amistades que por entonces habra empezado a hacer con Asinio Polin, Alfeno Varo, Cornelio Galo, Helvio Cinna y otros. A ello habra contribuido decisivamente lo que sus bigrafos describen como un fracaso en su primera intervencin como abogado.
Deba Virgilio de estar en Roma el ao 49, cuando estall la guerra entre Csar y Pompeyo, y ste hubo de cruzar precipitadamente el Adritico con buena parte del Senado. No es seguro si milit en las armas de Csar ni si hubo de dejarlo ya por problemas de salud. Sea como fuere, su salud, sin duda, no era buena y los acontecimientos polticos de estos aos debieron marcarle profundamente; por todo ello, poco despus de Farsalia se marcha a Npoles (ao 48 a. C.) para estudiar filosofa con el epicreo Sirn, director entonces del jardn, un hermoso crculo de filsofos y artistas que habran frecuentado nombres importantes de la Roma de entonces, como Julio Csar, Manlio Torcuato, Hircio, Pansa, Dolabela, Casio, tico y Cornelio Galo. De Cremona a Npoles, por tanto, parece que Virgilio no dej de estar en estrecho contacto con los crculos intelectuales ms notables.
No podemos saber con seguridad si Virgilio escriba ya por estos aos. De ser suyos -cosa que parece dudosa a la moderna crtica- algunos de los poemas de la Appendix Vergiliana, los habra escrito por entonces y pueden seguirse en ellos las influencias de aquellos poetae novi que pretendan poner la poesa romana tras los pasos de Tecrito y Calmaco; de esa escuela, por tanto, que se conoce como alejandrinista. Virgilio se instal definitivamente en Npoles, quiz recibi en herencia la pequea finca de Sirn (antes del 41 a. C.) y, pese a que con el tiempo lleg a tener algunas posesiones en la propia Roma gracias a la generosidad de sus amigos, se hicieron cada vez ms raros sus viajes a la capital del imperio.
As pues, he aqu a Virgilio tranquilamente instalado en Campania mientras se desarrollaban los graves acontecimientos de la guerra civil que, primero, pusieron todo el poder en las manos de C. Julio Csar, y fueron al cabo la causa de su muerte, el 15 de marzo del 44. Sin embargo, cuando, tras las primeras disputas, Marco Antonio y Octaviano forman con Lpido el llamado Segundo Triunvirato a finales del 43, el poeta ve cmo su vida es arrastrada en el remolino de las guerras de Roma. Y es que no poda ser de otra forma: la proscripcin y el subsiguiente asesinato de Cicern por orden directa de los trinviros constituan todo un sntoma de que ni los ms hbiles podan quedar al margen de los terribles acontecimientos. Octaviano tena que instalar a 100.000 soldados que deban ser licenciados urgentemente, en evitacin de males mayores. Toda Italia se vio afectada por las confiscaciones de tierras: la propia Campania donde viva Virgilio, y tambin los campos de Cremona, su tierra natal (Mantua uae miserae nimium uicina Cremonae). Sus propias posesiones fueron confiscadas y hasta su padre debi instalarse en la finca de Npoles. Puesto que sus amigos (Asinio Polin, Cornelio Galo y Alfeno Varo) pertenecan al crculo de los trinviros, quiere la tradicin que Virgilio habra logrado de Octaviano la devolucin de su propiedad: no son, sin embargo, definitivos los datos que avalar pueden una afirmacin como sta.
Asinio Polin fue precisamente quien anim a Virgilio a que compusiera unos poemas segn los Idilios de Tecrito, al modo que ya haba intentado M. Valerio Mesala. Las Buclicas fueron publicadas poco despus del 39, y su xito super con creces los lmites de los crculos alejandrinistas, siendo adaptadas con xito como mimo para la escena. Virgilio, segn sus bigrafos, las haba comenzado a los veintiocho aos, y parece que con ellas se vio de repente lanzado a una fama y una popularidad que no iban bien con su carcter retrado. Fue a raz de este xito cuando Mecenas puso a Virgilio en contacto con Octaviano, su antiguo compaero de estudios, arrebatndoselo al crculo de Polin, amigo y aliado de Marco Antonio.
C. Mecenas era un eques de ascendencia etrusca, que aparece ya en los das de Mdena (43 a. C.) al lado de Octaviano. Persona de gran tacto y visin poltica, su influencia fue decisiva en la Roma que Octaviano quera modelar y especialmente en lo que se refiere al terreno de la literatura. Supo rodearse de un crculo de poetas que, a cambio de su amistad y proteccin, realizaron toda una campaa en favor de los intereses del futuro princeps. Virgilio, pues, fue admitido en este crculo y l mismo con Vario Rufo logr que Mecenas aceptase a Horacio. Sabemos por una satira (I, 5) de este ltimo de un famoso viaje a Brindis que realiz Mecenas con lo mejor de su grupo, con Virgilio, Horacio, Vario Rufo y Plocio Turca. Por aquellos das (37 a. C.) deba celebrarse una entrevista en Tarento para reconciliar a Octaviano con Marco Antonio, y sin duda Mecenas se haba propuesto impresionar al futuro enemigo con toda una corte de artistas.
Podemos pensar que fue durante el trayecto cuando convenci Mecenas a Virgilio para que compusiera sus Gergicas, cuatro libros de poesa didctica relacionada con la vida del campo. El poema de Lucrecio an estaba reciente en todos los lectores del momento, el argumento campesino (siguiendo los pasos de Hesodo) no poda disgustar a un autor que se haba criado entre los agricultores de la campia del Po y, por lo dems, el momento requera que los poetas cantasen sus mejores versos a la reconstruccin de Italia, la madre Italia arrasada por las guerras civiles. El empeo, por tanto, era noble, y Virgilio no se resisti a la invitacin de Mecenas, a quien luego dedic ardorosamente su poema. Se dice que debi emplear siete aos en su composicin y que, en una lectura ininterrumpida de cuatro das, pudo lerselo a Octaviano a su regreso de Oriente en el 29 a.C.
No es extrao que el propio Mecenas intentase a continuacin un salto cualitativo en su programa literario. Haba que cantar ahora la figura de quien pronto ya se llamara Augusto. Y haba precedentes: Furio Bibculo y Terencio Varrn haban puesto antes en verso las gestas de Csar en su conquista de las Galias, y los antecedentes de una pica nacional se remontaban hasta Ennio, y ms atrs. La idea ronda ya en los primeros versos del libro tercero de las Gergicas; Mecenas, sin embargo, no tena prisa y esperaba el momento oportuno y la inspiracin adecuada.
Por Macrobio sabemos de una famosa correspondencia epistolar entre Virgilio y el propio Augusto. Era el ao 26, Augusto estaba en Hispania dirigiendo las operaciones contra los cntabros y desde all reclamaba ansioso al poeta el resumen o algn fragmento de su obra. ste entonces le responde pidindole tiempo, que se senta enajenado por el trabajo emprendido y su Eneas (Aenea quidem meo, dice el poeta, segn su bigrafo nos lo ha transmitido) precisa an de estudios ms profundos. Podemos afirmar, por tanto, que era entonces cuando el poeta estaba empezando el trabajo que habra de ocuparle hasta su muerte, el arma uirumque que se dispona a cantar para mayor gloria de Roma y su prncipe. No slo Augusto, sino toda la ciudad aguardaba el poema con impaciencia, y Propercio pudo escribir en el 26 que se estaba gestando algo mayor an que la Ilada.
Ms tarde, sin embargo, Virgilio pudo satisfacer la curiosidad de Augusto, presentndole en pblica lectura los libros II, IV y VI, quiz los ms impresionantes. Es famosa la ancdota que nos cuenta cmo Octavia perdi el conocimiento al escuchar el panegrico de su hijo Marcelo contenido en el libro VI. El propio prncipe debi de estremecerse ante la mencin de su sobrino, el joven que ya haba escogido como heredero y que acababa de fallecer (23 a. C.).
En el ao 19 Virgilio haba provisionalmente terminado su trabajo en doce libros. l mismo se haba trazado an un programa de tres aos durante los que habra de visitar los lugares de Grecia y Asia en los que tantas veces aparecan sus personajes. A nuestro poeta le gustaba pulir amoroso sus versos -como lame la osa a sus cras, en comparacin ya antigua- y quera una tregua para terminar definitivamente el poema. Embarc, por tanto, y en Atenas se encontr con Augusto que volva de Asia. Sabemos que estuvieron juntos, sabemos que el sol abrasador del verano de Mgara hizo que la salud del poeta se resintiera y sabemos que regres precipitadamente a Brindis. Muri el 20 de septiembre y su cuerpo fue trasladado a las proximidades de Npoles, donde recibi sepultura. Algn amigo piadoso puso en su tumba el famoso epitafio: Mantua me genuit...
Antes de partir para Grecia, y alarmado sin duda por una salud precaria, Virgilio haba confiado su Eneida a dos buenos amigos, Vario Rufo y Plocio Tuca: si algo le ocurra, deban entregar ese manuscrito inacabado a las llamas. Que an no estaba terminado el poema. Augusto, sin embargo, evit que se cumpliera ese ltimo deseo, y, muy al contrario, encarg a esos mismos amigos que lo publicasen sin aadir ni una sola letra, aunque podan suprimir lo que, en su opinin, no sera del gusto del poeta ya desaparecido. Y as, con sus contradicciones y sus hermosos versos incompletos, ha llegado la Eneida hasta nosotros.
Del fsico y la personalidad de Virgilio no es mucho lo que sabemos. Era, segn cuenta Donato, alto y moreno, de aspecto campesino, y as nos lo confirman los retratos antiguos que de l nos han llegado, el del mosaico de Hadrumeto y algn busto en mrmol quiz de la poca de Augusto. Tena fama de tmido entre sus amigos, y es seguro que no le gustaba mostrarse en pblico y que prefera su retiro en Campania al ajetreo de la gran ciudad. Quiz tambin esto se debi a esa misteriosa enfermedad crnica que el propio Donato menciona (tuberculosis o no); al fin y a la postre, y en palabras de Garca Calvo, tan slo la enfermedad es lo que hace al hombre un hombre.
La Eneida
El centro de la vida de Virgilio, de los veinte a los cuarenta aos, est enmarcado por el Rubicn y por los ecos de la batalla de Accio; vivi, como hemos comentado, en el torbellino de constantes enfrentamientos civiles que no llegaron a su final, sino con la muerte de Antonio, el ao 30 a. C. Agripa el militar en una mano, y Mecenas el amigo de las letras en otras, Octaviano decide entonces comenzar toda una obra de reconstruccin nacional (la restauracin de la repblica, decan ellos) que deba contar con una adecuada campaa de propaganda. Mecenas estaba empeado en que alguno de sus poetas cantase las gestas de Octaviano, y parece que prob sin fortuna con Horacio y Propercio, quienes habran renunciado de antemano a tan ingente tarea.
Tambin Virgilio recibi esta propuesta, y parece que se dej llevar por el entusiasmo de la victoria y de la paz, y puso manos a la obra. Si tenemos en cuenta el sangriento pasado que estos poetas haban conocido, no podemos sorprendernos si dejaron escapar un profundo suspiro cuando se cerraron en Roma las puertas del templo de Jano, las puertas de la guerra: era el ao 29, y casi durante doscientos aos haban estado abiertas, ensangrentadas.
Tenemos noticias, sin embargo, que nos aseguran que era ya antigua la intencin de Virgilio de componer un poema pico. Afirman sus bigrafos (Servio, Donato) que ya antes de terminar las Buclicas trat de cantar reges et proelia, y discuten si pensaba ya en Eneas o se tratara de una epopeya basada en la historia de los reyes de Alba. En todo caso, nuestro poeta abandon pronto este proyecto, bien abrumado por la tarea, bien simplemente que los tiempos de los neotricos no animaban precisamente a los posibles autores de poemas picos de altos vuelos. Un segundo dato sostiene esta vieja pretensin: parece que, cuando -en el 45- Julio Csar inaugura el templo dedicado a su antepasada Venus Gnetrix, Virgilio habra asociado definitivamente los nombres de Csar y de Eneas; segn Servio, a este Csar hara referencia el poeta en el libro I de su Eneida (254-296) y, por tanto, estos versos habran sido compuestos, quiz con algn otro fragmento, mucho antes que el resto del poema.
Es indiscutible, por ltimo, que en el proemio del libro III de las Gergicas Virgilio anuncia una futura obra, comparada en sus versos con un templo, que tendr a Csar en el centro y al fondo las gestas troyanas. Y este Csar al que se refiere con el entusiasmo de los das de Accio, es ya Octaviano. Cuando termina su poema campesino, Virgilio se decide al fin a recoger la propuesta de Mecenas. Era, pues, el ao 29, y hemos visto, sin embargo, cmo tres aos despus nada puede an ofrecer a Augusto. Qu obstaculizaba el trabajo del poeta? Quiz su intencin primera estaba experimentando un cambio y su fina intuicin potica le llevaba a desplazar la cmara, colocando al lder en un segundo plano, para que ms destacase la tarea colectiva del pueblo romano, el pueblo latino y los padres de Alba y de la alta Roma las murallas. Ahora bien, los das no eran fciles, y no es raro pensar que en Virgilio se fuera enfriando el entusiasmo inicial; si a esto aadimos el que su amigo Cornelio Galo se quit la vida el ao 27, acusado de traicin hacia la persona de Augusto, no sera posible pensar en un cierto desengao poltico del poeta?
Canto las armas y a ese hombre que de las costas de Troya
lleg el primero a Italia prfugo por el hado y a las playas
lavianas, sacudido por mar y por tierra por la violencia
de los dioses a causa de la ira obstinada de la cruel Juno,
tras mucho sufrir tambin en la guerra, hasta que fund la ciudad
y trajo sus dioses al Lacio; de ah el pueblo latino
y los padres albanos y de la alta Roma las murallas...
Virgilio, por tanto, eligi como argumento definitivo para su poema pico los viajes de Eneas, de Troya a las tierras del Lacio, y sus guerras en Italia hasta su definitivo asentamiento. En realidad, se trataba, tal como el poeta lo planteaba, del primer captulo de la historia de Roma que iba a culminar en la persona de Augusto, descendiente familiar y tambin poltico de esta manera del hroe de Troya. Veamos el argumento del poema:
LIBRO I: Las naves de los troyanos, que surcan el mar de Sicilia, son.arrojadas a las costas africanas por una violenta tempestad que la rencorosa Juno les enva. Venus, quien poco antes haba obtenido de Jpiter garantas sobre el futuro de su hijo, se aparece a Eneas como una cazadora, y le informa de que se encuentra en las tierras de la fenicia Dido, ahora reina de Cartago. Entra Eneas en esta ciudad con su amigo Acates rodeados por una nube que les oculta, y pueden as contemplarla sin que nadie les vea. Asisten tambin al relato de Ilioneo, que se ha presentado ante la reina al frente de una embajada de troyanos, y Eneas enva a Acates en busca de Ascanio y de regalos para Dido, despus de salir de la nube y mostrarse a la vista de todos. Venus, convenciendo a Cupido para que suplante al hijo de Eneas y tome su aspecto, logra que el corazn de la reina se inflame de amor. La reina ofrece un banquete a sus huspedes y pide a Eneas que le cuente sus aventuras.
LIBRO II: Comienzan los recuerdos de Eneas, tal como se los cuenta a Dido en el banquete, y que se van a extender a lo largo de dos libros. En ste se cuenta la cada de Troya, luego que los griegos lograron introducir el caballo en la ciudad. Esa noche aciaga, y cuando ya el ejrcito griego haba logrado su objetivo de entrar en Troya, se aparece a Eneas el fantasma de Hctor que le anuncia el desastre y le pide que escape y busque nuevas murallas para los dioses de la ciudad. Se describe el saqueo de la ciudad y la muerte de alguno de sus personajes ms importantes y en especial la del rey Pramo. Eneas decide abandonar la patria para lo que ha de vencer, ayudado por seales del cielo, la resistencia de Anquises, su padre. Salen al fin, pero en el camino se pierde definitivamente Cresa, la esposa del hroe, quien se encamina a las montaas con su padre y Ascanio, su hijo.
LIBRO III: Eneas, con los compaeros que han podido escapar a la catstrofe, prepara una flota y navega a las costas de Tracia. Comienza as un periplo que le lleva sucesivamente a la isla de Delos (para con sultar el orculo), a Creta, de donde deben partir precipitadamente a causa de la peste, y a las islas Estrfades (encuentro con Celeno y las dems Harpas; nueva profeca sobre su destino). Llegan a las costas de Epiro, donde encuentran a Andrmaca y Hleno; le anuncia ste su brillante porvenir y le advierte de los peligros que debe evitar en la navegacin hacia Italia. Bordean las costas de Sicilia y, frente al Etna, encuentran al griego Aquemnides, superviviente de la expedicin de Ulises, que les refiere la aventura con el Ciclope Polifemo. Evitan luego los escollos de Escila y Caribdis siguiendo los consejos de Heleno, y llegan al fin al puerto de Drpano, donde muere Anquises, el padre del hroe. Viene luego la tempestad que les ha arrojado a las playas de frica, con lo que termina el relato de Eneas a la reina.
LIBRO IV: Es el famoso libro de los amores de Dido y Eneas. Comienza cuando Dido abre su corazn a Ana, su hermana del alma, y le expone su terrible dilema: se ha enamorado del hroe troyano, pero an respeta la memoria de Siqueo, su primer marido ya muerto. Animada por las palabras de su hermana, que le reprocha el haber rechazado ya a otros pretendientes africanos, Dido rompe todos los lazos del pudor y se entrega a una ardiente pasin por Eneas. Juno y Venus, por razones bien distintas, acuerdan -las dos estn fingiendo- propiciar la unin de Dido con Eneas y unir a los dos pueblos. Salen los hroes de cacera; protegidos en una cueva de una repentina tormenta, se consuma su himeneo. Instigado por las splicas de Yarbas, rey de los getulos a quien Dido haba despreciado, Jpiter enva a Mercurio para que recuerde a Eneas el objetivo de su misin y le reproche su abandono. Prepara entonces en secreto la partida, pero Dido lo descubre e intenta convencerle de mil maneras para que se quede a su lado. Al no conseguirlo, la reina decide quitarse la vida y maldecir para siempre a Eneas y a su pueblo. Parten las naves troyanas mientras asoman por encima de las murallas las llamas de la pira de Dido.
LIBRO V: Con tan funesto augurio, las naves son arrojadas de nuevo por una tempestad a las costas de Sicilia, sin poder alcanzar Italia. Les acoge amistosamente el rey Acestes, y celebra entonces Eneas sacrificios y juegos en el sepulcro de su padre. Comienzan con una competida regata; siguen carreras a pie, luchas con el cesto, pruebas de puntera con arco y terminan con unos ejercicios ecuestres en los que Ascanio dirige a los dems jvenes troyanos. Las mujeres de Troya, preocupadas por su difcil situacin y en vista de que no alcanzan el final del peligroso viaje, instigadas por Iris, mensajera de Juno, incendian la flota y consiguen destruir cuatro naves; Jpiter enva una lluvia milagrosa que impide la destruccin total. Anquises se aparece en sueos a su hijo y le aconseja que deje a parte de su gente en Sicilia y se dirija a Cumas, en Italia, donde debe conseguir la ayuda de la Sibila para bajar al Averno, a las moradas infernales de Dite. Obedece Eneas a su padre, y en el camino pierde a Palinuro, el piloto de su nave.
LIBRO VI: Llega por fin Eneas a las costas de Italia, a Cumas. Se entrevista con la Sibila, escucha su orculo y le pide que le acompae a las mansiones infernales para ver a su padre. Recorren ambos los infiernos, luego que el hroe consigue la rama de oro que les franquea el paso. Encuentran la sombra de Palinuro, antes de cruzar la laguna estigia en la barca de Caronte; llegan a las Llanuras del Llanto, donde encuentran a Dido y a la muchedumbre de los soldados troyanos muertos en la guerra. Descripcin del Trtaro y sus suplicios. Llegan a los Campos Elseos, donde, por fin, puede Eneas hablar con el fantasma de su padre. Anquises explica a su hijo el origen del mundo y los misterios de la vida en los infiernos; por ltimo, le va describiendo las personas de los que luego han de ser hroes de la Roma que aguarda su hora; destaca aqu el elogio del joven Marcelo, sobrino y heredero de Augusto, muerto prematuramente. Animado al comprender la misin de Roma en la historia del mundo, abandona Eneas las moradas infernales por la puerta de marfil.
LIBRO VII: Comienza la segunda parte del poema, las guerras en el Lacio, y as nos lo indica el propio poeta con una segunda invocacin a las Musas. Navega la flota troyana siguiendo las costas de Italia, y penetra en las aguas del Tiber, en cuya ribera desembarcan y establecen los troyanos su campamento. Eneas, al ver cumplido el vaticinio de Celeno, reconoce en estas tierras la patria que le tiene asignado el destino. Enva mensajeros al rey Latino, quien le acoge favorablemente y, en cumplimiento de antigua profeca, le ofrece en matrimonio a su hija Lavinia. Irritada de nuevo Juno, enva a la tierra a la furia Alecto, que ha de enfrentar a latinos y troyanos para impedir la boda; maniobras de Alecto con Amata, la esposa del rey Latino, y el propio Turno, rey de los rtulos, a quien ya Latino haba prometido la mano de su hija, y que era el pretendiente favorito de la reina Amata. Ascanio mata en una cacera a un ciervo de la pastora Silvia, pastora del rey, y este incidente es la chispa que enciende la guerra entre ambos pueblos. Descripcin de las tropas aliadas de Turno, entre las que destaca Camila, reina de los volscos.
LIBRO VIII: Turno busca ayuda entre todos los pueblos del Lacio. El dios del Tber se aparece en sueos a Eneas y le advierte, tras infundirle nimos, que debe buscar la alianza con Evandro, rey arcadio que tiempo atrs se haba establecido con su pueblo en el monte Palatino, justo donde ms tarde habrn de alzarse las murallas de la alta Roma. Parte Eneas en busca de Evandro y ste le recibe favorablemente. Cuenta el rey arcadio el origen de los sacrificios que estn celebrando en honor de Hrcules, conmemorando su victoria sobre Caco; recorren ambos reyes el futuro asiento de Roma. Venus, preocupada por las guerras que aguardan a su hijo, solicita el favor de Vulcano, quien ordena a sus Ciclopes que preparen para el hroe unas armas maravillosas. Por consejo de Evandro, que hace que su propio hijo Palante se aliste junto a Eneas, el hroe troyano parte en busca de las tropas tirrenas, en pie de guerra contra Mecencio, su antiguo rey, hoy aliado de Turno. Venus se aparece a Eneas y le entrega las armas; descripcin minuciosa del escudo, en el que aparecen grabadas futuras hazaas de Roma.
LIBRO IX: Aprovechando la ausencia de Eneas que Iris le descubre, Turno pone sitio al campamento troyano y quema sus naves, que la diosa Cibeles convierte en Ninfas del mar. Aventura nocturna de Niso y Euralo, quienes tratan de romper el cerco para avisar a su rey de la difcil situacin del campo troyano; la muerte de ambos amigos hace que decaiga ms la moral de los soldados troyanos. Turno ataca con redobladas fuerzas, y el propio Ascanio debe empuar las armas contra los atacantes, dando muerte a Numano. Pndaro y Bitias intentan engaar a los sitiadores y les abren la puerta que les haba sido confiada, pero Turno advierte el engao y entra en el campamento causando gran matanza entre sus enemigos hasta que, rechazado y acosado, ha de arrojarse con sus armas al Tiber.
LIBRO X: Convoca Jpiter la asamblea de los dioses para discutir la guerra del Lacio; ante la imposibilidad de conciliar los criterios de Juno y de Venus, decide el padre de los dioses permanecer neutral, lo que viene a ser dejar la guerra en manos del hado y sus disposiciones. Cuando los rtulos preparan un segundo ataque, se presenta Eneas con las tropas tirrenas y las que Evandro puso bajo el mando de su hijo Palante; las naves transformadas en Ninfas le haban avisado del peligro que corran los troyanos. Eneas desembarca y comienza el combate en el que muere Palante a manos de Turno. Cuando ms enfurecido est el hroe troyano por vengar la muerte de su amigo, Juno consigue de Jpiter que saque a Turno del camp, librndole de una muerte inminente; para ello le ponen delante un fantasma con la figura de Eneas, y el rey de los rtulos le persigue por tierra y por mar hasta las riberas de Ardea, donde sale avergonzado de su error. Toma Mecencio el mando del ejrcito latino hasta que es herido por Eneas, quien despus da muerte a su hijo Lauso. Duelo de Mecencio, que vuelve enardecido al combate y es muerto por Eneas.
LIBRO XI: Celebra Eneas en honor de Marte la muerte de Mecencio, y enva a la ciudad de Evandro los restos de Palante. Llegan mensajeros del rey Latino a pactar una tregua para dar sepultura a los muertos; accede Eneas. Regresan a la corte de Latino los mensajeros que haba enviado a Diomedes y anuncian que no han podido conseguir su alianza; esto provoca un debate en la asamblea de los latinos, y Turno y Drances se enfrentan agriamente en defensa de la guerra y la paz con los troyanos, respectivamente. Llega a la asamblea la noticia del avance de Eneas sobre Laurento y se prepara la defensa de la ciudad. Sale Camila al frente de su escuadrn de caballera y se traba combate en el que muere la herona a manos de Arrunte; la Ninfa Opis venga su muerte por encargo de la diosa Diana. Se dispersa el ejrcito latino ante la muerte de Camila y acude de nuevo Turno para salvar la situacin. Llega al campo de batalla al tiempo que Eneas; es de noche y ambos prefieren acampar al pie de las murallas de Laurento.
LIBRO XII: Acepta Turno enfrentarse en duelo singular segn la propuesta de Eneas, y que la mano de Lavinia sea para el vencedor. Persuadida por Juno, la Ninfa Yuturna, hermana de Turno, acta entre el ejrcito latino y consigue que se rompa el pacto porque Tolumnio dispara sus dardos contra los troyanos. Se reanuda el combate y es herido Eneas. Mientras Turno se aprovecha de su ausencia, el caudillo troyano es curado milagrosamente con unas hierbas que le enva su madre. Busca luego a Turno, pero Yuturna, transformada en el auriga Metisco, lo mantiene alejado del combate; decide entonces Eneas iniciar el asalto final a la ciudad. Ante tan delicada situacin se ahorca la reina Amata, y la espantosa noticia lanza a Turno al duelo decisivo, tras descubrir el ardid intil de su hermana. Muere Turno a manos de Eneas.
Es la Eneida una recreacin literaria de la poesa pica (Garca Calvo) que vena de Hornero, y aun de antes de Homero. Virgilio dispona, pues, del molde adecuado a sus intenciones, tal como se lo suministraban los poemas del griego, as como la pica helenstica de Apolonio de Rodas, y su trabajo inicial -quiz esos primeros aos de inexplicada parlisis- consisti en reunir los materiales que le permitieran urdir el relato que ya empezaba a ver con claridad. Haca tiempo que Virgilio haba asociado el nombre de Eneas con la casa de Csar, la gens Iulia, y ese hroe es mencionado por Poseidn en el canto XX de la Ilada como el futuro rey de los troyanos. Es ms, el siciliano Timeo de Tauromenio haba ya relacionado los orgenes de Roma con la llegada de Eneas al Lacio; Nevio, primero, y luego Ennio, el poeta nacional romano hasta la aparicin de Virgilio, haban recogido esa tradicin en sus poemas, en los que apareca tambin Dido entre alusiones a la futura rivalidad de Roma y Cartago. Tambin debi de leer Virgilio con aprovechamiento la obra de Catn (Origines), en la que se narraba el pasado de tantos pueblos de Italia. Virgilio tena con todo esto el camino ya trazado, pero l marc la nueva meta, y en ella Eneas y Augusto se identifican como dos ramas del mismo rbol familiar que trabajaban por la gloria de Roma y aceptaban voluntariamente su destino.
En cuanto a la poesa pica en latn, tampoco nuestro poeta parta de la nada. Habitualmente se identifica el comienzo de la literatura latina con la figura de Livio Andronico, y uno de sus trabajos consisti precisamente en traducir al latn, en versos saturnios, la Odisea de Homero. Nevio (Bellum Poenicum) contina la tradicin, y Ennio concibi sus Annales como un inmenso poema que cantara las gestas romanas hasta sus das y para ello, adems, adapt como verso el hexmetro de Homero, lo que sera ya un paso definitivo en lo que refiere a la forma de la pica en latn. En sus propios das Virgilio haba podido leer los esplndidos hexmetros de Lucrecio, de quien tanto aprendi, as como numerosos epyllia o pequeos poemas picos que los neotricos componan a la manera de Calmaco.
Pero nadie en la ciudad haba intentado emular a Homero con sus obras, y a Virgilio, sin embargo, le pareci que Augusto, Eneas y, sobre todo, Roma, se merecan una tarea semejante. Es grande, por tanto, la deuda de la Eneida con los poemas de Romero, y ya en la antigedad se vean los seis primeros libros como una Odisea y los seis ltimos como una Ilada. Las historias de navegantes y de guerreros, el relato hacia atrs de un personaje, el campamento asediado en ausencia del hroe, la muerte cruel del amigo del hroe y la subsiguiente venganza; las tormentas, los juegos funerales, el descenso a los infiernos, el catlogo de los aliados, las armas maravillosas de Vulcano, el duelo a muerte entre los hroes rivales... con otros muchos, son temas que pueden leerse en las obras de Homero (W A. Camps). Nadie, sin embargo, acusa ya a Virgilio de plagio. Ese material era acervo comn de todos los poetas, y con l deba Virgilio crear su propio mundo. En la literatura clsica la tradicin es fuente de originalidad y era obligado beber en ella.
Tome, pues, el lector la Eneida entre sus manos. Descubra en su composicin aquellas dos mitades o la otra ley que distribuye el poema a partes iguales entre Dido (I-VI), Eneas (V-VIII) y Turno (IX-XII), o bien otras muchas correspondencias que recorren y articulan el poema de principio a fin. Y, sobre todo, haga buena la afirmacin de Jlbnikov: Constataba que versos antiguos palidecan de golpe, que su contenido escondido se converta en el hoy, y comprend que la patria de la creacin era el futuro. De all sopla el viento de los dioses dula palabra (cita de R.Jakobson).
Intencionadamente hemos dejado al margen en esta breve presentacin las consideraciones al uso acerca del estilo de nuestro autor. El lector podr encontrarlas y entenderlas mucho mejor en la bibliografa especializada, y, por otra parte, sera muy difcil seguir los pasos del estilo de Virgilio a partir de una traduccin.
Cuando nos propusimos el presente trabajo, intentamos para poner a Virgilio en nuestra lengua el camino de la prosa, que, sin duda, permita una mayor precisin al traducir. Sin embargo, el coste era demasiado alto, y nuestro texto se alejaba ms y ms del original virgiliano. Quienes nos precedieron haban emprendido uno y otro camino, y pueden leerse las traducciones en verso de Gregorio Hernndez de Velasco (la ms antigua en circulacin), de A. Espinosa Plit (excelente) o de A. Garca Calvo (de la Eneida slo el libro VI). Pero la mayora de los traductores lo han sido en prosa, y no desmiente este dato el que en muchas ocasiones se trate de la versin repetida de Eugenio de Ochoa. Y es que en general las traducciones modernas de los poemas de la literatura clsica se han hecho en prosa, abandonando la tendencia inicial de las lenguas europeas.
Decidimos por fin intentar una traduccin en verso y vimos con sorpresa hasta qu punto el latn se dejaba meter en los nuevos moldes. Ciertamente se trata de un verso relajado, que no hace sino forzar al traductor a tener muy en cuenta las palabras exactas de Virgilio y el orden en el que aparecen, emulando en parte el ritmo o la cadencia final de los hexmetros latinos; pero es que, como afirma P Klossowski (traductor de Virgilio para Gallimard), no podemos aplicar nuestra lgica gramatical en la traduccin de un poema donde precisamente la yuxtaposicin voluntaria de las palabras (cuyo contraste produce la riqueza sonora y el prestigio de la imagen) constituye la fisionoma de cada verso.
Elegido, pues, el verso, se trataba de lograr una traduccin clara y fcil de seguir y que no abusase de los trminos puramente poticos, ya que es quiz la caracterstica esencial de los versos virgilianos el lograr una construccin mgica a partir de palabras ms bien sencillas. Para este trabajo hemos encontrado nimo y respaldo en excelentes traducciones italianas (F. Della Corte, R. Calzecchi Onesti, L. Canal) e incluso en la ya clsica al ingls de C. Day Lewis.
Hemos utilizado como texto de referencia el Virgilio de la edicin de Mynors (Oxford,1977 =1969, con correcciones) y, en general, hemos seguido sus interpretaciones, aunque a veces notar el lector una eleccin distinta, basada casi siempre en el consenso de los cdices. En caso de discrepancia, bastar un vistazo a esa edicin crtica para localizar nuestra fuente. Asimismo, hemos contado con la ayuda de los precisos comentarios de Austin y Paratore; este ltimo ha publicado en fechas recientes una completa edicin comentada de la Eneida.
Citamos a continuacin algunos ttulos que pueden resultar tiles a quienes deseen profundizar en la figura del poeta mantuano:
CAMPS, W A.: An Introduction to Virgil's Aeneid, Oxford,1979 (=1969).
ECHAVE-SUSTAETA, J. DE: Virgilio y nosotros, Barcelona, 1964. EsPINOSA PLIT, A.: Virgilio en verso castellano, Mjico, 1961. GARCIA CALVO, A.: Virgilio, Madrid, 1976 (con abundante bibliografa).
GRIMAL, P.: Virgile ou la seconde naissance de Rome, Pars, 1985. GUILLEMIN, A. M.: Virgilio. Poeta, artista y pensador, Buenos Ares, 1968.
JACKSON KNIGHT, W F.: Roman Vergil, Harmondsworth, 1966 (= Londres, 1944, revisada).
MOYA DEL BAO, F. (ed.): Simposio virgiliano, Murcia, 1984. SYME, R.: The Roman Revolution, Oxford,1974 (=1939, revisada).
A todos estos autores y a otros muchos estudiosos o traductores que hemos debido consultar constantemente, nuestro agradecimiento sincero. Y algo ms que agradecimiento debiramos manifestar hacia las personas que con su calor nos animaron en nuestro trabajo, a tantos amigos. Debemos, sin embargo, mencionar expresamente a Ana de los Ros-Zarzosa Nogus (y a Manolo), que revis conmigo la traduccin y en duras sesiones realiz el completo ndice de nombres, as como a Vicente Cristbal Lpez, amigo de otros tiempos que apareci de pronto y me ayud leyendo el manuscrito hasta abrumarme con sus minuciosas sugerencias. Los consejos de ambos se han visto reflejados en numerosos lugares de esta traduccin. Gracias.
ENEIDA
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LIBRO I
Canto las armas y a ese hombre que de las costas de Troya
lleg el primero a Italia prfugo por el hado y a las playas
lavinias, sacudido por mar y por tierra por la violencia
de los dioses a causa de la ira obstinada de la cruel Juno,
tras mucho sufrir tambin en la guerra, hasta que fund la ciudad 5
y trajo sus dioses al Lacio; de ah el pueblo latino
y los padres albanos y de la alta Roma las murallas.
Cuntame, Musa, las causas; ofendido qu numen
o dolida por qu la reina de los dioses a sufrir tantas penas
empuj a un hombre de insigne piedad, a hacer frente 10
a tanta fatiga. Tan grande es la ira del corazn de los dioses?
Hubo una antigua ciudad que habitaron colonos de Tiro,
Cartago, frente a Italia y lejos de las bocas
del Tiber, rica en recursos yviolenta de aficin a la guerra;
de ella se dice que Juno la cuid por encima de todas las tierras, 15
ms incluso que a Samos. Aqu estuvieron sus armas,
aqu su carro; que ella sea la reina de los pueblos,
si los hados consienten, la diosa pretende e intenta.
Pero haba odo que vena una rama de la sangre troyana
que un da habra de destruir las fortalezas tirias; 20
para ruina de Libia vendra un pueblo poderoso
y orgulloso en la guerra; as lo hilaban las Parcas.
Eso temiendo y recordando la hija de Saturno otra guerra
que ante Troya emprendiera en favor de su Argos querida,
que an no haban salido de su corazn las causas del enojo 25
ni el agudo dolor; en el fondo de su alma
clavado sigue el juicio de Paris y la ofensa de despreciar
su belleza y el odiado pueblo y los honores a Ganimedes raptado.
Ms y ms encendida por todo esto, agitaba a los de Troya
por todo el mar, resto de los dnaos y del cruel Aquiles, 30
y los retena lejos del Lacio. Sacudidos por los hados
vagaban ya muchos aos dando vueltas a todos los mares.
Empresa tan grande era fundar el pueblo de Roma.
Apenas daban velas, alegres, a la mar alejndose de las tierras
de Sicilia y surcaban con sus quillas la espuma de sal 35
cuando Juno, que guarda en su pecho una herida ya eterna,
pens: Desistir, vencida, de mi intento
y no podr mantener apartado de Italia al rey de los teucros?
En verdad se me enfrentan los hados. No pudo quemar Palas
la flota de los griegos y hundirlos a ellos mismos en el mar, 40
por la culpa y la locura de uno solo, de yax Oileo?
Ella fue quien lanz de las nubes el rpido fuego de Jove
y dispers las naves y dio la vuelta al mar con los vientos;
y a l mientras mora con el pecho atravesado de llamas
se lo llev en un remolino y lo clav en escollo puntiagudo. 45
Y yo, reina que soy de los dioses y de Jpiter
hermana y esposa, contra un solo pueblo tantos aos ya
hago la guerra. Acaso alguien querr adorar
el numen de Juno o suplicante rendir honor a sus altares?
En su pecho encendido estas cuitas agitando la diosa 50
a la patria lleg de los nimbos, lugares preados de Austros furiosos,
a Eolia. Aqu en vasta caverna el rey olo
sujeta con su mando a los vientos que luchan y a las tempestades
sonoras y los frena con cadenas y crcel.
Ellos enfurecidos hacen sonar su encierro del monte 55
con gran ruido; olo se sienta en lo alto de su fortaleza
empuando su cetro y suaviza los nimos y atempera su enojo.
Si as no hiciera, en su arrebato se llevaran los mares sin duda
y las tierras y el cielo profundo y los arrastraran por los aires.
Pero el padre todopoderoso los escondi en negros antros, 60
eso temiendo, y la mole de un monte elevado
puso encima y les dio un rey que con criterio cierto
supiera sujetar o aflojar sus riendas segn se le ordenase.
Y a l entonces Juno se dirigi suplicante con estas palabras:
olo (pues a ti el padre de los dioses y rey de los hombres 65
te confi calmar las olas y alzarlas con el viento),
un pueblo enemigo mo navega ahora por el mar Tirreno,
y se lleva a Italia Ilin y los Penates vencidos.
Insufla fuerza a tus vientos y cae sobre sus naves, hndelas,
o haz que se enfrenten y arroja sus cuerpos al mar. 70
Tengo catorce Ninfas de hermoso cuerpo,
de las que Deyopea es quien tiene ms bonita figura;
la unir a ti en matrimonio estable y har que sea tuya,
para que por tus mritos pase todos los aos
contigo y te haga padre de hermosa descendencia. 75
A lo que olo repuso: Cosa tuya, oh reina, saber
lo que deseas; a m aceptar tus rdenes me corresponde.
T pones en mis manos este reino y me ganas el cetro y a Jove,
t me concedes asistir a los banquetes de los dioses
y me haces seor de los nimbos y las tempestades. 80
Luego que dijo estas cosas, golpe con su lanza el costado
del hueco monte y los vientos, como ejrcito en formacin de combate,
por donde se les abren las puertas se lanzan y soplan las tierras con su torbellino.
Cayeron sobre el mar y lo revuelven desde lo ms hondo,
a una el Euro y el Noto y el brego lleno 85
de tempestades, y lanzan vastas olas a las playas.
Se oye a la vez el grito de los hombres y el crujir de las jarcias;
las nubes ocultan de pronto el cielo y el da
de los ojos de los teucros, una negra noche se acuesta sobre el ponto, 90
tronaron los polos y el ter reluce con frecuentes relmpagos
y todo se conjura para llevar la muerte a los hombres.
Se aflojan de pronto de fro las fuerzas de Eneas,
gime y lanzando hacia el cielo ambas palmas
dice: Tres veces y cuatro veces, ay, bienaventurados
cuantos hallaron la muerte bajo las altas murallas de Troya, 95
a la vista de sus padres. Oh, el ms valiente de los dnaos,
Tidida! Y no haber podido yo caer de Ilin en los campos
a tus manos y que hubieras librado con tu diestra esta alma ma
donde fue abatido el fiero Hctor por la lanza del Ecida, 100
donde el gran Sarpedn, donde el Simunte arrastra
en sus aguas tanto yelmo y escudo, y tantos cuerpos esforzados!
Cuando as se quejaba un estridente golpe del Aquiln
sacude de frente la vela y lanza las olas a las estrellas.
Se quiebran los remos, se vuelve la proa y ofrece
el costado a las olas, viene despus enorme un montn de agua; 105
unos quedan suspendidos en lo alto de la ola; a estos otros se les abre el mar
y les deja ver la tierra entre las olas en agitado remolino de arena.
A tres las coge y las lanza el Noto contra escollos ocultos
(a esos escollos que asoman en medio del mar los llaman los talos Aras,
enorme espina de la superficie del agua), a tres el Euro las arrastra 110
de alta mar a los bajos y a las Sirtes, triste espectculo,
y las encalla en los vados y las cerca de un banco de arena.
A una que llevaba a los licios y al leal Orontes,
ante sus propios ojos la golpea en la popa una ola gigante
cayendo de lo alto: la sacudida arrastra de cabeza 115
al piloto, rodando; a aqulla tres veces la hace girar
la tromba en su sitio antes de que la trague veloz torbellino.
Desperdigados aparecen algunos nadando en la amplia boca,
las armas de los hombres, los tablones y el tesoro troyano entre las olas.
Ya la nave poderosa de Ilioneo, ya la del fuerte Acates 120
y la que lleva a Abante y la de Aletes el anciano
la tempestad las vence; por las maderas sueltas de los flancos
reciben todas el agua enemiga y se abren en rendijas.
Entretanto Neptuno advirti por el ruido tan grande que el mar se agitaba,
se desataba la tormenta y el agua volva de los profundos abismos 125
y, gravemente afectado, mir desde lo alto
sacando su plcida cabeza por encima del agua.
Ve por todo el mar la flota deshecha de Eneas,
y a los troyanos atrapados por las olas y la ruina del cielo;
y no se le escaparon al hermano las trampas y la ira de Juno.
As que llama ante l al Cfiro y al Euro, y as les dice: 130
A tanto ha llegado el orgullo de la raza vuestra?
Ya revolvis el cielo y la tierra sin mi numen, vientos,
y os atrevis a levantar moles tan grandes?
Os voy a... Pero, antes conviene volver a componer las olas agitadas. 135
Ms adelante pagaris con pena bien distinta vuestro atrevimiento.
Marchaos ya de aqu y decid esto a vuestro rey:
el gobierno del mar y el cruel tridente no a l,
sino a m, los confi la suerte. Se ocupa l de las rocas enormes,
Euro, vuestras moradas; que se jacte en aquella residencia 140
olo y reine en la cerrada crcel de los vientos.
As habla, y antes de decirlo aplaca el mar hinchado
y dispersa el montn de nubes y vuelve a traer el sol.
Cimtoe y Tritn intentan a la vez sacar las naves
del filoso escollo; las alza l con su propio tridente 145
y abre las vastas Sirtes y serena el mar
y recorre la cresta de las olas con sus ruedas ligeras.
Y como en un gran pueblo cuando a menudo surge
el motn y se enciende el corazn de los villanos,
y vuelan ya piedras y antorchas y la locura sirve a las armas. 150
Entonces, si pueden ver a un hombre de grave piedad
y mritos, callan y se detienen a su lado con el odo atento;
l gobierna con palabras sus mpetus y ablanda sus corazones:
as decay todo ruido en el mar luego que el padre
contemplando la superficie y llevado a cielo abierto 155
conduce sus caballos y vuela dando rienda suelta a su carro.
Los agotados Enadas intentan ganar a la carrera
las costas ms prximas y se dirigen hacia las playas de Libia.
Hay un lugar en una profunda ensenada y, ofreciendo sus costados,
una isla lo hace puerto rompiendo contra ellos cuanta ola 160
viene del mar, que se divide en arcos de reflujo.
Aqu y all vastos roquedales y farallones gemelos
amenazan al cielo, bajo la cima de los cuales calla
en gran extensin un mar seguro; se aade por encima un decorado
de selvas relucientes y se alza un negro bosque de horrible sombra. 165
Una gruta se abre enfrente, de colgantes escollos;
dentro, aguas dulces y sitiales en la roca viva,
morada de Ninfas. Se sujetan aqu las naves cansadas
sin maroma alguna, no las ata el ancla con su curvo mordisco.
Aqu llega Eneas con las siete naves que reunir pudo 170
del nmero total, y desembarcando con gran ansia de tierra
toman los troyanos posesin de la anhelada arena
y tienden en la playa los cuerpos de sal entumecidos.
Y primero Acates le hizo brotar al pedernal la chispa
y prendi con ella unas hojas y puso alrededor 175
rido alimento y raudo sac del pbulo la llama.
Luego, cansados de fatigas, sacan el alimento de Ceres
que el agua empap y las armas cereales y se aprestan
a tostar en las llamas la comida rescatada y a entregarla al molino.
Trepa mientras Eneas al acantilado y revisa a lo lejos 180
cuanto se ve del mar, por si divisar puede a alguno
arrastrado por el viento, y las birremes frigias, a Anteo
o a Capis o las armas de Caco en lo alto de sus popas.
Ninguna nave a la vista, observa sin embargo a tres ciervos
vagando por la playa; sigue por detrs entera 185
la manada y pace larga formacin por los valles.
Se detiene entonces y empua al punto el arco y las veloces
flechas, las armas que el fiel Acates le llevaba,
y abate los primeros a los que van delante con la cabeza erguida.
de cuernos como rboles, despus a la tropa y alborota 190
a toda la manada acosndolos con sus disparos en el espeso bosque;
y no par hasta que, vencedor, siete hermosos ejemplares
pone en el suelo, hasta igualar el nmero de naves;
luego vuelve al puerto y entre todos los compaeros los reparte.
Distribuye despus el vino que el buen Acestes haba puesto en orzas 195
Y les haba entregado el hroe cuando dejaban la costa trinacria,
y consuela sus afligidos corazones con estas palabras:
Compaeros mos (pues que no ignoramos lo que son desgracias),
cosas ms graves, habis sufrido, y a stas tambin un dios pondr fin.
Habis pasado ya la rabia de Escila y los escollos que resuenan 200
fuertemente, y conocis tambin las piedras del Ciclope:
recobrad el nimo y deponed ese triste temor,
que quiz hasta esto recordaremos un da con gusto.
Entre diversas fatigas, entre tantas circunstancias adversas
buscamos el Lacio, donde nos muestran los hados 205
sedes apacibles; all renacer deben los reinos de Troya.
Aguantad y guardaos para tiempos mejores.
As dice, y aunque graves cuitas lo afligen,
simula esperanza en su rostro, guardando en su pecho una pena profunda.
Ellos se aprestan al botn y van preparando la comida; 210
separan el lomo de las costillas y las vsceras sacan;
unos lo cortan en trozos que clavan, temblando, en los asadores,
colocan otros los calderos en la playa y se encargan del fuego.
Recobran luego las fuerzas comiendo y echados en la hierba
se llenan de un Baco aejo y de pinge carne. 215
Despus de saciar su hambre con el banquete y retirar la mesa,
echan de menos en larga pltica a los amigos perdidos,
divididos entre la esperanza y el miedo, pensando bien que viven,
bien que han llegado al final y no les oirn llamarlos.
Y en especial el piadoso Eneas lamenta la prdida ya del fiero 220
Orontes, ya de Amico y el destino cruel de Lico
y al valiente Gas y al valiente Cloanto.
Y haban ya acabado cuando Jpiter de lo alto del ter,
mirando el mar velero y las tierras que se extienden
y las costas y los dilatados pueblos, as se detuvo 225
en la cima del cielo y clav sus ojos en los reinos de Libia.
Y a l que revolva en su pecho cuitas tales,
afligida yllenos de lgrimas sus ojos brillantes,
se dirige Venus: Oh, t que gobiernas con poder eterno
las cosas humanas y divinas y aterrorizas con el rayo. 230
Qu delito tan grande ha podido cometer mi Eneas
contra ti? Cul los troyanos que ven cerrarse ante Italia
el orbe entero de las tierras cuando tantas muertes han sufrido?
Cierto es que has prometido que de aqu al correr del tiempo
saldran los romanos, de aqu los caudillos de la sangre de Teucro 235
que bajo su poder tendran el mar y las tierras todas.
Qu pensamiento, padre mo, cambiar te ha hecho?
Slo eso en verdad me consolaba de la cada de Troya
y sus tristes ruinas, compensando con otros unos hados adversos;
pero ahora la suerte sigue igual para unos hombres a quienes tantas 240
desgracias han sacudido. Qu lmite marcas, rey soberano, a sus fatigas?
Antnor, escapando de entre los aqueos, pudo llegar
a los golfos de Iliria y entrar a salvo en el reino
de los liburnos y superar las fuentes del Timavo,
de donde entre el vasto rugido de los montes por nueve bocas 245
baja mar desatado y golpea los campos con sonoro pilago.
Pudo por fin fundar la ciudad de Ptavo y las sedes
de los teucros y dio un nombre a su pueblo y de Troya las armas
clav; ahora descansa acomodado en plcido reposo.
Y nosotros, tu estirpe, a quienes concedes el alczar del cielo, 250
nos vemos abandonados con las naves perdidas (terrible!),
por el enojo de una sola y se nos aparta de las talas costas.
Es ste el premio a la piedad? As nos repones en el trono?
El sembrador de dioses y de hombres, sonrindole,
con el rostro con el que el cielo serena y las tormentas, 255
lib los besos de su hija, y luego le dice:
Deja ese miedo, Citerea, que intacto permanece para ti
el sino de los tuyos; vers la ciudad y las prometidas murallas
de Lavinio y llevars, sublime, hasta las estrellas del cielo
al magnnimo Eneas; que no ha cambiado mi opinin. 260
ste (lo dir, pues esa cuita te devora,
claramente y dando vueltas remover los arcanos del destino),
te librar en Italia una gran guerra y a pueblos feroces
golpear e impondr a sus hombres leyes y murallas,
hasta que el tercer verano le vea reinando en el Lacio 265
y pasen tres inviernos desde la derrota de los rtulos.
En cuanto a su hijo Ascanio, al que ahora se da el sobrenombre
de Julo (que Ilo era mientras de Ilin la fuerza se sostuvo),
ha de cumplir con su poder treinta grandes giros
del paso de los meses, y de la sede de Lavinio trasladar 270
su reino, y ceir de fuertes murallas Alba Longa.
Aqu se reinar trescientos aos completos
por la raza de Hctor, hasta que Ilia, princesa sacerdotisa,
preada de Marte le dar con su parto una prole gemela.
Despus, contento bajo el rubio manto de una loba nodriza 275
Rmulo se har cargo del pueblo y alzar las murallas
de Marte y por su nombre le dar el de romano.
Y yo no pongo a stos ni meta ni lmite de tiempo:
les he confiado un imperio sin fin. Y hasta la spera Juno,
que ahora fatiga de miedo el mar y las tierras y el cielo, 280
cambiar su opinin para mejor, y velar conmigo
por los romanos, por los dueos del mundo y el pueblo togado.
As lo quiero. Al correr de los lustros llegar un tiempo
en que la casa de Asraco someter a esclavitud a Fta
y la ilustre Micenas y mandar en la vencida Argos. 285
Nacer troyano Csar, de limpio origen, que el imperio
ha de llevar hasta el Ocano y su fama a los astros,
Julio, con nombre que le viene del gran Julo.
Lo acogers, segura, t en el cielo cuando llegue cargado
con los despojos de oriente; tambin l ser invocado con votos. 290
Con el fin de las guerras ms suave se har el spero siglo:
la canosa Lealtad, y Vesta y Quirino con su hermano Remo
darn sus leyes, y sern cerradas las sanguinarias puertas de la Guerra
con trancas reforzadas y con hierro; dentro, impo, el Furor
sentado sobre sus armas crueles y atado con cien nudos 295
de cadenas a la espalda rugir erizado con su boca de sangre.
Esto dice, y enva desde el cielo al que Maya engendr
a que se abran las tierras y los nuevos alczares de Cartago
acojan a los teucros, para que no los rechace de sus tierras
Dido, ignorando el destino. Vuela aqul por el cielo abierto 300
con el impulso de sus alas y se presenta raudo en las costas de Libia.
Y ya cumple las rdenes y rinden los pnicos su fiero corazn
porque el dios lo quiere, y la que ms la reina aguarda
a los troyanos con nimo sereno y bondadosa mente.
El piadoso Eneas, en esto, dando muchas vueltas en la noche, 305
apenas naci la luz sustentadora, decidi salir
y explorar los nuevos lugares, las costas que ganaron con el viento,
e indagar quin las habita (como no ve cultivos),
si hombres o fieras, y traer exacta noticia a sus compaeros.
En una quebrada del bosque, bajo el hueco de una roca sus naves 310
oculta entre rboles y sombras de espanto.
Y l se marcha slo con la compaa de Acates
apretando en sus manos dos lanzas de ancho filo.
En medio del bosque se le present su madre con los rasgos
y el aspecto de una doncella, y con las armas de una doncella 315
espartana, cual fatiga la tracia a sus caballos
Harplice, o al Hebro alado sobrepasa corriendo;
pues presto el arco lo llevaba colgado de sus hombros
segn la costumbre de caza y dejaba flotar al viento sus cabellos,
desnuda la rodilla y la ropa suelta recogida en un nudo. 320
Y habl la primera: Eh, jvenes! Decidme si de las mas
habis visto a alguna, de mis hermanas, vagando por aqu
con la aljaba y con la piel de lince llena de manchas,
o siguiendo a gritos la carrera de un jabal espumante.
As Venus, y as de Venus el hijo comenz por su parte: 325
Ni hemos odo ni hemos visto a ninguna de tus hermanas.
Cmo he de llamarte, muchacha?, pues no tienes cara
de mortal ni suena tu voz como la de los hombres, oh diosa sin duda
(quiz hermana de Febo o una de la sangre de las Ninfas?).
S feliz y ojal, seas quien seas, alivies nuestra carga 330
y nos digas por fin bajo qu cielo, a qu lugar del mundo
hemos ido a parar. Ignorantes del lugar y de sus hombres
vagamos, por el viento y el vasto oleaje aqu arrojados.
Har caer nuestra diestra muchas vctimas ante tus altares.
Venus entonces: En verdad no me creo digna de tales honores. 335
Llevar aljaba es costumbre de las muchachas de Tiro
y anudar en alto sus piernas a coturnos de prpura.
Tierra de pnicos es la que ves, tirios y la ciudad de Agnor,
y las fronteras con los libios, pueblo terrible en la guerra.
Tiene el mando Dido, de su ciudad tiria escapada 340
huyendo de su hermano. Larga es la ofensa, largos
los avatares; mas seguir lo ms sobresaliente de la historia.
De sta el esposo era Siqueo, el hombre ms rico en oro
de los fenicios, y lo am la infeliz con amor sin medida,
desde que su padre la entregara sin mancha y la uniera con l en primeros 345
auspicios. Pero el poder en Tiro lo ostentaba su hermano
Pigmalin, terrible ms que todos los otros por sus crmenes.
Y vino a ponerse entre ambos la locura. ste a Siqueo,
impo ante las aras y ciego de pasin por el oro,
sorprende a escondidas con su espada, sin cuidarse 350
del amor de su hermana; su accin ocult por mucho tiempo
y con mentiras y esperanzas vanas enga a la amante afligida.
Pero en sueos se le present el propio fantasma de su insepulto
esposo, con los rasgos asombrosamente plidos;
las aras crueles descubri y el pecho por el hierro 355
atravesado, y desvel todo el crimen secreto de su casa.
La anima luego a disponer la huida y salir de su patria,
y saca de la tierra antiguos tesoros escondidos,
ayuda para el camino, gran cantidad de oro y de plata.
Conmovida por esto preparaba Dido su partida y a los compaeros. 360
Acuden aquellos que ms odiaban al cruel tirano,
o que ms le teman; de unas naves que dispuestas estaban
se apoderan y las cargan de oro. Se van por el mar
las riquezas del avaro Pigmalin; una mujer dirige la empresa.
Llegaron a estos lugares, donde ahora ves enormes murallas 365
y nace el alczar de una joven Cartago,
y compraron el suelo, que por esto llamaron Birsa,
cuanto pudieron rodear con una piel de toro.
Mas, qu hay de vosotros? De dnde habis llegado
o a dnde os dirigs? A quien tal preguntaba, aqul 370
entre suspiros y sacando la voz de lo hondo del pecho:
Oh, diosa! Si hubiera de empezar desde el principio
y tiempo tuvieras de escuchar los anales de nuestras fatigas,
antes encerrara Vspero al da en el Olimpo.
Desde la antigua Troya, y puede que el nombre de Troya 375
haya llegado a tus odos, sacudidos por mares diversos,
por azar, una tormenta nos lanz a las costas de Libia.
Yo soy Eneas piadoso que, arrancados al enemigo, mis Penates
llevo en mi flota conmigo; mi fama es conocida ms all del cielo.
Busco Italia, mi patria, y desciende mi raza del supremo Jove. 380
Me lanc al mar de Frigia con dos veces diez naves,
en pos de mi destino, bajo la gua de mi divina madre.
Siete apenas han sobrevivido al castigo de las olas y del Euro.
Yo mismo, desconocido y necesitado, vago por los desiertos de Libia, 385
expulsado de Europa y de Asia. Y no consinti Venus
que ms se quejase, y as dijo, interrumpiendo su dolor:
Seas quien seas, y ya que has llegado a esta ciudad tiria,
no creo que consumas las auras de la vida odiado por los dioses.
As que prosigue yvete desde aqu a los umbrales de la reina.
Pues que han vuelto tus amigos y que tu flota ha vuelto 390
te anuncio, y que al cambiar los Aquilones est en seguro,
si es que mis padres no me ensearon mal a leer los augurios.
Mira dos grupos de seis cisnes volando en formacin alegres,
a quienes dejando la regin del ter el ave de Jpiter
turbaba a cielo abierto; ahora en larga fila ya parecen 395
elegir una tierra o mirar desde lo alto la elegida:
igual que en su retorno juegan aqullos con alas estridentes
y recorren en crculo el cielo y lanzan su canto,
no de otra forma tus naves y tus jvenes
o han entrado ya en puerto o buscan su boca a toda vela. 400
As que prosigue, y, por donde te lleva el camino, dirige tus pasos.
Dijo, y reluci su nuca de rosa al darse la vuelta,
y desde lo ms alto exhalaron sus cabellos de ambrosa
un olor divino; cay su vestido hasta los mismos pies
y se march con el andar de una diosa verdadera. Entonces 405
reconoci aqul a su madre que escapaba y as la sigui con la voz:
Por qu tan a menudo, tambin t cruel, te burlas de tu hijo
con falsas imgenes? Por qu no se me da juntar mi diestra
con la suya y or y devolver palabras de verdad?
ste fue su reproche y encamin sus pasos hacia las murallas. 410
Pero Venus cubri con una sombra oscura a los caminantes
y derram la diosa a su alrededor un manto de niebla,
para que nadie pudiera verlos y nadie tocarlos,
o urdir un retraso o las causas inquirir de su llegada.
Ella misma, volando, se va a Pafos y encontr alegre 415
de nuevo su morada, donde tiene su templo y cien altares
arden con incienso de Saba y huelen a guirnaldas recin cortadas.
Reemprendieron entretanto su camino, por donde avanza el sendero,
y ya suban ala colina que mucho asoma por encima
de la ciudad y ve desde lo alto el alczar de enfrente. 420
Se asombra Eneas de la mole, cabaas otro tiempo,
se asombra de las puertas y del ir y venir por las calzadas.
Se afanan con fiebre los tirios: unos trazan la muralla
y levantan la fortaleza y hacen rodar las piedras en sus manos;
otros eligen un lugar para su techo y lo rodean de un surco; 425
leyes estn dictando los jueces y el senado sagrado.
Unos aqu excavan el puerto; otros preparan profundos
cimientos para el teatro y sacan enormes columnas
de las rocas que habrn de decorar la escena futura.
Igual que las abejas al entrar el verano por los campos floridos 430
se afanan bajo el sol, sacando fuera las cras ya adultas
de la especie, o espesando la lquida miel
o hinchando las celdillas con el dulce nctar,
o toman la carga de las que van llegando o en formacin cerrada
de la colmena arrojan al perezoso rebao de los znganos; 435
hierve el trabajo y de la miel se escapa un olor a tomillo.
Afortunados los que ven sus murallas alzarse,
exclama Eneas de la ciudad contemplando los tejados.
Encerrado en la niebla (asombra decirlo) se mete
en el centro y se mezcla a la gente sin ser visto. 440
Un bosque se alzaba en el corazn de la ciudad, de sombra amensima,
donde, arrojados por el torbellino ylas aguas, sacaron
del suelo los pnicos la primera seal que Juno soberana
les haba mostrado: la cabeza de un brioso caballo; que habra de ser
por los siglos un pueblo famoso en la guerra y prspero en la paz. 445
Aqu levantaba la sidonia Dido un templo enorme
a Juno, opulento de ofrendas y del numen de la diosa,
y para l se alzaban sobre la escalinata dinteles de bronce y vigas
con bronce trabadas, y chirriaban en sus goznes las puertas de bronce.
En este bosque por primera vez el inslito espectculo disip 450
su temor, y se atrevi Eneas por primera vez a esperar
salvacin y a ms confiar en medio de la adversidad.
Y as, mientras todo contempla al pie del templo enorme,
esperando a la reina, mientras contempla absorto de la ciudad
cul sea la suerte, y las brigadas de obreros y el esfuerzo 455
de los trabajos, ve por orden las luchas de Troya
y las guerras que haba divulgado la fama por todo el orbe,
y a los Atridas y a Pramo y con ambos al cruel Aquiles.
Se detuvo, y entre lgrimas dijo: Qu lugar, Acates,
qu regin de la tierra no est llena de nuestras fatigas? 460
Mira Pramo. Aqu tambin se premia la virtud,
lgrimas hay para las penas y tocan el corazn las cosas de los hombres.
Deja ese miedo, que esta fama alguna ayuda habr de reportarte.
Dice as y alimenta su nimo con la pintura inane
entre grandes gemidos, y humedece su rostro inagotable ro. 465
Pues vea cmo por aqu escapaban los griegos peleando
de Prgamo alrededor, acosados por la juventud troyana;
por aqu los frigios, al perseguirles con su carro Aquiles empenachado.
Y no lejos de all las blancas velas de las tiendas de Reso
reconoce entre lgrimas: entregadas al sueo primero, 470
el hijo de Tideo las llenaba desangre en gran carnicera
y se lleva al campamento los fogosos caballos antes de que
probasen los pastos de Troya y bebieran del Janto.
En otra parte Troilo escapando tras perder sus armas,
pobre muchacho en desigual combate con Aquiles, 475
los caballos lo arrastran y cuelga cado del carro vaco,
sujetando las riendas sin embargo; nuca y cabellos
le arrastran por el suelo, y escribe en el polvo con la lanza vuelta.
Mientras tanto, las mujeres de Ilin suban al templo
de Palas inicua, sueltos los cabellos, un peplo 480
a ofrecerle suplicantes, tristes y golpendose el pecho con las palmas,
y la diosa les daba la espalda, en el suelo clavados los ojos.
Tres veces haba arrastrado Aquiles el cuerpo de Hctor
en torno a los muros de Troya y lo cambiaba sin vida por oro.
No pudo ms, y deja escapar un gemido de lo hondo del pecho, 485
cuando los despojos, cuando el carro y cuando el cuerpo de su pobre amigo
y a Pramo tendiendo sus manos inermes contempla.
Tambin l se vio, mezclado con los prncipes de los aqueos,
y el ejrcito de la Aurora y las armas del negro Memnn.
Gua la marcha de las amazonas de escudos lunados 490
Pentesilea, que arde enloquecida entre millares,
con ureo ceidor bajo el pecho descubierto,
guerrera, doncella que se atreve a combatir contra hombres.
Mientras contempla todo esto el dardanio Eneas maravillado,
mientras se queda absorto atento slo a lo que ve, 495
la reina hacia el templo, la bellsima Dido,
se encamina con numeroso squito de jvenes.
Cual en las riberas del Eurotas o en las laderas del Cinto
Diana dirige a sus coros de Oradas que la siguen a miles
y se agolpan a un lado y a otro; ella la aljaba 500
lleva al hombro y sobresale de todas las diosas al caminar
(se agita de gozo el pecho callado de Latona):
as estaba Dido, as de alegre caminaba
entre todos apresurando las obras de su futuro reino.
Y a las puertas de la diosa, bajo la bveda del templo 505
se sent sobre alto sitial rodeada de sus armas.
Imparta justicia y leyes a los hombres y la tarea de las obras
distribua en partes iguales o dejaba a la suerte,
cuando de pronto Eneas ve llegar entre gran concurso
de gente a Anteo y a Sergesto y al valiente Cloanto 510
y a algunos otros teucros a quienes negro tornado
haba dispersado por el mar, lanzndolos a otras orillas.
Pasmado se qued y a la vez Acates se conmueve
de alegra y de miedo; ardan ansiosos por estrechar
sus diestras, mas la dudosa situacin turba sus corazones. 515
Se contienen y escondidos en el hueco de la nube observan
cul ha sido la suerte de sus hombres, dnde han dejado las naves,
a qu vienen; pues llegaban escogidos de toda la flota
a pedir favor y se dirigan al templo gritando.
Luego que entraron y se les permiti hablar delante de todos, 520
de este modo comienza el gran Ilioneo, con pecho sereno:
Oh, reina, a quien Jpiter ha dado fundar una nueva ciudad
y en justicia que frenaras a pueblos soberbios.
Los pobres troyanos, batidos por los vientos de todos los mares,
te suplicamos: aleja el fuego maldito de nuestras naves, 525 perdona a un pueblo piadoso y vigila de cerca nuestras cosas.
Que no hemos venido a debelar con la espada los Penates
de Libia, ni a llevar a la costa un botn apresado;
no somos de nimo guerrero ni es de vencidos soberbia tamaa.
Hay un lugar al que llaman los griegos con el nombre de Hesperia, 530
una tierra antigua, poderosa en las armas y frtil de suelo,
que habitaron los hombres de Enotria; hoy se dice que sus descendientes
llaman Italia al pueblo por el nombre de su jefe.
se era nuestro rumbo,
cuando de pronto Orin tempestuoso surgi sobre las olas 535
y nos lanz a bajos sin salida y con Austros tenaces del todo
nos dispers con el agua por encima entre olas y escollos
inaccesibles; unos pocos logramos ganar a nado nuestras playas.
Qu clase de hombres es sta y qu patria tan brbara permite
una costumbre as? Se nos impide la hospitalidad de la playa, 540
guerras nos levantan y nos prohiben detenernos en la orilla.
Si despreciis la raza de los hombres y las armas mortales,
temed al menos a los dioses que no olvidan lo bueno y lo malo.
Un rey tenamos, Eneas; ms justo que l no hubo otro
ni de mayor piedad, ni ms grande en la guerra y las armas. 545
Si los hados protegen a este hombre, si se alimenta del aura
etrea y no duerme an en las sombras crueles,
no cabe miedo alguno, ni habr de pesarte el cumplir
la primera con nosotros. Ciudades tenemos en la regin de los sculos
y armas, y el famoso Acestes de sangre troyana. 550
Permtasenos arrastrar a tierra la flota que desarbol el viento
y reparar su madera en los bosques y cortar nuevos remos,
y, si es posible, recobrados nuestros amigos y nuestro rey,
buscar Italia y gozosos dirigirnos a Italia y al Lacio;
y si no, si nuestra salvacin se ha perdido y a ti, ptimo padre de los teucros, 555
te guarda el mar de Libia y no queda esperanza ya de Julo,
al menos al estrecho de Sicilia, a los lugares dispuestos
de donde llegamos hasta aqu, y al rey Acestes volvamos.
As dijo Ilioneo; as a la vez todos suspiraban
los Dardnidas. 560
Brevemente entonces, la cabeza inclinada, habla Dido:
Sacad el miedo de vuestro corazn, teucros, dejad esas cuitas.
Lo dificil de la situacin y el que el reino sea nuevo tales cosas
me obligan a tramar y a defender con guardias todo mi suelo.
Quin no ha odo hablar de la estirpe de Eneas y la ciudad de Troya, 565
de su valor y sus hombres o de las llamas de guerra tan grande?
Que no tenemos los pnicos corazones tan endurecidos
ni tan lejos de la ciudad tiria unce el Sol sus caballos.
As que, tanto si ansiis la grandeza de Hesperia y los campos saturnios
como el suelo de rice y el reino de Acestes, 570
os dejar marchar protegidos por mi auxilio y podris disponer de mis recursos.
Que prefers quedaros conmigo en pie de igualdad en mi reino?
La ciudad que estoy levantando vuestra es; varad vuestras naves;
ninguna distincin habr de hacer entre tirio y troyano.
Y ojal que en alas del mismo Noto llegase tambin 575
Eneas, vuestro rey; al punto enviar por las playas hombres
de confianza y har que recorran los confines de Libia,
por si anda perdido por algn bosque o ciudad.
Con el nimo recobrado por estas palabras, el fuerte Acates
y el padre Eneas tambin, impacientes, ardan por salir 580
de la nube. Y Acates el primero interroga a Eneas:
Hijo de diosa, qu opinin se alza en tu pecho?
Todo ests viendo a salvo, y recobrados los amigos y la flota.
Slo uno falta, a quien nosotros mismos vimos perderse
en medio de las olas; responde lo dems a las palabras de tu madre. 585
Apenas acab de hablar cuando se abre la nube
de repente, y se esfuma disipndose por cielo abierto.
All apareci Eneas y en una blanca luz resplandeci,
con la cara y el cuerpo como un dios; que su misma madre
haba insuflado al hijo brillante cabellera y la luz prpura 590
de la juventud y en sus ojos alegres resplandores:
como aaden las manos adornos al marfil o como de rubio oro
se engarza la plata o la piedra de Paros.
As entonces se dirige a la reina y a todos de repente,
inesperado, dice: Aqu me tenis, soy quien buscis. 595
Soy el troyano Eneas, rescatado del oleaje libio.
Oh, t, la nica en apiadarse de las fatigas indecibles de Troya,
que a nosotros, restos de los dnaos, agotados por mar y tierra
de toda clase de calamidades, de todo privados,
a tu ciudad y a tu casa nos asocias. No podemos, Dido, 600
darte las gracias que mereces, ni puede todo el pueblo troyano,
perdido como est y disperso por el ancho mundo.
Mas los dioses a ti, si algn numen vela por los piadosos, si es que
algo queda de justicia y una inteligencia que sabe lo que es justo,
digna recompensa habrn de darte. Qu siglos tan felices 605
te vieron nacer? Qu padres tan grandes as te engendraron?
Mientras hacia el mar corran los ros, mientras recorran las sombras
las quebradas de los montes, mientras estrellas alimente el cielo,
permanecer siempre el honor y la gloria de tu nombre,
sea cual sea la tierra que me llama. As que habl, al amigo 610
Ilioneo busc con su diestra y con la izquierda a Seresto,
y a los dems despus, y al valiente Gas y al valiente Cloanto.
Sin aliento se qued la sidonia Dido, por la visin primero,
despus por tanta desventura del hroe y as habl con su boca:
Qu desventura, hijo de la diosa, en medio de tan grandes peligros 615
te persigue? Qu fuerza te arroja a riberas salvajes?
No eres t aquel Eneas que la madre Venus al dardanio
Anquises le engendr junto a las aguas del frigio Simunte?
Y recuerdo muy bien que Teucro vino a Sidn
expulsado de la tierra de su padre, buscando un nuevo reino 620
con la ayuda de Belo; andaba entonces mi padre Belo
asolando la rica Chipre y a su poder, vencedor, la tena sometida.
Pues ya desde aquel tiempo me era conocida la ruina
de la ciudad troyana, y tu nombre, y los reyes pelasgos.
l mismo, un enemigo, hablaba de los teucros con la mayor alabanza 625
y se pretenda descendiente de una antigua estirpe de teucros.
As que vamos, jvenes, entrad en nuestras casas.
Que a m tambin fortuna parecida quiso traerme,
sacudida por fatigas sin cuento, por ltimo a esta tierra;
no aprendo a ayudar al malhadado sin conocer la desgracia. 630
As dice, y conduce al tiempo a Eneas a los techos
reales y al tiempo ordena sacrificios en los templos de los dioses.
Y enva a la vez a los compaeros de la playa no menos
de veinte toros, cien erizados lomos
de enormes cerdos, cien corderos bien cebados con sus madres, 635
presentes y gozo del da.
Y se dispone con lujo de reyes el interior del palacio,
esplndido, y preparan los banquetes en las habitaciones:
telas trabajadas con esmero y de soberbia prpura,
mucha plata en las mesas y, labradas en oro, 640
las valerosas hazaas de los padres, la sucesin largusima
de batallas que tantos guerreros libraron desde el antiguo origen de la raza.
Eneas (pues no deja descansar a sus pensamientos su amor
de padre) enva por delante a las naves rpido a Acates,
que cuente a Ascanio todo esto y a la ciudad lo traiga; 645
todo el cuidado de su querido padre se pone en Ascanio.
Presentes adems salvados de la ruina de Troya
manda traer, un vestido bordado con dibujos de oro
y un velo festoneado en acanto azafrn,
ornato de la argiva Helena que haba trado ella 650
de Micenas al venir a Prgamo y a unos prohibidos
himeneos, maravilloso regalo de su madre Leda;
y el cetro adems que un da llevara llione,
la mayor de las hijas de Pramo, y para el cuello un collar
de perlas, y una doble corona de oro y de gemas. 655
Cumpliendo a toda prisa cubra Acates el camino a las naves.
Pero la Citerea nuevas maas, nuevos planes urde
en su pecho, para que con la caray el cuerpo del dulce Ascanio
Cupido se presente y encienda con sus regalos
la pasin de la reina, y meta el fuego en sus huesos. 660
Y es que teme a una casa ambigua y a los tirios de dos lenguas;
la abrasa feroz Juno y aumenta por la noche su cuidado.
As que con estas palabras se dirige al algero Amor:
Hijo mo, mi fuerza, mi gran poder, el nico
que despreciar puede los dardos tifeos de tu excelso padre, 665
en ti me refugio y suplicante tu ayuda reclamo.
Que tu hermano Eneas anda en el mar sacudido
por todas las costas a causa del odio de la acerba Juno,
lo sabes muy bien y a menudo de nuestro dolor te doliste.
Ahora lo retiene la fenicia Dido y lo entretiene con blandas 670
palabras, y me temo a dnde puede conducirle
la hospitalidad de Juno: no dejar pasar ocasin como sta.
Por eso estoy planeando conquistar antes a la reina con engaos
y ceirla de fuego, para que no cambie por algn otro dios
y conmigo se vea atada con un gran amor a Eneas. 675
Escucha ahora mi plan para que puedas lograrlo.
Por orden de su querido padre se dispone a acudir a la ciudad
sidonia el nio real, el objeto mayor de mis cuitas,
llevando consigo los presentes rescatados al mar y a las llamas de Troya;
voy a ocultarlo, profundamente dormido, en las cumbres 680
de Citera o en la sagrada morada de la Idalia,
para que enterarse no pueda de mis engaos o interponerse.
T, por no ms de una noche, toma su aspecto
con engao, y, nio, como eres, viste los conocidos rasgos del nio
de modo que, cuando te tome en su regazo felicsima Dido 685
entre las mesas reales y el licor lieo,
cuando te d sus abrazos y te llene de dulces besos,
le insufles sin que lo advierta tu fuego y la engaes con tu droga.
Obedece Amor las palabras de su madre querida y las alas
deja y toma gozoso los andares de Julo. 690
Venus por su lado plcida quietud vierte por los miembros
de Ascanio, y en sus brazos la diosa lo lleva a los altos
bosques de Idalia, donde la suave mejorana lo perfuma
y lo envuelve con sus flores y su dulce sombra.
Iba ya obediente al mandato Cupido y llevaba 695
los reales presentes a los tirios, alegre con la gua de Acates.
Al llegar, la reina se instal por fin en un lecho
de oro con soberbios tapices y se puso en el centro,
y ya el padre Eneas y ya la juventud troyana
se presentan y se colocan sobre asientos de prpura. 700
Presentan los criados agua a las manos y el fruto de Ceres
reparten en cestas y paos ofrecen de flecos cortados.
Dentro hay cincuenta criadas a cuyo cuidado est la provisin
ordenada de las viandas y quemar perfumes a los Penates;
otras cien y otros tantos servidores de la misma edad 705
para colmar de viandas las mesas y servir las copas.
No faltan tampoco los tirios, que en gran nmero acuden
al alegre palacio; se les pide descansar en cojines bordados
y admiran los regalos de Eneas, admiran a Julo,
el rostro resplandeciente del dios y sus fingidas palabras, 710
y el vestido y el velo bordado de acanto azafrn.
En especial la infeliz fenicia, rendida a la perdicin que acecha,
no puede saciar su corazn y se abrasa mirando,
y por igual la emocionan los presentes y el muchacho.
ste, luego que se colg de los brazos y el cuello de Eneas 715
y colm el gran amor de su falso padre,
busca a la reina. Ella con los ojos, con su corazn todo
se le prende y lo atrae a su pecho ignorante Dido
de qu dios terrible se le sienta, desdichada. Y l recordando
a su madre Acidalia, a borrar poco a poco a Siqueo 720
comienza y trata ya de cambiar con el amor de un vivo
su corazn ha tiempo apagado y un pecho no acostumbrado.
Tan pronto se descans en el banquete y quitaron las mesas,
disponen grandes crateras y coronan los vinos.
Llena el bullicio la mansin y resuenan las voces por los amplios 725
salones; cuelgan encendidas las lmparas del dorado
artesn y derrotan las antorchas con su llama a la noche.
Pidi en ese momento la reina una pesada ptera de oro
y de gemas y la llen de vino puro, como Belo y todos
desde Belo solan; luego se hizo el silencio en la sala: 730
Jpiter, pues dicen que est a tu cargo el derecho de hospitalidad,
ojal permitas que sea ste un da alegre para los tirios y cuantos
salieron de Troya, y que de l se acuerden nuestros descendientes.
Que nos asista Baco, dispensador de goces, y Juno benigna;
y vosotros, tirios, celebrad esta reunin con alegra. 735
Dijo, y lib sobre la mesa la ofrenda del vino
y, hecha la libacin, lo prob la primera con los labios apenas;
convid luego a Bitias, quien sin dudarlo se trag la copa
espumante hasta topar con el oro macizo;
despus los dems prncipes. El crinado Yopas hace sonar 740
su ctara dorada cual le ense Atlante gigantesco.
Canta ste el vagar de la luna y del sol las fatigas,
el origen de hombres y animales, del agua y del fuego,
Arturo y las lluviosas Hades y los dos Triones,
por qu tanto se apresuran a baarse en el Ocano los soles 745
de invierno o por qu se demoran las lentas noches;
redoblan sus aplausos los tirios y los troyanos les siguen.
Pasaba tambin la noche en animada charla
la infeliz Dido, y un largo amor beba,
preguntando una y otra cosa sobre Pramo, una y otra sobre Hctor; 750
ya con qu armas se haba presentado el hijo de la Aurora,
ya cmo eran de Diomedes los caballos, ya por la figura de Aquiles:
Ea, mi husped; comienza por el principio y cuntanos,
dijo, las trampas de los dnaos y las desgracias de los tuyos
y tu peregrinar; pues ya es el sptimo verano 755
que vagar te ve por todas las tierras y los mares.
LIBRO II
Todos callaron y en tensin mantenan la mirada;
luego el padre Eneas as comenz desde su alto lecho:
Un dolor, reina, me mandas renovar innombrable,
cmo las riquezas troyanas y el msero reino
destruyeron los dnaos, y tragedias que yo mismo he visto 5
y de las que fui parte importante. Quin eso narrando
de los mirmdones o dlopes o del cruel Ulises soldado
contendra las lgrimas? Y ya la hmeda noche del cielo
baja y al caer las estrellas invitan al sueo.
Mas si tanta es tu ansia de conocer nuestra ruina 10
y en breve de Troya escuchar la fatiga postrera,
aunque el nimo se eriza al recordar y huye del llanto,
comenzar. Quebrados por la guerra, por el hado rechazados
los jefes de los dnaos al pasar ya tantos los aos,
como una montaa un caballo con arte divina de Palas 15
levantan, tejiendo sus flancos con tablas de abeto;
lo fingen un voto por el regreso; as la noticia se extiende.
Escogidos a suerte, a escondidas aqu los guerreros
encierran en el ciego costado y hasta el fondo llenan
las cavernas enormes de la panza con hombres en armas. 20
Enfrente est Tnedos, isla de bien conocida
fama, rica en recursos al estar en pie de Pramo el reino,
hoy slo un golfo y un puerto del que los barcos desconfan:
lanzados aqu en la playa desierta se ocultan;
pensamos que, idos, andaban buscando Micenas al viento. 25
As toda Eucria se vio libre al fin de un duelo ya largo;
se abren las puertas, da gusto pasear contemplando
las tiendas de los dorios y ver desierto el lugar y la playa vaca:
aqu la tropa de los dlopes, aqu Aquiles cruel acampaba; 30
aqu el lugar de los barcos, aqu en formacin peleaban.
Unos sin habla contemplan de Palas fatal el regalo,
asombrados del tamao del caballo, y el primero Timetes
ordena pasarlo a los muros y ponerlo en lo alto,
bien por engao bien que ya as lo cantaba el destino de Troya.
Capis no obstante y los de mejor opinin en la mente 35
nos mandan arrojar al mar la trampa del dnao
y el extrao presente y quemarlo con fuego debajo,
o perforar los huecos de su panza buscando escondrijos.
Dudosa entre dos pareceres se divide la gente.
Y, mira, el primero de todos seguido de gran compaa 40
baja Laocoonte encendido de lo alto de la fortaleza,
y a lo lejos: Qu locura tan grande, pobres ciudadanos!
Del enemigo pensis que se ha ido? O creis que los dnaos
pueden hacer regalos sin trampa? As conocemos a Ulises?
O encerrados en esta madera ocultos estn los aqueos, 45
o contra nuestras murallas se ha levantado esta mquina
para espiar nuestras casas y caer sobre la ciudad desde lo alto,
o algn otro engao se esconde: teucros, no os fiis del caballo.
Sea lo que sea, temo a los dnaos incluso ofreciendo presentes.
Luego que habl con gran fuerza una lanza enorme 50
dispar contra el costado y contra el vientre curvo de tablones.
Se clav aqulla vibrando y en la panza sacudida
resonaron las cuevas y lanzaron su gemido las cavernas.
Y, si los hados de los dioses y nuestra mente no hubieran estado
contra nosotros, nos habran llevado a horadar los escondites de Argos, 55
y an se alzara Troya y permaneceras en lo alto, fortaleza de Pramo.
Y hete aqu que a un joven atado a la espalda de manos
con gran gritero los pastores ante el rey arrastraban
Dardnidas, que, desconocido, a los que lo hallaron
se entreg para urdir todo esto y abrir Troya a los griegos, 60
confiado de nimo y para ambas tareas dispuesto,
bien a tramar sus engaos, bien a marchar a una muerte segura.
De todas partes acude con ganas de verle
y compite la juventud troyana en burlarse del preso.
Escucha ahora las trampas de los dnaos y por el crimen de uno 65
concelos a todos.
Pues cuando en medio del corro, turbado y sin armas,
se detuvo y mir con sus ojos las tropas de Frigia,
Ay! Qu tierra ahora -dijo-, qu mares me pueden
guardar o qu queda por fin para m desgraciado, 70
que no tengo siquiera un lugar con los dnaos y encima
los hostiles Dardnidas mi castigo reclaman con sangre?
Con este lamento cambi nuestros nimos y aplac nuestros mpetus todos.
Le pedimos que cuente de qu sangre viene,
y qu lo trae; que nos diga cul es, prisionero, su confianza. 75
Toda por cierto a ti, rey, te dir la verdad, 77
pase lo que pase -dijo-, y no negar que soy de la gente de Argos.
Esto lo primero, y que no, si Fortuna forj a un Sinn desgraciado,
lo haga tambin, malvada, vano y mentiroso. 80
Puede que haya llegado a tus odos hablando
de Palamedes Belida el nombre y la fama
gloriosa, a quien los pelasgos con trampas
siendo inocente, con falsas pruebas porque vetaba sus guerras,
a la muerte enviaron y hoy le lloran de la luz privado. 85
Como acompaante suyo y cercano en la sangre mi padre,
al ser pobre, desde el principio de todo aqu a la guerra me envi.
Mientras inclume estaba en el poder y fuerza tena en las reuniones
de reyes, tambin nosotros algn nombre y honra
logramos. Luego que la envidia del tramposo Ulises 90
(no cosas extraas os cuento) lo arroj de las riberas del da,
arrastraba afligido mi vida en tinieblas y llanto
y en mi interior me indignaba del inocente amigo la muerte.
Y no call, loco, y, a poco que el hado quisiera,
si alguna vez regresaba vencedor a Argos, mi patria, 95
jur que sera su vengador y un odio amargo mov con mis palabras.
De ah la pendiente primera de mi mal, de ah siempre Ulises
a aterrarme con nuevos crmenes, de ah a lanzar voces
ambiguas al pueblo y a buscar a propsito guerra.
Y no par, as, hasta que auxiliado por Calcante... 100
pero a qu fin doy vueltas en vano a tanta amargura
o a qu me detengo? Si en una misma fila tenis a todos los aqueos,
ya habis escuchado bastante, cumplid ahora mismo el castigo;
que as lo querra el de taca y en mucho os tendran los Atridas
Pero ya ardemos por saber e investigarlas causas, 105
ignorantes de crmenes tan grandes y de la maa pelasga.
Tembloroso prosigue y habla con pecho fingido:
A menudo, abandonando Troya, los dnaos ansiaron
preparar la fuga y agotados dejar una guerra tan larga.
As lo lograran! A menudo en el mar les fren 110
la dura tormenta y el Austro frustr su partida.
Y justo cuando ya aqu tejido de tablas de arce
se alzaba el caballo, por todo el cielo restall la tormenta.
Intrigados enviamos a indagar de Febo el orculo
a Eurpilo, quien nos trae de su templo estas tristes palabras: 115
Con sangre aplacasteis al viento y matando a una virgen,
dnaos, el da que a estas costas ilacas vinisteis;
con sangre debis procurar el retorno y con el sacrificio
de un alma de Argos. En cuanto esta voz lleg a los odos del pueblo,
se suspendieron los nimos y un helado temblor recorri 120
lo hondo de los huesos, a quin designaban los hados, a quin pide Apolo.
En esto el de taca con gran reunin a Calcante
el adivino arrastra al centro; le pide que aclare
cul sea la voluntad de los dioses. Y muchos ya me cantaban
a m el crimen cruel del tramposo, y en silencio 125
vean lo que iba a venir. Diez das calla aqul y escondido
se niega a sealar a nadie con su voz y mandarlo a la muerte.
A la fuerza, por fin, empujado por el de taca con grandes gritos,
rompe de acuerdo con l su silencio y me enva hacia el ara.
Estuvieron todos de acuerdo y, lo que cada cual para s se tema, 130
convertido en la ruina de uno solo soportaron.
Y ya haba llegado el da nefando. Ya se me haban dispuesto
las harinas saladas y las cintas en torno a mis sienes.
De la muerte escap, lo confieso, y romp mis cadenas
y en la oscuridad de la noche me escond entre la ova 135
de un lago limoso mientras se hacan a la mar,
si acaso lo hacan. Y no hayya para m alguna esperanza
de volver a ver mi antigua patria ni a mis dulces hijos
o a mi padre aorado, a cuantos aqullos quiz
hagan pagar nuestra huida y expiarn con su muerte mi culpa. 140
Por eso, por los dioses y los nmenes que saben la verdad,
por la fe sin tacha, si es que alguna queda entre los mortales,
te suplico, compadcete de fatigas tan grandes,
compadcete de un corazn que sufre lo que no merece.
Por sus lgrimas le salvamos la vida y nos compadecemos encima. 145
Y Pramo mismo ordena el primero quitarlas esposas
y las apretadas ligaduras y as le dice con palabras de amigo:
Seas quien seas, olvida desde ahora a los griegos que dejaste
(sers de los nuestros) y dime la verdad, que te pregunto:
para qu levantaron esa mole del caballo imponente? Quin lo ide 150
o qu pretenden? Es algn voto? Es tal vez algn artefacto guerrero?
Haba dicho. Y aqul en trampas experto y en la maa pelasga
levant a las estrellas sus palmas libres de cadenas:
A vosotras, llamas eternas, y a vuestro numen inviolable
por testigos os pongo -dice-, y tambin a vosotros, altares y nefandas espadas 155
de los que pude huir, y cintas de los dioses que llev al sacrificio:
permitidme romper los sagrados juramentos de los griegos,
permitidme odiar a esos hombres y poner todo en claro,
todo cuanto ocultan. Que ninguna ley de la patria me ata.
T slo mantn tus promesas y si, Troya, te salvas, 160
respeta tu palabra si te digo verdad, si te entrego cosas importantes.
De los dnaos toda la esperanza y la fe de la guerra emprendida
residi siempre en la ayuda de Palas. Ahora bien,
desde que Ulises el inventor de crmenes y el hijo de Tideo
osaron sacar del templo consagrado el fatal Paladio 165
dando muerte a los guardianes de la fortaleza escarpada,
robaron la sagrada imagen y con manos de sangre
se atrevieron a mancillar de la diosa las cintas benditas,
desde aquello bajaron las esperanzas de los dnaos,
quebradas sus fuerzas, vuelta de espaldas la voluntad de la diosa. 170
Y con prodigios no dudosos dio seas de eso Tritonia.
Apenas colocaron la estatua en el campo: llamas brillantes
ardieron en sus ojos encendidos y un salado sudor
cay de sus miembros y tres veces sola se alz
(asombra decirlo) del suelo con su escudo y la lanza agitando. 175
Se apresura Calcante a decir que probemos la huida por mar
y que no puede Prgamo abrirse alas flechas arglicas
si no buscan de nuevo augurios en Argos y otra vez traen
con el mar y las curvas naves el numen que un da trajeron.
Y ahora que con el viento han buscado la patria Micenas, 180
armas y dioses tratan de ganarse y llegarn de improviso,
surcando el mar de nuevo; as ve el futuro Calcante.
Advertidos levantaron esta estatua por el numen herido,
por el Paladio, para expiar el crimen funesto.
Y mand Calcante construir inmensa esta mole 185
y tejiendo sus tablas levantarla hasta el cielo,
para que entrar no pudiera por las puertas ni cruzar las murallas,
ni proteger a vuestro pueblo bajo su antiguo poder.
Pues si vuestra mano violase el don de Minerva,
una gran maldicin sobre el reino de Pramo 190
y sobre los frigios caera (los dioses la vuelvan antes contra ellos).
Si al contrario por vuestras manos subiera hasta vuestra ciudad,
Asia caera en guerra terrible sobre las murallas de Plope,
y sa sera la suerte reservada a nuestros nietos.
Resultaba creble la cosa con tales insidias y la maa 195
del perjuro Sinn, y captur con trampas y lgrimas
a quienes ni el Tidida ni Aquiles de Larisa
lograron domar, ni diez aos, ni miles de barcos.
En ese momento un nuevo prodigio mucho ms terrible
aparece ante los desgraciados y turba sus pechos confiados. 200
Laocoonte, sacado a suertes sacerdote de Neptuno,
degollaba en su ara festiva un toro tremendo.
Y mira por dnde (me muero al contarlo), dos grandes serpientes
se lanzan al mar desde Tnedos por la quieta llanura
con curvas inmensas y buscan la costa ala vez; 205
sus pechos se levantan entre las olas y con crestas
de sangre asoman en el agua, el resto se dibuja
en el mar y retuerce sus lomos enormes en un torbellino.
Suena el silbido en la sal espumante, y ya a tierra llegaban
e inyectados en sangre y en fuego sus ojos ardientes, 210
sacudan sus bocas silbantes vibrando las lenguas.
Escapamos exanges ante la visin. Aqullas en ruta certera
buscan a Laocoonte, y primero rodean con su abrazo
los pequeos cuerpos de sus dos hijos y a mordiscos devoran
sus pobres miembros; se abalanzan despus sobre aquel 215
que acuda en su ayuda con las flechas y abrazan
su cuerpo en monstruosos anillos, y ya en dos vueltas
lo tienen agarrado rodendole el cuello con sus cuerpos de escamas,
y sacan por encima la cabeza y las altas cervices.
l trata a la vez con las manos de deshacer los nudos, 220
con las cintas manchadas de sangre seca y negro veneno,
a la vez lanza al cielo sus gritos horrendos,
como los mugidos cuando el toro escapa herido del ara
sacudiendo de su cerviz el hacha que err el golpe.
Se escapan luego los dragones gemelos hacia el alto santuario 225
y buscan el alczar de la cruel Tritnide
ya los pies de la diosa, bajo el crculo de su escudo, se esconden.
Entonces fue cuando un nuevo pavor se asoma a los pechos
temblorosos de todos y se dice que Laocoonte haba pagado su crimen,
por herir con su lanza la madera sagrada 230
y llegar a clavar en su lomo la lanza asesina.
Gritan que hay que buscar un lugar a la efigie y ganarse el numen de la diosa.
Rompemos los muros y de la ciudad abrimos las murallas.
Todos manos a la obra ponen ruedas a los pies,
y tienden a su cuello cuerdas de estopa; 235
atraviesa los muros el ingenio fatal, preado de armas.
A su lado los mozos y las doncellas cantan sus himnos
y gzanse si pueden tocar con su mano la cuerda;
entra aqul y se desliza, amenazante, hasta el centro de la ciudad.
Ay, patria! Ay, Ilin, morada de dioses, y muros 240
dardnidas, en la guerra famosos! Cuatro veces
justo en el umbral de la puerta se detuvo, otras tantas
gritaron de la panza las armas. Sin embargo, insistimos
inconscientes y en ciego frenes colocamos
en lo ms santo de la fortaleza el monstruo funesto. 245
An entonces Casandra, a quien por mandato del dios los teucros
no crean, abri su boca para mostrarnos el destino futuro.
Pobres de nosotros! Era aquel nuestro ltimo da
y adornamos con festivas guirnaldas los templos de la ciudad.
Gira el cielo entretanto y del Ocano sube la noche 250
envolviendo en su abrazo de sombra la tierra y el polo
y los engaos de los mirmdones. Repartidos por los muros
callaron los teucros; el sopor se apodera de sus miembros cansados.
Y ya acuda desde Tnedos la falange argiva con las naves formadas
entre el silencio amigo de la luna callada, 255
buscando la conocida playa, cuando la nave capitana
encendi las antorchas y, protegido por el hado inicuo de los dioses,
libera Sinn a los griegos encerrados en la panza y descorre
a escondidas los cerrojos de pino. Abierto a las brisas
los devuelve el caballo y alegres se lanzan de la hueca 260
madera los jefes Tesandro y Estnelo y Ulises cruel
bajando por la cuerda tendida, y Acamante y Toante
y el Pelida Neoptlemo y Macaonte el primero,
y Menelao y Epeo, el propio urdidor de la trampa.
Invaden la ciudad sepultada en el sueo y el vino; 265
son muertos los guardias, y abriendo las puertas reciben
a todos los compaeros y se renen los ejrcitos cmplices.
Era el tiempo en que llega el descanso primero a los hombres
cansados y se nos mete dentro, gratsimo regalo de los dioses.
En sueos, atiende, se me apareci tristsimo Hctor 270
ante mis ojos, derramando un llanto sin fin,
como cuando fue arrebatado por las bigas y negro
del polvo cruento y atravesados por una correa
sus pies tumefactos. Ay de m y cmo estaba!
Qu distinto del Hctor aquel que volvi revestido 275
de los despojos de Aquiles o que lanzaba los fuegos frigios
a las naves de los dnaos! En desorden la barba
y el cabello encostrado de sangre... y aquellas heridas,
que muchas recibi rodeando de la patria los muros. Entre mis propias lgrimas
me vea llamando al hroe y expresarle estos tristes lamentos: 280
Oh, luz de Dardania, de los teucros la ms firme esperanza!
Qu ha podido retenerte? De qu riberas vienes
Hctor ansiado? Cmo te vemos, despus de tantas muertes
de los tuyos, agotados por tantas fatigas de los hombres
y de nuestra ciudad! Qu indigna causa tu rostro 285
sereno manch? Por qu esas heridas estoy contemplando?
Nada repuso l a mis vanas preguntas, nada repuso
pero sacando un grave gemido de lo hondo del pecho,
Ay, huye, hijo de la diosa! -dijo-, lbrate de estas llamas.
Est el enemigo en los muros; Troya se derrumba desde lo ms alto. 290
Bastante hemos dado a la patria y a Pramo. Si con tu diestra pudieras
salvar a Prgamo, ya por la ma habra sido salvada.
Troya te encomienda sus objetos sagrados y sus Penates.
Tmalos; compaeros de tu suerte, surca el mar
y levanta para ellos unas dignas murallas. 295
Dice as y saca del interior del templo las cintas
con sus manos, y Vesta poderosa, y el fuego eterno.
Se llenan entretanto las murallas de duelos diversos,
y ms y ms, aunque estaba apartada la casa
de Anquises, mi padre, y los rboles la escondan, 300
claro se vuelve el sonido y se acerca el horror de las armas.
Salgo de mi sueo y llego subiendo
a lo ms alto del tejado y me paro, atento el odo:
como cuando la llama por la ira del Austro
cae sobre el sembrado o el rpido torrente del ro inunda 305
los campos, inunda los alegres sembrados y las labores
de los bueyes y arranca de cuajo los bosques; se queda de piedra,
ignorante, el pastor sobre el alto peasco escuchando el bramido.
Entonces por fin qued al descubierto su lealtad y se vieron las trampas
de los dnaos. Ya se derrumba por Vulcano vencida la casa 310
enorme de Defobo, ya se incendia muy cerca
Ucalegonte; las anchas aguas del Sigeo relucen de fuego.
Se alza a la vez el clamor de los hombres y el clangor de las tubas.
Cojo, loco, mis armas; nada pienso con ellas sino que arde 315
mi pecho por reunir un grupo para el combate y con mis amigos
acudir al alczar; el furor y la ira aceleran
mis ideas y me viene la imagen de una hermosa muerte con las armas.
Y, mira, Panto que se libr de las flechas aqueas,
Panto de Otris, sacerdote del alczar y de Febo,
llevando en sus manos los objetos de culto y a los dioses vencidos 320
y al pequeo nieto, y se dirige, loco, corriendo alas puertas:
Dnde estn peor las cosas, Panto? Qu almena ocupamos?
Sin dejarme hablar me responde gimiendo:
Ya est aqu el da final y la hora que Dardania no puede
evitar. Hubo troyanos, hubo una Ilin y una gloria inmortal 325
de los teucros: Jpiter cruel se ha llevado todo
a Argos; los dnaos dominan una ciudad en llamas.
Erguido sin piedad en medio del recinto, el caballo
vomita guerreros y Sinn victorioso, insolente,
incendios provoca. Otros estn a las puertas abiertas, 330
cuantos a miles llegaron de Micenas la grande;
otros han ocupado con lanzas enhiestas las calles
strechas; se levanta una lnea de hierro, dispuesta a morir,
trazada de filos brillantes; apenas intentan la lucha
los primeros centinelas de las puertas y resisten a ciegas: 335
Por estas palabras del hijo de Otris y el numen divino
me lanzo al combate y a las llamas a donde me convoca la Erinia
funesta y el estruendo, y el clamor que se eleva hasta el cielo.
Se me unen mis amigos Ripeo y el famoso guerrero
pito, que descubr a la luz de la luna, e Hpanis y Dimante 340
se ponen tambin a nuestro lado y el joven Corebo
hijo de Migdn: justo por entonces a Troya
acababa de llegar ardiente de amor insano por Casandra
y como yerno brindaba su ayuda a los frigios y a Pramo,
pobre de l, que no oy los consejos de una esposa inspirada! 345
En cuanto los vi juntos, enardecidos por combatir,
comienzo a decirles "Jvenes, corazones en vano valientes,
si abrigis un inmenso deseo de seguir al que quiere
llegar hasta el fin, estis viendo qu suerte es la nuestra. 350
Han abandonado los templos y han dejado las aras los dioses
que un da mantuvieron en pie nuestro imperio: acuds en ayuda
de una ciudad en llamas. Caigamos en el centro del combate!
La nica salvacin para el vencido es no esperar salvacin alguna.
Logr encender de esta forma las almas de los jvenes. Y luego, 355
como lobos rapaces en la oscura niebla, a quienes un hambre terrible
los lanza fuera, ciegos, ysuscachorros abandonados esperan
con las fauces secas, entre dardos, entre los enemigos
buscamos una muerte segura avanzando hacia el centro de la ciudad;
una negra noche vuela sobre nosotros con su cncava sombra. 360
Quin puede narrar el desastre de la noche aquella,
quin tanta muerte, o puede igualar las fatigas con lgrimas?
Se derrumba una antigua ciudad que rein muchos aos;
hay muchsimos cuerpos inertes por todas las calles
y por las mansiones y los sagrados umbrales de los dioses. 365
Mas no slo los teucros pagaban su pena con sangre,
que a veces tambin el valor retorna al corazn de los vencidos
y caen los dnaos vencedores. Por todas partes un duelo
cruel, por todas partes el miedo y la imagen repetida de la muerte.
Andrgeo de los dnaos fue el primero en acercarse a nosotros, ignorante, 370
con gran compaa, pensando en tropa de su bando;
es ms, se dirige a nosotros con palabras amigas:
Aprisa, soldados! Pues qu pereza tan inoportuna
os retrasa? Otros toman ya botn y Prgamo saquean
en llamas, y vosotros llegis an de las altas naves? 375
Dijo, y al punto advirti (pues que no se le daban respuestas
crebles) que haba cado entre sus enemigos.
De piedra se qued y a un tiempo volvi atrs pies y palabras.
Como el que al poner pie en el suelo entre speras zarzas
pis una serpiente, sin verla, y huye al instante asustado 380
de la que hincha ya su cuello azulenco y se encrespa de ira.
No de otro modo se marchaba Andrgeo tembloroso por lo que vea.
Nos lanzamos y los rodeamos en un bosque de armas,
y los aplastamos al no saber donde estaban, parados
de espanto; favorece Fortuna nuestra empresa primera. 385
Y entonces Corebo, saltando de gozo ante el xito, dice:
"Sigamos, amigos, por donde Fortuna primero
nos muestra el camino y por donde aparece mejor;
cambiemos las armas y tomemos los estandartes
de los dnaos. Trampa o valor, quin demandar al enemigo? 390
Ellos nos darn sus armas." Tras as decir se coloca
el emplumado yelmo de Andrgeo y la preciada prenda de su escudo
y acomoda a su costado la espada de un argivo.
Lo mismo Ripeo, lo mismo hace Dimante y alegres tambin
los jvenes todos: cada cual se va armando con el botn reciente. 395
Avanzamos mezclados con los dnaos bajo un numen adverso
y, en la ciega noche enfrentados, combates innmeros
nos vimos trabando, y a muchos aqueos enviamos al Orco.
Unos huyen a sus naves y buscan corriendo la costa
segura; otros miedo cobarde al enorme caballo 400
trepan de nuevo y en la madera amiga se ocultan.
Ay, que en nada puede uno confiar contra la voluntad de los dioses!
Mira cmo arrastran de los cabellos a la hija de Pramo,
a Casandra la virgen, fuera del templo y la morada de Minerva,
levantando hacia el cielo sus ojos ardientes en vano, 405
sus ojos, que sus manos de nia cadenas las atan.
No soport este espectculo, enloqueciendo, Corebo,
y se lanz dispuesto a morir en medio del ejrcito;
todos le seguimos y caemos dentro de un bosque de armas.
Y primero somos abatidos por las flechas que lanzan 410
desde el tejado de un templo los nuestros y se hizo terrible matanza
por la apariencia de nuestras armas y el error de los griegos penachos.
Despus se presentan los dnaos por todos lados gritando de ira
por haberles quitado la doncella, el acrrimo yax
y los dos hijos de Atreo y el ejrcito entero de los dlopes. 415
Como cuando en quebrado remolino los vientos contrarios
se enfrentan, el Cfiro y el Noto y el alegre Euro
con sus orientales caballos; gritan los bosques y el espumoso Nereo
con su tridente se agita y sacude desde el fondo profundo los mares.
Tambin acuden aquellos a quienes engaamos con trampas 420
en lo oscuro de la noche y perseguimos por toda la ciudad;
advierten los primeros los dardos y los engaosos escudos
y sealan por el sonido las lenguas discordantes.
E inmediatamente nos aplastan con su nmero y el primero Corebo
cay junto al altar de la diosa armipotente por mano 425
de Penleo; cae as mismo Ripeo, el hombre ms justo
que hubo entre los teucros y el mejor cumplidor de lo bueno
(otra cosa pareci a los dioses); tambin Hpanis y Dimante perecen
atravesados por sus compaeros, y, Panto, ni tu mucha piedad
ni las cintas de Apolo de caer te libraron. 430
Ay, cenizas de Ilin y llama final de los mos! Os pongo
por testigos de que nada rehu en vuestra ruina,
ni flechas ni nada, y de que habra cado a manos de los dnaos
si lo hubiera querido mi sino. De all nos marchamos,
fito y Pelias conmigo (a fito la edad lo retrasa 435
y tardo vuelve a Pelias la herida de Ulises),
atrados por un gritero que vena del palacio de Pramo.
Aqu s que vemos un combate tremendo; como si
no hubiera ms guerra y nadie muriera en toda la ciudad,
as vemos a un indmito Marte y a los dnaos tratando de entrar 440
en palacio y la puerta atacada por tenaz ariete.
Se pegan las escalas a los muros y justo bajo la puerta
se apoyan en los escalones y cubiertos con los escudos
en la izquierda hacia los dardos se lanzan y tocan con su diestra los aleros.
Por el contrario, arrancan los Dardnidas las torres y todos 445
los tejados de las casas; con tales armas cuando ven el final
se aprestan a la defensa en la hora postrera de la muerte,
y las doradas vigas, altivo adorno de los antiguos padres,
hacen rodar; forman otros, espadas enhiestas, en las ltimas
puertas, que en fila cerrada vigilan. 450
Oso Nos lanzan nuestros corazones a defender la morada del rey
y brindar ayuda a esos valientes, sumando nuestro brazo a los vencidos.
Haba una entrada y una puerta falsa y un pasadizo
entre las casas de Pramo, por la parte de atrs,
por donde sola la infeliz Andrmaca, cuando era fuerte su reino, 455
ir sin compaa con frecuencia a casa de sus suegros
y llevarle al abuelo al pequeo Astianacte.
As que paso por ah a lo ms alto del tejado, desde donde
los pobres teucros arrojaban sus dardos intiles.
De su elevada base arrancamos y empujamos la torre aquella 460
que se alzaba sobre el vaco hasta los astros,
levantada en la parte ms alta, de donde Troya entera sola
contemplarse y las naves de los dnaos y el campamento aqueo,
cavando con el hierro alrededor ah donde los bordes de las tablas
presentaban junturas abiertas. Se vino abajo de repente, gran ruina 465
produjo con estruendo y en gran extensin cay sobre las tropas
de los dnaos. Mas otros acuden y no cesa entretanto
toda clase de piedras y dardos.
Ante la misma entrada y en el umbral primero, salta
Pirro de gozo entre las flechas, brillando con la luz de sus bronces; 470
como una culebra que comi malas hierbas cuando sale a la luz;
el helado invierno la mantena hinchada bajo tierra,
pero ahora, dejando su piel vieja, con la nueva de juventud reluce
y, estirndose al sol, agita irguiendo el pecho
su lomo brillante yvibra su boca de triple lengua. 475
A la vez el gran Perifante y el que llev los caballos de Aquiles,
Automedonte, su escudero, y a la vez toda la juventud de Esciros
al palacio se acercan y lanzan sus llamas al tejado.
Pirro entre los primeros rompe la puerta a hachazos
terribles y arranca de cuajo las jambas de bronce; 480
y ya parte de una viga y ataca la firme madera
abriendo un enorme agujero de boca muy ancha.
Ya se ve el interior de la casa y se abren los amplios atrios;
ya aparecen las habitaciones de Pramo y los reyes de antes
y se ve a los guerreros que estn en la entrada. 485
Y el interior del palacio ve mezclarse gemidos
y msero tumulto, y con el ulular dolorido de mujeres
resuenan los huecos de la casa; hiere los astros de oro el clamor.
Vagan tambin las madres asustadas por las salas inmensas
y a los postes se abrazan y los llenan de besos. 490
Pirro arremete con la fuerza de su padre y contra l no valen
ni cerrojos ni guardias; se tambalea la puerta
a golpes de ariete y sacadas de su quicio caen las jambas.
Se abre un camino de violencia. Rompen la entrada y los dnaos
que pasan matan a los primeros y llenan de soldados el lugar. 495
Que tanto no hace espmea corriente cuando rompe su cauce,
y se lanza y vence con su remolino a las moles que frente le hacen
y arrasa enloquecida los sembrados y por todos los campos
confunde ganados y establos. Y con estos ojos ni a Neoptlemo
loco de sangre y a los dos Atridas en la puerta, 500
yo vi a Hcuba y a sus cien nueras y a Pramo por los altares
manchando de sangre los fuegos que haba consagrado.
Aquellas cincuenta alcobas, esperanza tan grande de nietos,
cayeron y cayeron sus puertas orgullosas del oro y el botn
de los brbaros; llegan los dnaos donde no llega el fuego. 505
Y quiz me preguntes tambin cul fue el sino de Pramo.
Cuando vio la ruina de su ciudad conquistada y abatidos
los umbrales de palacio y al enemigo dentro de su casa,
en vano toma el viejo en sus hombros temblorosos las armas
[enmohecidas tiempo ha, por la edad
y se cie el hierro intil y lnzase a morir entre los enemigos. 510
Haba un altar al aire libre, en medio del recinto sagrado,
enorme, y a su lado un laurel muy antiguo
que caa sobre el ara y abrazaba con su sombra los Penates.
Estos altares en vano rodean Hcuba y sus hijas 515
que aqu se juntan como palomas que la negra tempestad empuja,
y estaban sentadas abrazando las estatuas de los dioses.
Mas cuando vio nada menos que a Pramo ceido
con las armas de un joven: Qu idea tan loca, pobre esposo mo,
te ha llevado a armarte de ese modo? -dijo-, a dnde corres? 520
No precisa esta hora de ayudas as ni de defensores
como t; no, ni aunque mi Hctor estuviera con nosotros.
Anda, ven aqu. El altar nos protejer a todos,
o moriremos juntos, Y al callar lo abraz
en su regazo y sent al anciano en el lugar sagrado. 525
Y ah va por su lado Polites, uno de los hijos de Pramo,
escapado de las manos de Pirro, y recorre en su huida
los largos prticos entre las flechas, entre los enemigos,
y pasa herido por las habitaciones vacas. Pirro le persigue
ansioso por herirle de muerte y ya casi lo tiene y le da con su lanza. 530
Cuando por fin escapa y llega hasta los ojos y el rostro de sus padres,
es ya para morir y perder entre mucha sangre la vida.
Pramo entonces, aunque casi lo abraza la muerte,
no call sin embargo ni evit dar gritos de ira:
A ti, a ti -exclama-, por este crimen, por todo lo que has hecho, 535
si hay anen el cielo alguna piedad que vigile estas cosas,
te paguen los dioses precio justo y el premio adecuado,
por haberme hecho verla muerte de mi hijo
y manchar con tu crimen la mirada de sus padres.
No se port de esa manera el gran Aquiles, del que te mientas hijo, 540
con su enemigo Pramo; que respet los sagrados derechos
de un suplicante y me dej enterrar el cuerpo exange
de mi Hctor y me devolvi a mi reino.
Dej de hablar el anciano y lanz sin fuerzas una flecha
inocente que rechaz sin ms el bronco bronce 545
y qued intilmente colgando del escudo en el centro.
Y entonces Pirro: Llvale esto y s mi mensajero
ante el Pelida, mi padre. Y no olvides contarle
las tristes hazaas de un Neoptlemo degenerado.
Ahora, muere. As diciendo justo hasta el altar 550
lo arrastr, tembloroso y resbalando en la sangre de su hijo;
con la izquierda cogi su cabello, desenvain con la diestra
su espada brillante y la hundi en el costado hasta la empuadura.
ste fue el fin de los hados de Pramo, esta muerte le cupo en suerte
tras ver el incendio de Troya y la ruina de Prgamo, 555
a l, otrora orgulloso seor de tantos pueblos y tierras
de Asia. Yace enorme su tronco en la playa,
arrancada de los hombros la cabeza y sin nombre su cuerpo.
Entonces por vez primera se apoder de m cruel horror.
Me qued estupefacto; la imagen me vino de mi querido padre 560
cuando vi exhalar el ltimo aliento al rey de su edad
por herida cruel; pens en Cresa abandonada,
y mi casa saqueada y la muerte de mi pequeo Julo.
Miro atrs y reviso la tropa que an tengo.
Todos me abandonaron agotados y saltaron a tierra 565
o entregaron sus cuerpos heridos a las llamas.
[Y quedaba yo slo cuando veo a la hija de Tindneo
guardando el templo de Vesta y escondida en silencio
en un lugar secreto; los incendios iluminan
mi vagar y a todas partes dirijo mis ojos. 570
Temiendo de antemano el odio de los teucros por la cada de Prgamo
y el castigo de los dnaos y la ira de su esposo abandonado,
Erinia comn de Troya y de su patria,
se haba escondido y, odiada, estaba sentada en los altares.
Llamas ardieron en mi corazn; una ira me nace por vengar a mi patria 575
en su ruina y castigar tan graves crmenes.
Vaya! sta, a salvo, volver a ver Esparta y su patria
Micenas y volver a reinar con el triunfo obtenido?
Y a su esposo ver y la casa de su padre y a sus hijos
rodeada de troyanas y con servidores frigios? 580
Y Pramo habr muerto por la espada? Y Troya habr cado por el fuego?
Y habr rezumado sangre tantas veces la playa dardania?
No tal. Que aunque no hay ttulo alguno memorable
en vencer a una mujer, esta victoria tiene su recompensa;
por haber acabado con un crimen e infligir una pena 585
merecida ser alabado y gozar mi nimo saciando
de fama vengadora y cumpliendo con las cenizas de los mos.
Eso deca y me dejaba llevar de mi mente enloquecida,]
cuando se me present como nunca ante mis ojos lo haba hecho
tan claro, y en una luz pura brill a travs de la noche 590
mi noble madre, mostrndose diosa tal y como la ven
los que habitan el cielo, y tomndome con su diestra
me contuvo y esto me dijo adems con su boca de rosas:
Hijo, qu dolor tan grande provoca tu clera indmita?
Por qu te enfureces? A dnde se ha ido tu cuidado por m? 595
No vers antes dnde has dejado a tu padre Anquises,
cansado por su edad, y si viven an tu esposa Cresa
y tu hijo Ascanio? Por todas partes a todos les rodean
las armas griegas, y, si no fuera constante mi providencia,
ya les tendran las llamas y clavado se habra el pual despiadado. 600
No eches la culpa a la odiada belleza de la espartana hija
de Tindreo, ni aun a Paris: la inclemencia de los dioses,
la de los dioses, arruin este poder y abati a Troya de su cumbre.
Mira bien (que ahora retirar toda la nube que tienes
delante y oscurece tu visin mortal, y, hmeda, se evapora 605
alrededor; no temas t los mandatos de tu madre
ni rehses obedecer sus rdenes):
aqu, donde ves las moles deshechas y las rocas arrancadas
de las rocas y el humo ondear mezclado con el polvo,
Neptuno con su enorme tridente es quien golpea los muros 610
y los removidos cimientos y la ciudad entera de su asiento
arranca. Aqu la muy cruel Juno ocupa la primera
las puertas Esceas y ceida con la espada convoca
enloquecida de las naves al ejrcito aliado.
Mira ya en lo ms alto del alczar a Palas Tritonia 615
sentada, brillando con su nimbo y la cruel gorgona.
Mi propio padre da nimo a los dnaos y favorece
sus fuerzas; l empuja a los dioses contra las armas de Troya.
Slvate, hijo, y marca un final a tus fatigas;
nunca te faltar, y te llevar a salvo hasta el umbral de una patria. 620
As dijo, ocultndose en las espesas sombras de la noche.
Los nmenes supremos de los dioses muestran su rostro a Troya
cruel y enemigo.
Me parece ya entonces que Ilin se asienta, toda ella,
en una hoguera y la Troya de Neptuno ser arrancada de cuajo. 625
Y como cuando en lo alto del monte el viejo olmo
con hierro cortado y con golpes de hachas se esfuerzan
en abatir los campesinos con empeo, y l amenaza
y agita los cabellos con la copa sacudida, temblando,
hasta que poco a poco vencido por las heridas gime 630
por ltimo y arrancado causa gran ruina a los collados.
Bajo y con la gua de la diosa puedo pasar por las llamas
y los enemigos: abren paso las flechas y las llamas retroceden.
Y cuando llego por fin al umbral de la casa paterna
y a la antigua morada, mi padre, a quien quera 635
subir el primero a los altos montes y el primero buscaba,
se niega a seguir con vida ante la muerte de Troya
y padecer el exilio: "Ay! Vosotros que conservis el vigor de la edad en la sangre
y cuyas fuerzas permanecen intactas -dice-, emprended
vosotros la huida. 640
Si los del cielo hubieran querido que yo conservase la vida,
me habran salvado tambin esta casa. Bastante y de sobra una vez
vi su destruccin y escap a la conquista de mi ciudad.
As, marchaos as dando el ltimo adis a mi cuerpo.
Yo mismo encontrar por mi mano la muerte; se compadecer el enemigo 645
y buscar mis despojos. Leve resulta quedarse sin sepulcro.
Ya estoy viviendo dems, odioso a los dioses
e intil, desde que el padre de los dioses y rey de los hombres
me sopl con los vientos de su rayo y me alcanz con el fuego.
En eso insista al hablar y permaneca inmutable. 650
Repusimos nosotros baados en lgrimas, mi esposa Cresa
y Ascanio y toda mi casa, que no quisiera mi padre llevarse
todo con l ni acelerar un sino ya presuroso.
Se niega y se mantiene en lo dicho y en el mismo lugar.
Me lanzo de nuevo al combate y busco en mi desgracia la muerte. 655
Pues, qu solucin o qu fortuna me quedaban?:
Creste, padre mo, que podra escapar dejndote aqu
y un crimen as se abri paso en la boca paterna?
Si agrada a los dioses que no quede nada de ciudad tan grande
y as est en su nimo y quieren sumar a la ruina de Troya 660
la tuya y la de los tuyos, la puerta est abierta a esa muerte,
y en seguida estar aqu Pirro, manchado de la sangre de Pramo,
quien no vacila en degollar al hijo ante su padre ni al padre junto al ara.
Madre ma, para esto me sacaste entre los dardos
y las llamas? Para ver al enemigo dentro de nuestra casa, 665
y a Ascanio y a mi padre y con ellos Cresa,
el uno junto al otro anegados en sangre?
A las armas, muchachos, a las armas! Que la luz postrera reclama a los vencidos.
Llevadme con los dnaos; dejadme ver de nuevo el combate
emprendido. No todos moriremos hoy sin venganza. 670
Me cio entonces de nuevo la espada y colocaba ya el escudo
en mi izquierda y me lanzaba fuera de la casa.
Pero mira por dnde abrazada en el umbral Cresa a mis pies
se detena y a su padre ofreca al pequeo Julo:
"Si vas a morir, llvanos a nosotros contigo, pase lo que pase; 675
pero si, a sabiendas, alguna esperanza pones en las armas que empuas,
lo primero es guardar esta casa tuya. LA quin entregas al pequeo Julo
a quin a tu padre y a m, que un da fui llamada tu esposa?
Gritando y gimiendo llenaba toda la casa con esas palabras,
cuando aparece de repente un prodigio asombroso. 680
En efecto, entre las manos y los rostros de sus pobres padres,
he aqu que de lo alto de la cabeza de Julo derramar pareca
un leve rayo su luz y una llama suave que no quemaba al tacto
lamer sus cabellos y posarse en torno a sus sienes.
Temblamos, asustados, de miedo y le sacudamos el cabello 685
que arda, tratando de apagar con agua el fuego sagrado.
Pero el padre Anquises alz hacia los astros sus ojos,
alegre, y a la vez levant la voz y las palmas al cielo.
Jpiter todopoderoso, si te dejas ganar por alguna oracin,
mranos, slo eso, y, si somos dignos de tu piedad, 690
danos tu ayuda en seguida, padre, y confirma estos presagios.
Apenas haba hablado el anciano, y con sbito fragor
tron por la izquierda y del cielo cay entre las sombras
veloz una estrella de cola con una gran luz.
Cruzar la vimos sobre los tejados 695
e ir a ocultarse brillante en los bosques del Ida
sealando caminos; deja a su paso largo surco
de luz y humea el lugar en gran extensin con un humo de azufre.
Al fin vencido, se alza mi padre hacia las auras
y habla a los dioses y adora la santa estrella: 700
Ya no cabe retraso alguno; te sigo y donde me llevis estar,
dioses de mi patria. Salvad mi casa, salvad a mi nieto.
Esta seal es vuestra y Troya cuenta en vuestros designios.
Me rindo, vaya, y no me niego, hijo, a acompaarte.
Eso dijo, y ya por la muralla se oye el fuego 705
ms claro y ms cerca se revuelven las llamas del incendio.
Vamos entonces, padre querido, sbete a mis hombros,
que yo te llevar sobre mi espalda y no me pesar esta carga;
pase lo que pase, uno y comn ser el peligro,
para ambos una ser la salvacin. Venga conmigo 710
el pequeo Julo y siga detrs nuestros pasos mi esposa.
Y vosotros, mis siervos, prestad atencin a cuanto diga.
A la salida de la ciudad hay un tmulo y un viejsimo templo
abandonado de Ceres y a su lado un antiguo ciprs
que la piedad de nuestros padres guard muchos aos. 715
Cada uno por su lado llegaremos todos a ese mismo lugar.
T toma, padre, los objetos de culto y los patrios Penates;
yo no puedo tocarlos saliendo de guerra tan grande
y de la reciente matanza, hasta que me purifique
el agua viva de un ro. 720
Dicho esto, me pongo una tela sobre mis anchos hombros
y el cuello agachado y encima la piel de un rubio len,
y tomo mi carga; de mi diestra se coge
el pequeo Julo y sigue a su padre con pasos no iguales;
detrs viene mi esposa. Avanzamos por ocultos caminos 725
y hasta el aire me asusta ahora a m, a quien todos los griegos
juntos enfrente ni todas sus flechas podan dar miedo,
cualquier ruido me alerta de igual modo
temiendo a la vez por mi compaero y por mi carga.
Y ya estaba cerca de la puerta y pareca todo el camino 730
haber salvado cuando de repente el sonido repetido
de unos pasos llega hasta mis odos, y mi padre mirando
entre las sombras: Hijo -exclama-, huye, hijo mo, se acercan.
Puedo ver sus escudos ardientes y sus brillantes bronces.
En ese momento no s qu numen nada favorable 735
se apoder de mi confundida y asustada razn. Pues mientras sigo
corriendo caminos apartados tras salir de las calles conocidas,
pobre de m, Cresa mi esposa qued atrs, no s si por el hado
o si se equivoc de camino o si cansada se sent.
Nunca despus volvieron a verla mis ojos. Y no mir 740
atrs por si se perda ni le prest atencin hasta que llegamos
al tmulo de la antigua Ceres y al lugar a ella consagrado.
Aqu, finalmente todos reunidos, slo ella fue echada
de menos y desapareci ante su hijo, su esposo y sus compaeros.
A quin no acus, enloquecido, de dioses y hombres, 745
o qu vi ms cruel en la ruina de mi ciudad?
Encomiendo a los compaeros a Ascanio y a mi padre Anquises
y los Penates teucros y los escondo en un oculto valle,
y yo me vuelvo a la ciudad y cio de nuevo mis armas brillantes.
Decidido est: Volver a pasar todos los riesgos y a recorrer 750
toda Troya de nuevo y de nuevo a lanzar mi vida a los peligros.
Recorro primero los muros y los oscuros umbrales de la puerta
por la que haba salido y vuelvo sobre mis pasos
buscando en la noche con mis ojos las huellas que dejamos;
el horror se apodera de mi pecho y hasta el propio silencio me asusta. 755
Vuelvo de nuevo a casa por si acaso haba encaminado
hacia all sus pasos: los dnaos haban entrado y la ocupaban entera.
Trepa voraz el fuego con el favor del viento a las vigas
ms altas; asoman por encima las llamas y el calor se agita en el aire.
Prosigo y llego otra vez a la casa de Pramo y a la fortaleza; 760
ya estaban guardando el botn en los prticos vacos,
en el recinto de Juno, Fnix y el cruel Ulises,
escogidos guardianes. Aqu se amontona de todas partes el tesoro de Troya,
saqueado en el incendio de los templos, y las mesas de los dioses
y las crateras de oro macizo y la ropa de los vencidos. 765
Alrededor estn en larga fila los nios y las madres asustadas.
Hasta me atrev a gritar entre las sombras
y llen las calles de mi voz y afligido, Cresa
repitiendo, una y otra vez la llam en vano. 770
Buscando y corriendo sin parar entre los edificios,
se present ante mis ojos la sombra de la misma Cresa,
su figura infeliz, una imagen mayor que la que tena.
Me qued parado, se eriz mi cabello y la voz se clav en mi garganta.
Entonces habl as y con estas palabras me liber de cuidado: 775
Por qu te empeas en entregarte a un dolor insano,
oh dulce esposo mo? No ocurren estas cosas sin que medie
la voluntad divina; ni te ha sido dado el llevar a Cresa contigo,
ni as lo consiente el que reina en el Olimpo soberano.
Te espera un largo exilio y arar la vasta llanura del mar, 780
y llegars a la tierra de Hesperia donde el lidio Tiber
fluye con suave corriente entre los frtiles campos de los hombres.
All te irn bien las cosas y tendrs un reino y una esposa
real; guarda las lgrimas por tu querida Cresa.
No ver yo la patria orgullosa de los mirmdones 785
o de los dlopes, ni marchar a servir a las matronas griegas,
nuera que soy de la divina Venus y Dardnida;
me deja en estos lugares la gran madre de los dioses.
Adis ahora, y guarda el amor de nuestro comn hijo.
Luego me dijo esto, me abandon llorando y queriendo 790
hablar an mucho, y desapareci hacia las auras sutiles.
Tres veces intent poner mis brazos en torno a su cuello,
tres veces huy de mis manos su imagen en vano abrazada,
como el viento ligera y en todo semejante al sueo fugitivo.
As por fin, consumida la noche, vuelvo con mis compaeros. 795
Y encuentro all asombrado que una gran muchedumbre
de nuevos amigos haba acudido, mujeres y hombres,
la juventud reunida para la marcha, una gente digna de lstima.
De todas partes acudieron preparados de nimo y recursos
para partir hacia la tierra que yo eligiera allende el mar. 800
Surga ya Lucifer en lo alto de las cumbres del Ida
y nos traa el da, y los dnaos tenan ocupados
los umbrales de las puertas y no quedaba ya esperanza de ayuda.
Me puse en marcha y los montes busqu con mi padre a la espalda.
LIBRO III
Luego que subvertir el poder de Asia y de Pramo al inocente
pueblo plugo a los dioses, y cay la soberbia
Ilin y por el suelo humea toda la Troya de Neptuno,
a diversos exilios y a buscar tierras abandonadas
nos obligan los augurios de los dioses y una flota bajo la misma 5
Antandro disponemos y al pie del Ida de Frigia,
sin saber a dnde nos llevan los hados, dnde podremos instalarnos,
y reunimos a los hombres. Haba comenzado apenas la primavera
y el padre Anquises ordenaba rendir al destino las velas,
cuando llorando dejo las costas de la patria y sus puertos 10
y los llanos donde un da se alz Troya. Heme all arrastrado al exilio,
al mar, con mis amigos y mi hijo, con los Penates y los grandes dioses.
Hay una tierra lejos de vastas llanuras consagradas a Marte
(los tracios la aran), gobernada otrora por el fiero Licurgo,
antiguo asilo de Troya y Penates aliados 15
mientras fortuna hubimos. Ah paramos y en la curva playa
levanto las primeras murallas llevado por un hado inicuo
e invento el nombre de Enadas por mi propio nombre.
Preparaba sacrificios a mi madre de Dione hija y a los dioses
tutelares de la obra emprendida y un toro corpulento 20
en la playa ofreca al supremo rey de los que pueblan el cielo.
Mira por dnde se alzaba al lado un tmulo, y en lo alto ramas
de cornejo y un mirto erizado de espesas puntas.
Me acerqu tratando de arrancar del suelo un verde
arbusto que cubriera con su espeso follaje los altares, 25
y veo un extrao prodigio horrible de contar.
Pues en cuanto arranco del suelo cortando sus races
el primer tallo, destila ste gotas de negra sangre
que ensucia la tierra con su peste. Un helado espanto
sacude mi cuerpo y mi sangre helada se me cuaja de miedo. 30
De nuevo trato de arrancar una flexible vara
y de buscar hasta el fondo las causas escondidas;
y otra vez negra sangre mana de la corteza.
Dando muchas vueltas en mi corazn invocaba a las Ninfas agrestes
y al padre Gradivo, el que reina en los campos de los getas; 35
que propiciasen la visin e hicieran bueno el presagio.
Mas cuando con mayor esfuerzo a una tercera vara
me pongo y de rodillas me apoyo contra la arena
(sigo, o me callo?), se escuchan de lo profundo de la altura
lacrimosos gemidos y sale, y llega a mis odos esta voz: 40
Por qu desgarras, Eneas, a un desgraciado? Deja ya en paz a un muerto,
deja de profanar tus manos piadosas. Troya no me hizo
extrao a ti ni mana esta sangre de la madera.
Huye, ay!, de esta tierra despiadada, huye de una costa tan avara,
que soy Polidoro. Aqu, atravesado, frrea me sepult 45
mies de lanzas que aument con agudas jabalinas:
Entonces, agobiada mi mente por la duda y el miedo qued estupefacto,
se erizaron mis cabellos y la voz se clav en mi garganta.
Haca tiempo que a este Polidoro, con gran cantidad de oro,
a escondidas lo haba enviado el pobre Pramo al rey de Tracia 50
para que lo cuidase, desconfiando ya de las armas
de Dardania y viendo a su ciudad ceida por el asedio.
El otro, apenas se quebraron las esperanzas de los teucros y los dej Fortuna,
se puso de parte de Agamenn y de las armas vencedoras,
rompiendo todo compromiso: asesina a Polidoro y se apodera 55
del oro por la fuerza. A qu no obligas a los mortales pechos,
hambre execrable de oro! Cuando el pavor abandon mis huesos,
refiero a los mejores de mi pueblo y a mi padre el primero
los avisos de los dioses y su opinin les demando.
En todos haba igual nimo: salir de una tierra maldita,
dejar un asilo mancillado y confiar la flota a los Austros. 60
As que preparamos las exequias de Polidoro y gran cantidad
de tierra amontonamos sobre su tmulo; se alzan a sus Manes
las aras funerales de bandas azules y negro ciprs,
y alrededor las troyanas con el pelo suelto segn la costumbre;
derramamos encima espumantes cuencos de tibia leche 65
y pteras de sangre sagrada, y entregamos su alma
al sepulcro y a grandes voces rendimos el saludo postrero.
Y luego, en cuanto el pilago nos ofrece confianza y presentan los vientos
un mar en calma y el Austro con suave silbo nos llama al agua,
arrastran los compaeros las naves y llenan la playa; 70
salimos del puerto y se alejan las tierras y las ciudades.
Hay en medio del mar una tierra sagrada gratsima
a la madre de las Nereidas y a Neptuno Egeo,
que, errante por costas y playas, el piadoso arquero
la encaden a la elevada Mconos y a Garos 75
y la dej inmvil y habitada, con el poder de despreciar los vientos.
All vamos y ella, placidsima, agotados en su seguro puerto
nos acoge; desembarcamos y veneramos la ciudad de Apolo.
El rey Anio, rey a la vez de hombres y sacerdote de Febo,
ceidas sus sienes con las nfulas y el laurel sagrado, 80
se presenta; reconoci en Anquises al viejo amigo.
Juntamos nuestras diestras como hospitalidad y en la ciudad entramos.
Veneraba yo los templos del dios erigidos en un viejo peasco:
Concdenos, Timbreo, una casa propia; concede a los fatigados 85
unas murallas y una estirpe y una ciudad perdurable; salva la nueva
Prgamo de Troya, los restos de los dnaos y del cruel Aquiles.
A quin seguimos o a dnde nos mandas ir? Dnde establecernos?
Danos, padre, una seal y mtete en nuestros corazones:
Apenas haba acabado de hablar: todo me pareci temblar de pronto, 90
los umbrales y el laurel del dios, y el monte entero
agitarse alrededor y en el abierto santuario sonar su trpode.
Caemos al suelo de rodillas y una voz llega a nuestros odos:
Duros Dardnidas, la tierra que os cre primero de la raza
de vuestros padres, esa misma con alegre seno 95
os acoger al volver. Buscad a la antigua madre.
Aqu la casa de Eneas gobernar sobre todas las riberas
y los hijos de sus hijos y los que nazcan de ellos.
Esto Febo, y en medio del tumulto una gran alegra
naci, y todos preguntan cules son esas murallas, 100
a dnde llama Febo a los errantes y les manda volver.
Mi padre entonces, evocando los recuerdos de los ms viejos,
Escuchadme, seores de Troya -dice-, y conoced vuestras esperanzas.
Creta, la isla del gran Jpiter, yace en medio del ponto,
donde el monte Ida y la cuna de nuestro pueblo. 105
Cien grandes ciudades habitan, ubrrimos reinos,
de donde, si bien recuerdo lo escuchado, nuestro gran padre
Teucro arrib por vez primera a las costas reteas
y eligi un lugar para su reino. Ilion an no se haba levantado
ni los alczares de Prgamo; vivan en lo profundo de los valles. 110
De all la madre venerada en el Cibelo y los bronces de los Coribantes
y el bosque ideo, de all los fieles silencios de los misterios
y los leones vinieron uncidos al carro de su duea.
As que nimo y sigamos por donde nos llevan los mandatos de los dioses;
aplaquemos los vientos y busquemos el reino de Cnosos. 115
El camino no es largo: con que Jpiter nos asista,
la tercera luz dejar nuestra flota en las costas de Creta
Dicho esto rindi en los altares honores merecidos,
un toro a Neptuno, un toro para ti, bello Apolo,
una oveja negra a la Tormenta y a los felices Cfiros una blanca. 120
Vuela el rumor de que ha sido expulsado del reino de su padre
el rey Idomeneo, que desiertas estaban las playas de Creta,
que la regin est libre de enemigos y sedes vacas nos aguardan.
Dejamos el puerto de Ortigia y por el mar volamos
y por Naxos con los collados de Baco y la verde Donusa 125
y Olaros y la nvea Paros y esparcidas por las aguas
las Ccladas pasamos y los mares encrespados de tierras numerosas.
El grito de los marinos salta al aire en reida disputa:
piden los compaeros que Creta busquemos y a nuestros padres.
Nos empuja un viento que se levanta a nuestra popa, 130
y llegamos por fin a las antiguas costas de los curetes.
As que ansioso levanto los muros de la ciudad deseada
y Pergmea la llamo y a mi pueblo contento con el nombre
lo animo a amar sus hogares y a elevar el alczar sobre los tejados
Y ya las naves estaban varadas en una playa casi seca, 135
la juventud entregada a nuevos campos y nuevos matrimonios,
y les daba leyes y casas, y he aqu que de pronto nos vino encima
una peste horrible para los cuerpos y para rboles y sembrados
miserable y un ao de muerte desde una envenenada regin del cielo.
Dejaban sus dulces almas o enfermos se arrastraban 140
los cuerpos; Siro adems abrasaba los estriles campos,
se sacaban los pastos y una mies enferma nos negaba el sustento.
De nuevo a recorrer el mar, al orculo de Ortigia y a Febo,
me exhorta mi padre y a suplicar su venia,
qu fin dispone a estas desgracias, dnde nos ordena 145
buscar el remedio a nuestras fatigas, a dnde dirigirnos.
Era la noche y el sueo en la tierra se haba adueado de los animales.
Las sagradas imgenes de los dioses y los frigios Penates
que sacara conmigo de Troya en medio de incendio
de la ciudad se mostraron erguidos ante mis ojos, 150
en sueos, iluminados con gran resplandor, con el que la luna
llena se derramaba por las abiertas ventanas;
Y as hablaron entonces y con estas palabras se llevaron mis cuitas:
"Lo que Apolo te dira si volvieras a Ortigia,
aqu te lo revela y adems nos enva a tus umbrales. 155
Nosotros te seguimos a ti, tras el incendio de Dardania, y a tus armas;
bajo tu gua hemos recorrido nosotros el mar hinchado con las naves,
seremos nosotros quienes alcen a los astros a tus descendientes
y confieran el imperio a tu ciudad. T dispn para grandes
grandes murallas y no abandones el enorme esfuerzo de tu periplo. 160
Debes cambiar de territorio. No de estas riberas te habl
el Delio, no te orden Apolo establecerte en Creta.
Hay un lugar (los griegos lo llaman con el nombre de Hesperia),
una tierra antigua, poderosa en las armas y de feraces campos;
la habitaron hombres de Enotria; hoy se dice que sus descendientes 165
la llaman Italia por el nombre de un caudillo.
sta es nuestra verdadera patria, de aqu procede Drdano
y el padre Yasin, origen ste de nuestra estirpe.
Levanta, pues, y transmite alegre estas palabras indubitables
a tu anciano padre: que busque Crito y las tierras 170
ausonias; Jpiter te niega los campos dicteos
Atnito ante visin semejante y por la voz de los dioses
(que no era aquello ningn sueo; reconocer de verdad me pareca
los rasgos y las cabezas cubiertas y los rostros presentes;
ymanaba de todo mi cuerpo un sudor helado), 175
me lanzo de la cama y dirijo al cielo
las palmas extendidas y mi voz y libo ante el fuego sagrado
presentes sin mancha. Gozoso, cumplido el sacrificio,
lo comunico a Anquises y le expongo las cosas por orden.
Reconoci la ambigua prole y dobles antepasados 180
y a l mismo engaado por el nuevo error de los antiguos lugares.
Recuerda entonces: Hijo mo de Ilin atormentado por el sino,
Casandra sola me profetizaba estos sucesos.
Ahora recuerdo que, al prever el destino de nuestro pueblo,
hablaba con frecuencia de Hesperia y de los talos reinos. 185
Mas quin iba a imaginar a los teucros en las costas de Hesperia?
A quin podan convencer entonces los vaticinios de Casandra?
Hagamos caso a Febo y advertidos sigamos mejores seales.
As dice, y todos obedecemos entre aclamaciones sus palabras.
Abandonamos tambin este lugar y, dejando a unos pocos, 190
largamos las velas y la vasta planicie recorremos en el cavo leo.
Luego que las naves cubrieron el mar y ms no aparece
ninguna tierra, cielo por todo y por todo agua,
se par entonces sobre mi cabeza una nube cerlea
llena de noche y tormenta, y el mar se encresp de tiniebla. 195
Al punto los vientos revuelven el mar y enormes se levantan
las olas, nos dispersa el azote de un vasto remolino.
Escondieron los nimbos el da y cubri una hmeda noche
el cielo y los relmpagos aumentan en las rasgadas nubes,
perdemos el rumbo y vagamos en las aguas ciegas. 200
Ni Palinuro acierta siquiera a distinguir en el cielo
el da de la noche ni recuerda el camino entre las olas.
En la ciega tiniebla vagamos as tres inciertos soles
por el mar y otras tantas noches sin estrellas.
El cuarto da al fin pareci asomar una tierra, 205
mostrarse a lo lejos las montaas y evaporarse la niebla.
Caen las velas, nos ponemos a los remos; sin tardanza
los esforzados marineros agitan la espuma y surcan el azul.
Las costas de las Estrfades me acogen las primeras salvado
de las aguas. Se alzan las Estrfades con su nombre griego, 210
islas del gran Jonio, que la siniestra Celeno
y las otras Harpas habitan luego que la casa de Fineo
se les cerr y por miedo dejaron las mesas de antes.
No hay monstruo ms aciago que ellas ni peste alguna
ms cruel o castigo de los dioses naci de las aguas estigias. 215
Rostros de doncella en cuerpos de ave, nauseabundo el excremento
de su vientre, manos que se hacen garras y rasgos siempre
plidos de hambre.
Aqu cuando llegamos y entramos en el puerto, mira por dnde
vemos por todo el campo esplndidas manadas de bueyes 220
y un rebao de cabras sin custodia alguna por los pastos.
Nos lanzamos con las espadas invocando a los dioses y al propio
Jpiter con una parte del botn; entonces en el curvo litoral
disponemos los lechos y con viandas exquisitas nos regalamos.
Mas de pronto con espantoso salto de los montes se presentan 225
las Harpas y baten con estridencia sus alas,
y nos roban la comida y ensucian todo con su contacto
inmundo, y un grito feroz entre el olor repugnante.
En un lugar apartado bajo el hueco de una roca, de nuevo 229
montamos las mesas y reponemos el fuego de los altares; 231
de nuevo de otra parte del cielo y de oscuros escondrijos
la ruidosa turba sobrevuela el botn con sus garras,
ensucia con su boca la comida. Ordeno entonces a mis compaeros
que empuen sus armas, que presentemos batalla a la raza funesta. 235
Ejecutan mis rdenes y cubiertas por la hierba
preparan las espadas y ocultan los escudos.
Y as, cuando se lanzaron llenando de alaridos las curvas
playas, da Miseno la seal desde la alta atalaya
con el cavo bronce. Acuden los compaeros y buscan nuevos combates, 240
manchar con su espada a los obscenos pjaros del mar.
Pero ni golpe alguno en sus alas ni heridas en el lomo
reciben, y escapando en rpida huida a las estrellas
dejan su presa a medio comer y los sucios restos.
Slo una se pos en lo ms alto de una roca, Celeno, 245
vate de desgracias, y saca de su pecho este grito:
Tambin la guerra sobre la matanza de bueyes y los novillos muertos,
hijos de Laomedonte, la guerra pensis traernos
y arrojar a las inocentes Harpas del reino de su padre?
Recibid as en vuestro corazn y clavad bien estas palabras mas, 250
que a Febo el padre todopoderoso y a m Febo Apolo
me inspir yyo, la mayor de las Furias, a vosotros las abro.
Italia es el fin de vuestro viaje, con la ayuda de los vientos:
a Italia llegaris y se os dar entrar en sus puertos.
Mas no ceiris de murallas la ciudad que os aguarda 255
antes de que un hambre terrible y el pecado de atacarnos
os obliguen a morder y devorar con las mandbulas las mesas.
Dijo, y llevada de sus alas, se refugi en el bosque.
A los compaeros entonces del repentino espanto se les hel
la sangre; se abatieron sus nimos y ya no por las armas, 260
sino con votos y oraciones me ordenan pedir la paz,
bien sean diosas, bien funestos pjaros y obscenos.
Y el padre Anquises desde la playa con las palmas extendidas
invoca al ms alto numen e indica las honras oportunas:
Impedid, dioses, las amenazas; dioses, alejad esta desgracia 265
y velad plcidos por los piadosos. Y de la playa la maroma
ordena arrancar y sacudir y aflojar las amarras.
Inflan las velas los Notos: huimos por las olas de espuma,
por donde nos marcaban el rumbo los vientos y el piloto.
Ya aparece en medio de las aguas la nemorosa Zacintos 270
y Duliquio y Same y Nritos erizada de peascos.
Evitamos los escollos de taca, el reino de Laertes,
y maldecimos la tierra que aliment al cruel Ulises.
En seguida tambin las nubosas cumbres del monte Leucate
y se muestra el templo de Apolo que asusta a los navegantes. 275
All nos dirigimos cansados y entramos en la pequea ciudad;
cae el ncora de la proa, se yerguen las naves en la playa.
Y as, tomando al fin posesin de una tierra no esperada,
nos purificamos con sacrificios a Jove y quemamos ofrendas en los altares,
y celebramos con juegos de Ilin las costas de Accio. 280
Realizan los patrios ejercicios con lbil aceite
los compaeros desnudos. Qu bien haber escapado de tantas ciudades
argivas y haber logrado huir entre los enemigos!
El sol entretanto recorre el crculo de un largo ao
y el glacial invierno pone speras las olas con los Aquilones. 285
Un escudo de cavo bronce, prenda del gran Abante,
cuelgo en las puertas y pongo en recuerdo este verso:
ENEAS DE LOS DNAOS VICTORIOSOS ESTAS ARMAS;
ordeno luego dejar el puerto y sentarse en los bancos.
Compiten mis compaeros en herir el mar y surcan sus aguas; 290
perdemos en seguida de vista los areos alczares de los feacios
y seguimos la costa del Epiro y entramos en el puerto
caonio y llegamos a la elevada ciudad de Butroto.
Llega aqu un rumor de historias increbles a nuestros odos.
Hleno, el hijo de Pramo, reinaba sobre ciudades griegas, 295
dueo y seor de la esposa y del trono del ecida Pirro,
y Andrmaca haba pasado de nuevo a un marido de la patria.
Me qued atnito, encendido mi pecho con un ansia tremenda
de interrogar al prncipe y conocer aventuras tan grandes.
Me alejo del puerto dejando atrs naves y playas, 300
cuando por caso viandas solemnes y tristes ofrendas
ante la ciudad, en un bosque junto a las aguas de un falso Simunte,
estaba Andrmaca libando a la ceniza y a sus Manes llamaba
junto al tmulo de Hctor, que con verde hierba consagrara
vaco y dos altares, motivo de lgrimas. 305
Cuando me vio llegar y a su alrededor las armas
contempl troyanas fuera de s, aterrorizada de la extraa visin
se qued paralizada en medio, el calor abandon sus huesos,
desfallece y apenas dice despus de un buen rato:
Eres una cara de verdad, llegas a m como nuncio verdadero, 310
hijo de la diosa? Vives? O si es que se apag la luz de la vida,
dnde est Hctor? Dijo, y lgrimas derram y todo
el lugar llen de sus gritos. Enloquecida, poco puedo
ofrecerle y turbado dejo escapar unas palabras:
Vivo ciertamente, y arrastro mi vida por peligros extremos; 315
no dudes, que es verdad cuanto ves.
Ay! Qu ha sido de ti desde que la desgracia te apart de marido
tan ilustre? Te ha contemplado por fin fortuna merecida,
Andrmaca de Hctor? Sigues siendo la esposa de Pirro?
Baj los ojos yhabl con voz apagada: 320
Oh, doncella ms feliz que ninguna, hija de Pramo,
enviada a la muerte en un tmulo enemigo bajo las altas
murallas de Troya! No tuvo que sufrir sorteo alguno
ni toc, prisionera, el lecho de un amo victorioso.
A nosotras la ruina de la patria, arrastradas por mares diversos, 325
en penosa esclavitud nos hizo soportar la insolencia de la raza
de Aquiles y a un orgulloso joven que corri en seguida
tras la ledea Hermone y unas bodas lacedemonias
y me entreg esclava al esclavo Hleno.
Mas a aqul, inflamado de un gran amor por la esposa 330
arrebatada y agitado Orestes por las Furias del crimen,
lo pilla desprevenido y lo degella junto a los altares patrios.
Con la muerte de Neoptlemo la parte correspondiente de sus reinos
pas a Hleno, quien caonios llam a estos campos y Caonia
a todo el territorio por el Can troyano, 335
y una Prgamo y la fortaleza de Ilin alz sobre estos collados.
Pero a ti, qu derrotero te marcaron los vientos y el destino?
Qu dios te empuj sin saberlo hasta nuestras riberas?
Qu fue del nio Ascanio? Vive y se alimenta del aura?
Ya Troya te lo 340
Tiene an el muchacho algn recuerdo de la madre que perdi?
Al antiguo valor quiz y a viriles esfuerzos
lo mueven su padre Eneas y su to Hctor?
Tal verta entre lgrimas y derramaba largos
llantos en vano, cuando desde las murallas se presenta 345
el hroe con numerosa compaa, Hleno el Primida,
y reconoce a los suyos y alegre los conduce a sus umbrales,
y vierte muchas lgrimas entre palabras sueltas.
Avanzo y reconozco una Prgamo y una pequea Troya
copiadas de la grande, y un arroyo seco que llamaban 350
el Janto, y abrazo los batientes de una puerta Escea;
tambin los teucros todos disfrutan conmigo de una ciudad amiga.
El rey en amplios prticos les acoga;
en el centro de la sala libaban las copas de Baco
con las viandas ofrecidas en oro y pteras sostenan. 355
Y as pas un da y otro da pas, y las brisas
llaman a las velas y se hincha el lino del tmido Austro.
Con estas palabras me acerco al vate y as le pregunto:
Hijo de Troya, intrprete de los dioses que los designios sientes
de Febo, los trpodes del Clario y su laurel, y las estrellas 360
y el lenguaje de las aves y los auspicios de su vuelo.
Habla, ea (pues todas las seales divinas favorables se mostraron
a mi camino y los dioses todos me persuadieron con su numen
a buscar Italia y a probar tierras remotas;
slo la Harpa Celeno nos canta un agero distinto 365
que decir no se puede y anuncia tristes iras
y un hambre sucia), qu peligros evito primero?
En busca de qu podra yo superar fatigas tan duras?
Hleno entonces, tras matar unos novillos segn el rito,
implora de los dioses la paz y las nfulas suelta 370
de su cabeza sagrada y me lleva de la mano, Febo,
hasta tu puerta, sobrecogido por numen tan imponente,
y anuncia luego de su divina boca el sacerdote:
Hijo de la diosa (pues es evidente que t navegas
con auspicios mayores; as echa a suertes el rey de los dioses 375
los hados y agita los cambios y este orden resulta),
poco de mucho te voy a aclarar con mis palabras, para que ms seguro
recorras mares hospitalarios y arribes
al puerto ausonio; pues saber el resto lo prohiben
las Parcas a Hleno y hablar me impide Juno Saturnia. 380
De Italia primero, aunque t ya piensas, ignorante,
que est cerca y te dispones a entrar en puertos vecinos,
lejos te separa un largo y difcil camino por largas tierras.
Antes debes hincar tu remo en la ola trinacria
y recorrer con tus naves la llanura del mar ausonio 385
y los lagos del infierno y la isla de la eea Circe,
antes de que puedas fundar tu ciudad en una tierra segura.
Te dir las seales, t tenlas guardadas en tu memoria;
cuando, angustiado, junto a las aguas de un ro escondido
encuentres bajo las encinas de la orilla una enorme cerda 390
blanca echada en el suelo, recin parida de treinta
cabezas, con las blancas cras en torno a sus ubres,
ste ser el lugar de tu ciudad, ste el seguro descanso a tus fatigas.
Y que no te espanten los mordiscos que dars a las mesas:
los hados encontrarn el camino y Apolo llegar si le invocas. 395
Sin embargo, estas tierras y esta ribera de Italia
cercana que baa la marea de nuestro mar,
evtalas; todas las murallas estn llenas de malvados griegos.
Aqu pusieron tambin sus murallas los locros naricios
e infest de hombres en armas los campos salentinos 400
Idomeneo de Creta; aqu la pequea Petelia del rey
melibeo Filoctetes, la famosa, apoyada en sus muros.
Y cuando tras cruzarlo al otro lado del mar se detenga la flota
y ests cumpliendo ya tus votos en altares dispuestos en la playa,
oculta tus cabellos cubrindolos con un manto de prpura 405
para que entre los fuegos sagrados en honor de los dioses
no acuda alguna aparicin hostil que turbe los presagios.
Guarda t esta costumbre en tus sacrificios y as tus compaeros;
que fieles permanezcan a esta devocin tus descendientes.
Y cuando tras tu partida el viento a la scula costa te empuje 410
y ralas se vuelvan las barreras del estrecho Peloro,
habrs de buscar las tierras a tu izquierda y a tu izquierda los mares
en largo circuito; evita la costa de la derecha y sus olas.
Estos lugares asolados un da por la fuerza de una vasta ruina
(tanto puede transformar la prolongada vejez del tiempo) 415
es fama que se separaron, aun cuando antes ambas tierras
fueron slo una: irrumpi en medio el mar y con la fuerza de sus aguas
la costa separ de Hesperia de la scula y campos y ciudades
apartados de la ribera cruz con estrecha corriente.
Ocupa Escila el lado derecho y la implacable Caribdis 420
el izquierdo, y en el profundo remolino de su abismo tres veces
sorbe de pronto vastas olas y otras tantas las lanza de nuevo
al aire, y azota las estrellas con el oleaje.
A Escila por su parte una caverna la encierra en ciegos escondrijos
y a ella saca la cabeza y atrae las naves a los acantilados. 425
Por arriba, un rostro humano y es doncella de hermso pecho
hasta la ingle, monstruo marino de enorme cuerpo por abajo
con panza de lobo terminada en colas de delfn.
Es mejor recorrer la lnea del Paquino trinacrio
en tu ruta y dar un largo rodeo 430
que contemplar una sola vez en su enorme antro a la deforme
Escila y las rocas resonantes de cerleos canes.
Por ltimo, si an queda sabidura en Hleno el adivino,
si an confianza, si llena an su corazn Apolo con la verdad,
una sola cosa te he de advertir, una sola por todas, 435
hijo de la diosa, y te aconsejar repitiendo una y otra vez:
de Juno la grande adora lo primero el numen con tus plegarias,
a Juno canta en tus libaciones y a la duea poderosa
aplaca con dones de splica; as, al fin vencedor,
sers enviado a las talas tierras dejando atrs Trinacria. 440
Una vez all llegars a la ciudad de Cumas
y a los lagos divinos y al Averno resonante de bosques,
vers a la vidente frentica que al fondo de una roca
canta el destino y confa a las hojas seales y nombres.
Cuantas respuestas escribe la virgen en las hojas 445
las pone en orden y las deja encerradas en la cueva;
all permanecen sin moverse en su lugar y no se apartan de su sitio.
Ahora, cuando al girarlos goznes suave rfaga de viento
las empuja y agita las tiernas hojas la puerta,
revolotean por el cavo peasco y ya de recogerlas 450
no se cuida ni de ponerlas en su lugar o juntas las respuestas:
se alejan sin contestacin y odian la sede de la Sibila.
No habr de preocuparte entonces el tiempo invertido,
aunque te increpen tus compaeros y tu ruta requiera con fuerza
las velas a alta mar y puedas llenar los pliegues de viento favorable, 455
hasta que veas a la adivina y reclames su orculo con preces
y ella te responda y de grado libere su voz y sus labios.
Ella te hablar de los pueblos de Italia y de las guerras
venideras y de cmo evitar o soportar todas las fatigas,
y, si la veneras, te marcar caminos favorables. 460
Esto es cuanto me est permitido que con mi voz te advierta.
Ponte en marcha y lleva la gran Troya con tus hazaas a los astros.
Luego que el vate as habl con palabras de amigo,
pesados presentes de oro y marfil librado
ordena llevar a las naves, y amontona en los barcos 465
mucha plata y jarras de Dodona,
una loriga tejida de mallas con triple hilo de oro
y el cono de un yelmo seero con crestas de crines,
armas de Neoptlemo. Tambin hay presentes para mi padre.
Aade caballos y aade guas, 470
nos surte de remeros y provee de armas tambin a los compaeros.
Entretanto andaba disponiendo la flota con las velas
Anquises, que demora no hubiera si llegaba el viento.
Con gran respeto a l se dirige el intrprete de Febo:
Anquises, digno que fuiste de noble unin con Venus, 475
cuita de los dioses, dos veces rescatado de las ruinas de Troya,
ah tienes la tierra de Ausonia, gnala con tus velas.
Y es, sin embargo, preciso que por mar la rodees:
lejos est la parte de Ausonia que Apolo te muestra.
Ve -dice-, afortunado por la piedad de tu hijo. Por qu 480
contino an y retraso con mis palabras el Austro naciente?
Tambin Andrmaca, triste por la definitiva despedida,
lleva ropas con historias bordadas en hilos de oro
a Ascanio, y una clmide frigia -no inferior en presentes-
y lo carga de regalos tejidos, y as le dice: 485
Tmalos, y que sean para ti recuerdos de estas manos
mas, nio, y testigos del gran amor de Andrmaca,
esposa de Hctor. Recibe los ltimos dones de los tuyos,
ay!, nica imagen ya viva para m de mi Astianacte:
as eran sus ojos, as sus manos, as su cara; 490
tambin ahora estara creciendo contigo, con tus aos!
As les hablaba yo al partir, deshecho en lgrimas:
Vivid felices, pues que vuestra fortuna se ha visto
ya cumplida: somos nosotros llamados de uno a otro destino.
A vosotros se os ha dado el reposo: no hay mar que debis surcar, 495
ni perseguirlos campos de Ausonia que estn siempre
ms lejos. Podis verla imagen del Janto y una Troya
que han levantado vuestras manos, con mejores (deseo)
auspicios, y que menos fcil ser para los griegos.
Si llego alguna vez al Tiber y del Tber a los campos 500
vecinos y contemplo las murallas destinadas a mi estirpe,
las ciudades un da hermanas y los pueblos cercanos,
del Epiro y Hesperia (pues ambas tienen a Drdano de padre
e igual sino), una haremos y ambas sern Troya
en nuestros corazones: quede esta tarea para los nietos. 505
Nos lanzamos al mar bordeando los cercanos Ceraunios,
de donde el camino a Italia y la ruta de las olas se hace ms corta.
Cae el sol entretanto y los montes se vuelven opacos de sombras;
nos tendemos en el regazo de una tierra deseada junto a la orilla
tras sortear los remos y por doquier en la costa seca 510
damos descanso al cuerpo y el sopor invade los miembros cansados.
Y an la Noche que las Horas llevan no haba cubierto la mitad de su orbe;
se lanza gil de su lecho Palinuro y todos
los vientos explora y recoge las brisas con sus odos,
observa cuntas estrellas se deslizan por el cielo callado, 515
a Arturo y las lluviosas Hades y los dos Triones,
y a su alrededor contempla a Orin armado de oro.
Luego que advierte la quietud del cielo sereno,
lanza clara seal desde su popa; nosotros levantamos el campo
y nos ponemos en marcha y desplegamos las alas de las velas. 520
Y ya con el huir de las estrellas asomaba de rojo la Aurora
cuando a lo lejos vemos oscuros collados y a ras de suelo
Italia. Italia grita el primero Acates,
Italia, saludan con alegre clamor los compaeros.
Entonces el padre Anquises adorn una enorme cratera 525
con una corona y la llen de vino puro e invoc a los dioses
de pie en lo alto de su nave:
Dioses seores del mar y de la tierra y de las tempestades,
abrid un camino fcil al viento y soplad favorables.
Se animan las brisas ansiadas y el puerto se ofrece 530
ya ms cerca, y el templo aparece de Minerva sobre su roca;
recogen velas los compaeros y ponen proa a la costa.
Es un puerto curvado en arco por las olas de levante,
las rocas que se interponen salpicadas estn de salada espuma,
y l mismo parece esconderse; en doble muralla ofrecen sus brazos 535
escollos como torres y se aleja el templo de la costa.
Aqu pude ver, augurio primero, cuatro caballos en el pasto
de nvea blancura, que pacan libremente por el campo.
Y el padre Anquises: Guerra traes, tierra que nos recibes:
para la guerra se arman los caballos, guerra amenazan estas bestias. 540
Pero desde hace tiempo a uncirse al carro estn acostumbrados
los mismos cuadrpedos y a llevar frenos concordes en el yugo:
tambin esperanza de paz, dice. Suplicamos entonces al santo numen
de Palas armisonante, la primera en recibir nuestro saludo,
y nos cubrimos las cabezas ante las aras con el frigio manto, 545
y, segn los preceptos que ms nos sealara Hleno, cumplimiento
dimos a los honores debidos a la argiva Juno.
Sin tardanza, realizados por orden los votos,
volvemos los cabos de las veladas entenas y atrs dejamos
las moradas y los campos sospechosos de los griegos. 550
Desde aqu puede verse el golfo de la Tarento (si cierta es la fama)
de Hrcules, enfrente se alza la divina Lacinia,
y las rocas caulonias y el Escilaceo rompedor de naves.
Entonces aparece a lo lejos entre las olas el Etna trinacrio,
y el ingente gemido del mar y las rocas batidas 555
escuchamos de lejos y voces quebradas nos llegan de la costa,
y se agitan los vados y la arena se revuelve en el remolino.
Y el padre Anquises: "Esto es, sin duda, aquella Caribdis:
estos escollos anunciaba Hleno, estos horrendos peascos.
Escapad, compaeros, y empujad a la vez los remos. 560
No de otro modo obedecen y el primero la rugiente
proa vuelve Palinuro a las aguas de la izquierda;
la izquierda busc con vientos y remos la flota entera.
Al cielo nos lanza el mar hinchado y luego,
al bajar la ola, nos hunde hasta los Manes ms profundos. 565
Tres veces los escollos lanzaron su grito entre huecos peascos,
tres veces vimos la espuma hecha pedazos y los astros rocindonos.
Entretanto el viento con el sol nos abandon agotados,
y perdido el rumbo arribamos a las costas de los Ciclopes.
Es este puerto grande y est libre del acoso 570
de los vientos, mas cerca ruge el Etna en horrible ruina
y, si no, lanza hacia el cielo negra nube
que humea con negra pez y ascuas escendidas,
y forma remolinos de llamas y lame las estrellas;
otras veces se levanta vomitando piedras y las entraas 575
que arranca del monte y al aire con estruendo amontona
masas de roca lquida y hierve en el profundo abismo.
Es fama que el cuerpo de Enclado abrasado por el rayo
sepultado est por esta mole; que el Etna enorme, encima,
fuego respira por sus quebradas chimeneas y que cuantas veces, 580
cansado, se cambia de lado, entera tiembla
la Trinacria con gran ruido y el cielo se cubre de humo.
Al abrigo del bosque el espantoso prodigio soportamos
aquella noche sin ver an la causa del estruendo.
No haba en verdad fuego de astros ni luca el ter 585
con su globo de estrellas; slo nubes en un cielo oscuro
y una noche desapacible con la luna escondida en la niebla.
Y ya se alzaba el nuevo da con los primeros rayos de oriente
y haba ya la Aurora retirado del cielo la hmeda sombra,
cuando de pronto avanza desde el bosque consumida de hambre 590
la extraa figura de un desconocido con aire lastimoso
que tiende sus manos, suplicante, hacia la playa.
Le observamos. Terrible suciedad y barba crecida,
la ropa cosida con espinas; pero, por lo dems, un griego
y de los que un da se alistaron contra Troya en el ejrcito patrio. 595
Y l cuando vio a lo lejos vestidos dardanios y de Troya
las armas, aterrado por la visin se detuvo un tanto
y freno su marcha; al punto se lanz de cabeza a la playa
entre llanto y splicas: A las estrellas pongo por testigos,
a los dioses y a esta luz del da que respiramos: 600
llevadme con vosotros, teucros, a no importa qu tierras.
Con eso me conformo. S que fui de la flota de los dnaos
y confieso haber marchado en son de guerra contra los Penates de Troya.
A cambio, si es tan grande la ofensa de mi crimen,
arrojadme a las aguas y hundidme en lo profundo del mar; 605
si muero, siempre ser mejor hacerlo por mano de hombres.
Haba dicho, y abrazado a mis rodillas de rodillas postrado
se quedaba. Le animamos a decirnos quin era, de qu sangre
vena, a que nos contase cul haba sido su fortuna.
El propio padre Anquises sin dudarlo mucho la diestra 610
ofrece al joven y aumenta con este gesto su confianza.
l, dejando al fin su miedo, habla de esta manera:
taca es mi patria, compaero del infortunado Ulises,
de nombre Aquemnides, que a Troya por la pobreza de mi padre
Adamasto march (y ojal hubiera conservado esa fortuna!) 615
Aqu, mientras temblando dejan los crueles umbrales,
me abandonaron mis compaeros sin reparar en la vasta caverna
del Ciclope. Morada de sangre corrompida y manjares cruentos,
sin luz en su interior, enorme. Y l, altsimo, toca las altas
estrellas (los dioses aparten de las tierras peste semejante!) 620
y a nadie resulta fcil verlo ni es fcil escucharlo;
de las entraas se alimenta de los desgraciados y de su negra sangre.
Yo mismo lo he visto cuando los cuerpos de dos de los nuestros
apresados en su enorme mano, tendido en medio de su cueva,
los machac contra las rocas y se inundaron sus umbrales con la sangre 625 desparramada; le he visto cuando los miembros devoraba cubiertos
de negra sangre y temblaban tibios an entre sus dientes.
Mas no qued sin castigo ni Ulises lo consinti,
ni en tan comprometida situacin se olvid el de taca de s mismo.
Pues en cuanto saciado de comida y ahogado en vino 630
reclin la vencida cerviz y se tumb por la cueva,
inmenso, vomitando los restos en sueos y bocados
baados en vino sanguinolento, suplicamos nosotros a los grandes
dioses y sorteando el cometido de cada cual a una y a su alrededor
nos derramamos, y con una aguda punta perforamos su ojo 635
enorme, el nico que se ocultaba bajo la torva frente,
del tamao de un escudo de Argos o de la lmpara de Febo,
y vengamos al fin, contentos, las sombras de nuestros compaeros.
Pero huid, desgraciados. Huid y cortad la maroma
de la playa. 640
Que as y tan grandes como ese Polifemo que en antro cavo
cierra langeras ovejas y ordea sus ubres,
otros cien Ciclopes terribles habitan esparcidos
estas curvas riberas y vagan por las cumbres de sus montes.
Tres veces los cuernos de la luna de luz se han llenado 645
desde que arrastro mi vida en las selvas y en las cuevas
y guaridas que las fieras dejan y desde una roca observo
a los Ciclopes gigantes y tiemblo al ruido de sus pasos y a sus voces.
Pobre alimento, bayas y cerezas silvestres de los roquedales,
me ofrecen las ramas y las hierbas me nutren con las races arrancadas. 650
Al recorrer estos lugares vi, por vez primera, que una flota
llegaba a estas costas, la vuestra. Y, fuese cual fuese,
a ella me he rendido, contento de haber escapado de un pueblo nefando.
Vosotros mejor cobraos esta vida con la muerte que os plazca.
Apenas haba hablado cuando en lo alto del monte descubrimos 655
al propio Polifemo, pastor de sus ganados, movindose
con su vasta mole en direccin a las conocidas riberas,
monstruo horrendo, informe y gigantesco, sin su ojo.
Un pino cortado gobierna sus pasos y les sirve de apoyo;
le siguen sus langeras ovejas, que era ste su solo placer 660
y el consuelo de su desgracia.
Luego que toc las aguas profundas y lleg al mar,
de su ojo atravesado lav la lquida sangre
rechinando los dientes en un gemido, y camina ya en medio
de las aguas sin que las olas mojen sus altos costados. 665
As que nosotros aceleramos la huida temblorosos, merecidamente
acogiendo al suplicante, y en silencio cortamos las cuerdas
y nos lanzamos al mar empeados en un combate de remos.
Se dio cuenta, y encamin sus pasos hacia el sonido de las voces.
Cuando por fin se queda sin poder alcanzarnos con su mano 670
ni es capaz de igualar a las olas jonias con sus pasos,
lanza un grito terrible con el que el mar y todas
las olas se agitaron y tembl de lo profundo la tierra
de Italia y el Etna mugi por sus curvas cavernas.
Y a su llamada acude corriendo de los bosques y las cumbres 675
la raza de los Ciclopes al puerto y llenan las riberas.
All de pie los vemos en vano con su torvo ojo,
a los hermanos del Etna tocando el cielo con sus altas cabezas,
horrendo concilio: cuales con la copa erguida
las areas encinas o los conferos cipreses 680
se yerguen, alta selva de Jove o bosque sagrado de Diana.
Un agudo miedo nos lanza a sacudir las jarcias
hacia donde sea y a tender las velas a vientos favorables.
En contra estn los avisos de Hleno, que entre Escila y
Caribdis, camino de muerte a uno y otro lado en pequeo trecho, 685
no haga pasar mi rumbo: es ms seguro volverlas velas.
Y hete aqu que se presenta Breas escapado de su angosto encierro
del Peloro: dejo atrs las bocas en roca viva
de Pantagia y el golfo de Mgara y la tendida Tapso.
Tales costas nos mostraba el compaero del infortunado Ulises, 690
Aquemnides, quien ya las surcara en sentido contrario.
En el golfo sicanio se encuentra una isla tendida
frente al undoso Plemirio; los antiguos la llamaron
Ortigia. Es fama que el Alfeo, ro de la lide,
se abri hasta aqu un oculto camino bajo el mar y que hoy, 695
Aretusa, con las aguas sculas se confunde en tu boca.
Segn lo ordenado, invocamos a los grandes nmenes del lugar y al punto
dejo atrs el frtil suelo del pantanoso Heloro.
De aqu los altos riscos y las rocas salientes del Paquino
bordeamos y aquella a quien los hados dijeron que nunca se moviera, 700
Camerina, aparece a lo lejos, y los campos geloos
y Gela, llamada por el nombre de un gran ro.
Luego ensea a lo lejos sus murallas la escarpada
Agrigento, un da engendradora de valientes caballos;
y llevado de los vientos te dejo a ti, Selinunte de palmas, 705
y paso los crueles vados de Lilibeo con sus ocultos escollos.
De aqu el puerto de Drpano y su aciaga playa
me acogen. Y aqu, sacudido por tantas tempestades del mar,
ay!, a mi padre, consuelo de toda cuita y desgracia,
pierdo, a Anquises. Aqu, ptimo padre, cansado 710
me dejas, ay!, en vano arrancado a peligros tan grandes.
Ni el vate Hleno, que muchas calamidades me anunciara,
me predijo este duelo, ni la terrible Celeno.
sta fue mi fatiga postrera, sta la meta de largos derroteros,
de aqu al partir el dios me lanz a vuestras playas. 715
As el padre Eneas, solo entre todos los que le escuchaban,
narraba los hados de los dioses y explicaba su discurrir.
Call por fin y descans terminando aqu su relato.
LIBRO IV
Mas la reina hace tiempo, atormentada de grave cuidado,
con sangre de sus venas alimenta su herida y ciego ardor la devora.
El gran valor del hroe acude a su nimo y la gloria
muy grande de este pueblo; se clavan en su pecho sus rasgos
y palabras y no deja el cuidado a su cuerpo el plcido descanso. 5
Y recorra las tierras la Aurora siguiente
con la luz de Febo y haba alejado del cielo la hmeda sombra
cuando as se dirige, fuera de s, a su hermana del alma:
Ana, querida hermana, qu ensueos me desvelan y me angustian!
Qu husped tan extraordinario ha entrado en nuestra casa! 10
Qu prestancia la suya! Qu fuerza en su pecho y en sus armas!
Ciertamente creo, y mi confianza no es vana, que es de dioses su raza.
El temor delata al pusilnime. Ay, qu sino
lo zarande! Qu combates librados narraba!
Si no estuviera en mi nimo, fijo e inconmovible, 15
el propsito de a nadie unirme en vnculo matrimonial,
luego que mi primer amor me enga, frustrada, con la muerte;
si no me hubiera hastiado del tlamo y la antorcha nupcial,
a esta sola infidelidad habra podido tal vez sucumbir.
Ana (te lo dir, s) despus del desgraciado destino de mi esposo 20
Siqueo y de que la trgica muerte de mi hermano manchase mis Penates,
slo ste ha doblado mis sentidos y ha empujado mi lbil
corazn. Reconozco las huellas de una vieja llama
Mas antes querra que la tierra profunda se abriera ante m,
o que me lanzase el padre omnipotente a las sombras con su rayo, 25
a las plidas sombras del Erebo y a la noche profunda,
antes, Pudor, que profanarte o romper los juramentos que te hice.
Aqul, el primero que con l me uni, se llev mis amores;
que los tenga consigo y los guarde en su sepulcro.
Habl as, y llen su regazo de impetuosas lgrimas. 30
Responde Ana: Oh, ms querida para tu hermana que la luz,
te desgarrars sola, afligida, en mocedad eterna,
sin conocer dulces hijos ni los presentes de Venus?
Crees que se preocupan de esto las cenizas o los Manes enterrados?
Sea: no pudo pretendiente alguno doblegarte 35
ni aqu, en Libia, ni antes en Tiro; Yarbas fue despreciado
con otros caudillos a quienes frica sustenta
rica en triunfos. Luchars tambin contra un amor deseado?
No tienes en cuenta de quin son los campos en que te has instalado?
Por aqu las ciudades getulas, raza invencible en la guerra, 40
y los nmidas sin freno te rodean y la inhspita Sirte;
por all una regin desolada por la sed y los barceos
furiosos. Y qu decir de las guerras que se alzan en Tiro y las amenazas de tu hermano?
Creo, sin duda, que por auspicios divinos y el favor de Juno 45
mantuvieron hasta aqu su curso en alas del viento las naves troyanas.
Cmo has de ver esta ciudad, hermana, qu reinos has de ver surgir
con una boda as! Con qu hazaas se alzar la gloria
pnica servida por las armas de Troya!
Pide slo la venia de los dioses, con sacrificios adecuados 50
cuida la hospitalidad y trenza motivos para que se quede,
mientras las tormentas y Orin lluvioso descargan su ira en el mar
y las naves estn an sin reparar y el cielo tempestuoso.
Estas palabras su nimo encendieron con amor desmedido,
dieron esperanza a un corazn en duda y su pudor liberaron. 55
Al punto se dirigen a los templos y tratan de encontrar la paz
por los altares; sacrifican a Ceres legisladora ovejas
de dos aos escogidas segn el rito, y a Febo y al padre Lieo,
y antes que a nadie a Juno, que cuida de los lazos conyugales.
La propia Dido, bellsima, con la ptera en la diestra 60
vierte sus libaciones entre los cuernos de una blanca vaca,
o da vueltas junto a los pinges altares bajo la mirada de los dioses
y dedica el da a sus ofrendas y ansiosa consulta las entraas
palpitantes de las vctimas en los pechos abiertos de los animales.
Ay, mentes ignorantes de los vates! De qu sirven los votos 65
al demente, de qu los templos? Sigue la llama devorando
las tiernas mdulas y palpita en su pecho la herida, calladamente.
Se consume Dido infeliz yvaga enloquecida
por toda la ciudad como la cierva tras el disparo
que, incauta, el pastor persiguindola alcanz con sus flechas 70
en los bosques de Creta y le dej el hierro volador
sin saberlo: aqulla recorre en su huida bosques y quebradas
dicteos; sigue la flecha mortal clavada a su costado.
Ahora lleva consigo a Eneas por las murallas
y le muestra las riquezas sidonias y una ciudad dispuesta, 75
comienza a hablar y se detiene de repente en la conversacin.
Ahora, al caer el da, busca de nuevo el banquete,
y con insistencia reclama de nuevo escuchar, enloquecida,
las fatigas de Ilin y de la boca del narrador se cuelga de nuevo.
Despus, cuando se van y la luna oscura oculta a su vez 80
la luz y al caer las estrellas invitan al sueo,
languidece solitaria en una casa vaca y se acuesta en una cama
abandonada. En su ausencia lo ve, ausente, y lo oye,
o retiene en su pecho a Ascanio abrazando la imagen 85
de su padre, por si engaar puede a un amor inconfesable.
No crecen las torres comenzadas, no practica la juventud
sus armas ni preparan los puertos o los baluartes
seguros en la guerra; interrumpidos quedan los trabajos y los enormes
salientes de los muros y los andamios que llegaban al cielo.
En cuanto la querida esposa de Jpiter advirti que aqulla 90
estaba atrapada por tal enfermedad y que la fama no frenara la locura,
se acerca a Venus la Saturnia con estas palabras:
Egregia en verdad alabanza y gran botn sacis
t y tu hijo (gran y memorable numen),
si una sola mujer se ve vencida por el engao de dos dioses. 95
Y a m no se me escapa que por temer nuestras murallas
recelas de las casas de la alta Cartago.
Mas, cul ser el lmite? O a dnde vamos con tan gran disputa?
Por qu no acordar, mejor, eterna tregua con el pacto
de un himeneo? Tienes ya lo que buscaste con todas tus ganas: 100
arde una Dido enamorada y corre por sus huesos la locura.
Gobernemos, pues, sobre un pueblo comn y con auspicios
iguales; sale permitido servir a marido frigio
y poner como dote bajo tu diestra a los tirios.
A sta (pues not que haba hablado con disimulo, 105
para desviar a las costas de Libia el poder de Italia)
as repuso Venus: Quin con tan poco juicio
para rechazar tal proyecto prefiriendo la guerra contigo?
Ojal que la suerte acompae a cuanto acabas de exponer.
Pero insegura del hado estoy: si querr Jpiter que una sea 110
la ciudad de los tirios y los desterrados de Troya,
o si aprobar que los pueblos se mezclen o que pactos se firmen.
A ti, su esposa, te toca tantear su voluntad con tus ruegos.
Intntalo, te seguir. As lo acept entonces Juno soberana:
sa ser mi tarea. Ahora, cmo lograr podemos lo que nos ocupa 115
en pocas palabras (atiende) te explicar.
Eneas, y con l la muy desgraciada Dido,
se disponen a marchar al bosque a cazar en cuanto su orto primero
haya hecho salir el titn de maana y desvele el orbe con sus rayos.
Yo a ellos les he de enviar desde lo alto un negro nubarrn de granizo, 120
mientras se apresuran los flancos y rodean el lugar con sus redes,
y agitar con truenos el cielo entero.
El squito huir y les envolver una noche espesa;
Dido y el jefe troyano en la misma cueva
se encontrarn. All estar yo, y, si es firme hacia m tu voluntad, 125
os unir en estable matrimonio, consagrndola como legtima esposa.
Entonces se cumplir el himeneo. Accedi sin oponerse
Citerea a su demanda, y ri por haber descubierto el ardid.
Entretanto la Auroa naciente abandon el Ocano.
Sale la flor de la juventud por las puertas al despuntar el alba, 130
amplias redes, trampas, venablos de ancha punta,
corren los jinetes masilos y el poderoso olfato de los perros.
Los principales de los pnicos junto al umbral aguardan
a la reina que se demora en el tlamo, y all est, enjaezado
de prpura y oro, su caballo que muerde con mpetu el espumante freno. 135
Sale por fin rodeada de apretada compaa
y revestida de una clmide sidonia de bordada cenefa;
de oro lleva la aljaba, en oro se anudan sus cabellos
y una fbula de oro prende su vestido de prpura.
Y no faltan tampoco los compaeros frigios 140
y el alegre Julo. Por delante de todos, ms hermoso que nadie,
Eneas se le ofrece de acompaante y rene los escuadrones.
Como cuando abandona la Licia invernal y las corrientes
del Janto Apolo y rinde visita a la materna Delos,
y reanuda las danzas y cretenses y dropes braman mezclados 145
en torno a los altares, y los tatuados agatirsos;
l, Apolo, recorre los collados del Cinto y cie su pelo
suelto con hojas tiernas, moldendolo, y lo anuda con oro,
resuenan las flechas en sus hombros. No menos vigoroso
marchaba Eneas, tanta hermosura resplandece en el brillo de su rostro. 150
Luego que llegaron a lo alto del monte y a lugares intransitables,
he aqu que las cabras salvajes, arrojadas de lo alto de su roca,
se lanzan por las laderas; por otra parte, los ciervos
echan a correr en campo abierto y aprietan sus filas
en polvorienta huida y dejan los montes. 155
All est el joven Ascanio, gozoso en medio del valle
con brioso caballo, ganando a unos y otros en la carrera;
suplica con sus votos que entre los tardos rebaos le sea dado
un rabioso jabal o que baje del monte rubio len.
Entretanto el cielo de terrible rugido empieza 160
a llenarse, sigue una tormenta mezclada con granizo
y el squito tirio, dispersado, y la juventud troyana
y el dardanio nieto de, Venus asustados buscaron
los techos de todos los campos; ros bajan corriendo del monte.
A la misma gruta Dido y el caudillo troyano 165
acuden. La Tierra, la primera, y Prnuba Juno
dan la seal; brillaron los fuegos y cmplice el aire
del casamiento en su alta cumbre ulularon las Ninfas.
Aqul fue el primer da de la muerte y la causa primera
de las desgracias; pues ni de apariencias ni de opinin se deja 170
llevar Dido ni planea ya un amor a escondidas:
casamiento lo llama, con este nombre esconde su culpa.
Se echa a andar al punto la Fama por las ciudades libias,
la Fama: ms rpido que ella no hay mal alguno;
en sus movimientos se refuerza y gana vigor segn avanza, 175
pequea de miedo al principio, al punto se lanza al aire
y camina por el suelo y oculta su cabeza entre las nubes.
A ella la madre Tierra, irritada de ira contra los dioses,
la ltima, segn dicen, hermana de Enclado y de Ceo,
la pari veloz de pies y ligeras alas, 180
horrendo monstruo, enorme, con tantas plumas en el cuerpo
como ojos vigilantes debajo (asombra contarlo),
como lenguas, como bocas le suenan, como orejas levanta.
Vuela de noche estridente entre el cielo y la tierra
por la sombra, y no rinde sus ojos al dulce sueo; 185
de da se sienta, vigilante, o en lo alto de un tejado
o en las torres elevadas, y amedrenta a las grandes ciudades,
mensajera tan firme de lo falso y lo malo cuanto de la verdad.
En aquellos das llenaba gozosa de rumores diversos
los pueblos e igual cantaba hechos verdaderos y no: 190
haba llegado Eneas, nacido de sangre troyana,
y se haba dignado la hermosa Dido unirse a este hombre;
templaban ahora su invierno con todo regalo descuidando
sus obligaciones reales, atrapados en pasin vergonzosa.
Difunde la diosa estas mentiras por la boca de los hombres. 195
Al punto dirige su rumbo hacia el rey Yarbas
y enciende su corazn con palabras y aumenta su enojo.
ste, engendrado por Hamn y una ninfa Garamanta raptada,
cien templos enormes a Jpiter en su ancho dominio
levant y cien altares y haba consagrado un fuego vigilante, 200
eternas centinelas de los dioses, y un suelo empapado
de sangre de animales, y dinteles florecidos de variadas guirnaldas.
Pues ste, se dice, loco de nimo y enfurecido por el amargo rumor,
entre la majestad de los dioses y ante sus altares
suplicante, muchos ruegos verti con las manos alzadas: 205
Jpiter todopoderoso a quien hoy el pueblo maurusio
en sus banquetes, sobre bordados lechos, liba la ofrenda lenea.
Ves esto? Es que, padre, cuando blandes tus rayos
nos espantamos en vano, y ciegos tus fuegos en las nubes
aterrorizan los corazones e inane se agita su bramido? 210
Esa mujer que errante en nuestro territorio su pequea
ciudad estableci, por su precio, a quien un litoral entregamos
para que lo arase y las leyes del lugar, nuestra boda
rechaz y acogi a Eneas por dueo de sus dominios.
Y ahora, el Paris ese con su afeminada comitiva, 215
el mentn y el perfumado cabello con la mitra meonia
ceidos, disfruta de su rapto. Y nosotros mientras presentes
llevando a tus templos y alimentando una fama huera!
A quien con tales palabras oraba abrazado a sus altares
prest odos el Todopoderoso y dirigi sus ojos a las murallas 220
reales y a unos amantes olvidados de mejor fama.
Entonces habla as a Mercurio, y as lo ordena:
Ea, ve, hijo. Convoca a los Cfiros y djate caer con tus alas
y al caudillo dardanio que en la tiria Cartago
hoy se demora, sin ver las ciudades que le reserva el hado, 225
hblale y llvale mis palabras por las rpidas auras.
Que no nos lo prometi as su bellsima madre
ni lo salv para esto dos veces de las armas griegas;
habra de ser por el contrario quien gobernase una Italia
preada de poder y del estrpito de la guerra, origen de una raza 230
de la noble sangre de Teucro, y dara sus leyes al orbe entero,
Si la gloria de futuro tan grande no le enciende
ni le hace ponerse a la tarea su propia honra,
dejar a Ascanio su padre sin el alczar romano?
Qu trama o con qu esperanza se detiene en un pueblo enemigo, 235
apartando sus ojos de la prole ausonia y los campos lavinios?
Que se haga a la mar! Esto es todo, y ste mi mensaje.
Haba hablado. Se dispona aqul a obedecer de su augusto padre
la orden, y primero anuda a sus pies los talares
de oro que lo llevan ligero con sus alas bien sobre el mar 240
bien sobre la tierra, con la rpida brisa.
Toma entonces la vara: con ella evoca a las plidas almas
del Orco, a otras las manda al triste Trtaro,
da y quita los sueos y abre los ojos en la hora de la muerte.
En ella confiado conduce los vientos y traspasa las nubes 245
tempestuosas. Y ya volando divisa la cima y la escarpada ladera
del duro Atlante que sostiene con su vrtice el cielo,
del Atlante, cuya pinfera cabeza ceida de negros nubarrones
azotan con frecuencia la lluvia y el viento,
la nieve cada le cubre los hombros y ros bajan 250
de su barbilla de anciano y se eriza espantosa su barba por el hielo.
Aqu se detuvo, en primer lugar, sostenindose el Cilenio
en sus alas iguales; de aqu se lanz con todo su cuerpo
a las olas, al ave semejante que baja vuela sobre los mares,
ya por las playas, ya por los acantilados llenos de peces. 255
No de otra forma entre las tierras y el cielo volaba
hacia la arenosa costa de Libia y cortaba los vientos
el nacido en Cilene que vena de su abuelo materno.
En cuanto toc con sus aladas plantas las cabaas,
divis a Eneas fundando fortalezas y construyendo 260
nuevas casas. Tena la espada salpicada
de rubio jaspe y resplandeca con una capa de prpura tiria
colgada de los hombros, presentes que la esplndida Dido
le hiciera y haba bordado la tela con hilo de oro.
Y enseguida le aborda: T te dedicas ahora a plantar los cimientos 265
de la alta Cartago y complaciente con tu esposa construyes deberes!
una hermosa ciudad? Olvidas, ay, tu reino y tus propios
El propio rey de los dioses desde el Olimpo luminoso
me enva, el que cielo y tierra gobierna con su numen;
l mismo me ordena traerte estas rdenes por las rpidas auras: 270
qu tramas o con qu esperanza gastas tu tiempo en las tierras libias?
Si no consigue moverte la gloria de futuro tan grande, 272
mira cmo crece Ascanio y respeta las esperanzas de tu heredero 274
Julo, a quien se deben el reino de Italia y la tierra romana. 275
Tras hablar de esta manera dej el Cilenio
su aspecto mortal sin aguardar respuesta
y desapareci de los ojos, lejos, hacia el aura tenue.
As que enmudeci Eneas, perplejo por la visin,
y se erizaron de espanto sus cabellos y se le clav la voz en la garganta. 280
Encendido est por preparar la huida y dejar tan dulces tierras,
atnito por el poder de tal consejo y orden de los dioses.
Ay! Qu hacer? Con qu palabras osar abordar hoy a la reina
enloquecida? Cmo empezar a hablar?
Y divide su nimo veloz ac y all 285
y lo lleva a partes bien distintas y todo discurre.
Entre todas, sta le pareci la opinin ms prudente:
llama a Mnesteo y a Segesto y al fiero Seresto,
que dispongan con discrecin la flota y renan en la playa a los compaeros,
que preparen las armas, disimulando cul sea la causa 290
del cambio de planes; l entretando, puesto que nada sabe
la buena de Dido y no espera que se rompa amor tan grande,
tratara de encontrar la mejor ocasin para hablarle,
el modo mejor para sus intenciones. Rpidamente todos
obedecen alegres sus rdenes y se apresuran a ejecutarlas. 295
Pero la reina (hay quien pueda engaar a un enamorado?)
presinti la trampa y adivin el siguiente paso la primera,
temiendo porque todo andaba bien. La despiadada Fama cont
a la apasionada que se estaba preparando la flota y disponiendo su partida.
Enloquece privada de la razn y recorre encendida toda la ciudad 300
como una bacante excitada ante el comienzo de sus ritos,
cuando la estimulan al or a Baco las orgas
trienales y la llama el nocturno Citern con su clamor.
Increpa por ltimo a Eneas con estas palabras.
Es que creas, prfido, poder ocultar 305
tan gran crimen y marcharte en silencio de mi tierra?
Ni nuestro amor ni la diestra que un da te entregu
ni Dido que se ha de llevar horrible muerte te retienen?
Por qu, si no, preparas tu flota en invierno
y te apresuras a navegar por alta mar entre los Aquilones,
cruel? Es que si no tierras extraas y hogares 310
desconocidos buscases y en pie siguiera la antigua Troya,
habras de ir a Troya en tus naves por un mar tempestuoso?
Es de m de quien huyes? Por estas lgrimas mas y por tu diestra
(que no me he dejado, desgraciada de m, otro recurso),
por nuestra boda, por el emprendido himeneo, 315
si algo bueno merec de tu parte, o algo de la ma
te result dulce, ten piedad de una casa que se derrumba,
te lo ruego, y abandona esa idea, si hay an lugar para las splicas.
Por tu culpa los pueblos de Libia y los reyes de los nmidas 320
me odian, en contra tengo a los tirios; tambin por tu culpa
perd mi pudor y con lo que sola caminaba a las estrellas,
mi fama primera. A quin me abandonas moribunda, mi husped
(que slo esto te queda de tu antiguo nombre de esposo)?
Qu puedo esperar? Tal vez que arrase mis murallas mi 325
hermano
Pigmalin o que prisionera me lleve el getulo Yarbas?
Si al menos hubiera recibido de ti algn retoo
antes de tu huida, si algn pequeo Eneas
me jugase en el patio, que te llevase de algn modo en su rostro,
no me vera entonces de esta manera atrapada y abandonada. 330
Dijo. l no apartaba sus ojos de los mandatos
de Jpiter y a duras penas ocultaba el dolor en su corazn.
Responde por fin en pocas palabras: Yo a ti de cuanto
puedas decir, reina, nunca te negar
merecedora, ni me avergonzar acordarme de Elisa 335
mientras de m mismo tenga memoria, mientras un hlito gobierne mis miembros.
Poco aadir en mi defensa. Ni yo trat de ocultar mi huida
con una estratagema (no inventes), ni nunca del esposo
te ofrec las antorchas o me compromet a pacto tal.
Yo, si mis hados me permitieran guiar mi vida 340
segn mis deseos ybuscar mis propias preocupaciones,
habilitara primero la ciudad de Troya y las dulces
reliquias de los mos, en pie seguiran las altas moradas
de Pramo y por mi mano habra levantado de nuevo Prgamo para los vencidos.
Pero he aqu que Apolo Grineo a la grande Italia,
a Italia las suertes licias me ordenaron marchar; 345
se es mi amor, sa mi patria. Si a ti, fenicia, las murallas
te retienen de Cartago y la vista de una ciudad libica,
por qu, di, te parece mal que los teucros se establezcan
en tierra ausonia? Tambin nosotros podemos buscar reinos lejanos.
A m la turbia imagen de mi padre Anquises, cada vez que la noche 350
cubre la tierra con sus hmedas sombras, cada vez que se alzan
los astros de fuego, en sueos me advierte y me asusta;
y mi hijo Ascanio y el dao que hago a su preciosa vida,
a quien dejo sin reino en Hesperia y sin las tierras del hado. 355
Ahora, adems, el mensajero de los dioses mandado por el propio Jove
(lo juro por tu cabeza y la ma) me trajo por las auras veloces
sus mandatos: yo mismo vi al dios bajo una clara luz
entrar en estos muros y beb su voz con sus propios odos.
Deja ya de encenderme a m y a ti con tus quejas; 360
que no por mi voluntad voy a Italia.
Hace rato le mira mientras habla con malos ojos,
los revuelve aqu y all, y todo lo recorre
con silenciosa mirada y as estalla por ltimo:
Ni una diosa fue el origen de tu raza ni desciendes de Drdano,
prfido, que fue el Cucaso erizado de duros peascos 365
quien te engendr y las tigresas de Hircania te ofrecieron sus ubres.
Pues, por qu disimulo o a qu faltas mayores me reservo?
Es que se abland con mi llanto? Baj acaso la mirada?
Se rindi a las lgrimas o tuvo piedad de quien tanto le ama?
Qu pondr por delante? Si ya ni la gran Juno 370
ni el padre Saturnio contemplan esto con ojos justos!
No hay lugar seguro para la lealtad. Arrojado en la costa,
lo recog indigente y compart, loca, mi reino con l.
Su flota perdida y a sus compaeros salv de la muerte
( ay, las furias encendidas me tienen!), y ahora el augur Apolo 375
y las suertes licias y hasta enviado por el propio Jove
el mensajero de los dioses le trae por las auras las horribles rdenes.
Es, sin duda, ste un trabajo para los dioses, este cuidado inquieta
su calma. Ni te retengo ni he de desmentir tus palabras:
vete, que los vientos te lleven a Italia, busca tu reino por las olas. 380
Espero confiada, si algo pueden las divinidades piadosas,
que suplicio hallars entre los peascos y que repetirs entonces
el nombre de Dido. De lejos te perseguir con negras llamas
y, cuando la fra muerte prive a estos miembros de la vida, 385
sombra a tu lado estar por todas partes. Pagars tu culpa, malvado.
Lo sabr y esta noticia me llegar hasta los Manes profundos.
Con estas palabras da la conversacin por terminada y, afligida,
se aparta de las auras y se aleja, y se esconde de todas las miradas,
dejando a quien mucho dudaba de miedo y mucho se dispona
a decir. La recogen sus sirvientes y su cuerpo sin sentido 390
levantan del lecho marmreo y lo colocan en su cama.
Y el piadoso Eneas, aunque quiere con palabras de consuelo
mitigar su dolor y disipar sus cuitas,
entre grandes suspiros quebrado su nimo por un amor tan grande,
cumple sin embargo con los mandatos de los dioses y revisa la flota. 395
Se esfuerzan entonces los teucros y arrastran al mar por toda
la costa las altas naves. Nada la quilla embreada,
traen de los bosques hojosos remos y maderos
toscos en su afn por huir.
Se les ve de un lado para otro ybajar de toda la ciudad, 400
como cuando arramplan las hormigas con su carga de farro
pensando en el invierno y la ponen en su refugio;
avanza por los campos el negro batalln y en angosto sendero
arrastra su botn entre las hierbas; unas los granos mayores
empujan con los hombros, otras cuidan la formacin 405
y azuzan a las retrasadas, hierve el camino entero con su trabajo.
Qu sentas entonces, Dido, al contemplar todo eso!
Qu gemidos no dabas al ver de lo alto de la muralla
hervir el litoral entero y animarse
ante tus ojos la llanura con tanto gritero! 410
mprobo Amor, a qu no obligas a los mortales pechos!
De nuevo a recurrir a las lgrimas, a intentarlo de nuevo con ruegos
y, suplicante, se ve obligada a domear sus nimos ante el amor,
que no ha de dejar nada sin probar en vano la que va a morir. 415
Ana, ves cmo por toda la costa se apresuran,
de todas partes acuden; que la vela solicita ya las brisas
y hasta gozosos los marinos colocaron guirnaldas sobre sus popas.
Yo, si pude aguardar a este dolor tan grande,
tambin, hermana ma, podr aguantarlo. Slo esto en mi desgracia 420
concdeme, Ana. Que slo a ti te respetaba aquel prfido,
y a ti te confiaba tambin sus secretos sentimientos;
slo t conocas sus momentos mejores y su disposicin.
Ve, hermana ma, y habla suplicante a un enemigo orgulloso:
no jur yo con los dnaos en ulide la destruccin 425
del pueblo troyano, ni envi contra Prgamo mi flota,
ni he violado las cenizas de su padre Anquises, ni sus Manes.
Por qu no deja que lleguen mis palabras a sus duros odos?
Hacia dnde corre? Que al menos d un ltimo presente a la amante desgraciada:
que espere una huida fcil y unos vientos propicios. 430
No reclamo ya el compromiso aquel que ha traicionado,
ni que se quede sin su hermoso Lacio o abandone su reino;
pido un tiempo muerto, descanso y tregua para mi locura,
mientras mi suerte me ensea a soportar el dolor de la derrota.
ste es el ltimo favor que pido (ten piedad de tu hermana) 435
y, si me lo concede, con creces se lo pagar con mi muerte.
De esta manera suplicaba y tales llantos la desgraciada
hermana lleva yvuelve a llevar. Mas a l no hay lgrima
que lo conmueva ni quiere escuchar palabra alguna:
los hados se lo impiden y un dios le tapa los odos imperturbables. 440
Y como cuando de un lado y de otro los Breas alpinos
se pelean por arrancar la robusta encina de aoso tronco
con sus soplidos; braman, y las altas ramas
caen a tierra desde la copa golpeada;
ella, sin embargo, a las rocas se clava y tanto su punta eleva 445
a las auras etreas como llega hasta el Trtaro con la raz:
no de otro modo se ve batido el hroe de una y otra parte
con insistencia, y en lo hondo de su noble pecho siente las cuitas;
firme sigue su propsito, las lgrimas ruedan inanes.
Entonces, aterrorizada por su sino, la infeliz Dido
busca la muerte; odia contemplar ya la bveda del cielo. 450
Y para ms animarse a sacar adelante su plan y abandonar la luz,
vio (horrible presagio), al dejar sus ofrendas sobre las aras
donde arde el incienso, que negros se ponan los lquidos sagrados
y sangre impura volverse los vinos libados;
y a nadie cont lo que haba visto, ni a su hermana siquiera. 455
Adems, haba en su casa de mrmol un templo
del antiguo esposo, que honraba con honor admirable,
adornado de nveos vellones y fronda festiva;
de aqu le pareci or sus voces y palabras,
que la llamaba, cuando la oscura noche se apoderaba de la tierra, 460
y que por los tejados un bho solitario con fnebre canto
se lamentaba a menudo hasta convertir su larga voz en llanto.
Y muchas predicciones adems de antiguos vates
la aterrorizan con terrible advertencia. La persigue fiero Eneas
en persona en sus sueos de loca y siempre se ve a s misma 465
sola, abandonada, siempre sin compaa marchando
por un largo camino y en una tierra desierta buscar a los tirios,
como Penteo ve en su locura de las Eumnides la tropa
y aparecer dos soles gemelos y una doble Tebas, 470
como aparece Orestes en la escena, hijo de Agamenn,
cuando huye de su madre armada de antorchas y negras
serpientes y en el umbral estn sentadas las Furias vengadoras.
As que cuando, vencida por la pena, la invadi la locura
y decret su propia muerte, el momento y la forma planea 475
en su interior, y dirigindose a su afligida hermana
oculta en su rostro la decisin y serena la esperanza en su frente:
He encontrado, hermana, el camino (felictame)
que me lo ha de devolver o me librar de este amor.
Junto a los confines del Ocano y al sol que muere 480
est la regin postrera de los etopes, donde el gran Atlante
hace girar sobre su hombro el eje tachonado de estrellas:
de aqu me han hablado de una sacerdotisa del pueblo masilo,
guardiana del templo de las Hesprides, la que daba al dragn
su comida y cuidaba en el rbol las ramas sagradas, 485
rociando hmedas mieles y soporfera adormidera.
Ella asegura liberar con sus encantamientos cuantos corazones
desea, infundir por el contrario a otros graves cuitas,
detener el agua de los ros y hacer retroceder a los astros,
y conjura a los Manes de la noche. Mugir vers 490
la tierra bajo sus pies y bajar los olmos de los montes.
A ti, querida hermana, y a los dioses pongo por testigos
y a tu dulce cabeza, de que a disgusto me someto a la magia.
T levanta en secreto una pira dentro del palacio,
al aire, y sus armas, las que dej el impo colgadas 495
en el tlamo y todas sus prendas y el lecho conyugal
en el que perec, ponlos encima: todos los recuerdos
de un hombre nefando quiero destruir, y lo indica la sacerdotisa.
Dice estoy se calla, e inunda la palidez su rostro.
Ana no advierte, sin embargo, que su hermana bajo ritos extraos 500
oculta su propio funeral, ni imagina en su mente locura
tan grande o teme desgracia mayor que la muerte de Siqueo.
As que obedece sus rdenes.
La reina al fin, levantada la enorme pira al aire
en lugar apartado con teas de pino y de encina, 505
adorna el lugar con guirnaldas y lo corona de ramas
funerales; encima las prendas y la espada dejada
y un retrato sobre el lecho coloca sin ignorar el futuro.
Altares se alzan alrededor y la sacerdotisa, suelto el cabello,
invoca con voz de trueno a sus trescientos dioses, y a rebo y Caos 510
y Hcate trigmina, los tres rostros de la virgen Diana.
Y haba asperjado lquidos fingidos de la fuente del Averno,
y se buscan hierbas segadas con hoces de bronce
a la luz de la luna, hmedas de la leche del negro veneno;
se busca asimismo el filtro arrancado de la frente del potrillo 515
mientras naca, quitndoselo a su madre.
La propia reina junto a los altares, con uno de sus pies desatado,
la harina sagrada en las piadosas manos y el vestido suelto,
pone por testigos a los dioses de que va a morir y a las estrellas
sabedoras del destino, y reza entonces al numen justo y memorioso, 520
si es que lo hay, que cuida de los amores no correspondidos.
La noche era, y gozaban del plcido sopor los cuerpos
fatigados por las tierras, y haban callado los bosques y las feroces
llanuras, cuando giran los astros en mitad de su cada,
cuando enmudece todo campo, los ganados y las pintadas aves, 525
cuanto los lquidos lagos y cuanto los campos erizados
de zarzas habita, entregado al sueo bajo la noche callada. 527
Mas no la fenicia de infeliz corazn, en ningn momento 529
se abandona al sueo o acoge en sus ojos o en su pecho 530
a la noche: se le doblan las penas y alzndose de nuevo
amor la mortifica y flucta en gran tormenta de ira.
As vuelve a insistir y as da vueltas consigo en su corazn:
Qu hago, ay! He de servir de burla a mis antiguos
pretendientes? Buscar matrimonio suplicante entre los nmidas, 535
a quienes ya tantas veces desde como maridos?
He de seguir si no a las naves de Ilin y las orgullosas
rdenes de los teucros? Tal vez por la ayuda con la que les salv
an permanece en su memoria el agradecimiento por mi accin?
Mas aun si as lo quiero, quin lo permitir y odiosa 540
me acoger en las naves soberbias? Acaso no lo sabes, pobre de ti,
y no conoces an los perjuicios del pueblo de Laomedonte?
Qu, entonces? Acompaar sola en su huida a los victoriosos marinos
o con los tirios y todo el apretado grupo de los mos
me dejar llevar lanzando de nuevo a las aguas a cuantos a la fuerza 545
arranqu de la ciudad sidonia y ordenar dar velas al viento?
No, no. Muere, te lo has ganado, y aleja tu sufrir con la espada.
T vencida por mis lgrimas; t, hermana ma, mi locura
cargas la primera de desgracias y me ofreces al enemigo.
No he podido pasar mi vida sin bodas y sin culpa, 550
como las fieras salvajes, sin probar cuitas tales;
no he mantenido la palabra dada a las cenizas de Siqueo.
Lamentos tan grandes rompa ella en su pecho:
Eneas, decidido a partir, en lo alto de su popa
gozaba sus sueos tras disponerlo todo segn el rito. 555
En sueos se le present la imagen del dios que volva
con el mismo rostro y as de nuevo le pareci decir,
en todo semejante a Mercurio, en la voz y el color,
as como los rubios cabellos y el cuerpo de juventud adornado:
Hijo de la diosa, puedes dormir en una hora como sta,
por ms que ves el peligro acechar a tu alrededor, 560
inconsciente, y no oyes cmo los Cfiros su favor te brindan?
Mira que esa mujer trama en su pecho engaos y un horrendo crimen,
dispuesta a morir, y suscita diversas tempestades de ira.
No te marchas al punto de aqu, ahora que puedes escapar? 565
Has de ver el mar entubiarse de maderos, y crueles antorchas
encenderse, el litoral hervir en llamas,
si la Aurora te sorprende entretenido an por estas tierras.
Ea, nimo. Date prisa, que cosa varia es siempre y mudable
la mujer. Tras as decir se confundi con la negra noche. 570
Entonces, por fin, Eneas, asustado por las sombras repentinas,
saca su cuerpo del sueo y a sus compaeros fatiga
presurosos: Atentos, amigos, y a los remos!
Soltad las velas, rpido! Que un dios ha llegado del alto cielo
a precipitarla marcha y las retorcidas amarras nos anima
de nuevo a desatar. Vamos tras de ti, santo dios, 575
quienquiera que seas, y gozosos te obedecemos de nuevo.
Asstenos favorable y aydanos y ponnos los astros
propicios en el cielo. Dijo, y saca la espada de la vaina
relampagueante y corta con golpe preciso las sogas.
El mismo ardor se apodera de todos, y se lanzan y corren; 580
dejaron las playas, se esconde el mar bajo las naves,
se esfuerzan en agitar la espuma y barren las olas azules.
Y ya la Aurora primera regaba las tierras con nueva claridad,
abandonando el lecho azafrn de Titono. 585
La reina cuando desde su atalaya vio blanquear la luz
primera y a la flota avanzar con las velas en lnea,
y not playas y puertos vacos y sin remeros,
golpeando tres y cuatro veces con la mano su hermoso pecho
y mesndose el rubio cabello: Por Jpiter! Se va a marchar
ste?, dice. Se burlar un extranjero de mi poder? 590
No tomarn los mos las armas y bajarn de la ciudad entera,
no arrancarn las naves de sus diques? Id,
volad presurosos con el fuego, disparad las flechas, impulsad los remos!
Qu estoy diciendo? Dnde estoy? Qu locura agita mi mente?
Pobre Dido, ahora te afectan las impas acciones? 595
Debiste hacerlo al tiempo de entregarle tu cetro. Ay, diestra y promesa!
Y dicen que lleva consigo los patrios Penates,
que ofreci sus hombros a un padre vencido por la edad!
Es que no pude destrozar su cuerpo y esparcir por las olas
sus pedazos? Ni pasar por la espada a sus compaeros 600
y al propio Ascanio, y servirlo luego en la mesa de su padre?
Mas incierta habra sido la fortuna del combate. Igual daba!
A quin temer, si iba ya a morir? Antorchas habra lanzado contra su campamento
y habra llenado de fuego todas sus esquinas, y al hijo y al padre 605
habra liquidado con su pueblo, y yo misma me habra lanzado a la hoguera.
Oh, Sol, que todos los afanes de la tierra iluminas con tus rayos!
Y t, Juno, intrprete y sabedora de mis cuitas,
y Hcate, ululada de noche en los cruces de las ciudades,
y Furias de la venganza y dioses de Elisa que se muere!
Aceptad esto, caed sobre los malvados con justo numen 610
y escuchad nuestras plegarias. Si es preciso que arribe
a puerto este ser infando y navegue hasta tierra,
y as lo exigen los hados de Jove y est determinado este final,
que al menos perseguido por la guerra y las armas de un pueblo audaz,
expulsado de sus territorios, arrancado del abrazo de Julo 615
implore auxilio y contemple las muertes indignas
de los suyos, y que, cuando se haya colocado bajo una ley
inicua, ni disfrute del reino ni de la luz ansiada,
sino que caiga antes de tiempo y quede insepulto en la arena.
Esto pido, esta voz ma derramado la ltima junto con mi sangre. 620
Luego vosotros, tirios, perseguid con odio a su estirpe
y a la raza que venga, y dedicad este presente
a mis cenizas. No haya ni amor ni pactos entre los pueblos.
Y que surja algn vengador de mis huesos
que persiga a hierro y fuego a los colonos dardanios 625
ahora o ms tarde, cuando se presenten las fuerzas.
Costas enfrentadas a sus costas, olas contra sus aguas
imploro, armas contra sus armas: peleen llos mismos y sus nietos.
Esto dice, y a todas partes diriga su nimo, 630
buscando romper cuanto antes una luz odiada.
Y entonces habl brevemente a Barce, nodriza que fue de Siqueo,
que a la suya negra ceniza tena en su antigua patria:
A Ana, mi querida nodriza, llama aqu a mi hermana.
Dile que se apresure a lavar su cuerpo con agua del ro, 635
y que traiga consigo los animales y las vctimas prescritas.
Que venga as, y t misma cie tus sienes con las nfulas santas.
El sacrificio a Jpiter Estigio que comenc y dispuse segn el rito,
tengo intencin de cumplirlo y acabar as con mis cuitas
entregando a las llamas la pira del dardanio.
As dice. Y ya apresuraba la otra el paso con senil afn. 640
Mas Dido, enfurecida y trmula por su empresa tremenda,
volviendo sus ojos en sangre y cubriendo de manchas
sus temblorosas mejillas y plida ante la muerte cercana,
irrumpe en las habitaciones de la casa y sube furibunda 645
a la pira elevada y la espada desenvaina
dardania, regalo que no era para este uso.
En ese momento, cuando las ropas de Ilin y el lecho conocido
contempl, en breve pausa de lgrimas y recuerdos,
se recost en el divn y profiri sus ltimas palabras:
Dulces prendas, mientras los hados y el dios lo permitan, 650
acoged a esta alma y libradme de estas angustias.
He vivido, y he cumplido el curso que Fortuna me haba marcado,
yes horade que marche bajo tierra mi gran imagen.
He fundado una ciudad ilustre, he visto mis propias murallas,
castigo impuse a un hermano enemigo tras vengar a mi esposo: 655
feliz, ah!, demasiado feliz habra sido si slo nuestra costa
nunca hubiesen tocado los barcos dardanios.
Dijo, y, la boca pegada al lecho: Moriremos sin venganza,
mas muramos, aade. As, as me place bajar a las sombras. 660
Que devore este fuego con sus ojos desde alta mar el troyano
cruel y se lleve consigo la maldicin de mi muerte.
Haba dicho, y entre tales palabras la ven las siervas
vencida por la espada, y el hierro espumante
de sangre y las manos salpicadas. Se llenan de gritos los altos 665
atrios: enloquece la Fama por una ciudad sacudida.
De lamentos resuenan los techos y de los gemidos
y el ulular de las mujeres, el ter de gritos horribles,
no de otro modo que si Cartago entera o la antigua Tiro
cayeran ante el acoso del enemigo y llamas enloquecidas 670
se agitasen por igual en los tejados de los dioses y de los hombres.
Lo oy su hermana sin aliento y en temblorosa carrera
asustada, hirindose la cara con las uas y el pecho con los puos,
se abalanza y llama por su nombre a la agonizante:
As que esto era, hermana ma? Con trampas me requeras?
Esto esa pira, estos fuegos y altares me reservaban? 675
Qu lamentar primero en mi abandono? Desprecias en tu muerte
la compaa de tu hermana? Me hubieras convocado a un sino igual,
que el mismo dolor y la misma hora nos habran llevado a ambas.
He levantado esto con mis manos y con mi voz he invocado
a los dioses patrios para faltarte, cruel, en tu muerte? 680
Has acabado contigo y conmigo, hermana, con el pueblo y los padres
sidonios y con tu propia ciudad. Dejadme, lavar sus heridas
con agua y si anda errante an su ltimo aliento
con mi boca lo he de recoger. Dicho esto haba subido los altos escalones, 685
y daba calor a su hermana medio muerta con el abrazo de su pecho
entre lamento y con su vestido secaba la negra sangre.
Cay aqulla tratando de alzar sus pesados ojos
de nuevo; gimi la herida en lo ms hondo de su pecho.
Tres veces apoyada en el codo intent levantarse, 690
tres veces desfalleci en el lecho y busc con la mirada perdida
la luz en lo alto del cielo y gimi profundamente al encontrarla.
Entonces Juno todopoderosa, apiadada de un dolor tan largo
y de una muerte difcil a Iris envi desde el Olimpo
a quebrar un alma luchadora y sus atados miembros. 695
Que, como no reclamada por su sino ni par la muerte se marchaba
la desgraciada antes de hora y presa de repentina locura,
an no le haba cortado Prosrpina el rubio cabello
de su cabeza, ni la haba encomendado al Orco Estigio.
Iris por eso con sus alas de azafrn cubiertas de roco 700
vuela por los cielos arrastrando contra el sol mil colores
diversos y se detuvo sobre su cabeza. Esta ofrenda a Dite
recojo como se me ordena y te libero de este cuerpo.
Esto dice y corta un mechn con la diestra: al tiempo todo
calor desaparece, y en los vientos se perdi su vida. 705
LIBRO V
Entretanto Eneas ya mantena seguro su rumbo
con la flota y del Aquiln negras cortaba las olas
volvindose a mirar las murallas que ya resplandecen con las llamas
de la infeliz Elisa. Oculta les queda la causa que encendiera
fuego tan terrible; mas las penas duras de un amor grande 5
mancillado, y el saber de qu es capaz una mujer desesperada
lo toman los corazones de los teucros como triste presagio.
Cuando las naves ocuparon el mar y ya ninguna tierra
les viene al encuentro, mar por todo y por todo cielo,
a l cerleo nubarrn se le par sobre la cabeza 10
llevando noche y tormenta y se encresp la ola de tinieblas.
El propio Palinuro, el piloto, desde su alta popa:
Ay!, por qu nimbos tan grandes han ceido el ter?
Qu nos deparas, padre Neptuno? Luego que as dijo
ordena arriar las velas y ponerse a los fuertes remos, 15
y ofrece pliegues oblicuos al viento, y aade esto:
Magnnimo Eneas, ni aunque Jpiter me lo prometiera
con su respaldo esperara yo tocar Italia con este cielo.
Opuestos rugen los vientos de costado y se levantan
de lo negro de la tarde y el aire se condensa en nubes. 20
Y no podemos nosotros luchar en su contra ni hacer
tan gran esfuerzo. Puesto que nos vence Fortuna, sigamos
y pongamos rumbo a donde nos llama. No creo lejanas
las seguras costas de tu hermano rice y los puertos sicanos,
si es que bien recuerdo y vuelvo a medir los astros ya observados. 25
Y el piadoso Eneas: En verdad as veo hace rato que lo piden
los vientos y que en vano te empeas en su contra.
Dobla el camino a las velas. Puede haber tierra ms grata
para m o a donde ms quisiera llevar mis naves cansadas
que la que me guarda al dardanio Acestes
y abraza en su seno los huesos de mi padre Anquises? 30
Cuando dijo esto, a los puertos se dirigen y Cfiros propicios
les inflan las velas; avanza por las aguas rauda la flota,
y al fin gozosos arriban a la playa conocida.
Y a lo lejos desde la elevada cumbre de un monte se asombra 35
Acestes de su llegada y baja al encuentro de las naves amigas,
erizado de sus jabalinas y la piel de una osa de Libia:
concebido por el ro Criniso una madre troyana
lo haba tenido. Sin olvidar a sus antiguos padres
se alegra con los que vuelven y con agrestes tesoros gozoso 40
les recibe, y cansados les reconforta con amistosa ayuda.
Cuando el da siguiente, luminoso, haba espantado a las estrellas
con el otro primero, a los compaeros de toda la playa convoca
Eneas a reunin y habla desde la altura de un tmulo:
Grandes Dardnidas, estirpe de la alta sangre de los dioses, 45
se cierra el crculo de un ao con sus meses cumplidos
desde que los restos y los huesos de mi divino padre
cubrimos con tierra y consagramos altares afligidos;
y ya ha llegado el da, si no me engao, que siempre por acerbo
y por honrado he de tener (as lo quisisteis, dioses).
As exiliado lo pasara yo en la Sirtes getulas, 50
o en el mar arglico atrapado o en la ciudad de Micenas,
votos anuales y, por orden, solemnes pompas
le rendira y colmara sus altares de presentes.
Mucho ms hoy: a las cenizas y los huesos de mi propio padre 55
hemos llegado, creo, en verdad no sin la intencin de los dioses
ni sin su numen y se nos ha hecho entrar en un puerto amigo.
As que nimo y celebremos todos alegre ceremonia:
invoquemos a los vientos, y ojal l me acepte todos los aos
en la nueva ciudad estas ofrendas en los templos que le dediquemos. 60
Acestes, un hijo de Troya, da dos cabezas de bueyes
para cada una de vuestras naves: invitad al banquete
a los Penates patrios y a los que venera el husped Acestes.
Y adems, cuando la novena Aurora haya trado a los mortales
el almo da y haya despejado el orbe con sus rayos, 65
dispondr en primer lugar para los teucros un combate de las naves veloces;
y el que vale en la carrera a pie, y el que osado de fuerzas
llega ms lejos con la jabalina y las rpidas flechas,
o se anima a presentar batalla con el rudo cesto,
acudan todos y aguarden el premio de la merecida palma. 70
Guardad todos silencio y ceid con ramos vuestras sienes.
Dicho esto cubre con el mirto materno sus sienes.
As hace Hlimo, as Acestes por la edad maduro,
as el nio Ascanio, y les sigue toda la juventud.
l desde la asamblea con muchos millares se diriga 75
al tmulo, en el centro de numerosa compaa.
Aqu libando segn el rito dos copas de vino puro
las verti en tierra, dos de leche nueva, dos de sangre consagrada,
y esparce flores purpreas, y esto dice:
Salve, sagrado padre, de nuevo; salve, cenizas en vano 80
recobradas, y nimas y sombras paternas.
No se me concedi buscar contigo los territorios talos
ni los campos del destino ni, dondequiera que est, el Tiber ausonio.
As haba dicho, cuando una lbrica serpiente del hondo recinto
sac, enorme, sus siete anillos, sus siete revueltas, 85
en plcido abrazo al tmulo y deslizndose por los altares;
el lomo tena cubierto de manchas azulencas y de oro
un fulgor encenda sus escamas, como el arco en las nubes
esparce contra el sol mil diversos colores.
Se paraliz Eneas con la visin. Ella en larga lnea 90
serpentea por fin entre las pteras y los vasos bruidos
y gust las viandas ybaj de nuevo sin dao a lo profundo
del tmulo y dej los probados altares.
Por esto ms reanuda los emprendidos honores a su padre,
dudando si pensar en un genio del lugar o en un siervo 95
de su padre; sacrifica segn la costumbre dos ovejas
y otros tantos cerdos y los mismos novillos de negro lomo,
y vino derramaba con las pteras y el alma invocaba
de Anquises el grande y sus Manes devueltos del Aqueronte.
Y as tambin los compaeros, segn cada cual puede, gozosos 100
llevan sus ofrendas, colman los altares y matan novillos;
calderos colocan otros en fila y dispersos por la hierba
amontonan las brasas bajo los asadores y queman las vsceras.
Haba llegado el da esperado yya los caballos de Faetonte
la novena Aurora traan con su luz serena, 105
y la noticia y del ilustre Acestes el nombre a los comarcanos
haban congregado; en alegre reunin la playa llenaban
por ver a los Enadas y otros dispuestos a competir.
Primero ante sus ojos se disponen los presentes de la arena
en el centro, los trpodes sagrados y las verdes coronas 110
y las palmas, premio para los vencedores, y las armas y las ropas
teidas de ppura, talentos de oro y de plata;
y canta la trompa de lo alto de una duna el comienzo de los juegos.
Avanzan iguales para el certamen primero cuatro naves
de pesados remos escogidas de toda la flota. 115
Mnesteo gua con fiera tripulacin la veloz Pristis,
talo muy pronto Mnesteo, de quien el nombre de la estirpe de Memmio;
y Gas la inmensa Quimera de inmensa mole
como de una ciudad, que en triple hilera la juventud impele
dardania, se alzan sus remos en tres filas; 120
y Sergesto, del que recibe su nombre la casa Sergia,
avanza sobre la gran Centauro y Cloanto en la Escila
cerlea, de donde tu estirpe, romano Cluentio.
Hay a lo lejos en el mar un peasco frente a la espumantes
riberas que a veces, sumergido, lo baten las olas 125
hinchadas cuando los Cauros de invierno ocultan los astros;
en la bonanza calla y sobre las olas inmviles asoma,
prado y solana gratsimos para los tibios somormujos.
Aqu coloc el padre Eneas una verde meta
de frondoso arce, una seal para los marineros de donde regresar 130
supieran y en torno a donde doblar la larga carrera.
Luego eligen a suertes los puestos y los propios capitanes
en sus popas brillan de oro a lo lejos y de prpura relucientes;
los dems jvenes se cubren con hojas de chopo
y resplandecen con los hombros desnudos untados de aceite. 135
Se sientan en los bancos, atentos los brazos a los remos;
atentos aguardan la seal, y consume sus excitados
corazones un ansia pulsante y un vehemente deseo de gloria.
Luego, cuando la clara trompa lanz la seal -no hay retraso-
todos saltaron de sus marcas; hiere el ter un clamor 140
marinero y las aguas se hacen espuma por el batir de brazos.
Hienden los surcos a la vez, y toda se abre
la llanura agitada por los remos y los rostros tridentes.
No tanto se precipitan en la carrera de bigas al llano
corriendo ni se lanzan los carros fuera de la barrera, 145
ni as hacen restallar los aurigas las riendas ondeantes
sobre los veloces caballos e inclinados hacia adelante los azotan.
Luego con el aplauso y los gritos de los hombres y los nimos
de sus seguidores resuena todo el bosque y las playas recogidas
hacen volar la voz, y devuelven el eco los collados por el clamor sacudidos. 150
Escapa antes que los dems y se desliza por las olas primeras
Gas entre la turba y los gritos; despus le sigue
Cloanto, mejor con los remos, aunque el lento pino le frena
con su peso. Tras ellos, a igual distancia, la Pristis
y la Centauro disputan por ocupar el lugar primero, 155
y ya lo tiene la Pristis, ya vencida la sobrepasa la enorme
Centauro, ya ambas a la vez avanzan con sus frentes
pegadas y con largas carenas surcan las olas saladas.
Y ya se acercaban al peasco y la meta tocaban,
cuando el primero, Gas, vencedor en medio de las aguas 160
increpa con sus palabras al timonel de su nave, Menetes:
Dnde te me vas tan a la derecha? Vuelve aqu la proa;
besa la costa y deja que el remo roce las rocas por la izquierda;
que otros ocupen las aguas profundas. Dijo; pero Menetes, temiendo
los ciegos escollos, dobla la proa hacia las ondas del pilago. 165
Dnde vas tan lejos?, de nuevo, Busca las rocas, Menetes!,
con sus gritos Gas le insista, y en eso ve a Cloanto
que se pone a su espalda y cada vez ms cerca.
ste entre la nave de Gas y las rocas resonantes
costea a la izquierda por el lado interno y de pronto al primero 170
adelanta y pasando la meta entra en aguas seguras.
Entonces en verdad un intenso dolor se encendi en los huesos del joven
y no faltaron lgrimas en sus mejillas, y al miedoso Menetes,
olvidando su propio decoro y la seguridad de sus amigos,
lo arroja de cabeza al mar desde la alta popa; 175
l mismo se pone a gobernar el timn, l mismo en timonel
anima a sus hombres y dirige el gobernalle hacia la costa.
Por su lado, Menetes cuando apenas logr salir de la profunda hondura,
pesado yya anciano y chorreando con la ropa empapada,
busca lo alto del arrecife y se sienta sobre una roca seca. 180
De l al caer se rieron los teucros y cuando nadaba,
y se ren cuando vomita de su pecho el agua salada.
Entonces una alegre esperanza se encendi en los dos ltimos,
en Sergesto y Mnesteo, de superar a un Gas que se retrasaba.
Sergesto se adelanta primero y se acerca al peasco, 185
y no le saca an de ventaja toda la carena;
en parte el primero, en parte lo alcanza con su rostro mula Pristis.
Y movindose en el centro de la nave entre sus compaeros
les anima Mnesteo: Ahora, alzaos ahora sobre los remos,
hectreos amigos a quienes eleg por compaeros en la suerte 190
suprema de Troya; sacad ahora aquellas fuerzas,
ahora los nimos que tuvisteis en las Sirtes getulas
y en el mar Jonio y en las olas tenaces del Malea.
No busco ya la cabeza, yo Mnesteo, ni lucho por vencer
(aunque... oh! Mas ganen aquellos a los que se lo diste, [Neptuno); 195 avergoncmonos de llegar los ltimos: triunfad en eso, ciudadanos,
y evitad el oprobio. Ellos en un supremo esfuerzo
se doblan: tiembla con los golpes tremendos la popa de bronce
y el mar se retira, entonces un constante anhelo sacude
sus miembros y las ridas bocas, el sudor corre a ros por todo. 200
Y fue un golpe de suerte quien les depar el honor ansiado:
pues mientras con nimo furioso acerca Sergesto su proa
a las rocas y se mete por dentro en una zona estrecha,
encall el desgraciado en las rocas prominentes.
Los peascos recibieron el impacto y contra el agudo arrecife 205
los remos se hicieron pedazos y colgada qued la proa tras el golpe.
Se alzan los marineros y se detienen entre grandes gritos
y las prtigas de hierro y los garfios de aguda punta
toman y recogen en el agua los pedazos de los remos.
Mas alegre Mnesteo y enardecido por esta misma suerte, 210
con la veloz lnea de sus remos y los vientos propiciados
busca mejores aguas y corre a mar abierto.
Cual la paloma arrojada de pronto de la cueva
que, escondrijo de piedra, de casa le sirve y de dulce nido,
se lanza volando a los campos y asustada causa en su techo 215
gran aleteo; al punto se desliza por el aire quieto
y traza un lmpido camino sin mover sus alas veloces:
as Mnesteo, as la propia Pristis surca en su huida postrera
los mares, as su propio impulso la lleva volando.
Y primero deja peleando con el alto peasco 220
a Sergesto y con los breves vados y en vano pidiendo
auxilio y aprendiendo a correr con los remos quebrados.
Luego a Gas y a la propia Quimera de inmensa mole
alcanza; cede, porque no tiene timonel.
Slo queda ya Cloanto justo en la llegada, 225
al que busca y apremia empendose con todas sus fuerzas.
Y entonces redobla el clamor y todos al segundo
animan con sus gritos, y resuena con el fragor el ter.
Unos temen perder una gloria ya propia y un premio
ya ganado, y cambian su vida por la victoria; 230
a otros el xito les alienta: pueden porque creen que pueden.
Y tal vez habran conquistado los premios con rostros empatados,
si tendiendo al ponto ambas palmas Cloanto
no hubiera vertido sus oraciones e invocado con votos a los dioses:
Dioses que poder tenis sobre el mar cuyas aguas recorro, 235
gozoso he de ofreceros yo un toro blanco
en esta playa ante las aras, cumpliendo un voto, y sus entraas
arrojar a las olas saladas y verter lquidos vinos.
Dijo, y bajo las olas profundas lo escuch todo
el coro de las Nereidas y de Forco y la virgen Panopea, 240
y el propio padre Portuno lo impuls con mano grande
en su marcha: la nave, ms rauda que el Noto y que veloz saeta
escap hacia tierra y se meti en el puerto profundo.
Entonces el hijo de Anquises a todos convoca segn la costumbre
y con la gran voz del heraldo vencedor proclama 245
a Cloanto y con verde laurel cubre sus sienes,
y deja que cada nave elija como presentes tres terneros
y que se lleven los vinos y un gran talento de plata.
Honores especiales concede para los propios capitanes;
al vencedor una clmide de oro cuya orla recorre 250
en doble meandro muchsima prpura melibea,
y, bordado, el regio muchacho del frondoso ida
fatiga a los veloces ciervos con su jabalina, en la carrera
fiero, como jadeando, al que el alado escudero
de Jove se llev a lo alto desde el Ida en sus curvas garras; 255
los ancianos guardianes tienden en vano sus palmas
a los astros y se ensaa con el aire el ladrido de los perros.
Y el que por su valor ocup despus el lugar segundo,
a ese una loriga tejida de mallas ligeras y triple hilo
de oro que l mismo vencedor arrancara a Demleo 260
junto al rpido Simunte al pie de la alta Ilin,
se la da para que la tenga, gloria de un guerrero y reparo en las armas.
Apenas, tan tupida, la aguantaban sobre sus hombros los esclavos
Fgeo y Sgaris; mas vistindola un da
Demleo persegua a la carrera a los dispersos troyanos. 265
Como tercer premio entrega dos calderos de bronce
y copas terminadas en plata y speras de relieves.
Y ya todos con sus presentes y orgullosos de sus premios
se marchaban con las sienes ceidas de purpreas cintas,
cuando escapado apenas con gran habilidad del cruel escollo, 270
con los remos perdidos y a falta de una fila entera,
impulsaba sin honor Sergesto su nave, objeto de burlas.
Cual a menudo sorprendida la serpiente en el lomo del camino,
que la rueda de bronce pis por la mitad o a golpes de piedra
cruel caminante la dej medio muerta y aplastada; 275
en vano huyendo largas vueltas da con su cuerpo,
feroz en parte, y ardiente en sus ojos y alzando en alto
el cuello sibilante; la parte mutilada por la herida la frena
en su esfuerzo sobre los nudos y se pliega sobre s misma:
con tales remos se mova tarda la nave; 280
velas larga no obstante y a toda vela entra en la bocana.
Eneas premia a Sergesto con el regalo prometido,
contento, por salvar su nave y traer a sus compaeros.
A l le entrega una esclava experta en los trabajos de Minerva,
de estirpe cretense, Fleo, con dos gemelos bajo su pecho. 285
Cumplida esta carrera, el piadoso Eneas se dirige
a un prado herboso que por todo cean las selvas
de curvos collados, y era como un anfiteatro
en medio del valle; all se encamin el hroe con muchos
millares y en alto se sent de la reunin en el centro. 290
Entonces, los que quieran competir en rpida carrera,
los nimos estimula con regalos y fija los premios.
De todas partes acuden los teucros y con ellos los sicanos,
Niso y Euralo los primeros,
Euralo sealado por su belleza y en la flor de la edad, 295
Niso con piadoso amor por el muchacho; les sigue luego
el regio Diores de la egregia estirpe de Pramo;
con l, Salio y Patrn, de los que uno acarnanio
y el otro de la sangre arcadia del pueblo tegeo;
tambin dos jvenes trinacrios, Hlimo y Pnopes, 300
compaeros del anciano Acestes hechos a los bosques;
y muchos an a quienes esconde una fama oscura.
Eneas en medio de todos ellos as dijo luego:
Recibid esto en el corazn y prestadme atencin gozosa.
Nadie de este grupo se marchar sin que lo premie. 305
Dar a cada uno de hierro bruido dos lucientes dardos
cnosios y un hacha doble cincelada en plata;
este honor ser, pues, igual para todos. Premios los tres primeros
recibirn y ceirn su cabeza con rubio olivo.
El vencedor primero tenga un caballo distinguido por sus jaeces; 310
el segundo una aljaba de las Amazonas y llena de dardos
tracios, que cuelga de una correa con ancha banda
de oro y anuda una fbula de piedras preciosas;
el tercero vaya contento con este yelmo de Argos.
Luego que dijo esto, ocupan sus lugares, y escuchada de pronto 315
la seal se roban el terreno y dejan la salida,
desparramndose como una nube. Todos miran la meta,
y marcha el primero Niso y destaca con mucho
sobre los otros ms rpidos que el viento y las alas del rayo;
el segundo, mas el segundo tras largo intervalo, 320
le sigue Salio; despus de un trecho luego
el tercero Euralo;
y a Euralo le sigue Hlimo; justo a su espalda
all va volando Diores que le va pisando los talones
atacndole con el hombro, y si hubiera ms sitio 325
se escapara al lugar mejor y lo dejara inseguro.
Y ya en el tramo final y cansados se aproximaban
a la misma meta cuando el desgraciado Niso resbala
en la sangre viscosa que inmolados los novillos por caso
haba cado al suelo y empapado las verdes hierbas. 330
Aqu el joven ya triunfante vencedor no domin sus pasos
vacilantes al pisar sobre el suelo y cay de cabeza
sobre l en el inmundo fimo y en la sangre sagrada.
Mas no de Euralo, no se olvid aqul de sus amores:
pues alzndose del charco se puso frente a Salio 335
y ste cay dando vueltas en la espesa arena
y se escapa Euralo yvictorioso por el favor del amigo
ocupa el primer puesto, y vuela entre el aplauso y los gritos de apoyo.
Luego entra Hlimo yla palma tercera es ya de Diores.
Entonces todo el crculo de la enorme cvea y los rostros 340
primeros de los padres Salio llena con grandes gritos,
y para s reclama el honor arrebatado con trampas.
Protege a Euralo el favor y las hermosas lgrimas,
y el valor que se hace ms grato en un bello cuerpo.
Le asiste y lo proclama con gran voz Diores, 345
que alcanz su palma y en vano lleg al ltimo
premio si los primeros honores se dieran a Salio.
Entonces el padre Eneas: Vuestros presentes -dice- seguros
siguen con vosotros, y nadie cambia el orden de las palmas, muchachos;
mas pueda yo compadecerme de la desgracia del amigo inocente. 350
Dicho esto la piel enorme de un len getulo
entrega a Salio, cargada de pelo y con las uas de oro.
A esto Niso: Si premios tan grandes -dice- hay para los vencidos,
y pena te dan los cados, qu presentes a Niso
dignos dars, que merec por mi hazaa la primera corona 355
de no haberme tumbado, enemiga, la misma fortuna que a Salio?
Y a la vez que hablaba su rostro mostraba y sus miembros
manchados del hmedo fimo. Le sonri el ptimo padre
y mand traer un escudo, trabajo de Didimaon,
que arrancaron los dnaos del sagrado dintel de Neptuno. 360
Con este hermoso presente premia al joven egregio.
Luego, cuando acab la carrera y entreg los premios:
Ahora, si alguno nimo y valor guarda en su pecho,
presntese y levante sus brazos con las palmas fajadas,
as dice, y propone un doble honor para el combate: 365
al vencedor un novillo cubierto de oro y de cintas,
una espada y un hermoso yelmo como consolacin para el vencido.
Al punto, sin tardanza, con vastas fuerzas se presenta
Dares y se alza entre gran gritero de los hombres,
el nico que sola competir con Paris 370
y tambin, junto al tmulo donde duerme Hctor el grande,
al victorioso Butes de enorme cuerpo, el que presuma
de venir del pueblo bebricio de Amico,
le golpe y lo tumb moribundo en la rubia arena.
As Dares yergue su alta cabeza para el combate primero 375
y muestra sus anchos hombros y lanza adelante
alternadamente los brazos y azota las auras con sus golpes.
Se le busca un rival, y nadie de grupo tan grande
osa enfrentrsele y enfundarse el cesto en las manos.
As que orgulloso y pensando que todos renunciaban a la palma 380
se plant ante los pies de Eneas y sin rodeos
agarra el toro por un cuerno con la izquierda, y as dice:
Hijo de la diosa, si nadie osa acudir al combate,
cunto debo esperar? Cunto se me debe entretener?
Ordena que traigan los premios. Todos a lavez gritaban 385
los Dardnidas y pedan que se le entregase lo prometido.
Entonces Acestes, severo, azuza con sus palabras a Entelo
segn estaba sentado a su lado en el verde lecho de hierba:
Entelo, en vano un da el mejor de nuestros hroes,
dejars que se lleven presentes tan grandes 390
sin presentar batalla? Dnde est ahora aquel dios nuestro,
rice, maestro intilmente celebrado? Dnde la fama por toda
la Trinacria y aquellos despojos colgando de tu techo?
Y l a eso: No me dej el amor de gloria ni el honor
vencidos por el miedo; pero la glida sangre me entorpece 395
con la pesada vejez, y se enfran en mi cuerpo las fuerzas extremas.
Si yo tuviera aquella juventud de antao de la que presume
seguro este malvado, si ahora la tuviera,
en verdad no me presentara yo animado por el premio
y el hermoso novillo, que no me fijo en los regalos. Dicho esto 400
arroj dos cestos iguales de enorme peso
al centro, con los que el fiero rice sola en la lucha
lanzar sus manos y revestir sus brazos de duro cuero.
Atnitos quedaron los corazones; las pieles ingentes de siete
bueyes bien grandes rgidas estaban de plomo y de hierro cosido. 405
Estupefacto ms que nadie Dares mucho retrocede,
y el magnnimo hijo de Anquises sopesa y da vueltas
ac y all al peso, y las inmensas lazadas de las correas.
Luego el anciano sacaba estas palabras de su pecho:
Bien, y si hubirais visto los cestos y las armas del propio 410
Hrcules y su triste lucha en esta misma playa?
Un da tu hermano rice llevaba estas armas
(las ves an manchadas de sangre y de trozos de sesos),
con ellas se enfrent al gran Alcides, stas usaba yo
mientras una sangre mejor fuerzas me daba y an no llenaba 415
de canas mis sienes gemelas la vejez envidiosa.
Mas si el troyano Dares rehsa estas armas nuestras
y as lo quiere el piadoso Eneas y lo aprueba el muidor Acestes,
igualemos la lucha. De las pieles de rice te libero
(no temas), y qutate t esos cestos troyanos. 420
Dicho esto se quit el manto doble de los hombros
y sus miembros enormes, los grandes huesos y los brazos
desnud y enorme se plant en el centro de la arena.
Entonces el padre de la sangre de Anquises trajo cestos iguales
y revisti de armas parejas las palmas de ambos. 425
Los dos se alzaron al punto sobre la punta de los pies
e impvidos levantaron los brazos a las auras superiores.
Las cabezas, en alto, las echaron atrs, lejos del golpe,
y abrazan manos con manos y provocan la lucha,
uno mejor con el juego de pies y en su juventud confiado, 430
el otro poderoso de miembros y talla; pero tiembla y le fallan
las torpes rodillas, un profundo jadeo sacude su cuerpo enorme.
Muchos golpes se lanzan en vano los hombres,
mucho se aplican al cavo costado y en su pecho retumban
las sacudidas, y en torno a las orejas y las sienes 435
vaga la mano constante, crujen las mandbulas por el duro golpe.
Firme se queda plantado Entelo y con esfuerzo, sin moverse,
esquiva slo con el cuerpo los golpes y con ojos atentos.
El otro, como quien asedia una ciudad escarpada con sus mquinas
o acampa en armas en torno a las fortalezas de los montes, 440
y uno y otro acceso, y todo el lugar explora
con maa y con asaltos diversos la ataca en vano.
Muestra Entelo su diestra erguido y la levanta
en alto, el otro rpido prev el golpe que le cae
de arriba y lo evita escapando con gil cuerpo; 445
Entelo gasta sus fuerzas con el aire y, l solo,
bajo su propio peso enorme cay pesado a tierra
y pesadamente, como cuando cay en el Erimanto el cavo
pino arrancado de sus races o en el grande Ida.
Se enfrentan con sus gritos los teucros y la juventud trinacria; 450
llena el cielo el clamor y acude Acestes el primero
y al amigo de su edad levanta compadecido del suelo.
Pero, ni entorpecido por la cada ni asustado, el hroe
vuelve ms fiero a la lucha y saca fuerzas de su enojo;
el pudor adems enciende su coraje y un valor consciente, 455
y furioso persigue al lanzado Dares por toda la llanura
redoblando los golpes ya de su diestra, ya de su izquierda.
No hay tregua ni descanso: como repican los nimbos cargados
sobre los tejados, as el hroe con repetidos golpes
no deja de pegar con una y otra mano y acosa a Dares. 460
Entonces el padre Eneas no consinti que fueran las iras
ms all ni que Entelo se ensaase con nimo acerbo,
y orden el foral de la lucha y al exhausto Dares
rescat consolndolo con sus palabras, y as le dice:
Desgraciado, qu locura tan grande se adue de tu pecho? 465
No sientes las fuerzas distintas ni los nmenes adversos?
Abandona ante el dios. Dijo, y con su voz interrumpi la lucha.
Y as, arrastrando sus rodillas heridas y moviendo la cabeza
a un lado y a otro, y arrojando por la boca densa sangre
y dientes mezclados con la sangre, leales compaeros 470
lo llevan a las naves; se les llama y reciben el yelmo
y la espada, y dejan la palma y el toro para Entelo.
ste, vencedor, con nimo crecido y orgulloso del toro:
Hijo de la diosa -dice- y teucros todos, aprended esto,
qu fuerzas tuvo mi cuerpo de joven 475
y de qu muerte salvado conservis a Dares.
Dijo, y se par frente al hocico del novillo
que le aguardaba como premio de la lucha, y los duros cestos
dej caer blandiendo su diestra en alto
entre los cuerpos, y le aplast los huesos y el cerebro: 480
cae vencido en tierra, temblando y sin vida, el animal.
l saca luego de su pecho estas palabras:
rice, te entrego esta vida mejor a cambio de la muerte
de Dares; aqu, vencedor, depongo mis cestos y mi arte.
Al instante invita Eneas a competir con la veloz saeta 485
a los que as lo deseen y seala los premios,
y el mstil de la nave de Seresto con mano poderosa
levanta y una paloma voladora atada a una cuerda,
a donde apunten sus dardos, cuelga de lo alto del mstil.
Acudieron los hombres y recibi las suertes 490
un yelmo de bronce y entre gritos de nimo el primero
sale, antes que los otros, el Hirtcida Hipocoonte;
Mnesteo, vencedor poco ha en el naval combate,
le sigue, Mnesteo ceido de verde olivo.
Euritin fue el tercero, tu hermano, oh Pndaro 495
ilustrsimo que cuando se orden romper el pacto
lanzaste el primero tu dardo en medio de los aqueos.
El ltimo y en el fondo del yelmo se queda Acestes,
que se haba decidido a probar con su mano una lid de jvenes.
Entonces con fuerzas poderosas doblan y curvan sus arcos 500
cada uno por s mismo y sacan los dardos de las aljabas,
y la primera vibrando el nervio por el cielo, la flecha
del joven Hirtcida azota las auras voladora,
y llega y se clava en el rbol del mstil frontero.
Tembl el mstil y asustado agit sus alas 505
el animal, y todo reson con intenso aplauso.
Despus el fiero Mnesteo se plant con el arco tendido
apuntando hacia arriba, y a la vez lanz el ojo y la flecha.
Mas, pobre de l, no pudo alcanzar justo al ave
con su flecha; cort los nudos y las cuerdas de lino 510
con las que estaba colgada de una pata en lo alto del mstil;
ella vuela y escapa con los Notos a las negras nubes.
Rpido entonces, con la flecha hace rato montada
en el arco dispuesto, Euritin invoc con votos a su hermano,
y avistndola ya gozosa en el cielo libre y agitando 515
sus alas, atraviesa a la paloma bajo una negra nube.
Cay exnime y se dej la vida entre los astros
etreos y devuelve abatida la flecha clavada.
Perdida ya la palma, slo quedaba Acestes,
que lanz, sin embargo, su dardo a las auras areas, 520
exhibiendo el padre su arte y el arco sonoro.
Entonces un prodigio repentino que gran augurio sera
se ofrece a los ojos; lo mostr despus un gran suceso
y los vates terribles cantaron presagios tardos.
Pues volando en las lquidas nubes ardi la caa 525
y seal un camino de llamas y desapareci consumida
en los tenues vientos, como a menudo arrancadas del cielo
pasan corriendo y arrastran su cola las estrellas voladoras.
Atnitos de nimo quedaron teucros y trinacrios
e invocando a los dioses de lo alto y Eneas el grande 530
no rechaza el presagio, sino que abrazando al feliz Acestes
lo colma de grandes regalos, y as le dice:
Toma, padre, pues quiso el gran rey del Olimpo que por tales
auspicios honores recibieras fuera de sorteo.
Este presente tendrs del propio anciano Anquises, 535
una cratera llena de figuras que un da el tracio
Ciseo por un gran servicio haba dado
a mi padre Anquises, recuerdo y prenda de su amor.
Dicho esto, cie sus sienes de laurel verdeante
y antes que los otros declara primero a Acestes vencedor. 540
Y no ve mal el bueno de Euritin el honor que se le quita,
aunque slo l derrib al ave del alto cielo.
Luego recibe sus regalos el que rompi las cuerdas,
y por ltimo el que clav la caa voladora en el mstil.
Mas el padre Eneas antes de clausurar las pruebas 545
llama ante s a Eptides, custodio y compaero
del impber julo, y as dice a los leales odos:
Vamos, ve y di a Ascanio, si ya tiene dispuesto
el juvenil escuadrn y prepar la carrera de caballos,
que gue su tropa en honor del abuelo y se exhiba 550
con sus armas, dice. l mismo pide a toda la gente dispersa
que se retiren de la larga pista y que dejen el campo libre.
Avanzan los muchachos y en lnea ante la mirada de sus padres
resplandecen en los frenados caballos, asombrada por su desfile
se enardece toda la juventud de Trinacria y de Troya. 555
Segn la costumbre, a todos les cie el cabello pelada corona;
llevan dos flechas de cornejo con hierro en la punta,
algunos las ligeras aljabas al hombro; cae sobre su pecho
flexible crculo de oro retorcido que cie su cuello.
Caracolean tres equipos de jinetes con sus tres 560
capitanes; a cada uno le siguen doce muchachos
en grupos separados que relucen en lnea con sus jefes.
Una es la fila de jvenes exultantes que conduce quien toma
el nombre de su abuelo, el pequeo Pramo, tu ilustre prole,
Polites, que multiplicar a los talos; un caballo tracio 565
de manchas blancas lo lleva, que tiene blancas las patas
sobre los cascos y ensea en alto su blanca frente.
El segundo es Atis, de donde su estirpe sacaron los Atios latinos,
el pequeo Atis, muchacho querido del muchacho Julo.
El ltimo, y el ms hermoso de todos, Julo montando 570
un caballo sidonio que la deslumbrante Dido
le haba entregado, recuerdo y prenda de su amor.
Los dems jvenes van sobre caballos trinacrios
del anciano Acestes.
Los reciben con aplausos y se gozan vindolos asustados 575
los Dardnidas, y reconocen los rasgos de sus antiguos padres.
Luego que recorrieron alegres toda la pista y los ojos
de los suyos sobre los caballos, Eptides dio la seal
a lo lejos con un grito e hizo restallar su ltigo.
Ellos avanzaron alineados y formando grupos de tres en tres 580
rompieron la formacin, y llamados de nuevo
invirtieron la marcha y blandieron los dardos enhiestos.
Luego realizan otros avances y otras retiradas
colocndose de frente y responden rodeos alternos
a rodeos y emprenden simulacros de combate bajo las armas, 585
y ya descubren sus espaldas en la huida, ya vuelven flechas
amenazantes, ya firmada la paz cabalgan en lnea.
Como cuentan que un da en la alta Creta el Laberinto
tuvo un recorrido trazado de muros ciegos y una engaosa
trampa de mil caminos por donde las pistas de la salida 590
quebraba un vagar desconocido y sin retorno;
no con marcha distinta los hijos de los teucros enlazan
sus pasos y tejen fugas y batallas jugando,
como delfines que nadando por los hmedos mares
surcan el Carpacio y el Libico. 595
Este tipo de carrera y estos combates renov el primero
Ascanio cuando ci de muros Alba Longa,
y ense a celebrarlos a los antiguos latinos,
segn l mismo de muchacho y con l la juventud troyana;
los albanos los ensearon a los suyos; de aqu Roma la grande 600
los recibi a su vez y conserv el honor de los padres;
hoy a los muchachos Troya y al escuadrn troyano se les llama.
Hasta aqu se celebraron los juegos por el padre santo.
Luego, por vez primera, variable Fortuna cambi de lado.
Mientras cumplen los ritos en torno al tmulo con juegos diversos, 605
Juno Saturnia envi a Iris desde el cielo
a la flota de Ilin y vientos insufla a su caminar,
tramando muchas cosas sin saciarse an por el dolor antiguo.
Ella apresura su camino por el arco de mil colores
y corre la virgen sin que nadie la vea con rpido vuelo. 610
Contempla la numerosa reunin y la playa recorre
y ve los puertos desiertos y la flota abandonada.
A lo lejos, en una solitaria ribera, las troyanas apartadas
lloraban la prdida de Anquises y todas el profundo
mar contemplaban llorando. Tantas olas, ay!, y mares 615
tan grandes aguardaban a las fatigadas, era la queja de todas;
piden una ciudad, hartas de soportar las fatigas del ponto.
As que entre ellas se lanza experta en causar dao
y pierde el aspecto y las ropas de diosa;
se convierte en Broe, anciana esposa del tmario Doriclo, 620
que un da tuvo estirpe, hijos y nombre,
y as se presenta ante las madres de los Dardnidas.
Ay, desventuradas -dice- a las que la tropa aquea no condujo
a la muerte en la guerra bajo los muros de la patria! Ay, pueblo
infeliz! Para qu destruccin te reserva Fortuna? 625
Ya transcurre el sptimo verano desde la cada de Troya,
y los mares y las tierras todas y tantos inhspitos peascos
y los astros andamos recorriendo, mientras por el gran mar
perseguimos una Italia que se escapa y nos hacen rodar las olas.
Aqu est el territorio de su hermano Erice y el husped Acestes: 630
quin nos impide plantar los muros y dar una ciudad a los hombres?
Ay, patria y Penates salvados en vano del enemigo!,
ningn muro ya se llamar de Troya? En ningn sitio
ver los ros de Hctor, el Janto y el Simunte?
Venid conmigo, pues, y quememos las infaustas naves. 635
Que a m en sueos la imagen de la vidente Casandra
he visto que me daba teas encendidas: Buscad aqu Troya;
aqu est vuestra casa, me dijo. Ya es hora de actuar,
y retraso no cabe ante prodigios tan grandes. Mirad, cuatro aras
de Neptuno! El propio dios nos da teas y coraje. 640
Esto diciendo agarra la primera con fuerza una llama amenazante,
la hace brillar blandindola a lo lejos con la diestra levantada
y la lanza. Suspensos quedaron los pechos de las troyanas
y atnitos sus corazones. Entonces una de ellas, la mayor,
Pirgo, real nodriza de tantos hijos de Pramo: 645
No est Broe ante vosotras, mujeres, no es sta la retea
esposa de Doriclo; las seales de una divina belleza
advertid y los ojos ardientes, qu aliento en ella,
qu rostro y qu sonido el de su voz y qu paso el suyo.
Yo misma cuando me vine dej a Broe 650
enferma, enojada por ser la nica en faltar
a la ceremonia y no ofrecer a Anquises los debidos honores.
Esto dijo.
Mas las madres al principio dudosas e indecisas miraban ya
las naves con ojos malignos entre un amor desgraciado 655
por la tierra presente y los reinos fatales que las llamaban,
cuando la diosa se alz por el cielo en sus alas iguales
y traz a su paso bajo las nubes un arco enorme.
Entonces atnitas por la visin y llevadas de su furia
se ponen a gritar y roban el fuego de los hogares secretos, 660
despojan unas los altares, hojas y ramas y teas
arrojan. Se enfurece Vulcano con las riendas sueltas
por los bancos y los remos y las pintadas popas de abeto.
Mensajero, al tmulo de Anquises y a las gradas del teatro
lleva la nueva de que arden las naves Eumelo, y ellos mismos 665
ven detrs la oscura ceniza volando en una nube.
Y Ascanio el primero, segn guiaba gozoso la ecuestre
carrera, as se dirigi decidido sobre su caballo al agitado
campamento y sus maestros sin fuerzas retenerle no pueden.
Qu es esa nueva locura? Y ahora, qu pretendis -dice- 670
ay!, pobres ciudadanas? Ni al enemigo ni el hostil campamento
de los argivos, vuestras esperanzas estis quemando. Eh, soy yo,
soy vuestro Ascanio! Arroj ante sus pies el yelmo vaco,
con el que cubierto andaba jugando a simulacros de guerra.
Se apresura a la vez Eneas, a la vez la tropa de los teucros. 675
Mas ellas por todas partes escapan de miedo a playas
diversas, y buscan las selvas a escondidas y las cncavas rocas
por donde pueden; su accin las avergenza y la luz y vueltas
en s reconocen a los suyos y arrojan a Juno de su pecho.
Pero no por eso la llama y el incendio su fuerza 680
indmita depusieron; bajo la mojada madera vive
la estopa vomitando tardo humo y un calor lento
devora las quillas y desciende la peste por todo el cuerpo,
y no valen las fuerzas de los hroes ni los ros vertidos.
Entonces Eneas piadoso se arranca el vestido de los hombros 685
y pide la ayuda de los dioses y tiende sus palmas:
Jpiter todopoderoso, si an no odias a los troyanos
hasta el ltimo, si todava la antigua piedad contempla
las fatigas de los hombres, haz que las llamas dejen la flota
ahora, padre, y libra de la muerte los frgiles restos de los teucros. 690
O manda t a la muerte con rayo enemigo cuanto nos queda,
si es que lo merezco, y aplstanos aqu con tu diestra.
Apenas haba dicho esto cuando con mares de lluvia una negra
tempestad nunca vista se desata y tiemblan con el trueno
las cumbres de las tierras y los campos; cae de todo el ter 695
turbulento aguacero y negrsimo de densos Austros;
y se llenan por arriba las naves y medio quemadas se empapan
las maderas, hasta que se apag todo el fuego y todos
los barcos menos cuatro se salvaron de la destruccin.
Y el padre Eneas sacudido por la acerba desgracia 700
agitaba hacia uno y otro lado muchas cuitas en su pecho
dndoles vueltas, si quedarse en los sculos campos
olvidando sus hados, si poner rumbo a las talas costas.
Entonces el anciano Nautes, el nico al que Palas
Tritonia ense y famoso lo hizo con su mucha ciencia, 705
estas respuestas daba (bien qu presagiaba la grande
ira de los dioses, bien qu exiga el orden de los hados)
y comienza consolando a Eneas con estas palabras:
Hijo de la diosa, por donde los hados nos llevan y nos traen
sigamos; sea lo que sea, toda suerte debemos vencer sufriendo. 710
Cuentas con el dardanio Acestes de divina estirpe:
hazle compaero de tus planes gustoso y nelo a ti,
confale los que sobran de las naves perdidas y los que
se han hastiado de tu gran empresa y de tu suerte.
Y a los longevos ancianos y a las madres cansadas de agua 715
y a todos los dbiles y a los que temen el peligro
sepralos y deja que en estas tierras tengan los cansados sus murallas;
llamarn a su ciudad, si as lo permites, con el nombre de Acesta.
Encendido por palabras tales del anciano amigo,
divide sin embargo su nimo en mil preocupaciones, 720
y la negra Noche llevada por su biga ocupaba el cielo.
Cada entonces del cielo se le apareci la imagen de su padre
Anquises de pronto que le infunda estas palabras:
Hijo a quien quise un da ms que a mi vida, cuando la vida
tena, hijo a quien han probado de Ilin los hados, 725
aqu llego por orden de Jove, que apart el fuego
de tus naves y se compadeci al fin desde el alta cielo.
Atiende los consejos que ahora te brinda bellsimos
el anciano Nautes; llvate a Italia jvenes escogidos,
los ms esforzados corazones. Tendrs que pelear en el Lacio 730
con un pueblo duro y salvaje. Antes, sin embargo, entra
en las mansiones infernales de Dite y por el profundo Averno
ven, hijo, a mi encuentro. Que no me tiene el impo
Trtaro, las tristes sombras, sino que frecuento los amenos
concilios de los pos y el Elisio. Aqu la casta Sibila 735
te guiar con mucha sangre de negros animales.
Entonces toda tu raza conocers y qu murallas te aguardan.
Y ahora, adis; dobla la mitad de su carrera la hmeda Noche
y cruel Oriente me ha soplado el aliento de sus caballos.
Haba dicho y escap a las auras tenue como humo. 740
Eneas dice: ZA dnde vas ahora? iA dnde te me escapas?
De quin huyes o quin te aparta de mis abrazos?
Esto diciendo aviva la ceniza y los fuegos dormidos,
y el Lar de Prgamo y los sagrarios de la canosa Vesta
venera suplicante con harina piadosa y un incensario lleno. 745
Y al punto a los compaeros convoca y a Acestes el primero
y la orden de Jove y los preceptos de su querido padre
les cuenta y el plan que ahora se asienta en su pecho.
No hay tardanza en las decisiones ni rehsa las rdenes Acestes:
pasan a la ciudad las madres y dejan a cuantos 750
as lo desean, corazones que no precisan grandes glorias.
Ellos mismos reparan los bancos y reponen en los barcos
las maderas devoradas por las llamas, remos disponen y jarcias;
son pocos en nmero, pero es vigoroso su valor en la guerra.
Entretanto Eneas traza la ciudad con el arado 755
y sortea las casas. Ordena que esto sea Ilin y Troya sean
estos lugares. Se alegra con el reino el troyano Acestes
y seala el foro y da leyes a los padres convocados.
Luego junto a los astros en la cumbre ericina la sede
se funda de Venus Idalia y se dispone un sacerdote 760
consagrado al tmulo de Anquises y un amplio bosque.
Y ya todos haban celebrado un banquete de nueve das y cumplido
el honor a los altares: plcidos vientos el mar allanaron
y con frecuente soplido a alta mar les llama el Austro.
Un llanto intenso surge por las playas curvadas; 765
abrazados dejan pasar la noche y el da.
Ya hasta las madres y aquellos que poco ha por spera
tenan la cara del mar e insoportable su numen,
irse quieren y aguantar todas las fatigas del camino.
El bueno de Eneas les consuela con palabras de amigo 770
y llorando los encomienda a su pariente Acestes.
Tres terneros a rice y una cordera a las Tempestades
ordena sacrificar y largar luego amarras.
l, ceida la cabeza con hojas de olivo cortado,
sostiene la ptera, de pie sobre la proa, y las entraas arroja 775
a las olas saladas y derrama lquidos vinos.
Les empuja un viento que nace de popa;
compiten los compaeros en herir el mar y surcan sus aguas.
Mas Venus entretanto agobiada de cuitas a Neptuno
se dirige y saca de su pecho quejas tales: 780
De Juno la grave ira y su pecho insaciable
me obligan, Neptuno, a recurrir a todas las preces;
ni el largo da ni piedad alguna la conmueven,
ni descansa rendida ante el poder de Jove y los hados.
No le basta con haber arrancado con odios nefandos la ciudad 785
de los frigios de entre su pueblo ni haber arrastrado los restos
de Troya por todos los suplicios: sus cenizas y huesos, destruida,
persigue. Ella sabr las causas de locura tan grande.
T fuiste mi testigo hace poco en las aguas de Libia
de qu agitacin provoc de pronto: mezcl todos los mares 790
con el cielo, en vano confiada en las tormentas de olo,
a tanto se atrevi en tus propios reinos.
Y ahora, mira, lanzando al crimen a las madres troyanas
quem vergonzosamente las naves y con la flota destruida
les forz a dejar a los compaeros en una tierra extraa. 795
Puedan los que quedan, te suplico, confiarte velas seguras
por las olas, puedan alcanzar el Tber laurente,
si pido cosas concedidas, si las Parcas les dan sus murallas.
Entonces el Saturnio dominador del mar profundo dijo esto:
Es bien justo, Citerea, que tengas confianza en mis reinos, 800
de donde proviene tu estirpe. Adems lo merezco; a menudo furores
he reprimido y rabia tan grande del mar y del cielo.
Y no ha sido cuita menor para m en las tierras tu Eneas,
lo juro por el Janto y el Simunte. Cuando Aquiles lanzaba
contra los muros a los abatidos ejrcitos troyanos 805
y a muchos miles mandaba a la muerte, y geman repletos
los ros y no poda el Janto encontrar su camino
ni rodar hacia el mar, entonces yo en el hueco de una nube
rapt a Eneas cuando se enfrentaba con dioses y fuerzas desiguales
al valiente Pelida, si bien deseaba arrancar de sus races 810
las murallas de la perjura Troya que levant con mis manos.
Ese mismo nimo sigue an hoy en m; pierde esos miedos.
Llegar sano y salvo a los puertos del Averno que deseas.
A uno slo echars de menos perdido en el abismo;
uno slo dar su vida por muchos. 815
Luego que consol el pecho alegre de la diosa con estas palabras,
unce con oro el padre sus caballos y frenos coloca
de espuma a los animales y suelta de sus manos todas las riendas.
Por encima de las aguas vuela ligero en su carro cerleo;
se humillan las olas ybajo el eje tonante la hinchada 820
llanura de las aguas se encalma, escapan las nubes en el vasto ter.
Entonces las figuras diversas de su squito, cetceos inmensos,
y el viejo coro de Glauco y Palemn de Ino
y los raudos Tritones y todo el ejrcito de Forco;
la izquierda ocupa Tetis y Mlite y la virgen Panopea, 825
Nisea y Espio y Tala y Cimdoce.
Entonces dulces gozos invaden a oleadas el pecho
suspenso del padre Eneas; manda rpido que todos
los mstiles levanten y tensar las velas en las entenas.
Todos a una pusieron manos a la obra y soltaron las lonas 830
a izquierda y a derecha; a una tuercen y retuercen
los altsimos cabos; brisas favorables impelen la flota.
Palinuro en cabeza delante de todos guiaba el denso
ejrcito; por su derrotero siguen los otros las rdenes.
Y ya casi la meta del centro del cielo la hmeda Noche 835
haba alcanzado, con plcido reposo relajaban sus miembros
los marineros echados bajo los remos por los duros asientos,
cuando cado de los astros etreos el Sueo ligero
apart el aire tenebroso y dispers las sombras
buscndote a ti, Palinuro, trayndote a ti tristes sueos, 840
inocente, y se pos el dios en la alta popa
con la figura de Forbante y vierte de su boca estas palabras:
Ysida Palinuro, las propias aguas conducen la flota,
soplan las brisas iguales, llega la hora de tu descanso.
Inclina la cabeza y hurta al trabajo tus ojos cansados. 845
Por un rato yo mismo cumplir por ti tu tarea.
Alzando apenas hacia l sus ojos le dice Palinuro:
Me pides que ignore el rostro del mar en calma
y las olas tranquilas? Qu confe en este monstruo?
Entregar a Eneas (cmo podra?) a las auras falaces, 850
cuando tantas veces me ha sorprendido el engao de un cielo sereno?
Tales palabras devolva, y clavado y el timn agarrando
no lo dejaba ni un momento y mantena los ojos en las estrellas.
Mas he aqu que el dios con un ramo empapado en el Lete
y con el poder soporfero de la Estigia le roca ambas 855
sienes, y le cierra los ojos que ya vacilaban.
Un inesperado letargo haba relajado apenas sus miembros,
vinindole encima, y arrancando una parte de la popa
y el timn, lo precipit en las lquidas aguas
de cabeza y en vano llamaba una y otra vez a sus compaeros; 860
el dios levant su vuelo como un ave a las auras sutiles.
Prosigue la flota por el mar su seguro camino
y avanza impertrrita con las promesas del padre Neptuno.
Y ya se acercaba navegando a los escollos de las Sirenas,
un da difciles y blancos de los huesos de muchos 865
(resonaban entonces las broncas rocas con la continua resaca),
cuando advirti Eneas que el barco derivaba
sin su piloto y l mismo lo gobern en las nocturnas olas
mucho gimiendo y con el corazn ahogado por la prdida del amigo:
Ah, demasiado seguro del cielo y el pilago sereno, 870
Palinuro! Desnudo yacers sobre una playa extraa.
LIBRO VI
As dice entre lgrimas, y suelta riendas a la flota
y al fin se aproxima a las playas eubeas de Cumas.
Vuelven las proas al mar; con tenaz diente entonces
sujetaba el ncora las naves y las curvas popas
cubren la ribera. El grupo de muchachos salta impaciente 5
a la playa de Hesperia; unos buscan las semillas del fuego
que se ocultan en las venas del slex, otros se dirigen a los bosques,
tupida morada de las fieras, y sealan los ros que van encontrando.
El piadoso Eneas por su parte la roca busca que preside
el alto Apolo y el apartado retiro de la horrenda Sibila, 10
la enorme gruta, a quien la mente grande y el corazn
inspira el vate Delio y descubre el futuro.
Ya entran en los bosques de Trivia y en los techos de oro.
Ddalo, segn es fama, huyendo del reino de Minos
os lanzarse al cielo con plumas veloces 15
por un camino nuevo y bog hasta las Osas heladas,
y sobre la roca calcdica se detuvo al fin suavemente.
En cuanto regres a estas tierras te consagr, Febo,
los remos de sus alas y te levant un templo enorme.
En las puertas la muerte de Andrgeo; los Cecrpidas luego 20
obligados a pagar el castigo (qu desgracia!) todos los aos
de siete de sus hijos; all se ve la urna con las suertes echadas.
Enfrente corresponde asomando por el mar la tierra cnosia:
aqu el amor salvaje por el toro y unindosele a escondidas
Pasfae, y la hbrida estirpe y la prole biforme, 25
ah est, el Minotauro, testimonio de una Venus nefanda.
Aqu la famosa construccin de la casa y el laberinto intrincado;
pero apiadado del gran amor de la princesa,
el propio Ddalo le descubre las trampas del edificio y sus revueltas,
guiando con el hilo sus ciegos pasos. T tambin parte 30
grande en obra tamaa -si el dolor lo quisiera-, caro, tendras.
Dos veces haba intentado cincelar en oro tu cada,
dos veces cayeron las manos de tu padre. Todo lo recorreran
con sus ojos de no ser porque Acates, enviado por delante,
regresa y con l la sacerdotisa de Febo y de Trivia, 35
Defobe de Glauco, que as dice al rey:
No es ste para ti el momento de mirar estampas;
ahora mejor ser sacrificar siete novillos de un rebao
intacto y otras tantas ovejas escogidas segn la costumbre.
As dijo a Eneas (y no retrasan los hombres las sagradas 40
rdenes) y convoca a los teucros la sacerdotisa al alto templo.
El flanco inmenso de la roca eubea se abre en un antro
al que llevan cien amplias entradas, cien bocas,
por donde salen otras tantas voces, respuestas de la Sibila.
Haban ya llegado al umbral cuando dice la virgen: Es el momento 45
de buscar los hados. El dios, he aqu al dios! Mientras esto deca
delante de la puerta, de pronto, ni su gesto ni el color
ni la compuesta cabellera eran ya iguales; el pecho anhelante
se hincha de rabia y el fiero corazn, y parece ms grande
y no suena como mortal, porque est inspirada por el numen 50
del dios, ya ms cerca. Dudas en tus votos y plegarias,
troyano Eneas? Dudas? Pues bien, no antes han de abrirse
las grandes bocas de esta atnita casa. Y dicho esto
se call. Un helado temblor corri por los duros
huesos de los teucros, y saca el rey sus preces de lo hondo del pecho: 55
Febo, que siempre te apiadaste de las pesadas fatigas de Troya,
que dirigiste la mano y las flechas dardanias de Paris
contra el cuerpo del Ecida. A tantos mares que circundan
grandes tierras me hice bajo tu gua y hasta los apartados
pueblos de los masilos y los campos que se extienden frente a las Sirtes: 60
por fin, abrazamos ya las huidizas riberas de Italia.
Slo hasta aqu nos haya seguido la mala fortuna de Troya!
Que justo es que tambin vosotros perdonis de Prgamo a la raza,
las diosas ylos dioses todos, a los que estorb Ilin y la gloria
sin par de Dardania. Y t, santsima vidente, 65
sabedora del porvenir, concede a los teucros (y no pido reinos
no debidos a mis hados) instalarse en el Lacio
y a sus dioses errantes y a los agitados nmenes de Troya.
Entonces a Febo y a Trivia un templo de slido mrmol
consagrar y unos das de fiesta con el nombre de Febo. 70
Tambin a ti te aguarda en nuestro reino un gran santuario:
pues aqu yo tus suertes y los secretos destinos
anunciados a mi pueblo depositar.y te consagrar, madre,
varones escogidos. Slo no confes tus vaticinios a las hojas,
que no vuelen turbados juguetes de los rpidos vientos; 75
que los cantes t misma te ruego. Y aqu ces de hablar.
Pero sin someterse an vaga terrible por el antro como bacante
la vidente de Febo, por si puede sacudirse del pecho
al dios imponente, y tanto ms aqul fatiga
su boca rabiosa, domando el fiero corazn, y la rinde bajo su peso. 80
Y entonces se abrieron las cien enormes bocas de la casa
espontneamente y llevan por el aire las respuestas de la vidente:
O, t que ya has agotado los grandes peligros del pilago
(aunque faltan los ms graves de la tierra), a los reinos de Lavinio
llegarn los Dardnidas (saca esa cuita de tu pecho), 85
y tambin querrn no haber llegado. Guerras, hrridas guerras,
y el Tber espumante de la mucha sangre estoy viendo.
No te faltarn los campamentos dorios, ni un Simunte,
ni un Janto; ya otro Aquiles ha nacido en el Lacio,
hijo tambin ste de una diosa, y Juno, la afliccin de los teucros, 90
no andar lejos tampoco cuando t en la desgracia suplicante
qu pueblos o qu ciudades de Italia no habrs probado con tus ruegos!
La causa de tamao mal, de nuevo una esposa huspeda de los teucros,
y de nuevo un matrimonio forastero.
No cedas t a estos males y hasta sigue avanzando lleno de valor 95
por donde te permita tu Fortuna. De la salvacin el camino
[primero (nunca lo creeras) habr de abrirte una ciudad griega.
Con tales palabras del interior del templo la Sibila de Cumas
anuncia horrendos enigmas y resuena en el antro,
envolviendo en tinieblas la verdad: Apolo sacude las riendas 100
de su locura y clava aguijones en su pecho.
En cuanto ces el furor y call la boca rabiosa,
comienza el hroe Eneas: No me presentas, virgen,
el rostro de fatiga alguna nueva o inesperada;
todo lo he probado y en mi pecho antes lo he recorrido. 105
Slo esto te pido: como aqu est -se dice- la puerta del rey
infernal y la tenebrosa laguna que cie el Aqueronte,
llegar a la presencia de mi querido padre y que toque
su rostro; que el camino me muestres y me abras las sagradas puertas.
Yo a l, entre las llamas y los dardos a miles que nos seguan, 110
lo rescat sobre mis hombros y lo libr de las manos del enemigo;
l, siguiendo mi camino, todos los mares conmigo
y todas las amenazas del pilago y del cielo soportaba,
sin aliento, ms all de sus fuerzas y de la suerte de sus aos.
Y ms an, que suplicante a ti acudiera y a tu puerta llegase, 115
l tambin en sus ruegos me lo ordenaba. Del hijo y del padre
te suplico que te apiades, alma (pues todo lo puedes
y no en vano Hcate puso a tu cuidado los bosques del Averno),
si es que pudo Orfeo conjurar a los Manes de su esposa
valindose de la ctara tracia y las canoras cuerdas, 120
si Plux rescat a su hermano con otra muerte
yvayvuelve tantas veces por ese camino. Y Teseo? Y qu voy
a decir del gran Alcides? Tambin mi estirpe viene de Jove supremo.
Con tales palabras rezaba y abrazaba los altares,
cuando esto comenz a decir la vidente: Nacido de la sangre 125
de los dioses, troyano Anquisada, fcil es la bajada al Averno:
de noche y de da est abierta la puerta del negro Dite;
pero dar marcha atrs y escapar a las auras del cielo,
sa es la empresa, sa la fatiga. Unos pocos a los que am el justo
Jpiter o su ardiente valor los sac al ter, 130
lo lograron hijos de dioses. En medio los bosques todo lo ocupan,
y el cauce del Cocito lo rodea en negra revuelta.
Pero si ansia tan grande anida en tu pecho, si tanto deseo
de surcar dos veces los lagos estigios, de dos veces ver la negrura
del Trtaro y te place emprender una fatiga insana, 135
escucha primero lo que has de hacer. En un rbol espeso se esconde
la rama de oro en las hojas y en el tallo flexible,
segn se dice consagrada a Juno infernal; todo el bosque
la oculta y la encierran las sombras en valles oscuros.
Mas no se permite penetrar en los secretos de la tierra 140
sino a quien ha cortado primero los retoos del rbol de dorados cabellos.
La hermosa Prosrpina determin que se le llevara
este presente. Cuando se arranca el primero no falta otro
de oro y echa hojas el tallo del mismo metal.
As que busca atentamente con tus ojos y cgela con tu mano 145
segn el rito cuando la halles, pues por su gusto y fcilmente
habr de seguirte, si los hados te llaman; ni con todas tus fuerzas
de otro modo podras vencer ni arrancarla con el duro hierro.
Otra cosa: yace sin vida el cuerpo de uno de tus amigos
(lo ignoras, ay!) que con su muerte mancilla a la flota entera, 150
Mientras t consejo demandas y te demoras en mis umbrales.
Ponlo primero en su lugar y dale sepultura.
Toma unas ovejas negras, que sean la expiacin primera.
As, por fin, podrs los bosques contemplar estigios y los reinos
prohibidos a los vivos. Dijo y call cerrando la boca. 155
Eneas con los ojos bajos y el rostro afligido
echa a andar la gruta dejando, y a los oscuros sucesos
da vueltas en su corazn. Su fiel Acates
le acompaa y marcha con iguales pensamientos.
Mucho discurran entre ellos en animada charla, 160
quin sera el compaero muerto del que habl la vidente,
cul el cuerpo por sepultar. Y ven a Miseno en tierra firme,
cuando llegaron, perecido de una muerte indigna,
al elida Miseno; ningn otro le ganaba
en mover a los hombres con su bronce ni en encender a Marte con su canto. 165
Haba sido ste compaero de Hctor el grande, junto a Hctor
sala al combate sealado por su lituo y su lanza.
Cuando le venci Aquiles y le despoj de la vida,
el hroe valerossimo al squito se haba sumado
del dardanio Eneas en pos de hazaas no menores. 170
Pero un da, cuando por caso hace sonar al mar con su cncava concha,
fuera de s, y llama con su canto a los dioses al combate,
mulo Tritn lo sorprendi, si hay que creerlo,
y lo haba sumergido entre los escollos en la ola de espumas.
As que todos se agitaban a su alrededor con gran gritero, 175
y en especial el piadoso Eneas. Se apresuran entonces,
llorando, a cumplir la orden de la Sibila y en levantar porfan
el ara del sepulcro con troncos y subirla hasta el cielo.
Se adentran en un antiguo bosque, escondido refugio de las fieras;
caen abatidos los pinos, resuenan las encinas con el golpe de las segures 180
y con cuas se abre la madera del fresno y el blando
roble, ruedan por los montes ingentes olmos.
Y no falta Eneas en medio del trabajo exhortando el primero
a sus compaeros y ceido de las mismas armas.
Y as da vueltas en su afligido pecho 185
contemplando la inmensa selva y as por caso suplica:
Si ahora se nos mostrase aquella rama de oro en su rbol
entre bosque tan grande! Que demasiado verdadero ha sido,
ay, Miseno!, cuanto de ti dijo la vidente.
Apenas haba hablado, cuando por caso dos palomas 190
bajaron volando del cielo ante sus ojos
y se posaron en el verde suelo. El gran hroe entonces
reconoci las aves de su madre y alegre implora:
Sed mi gua, si es que hay algn camino, y alzad el vuelo
por el aire hasta el bosque donde la esplndida rama da sombra 195
al pinge suelo. Y t no me falles en mis dudas,
madre divina. Dicho esto detuvo sus pasos
estudiando qu seales anuncian, hacia dnde prosiguen.
Ellas vuelan en busca de alimento tanto
cuanto abarcar podran los ojos de quienes las siguieran. 200
Ms tarde, cuando llegaron a las fauces del Averno de pesado olor,
se elevan presurosas y dejndose caer por el lquido aire
se posan en el lugar ansiado sobre un rbol doble
desde donde reluci distinta entre las ramas el aura del oro.
Cual suele en los bosques bajo el fro invernal el murdago 205
reverdecer con hojas nuevas, al que no alimenta su propia planta,
y rodear de fruto azafranado los troncos redondos,
tal era el aspecto de las hojas de oro en la encina
tupida, as crepitaba la lmina al viento suave.
Se lanza Eneas al punto y vido la arranca 210
aunque se resiste y a la cueva la lleva de la vidente Sibila.
Y seguan entretanto los teucros llorando a Miseno
en la playa y rendan los ltimos honores a la ingrata ceniza.
Formaron primero una gran pira pinge de teas
y de madera cortada, y con hojas negras 215
le cubren los lados y delante levantan cipreses
funerales, y la adornan con sus armas resplandecientes.
Unos preparan agua caliente y calderos que bullen
al fuego, y lavan y ungen el helado cuerpo.
Se oyen gemidos. Colocan entonces los llorados miembros 220
sobre un lecho, y encima vestidos de prpura, las conocidas
ropas. Otros se acercaron al fretro ingente,
triste ministerio, y vueltos de espaldas segn la costumbre
de los padres le arrojaron una tea encendida. Arden mezclados
presentes de incienso, las viandas, las crateras llenas de aceite. 225
Luego que cayeron las cenizas y descans la llama,
lavaron con vino los restos y la brasa bebedora
y los huesos recogidos guard Corineo en urna de bronce.
Rode tambin por tres veces a los compaeros con agua pura
asperjndolos con las leves gotas y con la rama del feliz olivo, 230
y purific a los hombres y pronunci las palabras postreras.
Y el piadoso Eneas coloca encima un sepulcro
de mole ingente y las armas del hroe y el remo y la tuba
bajo el monte areo que hoy por l Miseno
se llama y tiene por los siglos un nombre eterno. 235
Hecho esto, contina a toda prisa los mandatos de la Sibila.
Haba una profunda caverna imponente por su vasta boca,
riscosa, protegida por un lago negro y las tinieblas de los bosques;
sobre ella ninguna criatura voladora poda impunemente
tender el vuelo con sus alas, tal era el hlito 240
que de su negra boca dejaba escapar a la bveda del cielo.
[Por eso los griegos llamaron a este lugar Aorno. ]
Aqu primero cuatro novillos de negro lomo dispone
y les riega la sacerdotisa de vino la frente, 245
y tomando de entre los cuernos las cerdas ms altas
las arroja a la llama sagrada, ofrenda primera,
invocando a voces a Hcate poderosa en el cielo y el rebo.
Otros hincan por debajo los cuchillos y la tibia sangre
recogen en pteras. El propio Eneas a una oveja de negro
velln en honor de la madre de las Eumnides y la gran hermana 250
la hiere con su espada, y para ti, Prosrpina, una vaca estril;
luego prepara al rey estigio nocturnas aras
y pone sobre las llamas las entraas enteras de los toros,
y derrama pinge aceite sobre las vsceras ardientes.
Y de repente, bajo el umbral del sol primero y del orto 255
bajo sus plantas comenz el suelo a mugir y las cimas de los bosques
a agitarse y se escuch como un aullar de perras por la sombra
segn se acercaba la diosa. Lejos, quedaos lejos, profanos!
-exclama la vidente-, alejaos del bosque entero!;
y t emprende el camino y saca la espada de la vaina: 260
ahora, Eneas, valor precisas y ahora un nimo firme.
Slo esto dijo fuera de s y se meti por la boca del antro;
l con pasos no tmidos alcanza a la gua que se escapa.
Dioses a quienes cumple el gobierno de las almas y sombras calladas
y Caos y Flegetonte, mudos lugares de la inmensa noche: 265
pueda yo repetir lo que s, pueda por vuestro numen
abrir secretos sepultados en la calgine del fondo de la tierra.
Iban oscuros por las sombras bajo la noche solitaria
y por las moradas vacas de Dite y los reinos inanes:
como el camino bajo una luz maligna que se adentra en los bosques 270
con una luna incierta, cuando ocult Jpiter el cielo
con sombra y a las cosas rob su color la negra noche.
Ante el mismo vestbulo y en las bocas primeras del
Orco el Luto y las Cuitas de la venganza su cubil instalaron,
y habitan los plidos Morbos y la Senectud triste, 275
y el Miedo y Hambre mala consejera y la Pobreza torpe,
figuras terribles a la vista, y la Muerte y la Fatiga;
el Sopor adems, pariente de la Muerte, y los malos Gozos
de la mente, y, en el umbral de enfrente, la guerra mortal
y los tlamos de hierro de las Eumnides y la Discordia enfurecida 280
enlazado su cabello de vboras con cintas ensangrentadas.
En medio extiende sus ramas y los brazos aosos
un olmo tupido, ingente, donde se dice que habitan
los sueos vanos, agazapados bajo sus hojas.
Y muchas visiones adems de variadas fieras, 285
los Centauros tienen sus establos en esta puerta y las Escilas biformes
y Briareo el de cien brazos y de Lerna el horrsono
monstruo, y la Quimera armada de llamas,
Gorgonas y Harpas y la figura de la sombra de tres cuerpos.
Empua entonces Eneas su espada presa de un miedo 290
repentino y ofrece su agudo filo a los que llegan,
y, si su docta compaera no le mostrase las tenues vidas
sin cuerpo que vuelan fantasmas de una imagen hueca,
se lanzara y en vano azotara a las sombras con su espada.
De aqu el camino que lleva a las aguas del Aqueronte del Trtaro. 295
Turbio aqu de cieno y de la vasta vorgine un remolino
hierve y eructa en el Cocito toda la arena.
Un horrendo barquero cuida de estas aguas y de los ros,
Caronte, de suciedad terrible, a quien una larga canicie
descuidada sobre el mentn, fijas llamas son sus ojos, 300
sucio cuelga anudado de sus hombros el manto.
l con su mano empuja una barca con la prtiga y gobierna las velas
y transporta a los muertos en esquife herrumbroso,
anciano ya, pero con la vejez cruda y verde de un dios.
Hacia estas riberas corra toda una multitud desparramada, 305
mujeres y hombres y los cuerpos privados de la vida
de magnnimos hroes, y muchachos y muchachas solteras,
y jvenes colocados en la pira ante la mirada de sus padres:
como todas esas hojas en las selvas con el fro primero del otoo:
caen arrancadas, o todas esas aves que se amontonan 310
hacia tierra desde alta mar, cuando la estacin fra
las hace huir allende el ponto y las arroja a tierras soleadas.
De pie estaban pidiendo cruzar los primeros
y tendan sus manos por el ansia de la otra orilla.
Pero el triste marino a stos o a aqullos acoge, 315
mas a otros los mantiene alejados en la arena de la playa.
As pues, Eneas, asombrado y emocionado por el tumulto:
Dime, virgen -exclama-, qu quiere el gento de la orilla?
Qu buscan las almas? Con qu criterio unas dejan las riberas
mientras surcan otras las lvidas aguas con sus remos? 320
As le repuso la longeva sacerdotisa en pocas palabras:
Hijo de Anquises, retoo bien cierto de los dioses,
ests ante las aguas profundas del Cocito y la laguna estigia,
por la que temen jurar los dioses y engaar a su numen.
Toda esta muchedumbre que ves es una pobre gente sin sepultura; 325
aqul, el barquero Caronte; stos, a los que lleva el agua, los sepultados.
Que no se permite cruzar las orillas horrendas y las roncas
corrientes sino a aquel cuyos huesos descansan debidamente.
Vagan cien aos y dan vueltas alrededor de estas playas;
slo entonces se les admite y llegan a ver las ansiadas aguas. 330
Se par y detuvo sus pasos el hijo de Anquises
mucho pensando y lamentando en su pecho la suerte inicua.
Ve all afligidos y privados de las honras de la muerte
a Leucaspis y a Orontes, jefe de la flota licia;
a la vez navegando desde Troya por un mar ventoso 335
los abati el Austro, sepultando en el agua nave y marineros.
Y hete aqu que llegaba Palinuro, el piloto,
quien poco ha en las aguas libias mientras miraba las estrellas
se haba cado de la popa y se hundi en las aguas.
Apenas lo reconoci afligido en medio de las sombras, 340
as se le dirige el primero: Quin de los dioses, Palinuro,
te nos ha arrebatado y te sumergi en las aguas del mar?
Ea, dime. Pues a m Apolo, jams antes hallado en mentira,
me enga el corazn slo con esta respuesta,
al anunciarme que saldras inclume del mar y llegaras 345
al territorio ausonio. Y es sta la palabra empeada?
El otro a su vez: Ni a ti te enga el trpode de Febo,
caudillo hijo de Anquises, ni un dios a m me hundi en el mar.
Pues arrancado el timn con gran violencia y por azar,
al que yo, su guardin, estaba clavado y el rumbo rega, 350
lo arrastr conmigo en mi cada. Por los mares encrespados
juro que no abrigu temor tan grande por m
como por tu nave, desmantelada de defensas y sin piloto,
que no sucumbiera al alzarse olas tan grandes.
Tres noches de invierno el Noto me arrastr por la inmensa 355
llanura azotndome con el agua; entrev el cuarto da
Italia subido en lo alto de una ola.
Poco a poco nadaba hacia tierra; ya estaba a salvo,
si un pueblo cruel, bajo el peso de una ropa empapada
y agarrndome con las uas a los speros salientes del monte, 360
no me hubiera atacado con sus armas tomndome ignorante por una presa.
Ahora las olas me guardan y los vientos en el litoral me sacuden.
Por la grata luz del cielo y por sus auras,
por tu padre te lo pido, por la esperanza de julo que crece,
lbrame, invicto, de estos males: ponme tierra 365
encima, ya que puedes, y busca los puertos de Velia;
o bien, si hay algn medio, si alguno te muestra
la madre divina (pues no creo que sin el numen de los dioses
te dispongas a cruzar el gran ro y la laguna estigia),
tiende tu diestra a un desgraciado y llvame contigo por las olas, 370
que al menos en la muerte descanse en un lugar tranquilo.
As haba hablado, cuando as comenz la vidente:
De dnde, Palinuro, te viene esta ansia desmedida?
Vas a ver t sin enterrar las aguas estigias y la severa
corriente de las Eumnides y pasars sin que se te ordene al otro lado? 375
No confes en torcer los hados de los dioses con tus splicas,
pero guarda en tu corazn estas palabras, consuelo de tu dura suerte.
Que los comarcanos, conmovidos a lo largo y ancho en las ciudades
por prodigios del cielo, expiarn tus huesos
y un tmulo levantarn y honores rendirn al tmulo, 380
y tendr el lugar para siempre de Palinuro el nombre.
Con estas palabras se alejaron las penas y un momento de su triste
corazn se fue el dolor; se alegra con la tierra de su nombre.
As prosiguen el camino emprendido y se acercan al ro.
Desde las aguas estigias en cuanto los vio el marino 385
marchar por el bosque callado y dirigir sus pasos a la orilla,
as dice el primero y sin ms les increpa:
Seas quien seas, armado que te presentas en nuestro ro,
vamos, di a qu vienes desde ah, y detn tus pasos.
ste es el lugar de las sombras, del sueo y la noche soporosa: 390
cuerpos vivos no puede llevar la barca estigia.
Tampoco me alegr de recibir a Alcides en mi lago
cuando baj, ni a Teseo y Pirtoo,
aunque hijos eran de dioses y de fuerza invencible.
Aqul vino a encadenar con su mano al guardin del Trtaro 395
y lo arranc tembloroso del trono del mismo rey;
stos llegaron para sacar a mi seora del tlamo de Dite.
A lo que repuso en pocas palabras la vidente anfrisia:
Aqu no hay ninguna de esas trampas (no te preocupes),
ni traen las armas violencia; que el ingente portero en su antro 400
ladrando eternamente aterrorice a las sombras exanges,
que casta guarde Prosrpina el umbral de su to paterno.
Eneas de Troya, famoso por su piedad y sus armas,
a su padre busca bajando del rebo a las sombras profundas.
Si nada te conmueve la imagen de piedad tan grande, 405
quiz esta rama (muestra la rama que esconda entre sus ropas)
reconozcas. Entonces se aplaca el corazn henchido de ira,
y no hubo ms. Admirando aqul el venerable presente
de la rama del destino que no vea desde haca tiempo,
gira la popa cerlea y se acerca a la orilla. 410
Despus a otras almas que sentadas estaban en los largos bancos
expulsa y despeja los puentes, al tiempo que recibe en la barca
al corpulento Eneas. Gimi el esquife bajo su peso,
cosido como estaba, y trag mucha agua por las rendijas.
Por ltimo, al otro lado del ro desembarc inclume 415
a la vidente y al hroe sobre el blando cieno y la glauca ova.
El gigante Crbero hace resonar con su triple ladrido
estos reinos tumbados a lo largo delante de la gruta.
La vidente, al ver que ya erizaba sus cuellos de serpientes,
una torta soporosa de miel le arroja y frutas 420
medicinales. l, abriendo sus tres gargantas con hambre rabiosa,
la coge al vuelo, y relaja sus gigantescos miembros
tendido en el suelo y enorme se extiende por el antro.
Se lanza Eneas a la entrada, sepultado el guardin en el sueo,
y abandona raudo la orilla del ro sin retorno. 425
De pronto se escucharon voces y un gran gemido
y nimas de nios llorando, en el umbral justo,
a quienes, sin gozar de la dulce vida y arrancados del seno
los rob el negro da y los sepult en amarga muerte;
junto a ellos, los condenados a muerte sin motivo. 430
Y en verdad no se asignan estos lugares sin juez ni sorteo:
Minos el inquisidor mueve la urna; l convoca
la asamblea silenciosa y discierne las vidas y las culpas.
El lugar inmediato lo ocupan esos desgraciados inocentes
que con su mano se dieron muerte y de la luz hastiados 435
se quitaron la vida. Cmo desearan en el alto ter ahora
soportar su pobreza y las duras fatigas!
La ley se interpone, y la odiosa laguna de triste onda
les ata y la Estige les retiene nueve veces derramada.
No lejos de aqu se extienden hacia todas partes 440
las Llanuras del Llanto; con este nombre las llaman.
Aqu a los que duro amor de cruel consuncin devor
ocultan senderos escondidos y un bosque de mirto
los envuelve; ni en la muerte les dejan sus cuitas.
Por estos lugares distingue a Fedra y a Procris y a la triste 445
Erifile mostrando las heridas de su cruel hijo,
y a Evadne y Pasfae; Laodama les acompaa
y Cneo, mozo un da y hoy mujer de nuevo,
vuelta a su antigua figura por obra del destino.
Entre todas ellas la fenicia Dido, reciente an su herida, 450
errante andaba por la gran selva; el hroe troyano
en cuanto lleg a su lado y la reconoci oscura
entre las sombras, como el que a principios de mes
ve o cree haber visto alzarse la luna entre las nubes,
lgrimas verti y le habl con dulce amor: 455
Infeliz Dido, as que cierta era la noticia
que me lleg de que habas muerto y buscado el final con la espada?
Fui entonces yo, ay!, la causa de tu muerte? Por los astros
juro, por los dioses y por la fe que haya en lo profundo de la tierra;
contra mi deseo, reina, me alej de tus costas. 460
Que los mandatos de los dioses, que ahora a ir entre sombras,
por lugares desolados me fuerzan y una noche cerrada,
me obligaron con su poder, y creer no pude
que con mi marcha te causara un dolor tan grande.
Detnte y no te apartes de mi vista. 465
De quin huyes? Por el hado, esto es lo ltimo que decirte puedo.
Con tales palabras Eneas trataba de calmar el alma
ardiente de torva mirada, y lgrimas verta.
Ella, los ojos clavados en el suelo, segua de espaldas
sin que ms mueva su rostro el discurso emprendido 470
que si fuera de duro pedernal o de roca marpesia.
Se march por fin y hostil se refugi
en el umbroso bosque donde su esposo primero, Siqueo,
comparte sus cuitas y su amor iguala.
Eneas por su parte emocionado con el suceso inicuo 475
y mientras se aleja, llorando la sigue de lejos y se compadece.
Prosiguen entonces el camino marcado. Y ya cruzaban los campos
ltimos, los que, apartados, habitan los famosos en la guerra.
Aqu se le presenta Tideo, aqu famoso en las armas
Partenopeo y el fantasma del plido Adrasto, 480
Oso aqu los Dardnidas tan llorados arriba, en combate
cados, a los que viendo en larga fila, por todos
gimi, a Glauco, Medonte y Tersloco,
hijos los tres de Antnor, y a Polibetes consagrado a Ceres,
y a Ideo, an con su carro y an con sus armas. 485
Numerosas almas le rodean a derecha y a izquierda,
Y no se conforman con haberle visto una vez; les place pararse
Y seguir sus pasos y saber las causas de su llegada.
Pero los jefes de los dnaos ylas falanges de Agamenn
cuando vieron al hroe y sus armas brillantes entre las sombras, 490
se echaron a temblar con gran miedo; unos volvieron la espalda
como buscaron sus naves un da; otros dejaron escapar
un hilo de voz: el grito iniciado se queda en sus gargantas.
Y entonces al hijo de Pramo con el cuerpo destrozado,
a Defobo ve, mutilado cruelmente el rostro, 495
el rostro y ambas manos, y las sienes podadas,
sin las orejas, y las narices truncas en infamante herida.
A duras penas le reconoci, tembloroso y el cruel suplicio
intentando ocultar, y se adelanta con voz conocida:
Defobo, poderoso guerrero de la alta sangre de Teucro, 500
quin pudo gustar de infligirte castigos tan crueles?
A quin se le dio tanto sobre ti? La ltima noche
me trajo la noticia de que, cansado de matar pelasgos,
habas cado t sobre un confuso montn de muertos.
Entonces yo mismo en la costa retea un tmulo inane 505
te levant y con gran voz invoqu tres veces a tus Manes.
Tu nombre y tus armas guardan el lugar; a ti, amigo, verte
no pude ni enterrarte al partir en el suelo de la patria.
A lo que el Primida: Nada descuidaste, amigo mo;
en todo cumpliste con Defobo y con las sombras de su cadver. 510
Pero mis propios hados y el criminal delito de la lacedemonia
en estas penas me hundieron; ella me dej estos recuerdos.
Sabes bien cmo nos descuidamos la ltima noche
entre alegras engaosas: es preciso recordarlo siempre.
Cuando el caballo fatal lleg en su salto a las alturas 515
de Prgamo y grvido trajo en su panza guerreros armados,
ella guiaba a las frigias como en un baile entonando
los cantos de Baco; ella misma sostena en medio una antorcha
enorme y llamaba a los dnaos desde lo alto de la ciudadela.
Agotado entonces de preocupaciones y vencido por el sueo 520
me retuvo mi lecho infausto y de m se apoder al tumbarme
un dulce y profundo descanso en todo semejante a la plcida muerte.
Entre tanto mi egregia esposa saca todas las armas
de mi casa y haba apartado de mi cabeza mi fiel espada:
llama dentro a Menelao y le abre las puertas, 525
pensando, sin duda, que ste sera un buen regalo para su amante
y as poder expiar la fama de antiguas desgracias.
A qu me entretengo? Irrumpen en el tlamo y se les suma
el Elida muidor de crmenes. Dioses, para los griegos cosas
as reservad, si castigo reclamo con boca piadosa. 530
Pero, ea, dime t en respuesta qu avatares te han trado
vivo. Llegas a causa de las peripecias del pilago,
o por orden de los dioses? Qu fortuna te fatiga
para entrar en tristes moradas sin sol, en trbidos lugares?
Con esta conversacin haba ya la Aurora en su cuadriga 535
de rosas pasado la mitad del eje con etrea carrera,
ytal vez as transcurrira todo el tiempo concedido,
mas le advirti su compaera y brevemente le dijo la Sibila:
La noche llega, Eneas, y nosotros pasamos las horas llorando.
ste es el lugar donde el camino se parte en dos direcciones: 540
la derecha lleva al pie de las murallas del gran Dite,
sta ser nuestra ruta al Elisio; la izquierda, sin embargo,
castigo procura a las culpas y manda al Trtaro impo.
Defobo, a su vez: No te enojes, gran sacerdotisa;
me marcho, vuelvo al grupo y regreso a las tinieblas. 545
Ve, ve, gloria nuestra; que tengas hados mejores.
Esto dijo, y an hablando volvi sobre sus pasos.
Mira Eneas atrs y de pronto bajo una roca a la izquierda
ve unas anchas murallas protegidas con un triple muro
que rauda corriente cie de ardientes llamas, 550
el Flegetonte del Trtaro, y arrastra resonantes piedras.
Enfrente queda una puerta enorme y unas columnas de diamante macizo,
tal que ninguna fuerza humana ni los propios habitantes del cielo
podran abrir en son de guerra; una torre de hierro se alza al aire,
Y Tisfone sentada, revestida de un manto de sangre, 555
guarda insomne la entrada de da y de noche.
Por aqu se escuchan gemidos y el chasquido de crueles
azotes con el estridor del hierro y de cadenas arrastradas.
Se detuvo Eneas y escuch el estrpito aterrorizado:
De qu crmenes se trata? Habla, virgen. Con qu penas 560
se les atormenta? A qu tanto lamento por el aire?
Entonces la vidente as comenz a decir: Caudillo famoso de los teucros,
ningn inocente puede detenerse en el umbral de los criminales;
pero a m, cuando Hcate me puso al cuidado de los bosques avernos,
ella misma me mostr los castigos de los dioses y me llev por todas partes. 565
Manda en estos reinos despiadados Radamanto de Cnosos
y castiga y escucha los engaos y a declarar obliga
lo que cada cual entre los vivos, las culpas cometidas,
dej para la muerte tarda contento con un fraude vano.
Al punto la vengadora armada con su ltigo cae saltando, 570
Tisfone, sobre los culpables, y con las torvas serpientes
en la izquierda llama al ejrcito cruel de sus hermanas.
Entonces finalmente chirran sobre su horrsono gozne y se abren
las sagradas puertas. Ves qu guardin hay sentado
a la entrada, qu monstruo guarda los umbrales? 575
La gigantesca Hidra con sus cincuenta negras bocas,
ms cruel an, tiene dentro su sede. Luego es el Trtaro mismo,
que se abre al abismo y se extiende bajo las sombras dos veces
lo que la vista del cielo hasta el Olimpo etreo.
Aqu la antigua prole de la Tierra, los jvenes Titanes, 580
por el rayo abatidos se revuelven en la profunda hondura.
Aqu vi tambin a los dos Aladas, los enormes
cuerpos, los que intentaron rasgar el gran cielo
con sus manos y arrojar a Jove de los reinos superiores.
A Salmneo vi tambin pagando cruel castigo 585
por imitar los fuegos de Jpiter y los sonidos del Olimpo.
Llevado ste por cuatro caballos y agitando una antorcha,
por los pueblos de los griegos y la ciudad en el centro de la lide
marchaba triunfante, y peda para s honor de dioses,
pobre loco que las nubes y el rayo inimitable 590
simulaba con bronces y con el trote de los cascos de los caballos.
Pero el padre todopoderoso blandi su dardo entre el denso
nublado, no antorchas o los fuegos humeantes
de las teas, y lo hundi de cabeza en el profundo abismo.
Tambin a Ticio poda verse, retoo de la madre Tierra, 595
cuyo cuerpo se extiende a lo largo de nueve yugadas
mientras un buitre enorme de corvo pico
devora su hgado inmortal y las entraas fecundas
con el castigo y rebusca en su comida y vive metido
en su pecho sin dar descanso alguno a las fibras renacidas. 600
Para qu mencionar a los Lpitas, a Ixin y Pirtoo?
Sobre ellos una negra roca a punto de caer amenaza
y parece que cae; brillan las patas de oro
de altos lechos suntuosos, y los banquetes preparados ante sus ojos
con lujo de reyes; al lado la mayor de las Furias 605
acecha e impide tocar las mesas con las manos,
y se alza blandiendo la antorcha y atruena con su boca.
Aqu los que odiaron a sus hermanos mientras vivan,
o pegaron a su padre y engaos urdieron a sus clientes,
o quienes tras encontrar un tesoro lo guardaron para ellos 610
y no dieron parte a los suyos (ste es el grupo mayor),
y los muertos por adulterio, y quienes armas siguieron
impas sin miedo a engaar a las diestras de sus seores,
aqu encerrados aguardan su castigo. No trates de saber
qu castigo o qu forma o fortuna sepult a estos hombres. 615
Unos hacen rodar un enorme peasco y de los radios de las ruedas
cuelgan encadenados; sentado est y lo estar para siempre
Teseo, desgraciado, y el misrrimo Flegias a todos
advierte y a grandes voces avisa por las sombras:
Aprended advertidos la justicia y a no despreciar a los dioses. 620
ste vendi su patria por oro y a un dueo poderoso
la someti; leyes hizo y deshizo por dinero;
ste se meti en el lecho de su hija y en himeneos vedados:
todos osaron crmenes horribles y a cabo los llevaron.
No podra yo, as cien lenguas y cien bocas tuviera 625
y una voz de hierro, de sus delitos abarcar todas las formas,
todos los nombres enumerar de los castigos.
Luego que dijo esto la longeva sacerdotisa de Febo,
pero vamos ya, ponte en marcha y acaba la tarea emprendida;
dmonos prisa -aade-; construidas en las fraguas de los Ciclopes 630
las murallas estoy viendo y en el arco de enfrente las puertas
donde nos ordenan depositar las ofrendas debidas.
Haba dicho y a la par marchando por oscuros caminos cubren
la distancia que les separa y a la puerta se aproximan.
Gana Eneas la entrada y asperja su cuerpo 635
con agua fresca y cuelga la rama del umbral frontero.
Por fin, esto cumplido, realizada la ofrenda a la diosa,
llegaron a lugares gozosos y a las amenas praderas
de los bosques bienaventurados y a las felices sedes.
Aqu un aire anchuroso los campos viste de luz 640
purprea, y su propio sol y sus astros conocen.
Unos ponen a punto sus msculos en palestras de hierba,
compiten jugando y pelean en la rubia arena;
otros marcan el baile con los pies y recitan poemas.
All tambin el sacerdote tracio de larga vestidura 645
se acompaa con los siete tonos de los sonidos
y ya los pulsa con los dedos, ya con el plectro marfileo.
Aqu la antigua dinasta de Teucro, hermossima prole,
hroes magnnimos nacidos en tiempos mejores,
Ilo y Asraco y Drdano el fundador de Troya. 650
De lejos contempla las armas de los hroes y sus carros vacos;
estn las lanzas clavadas en tierra y sueltos por todo
el campo pacen los caballos. El gusto que de vivos
tuvieron por carros y armas, ese cuidado en dar de comer
a lustrosos caballos, el mismo les sigue bajo tierra. 655
A otros distingue, en fin, a derecha e izquierda comiendo
por la hierba y entonando el alegre pen en corro
en el bosque perfumado de laurel del que hacia lo alto
corre caudalosa por la selva la corriente del Erdano.
Aqu el grupo de los que recibieron heridas luchando por la patria, 660
y los que fueron castos sacerdotes mientras vivieron,
y los vates piadosos que hablaron dignos de Febo,
o quienes ennoblecieron la vida descubriendo las artes,
quienes por sus mritos lograron que los dems les recordasen:
a todos ellos, nfulas de nieve les cien las sienes. 665
As, esparcidos alrededor como estaban, les habl la Sibila,
y a Museo el primero (pues la multitud lo tiene
en el centro y lo contempla asomando con sus altos hombros):
Decid, nimas felices, y t, el mejor de los vates,
qu regin, qu lugar tiene a Anquises? Por su causa 670
venimos y atravesamos del rebo las aguas caudalosas.
Y esta respuesta le dio el hroe con pocas palabras:
Ninguno tiene morada fija; vivimos en bosques tupidos,
y andamos por los lechos de las riberas y los frescos prados
de los arroyos. Pero vosotros, si en el corazn os lo pone el deseo, 675
pasad este collado y os pondr ya en un camino fcil.
Dijo, y ech a andar delante y desde la altura les muestra
la esplndida llanura; dejan luego las altas cimas.
Y el padre Anquises, en lo hondo de un valle verdeante,
observaba a las almas encerradas que iban a subir al mundo 680
superior fijndose con atencin, y al nmero todo
de los suyos andaba censando, y a sus nietos queridos
y el hado y la fortuna de los hombres, sus costumbres y sus obras.
Y cuando vio a Eneas que le vena al encuentro
por la hierba, le tendi gozoso ambas palmas, 685
se llenaron de lgrimas sus mejillas y la voz se escap de su boca:
Al fin, has llegado! Esa piedad tuya que tu padre anhelaba
ha podido vencer el duro camino? Se me da mirar tu rostro,
hijo mo, y escuchar y responder a voces conocidas?
As ciertamente lo esperaba en mi corazn y pensaba 690
que ocurrira los das contando, y no me enga mi cuidado.
Qu tierras y qu mares inmensos has recorrido
para que te reciba! Por qu peligros has pasado, hijo!
Cmo tem que te daaran los reinos de Libia!
Y Eneas a su vez: Padre, tu triste imagen a menudo 695
se me apareci y me empuj a buscar estos umbrales;
las naves aguardan en el mar tirreno. Dame tu diestra,
dmela, padre mo, y no te sustraigas a mi abrazo.
As diciendo con mucho llanto regaba a la vez su rostro.
Tres veces intent poner los brazos en torno a su cuello; 700
tres veces huy de sus manos la imagen en vano abrazada,
como el viento ligera y en todo semejante al sueo fugitivo.
Ve entretanto Eneas en el fondo de un valle
un apartado bosque y las ramas susurrantes de la selva,
y el ro Lete que corre delante de las plcidas mansiones. 705
A su alrededor gentes innmeras y pueblos volaban:
como las abejas cuando en la calma del verano por los prados
se posan en flores diversas y de los cndidos lirios
en torno se derraman, vibra todo el campo con su murmullo.
Se espanta Eneas, ignorante, por la visin repentina 710
y pregunta los motivos, qu ros son sos,
y quines llenan sus riberas en numeroso grupo.
A eso el padre Anquises: nimas a las que otro cuerpo
se debe por el hado, junto a las aguas del ro Lete
beben el lquido sereno y largos olvidos. 715
Hace ya tiempo que quiero hablarte de ellas y delante
ponrtelas, enumerarte esta prole de los mos,
para que ms te alegres conmigo de haber encontrado Italia.
Padre mo, hay que pensar entonces que de aqu suben al cielo
ligeras algunas almas y de nuevo regresan a los torpes 720
cuerpos? Qu ansia tan cruel de luz es la de estos desgraciados?
Te lo dir en verdad y no te dejar, hijo, sin respuesta,
comienza Anquises y por orden va explicando cada cosa.
Para empezar, el cielo y las tierras y los lquidos llanos
y el luminoso globo de la luna y el astro titanio, 725
un espritu interior los alienta y un alma metida en sus miembros
da vida a la mole entera y se mezcla con el gran cuerpo.
De ah la estirpe de los hombres y los ganados y la vida de las aves
y los monstruos que el ponto guarda bajo la superficie de mrmol.
De fuego es su vigor y celeste el origen 730
eso de las semillas, en tanto no las gravan cuerpos dainos
o partes terrenales las embotan y miembros que han de morir.
Entonces temen y desean, sufren y gozan y las auras
no ven, encerradas en las tinieblas y en una crcel ciega.
Y as, cuando en el da supremo las deja la vida, 735
no por ello todo mal abandona a las desgraciadas
ni del todo el contagio del cuerpo, y es bien natural
que misteriosamente arraiguen muchas adherencias.
De modo que se las prueba con penas y de antiguas culpas
sufren el castigo. Unas colgadas se abren 740
a los vientos inanes, de otras en vasto remolino
se lava el crimen infecto o con fuego se quema;
cada cual padecemos los propios Manes; despus se nos suelta
por el Elisio anchuroso, y unos cuantos ocupamos los campos felices
hasta que el largo da, cumplido el ciclo del tiempo, 745
limpia la impureza arraigada y puro deja
el sentido etreo y el fuego del aura primitiva.
A todas ellas, luego que durante mil aos giraron la rueda,
el dios las llama en numeroso grupo al ro Lete,
para que sin memoria de nuevo contemplen la bveda del cielo 750
ya desear empiecen otra vez entrar en un cuerpo.
Haba dicho Anquises, y a su hijo junto con la Sibila
lleva al centro de una asamblea y una ruidosa muchedumbre,
Y gana una altura desde donde ver pueden en larga fila
a todos de frente, y conocer los rostros de los que llegan. 755
Mira ahora, qu gloria ha de seguir en adelante a la raza
de Drdano, qu descendencia aguarda a la tala estirpe,
almas ilustres y que han de sumarse a nuestro nombre,
te explicar con palabras, y te har ver tu propio destino.
Aquel joven -es- que se apoya sobre el asta pura, 760
ocupa por suertes el lugar ms cercano a la luz, el primero a las auras
etreas subir con mezcla de tala sangre,
Silvio, nombre albano, tu pstuma prole
que, longevo, tarde tu esposa Lavinia
te criar en las selvas, rey y padre de reyes, 765
de donde nuestra raza dominar en Alba Longa.
A su lado est Procas, gloria del pueblo troyano,
y Capis y Numitor y el que te har volver con su nombre,
Silvio Eneas, por igual en piedad y en armas
egregio, si alguna vez recibe el reino de Alba. 770
Qu jvenes! Qu fuerza demuestran mira-
y qu sienes cie con su sombra la cvica encina!
stos Nomento y Gabios y la ciudad de Fidena,
stos el alczar colatino levantarn para ti sobre los montes,
Pometios y Castro de Inuo y Bola y Cora; 780
stos sern sus nombres luego, hoy son tierras sin nombre.
Y el hijo de Marte se har compaero del abuelo,
Rmulo, a quien de la sangre de Asraco su madre Ilia
parir. No ves cmo se alzan sobre su cabeza dos crestas
y el mismo padre de los dioses ya con su honor lo seala?
Ah, hijo! Bajos los auspicios de ste aquella nclita Roma
igualar su imperio con las tierras, su espritu con el Olimpo,
y una que es rodear sus siete alczares con un muro,
bendita por su prole de hroe, como la madre Berecintia
coronada de torres se deja llevar en su carro por las ciudades frigias 785
gozosa con el parto de dioses, abrazando a sus cien nietos,
habitantes todos del cielo, todos en las regiones superiores.
Vuelve hacia aqu tus ojos, mira este pueblo
y a tus romanos. Aqu, Csar y toda de Julo
la progenie que ha de llegar bajo el gran eje del cielo. 790
ste es, ste es el hombre que a menudo escuchas te ha sido prometido,
Augusto Csar, hijo del divo, que fundar los siglos
de oro de nuevo en el Lacio por los campos que un da
gobernara Saturno, y hasta los garamantes y los indos
llevar su imperio; se extiende su tierra allende las estrellas, 795
allende los caminos del ao y del sol, donde Atlante portador del cielo
hace girar sobre sus hombros un eje tachonado de lucientes astros.
Ante su llegada, ahora ya se horrorizan los reinos caspios
con las respuestas de los dioses y la tierra meotia,
y se estremecen las siete bocas temblorosas del Nilo. 800
Ni aun Alcides recorri tanta tierra,
bien que asaetease a la cierva de patas de bronce o de Erimanto
en los bosques pusiera paz y temblar hiciera a Lerna con su arco;
ni el que victorioso lleva sus yuntas con riendas de pmpanos,
Lber, bajando tigres de la elevada cumbre del Nisa. 805
Y an dudamos en extender el valor con hazaas,
o el miedo nos impide quedarnos en la tierra de Ausonia?
Quin es aquel que lleva a lo lejos los smbolos sagrados
distinguido con la rama del olivo? Reconozco el cabello y la barba
canosa del rey romano que con sus leyes la ciudad primera 810
fundar, de la pequea Cures y de una pobre tierra
lanzado a un gran imperio. A ste le seguir despus
Tulo, quien romper los ocios de la patria y a sus hombres inactivos
mandar a la guerra y a escuadrones ya sin costumbre 815
de triunfos. De cerca le sigue Anco, demasiado orgulloso,
que incluso ya aqu goza en demasa con el favor del pueblo.
Quieres ver tambin a los reyes Tarquinios y el alma
orgullosa del vengador Bruto y las fasces recobradas?
La autoridad del cnsul l ser el primero en recibir y las crueles
segures y, padre, en nombre de la hermosa libertad 820
pedir el castigo para sus hijos por levantar guerras nuevas,
desgraciado comoquiera que juzguen esto sus descendientes:
Vencer el amor de la patria y un ansia de gloria sin medida.
Tambin a Decios y Drusos a lo lejos y a Torcuato mira
cruel con su segur y a Camilo que recupera las enseas. 825
Pero aquellas almas que ves brillar con armas parecidas,
en paz ahora y mientras esta noche las contenga,
ay! Qu guerra terrible entre ellas, si la luz de la vida
llegan a alcanzar, qu ejrcitos movern y qu matanza:
el suegro bajando de las laderas alpinas y la roca 830
de Moneco, el yerno frente a l con las tropas de oriente!
No, muchachos, no acostumbris vuestro nimo a guerras tan grandes
ni volvis fuerzas poderosas contra las entraas de la patria,
y t ms, perdona t que eres del linaje del Olimpo,
arroja las armas de tu mano, sangre ma! 835
Aqul, sometida Corinto, su carro llevar victorioso
al alto Capitolio, insigne por la matanza de aqueos.
Abatir aqul Argos y de Agamenn la Micenas
e incluso a un Ecida, estirpe de Aquiles poderoso en las armas,
vengando a los antepasado de Troya y los templos mancillados de Minerva. 840
Quin dejar de nombrarte, gran Catn, o a ti, Coso?
Quin la estirpe de Graco o a los dos Escipiones,
dos rayos de la guerra, azote de Libia, y al poderoso en lo poco,
Fabricio, o a ti, Serrano, sembrando tus surcos?
A dnde me llevis cansado, Fabios? T el Mximo aqul eres, 845
quien solo, contemporizando, nos salvas el estado.
Labrarn otros con ms gracia bronces animados
(no lo dudo), sacarn rostros vivos del mrmol,
dirn mejor sus discursos, y los caminos del cielo
trazarn con su comps y describirn el orto de los astros: 850
t, romano, piensa en gobernar bajo tu poder a los pueblos
(stas sern tus artes), y a la paz ponerle normas,
perdonar a los sometidos y abatir a los soberbios.
As, el padre Anquises, y aade ante su asombro:
Mira cmo llega Marcelo sealado por opimo 855
botn y vencedor sobresale entre todos los soldados.
ste los intereses de Roma en medio de gran revuelta
afirmar a caballo, tumbar a los pnicos y al galo rebelde,
y colgar el tercero al padre Quirino las armas capturadas.
Y entonces Eneas (pues a su lado marchar vea 860
a un joven de hermoso aspecto y armas brillantes,
mas ensombrecida su frente y los ojos en un rostro abatido):
Quin, padre, es aquel que as acompaa el caminar del hroe?
Su hijo o alguno de la gran estirpe de sus nietos?
Qu estrpito forma su squito! Qu talla la suya! 865
Pero una negra noche de triste sombra vuela en torno a su cabeza.
A lo que el padre Anquises sin contener las lgrimas repuso:
Ay, hijo! No preguntes por un gran duelo de los tuyos;
los hados lo mostrarn a las tierras slo y que ms sea
no habrn de consentir. La descendencia romana demasiado poderosa 870
os parecera, dioses, si hubiera contado con este presente.
Cmo se llenar de gemidos de hombres el campo aquel
junto a la gran ciudad de Marte! Y qu funerales vers,
Tiberino, cuando pases lamiendo el tmulo reciente!
Ningn hijo del pueblo troyano har llegar tan lejos 875
las esperanzas de los padres latinos, ni se jactar tanto
la tierra de Rmulo nunca con ninguno de sus retoos.
Ay, piedad! Ay, fe de los antiguos y diestra invicta
en la guerra! Nadie habra salido a su encuentro en armas
impunemente, bien que a pie fuera contra el enemigo, 880
bien que clavase su espuela en los ijares del espumante caballo.
Pobre muchacho, ay! Si puedes quebrar un spero sino,
t sers Marcelo. Dadme lirios a manos llenas,
que he de cubrirlo de flores de prpura y colmar el alma
de mi nieto al menos con estos presentes, y cumplir una huera 885
ofrenda. As vagan sin rumbo por la regin entera
en los anchos campos areos y todo recorren.
Luego que Anquises llev a su hijo a ver cada cosa
y encendi su corazn con el ansia de la fama venidera,
cuenta despus las guerras al hroe que ha de pasar 890
y le muestra los pueblos laurentes y la ciudad de Latino,
y cmo y qu fatigas ha de evitar y ha de soportar.
Dos son las puertas del Sueo, de las cuales una se dice
de cuerno, por donde fcil salida se da a las sombras verdaderas;
la otra resplandece del brillante marfil que la forma 895
pero envan los Manes al cielo los falsos ensueos.
All Anquises lleva luego a su hijo junto con la Sibila
con estas palabras y los saca por la puerta marfilea,
va este derecho a las naves y encuentra a sus compaeros.
Se dirige entonces por la costa al puerto de Cayeta. 900
Cae el ncora de la proa; se yerguen las naves en la playa.
LIBRO VII
T tambin a nuestros litorales, oh nodriza de Eneas,
fama diste inmortal con tu muerte, Cayeta;
y an hoy conservan tus honras el lugar y los huesos tu nombre
en Hesperia la grande -si gloria es eso- seala.
El piadoso Eneas, celebradas debidamente las exequias, 5
levantando el terrapln del tmulo, luego que callaron
los mares profundos, abre camino a sus velas y el puerto abandona.
Brisas lo llevan soplando hacia la noche y no oculta el rumbo
una luna brillante, esplende el mar a la luz temblorosa.
Pasan rozando las cercanas costas de la tierra de Circe, 10
donde la exhuberante hija del Sol recnditos bosques
hace que resuenen de su canto continuo, y a las luces de la noche
en moradas soberbias quema el cedro oloroso
mientras recorre las delicadas telas con afilado peine.
Se escuchan all los gemidos y la furia de los leones 15
que cadenas rechazan y rugen bien entrada la noche;
y los cerdos erizados de pas y los osos enfurecidos
en sus jaulas y el aullido de las sombras de lobos enormes:
a todos de su aspecto humano la diosa cruel con poderosas hierbas
los haba cambiado, Circe, en rostro y cuerpos de fieras. 20
Para que maravilla semejante no sufrieran los piadosos troyanos
si entraban en el puerto, ni padecieran un litoral cruel,
Neptuno llen sus velas de vientos favorables,
propici su huida y los lanz ms all de hiervientes escollos.
Y ya enrojeca con sus rayos el mar y desde el alto ter 25
la Aurora brillaba de azafrn en su biga de rosas,
cuando se posaron los vientos y se detuvo de repente todo
soplo y se esfuerzan los remos en el tardo mrmol.
Y ve entonces Eneas un enorme bosque
desde el mar. Aqu el Tiber de amena corriente 30
y rpidas crestas y rubio de la mucha arena
irrumpe en el mar. Alrededor y en lo alto frecuentan
aves diversas sus orillas y el curso del ro
endulzando el aire con su canto y volaban por el bosque.
Torcer el rumbo ordena a sus compaeros y volver las proas 35
a tierra y alegre se adentra en la corriente umbrosa.
Ahora ea, Erato. He de contar qu reyes, qu tiempos,
cul era en el Lacio antiguo el estado de las cosas,
cuando un ejrcito extranjero llev su flota
a las costas ausonias, y cantar el origen de la lucha primera. 40
T, diosa, ilumina t al vate. He de decir guerras horribles,
he de decir ejrcitos formados y reyes que el valor condujo a la muerte
y las tropas tirrenas y toda entera sometida alas armas
Hesperia. Se alza ante m una serie mayor de sucesos,
emprendo una obra an ms grande. 45
Reinaba el rey Latino,
ya anciano, en larga paz sobre campos y tranquilas ciudades.
Que era ste nacido de Fauno yla Ninfa laurente Marica
sabemos; Pico fue el padre de Fauno y a ti, Saturno,
por padre te tiene ste: eres t el origen remoto de esta sangre.
No tena hijo Latino por sino de los dioses ni le quedaba 50
de varones prole alguna, que haba perdido en el surgir de la primera juventud.
Sola guardaba su casa y posesiones tan grandes una hija,
madura ya para varn, ya con los aos de casar cumplidos.
Muchos la pretendan del gran Lacio y de Ausonia
entera; la pretenda el ms bello que todos los otros, 55
Turno, poderoso de abuelo ybisabuelo, a quien la regia esposa
animaba con ansia sorprendente a unrsele por yerno;
mas portentos divinos lo impiden con terrores diversos.
Haba un laurel en medio de la casa, en lo ms hondo,
de sagrado follaje y cuidado con reverencia durante muchos aos, 60
que, se deca, el padre Latino en persona encontr y consagr
a Febo, al fundar de la ciudad los cimientos,
y que por l puso de nombre laurentes a los colonos.
De aqul en lo ms alto una nube de abejas
(asombra contarlo) se instal, llevadas por el aire 65
transparente con intenso zumbido y se colg con las patas trabadas
un repentino enjambre de la rama frondosa.
Al punto el vate dijo: Vemos que llega
un hombre extranjero, y que del mismo sitio viene
al mismo sitio y se apodera de la alta fortaleza. 70
Adems, mientras los altares perfumaba con castas antorchas
y junto a su padre en pie estaba la joven Lavinia,
se vio (qu espanto!) que un fuego prenda en el largo cabello
y arda todo su tocado entre llamas crepitantes,
abrasado su pelo de reina, abrasada la corona 75
cuajada de gemas; llena de humo, entonces, la envolva
una luz amarilla y extenda a Vulcano por toda la casa.
Contaban esta visin como algo horrible y asombroso,
pues anunciaba que ilustre y famoso sera su propio
destino, pero que gran guerra habra de traer a su pueblo. 80
Entonces el rey, preocupado por estos fenmenos, de Fauno el orculo,
su padre clarividente, busca y consulta los bosques
al pie de la alta Albnea, donde resuena la mayor de las selvas
con su fuente sagrada que, sombra, exhala terribles vapores.
Aqu los pueblos de Italia y toda la tierra de Enotria 85
respuesta buscan en la duda; aqu el sacerdote,
cuando lleva su ofrenda y en la noche callada se acuesta
en pellejos de velludas ovejas y el sueo concilia,
puede ver con maravillosas figuras muchas imgenes volar
y escucha voces diversas y de la conversacin goza 90
de los dioses y habla con el Aqueronte del profundo Averno.
Aqu tambin entonces el padre Latino respuesta buscando
sacrificaba segn el rito cien lanudas ovejas y acostado
descansaba sobre sus vellones extendidos.
De la hondura del bosque le lleg una voz repentina: 95
No pretendas casar a tu hija con un matrimonio latino,
oh, sangre ma, ni confes en el tlamo ya preparado.
Yernos vendrn extranjeros que con su sangre nuestro
nombre llevarn a los astros y cuyos descendientes
todo vern caer bajo sus pies, todo gobernarn 100
cuanto ve el sol al correr de uno a otro Ocano.
No guarda en su boca Latino esta respuesta
de su padre Fauno ni los consejos recibidos en la noche callada,
sino que ya la Fama que vuela alrededor por las ciudades
ausonias los haba llevado, cuando la juventud laomedontia 105
at sus naves a la pendiente hermosa de la orilla.
Eneas y sus jefes primeros y el apuesto Julo
dan con sus cuerpos bajo las ramas de un rbol alto,
y ordenan un banquete y disponen por la hierba bajo los alimentos
tortas de harina (as el propio Jpiter se lo inspiraba) 110
y colman de frutas silvestres el suelo cereal.
Aqu por caso, cuando todo acabaron y la poca comida les oblig
a hincar el diente en la delgada pasta de Ceres
y a violar con manos y audaces mandbulas el crculo
de las tortas del destino, sin dejar siquiera los anchos cuadros: 115
Vaya! Hasta las mesas nos comemos?, exclam Julo
y nada ms, en broma. El escuchar estas palabras por vez primera
trajo el final de las fatigas, y al punto las arranc el padre
de la boca de quien las dijo y le hizo callar pasmado del augurio.
Al punto: Salve, tierra que el destino nos deba, 120
y salve a vosotros -dijo-, leales Penates de Troya.
Aqu est mi casa, sta es mi patria. Pues ya mi padre
Anquises (ahora lo recuerdo) me dej estos arcanos del destino:
Cuando, hijo mo, ests en litoral desconocido y por el hambre
te veas obligado, agotadas las viandas, a devorar las mesas, 125
acurdate, aun cansado, de esperar tus casas y de con tu mano
levantar all tu primera morada y disponer alrededor un muro.
sta era el hambre aqulla, sta por ltimo nos aguardaba
para marcar el fin de nuestros sufrimientos.
As que nimo y, contentos, con la primera luz del sol 130
qu lugares o qu hombres los ocupan, dnde las murallas del pueblo
investiguemos y salgamos del puerto por diversos caminos.
Libad ahora las pteras a Jpiter y con preces llamad
a mi padre Anquises, y reponed el vino de las mesas.
Despus de hablar as cie sus sienes con una frondosa 135
rama y al genio del lugar y a la primera de las diosas,
la Tierra, y a las Ninfas y a los ros an desconocidos
invoca, como a la Noche y de la Noche a los astros nacientes
y a Jpiter Ideo y a la madre frigia por orden
les reza y a su madre en el cielo y en el rebo al padre. 140
Tron entonces tres veces el padre todopoderoso, brillante
en lo alto del cielo, y con sus rayos y el oro de la luz por su mano
mostr una nube ardiente sacudindola desde el ter.
Corre de pronto en el campo troyano el rumor
de que el da haba llegado en que la muralla debida fundaran. 145
Reanudan encendidos el banquete y ante visin tan grande
llenan alegres las crateras y coronan el vino.
Cuando la luz del da siguiente a baar empezaba
las tierras, la ciudad y el territorio y las costas de ese pueblo
exploran por caminos diversos: stas eran las aguas de la frente del Numico, 150
ste el ro Tber, aqu vivan los valientes latinos.
Entonces el hijo de Anquises ordena marchar al augusto
recinto del rey a cien oradores elegidos entre todas
las clases, cubiertos todos con las ramas de Palas,
a llevarle presentes y pedir la paz para los teucros. 155
Sin tardanza se apresuran a cumplir la orden y van
a toda prisa. l marca las murallas con un surco en el suelo
y prepara el lugar y, a la manera de los campamentos,
rodea el emplazamiento primero de la costa con un terrapln y unas almenas.
Y ya divisaban los jvenes, cubierto el camino, las torres 160
y los altos tejados de los latinos y llegaban al muro.
Delante de la ciudad nios y jvenes en la flor primera
practican a caballo y prueban sus carros en el polvo,
o tensan los dificiles arcos o agitan con sus brazos
pesadas lanzas, y compiten corriendo o a golpes, 165
cuando un mensajero se adelanta a caballo y lleva
a odos del anciano rey que han llegado unos hombres
enormes de extraa vestidura. l ordena que sean llevados
a palacio y se sienta en el centro en el trono de sus mayores.
Estaba en lo alto de la ciudad la augusta morada, 170
enorme, alzada sobre cien columnas, el palacio del laurente Pico,
imponente de selvas y por la devocin de los mayores.
Aqu quera el augurio que recibieran los reyes el cetro
y levantasen las primeras fasces; era ste su templo, la curia,
ste el lugar de sus sagrados banquetes; aqu, matando el carnero, 175
solan sentarse los padres en mesas corridas.
Aparecan adems por orden las efigies de los antepasados
en rancia madera de cedro, talo y el padre Sabino
plantador de la vid, con una corva hoz bajo su figura,
y el anciano Saturno y la imagen de Jano bifronte 180
estaban en el vestbulo y desde el principio los dems reyes
con las heridas de Marte recibidas luchando por la patria.
Y muchas armas adems sobre sagrados postes,
cuelgan carros prisioneros y corvas segures
y penachos de yelmos y enormes cerrojos de las puertas 185
y lanzas y escudos y las quillas arrancadas a las naves.
El propio Pico apareca sentado, el domador de caballos,
con la trompeta de Quirino y ceido de breve trbea,
y en la izquierda llevaba un escudo; a ste su esposa, loca de pasin,
golpendolo con varita de oro y con filtros cambindolo, 190
Circe, pjaro lo volvi y salpic de colores sus alas.
Del interior de tal templo, sentado en el trono de sus padres,
Latino llam a los teucros a su lado y les hizo pasar,
y una vez all les dice el primero con boca placentera:
Decidme, Dardnidas (pues no nos es vuestra ciudad desconocida 195
ni vuestra raza, y hemos odo que andis vagando por el mar),
qu buscis? Qu motivo o qu necesidad arrastr
vuestras naves a la playa de Ausonia por vados cerleos?
Bien por errar la ruta, bien llevados de las tempestades
cual a menudo sucede en alta mar a los marinos, 200
os habis adentrado en las orillas del ro e instalado en el puerto.
No evitis nuestra hospitalidad ni queris ignorar a los latinos,
raza de Saturno que es justa no por ley o atadura,
sino por voluntad propia y siguiendo el ejemplo del antiguo dios.
Que recuerdo, en efecto (aunque los aos oscurecen los hechos), 205
que as lo contaban los viejos auruncos, cmo nacido en estos campos
lleg Drdano hasta las ciudades ideas de Frigia
y a la Samos de Tracia, que ahora llaman Samotracia.
A aquel que de aqu parti del tirreno solar de Crito,
ahora en solio de oro la morada regia del cielo estrellado 210
lo acoge y aumenta en los altares el nmero de los dioses.
Dijo, y con estas palabras le sigue Ilioneo:
Rey de la egregia estirpe de Fauno, ni la negra tormenta
nos oblig, llevados de las olas, a arribar a esta tierra vuestra
ni la estrella o la costa nos hicieron errar el camino. 215
Hemos llegado a esta ciudad por decisin propia y querindolo
en nuestro corazn, expulsados del reino ms grande
que un da el sol contempl en su camino desde el Olimpo.
De Jove el origen de la raza nuestra, la juventud dardnida
se enorgullece de su padre Jove y de la raza suprema de Jove nuestro rey: 220
el troyano Eneas nos ha trado hasta tus umbrales.
De qu manera de la cruel Micenas se desat por los ideos
campos la tempestad, por qu hados llevados de una y otra parte
se enfrentaron el mundo de Europa y el de Asia,
lo saben tanto el que el lmite de las tierras aleja 225
donde refluye el Ocano como aquel a quien separa la zona del sol inicuo
que se extiende en medio de las otras cuatro.
Despus de aquel desastre llevados por tantos vastos mares,
buscamos un pequeo solar para los dioses patrios y una costa
tranquila, y agua y aire libre para todos. 230
No seremos indignos de vuestro reino ni ser pequea
vuestra fama ni se borrar la gracia de tan grande favor,
ni habrn de arrepentirse los ausonios de acoger a Troya en su regazo.
Que lo juro por los hados y la diestra poderosa de Eneas,
si alguno hay que la haya conocido en tratos o en armas y guerra; 235
muchos pueblos, muchas naciones (no nos desprecies, aunque
nos veas con cintas en las manos y palabras suplicantes)
nos requirieron y quisieron unirnos con ellos;
mas los hados de los dioses nos obligaron con su fuerza
a buscar vuestras tierras. De aqu procede Drdano, 240
aqu nos manda de nuevo Apolo y nos obliga con sus rdenes
al Tiber tirreno y a las sagradas aguas de la fuente del Numico.
A ti te entrega adems, como presentes, exiguos testigos
de una mejor fortuna, restos salvados de las llamas de Troya.
Con este oro libaba el padre Anquises junto a los altares, 245
ste era el ornato de Pramo cuando imparta justicia
segn la costumbre a los pueblos convocados, el cetro y la tiara
santa y su vestido, labor de las troyanas.
A tales palabras de llioneo fijos Latino mantena el rostro
y la mirada y no los apartaba sin moverse del suelo, 250
volviendo sus ojos atentos. Y ni la prpura bordada
distrae al rey ni le distraen los cetros de Pramo tanto
cuanto pensando est en la boda y el tlamo de la hija,
y da vueltas en su corazn al antiguo aviso de Fauno;
ste era aquel yerno venido de un pas extranjero 255
que anunciaba el destino y con iguales auspicios
llamado estaba a reinar, de ste la estirpe que por su valor
sera famosa y habra de llenar con sus fuerzas el orbe entero.
Contento al fin exclama: Secunden los dioses nuestros planes
y su propio augurio! Se te dar, troyano, lo que pides, 260
y no desprecio tus regalos. Mientras sea rey Latino la riqueza
no os faltar de un buen campo o la opulencia de Troya.
As que, venga Eneas en persona, si tanto deseo tiene de nosotros,
si es que tiene prisa en sellar nuestra hospitalidad
y ser llamado nuestro aliado, y no se esconda de rostros amigos: 265
prenda ser para m de paz estrechar la diestra de vuestro jefe.
Volved a llevar ahora a vuestro rey mis palabras:
una hija tengo que segn las suertes del templo de mi padre
no debe casarse con varn de nuestra raza, ni lo permiten
muchas seales del cielo; avisan que de costas lejanas 270
yernos vendrn -que ste es el futuro del Lacio- que con su sangre
alzarn nuestro nombre a las estrellas. Y yo creo que ste
es aquel que el destino reclama y as si es buen adivino el corazn, lo deseo.
Dicho esto el padre elige caballos de su manada
(trescientos aguardaban relucientes en altos establos), 275
y al punto ordena que para todos los teucros sean llevados por orden
los alados corceles enjaezados de prpura y telas bordadas
(de los pechos les cuelgan collares de cuentas de oro,
de oro cubiertos, oro amarillo muerden entre los dientes),
para el ausente Eneas un carro y una pareja para el yugo 280
de celestial simiente que fuego respira por la nariz,
de la raza de aquellos que a su padre rob la maga Circe
y cri bastardos de una madre que les haba puesto debajo.
Con presentes tales los Enadas y con las palabras de Latino
regresan altivos sobre sus caballos y llevan ofertas de paz. 285
Mas he aqu que volva de la Argos del naco
la cruel esposa de Jpiter y volaba por los aires,
y divis a los lejos desde el cielo al feliz Eneas
y a la flota dardania por encima del sculo Paquino.
Ve cmo se alzan ya las casas, que se entregan confiados a la tierra, 290
que han abandonado los barcos; clavada se qued de aguda rabia.
Sacudiendo entonces la cabeza estas palabras saca de su pecho:
Ay raza odiada y a nuestros hados contrarios
hados de los frigios! As que no cayeron en los campos sigeos,
no pudieron tampoco caer prisioneros, ni quem el incendio 295
de Troya a sus guerreros? En plena batalla y entre el fuego
supieron hallar una salida. As que, ya veo, al fin mi numen
yace agotado, o saciado mi odio me he cruzado de brazos.
Para eso me lanc a perseguirlos, arrojados de su patria,
con vehemencia porlas aguas y a impedir por todo el mar su huida! 300
Agotado se han las fuerzas del mar y del cielo contra los teucros.
De qu me sirvieron las Sirtes o Escila, de qu Caribdis
enorme? Ya se refugian en el ansiado cauce del Tiber
sin miedo del pilago o de m. Fue Marte capaz de perder
al pueblo de los Lpitas gigantes; el propio padre de los dioses 305
entreg la antigua Calidn a la ira de Diana,
y qu delito cometieron Lpitas y Calidn para merecerlo?
Y heme aqu, la gran esposa de Jove que, pobre de m,
nada dej por intentar, que a todo me he lnzado,
vencida ahora por Eneas. Pues bien, si mi numen 310
no es bastante, no he de dudar ciertamente en implorar donde sea:
si domear no puedo a los de arriba, mover al Aqueronte.
No me ser dado alejarlos del reino latino -sea-
y sin cambio sigue por el destino la esposa Lavinia;
mas aadir y acumular obstculos puedo a cosas tan grandes, 315
en dos puedo dividir a los pueblos de estos reyes.
Este precio pagarn los suyos, si suegro y yerno se unen:
de sangre troyana y rtula tendrs la dote, muchacha,
y Belona ser la diosa que presida tu boda. No ha sido sola
la hija de Ciseo en parir, preada de la tea, fuegos conyugales; 320
tambin Venus tendr su parto y habr un nuevo Paris,
y de nuevo funestas alumbrarn las antorchas a la Prgamo que renace.
Luego que dijo esto horrenda descendi a tierra;
a la enlutada Alecto de la sede de las diosas crueles
saca y de la tiniebla infernal, a la que ama las guerras 325
dolorosas, las iras, las insidias y los crmenes dainos.
Hasta Plutn, su padre, la odia y sus hermanas del Trtaro
odian al monstruo: en tantos rostros se transforma,
con tan crueles caras aparece, tan negra de culebras.
Juno la provoca con estas palabras, y as le dice: 330
Brndame tu ayuda favorable, muchacha nacida de la Noche,
colabora para que mi honor no ceda ni se quebrante
mi fama en el lugar, que con bodas no puedan los Enadas
ganarse a Latino ni en territorio talo instalarse.
En tus manos est lanzar al combate a hermanos de igual alma 335
y derribar las mansiones con el odio; t puedes meter tu fusta
en las casas y las antorchas funerales; t tienes mil nombres
y mil formas de daar. Sacude tu pecho fecundo,
rompe el arreglo de paz, siembra crmenes de guerra.
Que anse las armas, las pida ylas empue la juventud. 340
Sale Alecto infestada del veneno de la Gorgona
y el Lacio primero y los altos techos del caudillo
laurente busca, y se sienta en el callado umbral de Amata,
a la que, ardiente, quemaban adems de la llegada de los teucros
y las bodas de Turno, cuitas y enojos de mujer. 345
A ella la diosa de cabellos cerleos una sola serpiente
le lanza que se mete en su seno hasta lo hondo del pecho,
para que, enfurecida por el monstruo, sacuda la casa entera.
Se desliza ella entre el vestido y el suave pecho
yvueltas da sin contacto alguno y engaa a la enfurecida 350
inspirndole aliento de vbora; se vuelve la culebra
enorme collar de oro en su cuello, se vuelve remate de cinta
y cie sus cabellos y lbrica vaga por sus miembros.
Y mientras el contagio primero con su hmedo veneno
ataca sus sentidos y envuelve sus huecos en fuego 355
y an su nimo no recibe la llama en todo el pecho,
habl dulcemente y a la manera que las madres acostumbran,
llorando y llorando por su hija y el himeneo frigio:
A unos teucros sin patria ser entregada mi Lavinia,
padre, y no tendrs piedad ni de ti ni de su hija? 360
Y no tendrs piedad de una madre a quien el prfido pirata
dejar con el primer Aquiln, llevndose a su hija a alta mar?
Es que no fue as cmo entr en Lacedemonia el pastor frigio
y a Helena se llev, la hija de Leda, a la ciudad troyana?
Qu hay de tu sagrada palabra? Qu de tu antiguo cuidado por los tuyos 365
y de tu diestra, que tantas veces diste a tu pariente Turno?
Si para yerno se busca a uno de un pueblo que no sea latino
y as est decidido y el mandato te obliga de tu padre Fauno,
pienso en verdad que toda la tierra que est libre de tu cetro
es extranjera, y que as lo proclaman los dioses. 370
Y de Turno, si hay que buscar el origen primero de su casa,
naco yAcrisio son los padres yMicenas la patria.
Cuando advirtiendo que ha hablado en vano ve que Latino
sigue en su contra, y hasta el fondo de su corazn se desliza
el veneno furioso de la serpiente y por completo la gana, 375
entonces la infeliz empujada por terribles visiones
enloquece fuera de s sin freno por la inmensa ciudad.
Como el trompo gira impulsado por la cuerda retorcida
con el que los nios en gran corro juegan por los patios vacos
y practican atentos su juego: l va trazando crculos 380
al golpe de la cuerda; pasmados miran desde lo alto
los grupos de nios ante el boj volandero;
las vueltas le dan fuerzas. No en carrera ms lenta
se agita Amata por la ciudad y entre la gente fiera.
Luego, fingindose bajo el numen de Baco por los bosques 385
se entrega a un delito mayor y en alas de una mayor locura
vuela y esconde a su hija en los montes frondosos,
para arrancrsela del tlamo a los teucros y retrasar las teas,
gritando Evoh, Baco, slo t digno de mi hija
vociferando, que empue para ti los blandos tirsos, 390
que te rodee con su danza, que para ti alimente su cabello sagrado.
Vuela la noticia y a todas las madres, el pecho encendido
por la furia, empuja el mismo ardor a buscar nuevos techos.
Sus casas dejaron, entregan al viento su pelo y su cuello;
algunas llenan el aire de trmulo ulular 395
y vestidas con pieles portan las lanzas de pmpanos.
Ella en medio de todas sostiene fervorosa el pino
ardiente y canta las bodas de su hija con Turno,
torciendo una mirada de sangre, y en tono siniestro
exclama de pronto: Madres del Lacio, eh! Escuchadme! 400
Si alguna gracia para la infortunada Amata queda
en vuestros pos corazones y os muerde el diente del derecho materno,
desatad las cintas de vuestro pelo, venid a la orga conmigo.
As lleva de un lado para otro Alecto a la reina,
por bosques y lugares slo de alimaas con el estmulo de Baco. 405
Cuando entendi que haba aguzado bastante su furor primero
y que haba dado en tierra con los planes y la casa de Latino,
la diosa triste de las alas foscas vuela de aqu en seguida
a los muros del rtulo audaz, ciudad que, dicen,
Dnae fundara con colonos acrisioneos 410
impulsada por la fuerza del Noto. Hay un lugar que Ardea
llamaron un da los mayores, y hoy Ardea sigue siendo su gran nombre,
aunque pas su suerte. Aqu bajo altos techos Turno
gozaba ya de un profundo descanso en una noche negra.
Alecto se quita su torva faz y sus miembros 415
furiosos y se transforma en la figura de una anciana
y ara de arrugas su obscena frente y cie sus blancos
cabellos con una cinta, entrelaza luego un ramo de olivo;
se convierte en Clibe, la anciana de Juno sacerdotisa de su templo,
y a los ojos se presenta del joven con estas palabras: 420
Turno, vas a aguantar que se gasten en vano tantas fatigas
y que sea entregado tu cetro a colonos dardanios?
El rey te niega el matrimonio y una dote ganada
con sangre, y busca para su reino un heredero de lejos.
Venga, acude ya y ofrcete, burlado, a enojosos peligros; 425
ve y dispersa al ejrcito tirreno, protege con la paz a los latinos.
Que todo esto me orden contarte a las claras, cuando yacieras
en la plcida noche, la propia Saturnia todopoderosa.
As que, venga! Dispn gozoso que se arme la juventud
y que salga por las puertas a los campos, y abrasa a los jefes 430
frigios que se instalaron en el hermoso ro y sus pintadas naves.
Una poderosa fuerza del cielo lo ordena. El propio rey Latino,
si no se aviene a consentir la boda y obedecer esta orden,
lo sienta y conozca por fin a Turno con sus armas.
Se ech a rer en este punto el joven de la vidente 435
y as le replic: No escap a mis odos la noticia, como piensas,
de que han entrado barcos en las aguas del Tiber;
no me vengas con miedos tan grandes. Ni se ha olvidado
de nosotros Juno soberana.
Mas a ti, abuela, vencida por el tiempo y ahta de verdad 440
la vejez te castiga con vanas cuitas, y entre ejrcitos
de reyes se burla de tus adivinanzas con un falso temor.
Cudate mejor de las estatuas de los dioses y de sus templos;
deja a los hombres la guerra y la paz, que a ellos la guerra toca.
Con estas palabras se encendi la clera de Alecto. 445
Y un sbito temblor se apodera de los miembros del joven segn habla,
fijos se quedaron sus ojos: con tantas hidras silva la Erinia,
as de horrible descubre su rostro; entonces torciendo su mirada
de fuego rechaz al que entre dudas trataba
de seguir hablando e hizo alzarse dos serpientes en su pelo, 450
y chasque sus ltigos y esto aadi con boca de rabia:
Aqu me tienes, vencida por el tiempo y de quien ahta de verdad
se burla la vejez con falso temor entre ejrcitos de reyes.
Mrame bien: vengo de la morada de las crueles hermanas,
llevo en mi mano la guerra y la muerte. 455
Dicho esto arroj su antorcha sobre el joven
ybajo su pecho clav teas humeantes de negra luz.
Y un intenso pavor le sac de su sueo y huesos y miembros
baa el sudor manado de todo su cuerpo.
Enloquece pidiendo sus armas y sus armas busca por la cama y la casa; 460
le enfurece el ansia de hierro y una locura criminal de guerra
y luego la clera: como cuando la llama con gran ruido
de leos se amontona a los lados de un caldero que hierve
y brincan los lquidos por el calor, se agita la masa humeante
de agua y asoma por arriba una corriente de espuma, 465
y no se contiene ya la ola, vuela por los aires el negro vapor.
As que, violada la paz, marca el camino a los jvenes principales
hacia el rey Latino y ordena preparar las armas,
defender Italia, expulsar del territorio al enemigo;
que ellos se bastaban para ir contra los dos, teucros y latinos. 470
Luego que as habl e invoc en su favor a los dioses,
compiten los rtulos en lanzarse a las armas.
A ste lo mueve la prez egregia de su figura y de su juventud,
a ste sus reales antepasados, a ste la diestra de claras hazaas.
Mientras Turno llena a los rtulos de un espritu audaz,
Alecto se dirige a los teucros con sus alas estigias, 475
explorando el lugar con nuevos trucos, en cuya playa andaba
persiguiendo el hermoso Julo a las fieras con carreras y trampas.
La doncella del Cocito infundi entonces a las perras
una sbita rabia y toca sus hocicos con olor conocido
para que persigan con vehemencia a un ciervo; sta fue la causa 480
primera de las fatigas y encendi los nimos agrestes al combate.
Haba un ciervo de hermosa presencia y enorme cornamenta,
al que los hijos de Tirro, arrancado de las ubres maternas,
alimentaban y su padre, Tirro, a quien obedecen 485
los ganados del reyy encomendada est la guardia de los campos.
Acostumbrado a sus rdenes, Silvia la hermana con todo cuidado
adornaba sus cuernos cuajndolos de flexibles guirnaldas,
y peinaba al animal y lo baaba en aguas cristalinas.
l, sumiso a la mano y acostumbrado a la mesa de sus amos, 490
vagaba por los bosques y de nuevo al umbral conocido
volva por su voluntad, aunque fuera ya noche cerrada.
A ste lo sintieron vagando a lo lejos las perras rabiosas
de Julo cuando, de caza, segua por caso la corriente
de un ro y en la ribera verdeante aliviaba su calor. 495
Y hasta el mismo Ascanio encendido por el ansia
de gloria mont sus dardos en el curvo arco,
y no falt el dios a la diestra insegura y con gran ruido
atraves la flecha el vientre y los ijares.
Mas herido escapa el cuadrpedo hacia la casa conocida 500
y gana gimiendo los establos y con su queja llenaba
todo el lugar, cubierto de sangre y como suplicando.
Silvia la primera, la hermana, golpendose los brazos con las palmas
pide ayuda y convoca a los duros habitantes de los campos.
stos (pues la peste funesta se esconde en los callados bosques) 505
acuden presurosos, quien armado de quemado tizn,
quien con los nudos de pesada estaca; lo que cada cual pilla
la ira se lo vuelve armas. Llama Tirro a sus hombres
cuando andaba partiendo en cuatro una encina
con cuas clavadas, blandiendo su segur entre grandes jadeos. 510
La diosa cruel, por su parte, viendo desde su atalaya llegada la hora,
se dirige a lo alto del establo y desde el tejado
lanza la seal de los pastores y con curvo cuerno
hace sonar su voz del Trtaro, con la que al punto todo
el bosque se estremeci y resonaron las selvas profundas; 515
la oy a lo lejos de la Trivia el lago, la oy la corriente
del Nar, blanco de aguas sulfurosas, y las fuentes velinias,
y estrecharon las madres temblorosas contra el pecho a los hijos.
Raudos entonces a la voz con que la tuba cruel
les dio la seal acuden los indmitos campesinos tomando 520
ac y all sus flechas, y no deja la juventud troyana
a Ascanio sin su ayuda y sale fuera de su campamento.
Se enfrentaron las filas. Y ya no de un agreste certamen
se trata con duros troncos o leos quemados,
sino que combaten a hierro de doble filo y un negro 525
sembrado de espadas enhiestas se eriza, y brillan los bronces
heridos por el sol y despiden su luz bajo el nublado:
como empieza la ola a clarear al primer soplo de viento,
y se encrespa poco a poco el mar y ms alto las olas
levanta para desde el abismo profundo llegar hasta el ter. 530
Aqu el joven Almn, el mayor de los hijos de Tirro,
cae en primera lnea de estridente flechazo;
pues bajo la garganta se le abre la herida y el camino
de la hmeda voz y con sangre tapona el hilo de vida.
Muchos cuerpos de soldados alrededor y el anciano Galeso, 535
mientras acude mediador de paz, el ms justo que fue
y un da el ms rico de los campos ausonios:
cinco rebaos de ovejas le balaban y otras cinco vacadas
a su casa volvan y con cien arados revolva la tierra.
Y mientras esto ocurre en los campos con igualado Marte, 540
la diosa, duea de las rdenes recibidas, cuando la guerra
de sangre llen y celebr las primeras muertes del combate,
abandon Hesperia y cruzando las auras del cielo
llega ante Juno con orgullosa voz de vencedora:
Ah tienes, cumplida para ti la discordia de una triste guerra. 545
Diles ahora que afirmen su amistad y hagan los pactos.
Ahora que he empapado a los teucros con sangre ausonia,
esto otro a esto he de aadir si tu voluntad me aseguras:
en guerra pondr con mis rumores a las ciudades vecinas
y encender sus nimos con el ansia de un Marte insano, 550
para que de todas partes acudan en su ayuda; sembrar de armas los campos.
Repuso Juno entonces: Hayya bastantes terrores y engao;
ah estn ya las causas de la guerra, de cerca se combate con las armas,
una nueva sangre empapa las armas que ofreci primero la suerte.
Que tales bodas y tales himeneos celebren 555
la estirpe egregia de Venus y el propio rey Latino.
Y no querra el padre que reina en la cima del Olimpo
que andes dando vueltas libremente por las auras del ter.
Deja estos lugares. Si algo queda an del azar en las manos,
yo misma lo conducir. Con esta voz habl la hija de Saturno; 560
la otra por su parte alz sus alas estridentes de culebras
y volvi a su puesto del Cocito dejando las alturas.
Hay un lugar en el centro de Italia al pie de altas cumbres,
noble y nombrado por su fama en muchas partes,
los valles del Ansanto; un negro flanco de bosques 565
con denso follaje lo cie por dos lados y un fragoso
torrente resuena en las rocas y el torcido remolino.
Aqu una gruta horrenda y los respiraderos del cruel Dite
aparecen, y roto el Aqueronte una enorme vorgine
abre las fauces pestilentes en las que se ocult la Erinia, 570
numen odioso, dejando descansar al cielo y a las tierras.
Y no deja entretanto la hija de Saturno a la guerra
de dar el postrer empujn. Corre a la ciudad todo
el nmero de los pastores desde el frente y muertos llevan
al joven Almn y de Galeso el cuerpo ensangrentado, 575
e imploran a los dioses y reclaman el testimonio de Latino.
Llega Turno y en medio del fuego del asesinato
redobla el terror: convocan al reino a los teucros,
se mezclan con la raza de los frigios, a l lo arrojan de su puerta.
Entonces aquellos cuyas mujeres, golpeadas por Baco, en tasos 580
andan saltando por bosques perdidos (grande es el nombre de Amata),
acuden a juntarse de todas partes y a Marte requieren.
Al punto todos proclaman la guerra infanda contra los presagios,
contra el hado de los dioses, bajo un numen maligno.
Rodean disputando la mansin del rey Latino; 585
l se resiste como la roca que el pilago mover no puede,
como la roca que soporta su mole ante el fragor intenso
del pilago que se le echa encima, rodeada por los ladridos
de muchas olas; escollos y peascos espmeos en vano tiemblan
alrededor y a su costado se derrama el alga machacada. 590
Pero cuando se ve sin fuerza alguna para vencer la ciega
decisin, y marchan las cosas segn las rdenes crueles de Juno,
poniendo por testigos a los dioses y a las auras inanes el padre
dice: Nos quebrantan, ay!, los hados y la tormenta nos arrastra.
Mas vosotros habris de pagar el castigo con sacrlega sangre, 595
infelices. A ti, Turno, te aguarda -horror!- un triste
suplicio y con tardos votos suplicars a los dioses.
Pues a m me llega la hora del descanso y en la boca del puerto
slo de una muerte feliz se me priva. Y sin decir ms
se encerr en su casa y dej las riendas del gobierno. 600
Esta costumbre haba en el Lacio de Hesperia que siempre las ciudades
albanas guardaron por sagrada, y hoy la mayor de todas,
Roma, la guarda, cuando citan a Marte al inicio del combate
y la guerra lacrimosa deciden llevar a los getas,
los hircanos o los rabes, o marchar sobre el Indo 605
y seguir a la Aurora y arrebatar los estandartes a los partos.
Son dos las Puertas de la Guerra (con este nombre las llaman),
sagradas por el culto y el terror del fiero Marte;
cien tirantes de bronce las cierran y postes eternos
de hierro, y no falta a la entrada Jano guardin. 610
Cuando es definitiva la decisin de combatir en los padres,
el cnsul en persona, con la trbea quirinal y el ceidor
gobierno revestido, abre sus hojas chirriantes,
en persona convoca a las guerras; le sigue despus la juventud entera
y con ronco asenso soplan sus cuernos de bronce. 615
Por eso tambin as se ordenaba a Latino segn la costumbre
la guerra declarar a los Enadas y abrir las tristes puertas.
Se abstuvo el padre de su contagio y rehuy sin mirar
el ingrato ministerio y se escondi en ciegas sombras.
Entonces la reina de los dioses bajando del cielo con su mano 620
empuja las tardas hojas y la hija de Saturno
rompe, girando el gozne, los herrados postes de la Guerra.
Se enciende Ausonia antes en calma e inmvil;
unos se aprestan a marchar a pie por los campos, otros altivos
en altos caballos se excitan cubiertos de polvo; todos buscan sus armas. 625
Unos bruen los escudos pulidos y las flechas brillantes
con pinge grasa y afilan con el pedernal las segures;
les agrada portar las enseas y escuchar el sonido de las tubas.
Y cinco grandes ciudades en yunques ya preparados
renuevan sus armas: Atina poderosa y la orgullosa Tbur, 630
Ardea y Crustumeros con Atenas, coronada de torres.
Cavan seguras defensas para la cabeza y doblan de sauce
las varas de los escudos; otros lorigas de bronce
preparan o las grebas brillantes de flexible plata;
de aqu el culto de la reja y de la hoz, de aqu toda ansia 635
de arado se apart; funden de nuevo en los hornos las patrias espadas.
Y suenan ya los clarines, pasa la tsera la seal del combate.
ste saca nervioso el yelmo de su casa, aqul tembloroso
caballos aparea bajo el yugo y el escudo y la malla
de triple hilo de oro se pone y se cie la leal espada. 640
Abrid, diosas, ahora el Helicn y lanzad vuestros cantos,
qu reyes la guerra movi, qu ejrcitos y de qu bando
llenaron los campos, de qu guerreros floreca por entonces
la tierra sustentadora de Italia, de qu armas ardi.
Pues bien lo sabis, diosas, y podis decirlo, 645
que a nosotros apenas nos llega el soplo tenue de la fama.
El primero en entrar en guerra fue el spero Mecencio
de las costas tirrenas, despreciador de los dioses, y en armar sus tropas
A su lado Lauso, su hijo, ms gallardo que el cual
no hubo otro si no contamos al laurente Turno; 650
Lauso, domador de caballos y vencedor de fieras,
manda a mil hombres que en vano lo siguieron
de la ciudad de Agila, digno de rdenes ms felices
que las de su padre, y de un padre que no fuera Mecencio.
Tras ellos por la hierba muestra su carro sealado 655
de palma y sus caballos victoriosos el hijo del hermoso Hrcules,
el hermoso Aventino, y lleva en su escudo el emblema
paterno, cien serpientes y la hidra ceida de culebras;
en los bosques del monte Aventino Rea la sacerdotisa
lo pari a escondidas a la luz de este mundo 660
unida a un dios siendo mujer, luego que el hroe de Tirinto
tras vencer a Gerin lleg a los campos laurentes
y lav las vacas hiberas en el ro tirreno.
Lanzas llevan en la mano y picas crueles para la guerra,
y pelean con el romo pual y el asador sabino. 665
l mismo a pie, envuelto en una piel enorme de len
erizada de terribles cerdas, de blancos dientes
protegida la cabeza, as entraba en el palacio real,
hirsuto, revestidos los hombros con el manto de Hrcules.
Salen entonces dos hermanos gemelos por los muros de Tbur, 670
ciudad as llamada por el nombre de su hermano Tiburto,
Catilo y el fiero Coras, la juventud de Argos,
y llegan a primera lnea entre un bosque de dardos:
como cuando de lo alto del monte bajan dos Centauros
que la nube engendr dejando el Hmole en rpida carrera 675
y el Otris nevado; les abre paso en su marcha
la selva inmensa y se apartan con gran ruido las ramas.
Y no falt el fundador de la ciudad de Preneste,
de quien toda edad ha credo que naci ya rey de Vulcano
entre los agrestes ganados y se le encontr delante del fuego, 680
Cculo. Le acompaa agreste y numerosa legin:
los guerreros que habitan la elevada Preneste y los de los campos
de Juno Gabina y el helado Anio y rociados de arroyos
los peascos hrnicos y cuantos alimentas, rica Anagnia,
y los tuyos, padre Amaseno. No a todos ellos les suenan 685
las armas, los escudos o los carros; la parte mayor dispara
bolas grises de plomo, otra parte lleva dos flechas
en la mano y tienen la cabeza protegida
con cascos rubios de piel de lobo; dejan huellas desnudas
con el pie izquierdo y cuero crudo el otro les cubre. 690
Y all va Mesapo, domador de caballos, prole de Neptuno,
a quien nadie puede abatir con hierro o con fuego;
llama de pronto a las armas a pueblos ha tiempo ociosos
y a ejrcitos sin costumbre de guerras y empua de nuevo la espada.
Aqu estn las tropas de Fescenio y los ecuos faliscos, 695
stos habitan los alczares del Soracte y los campos flavinios
y de Cmino el lago, con su monte, y los bosques capenos.
Marchaban igualados en nmero y cantando a su rey:
como los cisnes de nieve entre nubes transparentes
cuando vuelven de comer y de sus largos cuellos 700
salen cantos melodiosos, suena la corriente y devuelve el eco la laguna Asia.
Y nadie pensara que de concurso tan grande
una tropa de bronce se forma, sino que de alta mar
se precipita a la playa una nube area de roncas aves. 705
Y mira a Clauso al frente de un gran ejrcito
de la antigua sangre de los sabinos y l mismo cual un ejrcito,
de quien llega hasta hoy la familia Claudia y la tribu
por el Lacio, luego que Roma fue dada en parte a los sabinos.
A una la numerosa cohorte de Amiterno y los antiguos Quirites, 710
todo el grupo de Ereto y de Mutusca olivarera;
quienes habitan la ciudad de Nomento y los Campos
Rseos del Velino, los de las escarpadas rocas de Ttrica
y el monte Severo y Casperia y Forulos y el ro de Himela;
los que beben del Tiber y el Fbar, los que envi la fra 715
Nursia y las tropas de Hortano y los pueblos latinos,
y a los que divide con sus aguas el Alia de infausto nombre:
numerosos como las olas que ruedan en el mrmol libico,
cuando cruel Orin se oculta entre las aguas en invierno,
o como espigas que se doran apretadas bajo el sol nuevo 720
en las llanuras del Hermo o en los rubios campos de Licia.
Resuenan los escudos y la tierra se espanta del batir de pies.
Tambin el agamenonio Haleso, enemigo del nombre troyano,
unce a su carro los caballos y en ayuda de Turno suma mil
pueblos feroces, los que trabajan con el rastrillo los felices 725
a Baco viedos del Msico, y los que los padres auruncos
de los altos collados enviaron, y, al lado, los llanos
sicidinos, y los que dejan Cales y los habitantes de la corriente
vadosa del Volturno e igualmente el spero saticulano
y el grupo de los oscos. Sus dardos son redondeadas 730
jabalinas y la costumbre atarles un flexible ltigo.
La cetra les cubre la izquierda, con falcatas combaten de cerca.
Y no te irs de nuestro poema sin ser sealado,
balo que, se dice, Teln te engendr de la Ninfa
Sebtide, cuando tena el reino en Capri de los telboes, 735
anciano ya; pero el hijo de ninguna manera contento
con los campos paternos, a su poder ya entonces someta
a los pueblos sarrastes y la llanura que el Sarno riega,
ylos que pueblan Rufras y Btulo y los campos de Celemna,
y los que contemplan las murallas de Abela, rica en manzanas, 740
hechos a lanzar al modo teutnico sus cateyas;
cubiertas sus cabezas con la corteza arrancada al alcornoque,
de bronce resplandecen sus peltas, de bronce resplandecen sus espadas.
Y te mand a la guerra la montaosa Nersas,
Ufente, glorioso por la fama de tus armas felices; 745
su pueblo, una gente espantosa sobre todas acostumbrada
a cazar por los bosques, los ecuos, y a la dura gleba.
Armados trabajan la tierra y les gusta reunir constantemente
botines nuevos y vivir de la rapia.
Faltar no poda el sacerdote del pueblo de los marsos 750
con el yelmo de la rama del feliz olivo adornado,
por orden del rey Arquipo, el muy valiente Umbrn,
quien con vboras e hidras de pesado aliento
sola infundir el sueo entre cantos y gestos de su mano
y apagaba los enojos y con su arte curaba los mordiscos. 755
Mas no le vali para curarse del golpe de la danza
dardnida ni le ayudaron con su herida los cantos
somnferos o las hierbas cogidas en los montes marsos.
El bosque de Angitia te llor y te llor el Fucino
de aguas cristalinas y los lagos transparentes. 760
Marchaba tambin a la guerra el bellsimo hijo de Hiplito,
Vibio, a quien insigne lo envi Aricia, su madre,
criado en los bosques de Egeria entre hmedas
riberas, donde la grasa aplaca el altar de Diana.
Pues dice la fama de Hiplito que luego que por las maas 765
de su madrasta muri y pag el castigo paterno con su sangre
descuartizado entre locos caballos, a los astros de nuevo
etreos lleg y a los aires superiores del cielo
al conjuro de las hierbas peonias y del amor de Diana.
Entonces el padre omnipotente enojado porque de las sombras 770
infernales algn mortal volviera a la luz de la vida,
l mismo al inventor de tal arte y medicina,
al hijo de Febo lo lanz con su rayo a las olas estigias.
Pero la divina Trivia oculta a Hiplito en secretos
lugares y lo confa a la ninfa Egeria y a su bosque, 775
donde sin fama, solo, su edad transcurriera en las selvas
de Italia y donde Virbio fuera con nombre cambiado.
Por eso tambin del templo de Trivia y sus bosques sagrados
se aparta a los caballos de crneas uas, porque en la playa un da
espantados por monstruos del mar arrojaron al joven de su carro. 780
Su hijo conduca caballos no menos fogosos por el llano
campo y en su carro marchaba hacia el combate.
El propio Turno de hermosa presencia entre los primeros
se mueve sosteniendo sus armas y destacando por encima.
Su alto yelmo de triple penacho una Quimera soporta 785
que resopla por sus fauces fuegos del Etna;
tanto ms sta se agita y se enardece de tristes llamas
cuanto ms crudo se vuelve el combate de la sangre vertida.
El bruido escudo lo con los cuernos levantados
en oro le adornaba, ya cubierta de pelo, ya vaca 790
-tema extraordinario-, y Argo el custodio de la virgen
y su padre !naco derramando un torrente de la jarra labrada.
Le sigue una nube de infantes y ejrcitos de escudos
se forman por toda la campia, la juventud argiva
y las tropas auruncas, los rtulos y los antiguos sicanos 795
y las filas sacranas y los labicos de pintados escudos;
los que aran, Tiberino, tu valle y del Numico las sagradas
riberas y los collados rtulos trabajan con la reja
y el monte circeo, cuyos campos Jpiter preside
nxuro y Feronia gozosa de su bosque verdeante; 800
por donde se extiende la negra laguna de Stura y entre valles
profundos busca su salida al mar y se oculta el glido Ufente.
A stos se aadi Camila, del pueblo de los volscos,
con una columna de jinetes y huestes florecientes de bronce,
guerrera, no como la que acostumbr su manos de mujer 805
a la rueca y los cestillos de Minerva, sino joven hecha a sufrir
duros combates y a ganar con el correr de sus pies a los vientos.
Ella volara sobre las crestas de un sembrado
sin tocarlas, ni rozara en su carrera las tiernas espigas,
o en medio del mar suspendida sobre las olas hinchadas 810
se abrira camino sin que las aguas tocasen sus plantas veloces.
A ella la contempla la juventud entera saliendo de casas
y campos, y no la pierden de vista al pasar las madres,
con la boca abierta de asombro ante el regio adorno de prpura
que cubre sus hombros suaves o la fbula de oro 815
que trenza su cabello, de cmo lleva ella misma su aljaba
licia o el mirto pastoril rematado en punta.
LIBRO VIII
Cuando la ensea de la guerra sac Turno
del alczar laurente y resonaron los cuernos con ronco canto
y cuando azuz los fogosos caballos y llam a las armas,
turbados al punto los nimos, en seguida en agitado tumulto
el Lacio entero se juramenta y la juventud se levanta 5
fiera. Primero los caudillos Mesapo y Ufente
y Mecencio despreciador de los dioses, de todas partes renen
ayuda y dejan los dilatados campos sin cultivadores.
Se enva tambin a Vnulo a la ciudad del gran Diomedes
para pedir refuerzos y que informe de que en Lacio los teucros 10
se han instalado, de que Eneas ha arribado con su flota y los Penates
derrotados trae y dice que los hados lo han elegido
como rey, y de que muchos pueblos al hroe se han unido
dardanio y que su nombre crece asombrosamente en el Lacio.
Qu pretende con estas empresas, qu final del combate 15
desea si la suerte le ayuda, ms claro estara
para l mismo que para el rey Turno o para el rey Latino.
Esto por el Lacio. Al ver as las cosas el hroe
laomedontio vacila entre gran oleaje de cuitas,
y raudo su nimo hacia aqu o hacia all se divide 20
y a muchas partes lo lleva y a todo da vueltas.
Igual en el agua de una vasija de bronce cuando la trmula luz
reflejada por el sol o por la imagen de la luna brillante
revolotea por todos los lugares y ya al aire
se eleva y hiere en lo alto del techo el artesonado. 25
Era la noche y un profundo sopor se haba apoderado
por las tierras todas de los cansados animales, aves o ganados,
cuando el padre en la ribera bajo la bveda del ter helado,
Eneas, turbado su pecho por una triste guerra,
se acost y concedi a sus miembros tardo descanso. 30
Le pareci que el propio dios del lugar, Tiberino
de amena corriente, como un anciano se alzaba entre las hojas
de los lamos (leve de glauco manto lo cubra
y su cabello umbrosa caa lo coronaba);
que as le hablaba luego y borraba sus cuitas con estas palabras: 35
Oh, de una raza de dioses engendrado que de los enemigos
nos rescatas la troyana ciudad y salvas la Prgamo eterna,
esperado en el suelo laurente y en los predios latinos:
sta ser tu casa segura, tus seguros Penates (no te rindas).
Ni te asusten amenazas de guerra; abajo se vinieron 40
todo el enojo de los dioses y sus iras.
Y t mismo, para que no creas que el sueo te forma imgenes falsas,
encontrars bajo las encinas de la orilla una enorme cerda blanca
echada en el suelo, recin parida de treinta
cabezas, con las blancas cras en torno a sus ubres. 45
[ste ser el lugar de tu ciudad, se el seguro descanso a tus fatigas,]
de donde con el correr de tres veces diez aos la ciudad
Ascanio fundar de ilustre nombre, Alba.
No te anuncio cosas no seguras. Ahora escucha que te muestre
brevemente cmo has de salir victorioso de estas empresas. 50
En estas orillas los arcadios, pueblo que viene de Palante,
compaeros del rey Evandro que sus enseas siguieron,
eligieron el lugar y en los montes la ciudad pusieron
que por su antepasado Palante llamaron Palanteo.
stos guerras continuas hacen con el pueblo latino; 55
smalos a tu campamento como aliados y haz un pacto.
Yo mismo he de llevarte por mis riberas y la senda de mi corriente,
para que de abajo arriba superes las aguas con tus remos.
Vamos, venga, hijo de la diosa, y en cuanto caigan las primeras estrellas
da piadoso tus preces a Juno yvence con tus votos suplicantes 60
su ira y amenazas. Acurdate de honrarme cuando seas
el vencedor. Yo soy el que ves a plena corriente
abrazar las orillas y cortar frtiles sembrados,
cerleo Tiber, ro gratsimo al cielo.
sta es mi gran morada, sale mi cabeza de escarpadas ciudades. 65
Dijo, y al punto el ro se ocult en lo profundo de las aguas
el fondo buscando; la noche y el sueo dejaron a Eneas.
Se levanta y mirando la luz naciente del sol
etreo toma agua del ro segn el rito en el hueco
de sus manos yvierte al aire estas palabras: 70
Ninfas, Ninfas laurentes, de donde el linaje de los ros,
y t, padre Tber de sagrada corriente,
amparad a Eneas y alejadle por fin de peligros.
Sean los que sean los lagos que en tu fuente te tienen,
piadoso con mis fatigas, sea el que sea el suelo del que bellsimo surges, 75
siempre en mis honras, siempre sers celebrado con mis dones,
corngero ro que reinas en las aguas de Hesperia.
Assteme slo y confirma tu numen ms an.
As le habla y escoge de las naves dos birremes
y para el remo las prepara y al tiempo arma a sus compaeros. 80
Y mira por dnde, sbita aparicin y asombrosa a los ojos,
una cerda blanca con sus cras del mismo color
se recuesta en el bosque y aparece en la verde ribera:
en tu honor, precisamente para ti, Juno soberana, Eneas piadoso
la lleva en sacrificio al altar con su piara y la inmola. 85
Esa noche, larga como era, aplac el Tber su hinchada
corriente y se fren en olas calladas refluyendo,
para que a la manera de un tranquilo estanque y una plcida laguna
se tendiera la superficie de sus aguas sin resistirse al remo.
As que apresuran el camino emprendido con rumor favorable; 90
por los vados se desliza la untosa madera y se pasman las olas,
se pasma el bosque que hace tiempo no ve el brillar
de los escudos de los soldados ni el bogar de pintadas naves por el ro.
Ellos fatigan la noche y el da con sus remos
y superan largos meandros cubiertos de variados 95
rboles y por la plcida llanura cortan las verdes selvas.
El sol de fuego haba alcanzado el centro de su rbita en el cielo
cuando ven a lo lejos los muros y el alczar y unos cuantos
tejados de casas que hoy el poder romano hasta el cielo
ha elevado y entonces, humildes posesiones, Evandro tena. 100
Enfilan ansiosos las proas y a la ciudad se acercan.
Justo aquel da el rey arcadio honras solemnes
al gran hijo de Anfitrin y a los dioses estaba ofreciendo
en el bosque, delante de la ciudad. Con l su hijo Palante,
con l lo mejor de los jvenes, todos, y un humilde senado 105
incienso ofrecan, y la tibia sangre humeaba en los altares.
Cuando vieron deslizarse las altas naves y a ellos entre lo negro
del bosque volcados sobre los remos en silencio,
se asustan ante la escena inesperada y se levantan todos
dejando las mesas. El audaz Palante les impide 110
romper el sacrificio y tomando sus flechas sale raudo al encuentro,
y de lejos, desde una altura, dice: Jvenes, qu motivo
os obliga a probar rutas desconocidas? A dnde os dirigs?
De quin sois? Dnde vuestra casa? Paz nos trais o armas?
Entonces as dice el padre Eneas desde la alta popa, 115
y tiende en su mano la rama de olivo de la paz:
Gente de Troya ves y armas enemigas de los latinos,
quienes han hecho a unos fugitivos con orgullosa guerra.
A Evandro buscamos. Contdselo y decidle que escogidos
caudillos de Dardania han llegado en busca de armas aliadas. 120
Se qued Palante estupefacto, asombrado de gloria tamaa.
Desciende, seas quien seas -dice-, y en presencia de mi padre
habla y entra como husped en nuestros penates.
Y le recibi con sus manos y le estrech la diestra en un abrazo;
andando se meten en el bosque y abandonan el ro. 125
Habla entonces Eneas al rey con palabras de amigo:
El mejor de los griegos, a quien quiso Fortuna que yo suplicase
y le tendiera los ramos atados con las cintas sagradas,
no he sentido miedo alguno, porque seas jefe de dnaos y arcadio,
ni porque por tu estirpe ests unido a ambos Atridas; 130
que a m mi propio valor y los santos orculos de los dioses
y el parentesco de los padres, tu fama por el mundo extendida,
me han unido a ti y aqu me han trado de acuerdo con mis hados.
Drdano, padre primero de la ciudad de Ilin y fundador,
nacido, como ensean los griegos, de la Atlntide Electra, 135
arrib al pas de los teucros: el gigantesco Atlante a Electra
engendr, el que sostiene en sus hombros los orbes etreos.
Vuestro padre es Mercurio, a quien pari, engendrado
en la helada cima del Cilene, blanqusima Maya.
Mas, si hemos de creer lo que se cuenta, a Maya Atlante 140
la engendra, el mismo Atlante que levanta los astros del cielo.
As pues, procede la raza de ambos de una sola sangre.
Por ello confiado no envi mensajeros ni con rodeos
trat de entrar en contacto contigo; a m, a m yo mismo
y mi propia persona mand y vine suplicante hasta tu puerta. 145
Los mismos que a ti, el pueblo daunio, con guerra cruel
me persiguen; creen que si nos echan nada habr
que les impida someter por entero a su yugo la Hesperia toda,
y hacerse con el mar que por arriba la baa y por abajo.
Recibe mi palabra y dame la tuya. Son duros nuestros pechos 150
en la guerra; un corazn tenemos y una juventud ya probados.
Haba dicho Eneas. Aqul el rostro y los ojos al hablar
haca rato y todo su cuerpo recorra con la mirada.
Dice as entonces brevemente: Con qu alegra, el ms valiente de los teucros,
te recibo y te reconozco! Cmo me recuerdas las palabras 155
de tu padre y la voz del gran Anquises y su cara!
Pues recuerdo que a visitar el reino de su hermana Hesone
Pramo Laomedontada yendo a Salamina
nunca dejaba de recorrer el helado territorio de Arcadia.
Me vesta entonces de flor las mejillas la juventud primera 160
y admiraba a los caudillos teucros y al mismo Laomedontada
admiraba, pero por encima de todos iba
Anquises. Mi corazn se inflamaba de ansia juvenil
por hablar al hroe y unir mi diestra con su diestra;
me acerqu y ansioso lo conduje al pie de las murallas de Feneo. 165
l una hermosa aljaba y unas flechas licias
al partir me dej y una clmide bordada en oro
y dos bocados de oro que guarda hoy mi hijo Palante.
As que la diestra que peds, unida me est en un pacto
y, en cuanto la luz de maana regrese a las tierras, 170
alegres os despedir con mi ayuda y os ofrecer mis recursos.
Mientras tanto este sacrificio anual que no puede dejarse,
ya que aqu habis venido como amigos, celebrad de buen grado
con nosotros, y ya desde hoy acostumbraos a la mesa de vuestros aliados.
Dicho que hubo esto, viandas ordena y reponer las vasos 175
retirados, y l mismo dispone a los hombres en asiento de hierba,
y acoge en especial a Eneas en un lecho y en la vellosa
piel de un len y lo honra con un trono de arce.
Luego jvenes escogidos y el sacerdote llevan a porfa
al altar las entraas asadas de los toros y cargan en cestas 180
los presentes de la fatigosa Ceres, y Baco sirven.
Come Eneas y con l la juventud troyana
el lomo de un buey entero y las vsceras lustrales.
Cuando saciaron el hambre y calmaron su ansia de comer
dice el rey Evandro: Estos ritos solemnes, 185
este tradicional banquete, este ara de numen tan grande
no nos la impuso vana supersticin e ignorante
de los dioses antiguos; salvados, husped troyano, de crueles
peligros lo hacemos y renovamos honores merecidos.
Mira en primer lugar esa roca que cuelga sobre los peascos, 190
cmo se alzan a lo lejos quebrados macizos y la morada
desierta del monte y causaron los escollos ingente ruina.
Aqu estuvo la gruta, escondida en vasto abrigo,
que la figura terrible del medio humano Caco ocupaba
inaccesible del sol a los rayos, y siempre estaba tibio 195
el suelo de sangre reciente y de sus soberbias puertas pendan
cabezas humanas, plidas de triste podredumbre.
Era Vulcano el padre de este monstruo: con inmensa mole
avanzaba arrojando sus negras llamas por la boca.
Mas quiso un da la ocasin satisfacer nuestro deseo 200
y brindarnos ayuda y la llegada de un dios. Y el gran vengador
orgulloso de la muerte del triple Gerin y sus despojos,
Alcides, lleg trayendo hasta aqu, vencedor, los toros
enormes, y llenaban sus bueyes el valle y el ro.
Pero la mente fiera del ladrn Caco, por nada dejar 205
de crimen o engao sin osar o probar,
sac de sus pesebres cuatro toros de hermosa
figura y otras tantas novillas con mejor aspecto,
y a todos ellos, para no dejar huellas de la marcha de sus pasos,
arrastrados por la cola a la cueva y con las marcas de las patas 210
al revs, los ocultaba el raptor en su ciega guarida;
ninguna seal llevaba al que buscase a la cueva.
Mientras tanto, cuando ya sus ganados saciados sacaba
de sus corrales el hijo de Anfitrin y preparaba la marcha,
mugieron al partir los bueyes y se llen el bosque entero 215
de sus quejas y con tal clamor dejaban las colinas.
Con su voz contest una de las vacas y en la vasta caverna
mugi y, aun guardada, defraud la esperanza de Caco.
Entonces la clera de Alcides se inflam de furia
y de negra bilis: coge sus armas y la maza cargada 220
de nudos, y se marcha corriendo a lo alto del monte elevado.
Vieron en ese momento por vez primera los nuestros a Caco temblar
y con ojos turbados: escapa al punto ms rpido que el Euro
y busca su gruta; el terror en sus pies puso alas.
Cuando se encerr y liber las cadenas rompiendo 225
el enorme peasco que colgaba con hierros y el arte
paterna y protegi con su mole la firme entrada,
aqu llega el Tirintio con nimo furioso y toda
la entrada recorre, llevando aqu y all su mirada,
los dientes rechinando. Tres vueltas da hirviendo de ira 230
al monte entero del Aventino, tres veces tienta en vano
los umbrales de roca, tres veces se sienta agotado en el valle.
Se alzaba un agudo faralln entre rocas cortadas
erguido a espaldas de la cueva, altsimo a la vista,
adecuado cobijo para los nidos de las aves siniestras. 235
Segn penda inclinado desde la cima sobre el ro de la izquierda,
lo sacudi apoyndose en contra hacia la derecha
y de sus profundas races lo arranc, luego de repente
lo arroj; truena con el impulso el ter ms alto,
se agitan las riberas y refluye aterrada la corriente. 240
As apareci la gruta y sin techo la enorme
morada de Caco, y se abrieron del todo las sombras cavernas,
no de otro modo que si el suelo, abierto por completo
por alguna fuerza, ofreciera las mansiones infernales y mostrase
los plidos reinos, odiosos a los dioses, y desde lo alto se viera 245
el inmenso abismo, y temblasen los Manes por la luz recibida.
As pues, pillado de improviso por el resplandor repentino,
y encerrado en su cavo peasco y rugiendo como nunca,
Alcides lo acosa desde arriba con sus dardos y echa mano
de todas sus armas y ramas y piedras le arroja como de molino. 250
El otro, que ya no puede escapar del peligro,
de sus fauces ingente humareda (asombra decirlo)
vomita y en ciega calgine envuelve la casa
ocultando su visin a los ojos, y llena su gruta
de una noche de humo con tinieblas mezcladas de fuego. 255
No lo aguant Alcides y l mismo se lanz de cabeza
a travs del fuego, por donde ms espeso el humo
agita sus ondas y bulle la enorme cueva de negra niebla.
Sorprende aqu a Caco en las tinieblas vanos incendios
vomitando y lo abraza en un nudo y lo ahoga 260
con los ojos fuera y seca de sangre la garganta.
Se abre al punto la negra mansin arrancadas sus puertas,
y las vacas robadas y el botn negado con perjurio
se muestran al cielo y por los pies el informe cadver
es arrastrado. No pueden hartarse los corazones de mirar 265
los ojos terribles, el rostro y el velludo pecho
de cerdas de la medio fiera, y los fuegos apagados de su fauces.
Desde entonces celebramos su honor y la alegre descendencia
guard su da y Potitio lo impuls el primero
y, del culto de Hrcules guardiana, la casa Pinaria 270
este ara levant en el bosque, a la que siempre
llamaremos Mxima, y que siempre ser la ms grande.
As que vamos, jvenes; ceid con ramas vuestro pelo
con ocasin de gloria tan grande y tended con las diestras
vuestros vasos invocando al dios comn y ofreced el vino gustosos. 275
Haba dicho, cuando con la sombra de Hrcules el chopo bicolor
cubri sus cabellos dejando colgar sus hojas,
y la copa sagrada ocup su diestra. Rpido todos
alegres liban en la mesa y rezan a los dioses.
Se acerca entretanto ms Vspero a las pendientes del Olimpo. 280
Y marchaban ya los sacerdotes y Potitio el primero
vestidos de pieles segn la costumbre, y llevaban antorchas.
Reanudan el banquete y llevan gratos presentes
de la segunda mesa y colman las aras de platos llenos.
Llega entonces en torno a los altares humeantes 285
el canto de los Salios, ceidas las sienes de ramas de chopo,
aqu el coro de jvenes, all el de ancianos, cantan con ritmo
los gloriosas hazaas de Hrcules: cmo en primer lugar
mat, estrangulndolas, a las dos monstruosas serpientes de su madrastra,
cmo tambin arras con la guerra ciudades egregias, 290
Troya y Ecalia; cmo mil duros trabajos
llev a cabo bajo el rey Euristeo por los hados
de la inicua Juno. T, invicto, con tu mano acabas
con los bimembres hijos de las nubes, Folo e Hileo; t de Creta
con el monstruo y con el gran len de Nemea en su guarida. 295
Ante ti tembl la laguna estigia, ante ti el portero del Orco
echado en el antro cruento sobre huesos rodos,
y no te asust visin alguna, ni tampoco el propio Tifeo
llevando en alto sus armas, ni falto de recursos
la hidra de Lerna te rode con su legin de cabezas. 300
Salve, retoo verdadero de Jove, nueva prez de los dioses,
y con paso alegre propicio ven a nosotros y a tus sacrificios.
Esto celebran en sus cantos; aaden adems la gruta
de Caco y a l tambin fuego respirando.
Resuena todo el bosque con el estrpito y lo devuelven los collados. 305
Despus, cumplidos los oficios divinos todos juntos
a la ciudad vuelven. Iba el rey vencido por su edad,
y llevaba a Eneas a su lado de compaeros y a su hijo
al caminar y haca grata la marcha con amena charla.
Se asombra Eneas y lleva sus ojos dispuestos por cuanto 310
le rodea, cautivo del lugar, alegre por todo
pregunta y escucha las historias de los antepasados.
Y en eso el rey Evandro, fundador de la ciudadela romana:
Estos bosques habitaban los Faunos del lugar y las Ninfas
y una raza de hombres surgida de los troncos y la dura madera; 315
carecan de cultura y de tradicin, ni uncir los toros
ni amontonar riqueza saban o guardar lo ganado,
que las ramas y una caza mala de lograr les alimentaba.
Saturno lleg el primero del etreo Olimpo de las armas
de Jpiter huyendo y expulsado del reino perdido. 320
l estableci a ese pueblo indcil y disperso sobre los altos
montes y leyes les dio, y quiso que Lacio se llamara,
porque latente se salv en la seguridad de estas riberas.
Bajo tal rey se dieron los siglos de oro
de que nos hablan; en tranquila paz as gobernaba a los pueblos, 325
hasta que poco a poco la edad se hizo peor y descolorida
y llegaron la locura de la guerra y de tener el ansia.
Vinieron entonces la gente de Ausonia y los pueblos sicanos,
y a menudo perdi su nombre la tierra saturnia;
luego los reyes y el spero Tiber de cuerpo gigante 330
con cuyo nombre llamamos despus al ro Tber
los talos; perdi el viejo lbula su verdadero nombre.
A m, de mi patria arrojado y buscando del mar los confines,
hasta estos lugares Fortuna que todo lo puede me trajo
y el hado ineluctable; me empujaron los terribles avisos 335
de mi madre la Ninfa Carmenta y el propio dios Apolo me inspir.
Apenas dijo esto, y avanzando el ara le muestra
y la puerta que los romanos llaman
Carmental, antiguo honor a la Ninfa Carmenta,
vidente del porvenir que anunci la primera 340
que grandes seran los Enadas y noble Palanteo.
Luego le ensea un gran bosque que el fiero Rmulo
convirti en asilo y el Lupercal bajo una roca helada,
llamado de Pan Liceo segn la costumbre parrasia.
Y le ensea asimismo el bosque del sagrado Argileto 345
y le indica el lugar y le cuenta la muerte de Argo el husped.
De aqu lo conduce a la roca Tarpeya y al Capitolio
hoy de oro, erizado entonces de zarzas silvestres.
Ya entonces la terrible santidad del lugar asustaba
a los agrestes temerosos, que temblaban por su selva y su roca. 350
Este bosque -dijo-, este collado de cima frondosa
un dios (no se sabe qu dios) los habita; creen los arcadios
haber visto al mismo Jpiter cuando en su diestra
blanda la gida negreante y amontonaba las nubes.
Estos dos bastiones adems de derribados muros 355
que ves, reliquias son y recuerdos de los antepasados.
Esa fortaleza el padre Jano y esa otra la fund Saturno;
una se llamaba Janculo y la otra Saturnia.
Con tal conversacin se iban acercando al poblado
del humilde Evandro y por todas partes mugir vean 360
al ganado, por el foro romano y las elegantes Carinas.
Cuando llegaron a la casa: Alcides victorioso dijo-
pis estos umbrales, esta morada real lo acogi.
Anmate, mi husped, a despreciar el lujo y hazte t
tambin digno de un dios y entra sin altivez en mis pobres posesiones. 365
Dijo, y condujo bajo los techos de la humilde morada
al grande Eneas y lo acomod en lecho
de hojas y en la piel de una osa de Libia.
Cae la noche y abraza a la tierra con sus foscas alas.
Venus entonces, madre asustada en su corazn no sin motivo, 370
llevada de las amenazas de los laurentes y el duro tumulto
se dirige a Vulcano y as comienza en el tlamo ureo
de su esposo, infundindole divino amor con sus palabras:
Mientras los reyes de Argos Prgamo devastaban,
que se les deba, y las torres que haban de caer bajo el fuego enemigo, 375
ni armas ni auxilio alguno demand para los desgraciados
de tu arte y tus maas, ni quise, queridsimo esposo,
que intilmente ejercitaras tu trabajo
aunque mucho deba a los hijos de Pramo
y a menudo llor la esforzada tarea de Eneas. 380
Hoy anda en las riberas de los rtulos por mandato de Jove;
as que, la misma, vengo suplicante y te pido, madre para mi hijo,
armas, numen sagrado. A ti pudo la hija de Nereo,
la esposa de Titono pudo con sus lgrimas ablandarte.
Mira qu pueblos se renen, qu murallas afilan 385
el hierro tras sus puertas cerradas contra m y los mos.
As dijo con sus brazos de nieve aqu y all la diosa
anima al que duda en abrazo suave. l, sorprendido,
recibi la conocida llama, y un calor familiar
penetr sus mdulas y corri por sus huesos derretidos, 390
no de otro modo que cuando, rota por el trueno corusco,
la chispa de fuego brillando recorre con su luz las nubes;
lo not, satisfecha de su maa y segura la esposa de su belleza.
Habla entonces el padre vencido por amor eterno:
Por qu buscas lejos las causas? A dnde fue, diosa, 395
tu confianza en m? Si tu cuidado hubiera sido semejante,
aun entonces se nos habra permitido armar a los teucros;
ni el padre todopoderoso ni los hados vetaban que Troya
siguiera levantada y Pramo viviera otros diez aos.
Y ahora, si quieres combatir y sa es tu voluntad 400
cuanto cuidado puedo prometer en mi arte,
cuanto puede sacarse del hierro o el lquido electro,
cuanto valen los fuegos y las forjas, no dudes
en tus fuerzas para lograrlo. Con esas palabras
le dio los ansiados abrazos y derretido en el regazo 405
de su esposa busc el plcido sopor en sus miembros.
Luego, cuando el descanso primero haba expulsado al sueo,
en el centro ya del curso de la noche avanzada, justo cuando la mujer,
a quien se ha impuesto pasar la vida con la delicada Minerva
y la rueca, las cenizas aviva y el fuego dormido 410
sumando la noche a sus tareas, y a la lmpara fatiga con pesado
trabajo a sus sirvientes para casto guardar el lecho
del esposo y poder criar a sus hijos pequeos:
no de otro modo el seor del fuego ni en esa ocasin ms perezoso
salta del blando lecho a su trabajo de artesano. 415
junto a la costa sicana y a la Lpara eolia una isla
se alza erizada de peascos humeantes,
bajo la cual truenan la gruta y de los Ciclopes los antros etneos
corrodos de chimeneas y se oyen los golpes que arrancan
gemidos a los yunques y en las cavernas rechinan 420
las barras de los clibes y el fuego respira en los hornos,
de Vulcano morada y tierra de Vulcano por su nombre.
Aqu baja entonces el seor del fuego de lo alto del cielo.
El hierro trabajaban los Ciclopes en su vasta guarida,
Brontes y Estropes y Piragmn con el cuerpo desnudo. 425
ocupados estaban en terminar, en parte ya pulido,
un rayo de los muchos que lanza el padre por todo el cielo
a la tierra; otra parte estaba an sin acabar.
Haban aadido tres puntas retorcidas de lluvia, tres de nube
de agua, tres del rojo fuego y del alado Austro. 430
Fulgores horrficos y trueno y espanto aadan ahora
a su trabajo y las iras a las llamas tenaces.
En otro lado preparaban a Marte su carro y las ruedas
veloces, con las que a las ciudades provoca y a los hombres;
y la gida terrible, arma de la enojada Palas, 435
se esforzaban en cubrir de escamas de serpientes y de oro,
y las culebras enlazadas y la misma Gorgona en el pecho
de la diosa haciendo girar sus ojos sobre el cuello cortado.
Retirad todo -dijo-, dejad los trabajos empezados,
Cidopes del Etna, y atencin prestadme: 440
armas hay que hacer para un hombre valiente. Ahora precisa es
la fuerza, ahora las rpidas manos y el arte magistral.
Evitad todo retraso. Y nada ms dijo, y ellos
raudos se pusieron al trabajo distribuyendo la tarea
a suertes. Mana el bronce en arroyos y el metal del oro 445
y se licua el acero mortal en la vasta fragua.
Forjan un escudo enorme, que slo se valga contra todos
los dardos de los latinos, y unen con fuerza
las siete capas. Unos en fuelles de viento las auras
cogen y devuelven, otros los estridentes bronces 450
templan en un lago: gime la caverna con el batir de los yunques.
Ellos alternadamente con mucha fuerza levantan con ritmo
los brazos y hacen girar la masa con segura tenaza.
Mientras el padre Lemnio apresura el trabajo en las costas eolias,
la luz sustentadora saca a Evandro de su humilde morada 455
y el canto maanero de los pjaros bajo su tejado.
Se levanta el anciano y reviste con la tnica el cuerpo
y anuda a sus pies las sandalias tirrenas.
Se cie entonces al costado y los hombros la espada tegea
colgando del izquierdo una piel de pantera que le cubre la espalda. 460
Desde el alto umbral tambin dos guardianes
marchan delante y acompaan los perros el paso de su amo.
Buscaba el lugar y los aposentos de Eneas, su husped,
recordando el hroe sus palabras y la ayuda ofrecida.
Y no menos madrugador andaba Eneas; 465
a uno le acompaaba el hijo Palante, al otro Acates.
Se encuentran y unen sus diestras y en medio se sientan
del palacio y disfrutan al fin de tranquila charla.
El rey primero as:
Caudillo principal de los teucros que, si vives, nunca en verdad 470
dir que Troya y su reino han sido derrotados:
en favor de nombre tan grande pequeas fuerzas tenemos
para auxiliarte en la guerra; de un lado nos limita el ro etrusco,
de otro el rtulo apremia y rodea nuestros muros con sus armas.
Mas yo planeo unir contigo grandes pueblos y tropas 475
de reinos poderosos, ayuda que una suerte inesperada
nos brinda; llegas como enviado del destino.
No lejos de aqu se encuentra el lugar de la ciudad de Agila,
fundada sobre vetusta roca, donde un da una raza
de Lidia, ilustre en la guerra, se asent sobre lomas etruscas. 480
Luego que floreci durante muchos aos, un rey de orgulloso
poder y armas crueles la tuvo, Mecencio.
A qu recordar los crmenes infandos, a qu las viles hazaas
de un tirano? Los guarden los dioses para l y su estirpe!
Sola adems atar los cadveres con los vivos 485
juntando manos con manos y bocas con bocas,
espantosa tortura, y en larga agona los mataba
con horrible abrazo, cubiertos de pus y de sangre.
Mas hartos al fin los ciudadanos rodean al loco
de horror con sus armas, a su casa y a l mismo, 490
matan a sus cmplices y lanzan antorchas a su tejado.
l, escapando a la matanza, se refugi en los campos
de los rtulos y se protege con las armas de su husped Turno.
As que toda Etruria se levant en furia justiciera
pidiendo castigo para el rey con la ayuda de Marte. 495
A estos miles, Eneas, pondr bajo tu mando.
Que se agitan las popas apretadas por toda la ribera
y ordenan izar las enseas, y los detiene cantando el futuro
el longevo arspice: Oh, escogida juventud de Meonia,
flor y virtud de hroes antiguos, a quienes lanza contra el enemigo 500
un justo dolor yprovoca Mecencio con ira merecida;
a ningn talo le est permitido mandar expedicin tan grande,
buscad caudillos extranjeros. Acamp entonces el ejrcito
etrusco en esta llanura, asustado por los avisos del cielo.
El propio Tarconte me envi embajadores y la corona 505
del mando con el cetro y me encomienda las insignias;
que acuda al campamento y me haga cargo de los reinos tirrenos.
Masa m una torpe vejez vencida por el fro y los aos
me impide mandar y unas fuerzas tardas para las hazaas.
A mi hijo se lo pedira, de no ser porque tiene 510
sangre de esta patria por su madre sabina. T, a quien favorece
el destino por la raza y los aos, a quien reclaman los dioses,
da el paso, valerossimo caudillo de talos y teucros.
Te dar adems a mi hijo Palante, nuestro consuelo
y esperanza; que se acostumbre con tu magisterio 515
a la milicia y la pesada tarea de Marte, a contemplar
tus hazaas; que desde su edad primera te admire.
A l doscientos jinetes arcadios, las fuerzas mejores
de nuestra juventud, le dar, y otro tanto en su nombre a ti, Palante.
Apenas haba hablado, y clavados le tenan sus ojos 520
Eneas el hijo de Anquises y el fiel Acates,
y vueltas daban en su triste pecho a graves desgracias,
si no hubiera Citerea mandado su seal a cielo abierto.
Pues un relmpago de improviso lanzado desde el ter
vino con el trueno y todo pareci agitarse de pronto 525
y mugir por el cielo el clangor de la tuba tirrena.
Levantan la cabeza y una y otra vez un tremendo fragor les sacude.
Entre las nubes, ven brillar en la regin serena del cielo
unas armas por el azul y tronar sacudidas.
Los dems se quedaron sin aliento, mas el hroe de Troya 530
reconoci el sonido y las promesas de la diosa, su madre.
Exclama entonces: En verdad, husped, no busques
qu suceso anuncia el portento: es a m a quien llama el Olimpo.
Esta seal la madre que me engendr me dijo que enviara
si empezaba la guerra, y las armas de Vulcano por los aires 535
que mandara en mi auxilio.
Ay! Qu matanzas terribles aguardan a los pobres laurentes!
Qu castigo habrs de pagarme, Turno! Cuntos escudos
de guerreros y yelmos y cuerpos valientes hars rodar bajo tus aguas,
padre Tiber! Que guerra busquen y rompan los pactos. 540
Luego que pronunci estas palabras, se alza del alto solio
y aviva en primer lugar las aras dormidas con los fuegos
de Hrcules, y alegre se acerca al Lar del da anterior
y a los humildes Penates; mata Evandro igualmente
ovejas escogidas segn la costumbre e igualmente la juventud troyana. 545
Se marcha tras esto a las naves y pasa revista a sus compaeros
para escoger de entre ellos a los que le sigan a la guerra
por destacar en valor; los dems se dejan llevar
por la corriente y perezosos se van ro abajo
para llevar noticias a Ascanio de la situacin y de su padre. 550
Se entregan caballos a los teucros que se dirigen a los campos tirrenos;
a Eneas le reservan uno sin sorteo, y del todo le cubre
una rubia piel de len que brilla con uas de oro.
Vuela la noticia divulgada de pronto en la ciudad pequea,
de que rpido van jinetes a los umbrales del rey tirreno. 555
De miedo redoblan las madres sus votos, y el temor crece
ms an por el peligro y ms grande se muestra la imagen de Marte.
El padre Evandro entonces se resiste abrazando la diestra
del que parte, sin saciarse de lgrimas, y dice de este modo:
Ay, si Jpiter me devolviera mis aos pasados, 560
como era yo cuando a las puertas de Preneste el primer ejrcito
aplast e incendi victorioso montaas de escudos
y al Trtaro envi al rey rulo con mi diestra,
al que al nacer tres vidas su madre Feronia
(espanta decirlo) haba dado, que deba blandir tres armas 565
y morir de tres muertes; a l, sin embargo, esta diestra
todas sus vidas le quit y al tiempo le priv de sus armas:
nadie podra arrancarme ahora de este dulce abrazo tuyo,
hijo mo, no Mecencio burlndose de este vecino suyo
habra causado tantas muertes con su espada, 570
ni habra enviudado la ciudad de tantos de sus hombres.
Pero a vosotros os ruego, dioses de lo alto y a ti, Jove,
rector supremo de los dioses, piedad para este rey arcadio;
y escuchad las preces de un padre. Si vuestro numen,
si los hados me reservan salvo a Palante, 575
si vivo para verle y abrazarle de nuevo,
la vida os pido, podr soportar cualquier fatiga.
Pero si tramas, Fortuna, otra salida nefanda,
que pueda yo dejar esta vida cruel ahora mismo,
cuando an en duda estn mis cuitas e incierta la esperanza del futuro; 580
ahora que a ti, querido hijo, nico placer de mis aos,
abrazado te tengo. Que no hiera mi odo la noticia
ms triste! Estas palabras verta el padre en la definitiva
despedida; derrumbado sus siervos a casa lo llevaban.
Y ya haba sacado la caballera por las puertas abiertas 585
Eneas entre los primeros y el fiel Acates,
y detrs los dems caudillos de Troya; el mismo Palante marcha
en medio de la formacin, sealado por su clmide y sus armas pintadas,
como cuando Lucifer derramado de Ocano en las olas,
al que ama Venus ms que a los otros fuegos de los astros, 590
asoma su rostro sagrado por el cielo y disuelve la tiniebla.
De pie quedan las madres asustadas en los muros y siguen con los ojos
la nube de polvo y la tropa de bronce reluciente. Ellos entre las zarzas, por donde es ms corto el camino,
marchan armados; se alza el clamor y en formacin perfecta 595
el casco de los caballos bate con su trotar el llano polvoriento.
Hay junto a la helada corriente de Cere un gran bosque sagrado,
muy venerado por la devocin de los mayores; de todas partes
un circo de colinas lo rodea ylo cie una selva de negros abetos.
Fama es que los antiguos pelasgos lo consagraron a Silvano, 600
al dios de los predios y del ganado, el bosque y una fiesta,
los que habitaron un da los primeros la tierra latina.
No lejos de aqu Tarconte y los tirrenos con el lugar defendan
su campamento, y todo su ejrcito poda ser visto de lo alto
del monte con sus tiendas en los campos abiertos. 605
Aqu llegan Eneas y la juventud elegida
para el combate, y cansados reposo dan a cuerpos y caballos.
Mas Venus, la blanqusima diosa, se presenta entre nubes
etreas llevando sus dones, y cuando vio a su hijo solitario
a lo lejos en un apartado valle junto a las frescas aguas, 610
se le apareci y le habl con estas palabras:
Aqu tienes la ayuda prometida del arte
de mi esposo. No dudes ya, hijo, en entrar en combate
contra los orgullosos laurentes y el fiero Turno.
Dijo, y busc Citerea los abrazos del hijo 615
y enfrente coloc las armas brillantes bajo una encina.
l, satisfecho con los presentes de la diosa y por honor tan grande,
no poda saciarse de mirar todo con sus ojos,
y se asombra, y entre brazos y manos da vueltas
al yelmo terrible con su penacho y que llamas vomita, 620
y a la espada portadora de muerte y la rgida loriga de bronce
color de sangre, inmensa, cual la nube cerlea cuando
se enciende con los rayos del sol y brilla a lo lejos.
Despus las bruidas grebas de electro y oro refinado,
y la lanza, yla trama indescriptible del escudo. 625
Aqu las hazaas talas y las gestas triunfales de los romanos,
conocedor de vaticinios y no ignorante de la edad por llegar,
haba representado el seor del fuego; aqu toda la raza de la futura
estirpe de Ascanio y las guerras libradas por orden.
Haba figurado tambin en la verde gruta de Marte 630
la loba tumbada recin parida, con los nios gemelos jugando
colgados de sus ubres y mamando sin miedo
de su madre; ella, con su suave pescuezo agachado,
los lama por turno y moldeaba sus cuerpos con la lengua.
No lejos de aqu haba aadido Roma y las sabinas 635
raptadas brutalmente de entre el gento del teatro
durante los grandes circenses y de pronto surgir nueva guerra
entre los hijos de Rmulo y el viejo Tacio y los austeros hombres de Cures.
Despus los mismos reyes, dejando la guerra entre ellos,
en pie aparecan armados ofreciendo ante el ara de Jove 640
sus pteras y el pacto firmaban con la muerte de una cerda.
No muy lejos, cuadrigas azuzadas en contra destrozaban
a Meto (pero t, albano, deberas mantener tu palabra!)
y Tulo las entraas del embustero arrastraba
por el bosque, y sangre goteaban los abrojos empapados. 645
Tambin Porsena ordenaba acoger a Tarquinio
expulsado y a la ciudad apremiaba con ingente asedio;
los Enades se lanzaban al hierro por su libertad.
Podras verlo igual que quien se indigna e igual
que el que amenaza, porque haba osado Cocles arrancar el puente 650
y Clelia cruzaba el ro a nado, rotas sus cadenas.
En lo alto estaba Manlio, guardin de la roca
Tarpeya delante del templo y ocupaba las alturas del Capitolio,
erizado de la paja de Rmulo el palacio reciente.
Y aqu, revoloteando por los dorados prticos una oca 655
de plata anunciaba que estaban los galos a las puertas;
los galos llegaban por las zarzas y el alczar ocupaban
protegidos por las tinieblas y el regalo de una noche oscura.
Con su cabellera de oro y de oro vestidos
relucen con sus ropas listadas, y sus cuellos de leche 660
se ven trabados de oro; en la mano dos jabalinas de los Alpes
agita cada uno, cubiertos los cuerpos con grandes escudos.
Aqu haba moldeado a los Salios saltando y a los Lupercos
desnudos, y los gorros de lana y los escudos cados
del cielo; castas matronas portaban los objetos del culto 665
por la ciudad en blandas carrozas. Aadi tambin lejos
de aqu las sedes del Trtaro, las bocas profundas de Dite
y el castigo de los crmenes y a ti, Catilina, colgado
de roca amenazante y temiendo el rostro de las Furias,
y a los justos, separados, y a Catn dndoles leyes. 670
Entre todo esto se extenda la imagen de oro
del mar henchido, mas el azul espumaba de blancas olas.
Y alrededor en crculo brillantes delfines de plata surcaban
la superficie con sus colas y cortaban las aguas.
En el centro escuadras de bronce, las guerras de Accio, 675
aparecan, y toda Leucate podas ver hirviendo
con Marte en formacin ylas olas refulgiendo en oro.
A este lado Csar Augusto guiando a los talos al combate
con los padres y el pueblo, y los Penates y los grandes dioses,
en pie en lo alto de la popa, al que llamas gemelas le arrojan 680
las esplndidas sienes y el astro de su padre brilla en su cabeza.
En otra parte Agripa, con los vientos y los dioses de su lado
guiando altivo la flota; soberbia insignia de la guerra,
las sienes rostradas le relucen con la corona naval.
Al otro lado, con tropa variopinta de brbaros, Antonio, 685
vencedor sobre los pueblos de la Aurora y el rojo litoral,
Egipto y las fuerzas de Oriente y la lejana Bactra
arrastra consigo, y le sigue (sacrilegio!) la esposa egipcia.
Todos se enfrentaron a la vez y espumas ech todo el mar
sacudido por el refluir de los remos y los rostros tridentes. 690
A alta mar se dirigen; creeras que las Ccladas flotaban
arrancadas por el pilago o que altos montes con montes chocaban,
en popas almenadas de mole tan grande se esfuerzan los hombres.
Llama de estopa con la mano y hierro volador con las flechas
arrojan, y enrojecen los campos de Neptuno con la nueva matanza. 695
La reina en el centro convoca a sus tropas con el patrio sistro,
y an no ve a su espalda las dos serpientes.
Y monstruosos dioses multiformes y el ladrador Anubis
empuan sus dardos contra Neptuno y Venus
y contra Minerva. En medio del fragor Marte se enfurece 700
en hierro cincelado, y las tristes Furias desde el cielo,
y avanza la Discordia gozosa con el manto desgarrado
acompaada de Belona con su flagelo de sangre.
Apolo Accaco, viendo esto, tensaba su arco
desde lo alto; con tal terror todo Egipto y los indos, 705
toda la Arabia, todos los sabeos sus espaldas volvan.
A la misma reina se vea, invocando a los vientos,
las velas desplegar y largar y largar amarras.
La haba representado el seor del fuego plida entre los muertos
por la futura muerte, sacudida por las olas y el Ypige; 710
al Nilo, enfrente, afligido con su enorme cuerpo
y abriendo su seno y llamando con todo el vestido
a los vencidos a su regazo azul y a sus aguas latebrosas.
Mas Csar, llevado en triple triunfo a las murallas
romanas, consagraba un voto inmortal a los dioses itlicos, 715
trescientos grandes santuarios por la ciudad entera.
vibraban las calles de alegra y de juegos y de aplausos;
en todos los templos coros de madres, aras en todos;
ante las aras cayeron a tierra novillos muertos.
Y l mismo sentado en el nveo umbral del brillante Febo 720
agradece los presentes de los pueblos y los cuelga de las puertas
soberbias; en larga hilera avanzan las naciones vencidas,
diversas en lenguas y en la forma de vestir y de armarse.
Aqu la raza de los nmadas haba labrado Mulcber
y los desnudos africanos; aqu los lleges, carios y gelonos 725
con sus flechas; iba luego el ufrates con corriente ms calma,
y los morinos, los ltimos de los hombres, y el Rin bicorne,
y los indmitos dahos y el Araxes rechazando su puente.
Todo eso contempla en el escudo de Vulcano, regalo
de su madre, y goza con las imgenes sin conocer los sucesos, 730
y al hombro se cuelga la fama y el destino de sus nietos.
LIBRO IX
Y mientras esto ocurre en lugar bien lejano,
Juno Saturnia del cielo envi a Iris
al valiente Turno. En el bosque de su padre Pilumno
estaba sentado Turno, en un valle sagrado.
As le habl la hija de Taumante con su boca de rosa: 5
Turno, lo que ninguno de los dioses osara prometerte
en tu deseo, he aqu que el correr de los das te lo ofrece.
Eneas, dejando la ciudad, sus compaeros y sus naves,
se dirige a los cetros del Palatino y a la sede de Evandro.
Y hay ms: ha llegado a las ltimas ciudades de Etruria 10
y arma a un puado de lidios y campesinos recluta.
Qu dudas? ste es el momento de reclamar caballos y carros.
Deja todo retraso y ataca un campo amedrentado.
Dijo, y con alas iguales se levant hasta el cielo
y traz a su paso bajo las nubes un arco enorme. 15
La conoci el joven y alz a las estrellas sus palmas
gemelas y con estas palabras la sigui en su huida:
Iris, gloria del cielo, quin te hizo bajar de las nubes
a la tierra para m? De dnde este brillante
prodigio repentino? Veo el cielo por la mitad abierto 20
y el vagar de los astros por su bveda. Sigo seal tan grande,
quienquiera que a las armas me convocas. Y dicho esto,
se agach hasta el agua y lquido bebi de su superficie
implorando a los dioses, y el ter llen de promesas.
Y ya todo el ejrcito marchaba en campo abierto 25
rico de caballos, rico de bordados vestidos y de oro;
Mesapo dirige las primeras filas, y el final los jvenes
Tirridas; Turno en el centro de la formacin como jefe. 28
Como el Ganges profundo manando por siete apacibles 30
corrientes en silencio o el Nilo de fecundas aguas
cuando se derrama por los campos y se mete de nuevo en su cauce
Entonces divisan los teucros una sbita nube
de negro polvo yven surgir tinieblas por el llano.
Y enfrente Caco el primero a gritos llama desde su atalaya: 35
Qu masa, ciudadanos, de negra calgine se revuelve?
Empuad raudos el hierro, a las armas, subid a los muros!,
aqu est el enemigo, ea! Con gran gritero se meten
los teucros por todas las puertas y llenan las murallas.
Pues as lo haba ordenado al partir el mejor en las armas, 40
Eneas: si algo ocurra en su ausencia,
que no osaran formar el ejrcito ni confiarse al llano;
que tras el foso guardasen el campamento y seguros los muros.
As que si bien el pundonor y la ira les lanzan al combate,
cierran las puertas, sin embargo, y las rdenes cumplen, 45
y en las huecas torres aguardan armados al enemigo.
Turno, adelantndose volando a la lenta marcha,
acompaado de veinte jinetes escogidos llega de pronto
a la ciudad; monta un caballo tracio con manchas blancas
y se cubre con un yelmo de oro de rojo penacho: 50
Quin estar, jvenes, a mi lado? Quin el primero contra el enemigo,
eh?, dice y blande, y arroja al aire su jabalina,
seal para el combate, y altivo se lanza a la llanura.
Lanzan un grito sus compaeros y le siguen con alarido
horrsono; se asombran del cobarde corazn de los teucros, 55
de que no salgan a campo abierto ni acudan los hombres
al encuentro de sus armas, de que protejan su campo. Enfurecido,
aqu y all rodea los muros a caballo y busca una entrada imposible.
Y como el lobo que acecha el redil recogido
cuando alla a los troncos batido por el viento y la lluvia, 60
pasada la medianoche; seguros bajo sus madres los corderos
no dejan de balar; l, irritado y negro de ira, se enfurece
con los que nada puede; le agota la rabia por comer
desde hace tiempo y las fauces secas de sangre.
No de otro modo se enciende de furia el rtulo que contempla 65
muros y campamentos, arde el dolor en sus duros huesos.
Por dnde buscar un camino de entrada y de sacar a los teucros
encerrados la manera y desparramarlos por el llano?
La flota, que estaba escondida a un lado de las tiendas
protegida por fosos y por las aguas del ro, 70
la ataca, y fuego pide a los compaeros que le animan
y llena su mano, furioso, con una antorcha encendida.
Acuden los dems entonces (les apremia la presencia de Turno)
y todos los jvenes se lanzan con negras teas.
Echaron mano al fuego: una luz de pez da la humosa 75
antorcha y Vulcano brasas mezcladas a las estrellas.
Qu dios, oh Musas, alej de los teucros incendios
tan crueles? Quin libr a los barcos de fuego tan grande?,
decidme: antigua es la fe en lo sucedido y perenne su fama.
En los das en que andaba preparando en el Ida de Frigia 80
Eneas su flota y se dispona a partir hacia mares remotos,
se dice que la misma madre de los dioses Berecintia
as habl al gran Jove: Concdeme, hijo, lo que te pide
tu madre querida puesto que has domeado el Olimpo.
Hay una selva de pinos que he amado muchos aos, 85
un bosque sagrado en lo alto de la roca donde llevaban las ofrendas,
oscuro de negros pinos y de ramas de arce.
Gustosa se lo di al joven dardanio, cuando una flota
precisaba; ahora un temor angustioso me inquieta.
Lbrame de miedo y permite a tu madre esto poder con sus preces: 90
que no las desarbole ruta alguna ni sean vencidas
por las tempestades, que de algo les valga el ser hijas de nuestras montaas.
As le respondi el hijo que hace girar las estrellas del cielo:
Oh, madre ma, a dnde llamas a los hados? Qu pides para ellas?
Que tengan ley inmortal unas naves que manos mortales 95
han construido y que a salvo arrostre Eneas
peligros inciertos? A qu dios tan gran poder se ha concedido?
En todo caso, cumplida su misin, cuando lleguen un da
a los puertos y las tierras de Ausonia, a cuantas escapen de las olas
y al jefe dardanio conduzcan a los campos laurentes 100
les quitar su forma mortal y ordenar que sean
diosas del ancho mar, igual que la Nereida Doto
y Galatea surcan con sus pechos el ponto espumante.
Dijo, y lo jur por los ros de su hermano estigio;
por los torrentes de pez y las orillas del negro remolino 105
asinti, e hizo temblar el Olimpo entero con su gesto.
Haba llegado, pues, el da prometido y haban cumplido
el tiempo marcado las Parcas, cuando de Turno el sacrilegio
hizo apartar a la Madre las antorchas de las naves sagradas.
Brill entonces una rara luz ante los ojos y una enorme 110
nube pareci cruzar el cielo de lado de la Aurora
y los coros ideos; luego cae por los aires
una voz horrenda y llena las tropas de rtulos y troyanos:
No os empeis, teucros, en defender mis naves queridas
ni armis vuestras manos; antes incendiar Turno los mares 115
que los sagrados pinos. Quedad vosotras libres,
marchaos, diosas del mar; lo manda vuestra madre.
Y al punto cada barco rompe las cadenas de la orilla
y como delfines, metiendo sus rostros en el agua
buscan el fondo. Salen de ah (asombroso prodigio) 120
como otros tantos cuerpos de doncellas y al mar se lanzan. 122
Se quedaron los rtulos sin habla y hasta Mesapo
asustado sobre inquietos caballos, y ronca resonando duda
la corriente y el Tber se vuelve desde alta mar. 125
Mas no abandon su confianza al bravo Turno;
tanto ms alza los nimos con sus palabras y tanto ms grita:
A los troyanos buscan estas apariciones, Jpiter con ellas
les ha privado de la ayuda acostumbrada: ni dardos ni fuegos
esperan a los rtulos. As que mares no navegables para los teucros, 130
sin esperanza alguna de huir: han perdido la mitad de sus recursos,
mientras queda la tierra en nuestras manos: tantos miles,
sus armas blanden los pueblos talos. No me asustan las fatales
respuestas de los dioses, si de alguna presumen los frigios;
bastante se ha dado ya a Venus y al hado, que han podido 135
tocar los troyanos los frtiles campos de Ausonia. Tengo yo hados
contrarios a los suyos, aplastar con la espada a un pueblo
criminal que me rob la esposa; este dolor no toca slo
a los Atridas, ni slo a Micenas cabe empuar las armas.
Pero basta con morir una vez. Habra bastado el pecado 140
anterior, mas no odiaron por completo a toda
la raza de las mujeres. nimos les dan su confianza
en la empalizada y el estorbo de los fosos, breve demora
de su muerte; mas no vieron de Troya las murallas
fabricadas por mano de Neptuno caer bajo el fuego? 145
Y vosotros, lo mejor de los mos, quin est dispuesto
a abrir la valla con su espada y entrar conmigo en el campo tembloroso?
No necesito yo las armas de Vulcano, ni barcos
a millares contra los teucros. Que adems se les sumen
todos los etruscos por aliados. Las tinieblas y el vano robo 150
del Paladio, muertos los centinelas de la fortaleza,
no teman: no nos meteremos en la ciega panza de un caballo.
A plena luz no fallar rodear con fuego sus muros.
Les har sentir que no se las ven con dnaos y jvenes
pelasgos, a quienes Hctor pudo resistir hasta el dcimo ao. 155
As que ahora, puesto que ya ha pasado lo mejor del da,
cuidad lo que queda vuestros cuerpos, contentos
con lo realizado, y aguardad prestos el combate.
Se confa entretanto a Mesapo los puestos de guardia
ante las puertas, y ceir con fuegos las murallas. 160
Se eligieron dos veces siete rtulos para guardar los muros
con soldados, y a cada uno de ellos le siguen cien
jvenes de rojo penacho y relucientes de oro.
Acuden y se van turnando, y echados por la hierba
se entregan al vino y vacan las crateras de bronce. 165
Brillan los fuegos, pasa la noche la guardia
insomne, entre juegos.
Observan esto los troyanos desde su empalizada y las alturas
ganan con sus armas, y, temblando de ansia,
vigilan las puertas y preparan puentes y bastiones, 170
y disponen sus flechas. Les apremia Mnesteo y el fiero Seresto
a quienes el padre Eneas, si la situacin lo requera,
haba dado por guas a los jvenes y caudillos.
Por todos los muros monta guardia la legin echando a suertes
el riesgo por turnos, y lo que debe guardar cada uno. 175
Niso era centinela de la puerta, valeroso guerrero,
el hijo de Hrtaco, a quien haba enviado el Ida rico en caza
de compaero de Eneas, rpido con la lanza y las veloces flechas,
y a su lado Euralo, su amigo, ms hermoso que el cual
no hubo otro entre los Enadas ni visti las armas troyanas, 180
y la flor de la juventud adornaba el rostro imberbe del muchacho.
Un nico amor les una y juntos se lanzaban al combate;
tambin entonces en guardia comn vigilaban la puerta,
Niso dice: Ponen los dioses este ardor en nuestros corazones,
Euralo, o de cada uno su fiera pasin se vuelve el dios? 185
Hace tiempo que se agita mi pecho por combatir
o por emprender algo grande, y no se conforma con este tranquilo reposo.
Ya est viendo la confianza que embarga a los rtulos:
Pocas luces se ven, yacen vencidos por el sueo
y el vino, y todo est en silencio. Escucha todava 190
cul es mi duda y qu idea en mi nimo brota.
Ir en busca de Eneas piden todos, el pueblo
y los padres, y enviarle quien le cuente lo que pasa.
Si me prometen lo que pido para ti (pues a m la fama
de la accin me basta), creo poder encontrar al pie 195
de aquel cerro un camino a las torres y murallas de Palanteo.
Atnito qued Euralo, tocado por un ansia muy grande
de gloria, y as se dirige a su ardoroso amigo:
As que no quieres tomarme en hazaa tan alta, Niso,
por compaero? Slo he de dejarte en peligro tan grande? 200
No tal mi padre Ofeltes, avezado a la guerra,
me ense al criarme entre el terror de Argos
y las fatigas de Troya, ni as me he portado contigo
en pos del magnnimo Eneas y sus hados extremos.
Hay aqu un corazn que desprecia la luz y que cree 205
que bien puede pagarse con la vida esa gloria que buscas.
Niso a esto: En verdad nada de eso tema de ti,
y no sera justo; as el gran Jpiter a ti me devuelva
triunfante o quienquiera que esto contempla con ojos benignos.
Mas si algn dios o alguna mala suerte (como a menudo ves 210
en tal peligro) me arrastran al desastre,
me gustara que t sobrevivieras, ms digno de la vida por tu edad.
Que hubiera quien me encomendase a la tierra sacndome
del combate o pagando un rescate, o, si Fortuna lo prohibe,
que en ausencia las exequias me hiciese y adornase mi tumba. 215
Y por no ser causa de un dolor tan grande para tu madre,
la pobre, la nica entre muchas que valiente ha seguido
a su hijo, sin cuidarse de las murallas del gran Acestes.
Mas el otro: No entrelaces en vano argumentos vacos,
que mi opinin no cede y es inamovible. 220
Dmonos prisa. Dice y al tiempo despierta a los guardias.
stos les relevan y mantienen el turno; dejando el puesto,
l acompaa a Niso y salen en busca de su rey.
Por todas las tierras los dems animales curaban sus cuitas
con el sueo y los corazones olvidados de fatigas; 225
los primeros caudillos de los teucros, la juventud escogida,
celebraban consejo sobre asuntos importantes del reino,
qu haran y quin sera ya el mensajero de Eneas.
En pie estn apoyados en lanzas largas y con sus escudos
en medio del llano y del campamento. Entonces Niso y con l 230
Euralo solicitan presurosos ser admitidos sin demora,
que el asunto era importante y la tardanza cara. Julo
el primero les recibi nerviosos y mand hablar a Niso.
As entonces el hijo de Hrtaco: Escuchad con voluntad propicia,
amigos de Eneas, y no juzguis por nuestros aos 235
lo que traemos. Han callado los rtulos vencidos
por el vino y el sueo. Nosotros mismos un lugar hemos visto
para nuestro plan, que se abre en el cruce de la puerta marina.
Han cesado los fuegos y negra humareda se levanta
hasta el cielo. Si nos permits aprovechar esta fortuna 240
para buscar a Eneas y las murallas de Palanteo,
nos veris al punto regresar con el botn cargados
de una gran matanza. Y no nos engaa el camino en la marcha:
hemos visto antes las primeras casas entre valles oscuros
yendo a menudo de caza y hemos recorrido todo el ro. 245
Entonces Aletes, maduro de nimo y grave por sus aos:
Dioses de la patria bajo cuyo poder Troya est siempre!
No queris, sin embargo, destruir por completo a los teucros
cuando nimos disteis as a nuestros jvenes y pechos
tan firmes. Tal diciendo abrazaba a los hombros y las diestras 250
de ambos, y regaba de llanto su rostro y sus mejillas.
Qu para vosotros, guerreros, qu recompensa digna
pagar se puede por esa hazaa? Lo mejor en seguida
os lo darn los dioses yvosotros mismos: os pagar muy pronto
el resto el piadoso Eneas y, con su edad entera, 255
Ascanio, que nunca olvida mritos tan grandes.
Yo, por mi parte -afirma Ascanio-, para quien la esperanza sola
est en la vuelta de mi padre, a vosotros os pongo por testigos,
Niso, por los grandes Penates y el Lar de Asraco y el templo
de la canosa Vesta: sea cual sea mi confianza y mi fortuna, 260
la pongo en vuestro pecho. Buscadme a mi padre,
devolvedme su presencia; nada ser triste si lo recupero.
Os dar dos copas llenas de relieves, terminadas
en plata, que mi padre tom tras la derrota de Arisba,
con dos trpodes iguales, dos grandes talentos de oro, 265
una cratera antigua que me dio la sidonia Dido.
Ahora, si me cupiera conquistar vencedor Italia,
hacerme con el reino y repartir el botn a suertes,
viste con qu caballo iba Turno y con qu armas, todo
de oro; pues ese caballo y su escudo y su rojo penacho, 270
son ya tu premio, Niso, libres del sorteo.
Mi padre por su parte dos veces seis madres
bien elegidas y cautivos y todos con sus armas,
y adems cuanto campo posee el propio rey Latino.
Y en cuanto a ti, respetable muchacho a quien sigue 275
de cerca mi edad, te acojo ya con todo el corazn
y te abrazo compaero de todas las fatigas.
No he de buscar gloria alguna sin ti en mis empresas:
tanto en paz como en guerra, en ti residir mi confianza
mayor de palabra y de obra. A quien tal dice replica 280
Euralo: Jams llegar el da que me vea indigno
de acciones tan valientes; slo, que no se vuelva de espaldas
la suerte favorable. Pero nada ms esto te pido, por encima
de todos los regalos: tengo a mi madre, de la rancia estirpe
de Pramo, a quien, desdichada, la tierra de Ilin no retuvo 285
cuando part, ni las murallas del rey Acestes.
La dejo yo ahora sin saber nada de todo este riesgo
y sin despedirme (pongo a la noche por testigo
y a tu diestra), que sufrir no puedo lgrimas de mi madre.
As que t, te lo ruego, consuela a la desgraciada y mira por la que dejo. 290
Permteme llevar esta esperanza y con mayor audacia arrostrar
todos los peligros. Con el corazn estremecido vertieron
lgrimas los Dardnidas, y el hermoso Julo ms que los otros,
y aneg su nimo esta piadosa imagen de un hijo.
Dice as entonces: 295
Puedes prometerte cuanto sea digno de tus grandes empresas.
Pues ella ha de ser mi madre y ha de faltarle slo
el nombre de Cresa, y no le aguarda pequea recompensa
por un hijo as. Sea cual sea el final de tu hazaa,
juro por mi cabeza, por la que antes sola mi padre: 300
cuanto a ti te prometo a la vuelta si todo va bien,
lo mismo se har con tu madre y toda su estirpe.
As dice entre lgrimas; al tiempo se quita del hombro la espada
de oro que haba forjado Lican de Cnosos con arte
admirable, con la vaina de marfil que rapidez le daba. 305
A Niso da Mnesteo la piel de un len espantoso,
sus despojos, y el yelmo le cambia el fiel Aletes.
Parten al punto armados; al tiempo que marchan
les sigue con sus votos junto a las puertas todo el grupo
de los principales, jvenes y viejos, as como el hermoso Julo, 310
haciendo gala antes de tiempo de nimo y cuidado de hombre,
les daba muchos encargos para su padre; mas todo
dispersan las brisas y lo entregan sin sentido a las nubes.
Cruzan saliendo los fosos y entre las sombras de la noche
se dirigen al campo enemigo, pero antes seran causa 315
de muerte para muchos. Los ven tendidos en la hierba
por el vino y el sueo, carros de pie en la playa,
hombres entre ruedas y arreos, las armas por el suelo
y entre las copas. El hijo de Hrtaco as dijo el primero:
Euralo, es el momento de atacar, la ocasin a ello nos invita. 320
Por aqu est el camino. T, para que ningn grupo pueda alzarse
a nuestras espaldas, vigila y observa de lejos;
voy a sembrar la muerte abrindote con ello ancho sendero.
As dice y sofoca su voz al tiempo que ataca con la espada
al orgulloso Ramnete, que en mullidos tapices andaba 325
echado y sueo respiraba de todo su pecho,
rey a la vez que gratsimo augur del rey Turno,
aunque no pudo con su augurio librarse de la muerte.
Acaba a su lado con tres sirvientes que yacan tranquilos
entre sus armas y con el escudero de Remo y con el auriga bajo sus propios 330
caballos sorprendidos, y corta con la espada los cuellos colgantes.
Luego le arranca al dueo mismo la cabeza y deja su cuerpo
sangrando a borbotones; de negra sangre la tibia tierra
y los lechos se empapan. Y as con Lmiro y Lamo
y con el joven Serrano que mucho haba jugado 335
aquella noche, de hermosa figura, yyaca con el cuerpo
vencido del mucho vino: dichoso l si hubiera igualado
a la noche con su juego y lo hubiera llevado al amanecer;
como un len hambriento movindose entre los llenos rediales
(como le pide su loca hambre), devora y arrastra 340
al tierno ganado mud de espanto y ruge con boca cruenta.
No menor fue la matanza de Euralo; tambin l encendido,
loco se vuelve y se lanza en medio de un gran grupo
sin nombre, de Fado y Herbeso, de Abaris y Reto,
desprevenidos; a Reto despierto y vindolo todo 345
que, lleno de miedo, se ocultaba tras una cratera,
le clav la espada en el pecho hasta la empuadura
cuando se incorporaba, y la sac llena de muerte.
Vomita el otro un alma de prpura y al morir echa
el vino mezclado con la sangre, l prosigue su loco dao. 350
Y ya se diriga al grupo de Mesapo; all vea apagarse
los fuegos y los caballos atados segn la costumbre
pacan en la hierba, cuando as Niso brevemente
(pues siente que le arrastra el exceso de sangre y el ansia):
Dejmoslo -dice-, pues se acerca la luz peligrosa. 355
Castigo bastante han tenido, un camino se abre entre los enemigos.
Abandonan numerosos objetos de plata maciza de los soldados,
y armas y crateras, as como hermosos tapices.
Euralo toma los arreos de Ramnete y un cinturn de placas
de oro, presentes un da que el riqusimo Cdico enviara 360
a Rmulo de Tbur, cuando lo hizo su husped en ausencia;
l los entrega al morir a su nieto para que los tenga;
despus de su muerte lo tomaron los rtulos en la guerra y en el combate:
lo coge y se lo cuelga al hombro intilmente poderoso.
Luego el yelmo de Mesapo, cmodo y adornado de penacho, 365
se pone. Salen del campo y buscan lugares seguros.
Andaban entretanto jinetes enviados en descubierta
de la ciudad latina, mientras el resto de la tropa acampaba
en el llano, y respuesta traan al rey Turno.
Trescientos, todos con escudos, y Volcente al mando. 370
Y ya se acercaban al campamento y a sus muros llegaban,
cuando les ven doblar a lo lejos en el camino de la izquierda,
y el yelmo traicion al descuidado Euralo en la sombra
brillante de la noche y refulgi tocado por los rayos.
No pas inadvertido; desde su columna grita Volcente: 375
Quietos, soldados! Cul es la causa de la salida?
De quin sois soldados y a dnde os dirigs? Ellos nada responden,
sino que se metieron corriendo en el bosque y se confiaron a la noche.
Se lanzan los jinetes a los senderos conocidos
aqu y all, y rodean de guardias todos los accesos. 380
Era una selva erizada de negra encina y zarzas,
que espesos matorrales llenaban por todas partes;
entre ocultos caminos brillaba un raro sendero.
Estorban a Euralo las tinieblas de las ramas y el pesado
botn y el temor le engaa con la direccin del camino. 385
Niso escapa, yya se haba librado del enemigo el descuidado
y de los lugares que luego se llamaron albanos
del nombre de Alba (donde el rey latino tena sus pastos),
y se detuvo y en vano busc al amigo ausente:
Pobre Euralo, por dnde te habr abandonado?, 390
por dnde seguirte? Recorriendo de nuevo el difcil camino
de la selva engaosa, observa las huellas recientes
y las sigue hacia atrs yvaga entre los zarzales silenciosos.
Oye los caballos, oye el estrpito y las seales de los que le persiguen,
y no pasa mucho tiempo, cuando un clamor llega 395
a sus odos y ve a Euralo, a quien con el engao
del lugar y la noche todo el grupo ya lo tiene apresado
en repentina escaramuza y aunque todo lo intenta en vano.
Qu hacer? Con qu fuerzas intentara al joven
rescatar, o con qu armas? Se ha de lanzar a morir 400
entre las espadas ganando con heridas una muerte hermosa?
Raudo blande la lanza doblando el brazo
y mirando a la alta Luna reza de esta manera:
T, diosa, acude en nuestra ayuda en este trance,
gloria de los astros y guardiana de los bosques, hija de Latona. 405
Si algn presente llev hasta tus altares mi padre Hrtaco
por m; si los aument yo en mis caceras o los colgu
de tu bveda o los clav en tus sagrados techos,
concdeme dispersar este grupo y gua mis disparos por el aire.
Dijo, y lanz su hierro haciendo fuerza 410
con todo su cuerpo. La lanza voladora azota las sombras
de la noche y se clava en la espalda de Sulmn y se quiebra
all, y la madera clavada el corazn le atraviesa.
ste se revuelve vomitando un ro caliente de su pecho,
helado, y golpea sus ijares en largos espasmos. 415
Miran a su alrededor. An ms enardecido,
hete aqu que otra lanza sopesaba a la altura de la oreja.
Mientras corren confundidos, silbando llega el asta
a las sienes de Tago y se clava tibia en el cerebro atravesado.
Enloquece el feroz Volcente sin poder ver al que lanza 420
los disparos, y sin poder arrojarse ardiendo sobre l.
Pues t mientras tanto vas a pagar con tu sangre caliente
el castigo por ambos, dijo, y al tiempo empuando su espada
marchaba contra Euralo. Fuera de s entonces, aterrado,
grita Niso y ya no aguanta ms escondido 425
en las tinieblas, ni puede soportar un dolor tan grande:
A m, a m, aqu est el que lo hizo! Volved a m las armas,
rtulos! Mo ha sido el plan, y nada os ste
ni nada pudo; el cielo y los astros que lo saben son mis testigos;
l slo am demasiado a un infeliz amigo. 430
Tales gritos daba, mas la espada impulsada con fuerza
traspasa las costillas y rompe el blanco pecho.
Cae Euralo herido de muerte, y por su hermoso cuerpo
corre la sangre y se derrumba su cuello sobre los hombros:
como cuando la flor encarnada que siega el arado 435
languidece y muere, o como la amapola de lacio cuello
inclina la cabeza bajo el peso de la lluvia.
Mas Niso se lanza en medio y slo entre tantos
quiere a Volcente, slo en Volcente se fija.
Los enemigos lo rodean y de cerca lo acosan 440
por todas partes. No ceja por ello yvoltea su espada
relampagueante, hasta que en la boca del rtulo que gritaba
la clav de frente y muriendo quit la vida a su enemigo.
Se arroj entonces sobre su exnime amigo,
acribillado, y all descans al fin con plcida muerte. 445
Afortundos ambos! Si algo pueden mis versos,
jams da alguno os borrar del tiempo memorioso,
mientras habite la roca inamovible del Capitolio
la casa de Eneas y su poder mantenga el padre romano.
Los rtulos vencedores se hacen con el botn y los despojos 450
y llevan llorando al campamento a Volcente sin vida.
No fue menor el duelo en el campo al hallar a Ramnete
exange y tan gran matanza de los mejores,
y a Serrano y a Numa. Un gran corro se forma
ante sus cuerpos y los hombres medio muertos y el lugar reciente 455
de tibia muerte y los ros espumantes llenos de sangre.
Reconocen entre ellos los despojos y el casco reluciente
de Mesapo y los arreos con tanto sudor ganados.
Y ya la Aurora primera regaba las tierras con el nuevo da
abandonando el lecho azafrn de Titono. 460
Con el sol ya esparcido, descubiertas por la luz las cosas,
Turno llama a sus hombres a las armas revestido l mismo
con sus armas: forman las broncneas columnas para el combate,
cada cual las suyas, y aguzan sus iras con diversas consignas.
Clavan incluso las propias cabezas en lanzas enhiestas 465
(lamentable espectculo) de Euralo y Niso, y las siguen con gran gritero.
Los duros Enadas en la parte izquierda de los muros
dispusieron su lnea (la derecha la cien las aguas),
y ocupan los fosos enormes y en las altas torres 470
se colocan, tristes; conmovan a los desgraciados los rostros clavados
de sus hombres, tan conocidos, chorreando negra sangre.
Volando entretanto con sus plumas Fama la mensajera
corre por la ciudad asustada y llega a los odos de la madre
de Euralo. Y de pronto dej el calor sus huesos, desgraciada, 475
el huso se escap de sus manos y cayeron los ovillos.
Sale corriendo la infeliz y con alaridos de mujer
mesndose el cabello, fuera de s, busca los muros
y las primeras filas, y no se fija en los hombres ni en el peligro
ni en los disparos, y llena entonces el cielo con su lamento: 480
As te veo, Euralo? Eres t, el reposo postrero
de mis aos, y has podido dejarme sola,
cruel? Y cuando te enviaron a peligros tan grandes,
no se dio a tu madre el hablarte por ltima vez?
Ay! Yaces en tierra extraa botn de los perros latinos 485
y de sus buitres. Siendo tu madre, ni tus exequias te he podido
hacer, ni he cerrado tus ojos, ni lav tus heridas,
cubrindote con la tela que te estaba tejiendo a toda prisa,
de da y de noche, y en el telar consolaba mis cuitas de vieja.
Dnde buscarte? Qu tierra guarda ahora tu cuerpo 490
y tus miembros lacerados y tu cadver roto? Esto me traes
de ti, hijo mo? Esto es lo que he seguido por mar y por tierra?
Atravesadme, si queda an piedad; contra m todas las flechas
disparad, rtulos, matadme la primera con la espada;
o t, gran padre de los dioses, ten piedad y esta odiada 495
cabeza sepulta bajo el Trtaro con tu rayo,
que de otro modo no puedo quebrar esta vida cruel.
Con este llanto tocados los nimos, un triste lamento
brota de todos, se entorpecen las fuerzas rotas para el combate.
Ideo y ctor, como inflamaba la pena de todos, 500
por orden de Ilioneo y de julo que mucho lloraba
la cogen y en sus manos la conducen a casa.
Y lanz a lo lejos la tuba su terrible sonido
de bronce canoro, sigue un clamor y el cielo retumba.
Rpidamente forman los volscos su tortuga 505
y se disponen a llenar los fosos y arrancar la empalizada;
busca la entrada una parte y subir a los muros con escalas
por donde hay menos tropa y clarea la espesa
corona de soldados. Responden los teucros lanzando
todo tipo de dardos y los derriban con duros troncos, 510
habituados a defender sus muros en una larga guerra.
Hacan rodar tambin piedras de gran peso, por si podan
quebrar la cubierta columna, aunque bajo la densa
tortuga todo se est dispuesto a resistir.
Y ya no aguantan ms. Pues por donde el grupo es ms compacto, 515
acuden los teucros y hacen rodar una mole tremenda
que aplasta por completo a los rtulos y destroza la cubierta
de sus armas. Y ya no se cuidan los rtulos bravos
de atacar con un Marte ciego, sino que compiten
en echarlos del muro con proyectiles. 520
En otra parte blanda Mecencio con horrible aspecto
un pino etrusco y lleva fuegos humeantes;
y Mesapo, domador de caballos, prole de Neptuno,
abre la empalizada y escalas pide para la muralla.
A vosotras, Calope, os pido que inspiris al que canta 525
los desastres que el hierro caus, qu muertos Turno
dej atrs, a quin envi cada cual al Orco,
y desplegad conmigo las grandes vueltas de la guerra. 528
Haba una torre de gran tamao y puentes elevados, 530
adecuada al lugar, que los talos con grande empeo
todos se esforzaban en tomar y abatir con la mayor violencia
de sus recursos, y los troyanos, al contrario, defendan
con piedras y dardos, apiados, por el hueco de las saeteras.
Turno el primero lanz una antorcha encendida 535
y clav en el costado la llama que, inflamada del viento,
hizo presa en las tablas y se peg a las puertas consumidas.
Asustados se agitaban en su interior y escapar pretendan
de la desgracia. Al amontonarse y hacerse hacia atrs,
a la parte libre de fuego, cay de repente la torre 540
bajo el peso y resuena con el fragor todo el cielo.
Caen medio muertos al suelo bajo la enorme mole
y se clavan en sus propios dardos y traspasan
sus pechos los duros troncos. Apenas escaparon
Helnor y Lico; de ellos, en la flor de la edad Helnor, 545
para el rey meonio al que la esclava Licimnia en secreto
haba criado y enviado a Troya con armas prohibidas,
ligero con su espada desnuda y el blanco escudo, an sin gloria.
Y cuando se vio en medio de millares de los de Turno,
que de un lado y de otro se alzaban tropas latinas, 550
cual la fiera acosada por densa corona de cazadores
se revuelve contra las flechas y se arroja a la muerte
a sabiendas y se lanza de un salto sobre los venablos,
no de otro modo el joven a morir entre los enemigos
se lanza, y corre all donde ms densas son las flechas. 555
Lico, por su parte, mucho mejor con los pies, entre los enemigos
y entre sus armas busca los muros huyendo y se empea
en tocar con la mano su parte ms alta y las diestras de sus compaeros.
Turno le sigue igual con los pies que con las flechas
y, vencedor, le increpa: Pensabas poder escaparte, 560
loco, de nuestras manos? Y lo agarra colgado
como estaba y lo arranca con gran parte del muro.
Como cuando a una liebre o a un cisne de blanco cuerpo
lo toma en sus garras el escudero de Jove ganando altura,
o el lobo de Marte se lleva del redil a un cordero 565
que reclama su madre con muchos balidos. De todas partes
se alza el clamor: entran y rellenan con tierra los fosos,
lanzan otros a los tejados teas encendidas.
Ilioneo con un peasco y un enorme trozo de monte
a Lucetio que se acercaba a la puerta con su antorcha, 570
Lger a Ematin, a Corineo abate Asilas,
hbil ste con la jabalina y aqul de lejos con la flecha que engaa;
Cneo a Ortigio, al vencedor Cneo Turno,
Turno a Itis y Clonio, y a Prmolo y Dioxipo,
y a Sgaris y a Idas que las altas torres defenda; 575
Capis a Priverno, a quien haba alcanzado primero
la lanza ligera de Temillas: deja, loco, el escudo y se lleva
la mano a la herida, as que llega volando una flecha
y le clava la mano al costado izquierdo y desgarra
con su herida mortal el camino escondido del aliento. 580
Estaba el hijo de Arcente con egregias armas
revestido de su clmide bordada y brillante de prpura hibera,
con hermoso aspecto, al que su padre Arcente haba enviado
criado en el bosque de Marte junto a los arroyos
del Simeto, donde el altar benigno de Palico y pinge: 585
dejando las lanzas Mecencio su honda estridente
volte tres veces en torno a su cabeza con la correa,
y golpe de frente el centro de sus sienes con plomo
fundido y lo dej tendido en la arena del suelo.
Se dice que entonces por primera vez lanz en la guerra 590
una rpida flecha Ascanio, acostumbrado como estaba a asustar
a fieras huidizas, y tumb con su mano al fuerte Numano,
apodado Rmulo, que haca poco se haba unido
en matrimonio con la hermosa pequea de Turno.
Iba en primera fila dando voces dignas e indignas 595
de decir y con el pecho henchido de su nuevo
poder, y avanzaba orgulloso gritando:
No os avergenza estar de nuevo asediados tras una empalizada,
frigios dos veces prisioneros, y levantar una muralla ante la muerte?
Mira, t! Los que nos pedan matrimonio por la fuerza! 600
Qu dios a Italia, o qu locura os ha trado?
No estn aqu los Atridas ni el urdidor de historias, Ulises:
raza dura por la estirpe, llevamos primero a los hijos
al ro y los endurecemos con el hielo cruel y las olas;
no duermen nuestros nios por la caza y fatigan los bosques, 605
es su juego montar caballos y disparar flechas con sus arcos.
Y la juventud, hecha al trabajo y con poco conforme,
o doma la tierra con rastrillos o golpea con la guerra las ciudades.
Toda la edad la pasamos con el hierro y con la lanza vuelta
el lomo de los novillos sin que de la vejez la torpeza picamos 610
apague las fuerzas de nuestro pecho ni altere su vigor:
ceimos nuestras canas con el yelmo y traer nos agrada
constantemente nuevos botines y vivir de la rapia.
A vosotros os va la ropa teida de prpura brillante
y de azafrn, os gusta la indolencia y entregaros a la danza, 615
y tienen mangas vuestras tnicas y cintas vuestras mitras.
Oh, frigias en verdad, ms que frigios! Andad por las cumbres
del Dndimo donde solis escuchar el canto de la flauta.
Que os llaman los tmpanos y el boj berecintio de la Madre
del Ida; dejad las armas a los hombres y soltad el hierro. 620
Que as se jactase gritando amenazas
no pudo soportar Ascanio, y tens de frente su flecha
en el nervio de caballo y abriendo los brazos
se detuvo para ganar antes con sus votos el favor de Jove:
Jpiter todopoderoso, aprueba esta audaz empresa! 625
Yo mismo llevar a tus templos solemnes presentes
y sacrificar ante tus aras un novillo de frente dorada,
blanco, que alcance con la cabeza a su madre,
que embista ya y que esparza la arena con sus patas.
Lo escuch y tron por la izquierda en regin serena 630
del cielo el padre, al tiempo que silba el arco fatal.
Escapa con horrible zumbido la flecha disparada
y atraviesa la cabeza de Rmulo y cruza con la punta
el hueco de sus sienes. Anda, brlate del valor con jactancia!
Esta respuesta envan a los rtulos los frigios dos veces prisioneros. 635
No dijo ms Ascanio. Los teucros le siguen con sus gritos
y vibran de alegra y sus nimos lanzan al cielo.
Vea casualmente desde lo alto Apolo de larga cabellera
en la regin del cielo la ciudad y las tropas ausonias,
sentado en una nube, y al vencedor Julo as le dice: 640
Bravo por ese nuevo valor, muchacho! As se va a las estrellas,
hijo de dioses que dioses engendrars! Con razn, toda guerra
cesar bajo el linaje de Asraco que los hados nos mandan,
y Troya no te basta. A la vez que esto dice caer se deja
del alto ter, hiende las auras que respiran 645
y busca a Ascanio; cambia entonces la forma de sus rasgos
por los del viejo Butes. ste fue antes del dardanio
Anquises escudero y leal centinela de sus umbrales;
luego el padre se lo dio a Ascanio por compaero.
Iba Apolo en todo igual al viejo, en la voz y el color 650
Y los blancos cabellos y las armas de sombro sonido,
ya] enardecido Julo se dirige con estas palabras:
Sea suficiente, hijo de Eneas, abatir impunemente con tus flechas
a Numano. El gran Apolo te ha otorgado
esta gloria primera y no ve mal tus armas iguales a las suyas; 655
deja ahora el combate, muchacho. Tras comenzar as, Apolo
dej su aspecto mortal en medio del discurso
y escap hacia el aire sutil, lejos de los ojos.
Reconocieron al dios los jefes dardanios y las divinas
flechas oyeron resonar en la huida y su aljaba. 660
Y as, con sus palabras y por la voluntad de Febo
alejan a Ascanio vido de pelea, yvuelven ellos mismos
de nuevo al combate y lanzan sus almas a peligros abiertos.
En todo el muro sale el clamor por los bastiones,
tensan los arcos fieros y retuercen los amientos. 665
Todo el suelo se cubre de flechas y los escudos y los cavos
yelmos resuenan con los golpes; se traba un spero combate.
Cuanto sacude la tierra el chaparrn que viene de poniente
con las Cabrillas lluviosas, como los nimbos cargados de granizo
se lanzan sobre los ros, cuando Jpiter hrrido de Austros 670
lanza una tormenta de agua y rompe las huecas nubes en el cielo.
Pndaro y Bitias, hijo de Alcnor Ideo,
a quienes cri en el bosque de Jove la silvestre Yera,
jvenes como los abetos de su patria y sus montes,
abren la puerta que las encomend la orden de su jefe, 675
fiados en sus armas, e invitan adems a pasar al enemigo.
Ellos se quedan dentro ante las torres a izquierda y derecha
armados con la espada y luciendo sus enhiestos penachos:
como dos encinas se alzan al aire junto a la lquida corriente
en las orillas del Po o cerca del tesis ameno, 680
y levantan al cielo sus cabezas frondosas y agitan la altsima copa.
Los rtulos irrumpen en la entrada en cuanto la vieron abierta;
en seguida Quercente y Aquculo, hermoso con sus armas,
y Tmaro lanzado de nimo y el marcial Hemn 685
con todos sus hombres, o se volvieron y dieron la espalda
o en el mismo umbral de la puerta dejaron sus vidas.
Entonces crece an ms el furor en los corazones discordes,
y ya los troyanos reunidos en el mismo lugar se agrupan
y osan hacerles frente y salir adelante. 690
Al caudillo Turno, enfurecido en otra parte
y asustando a los hombres le llega la noticia de que hierve
el enemigo con la nueva matanza y ofrece las puertas abiertas.
Deja lo emprendido y llevado de una ira tremenda
corre a la puerta dardania y contra los hermanos orgullosos. 695
Y tumba primero arrojando su lanza a Antfates
(pues era el primero en presentarse), bastardo del noble Sarpedn,
de madre tebana: vuela el talo cornejo
por el aire sutil y clavado en el estmago se esconde
en lo hondo del pecho; devuelve la gruta de la negra herida 700
un ro de espuma y se empapa el hierro del pulmn atravesado.
Luego a Mrope y Erimanto con su mano y tumba a Afidno,
luego a Bitias con los ojos en llamas y el nimo excitado,
no con la jabalina (pues a una jabalina no habra dado l su vida),
sino que dispar con intenso silbido una falrica sacudida 705
a modo de un rayo, que ni dos pieles de toro
ni la loriga fiel, de oro y doble escama,
resistieron; caen desastados sus miembros enormes,
exhala la tierra un gemido y resuena sobre el gran escudo.
As cae a veces en la costa eubea de Bayas 710
un pilar de piedra que con grandes moles construyen
antes y lo lanzan al mar; inclinado,
se precipita y se queda clavado en el fondo;
se revuelven las aguas y se elevan las negras arenas,
y entonces tiembla del ruido la alta Prcida e Inrime, 715
duro lecho impuesto a Tifeo por orden de Jove.
Marte entonces poderoso en las armas, nimo y fuerzas
dio a los latinos y puso en su pecho estmulos agrios,
y envi a los teucros el negro Temor y la Huida.
Llegan de todas partes, pues se les da ocasin de combatir, 720
y el dios de la guerra se mete en su pecho.
Pndaro, cuando ve derribado el cuerpo de su hermano
y en qu lugar se halla la fortuna y cmo andan las cosas,
atranca la puerta con gran violencia girando los goznes
y empujando con sus anchos hombros, y a muchos de los suyos 725
deja fuera del recinto en trance difcil;
mas a otros los cierra consigo y los recibe corriendo,
loco!, sin ver al rey rtulo en medio de la tropa,
que irrumpe y queda adems encerrado dentro de la ciudad,
como un tigre tremendo entre corderos indefensos. 730
Al punto brill en sus ojos una nueva luz y las armas
resonaron horribles, en su casco tremolan las crestas
de sangre y despide con su escudo rayos brillantes.
Reconocen los Enadas la odiada cara, turbados de repente,
y los miembros inmensos. El gran Pndaro entonces 735
salta y lleno de ira por la muerte del hermano
exclama: No es ste el palacio de la dote de Amata,
ni Ardea recibe a Turno en los muros patrios.
Ests viendo un campo enemigo, no hay forma de escapar.
Turno le replica sonriente con pecho sereno: 740
Empieza t, si te atreves, y cruza conmigo tu diestra;
contars a Pramo que aqu tambin has encontrado a Aquiles.
As dijo. El otro con todas sus fuerzas blande
y arroja su lanza llena de nudos y con la corteza;
le recibieron las auras. Desvi Juno Saturnia 745
el golpe inminente y se clava la lanza en la puerta.
No escapars t de esta arma que maneja con fuerza
mi diestra, ni es como t el que ahora golpea:
as dice, y salta con la espada en alto
y entre las sienes por mitad le parte con el hierro 750
la frente y las jvenes mandbulas con espantosa herida.
Suena el golpe, la tierra se ve sacudida por el enorme peso,
cubre el suelo al morir con los miembros derribados
y las armas sangrientas de sesos, y en partes iguales
le cuelga la cabeza ac y all sobre uno y otro hombro. 755
Se dispersan huyendo de miedo temblorosos los troyanos,
y si al punto el vencedor se hubiera cuidado
de romper con su mano los cerrojos y abrir las puertas a sus compaeros,
habra sido aqul el ltimo da de la guerra y de un pueblo.
Mas la locura y el ansia de matar insana, furioso 760
lo lanzaron contra los de enfrente.
Primero se ocupa de Fleris y Giges al que corta el jarrete,
luego toma las lanzas de los que huyen y se las arroja
a la espalda, Juno le brinda nimos y fuerzas.
Les siguen Halis y Fgeo, con el escudo atravesado: 765
luego, ignorantes en los muros que seguan combatiendo,
Alcandro y Halio, Noemn y Prtanis.
A la derecha del terrapln, esforzado con su vibrante espada
ve venir a su encuentro a Linceo llamando a sus amigos;
su cabeza qued en el suelo, lejos, junto al casco, 770
arrancada de cerca de un solo golpe. Despus a Amico,
el exterminador de fieras, mejor que el cual otro no haba
en untar las flechas con la mano y armar el hierro de veneno,
y a Clitio el Elida y a Crteo, el amigo de las Musas,
Crteo de las Musas compaero, a quien siempre placan 775
versos y ctaras y marcar el ritmo con las cuerdas,
siempre caballos y armas cantaba y las guerras de los hombres.
Acuden por ltimo los jefes de los teucros enterados
de la matanza de los suyos, Mnesteo y el fiero Seresto,
y dispersados ven a sus compaeros y al enemigo en casa. 780
Y Mnesteo: A dnde hus, a dnde?, dice.
Es que tenis ms muros u otras murallas ms all?
Un solo hombre, ciudadanos, rodeado del todo
por vuestras defensas causar impunemente
estrago tan grande en la ciudad? Mandar al Orco a tantos 785
de los mejores jvenes? No os da pena, cobardes y vergenza
del gran Eneas y de la pobre patria, de los antiguos dioses?
Encendidos con tales palabras se animan y en lnea cerrada
se detienen. Turno sala del combate poco a poco
y el ro buscaba y la parte que cien las olas. 790
Con bros mayores acuden por esto los teucros con gran gritero
y apretaban el cerco como cuando con nubes de flechas
acosa la partida al cruel len, y l, asustado,
feroz, mirando fieramente retrocede y ni el valor ni la ira
le permiten echar a correr, ni puede revolverse en contra 795
aun desendolo, entre las flechas y los hombres.
No de otro modo, dudando, Turno vuelve sus pasos
sin prisa hacia atrs y su nimo se enciende de rabia.
An dos veces se lanz en medio de sus enemigos,
y dos veces les puso en fuga desordenada por los muros; 800
pero rpidamente acuden a la vez todos los hombres del campo
y no se atreve Juno, la hija de Saturno, a darle en su contra
fuerzas bastantes, pues Jpiter mand a la area Iris
desde el cielo llevando a su hermana rdenes terminantes,
si Turno no sala de las altas murallas de los teucros. 805
Y es que no resiste ya el joven ni con el escudo
ni con su diestra, as se ve acosado por los dardos
que le arrojan por doquier. De repicar no cesa en sus huecas
sienes el casco y se rajan por las piedras los slidos bronces,
y ha perdido los penachos y en su cabeza no aguanta el escudo 810
los golpes; redoblan sus disparos los troyanos
y el propio Mnesteo, como un rayo. Corre el sudor entonces
por todo su cuerpo y forma (respirar ya no puede)
un ro de pez, un doloroso jadeo sacude sus miembros agotados.
As que, finalmente, se arroj al ro de cabeza 815
con todas sus armas. l en su amarillo remolino
lo acogi al caer y lo sac fuera sobre plcidas olas,
y feliz lo devolvi a sus compaeros, limpio de sangre.
LIBRO X
Se abre la mansin del todopoderoso Olimpo entretanto
y llama a asamblea el padre de los dioses y rey de los hombres
en la sede sidrica de donde en lo alto todas las tierras
y el campo de los Dardnidas contempla y los pueblos latinos.
Toman asiento en las salas de dos puertas, comienza l mismo: 5
Poderosos habitantes del cielo, por qu as han cambiado
vuestras opiniones y tanto porfiis con nimo inicuo?
Haba yo decidido que Italia no hiciera la guerra a los teucros,
a qu esta discordia contra mis rdenes? A unos y otros
qu miedo ha llevado a empuar las armas y provocar la guerra? 10
Vendr el momento justo (no lo adelantis) para el combate,
cuando la fiera Cartago al alczar romano un da
cause gran exterminio y abra los Alpes;
entonces ser bueno competir en odios y entonces usar la fuerza.
Dejadlo ahora y sellad contentos unpacto detregua. 15
Jpiter as en pocas palabras; mas la urea Venus
no poco le repuso:
Padre mo, oh, poder eterno sobre hombres y cosas
(pues qu otra cosa hay que implorar ya podamos?).
Viendo ests cmo provocan los rtulos y Turno se pasea 20
orgulloso en sus caballos y avanza henchido por un Marte
propicio. Las murallas, aun cerradas, no cubren ya a los teucros;
se traban los combates y se llenan los fosos de sangre.
Eneas sin saberlo est lejos. No dejars ya nunca 25
que se levante el sitio? Otra vez amenaza el enemigo los muros
de la naciente Troya y de nuevo otro ejrcito,
y otra vez se alza desde la Arpos etolia el Tidida
contra los teucros. As que creo que faltan slo mis heridas,
y siendo hija tuya estoy esperando las armas mortales. 30
Si sin tu aprobacin y en contra de tu numen los troyanos
vinieron a Italia, que laven su pecado y no les brindes
tu auxilio; si, por el contrario, tanto orculo siguieron
que les daban dioses celestes y Manes, por qu puede nadie
cambiar ahora tus rdenes y por qu fundar nuevos hados? 35
Para qu mencionar el incendio de las naves en la costa ericina,
para qu al rey de las tormentas y los vientos furiosos
lanzados desde Eolia, o a Iris enviada por las nubes?
Ahora incluso a los Manes (esto era cuanto quedaba
por probar) provoca y Alecto, enviada de pronto a lo alto, 40
anda como loca por las ciudades de Italia.
Nada me mueve ya el imperio. Lo hemos estado esperando,
mientras hubo fortuna. Que venzan quienes quieras que venzan.
Si ninguna regin deja para los teucros tu esposa
cruel, padre mo, por las ruinas humeantes de Troya 45
destruida te pido: permteme sacar de entre las armas
inclume a Ascanio, deja que sobreviva mi nieto.
Que Eneas se vea arrojado a aguas desconocidas, sea,
y que vaya por donde le consienta Fortuna:
pero que sea yo capaz de proteger a aqul y librarlo de una cruel guerra. 50
Ma es Amatunte, ms la alta Pafos y Citera
y las moradas dalias: que abandone las armas y pueda
pasar aqu sus aos sin gloria. Manda que Cartago
aplaste a Ausonia con gran poder; nada estorbar entonces
a las ciudades tirias. De qu ha servido evitar de la guerra 55
la peste y haber escapado entre las llamas argivas,
y haber pasado tantos peligros en el mar y la vasta tierra
mientras buscan el Lacio los teucros y una Prgamo renacida?
No habra sido mejor establecerse en las postreras cenizas de la patria
y en el solar en el que Troya estuvo? Devulveles, te pido, 60
el Jano y el Simunte, pobres de ellos, y concede a los teucros, padre mo,
de nuevo revivir los avatares de Troya. Entonces Juno soberana,
gravemente enojada: Por qu me obligas a romper
un silencio profundo y a desvelar con palabras un dolor secreto?
Quin de los hombres o de los dioses empuj a Eneas 65
a emprender la guerra y llegar enemigo ante el rey Latino?
A Italia lleg por impulso de los hados (sea),
empujado por las locuras de Casandra. Acaso le hemos animado
a dejar su campamento y encomendar su vida a los vientos?
O a confiar a un nio el mando de la guerra y sus muros, 70
o a turbar la lealtad tirrena y a unos pueblos tranquilos?
Qu dios lo puso en peligro o de los nuestros qu cruel
poder? Dnde est aqu Juno, o Iris enviada por las nubes?
Es injusto que los talos rodeen la Troya que nace
con llamas y que Turno se establezca en la tierra de sus padres, 75
siendo Pilumno su abuelo y su madre la diva Venilia.
Y qu si los troyanos atacan a los latinos con negra tea,
someten a su yugo campos ajenos y el botn se llevan?
Y qu si roban suegros y arrancan de su regazo a las prometidas,
piden con la mano la paz y cuelgan las armas de sus popas? 80
T puedes salvar a Eneas de manos de los griegos,
y ocultarlo en la niebla y los vientos inanes,
y puedes convertir sus barcos en otras tantas Ninfas,
y me estar a m vedado ayudar un poco a mi vez a los rtulos?
Eneas sin saberlo est lejos: pues que lejos est y no lo sepa. 85
Tuyas son Pafos y el Idalio, tuya la alta Citera:
por qu provocas a una ciudad preada de guerras
y a unos speros corazones? Acaso yo intento destruir el lbil poder
de los frigios? Yo? Y quin enfrent a los pobres troyanos
con los aqueos? Cul fue el motivo de que Asia y Europa 90
se alzasen en armas y un rapto rompiera sus pactos?
Guiado por m el adltero dardanio entr en Esparta,
o le di yo las flechas y foment la guerra con la ayuda de Cupido?
Entonces debieron tener miedo los tuyos; tarde te alzas ahora
en injusta protesta y promueves vanas disputas. 95
Con tales palabras hablaba Juno, y se agitaban todos
los habitantes del cielo con parecer diverso igual que en los bosques
cuando atrapados los soplos primeros se agitan y levantan murmullos
invisibles anunciando a los marinos los vientos que llegan.
Entonces el padre todopoderoso que ostenta el mando de las cosas 100
comienza (mientras l habla calla la alta morada de los dioses,
tiembla la tierra desde el fondo, el alto ter enmudece,
se posan entonces los Cfiros y aquieta el mar su plcida llanura):
Recibid, pues, estas palabras mas y clavadlas en vuestros corazones.
Puesto que no es posible unir a ausonios y troyanos 105
en un pacto ni encuentra su final vuestra discordia,
sea cual sea la fortuna que hoy tiene cada cual, sea
como sea la esperanza que labra, rtulo o troyano, no har yo distinciones,
bien que por los hados de los talos se asedie el campamento,
bien por un mal paso de Troya y siniestros presagios. 110
Y no libro a los rtulos. Las propias empresas darn a cada uno
fatigas y fortuna. Jpiter ser el rey de todos por igual.
Hallarn los hados su camino. Por los ros de su hermano estigio,
por los torrentes de pez ylas orillas del negro remolino
asinti, e hizo tambin el Olimpo entero con su gesto. 115
As acab de hablar. Jpiter se alz entonces en su trono
de oro, y en corro lo llevan al umbral los habitantes del cielo.
Prosiguen entre tanto los rtulos en torno a todas las puertas,
a los hombres tumban de muerte y rodean de llamas las murallas.
Mas la legin de los Enadas se mantiene asediada en su encierro 120
y ninguna posibilidad de huir. Estn los desgraciados en las altas torres
intilmente, y en rala corona cien los muros
Asio el Imbrsida y Timetes Hicetaonio
y los dos Asracos y Tmber, ya mayor, con Cstor,
la primera lnea; a stos acompaan ambos hermanos 125
de Sarpedn, Temn y Claro, de la alta Licia.
Acmn Lirnesio toma esforzndose con todo el cuerpo
un enorme peasco, parte no pequea de un monte,
ni menor que Clitio su padre ni que su hermano Menesteo.
Unos se esfuerzan por defender con lanzas, otros con piedras, 130
en preparar ms fuego y en montar en la cuerda las flechas.
Y l mismo entre todos, justsima cuita de Venus,
mralo: el nio dardanio con su hermosa cabeza cubierta
resplandece como una gema que divide el oro amarillo,
ornato del cuello o la cabeza, o como incrustado 135
con pericia en el boj o en el terebinto de rico
luce el marfil; su cuello de leche recibe el cabello
suelto que un aro cie de blando oro.
Tambin a ti, smaro, te vieron magnnimos pueblos
dirigir tus golpes o armar las caas con veneno, 140
noble hijo de la casa meonia donde pinges cultivos
trabajan los hombres y el Pactolo los riega con oro.
All estaba Mnesteo tambin, a quien ennoblece la gloria
primera de haber expulsado a Turno del bastin de los muros,
y Capis, de quien toma su nombre la ciudad de Campania. 145
Unos y otros libraban los combates
de una dura guerra: en medio de la noche Eneas surcaba las aguas.
Pues cuando de parte de Evandro lleg al campo etrusco,
se presenta ante el rey y al rey dice su nombre y su linaje,
qu es lo que busca y qu ofrece, las armas que Mecencio 150
se est ganando, y le cuenta la violencia del pecho
de Turno; qu confianza merecen las cosas de los hombres
le advierte y mezcla sus ruegos. Tarconte no duda
en prestarle su apoyo y sellan la alianza; los lidios entonces,
por voluntad de los dioses y libres del destino, suben a las naves 155
bajo el mando de un jefe extranjero. El barco de Eneas,
el primero, lleva en el espoln leones frigios
y el Ida en lo alto, gratsimo a los teucros fugitivos.
All va sentado el gran Eneas y consigo da vueltas
a los varios sucesos de la guerra, y, a su izquierda, Palante 160
clavado a su lado le pregunta bien por las estrellas, la ruta
en una noche oscura, bien por cuanto pas por mar y por tierra.
Abrid, diosas, ahora el Helicn y entonad vuestro canto,
qu fuerzas van siguiendo desde etruscas riberas
a Eneas y arman sus naves y se dejan llevar por el agua. 165
Msico surca el primero las olas con su tigre de bronce;
con l un grupo de mil jvenes, cuantos las murallas de Clusio
dejaron y la ciudad de Cosas, que tienen por armas las flechas
y las ligeras aljabas sobre los hombros y los arcos mortales.
Con l el torvo Abante: toda su tropa reluca 170
con armas insignes y su nave con un Apolo de oro.
Seiscientos le haba dado la ciudad de Populonia,
jvenes expertos en la guerra, y trescientos Ilva,
isla generosa de inagotables minas del metal de los clibes.
El tercero, aquel clebre intrprete de hombres y dioses, Asilas, 175
a quien los nervios de los animales y las estrellas del cielo obedecen
y las lenguas de los pjaros y los fuegos presagiosos del rayo;
lleva a mil en formacin cerrada erizada de lanzas.
A stos les manda obedecer Pisa, ciudad alfea de origen
y etrusca de solar. Sigue el bellsimo stir, 180
stir fiado en su caballo y en sus armas multicolores.
Trescientos ms le suman (con una sola voluntad de acudir)
los que viven en Cere, los de los campos del Minin,
y la vieja Pirgos y la insana Graviscas.
No poda yo olvidarte, fortsimo en la guerra Cnaro, 185
jefe de los lgures, y Cupavn, seguido de pocos,
en cuya cabeza se yerguen las plumas del cisne
(Amor, vuestro crimen) y el recuerdo de la forma paterna.
Pues cuentan que Cicno de duelo por el amado Faetonte,
entre las frondas de los chopos y la sombra de sus hermanas 190
mientras canta y consuela su triste amor con la Musa,
alcanz una canosa vejez de blanda pluma,
dejando las tierras y ganando con su voz las estrellas.
Su hijo, acompaando a tropas de su edad en la flota,
impulsa con los remos el enorme Centauro: altsimo 195
asoma en el agua y con una gran roca amenaza
a las olas y surca el mar profundo con larga quilla.
Tambin Ocno lleva su ejrcito desde las riberas paternas,
hijo de la adivina Manto y del ro etrusco,
que te dio a ti los muros, Mantua, y el nombre de su madre, 200
Mantuca rica en antepasados, si bien no todos de la misma raza;
tiene una triple estirpe con cuatro pueblos bajo cada una,
ella misma cabeza de estos pueblos; sus fuerzas, de sangre etrusca.
De aqu tambin Mecencio arma a quinientos en su contra
a los que desde el padre Benaco, cubierto de glaucas caas, 205
el Mincio llevaba al mar en nave de guerra.
Va, majestuoso, Aulestes en lo alto y golpea las olas
con cien remos, espuman las aguas al agitarse el mrmol.
Lo lleva el inmenso Tritn que espanta a las olas azules
con su caracola; al nadar aparece como hombre 210
su hspida figura hasta el costado, en pez acaba el vientre
y murmura el agua espumante bajo el pecho del monstruo.
Tantos escogidos capitanes iban en treinta naves
en ayuda de Troya y cortaban con el bronce los campos de sal.
Y ya el da haba dejado el cielo y la madre Febe 215
recorra el centro del Olimpo con noctmbulo carro.
Eneas (pues no da el cuidado reposo a sus miembros),
sentado, gobierna el timn y dirige las velas.
Y he aqu que, a mitad de camino, le sale al encuentro
el coro de sus compaeras las Ninfas, a quienes haba ordenado 220
la madre Cibeles ser diosas del mar y de naves
Ninfas las hizo; nadaban a la vez y surcaban las olas,
igual que antes sus proas de bronce se erguan en las playas.
Reconocen de lejos a su reyy lo rodean en corro;
Cimdoce, la mejor de ellas para hablar, se coloca 225
detrs y agarra su popa con la diestra y saca la espalda
al tiempo que rema con la izquierda en las aguas calladas.
Y sin que la conozca as, le dice: Ests despierto, Eneas,
hijo de dioses? Sigue despierto y da soga a tus velas.
Somos nosotras, los pinos de la sagrada cumbre del Ida 230
hoy Ninfas del mar, tu flota. Cuando a nosotras,
prestas para zarpar, el prfido rtulo a hierro y fuego nos amenazaba,
rompimos sin quererlo tus amarras y te hemos buscado
por el mar. Esta forma nos dio la madre, piadosa,
y nos mand ser diosas y pasar bajo las olas la vida. 235
Pero es que el nio Ascanio est detrs del muro y los fosos,
en medio de las flechas y los latinos erizados de guerra.
Los jinetes arcadios ya estn en los lugares sealados
con los etruscos valerosos; es firme opinin de Turno,
para que no lleguen al campamento, hacerles frente antes. 240
As que, arriba!, y en cuanto llegue la Aurora
llama a las armas a tus aliados y empua el escudo que invicto
te dio el seor del fuego y lo cerc con bordes de oro.
La luz de maana, si no tomas en vano mis palabras,
contemplar montones ingentes de rtulos muertos. 245
As dijo, y al retirarse empuj con la diestra la alta
nave con gran habilidad: escapa ella entre las aguas
ms veloz que una lanza y que la flecha que alcanza a los vientos.
Despus las dems aceleran la marcha. Nada sabiendo atnito se queda
el troyano Anquisada, mas levanta su nimo con el augurio. 250
Entonces suplica brevemente mirando la bveda del cielo:
Alma Madre Idea de los dioses que el Dndimo amas
y las ciudades llenas de torres y los leones uncidos bajo el yugo:
t eres ahora mi gua en la lucha; cmpleme con bien
el augurio y asiste a los frigios, diosa, con pie favorable. 255
Slo esto dijo, y entretanto corra ya el da de nuevo
con luz madura y haba puesto en fuga a la noche;
ordena al punto a sus aliados seguir sus rdenes
y que dispongan su nimo para las armas y se apresten al combate.
Y tiene ya a la vista a los teucros y su campamento 260
de pie en lo alto de su popa, cuando alz en la izquierda
el escudo de fuego. Lanzan un grito a los astros
los Dardnidas desde los muros, nueva esperanza sus iras enciende,
arrojan dardos con la mano como cuando bajo negras nubes
hacen seales las grullas estrimonias y rompen el ter 265
con sus graznidos y evitan los Notos con clamor gozoso.
Y asombroso parece todo esto al rey rtulo y los jefes
ausonios, hasta que pueden ver vueltos hacia la costa
los barcos y el mar llenarse por completo de naves.
Le arde el yelmo en la cabeza y deja caer de lo alto 270
su llama el penacho y gran fuego vomita el escudo de oro.
No menos que cuando lgubres enrojecen en la noche
limpia los cometas de sangre o el ardor de Sirio,
el que trae a los mortales enfermos la sed y los morbos
nace y entristece con siniestra luz el cielo. 275
Sin embargo, no abandon su confianza al bravo Turno
en ocupar primero la playa y arrojar de tierra a los que llegaban: 277
Aqu est lo que pedisteis con vuestros votos, aplastarlos con la diestra. 279
El propio Marte est en manos de los hombres. Acordaos ahora 280
cada cual de su esposa y su casa, recordad ahora las grandes
hazaas, la gloria de los padres. Corramos antes al agua
mientras dudan y vacilan sus primeros pasos al desembarcar.
A los audaces ayuda la fortuna.
Esto dice y medita en su interior a quin mandar puede 285
al combate y a quin confiar los muros asediados.
Entretanto Eneas hace bajar de las altas naves
por puentes a sus compaeros. Muchos observan el reflujo
del mar al descender y se lanzan de un salto a los bajos
y otros por los remos. Tarconte, explorando la orilla, 290
por donde vados no espera y la ola no murmura al romperse
sino que llega el mar inofensivo en creciente oleada,
hace virar de pronto la proa y pide a sus hombres:
Ahora, tropa escogida, caed sobre los fuertes remos;
levantad, moved las naves, hended con las quillas 295
esta tierra enemiga y que se abra su propio surco la carena.
Y no dudo en estrellar mi nave en tal atracada
si con ello me apodero de esta tierra. Luego que dijo esto
Tarconte, se alzaron sobre los remos sus compaeros
y metieron en los campos latinos las naves espumantes, 300
hasta poner en seco los rostros e ilesas
varar todas las carenas. Mas no tu nave, Tarconte:
pues clavada en los vados mientras pende en un bajo
peligroso vacilando largo rato y las olas fatiga,
se deshace y lanza al agua a los hombres 305
a quienes estorban los trozos de los remos y los bancos
que flotan y al tiempo la ola les arrastra de los pies en su reflujo.
Y no entretiene a Turno torpe retraso, sino que toma raudo
todo su ejrcito contra los teucros y frente les hace en la playa.
Dan la seal. Eneas fue el primero en atacar a las agrestes 310
tropas, augurio del combate, y abati a los latinos
matando a Tern, gran guerrero que a Eneas desafiaba
por su voluntad. A l con la espada y por las escamas de bronce
y la tnica spera de oro le bebe en el costado abierto.
Y luego hiere a Licas, quien fue sacado de su madre ya muerta 315
y consagrado a ti, Febo: za qu fin de pequeo
pudo librarse de la suerte del hierro? Y al duro Ciseo no lejos
y al enorme Gas que rompan con maza las lneas
arroj a la muerte; de nada les valieron las armas
de Hrcules ni la fuerza de sus manos ni el padre Melampo, 320
compaero de Alcides mientras le impuso la tierra
graves trabajos. Y ah Farn: mientras se jacta con voces vanas,
blandiendo la jabalina se la clava en la boca que grita.
T tambin, Cidn infeliz, mientras seguas a tu nuevo goce,
a Clitio, al que amarilleaban las mandbulas con su primer bozo; 325
abatido por la diestra dardania, olvidando de los amores
de los jvenes que nunca te faltaban, digno de compasin yaceras
si no hubiera salido a su encuentro, compacta, la cohorte
de los hermanos, la progenie de Forco en nmero de siete y que siete dardos
lanzan; parte rebotan contra el yelmo y el escudo 330
intiles, parte los desva la madre Venus cuando silban
junto a su cuerpo. Se dirige Eneas al fiel Acates:
Psame dardos, que ni uno arrojar en vano mi diestra
contra los rtulos de los que en las llanuras de Troya
se clavaron en el cuerpo de los griegos. Toma entonces una gran lanza 335
y la arroja: ella, volando, traspasa el bronce del escudo
de Men y rompe a la vez la coraza y el pecho.
Acude en su ayuda su hermano Alcnor y con la diestra
sujeta al hermano que cae: otra lanza le atraviesa el brazo
y se escapa y mantiene su camino ensangrentada, 340
y del hombro le cuelga por los tendones la diestra moribunda.
Numitor entonces sac la lanza del cuerpo de su hermano
y la envi contra Eneas, mas no se le dio
alcanzarle de lleno y roz el muslo del gran Acates.
Aqu acude Clauso con su cuerpo juvenil fiado 345
en los de Cures, y hiere de lejos a Drope con rgida lanza
blandida con fuerza, bajo el mentn y atravesando la garganta
cuando hablaba, le quita a la vez la voz y la vida. Golpea
l con su frente la tierra y arroja por la boca espesa sangre.
Abate tambin de diversas maneras a tres tracios 350
del noble linaje de Breas y a tres que enva
el padre Idas y la patria Ismara. Acude Haleso
y el grupo de auruncos, llega tambin la prole de Neptuno,
Mesapo sealado por sus caballos. Tratan de rechazarse
unos y otros: se combate en los mismos umbrales 355
de Ausonia. Como a lo ancho del cielo, discordes,
traban combate los vientos con nimo y fuerzas iguales
sin que ninguno ceda, ni el mar, ni las nubes;
incierta largo tiempo parece la lucha y todos se alzan contra todos:
no de otro modo la lnea troyana y la lnea latina 360
se enfrentan, el pie se pega al pie, hombres apretados contra hombres.
Mas en otra parte, por donde un torrente arrastraba
rodando muchas piedras y arbustos arrancados de la orilla,
a los arcadios no acostumbrados a aguantar ataques a pie,
Palante cuando les vio dar la espalda al Lacio que les persegua 365
porque la difcil naturaleza del lugar les haba hecho
soltarlos caballos, ltima solucin en situaciones desesperadas,
ya con ruegos, ya con amargas palabras su valor enciende:
A dnde hus, compaeros? Por vosotros y por vuestras hazaas,
por el nombre de nuestro rey Evandro y las guerras ganadas 370
y por mi esperanza, que me nace ahora mula de la gloria de mi padre,
no os confiis a vuestros pies. Un camino hay que abrir con la espada
entre los enemigos. Por donde ms denso es el cerco de soldados,
por ah os llama con vuestro jefe Palante la patria sagrada.
Ningn poder divino nos acosa, mortales somos atacados 375
pon un enemigo mortal; la misma fuerza tenemos y las mismas manos.
Mirad: el mar nos encierra con la gran barrera de sus aguas
y no hay ya tierra para huir. Vamos al pilago o a Troya?
Esto dice, y se arroja en medio del apretado grupo de enemigos.
Frente le hace el primero enviado por hados inicuos 380
Lago. A ste, mientras arranca un peasco de gran peso,
le clava un dardo disparado y se lo mete donde el espinazo
separa las costillas, y el asta recibe
clavada en sus huesos. No logra Hisbn sorprenderlo
aunque lo intentaba; pues se le adelanta Palante 385
cuando corra enfurecido y por la muerte cruel del compaero
incauto, y clava su espada en el pulmn hinchado.
Busca despus a Estenio y a Anqumolo de la antigua
estirpe de Reto, el que os mancillar el lecho de su madrastra.
Tambin vosotros, gemelos, casteis en las llanuras rtulas, 390
Larides y Timbro, prole parecidsima de Dauco,
indiscernible para los suyos y grata confusin de sus padres;
mas hoy Palante os infligi crueles diferencias.
Pues a ti, Timbo, la espada de Evandro te arranc la cabeza;
a ti, Larides, como suyo te busca la diestra cortada 395
y saltan los dedos moribundos y an empuan el hierro.
A los arcadios encendidos por la arenga que contemplaban de su hroe
las gloriosas acciones, dolor y pudor les arman contra los enemigos.
Luego Palante atraviesa a Reteo que escapaba junto a l
en su carro. Esto y slo esto sirvi a Ilo de retraso; 400
pues contra Ilo iba dirigida desde lejos la fuerte lanza
cuyo camino Reteo intercept, ptimo Teutrante,
huyendo de ti y de tu hermano Tires, y arrojado del carro
hiende medio muerto los campos de los rtulos con sus talones.
Y como cuando segn su voto se levantan los vientos 405
en verano y enciende en los bosques el pastor fuegos dispersos,
y de pronto si alcanzan el centro se extienden por los anchos
campos en un hrrido frente de Vulcano mientras l, victorioso,
se sienta a contemplar las llamas triunfantes:
no de otro modo se agrupa todo el valor de los compaeros 410
en tu ayuda, Palante. Mas Haleso, fiero en la guerra,
se lanza en su contra y se protege tras sus armas.
Acaba as con Ladn y Ferete y Demdoco,
con la brillante espada cercena a Estrimonio la diestra
lanzada contra su garganta; con una piedra hiere el rostro de Toante 415
y dispersa sus huesos mezclados con los sesos ensangrentados.
Su padre, previendo el destino, haba ocultado a Haleso en los bosques;
cuando anciano cerr los ojos blanquecinos con la muerte,
pusieron su mano las Parcas y lo consagraron de Evandro
a las armas. Contra l se dirige Palante rezando as primero: 420
Da, padre Tber, ahora fortuna a este hierro que pienso
lanzar y un camino a travs del pecho del duro Haleso.
Tu encina tendr estas armas y los despojos de ese hombre.
Y lo escuch el dios; mientras Haleso a Iman protega,
ofrece el infeliz su pecho inerme a la flecha arcadia. 425
Mas no deja Lauso, parte notable de la guerra,
que se espanten sus tropas por muerte tan seera: a Abante
mata el primero al hacerle frente, nudo y soporte del combate.
Caen los hijos de Arcadia, caen los etruscos
y vosotros, teucros que con vida escapasteis de los griegos. 430
Se enfrentan las lneas con caudillos y fuerzas iguales;
los ltimos empujan el frente y la multitud no deja
que se muevan ni manos ni armas. Les insta y anima de un lado Palante
y del otro Lauso, que no se llevan mucho en edad;
gallardos de presencia, la Fortuna les haba negado 435
el retorno a la patria. No toler, sin embargo,
que se enfrentasen el que reina en el gran Olimpo;
les aguarda en seguida su destino bajo un enemigo ms grande.
Entretanto su divina hermana a Turno aconseja
relevar a Lauso, y con carro volador corta el centro de las lneas. 440
Cuando ve a sus hombres: Es hora de dejar el combate;
har frente yo solo a Palante, Palante es cosa ma.
Cmo me gustara que de espectador estuviera su padre!
Esto dice, y salieron sus compaeros del campo, segn se les mandaba.
Y, al retirarse los rtulos, pasmado el joven de la orgullosa orden 445
se asombra ante Turno y por su cuerpo enorme
lleva sus ojos y con fiera mirada en todo se fija de lejos,
y con tales palabras replica a las palabras del rey:
Yo ser celebrado por conseguir despojos opimos
o por una muerte gloriosa; con las dos suertes se conforma mi padre. 450
djate de amenazas. Avanza luego al centro del campo;
helada corre la sangre en las entraas de los arcadios.
Turno salt de su carro, se dispone a enfrentrsele
a pie, y como el len cuando ve desde alta atalaya
en el campo a lo lejos un toro que se apresta al combate 455
salta raudo, no otra es la imagen de Turno avanzando.
Cuando crey que ste estaba al alcance de sus lanzas,
ataca Palante el primero, por si la suerte al audaz amparaba
de fuerzas desiguales, y dice as al cielo inmenso:
Por la hospitalidad de mi padre y las mesas que visitaste, 460
Alcides, te pido, assteme en esta gran empresa.
Que me vea quitarle moribundo las armas llenas de sangre
y lleven los ojos de Turno al morir mi victoria.
Oy Alcides al joven y ahog un gran suspiro
en lo profundo del pecho y derram lgrimas vanas. 465
Entonces habla el padre a su hijo con palabras de amigo:
Fijado est el da de cada cual, breve e irreparable el tiempo
de la vida es para todos; mas al valor prolongar corresponde
la fama con hazaas. Al pie de las altas murallas de Troya
cayeron muchos hijos de dioses y con ellos muri tambin 470
Sarpedn, mi propia descendencia; tambin sus hados
llaman a Turno y llega al final del tiempo concedido.
As dice y de los campos de los rtulos aparta sus ojos.
Palante por fin arroja con gran fuerza su lanza
y saca de la hueca vaina la espada reluciente. 475
Aqulla, volando, cae donde termina el reparo
del hombro y abrindose camino entre los bordes del escudo
mordi por ltimo el gran cuerpo de Turno.
Turno a su vez la madera que acaba en punta de hierro
blande largo tiempo y contra Palante la arroja, y as exclama: 480
Mira si mi arma no es ms penetrante!
Haba dicho, y el escudo, tantas capas de hierro y de bronce
al que tantas veces da vuelta una piel de toro,
la punta lo traspasa por el centro con golpe vibrante
y perfora la defensa de la loriga y el pecho enorme. 485
Arranca Palante en vano el arma caliente de la herida:
por el mismo camino salen la sangre y la vida.
Cay sobre la herida (sobre l resonaron sus armas)
y besa al morir con boca ensangrentada la tierra enemiga.
Turno alzndose sobre l: 490
Acordaos, arcadios -dice- de mis palabras y llevadlas
a Evandro: le devuelvo a Palante segn ha merecido.
Sea cual sea el honor de un tmulo, sea cual sea el consuelo de un sepulcro,
se lo concedo. No le va a costar poco de Eneas
la hospitalidad. Y as que hubo hablado aplast con el pie 495
izquierdo al muerto robndole del cinturn el peso enorme
con el crimen grabado: el grupo de jvenes asesinados
a la vez en la noche de bodas horriblemente y los lechos de sangre,
que haba trabajado en mucho oro el Eurtida Clono;
con este despojo pasea Turno en triunfo, gozoso por tenerlo. 500
Corazn de los hombres que ignora el destino y la suerte futura
y respetar soberbio la medida en la ocasin favorable!
Da vendr en que el gran Turno desear haber cobrado
un buen rescate por la vida de Palante y odiar estos despojos
y esta hora. Mas sus compaeros entre lgrimas y muchos gemidos 505
se llevan en gran nmero a Palante sobre su escudo.
Ay, t, que volvers gloria grande y dolor a tu padre!
Este da primero te meti en la guerra y este mismo te saca,
y dejas, sin embargo, de rtulos montones inmensos.
Y ya llega volando hasta Eneas la fama no slo de desgracia 510
tan grande, sino la cierta noticia de que estn los suyos
cerca de la muerte, que es tiempo ya de auxiliar a los teucros en retirada.
Siega con la espada cuanto cae a su alcance y enfurecido
se abre ancho sendero entre las tropas con el hierro, Turno,
buscndote a ti, orgulloso de la sangre reciente. Palante, Evandro, 515
todo est en sus ojos, las mesas primeras que le acogieron
extranjero y las diestras unidas. Aqu a los cuatro
jvenes hijos de Sulmn y a otros tantos que Ufente criara,
los coge vivos para inmolarlos a las sombras en sacrificio,
y regar con sangre de cautivos las llamas de la pira. 520
Luego dispara de lejos contra Mago la lanza enemiga:
ste la esquiva con astucia y pasa la lanza silbando por encima,
y as dice, suplicante agarrado a sus rodillas:
Por los Manes de tu padre y la esperanza de Julo que crece
te suplico que guardes esta vida para mi hijo y para mi padre. 525
Tengo una noble casa, all hay talentos enterrados
de plata labrada; tengo gran cantidad de oro trabajado
y sin trabajar. No depende de m la victoria
de los teucros ni determinar resultado tan grande una sola vida.
Dijo, y Eneas le devolvi estas palabras: 530
Guarda para tus hijos todos esos talentos de oro
y de plata que dices. Turno ha acabado ya con esos
negocios de guerra al dar muerte a Palante.
As lo sienten los Manes de mi padre Anquises y as Julo.
Dicho esto agarra el yelmo con la izquierda y le clava 535
la espada hasta la empuadura alzando la cabeza del suplicante.
Y no lejos Hemnides, sacerdote de Febo y de Trivia
a quien cea las sienes la nfula con la banda sagrada,
todo brillante con la ropa y las insignias blancas.
Le sale al encuentro en el campo, y, segn cae, se le pone 540
encima y lo mata, y lo cubre con una gran sombra; se carga
Seresto al hombro las armas mejores, trofeo para ti, rey Gradivo.
Abren un nuevo frente el nacido de la estirpe de Vulcano,
Cculo, y Umbrn llegado de los montes de los marsos.
Se enfurece con ellos el Dardnida: izquierda de nxur 545
y toda la orla del escudo le haba cercenado con la espada
(haba dicho aqul algo grande y haba puesto su fuerza
en su palabra y quiz lanzaba su nimo al cielo
y se haba prometido las canas y unos largos aos);
Trquito, exultante en su contra con armas relucientes, 550
a quien la ninfa Drope haba parido para el silvcola Fauno,
sali al encuentro del enfurecido; ste, blandiendo su lanza,
atraviesa a la vez la loriga y la enorme mole del escudo,
y lanza por tierra la cabeza que en vano suplicaba
y mucho se aprestaba a decir, y el tibio tronco 555
haciendo rodar as dice con pecho enemigo:
Ah, temeroso, qudate ahora. No te pondr en el suelo
tu madre piadosa ni tapar tus miembros con un sepulcro en la patria:
sers abandonado a las aladas fieras, o habrn de tragarte las aguas
con su remolino y peces hambrientos lamern tus heridas. 560
Persigue despus a Anteo y a Luca, lnea primera de Turno,
y al valeroso Numa y al rubio Camerte,
el hijo del magnnimo Volcente, el ms rico en tierras
de los Ausnidas que rein en la Amiclas silenciosa.
Cual Egen, de quien dicen que cien brazos tena 565
con sus cien manos y que echaba fuego por sus cincuenta
bocas y pechos, cuando contra los rayos de Jove
se agitaba con tantos escudos iguales, tantas espadas blanda;
as lanz su furia Eneas victorioso por toda la llanura
luego que calent su filo. Y mira cmo va contra los caballos 570
de la cuadriga de Nifeo y el pecho que se le enfrenta.
Y ellos, cuando le vieron acercarse gritando
horriblemente, se volvieron de miedo y, retrocediendo,
derriban al auriga y hacen volar su carro hacia la costa.
De pronto se interponen Lcago y Lger, su hermano, 575
sobre una blanca biga; el hermano gobierna los caballos
con las riendas, Lcago voltea fiero la espada desnuda.
No aguant Eneas a quienes con hervor tan grande se enfurecan;
lleg corriendo y enorme se mostr con la lanza dispuesta.
A l Lger: 580
No son los que ves caballos de Diomedes ni el carro de Aquiles
o los llanos de Frigia: ahora el fin de la guerra y de tus aos
se cumplir en estas tierras. Vuelan a lo ancho tales
palabras del vesnico Lger. Mas no prepara el hroe troyano
palabras en su contra, que una lanza blande contra sus enemigos. 585
Cuando Lcago echado sobre las riendas con su espada
azuz a los caballos y se apresta al combate
con el pie izquierdo adelantado, llega la lanza por debajo del borde
del refulgente escudo y le perfora la ingle izquierda;
rueda, cayendo del carro, moribundo por el suelo. 590
Y el piadoso Eneas le habla con palabras amargas:
Lcago, no traicion a tu carro la vergonzosa huida
de tus caballos, ni vanas sombras lo alejaron del enemigo.
T mismo has dejado tu yugo saltando de sus ruedas. As dijo
y sujet a los animales; en el suelo las palmas inertes 595
tenda su hermano infeliz, derribado del carro:
Por ti, por los padres que tal te engendraron,
hroe de Troya, perdona esta vida y compadcete del suplicante.
An implorando Eneas: No decas cosas como stas
hace poco. Muere y que no deje el hermano al hermano. 600
Entonces abre con su filo el pecho, los escondites del alma.
As llenaba de muerte los campos el caudillo
dardanio, loco a la manera de un torrente de agua
o de negro turbin. Rompen la lnea por fin y salen del campo
el nio Ascanio y la juventud en vano asediada. 605
A Juno entre tanto increpa Jpiter de pronto:
Oh, hermana y a la vez gratsima esposa ma!
Como pensabas, Venus (y no te enga tu idea)
sustenta a las fuerzas troyanas, ni vigorosa en la guerra
est la diestra de los hombres ni su nimo fiero y dispuesto al peligro. 610
Y Juno, sumisa: Por qu, mi bellsimo esposo,
atormentas a la que afligida teme tristes palabras de tu parte?
Si la fuerza de tu amor estuviera conmigo como lo estuvo un da
y as conviene, no me diras en esto que no,
t que todo lo puedes, y podra sacar a Turno de la lucha 615
y rescatarlo inclume para Dauno, su padre.
Ahora, que muera y sufra castigo de los teucros con sangre piadosa.
Y, sin embargo, l recibi su nombre de nuestra estirpe
y es Pilumno su cuarto padre, y con mano generosa
y muchos presentes colm a menudo tus umbrales. 620
Brevemente le dice as el rey del etreo Olimpo:
Si me ests suplicando un retraso en la muerte que acecha
y una tregua para el joven que ha de caer y quieres que as lo determine,
dispn la huida de Turno y lbralo de la hora presente:
hasta aqu me es posible ceder. Pero si bajo estas plegarias 625
se esconde una venia ms alta y piensas todo
remover y alterar la guerra, vana esperanza alimentas.
Y Juno, llorando: Y qu si lo que de palabra te pesa
lo concedieras en tu corazn y se otorgase esta vida a Turno?
Ahora le aguarda, inocente, un grave fin, o yo me engao 630
sobre la verdad. Porque ojal sea yo burlada por un falso
temor y cambies tus planes, t que puedes, para bien!
Luego que pronunci estas palabras se lanz de inmediato
desde el alto cielo envuelta en una nube y trayendo por los aires la tormenta,
y se encamin al frente de Ilin y al campo laurente. 635
Luego la diosa con una vana nube una tenue sombra sin fuerzas
a semejanza de Eneas (prodigio de ver maravilloso)
adorna con las armas dardanias y el escudo y los penachos
simula de la divina cabeza, le pone palabras inanes,
le da una voz sin sentido y finge al andar sus pasos, 640
como al llegar la muerte es fama que vuelan las sombras,
o los sueos que engaan a los sentidos adormecidos.
Y salta la imagen dispuesta a las primeras lneas
a retar al hroe con sus dardos y con voces provocarlo.
Turno la persigue y arroja una lanza estridente 645
de lejos; ella vuelve la espalda y cambia sus pasos.
Fue entonces cuando Turno pens que Eneas hua
y apunt en su nimo resuelto una vana esperanza:
A dnde huyes, Eneas? No abandones el lecho prometido;
mi diestra te dar la tierra que has buscado por los mares. 650
Vociferando as le sigue y hace brillar su espada
desenvainada y no ve que los vientos se llevan su alegra.
Haba casualmente un barco atado al pico de una roca
con sus escalas dispuestas y el puente preparado,
con el que haba llegado el rey Osinio de las costas de Clusio. 655
Aqu se meti rauda la imagen de Eneas que escapaba
para esconderse, y Turno la sigue no menos valiente
y vence los obstculos y logra saltar los altos puentes.
Apenas haba alcanzado la proa, rompe amarras la hija de Saturno
y se lleva por mares en reflujo la nave liberada. 660
Y al otro en su ausencia Eneas lo reta al combate
y manda a la muerte a muchos hombres que le hacen frente.
Luego la imagen leve no busca ya ms escondites,
sino que vuela a lo alto y con una negra nube se confunde,
mientras un turbin hacia alta mar se lleva entretanto a Turno. 665
Mira hacia atrs ignorante de todo y sin agradecer la salvacin
y tiende a las estrellas su voz y sus dos manos:
Padre todopoderoso, de tan grande infamia
me has credo digno y has querido que tal castigo sufriera?
Adnde voy? De dnde he salido? Qu fuga me lleva y cmo? 670
Volver a ver de nuevo las murallas y el campo laurente?
Qu ser de aquel puado de hombres que me han seguido y a mis armas?
A todos los dej (qu vergenza!) en una muerte infanda
y ahora los veo dispersos y escucho los gemidos
de los que caen? Qu pretendo? Hasta dnde podr abrirse 675
la tierra para tragarme? Compadeceos al menos vosotros, vientos!
Contra las rocas y el acantilado (gustoso Turno os lo pide)
estrellad la nave, y clavad las sirtes en los bancos crueles,
que no me sigan los rtulos ni la fama que todo lo sabe.
Esto diciendo en su nimo vacila de un lado para otro, 680
loco d vergenza tan grande, si ha de clavarse
la espada y sacar por las costillas el filo desnudo
o si se arrojar en medio de las olas y ganar a nado
el curvo litoral y volver de nuevo contra las armas de los teucros.
Tres veces prob una y otra va, tres veces Juno soberana 685
lo detuvo y compadecida de nimo sujet al joven.
Se desliza cortando las aguas con olas y marea propicias
y llega a la antigua ciudad de Dauno su padre.
Y entretanto Mecencio exaltado por obra de Jove
le sucede en la lucha y arremete contra los teucros triunfantes. 690
Acuden las tropas tirrenas y a l con todos sus odios,
a ese hombre solo y con innmeros disparos le atacan.
l (como roca inmensa que avanza hacia el ponto
frente a la furia de los vientos y expuesta a las aguas,
toda la fuerza y ataques soporta, y en mar y cielo 695
firme permanece inamovible) a Hebro, prole de Dolicaon,
tumba en el suelo y con l a Ltago y a Palmo fugitivo;
pero a Ltago con una roca y un gran pedazo de monte
le alcanza en la boca y la cara de frente, a Palmo le hace
caer como un cobarde con los tendones cortados, y a Lauso concede 700
llevar en sus hombros las armas y poner en su casco los penachos.
Y lo mismo con Evante el frigio y Mimante, de Paris
compaero e igual, a quien Teano dio a luz siendo su padre
Amico la misma noche que, preada de una tea,
la reina Ciseida a Paris; Paris en la ciudad de sus padres 705
yace, tiene a un desconocido Mimante la costa laurente.
Y como el jabal arrojado de las cumbres del monte
por el mordisco de los perros, a quien el Vsulo cubierto de pinos
defendi muchos aos y muchos los pantanos laurentes
lo alimentaron con su bosque de caas; luego que cay en las redes, 710
se detiene y grue feroz y eriza el espinazo
y nadie se atreve a irritarlo o a acercarse ms,
sino que le atacan de lejos con lanzas y gritos seguros.
No de otro modo, de los que dirigen su justa ira contra Mecencio
ninguno osa enfrentrsele con las armasen la mano, 715
y de lejos le retan con sus disparos y con gran gritero.
Mas l, impvido, hacia todas partes vacila
rechinando los dientes y sacude las lanzas de su escudo.
Acrn haba venido de las antiguas tierras de Crito,
hombre griego, dejando en su huida sin cumplir una boda. 720
Cuando lo vio a lo lejos perturbando el centro de la lnea,
rojo en las plumas y en la prpura de la esposa pactada,
como el len hambriento que merodea a menudo entre altos apriscos
(pues se lo pide su vesnica hambre), si llega a ver una cabra
fugitiva o un ciervo que asoma con sus cuernos, 725
gozoso abre su enorme boca y eriza las crines y se clava
en las vsceras cayendo de lo alto; baa la boca feroz
la negra sangre;
as cay raudo Mecencio en lo ms denso del enemigo.
Acrn, infeliz, cae abatido y al morir golpea la negra tierra 730
con sus talones y llena de sangre las armas quebradas.
Y no crey Mecencio oportuno matar a Orodes
cuando hua ni hacerle con su lanza ciega herida;
sali corriendo a su encuentro y, de hombre a hombre,
le hizo frente mejor que con engaos con armas valerosas. 735
Le derrib entonces y apoyando encima su lanza y su pie:
Parte no despreciable de la guerra, soldados, yace el alto Orodes.
Gritan con l sus compaeros siguiendo sus voces de triunfo,
y el otro a su vez, muriendo: Vencedor seas quien seas,
no te alegrars mucho sin que sea yo vengado; hados iguales 740
te estn aguardando y ocupars pronto este mismo suelo.
Y a l Mecencio, con sonrisa mezclada de ira:
Muere t de momento. En cuanto a m, el rey padre
de dioses y hombres ver. Esto diciendo arranc la lanza de su cuerpo.
Un duro descanso cay sobre los ojos de Orodes y un sueo 745
de hierro, se apaga su luz para una noche eterna.
Cdico a Alctoo mata, Sacrtor a Hidaspes
y Rapn a Partensio y a Orses dursimo de fuerzas,
Mesapo a Clonio y a Eriquetes Licaonio,
a uno cuando en tierra yaca arrojado de su caballo sin freno, 750
y al otro a pie. A pie tambin se haba adelantado
Agis el licio, a quien derriba sin embargo Vlero lleno del valor
de sus mayores, y a Tronio Salio y a Salio Nealces
con ardides, con la lanza y la flecha que sorprende de lejos.
Ya un grave Marte el duelo igualaba y las muertes 755
de todos; iguales mataban y caan iguales
vencedores y vencidos y ni unos ni otros conocan la huida.
Los dioses en la mansin de Jove lamentan ira tan vana
de ambos y que sufrieran los mortales fatigas tan grandes;
a un lado Venus y al contrario mira Juno Saturnia. 760
Plida Tisfone se enfurece en medio de tantos millares.
Mecencio, por fin, blandiendo su enorme lanza,
avanza por el campo como un torbellino. Grande como Orin
cuando anda abrindose camino por las aguas
sin fondo de Nereo y saca el hombro de las olas 765
o con aoso tronco que cogi en lo alto de los montes
avanza por tierra ocultando su cabeza entre las nubes;
tal se presenta Mecencio con vastas armas.
En su contra se dispone a marchar Eneas, que de lejos
lo ha visto en la formacin. El otro impertrrito se planta 770
aguardando al magnnimo enemigo y en pie con su gran mole,
y luego que midi con la vista el alcance que la lanza precisaba:
Mi diestra, mi nico dios, y el dardo que a lanzar me dispongo
me asistan ahora! Voto hacer de ti, Lauso, un trofeo
revistindote con los despojos que arranque de Eneas, 775
del ladrn. Dijo, y de lejos dispar su lanza
estridente. Ella, volando, rebot en el escudo y, lejos,
se fue a clavar entre el costado ylos ijares del egregio Antor,
de Antor el compaero de Hrcules que enviado por Argos
se haba unido a Evandro y en la ciudad tala se haba instalado. 780
Cae el desgraciado por la herida de otro y al cielo
mira y recuerda la dulce Argos mientras se muere.
Lanza entonces su dardo el piadoso Eneas, que atraviesa
el cavo crculo de triple bronce, las capas de lino y el trabajo
tejido de tres pieles de toro y en lo profundo se asienta 785
de la ingle, mas no se llev sus fuerzas. Rpido saca
Eneas del muslo la espada gozoso al ver la sangre
del tirreno y persigue decidido al que se tambalea.
Gimi profundamente por amor a su padre querido
cuando lo vio Lauso, y las lgrimas rodaron por su cara 790
(aqu la desgracia de una dura muerte y tus gloriosas gestas,
si el tiempo ha de otorgar confianza a empresa tan grande,
no he de callar en verdad ni a ti, joven digno de memoria);
aqul retrocediendo intil y trabado se retiraba
y trataba de arrancar de su escudo la lanza enemiga. 795
Se lanz el joven y se interpuso entre las armas
y, cuando alzaba ya su diestra y el golpe asestaba,
se meti bajo el filo de Eneas y lo aguant,
retrasndole; le secundan los compaeros con gran gritero
mientras escapa el padre bajo el pequeo escudo del hijo, 800
y arrojan sus flechas y entorpecen de lejos al enemigo
con sus dardos. Eneas se enfurece y se mantiene a cubierto.
Y como cuando descargan las nubes con granizo
abundante y todo el que ara huye por los campos
y todo campesino y en seguro refugio se esconde el caminante 805
o en las orillas del ro o bajo el arco de un alto peasco,
mientras llueve en las tierras, para poder con el regreso del sol
aprovechar el da: as por todas partes rodeado de dardos
aguanta Eneas la nube de la guerra mientras todo
descarga, y a Lauso increpa y a Lauso amenaza: 810
A dnde corres a morir, osando ms de lo que puedes?
Tu amor te engaa, incauto.. Y no menos l
salta enloquecido y sube ms alto la ira
cruel del caudillo dardanio, y recogen las Parcas
los cabos de los hilos de Lauso. Pues clava su fuerte espada 815
Eneas y al joven atraviesa y la oculta del todo,
y pas la hoja el escudo, arma ligera de un valiente,
y la tnica que su madre haba bordado con blando oro,
y la sangre llen sus pliegues; entonces la vida por las auras
se retir afligida a los Manes y dej su cuerpo. 820
Mas cuando vio la mirada y el rostro del que mora,
el rostro asombrosamente plido, el hijo de Anquises
gimi con grave compasin y le tendi su diestra
y a su mente acudi la imagen piadosa de su padre.
Qu te dar ahora, pobre muchacho, por tus hazaas, 825
qu darte puede el piadoso Eneas adecuado a tan gran alma?
Qudate con tus armas, de las que te alegrabas, y te envo
a los Manes y a la ceniza de tus padres, si eso te preocupa.
Con esto aliviars, infeliz, tu muerte desgraciada:
caes por la diestra del gran Eneas. Llama al punto 830
a los vacilantes compaeros y alza del suelo a Lauso,
manchados de sangre sus bien peinados cabellos.
Entretanto su padre junto a las aguas del ro Tiberino
restaaba con el lquido sus heridas y aliviaba su cuerpo
apoyado en el tronco de un rbol. Su yelmo de bronce 835
cuelga, lejos, de una rama y en el prado descansan las armas ms pesadas.
Le rodean en pie jvenes escogidos; l mismo herido, jadeante,
da reposo a su cuello, desparramada por el pecho la larga barba;
mucho pregunta sobre Lauso y a muchos enva
a buscarle, que le lleven los recados de su afligido padre. 840
Mas a Lauso traan sus compaeros sin vida sobre las armas
llorando, inmenso y vencido por inmensa herida.
De lejos reconoci el lamento el corazn que presagia los males.
Ensucia sus canas con mucho polvo y al cielo
alza ambas palmas y se abraza a su cuerpo: 845
Deseo tan grande de vivir, hijo mo, de m se ha apoderado
como para sufrir que ocupe mi puesto ante la diestra enemiga
aqul al que engendr? Por tus heridas va a salvarse tu padre
viviendo por tu muerte? Ay, que al fin ahora siento, desgraciado
la desgracia infortunada, al fin la herida recibida en lo ms hondo! 850
Tambin yo, hijo mo, mancill con mis crmenes tu nombre,
expulsado por odio del trono y del cetro paterno.
Un castigo deba a mi patria y al rencor de los mos,
lo hubiera yo pagado con mil muertes de mi vida culpable!
Ahora estoyvivo y no abandono an la luz y a los hombres. 855
Pero lo har. Al tiempo que esto dice se levanta sobre el muslo
dolorido, y aunque le faltan las fuerzas por la profunda herida,
sin flaquear ordena que le traigan el caballo. ste era su gloria,
ste su consuelo, con l victorioso sala de todos
los combates. Se dirige al mohno y as comienza: 860
Largo tiempo, Rebo, si algo de los mortales dura largo tiempo,
hemos vivido. O traers hoy victorioso aquellos despojos
ensangrentados y la cabeza de Eneas, y sers conmigo
vengador de los dolores de Lauso, o, si ninguna fuerza nos abre camino,
caers a la vez; pues en verdad no creo, valiente, 865
que sufras rdenes de otro ni a los teucros de amos.
Dijo, y sentado a la grupa acomod los miembros
como sola y carg sus manos de dardos agudos,
brillando de bronce su cabeza y erizada su cresta equina.
As avanz raudo hacia el centro. Hierven en el mismo pecho 870
una gran vergenza y la locura con el dolor mezclada. 871
Y entonces con gran grito a Eneas grit por tres veces. 873
Eneas le reconoci al punto y alegre suplica:
As lo quiera el padre de los dioses, as el alto Apolo! 875
Empieza de una vez a pelear!
Slo esto dijo y sale al encuentro del asta enemiga.
Y el otro: Crees asustarme cuando a mi hijo me has robado,
ms que cruel? ste era el nico camino para perderme:
ni a la muerte tememos ni respetamos a ninguno de los dioses. 880
Djalo, pues vengo a morir y te traigo primero
estos presentes. Dijo y dispar su dardo contra el enemigo;
luego le lanza otro y otro ms que van volando
en gran giro, pero aguanta firme el escudo de oro.
Tres vueltas cabalg a su alrededor hacia la izquierda 885
lanzando dardos con la mano, tres veces gira sobre s el hroe de Troya
aguantando en su cubierta de bronce un bosque inmenso.
Luego de resistir largo tiempo, de arrancar cansado
tantas puntas y apurado por sostener un desigual combate,
tras planear muchas cosas en su pecho salta por fin y entre 890
las cavas sienes del caballo guerrero clava su lanza.
Se alza sobre sus patas el cuadrpedo y con los cascos
sacude el aire, y cayendo sobre el jinete derribado
lo traba y se le viene encima de cabeza con una pata rota.
Con sus gritos alcanzan el cielo latinos y troyanos. 895
Vuela Eneas hacia all y desenvaina la espada
y, desde arriba: Dnde est ahora el agrio Mecencio
y la fiereza aquella de tu corazn? Por respuesta, el etrusco,
cuando mirando al cielo se bebi las auras y recobr el sentido:
Amargo enemigo, por qu me gritas y amenazas de muerte? 900
No hay delito en matarme, ni as llegu al combate,
ni mi Lauso me hizo este pacto contigo.
Slo esto te pido, si algo puede pedir el enemigo derrotado:
que permitas que la tierra cubra mi cuerpo. S que acechan
odios amargos de los mos: aljame de ese furor, te ruego, 905
y entrgame, compaero de mi hijo, al sepulcro.
As habla, y a sabiendas recibe la espada en su garganta
y vierte la vida sobre las armas entre olas de sangre.
LIBRO XI
Entretanto la Aurora naciente abandon el Ocano.
Eneas, aunque su cuidado le inclina a dar un tiempo para enterrar
a los compaeros y su corazn est turbado por la muerte,
renda sus votos a los dioses, victorioso, al despuntar el da.
Una enorme encina bien pelada de ramas 5
levant sobre el tmulo y la visti con armas relucientes,
despojos del caudillo Mecencio, un trofeo para ti,
gran seor de la guerra; cuelga los penachos chorreando sangre
y los dardos arrancados del hroe y la coraza golpeada
y perforada por doce sitios, y ata a la izquierda el escudo 10
de bronce, y cuelga del cuello la espada de marfil.
Luego, as comienza a arengar a sus compaeros
que le aclamaban (pues apretado le rodeaba el grupo de los jefes):
Hemos logrado algo grande, soldados; dejad todo temor
en cuanto a lo que resta. stos son los despojos y las primicias 15
de un rey orgulloso, y ste es Mecencio, por mis manos.
Ahora, el camino hacia el rey y los muros latinos nos espera.
Disponed las armas, animosos aguardad la guerra;
que ningn retraso nos sorprenda cuando quieran los dioses
que alcemos las enseas y saquemos a los jvenes del campamento, 20
ni nos retrase con el miedo una opinin cobarde.
Confiemos entretanto a la tierra los cuerpos insepultos
de nuestros camaradas, nica honra en el Aqueronte profundo.
Id -dice-. Adornad con los tributos postreros a esas almas
egregias que con su sangre nos han deparado 25
esta patria, y el primero a la afligida ciudad de Evandro
sea enviado Palante, a quien no falto de valor
se llev el negro da y lo sepult en una muerte amarga.
As dice lleno de lgrimas y encamina sus pasos al umbral
donde el cuerpo expuesto sin vida de Palante velaba 30
el anciano Acetes, quien primero llevara las armas al parrasio
Evandro y fue asignado luego como acompaante
de su amado pupilo, con auspicios no igualmente felices.
Alrededor todo el grupo de siervos y la turba troyana
y las mujeres de Ilin con el triste pelo suelto segn la costumbre. 35
En cuanto Eneas cruz las altas puertas,
un profundo gemido con golpes de pecho lanzaron
a los astros y reson el lugar de triste duelo.
l mismo, cuando vio la cabeza abatida del nveo Palante
y su cara y la herida de la lanza ausonia abierta 40
y el delicado pecho, as dice rompiendo a llorar:
Te me ha arrebatado Fortuna, desgraciado muchacho,
cuando empezaba a sernos favorable, a fin de que no vieras
nuestros reinos ni fueras conducido en triunfo a la sede paterna?
No haba yo hecho esta promesa sobre ti a Evandro, 45
tu padre, al partir cuando, abrazndome, me dej
marchar hacia un gran imperio y temeroso me adverta
que eran hombres difciles, combates con un duro pueblo.
Y ahora l quiz, llevado de una vana esperanza,
hasta hace sus votos y colma de presentes los altares. 50
Nosotros, a un joven sin vida que nada debe a ninguno
de los dioses acompaamos, tristes, con vana pompa.
Infeliz, que has de ver la muerte cruel del hijo!
Es ste el regreso y los triunfos que se esperaban de nosotros?
Es ste el valor de mi palabra? Mas no de vergonzosas 55
heridas manchado la vers. Evandro, ni, como padre suyo,
habrs de desear una muerte cruel para el hijo que huye. Ay de m,
qu baluarte pierdes, Ausonia, y t tambin, Julo!
Luego que as llor, ordena levantar el cuerpo
miserable y enva a mil soldados escogidos de todo 60
el ejrcito a que le acompaen en los honores postreros
y asistan a las lgrimas del padre, pequeo consuelo
en un gran duelo, aunque debido a un padre infortunado.
Otros, solcitos, tejen con varas de madroo
y ramas de encina el entramado de un blando fretro, y dan sombra 65
con techo de hojas al lecho as formado.
Colocan entonces al joven en lo alto de la agreste cama;
como la flor tronchada por el pulgar de una doncella,
ya de la blanda violeta, ya del jacinto lnguido,
a la que no dejaron an ni su fulgor ni su belleza 70
y no la alimenta ya la madre tierra ni fuerzas le brinda.
Luego sac Eneas dos vestidos de prpura y oro
recamados, que un da, contenta de sus labores,
le haba hecho con sus manos la sidonia Dido
y haba bordado las telas con hilo de oro. 75
Con uno de ellos viste, entristecido, al joven, postrero
honor, y cubre con un manto el cabello destinado a la pira,
y muchos premios adems de la batalla laurente
amontona y ordena que sea llevado el botn en larga fila.
Aade caballos y armas de los despojos del enemigo. 80
Haba atado tambin a la espalda las manos de los que mandaba
como ofrenda a las sombras, para regar las llamas con sangre,
y ordena que, vestidos de las armas enemigas,
porten troncos los jefes y se claven los nombres de sus rivales.
Llevan al infeliz Acetes, vencido por los aos, 85
ya hirindose el pecho con los puos, ya con las uas la cara;
se derrumba y cae al suelo con todo su cuerpo.
Llevan tambin los carros manchados de sangre rtula.
Detrs Etn, el caballo de guerra, privado de sus insignias,
avanza llorando y baa su hocico con grandes lgrimas. 90
Otros portan su lanza y su yelmo, pues Turno el resto
lo tiene como su vencedor. Siguen luego los teucros, triste falange,
y todos los etruscos y los arcadios con las armas vueltas.
Despus que haba pasado gran parte del cortejo,
Eneas lo detuvo y esto aadi con profundo suspiro: 95
A otras lgrimas nos llama desde ahora el mismo destino
horrendo de esta guerra. Salve, noble Palante, para siempre,
y para siempre adis. Y sin ms decir a los altos
muros se encaminaba y diriga sus pasos al campamento.
Y ya se haban presentado embajadores de la ciudad latina 100
cubiertos con ramos de olivo a pedir una tregua:
los cuerpos que el hierro haba esparcido por los campos,
que los entregara y permitiera enterrarlos bajo un tmulo,
que ninguno era el pleito con los vencidos y privados del aire,
que perdonase a los que un da trat de huspedes y suegros. 105
El bondadoso Eneas a los que splicas no despreciables hacan
responde con su venia y aade adems estas palabras:
Qu inmerecida fortuna os enred, latinos,
en guerra tan grande, y os hace evitar nuestra amistad?
La paz me peds para los que, sin vida, perecieron 110
por azares de Marte? En verdad, quisiera concertarla tambin con los vivos.
He venido porque los hados me asignaron el lugar y la sede
y no hago la guerra con el pueblo; vuestro rey rompi
nuestra hospitalidad y decidi acogerse a las armas de Turno.
Mejor habra sido que Turno se hubiera enfrentado a esta muerte; 115
si se dispone a acabar la guerra por la fuerza, si a expulsar
a los teucros, debiera enfrentarse con estas armas mas:
vivir aqul a quien la vida le concedieran el dios o su diestra.
Partid ahora y entregad al fuego a vuestros pobres ciudadanos.
Haba dicho Eneas. Ellos, atnitos y en silencio, 120
se cambiaban miradas sin atreverse a hablar.
Entonces, anciano y siempre enemigo con odio
y acusaciones del joven Turno, Drances inici as a su vez
la respuesta: Oh, grande por tu fama y mayor por tus armas,
hroe troyano. Con qu alabanzas te igualar al cielo? 125
He de admirar primero tu justicia o tus gestas guerreras?
Agradecidos llevaremos estas palabras a la ciudad de nuestros padres,
y a ti, si Fortuna nos deja algn camino, con el rey Latino
te uniremos. Que se busque Turno sus propios pactos.
Y con gusto, adems, levantaremos los sillares del destino 130
y acarrearemos sobre nuestros hombros las piedras troyanas.
As haba dicho y todos gritaban lo mismo con una sola voz.
Pactaron dos veces seis das y en el pacfico intervalo
teucros y latinos vagaron sin peligro mezclados
por bosques y colinas. Cruje el alto fresno bajo el hacha 135
de hierro, abaten pinos que los astros tocaban,
y no cesan de abrir con las cuas el oloroso cedro
y los robles ni de arrastrar en gimientes carretas los olmos.
Y ya la Fama voladora, llevando por delante un dolor tan grande,
colma a Evandro y de Evandro las casas y los muros, 140
ella, que poco ha deca de Palante vencedor en el Lacio.
Los arcadios corrieron a las puertas y segn la antigua costumbre
empuaron antorchas funerales; reluce el camino con larga
hilera de llamas que parte los campos en dos.
La turba de frigios que viene a su encuentro alcanza 145
al doliente ejrcito. Cuando las madres vieron que entraban
en las casas, encienden con sus gritos la afligida ciudad.
Y ninguna fuerza es capaz de sujetar a Evandro
que se lanza a buscarle. Depositado el fretro,
se arroj sobre Palante y le abraza llorando y gimiendo, 150
y apenas abri por fin el dolor camino a las palabras:
No era sta, Palante, la promesa que hiciste a tu padre
de que con cuidado te habras de entregar a un Marte cruel.
Y no desconoca yo cunto una nueva gloria puede
en las armas y las mieles del triunfo en el primer combate. 155
Mseras primicias de un joven y en la guerra cercana
dura iniciacin yvotos y preces mas que ninguno
de los dioses ha escuchado! Y t, oh, santsima esposa,
feliz en tu muerte que no has llegado a este dolor!
Yo, por el contrario, viviendo venc a mi destino, para ms durar 160
siendo su padre. Ojal me hubieran abatido los dardos
rtulos siguiendo las armas de Troya! Habra dado yo mi vida
y a m y no a Palante habra trado hasta casa este cortejo.
Y no os he de culpar, teucros, ni a los pactos ni a las diestras
que unimos en seal de hospitalidad; para mi vejez estaba preparada 165
una suerte tan mala. Si prematura aguardaba
la muerte a mi hijo, me servir de consuelo que haya cado
entre miles de volscos muertos, conduciendo a los teucros al Lacio.
Y no podra yo honrarte, hijo mo, con funeral mejor
que el piadoso Eneas y que los nobles frigios 170
y que los jefes etruscos, que todo el ejrcito etrusco.
Portan grandes trofeos de los que tu diestra ha enviado a la muerte;
te alzaras ahora t tambin como tronco imponente en los campos,
si igual fuera su edad y la misma la fuerza de los aos,
Turno. Mas, por qu, desdichado, demoro a los teucros lejos de sus armas? 175
Id y llevad al rey en la memoria este recado:
de que soporte una vida odiosa, muerto Palante,
tu diestra es la causa, que ves nos debe a Turno
al hijo y al padre. Slo este mrito te falta
y esta ocasin a tu suerte. No lo demando -no sera lcito- 180
como alegra de mi vida, sino para mi hijo en los Manes profundos.
La Aurora entretanto haba sacado para los pobres mortales
la luz de la vida, trayndoles de nuevo afanes y fatigas.
Levantaron las piras ya el padre Eneas, ya Tarconte
en el curvo litoral. Aqu cada cual el cuerpo llev de los suyos 185
segn la costumbre de sus padres, y prendindoles negro fuego
ocultan el alto cielo con la calgine de la tiniebla.
Tres vueltas dieron corriendo ceidos de las brillantes armas
en torno a las piras encendidas, tres veces recorrieron
a caballo el triste fuego funeral y arrancaron alaridos de su boca. 190
La tierra se cubre de lgrimas, se cubren las armas,
llega al cielo el clamor de los hombres y el clangor de las tubas.
Aqu unos arrojan al fuego los despojos arrebatados
a los latinos muertos, los yelmos y las labradas espadas
y los frenos y las ruedas ardientes; otros las conocidas ofrendas, 195
los escudos de los suyos y las poco felices armas.
Sacrifican por all muchos cuerpos de bueyes a la Muerte
y cerdos erizados y degellan sobre las llamas muchas
ovejas robadas de todos los campos. Luego por toda la playa
ven arder a sus compaeros y guardan las piras 200
medio apagadas sin poder retirarse hasta que la hmeda noche
da vuelta al cielo tachonado de estrellas encendidas.
Y tambin, muy lejos de all, los mseros latinos
erigieron innmeras piras y entierran por un lado
muchos cuerpos de soldados y por otro los toman 205
y los llevan a los campos vecinos y a la ciudad los devuelven.
El resto, un enorme montn de confusa matanza,
sin nmero ni honores lo queman; brillan entonces por doquier
las vastas llanuras con frecuentes hogueras.
La luz tercera haba retirado del cielo la glida sombra; 210
afligidos retiraban de las piras la alta ceniza y los huesos
mezclados y los cubran con una tibia capa de tierra.
Ya dentro de las casas, en la ciudad del muy rico Latino,
un sentido lamento y la parte mayor de un largo duelo.
Aqu las madres y las pobres nueras, aqu los pechos queridos 215
de las afligidas hermanas y los nios privados de sus padres
maldicen una guerra cruel y los himeneos de Turno;
que l mismo piden se enfrente con las armas y l con el hierro
ya que reinar reclama en Italia y honores principales.
Agrava esto implacable Drances y declara que slo l 220
es requerido, que llama a Turno solo al combate.
En su contra se alzan con diversos argumentos muchas opiniones
en favor de Turno, y lo ampara el peso del nombre de la reina,
sustenta al hroe la fama inmensa de sus merecidos trofeos.
En medio de todo esto, cuando ms ardoroso era el tumulto, 225
he aqu que llegan sombros mensajeros de la gran ciudad
de Diomedes con su respuesta: nada se ha logrado
con gastos tan enormes, de nada han valido ni regalos
ni oro ni grandes preces; otras armas han de buscar
los latinos o pedir la paz al rey troyano. 230
Se dej vencer el propio rey Latino por una gran tristeza.
De que a Eneas lo trae el destino por voluntad divina
le advierten la ira de los dioses y los recientes tmulos que ve.
As que una gran asamblea y a los primeros de los suyos
por su poder convocados rene en los altos umbrales. 235
Ellos acudieron y fluyen al palacio del rey
llenando los caminos. Toma asiento en el centro, el mayor en edad
y primero por su cetro, con ceo poco alegre Latino.
Y entonces a los mensajeros llegados de la ciudad etolia
manda contar lo que traen y exige las respuestas 240
todas por orden. Guardaron as silencio las lenguas
y Vnulo, obediente al mandato, comienza de este modo:
Hemos visto, ciudadanos, a Diomedes y el campamento argivo
y hemos superado en nuestro camino todos los avatares,
y llegamos a tocar la mano por la que cay de Ilin la tierra. 245
l estaba fundando victorioso la ciudad de Argiripa,
con el nombre de su raza patria, en los campos del Grgano ypige.
Luego que se nos introdujo y hablar pudimos con libertad
delante de todos, ofrecemos los regalos, decimos el nombre y la patria,
quines haban iniciado la guerra, qu motivos a Arpos nos llevaban. 250
Con plcida boca as repuso l a cuanto oa:
Pueblos afortunados, oh, reinos de Saturno,
ausonios venerables. Qu fortuna os solicita
en vuestra paz y os persuade a emprender guerras desconocidas?
Cuantos violamos los campos de Ilin con el hierro 255
(omito todo lo que realizamos guerreando al pie del alto muro
y los hroes que arrastra aquel Simunte) hemos pagado todos
infandos suplicios por el mundo y los castigos del crimen nuestro,
grupo que hasta a Pramo dara pena; lo sabe el triste astro
de Minerva y los escollos de Eubea y el vengador Cafereo. 260
De aquella milicia, arrojados a distintas playas,
Menelao el Atrida pasa su exilio en las columnas
de Proteo y ha visto Ulises a los Ciclopes del Etna.
He de hablar del reino de Neoptlemo y los Penates arrasados
de Idomeneo? De los locros, hoy habitantes de la costa libia? 265
El propio micnico, el general de los grandes aqueos
cay a la puerta de su casa a manos de su esposa
maldita: a la vencida Asia acechaba un adltero.
Y cmo no quisieron los dioses que, de regreso a las aras de la patria,
pudiera yo vera mi anhelada esposa y la bella Calidn? 270
An hoy continan de horrible visin los portentos
y los amigos desaparecidos buscaron el ter con sus plumas
y vagan como aves de los ros (ay, suplicios crueles
de los mos!) y llenan los escollos de voces lastimeras.
Esto deb esperrmelo yo desde aquel da 275
en que, loco de m, ataqu con mi espada el cuerpo
de la diosa y profan con una herida la diestra de Venus.
No, en verdad, no me arrastris a tales combates.
Ni volver a entrar en guerra con los teucros tras la cada
de Prgamo ni me acuerdo ni me alegro de viejos males. 280
Los presentes que me ofrecis de vuestras costas patrias,
llevdselos a Eneas. Nos enfrentamos como armas enhiestas
y hemos llegado a las manos; creed a quien conoce
cunto se yergue sobre su escudo, con qu remolino blande la lanza.
Si la tierra del Ida hubiese alumbrado a otros dos hombres 285
de su talla, hasta las ciudades de naco habra venido
el drdano y llorara Grecia con hados contrarios.
Cuanto nos demoramos bajo los muros de la dura Troya,
la victoria de los griegos se detuvo por la mano de Hctor
y de Eneas, y arrastr sus pasos hasta el dcimo ao. 290
Ambos insignes de coraje, ambos por la fuerza de sus armas,
y ste mayor por su piedad. Que se unan las diestras en el pacto
que se os propone, pero, cuidado!, no se enfrenten armas con armas!
Y al tiempo has escuchado, ptimo rey, del cul es
la respuesta y cul su parecer sobre esta gran guerra. 295
Apenas as los mensajeros, y un variado murmullo corri
por las turbadas bocas de los ausonios, como cuando detienen
las rocas la rpida corriente, se forma un rumor en el remolino
encerrado y tiemblan las orillas vecinas con las aguas que crepitan.
En cuanto se aplacaron los nimos y se calmaron las bocas temblorosas, 300
tras hablar a los dioses comienza el rey desde su alto escao:
Habra querido decidir antes sobre la suerte del reino,
latinos, y mejor habra sido y no en tal circunstancia
convocar la asamblea, cuando el enemigo est a las puertas.
Libramos una guerra adversa, ciudadanos, contra una estirpe 305
de dioses y unos hombres indmitos, a quienes ninguna batalla
rinde y ni vencidos pueden abandonar su espada.
Si habais abrigado alguna esperanza de conseguir las armas etolias,
deponedla. Cada cual es su propia esperanza. Pero veis cun exigua
es la nuestra. Cmo yace todo abatido en ruinas, 310
a la vista est y al alcance de vuestras manos.
Y no acuso a nadie. Cuanto valor pudo darse,
se dio; se ha combatido con todas las fuerzas del reino.
Ahora, por ltimo, os expondr qu opinin alberga
un corazn vacilante y (prestad atencin) os lo dir con pocas palabras. 315
Tengo de antiguo un campo cercano al ro etrusco
que se extiende hacia el ocaso hasta el territorio de los sicanos;
lo siembran auruncos y rtulos y con su arado trabajan
los duros collados y tienen en lo ms spero sus pastos.
Toda esta regin y la zona de pinos sobre el monte alto 320
pase a la amistad de los teucros y justas clusulas
de un tratado pactemos y llammosles aliados del reino.
Establzcanse, si tanto lo desean, y funden su muralla.
Pero si es su intencin apoderarse de otros territorios
y de otro pueblo y pueden abandonar nuestro suelo, 325
construyamos con tala madera dos veces diez naves,
o, si ms pueden llenar, madera hay suficiente
junto a las aguas; que ellos mismos nos indiquen la forma
y el nmero de barcos y les daremos el bronce, las manos y el astillero.
Es ms, para llevar mis palabras y firmar los pactos 330
decreto que hayan cien parlamentarios de las mejores
familias latinas y tiendan en su mano los ramos de la paz
cargados de presentes, talentos de oro y marfil,
y la silla y la trbea, insignias de nuestro reino.
Deliberad entre vosotros y acudid en ayuda de una situacin nada fcil. 335
Entonces Drances, siempre hostil y agitado
con torcida envidia y amargos estmulos por la gloria de Turno,
largo de medios y mejor de lengua, pero con diestra fra
para la guerra, tenido por consejero no ftil,
poderoso en los enfrentamientos (la nobleza de su madre 340
le confera estirpe orgullosa, incierta por parte de padre),
se levanta y carga y hace subir la ira con estas palabras:
Sometes a nuestra consideracin, oh buen rey, un asunto
para nadie oscuro que no precisa de palabras: todos saber confiesan
qu est pidiendo la suerte del pueblo, mas decirlo no osan. 345
Que d libertad para hablar y deje libres las palabras
aquel por cuyo infausto auspicio y costumbres siniestras
(lo dir claramente, aunque me amenace con armas y muerte)
cayeron las vidas de tantos jefes y vemos que se ha cubierto
la ciudad entera de luto, mientras provoca al campo 350
troyano confiando en la huida al tiempo que asusta al cielo con sus armas.
Slo uno has de aadir, oh el mejor de los reyes, un solo presente
a esos que en gran cantidad ordenas sean enviados y asignados
a los Dardnidas, y que no pueda vencerte la violencia
de nadie al dar tu hija a un yerno egregio y a un digno 355
himeneo y sellar esta paz con un pacto eterno.
Pero si terror tan grande se ha apoderado de pechos y mentes,
citmosle a l mismo y solicitemos de l mismo la venia:
que consienta y devuelva al rey y a la patria su propio derecho.
Por qu tantas veces lanzas a estos pobres ciudadanos 360
a riesgos manifiestos, oh para el Lacio causa y cabeza de los males presentes?
No hay salvacin en la guerra, todos la paz te reclamamos,
Turno, y, a la vez, de la paz la nica prenda inviolable.
Yo el primero, a quien te imaginas tu enemigo (y nada
me preocupa si lo soy), aqu vengo a suplicarte. Ten piedad 365
de los tuyos, depn tu actitud y, derrotado, vete. Dispersados
hemos visto ya bastantes muertes y despoblado grandes campos.
O bien, si la fama te mueve, si coraje tan grande abrigas
en tu pecho y si tanto ansas la real dote,
s valiente y ofrece, cara a cara, al enemigo tu pecho confiado. 370
Bien est que para que a Turno corresponda la real esposa,
nosotros, almas viles, turba sin sepultura y sin lgrimas,
nos amontonemos por los campos! T eres ms bien, si fuerzas te quedan,
si tienes algo del Marte de la patria, quien desafiar debe
al que te reclama. 375
Con tales palabras se encendi la violencia de Turno.
Gime y prorrumpe con estas voces de lo profundo del pecho:
Larga ocasin de hablar tienes siempre, Drances,
justo cuando las guerras brazos reclaman, y acudes el primero
si se convoca a los padres. Pero no hay que llenar la curia de palabras 380
que vuelan grandiosas estando t a cubierto mientras el valladar de los muros
detiene al enemigo y no se inundan de sangre las fosas.
Contina tronando con tu discurso (como sueles) y acsame
de tener miedo t, Drances, ya que tan gran montn de teucros
muertos ha dejado tu diestra y todos los campos sealados 385
de trofeos. De cunto es capaz un valor vigoroso
nos cabe experimentar, y est claro que no hay que buscar
muy lejos al enemigo; rodean los muros por todas partes.
Vayamos a su encuentro, por qu dudas? Es que siempre
tendrs a Marte en el flato de tu lengua y en esos 390
pies tuyos prestos a correr?
Yo, derrotado? Me dir alguien con razn derrotado,
ms que oprobioso, si puede ver el Tber crecer henchido
de la sangre troyana y cmo ha cado con su estirpe
la casa entera de Evandro y a los arcadios privados de sus armas? 395
No as me han conocido Bitias y Pndaro el grande
y los mil que vencedor mand al Trtaro en un da,
encerrado en sus muros y atrapado por el terrapln del enemigo.
No hay salvacin en la guerra? Ve a cantar as, loco,
a la cabeza de los drdanos y a tus propios asuntos. No ceses 400
de turbarlo todo con gran miedo y de ensalzar a los hombres
de un pueblo dos veces derrotado y de humillar, por contra, las armas de Latino.
Ahora hasta los jefes de los mirmdones tiemblan ante las armas frigias,
ahora hasta el hijo de Tideo y Aquiles de Larisa,
y huye, y retrocede el ro ufido perseguido por las ondas adriticas. 405
Y simula estar asustado de mis enconos
y exacerba su acusacin y su impostura con miedo fingido.
Nunca un alma de esa calaa (no temas) bajo esta diestra
habrs de perder; que viva contigo y permanezca en este pecho.
Me dirijo ahora, padre, a ti y a tu importante decreto. 410
Si no depositas ya confianza alguna en nuestras armas,
si tan dejados estamos y por un contratiempo del ejrcito
hemos cado del todo y no puede regresar nuestra suerte,
pidamos la paz y tendamos unas diestras incapaces.
Pero, ay si quedase algo de nuestro antiguo valor! 415
Afortunado en los afanes es para m antes que los otros
y de egregio corazn aquel que, por no ver estas cosas,
cay muriendo y mordi una vez el polvo con su boca.
Mas si tenemos recursos e intacta nuestra juventud
y nos queda an la ayuda de las ciudades talas y sus pueblos, 420
y si tanta sangre ha costado a los troyanos
su gloria (tienen tambin sus muertos e igual para todos
es la tormenta), por qu flojeamos sin vergenza
en el primer umbral? Por qu temblamos antes de que suene la tuba?
Muchas cosas el da y el mudable trabajo del tiempo diverso 425
han vuelto mejores, con muchos jug la Fortuna
regresando cambiada ylos puso de nuevo en seguro.
No tendremos la ayuda del etolio y de Arpos, sea;
pero estar Mesapo y el feliz Tolumnio y los caudillos
que tantos pueblos enviaron, y gloria no pequea 430
seguir a cuantos reclutamos por el Lacio y los campos laurentes.
Tambin est Camila, del pueblo ilustre de los volscos,
al frente de tropas a caballo y batallones que relucen de bronce.
Pero si es a m a quien retan los teucros en singular combate
y as os parece y tanto estorbo al inters comn, 435
no escap la Victoria de estas manos ni las odia de tal modo
que rehse yo arriesgar algo a cambio de esperanza tan grande.
Le har frente animoso incluso si supera al gran Aquiles,
incluso si, como l, lleva en sus manos las armas
de Vulcano. Yo, Turno, que no estoy por debajo de nadie 440
en el valor de nuestros padres, os he ofrecido mi vida a vosotros
y a Latino, mi suegro. Que slo a m reclama Eneas?
Que me reclame, lo pido. Si es esto ira de dioses, que no lo pague
Drances con su muerte; ni lo recoja, si esto es valor y gloria.
Ellos se dedicaban a discutir agriamente sobre lo dificil 445
de la situacin; Eneas levantaba el campamento y sus tropas.
Hete aqu que, en medio de gran tumulto, la noticia
se cuela en la mansin real y llena de terrores la ciudad:
los teucros en formacin de combate y las tropas tirrenas
descendan del ro Tber llenando todo el valle. 450
Al punto se turbaron los nimos y se agitaron del pueblo
los corazones y aument su clera con duro acicate.
Se agarran nerviosos a las armas, armas!, gritan los jvenes,
los padres lloran y murmuran afligidos. Entonces de todos lados
se alza al aire un gran clamor de opiniones enfrentadas, 455
no de otro modo que cuando las bandadas de aves
se posan en lo hondo del bosque o en la corriente del Padusa,
rica en peces, cantan por los locuaces estanques los roncos cisnes.
Muy bien, ciudadanos -aprovecha Turno la ocasin-,
seguid reunidos y alabad, sentados, la paz; 460
ellos corren en armas contra el reino. Y sin ms decir
se levant y sali de la alta mansin presuroso.
T, Vluso, ordena a los manpulos de los volscos armarse.
Gua -dice- tambin a los rtulos. Desplegad Mesapo y Coras, t,
con tu hermano en armas la caballera alo ancho del campo. 465
Refuercen unos las entradas de la ciudad y ocupen las torres;
el resto del ejrcito, que tome sus armas y me siga.
Al punto de toda la ciudad se corre a los muros.
El mismo padre Latino abandona sus grandes planes
y la asamblea, y, turbado por la triste circunstancia, los pospone 470
y mucho se reprocha el no haber antes aceptado
al dardanio Eneas y no haberlo trado por yerno a la ciudad.
Otros cavan delante de las puertas o acarrean piedras
y estacas. Cruenta seal da la ronca bocina
de guerra. Entonces en abigarrada corona cieron 475
los muros madres y nios, que a todos reclama la labor postrera.
Y acude tambin al templo y a la elevada fortaleza
de Palas la reina con gran squito de mujeres,
llevando ofrendas, y le acompaa a su lado la virgen Lavinia,
causa de mal tan grande, bajos los ojos pudorosos. 480
Les siguen las mujeres y el templo llenan de humo de incienso
y dejan escapar voces afligidas desde el alto umbral:
Seora de las armas, gua en la guerra, virgen Tritonia:
rompe con tu mano las flechas del pirata frigio y tmbalo
boca abajo en el suelo y derrbalo al pie de las altas puertas. 485
El propio Turno, loco de excitacin, se apresta al combate.
Y ya revestido de la rutilante coraza estaba erizado
de escamas de bronce y haba encerrado en oro sus piernas,
desnudo an de sienes, y habase ceido la espada al costado,
y resplandeca en oro al descender corriendo de la alta ciudadela 490
y exulta de nimos y en su esperanza se apodera ya del enemigo;
cual el caballo cuando, rompiendo sus cadenas, escapa
libre al fin del establo y dueo del campo abierto
busca los pastos y la manada de yeguas,
o acostumbrado a baarse en conocida corriente de agua, 495
brinca y relincha con la cerviz enhiesta al aire,
gozoso, y le juegan las crines por el cuello, por el lomo.
A su encuentro corri, seguida del ejrcito de volscos,
Camila y descendi la reina del caballo en la misma
puerta y toda la cohorte la imit dejando los caballos 500
y echaron pie a tierra; entonces dice as:
Turno, si alguna confianza merece el valiente tenerse,
oso y prometo enfrentarme a los escuadrones de Enadas
y, sola, salir al encuentro de los jinetes tirrenos.
Djame probar la primera con mis tropas los riesgos de la guerra. 505
T quedate junto a las murallas con la infantera y guarda las defensas.
Turno a esto, con los ojos clavados en la joven temible:
Oh, virgen, gloria de Italia, qu gracias podr darte
y ofrecerte a cambio? Mas de momento, ya que ese valor tuyo
est por encima de todo, comparte conmigo el trabajo. 510
Eneas, segn cuentan noticias fidedignas y los exploradores
enviados, ha mandado por delante con intencin aviesa las armas
ligeras de caballera a batir los campos; l, a su vez, por la cima
desierta del monte avanza sobre la ciudad las cumbres superando.
Preparo un ardid de guerra en un curvo sendero del bosque 515
para bloquear con hombres armados las dos salidas del camino.
T debes tomar posiciones y aguantar a la caballera tirrena;
a tu lado estar el fiero Mesapo con los escuadrones latinos
y las tropas de Tiburto, y asume t el papel de comandante.
As dice, y con palabras iguales exhorta a Mesapo 520
al combate y a los jefes aliados y marcha contra el enemigo.
Hay un valle de curvos rodeos, apropiados para las tretas
y los engaos de las armas, que ve cubierto de densos bosques
sus negros costados, a donde conduce un estrecho sendero
y abren paso cerradas gargantas y difcil acceso. 525
Sobre l, como atalaya y en lo ms alto del monte,
se extiende una escondida planicie y un abrigo seguro,
bien si quieres correr al combate por derecha e izquierda,
bien atacar desde lo alto y hacer rodar enormes peascos.
Hacia aqu se dirige el joven por caminos conocidos 530
y ocup este lugar y acamp en los bosques inicuos.
A la rpida Opis mientras tanto en las celestes regiones,
una de sus vrgenes compaeras y de su sagrada tropa,
llamaba la hija de Latona y estas tristes palabras
le daba de su boca: A una guerra cruel marcha Camila, 535
doncella ma, y en vano cie nuestras armas,
aunque la quiero ms que a todas. Pues no es que le haya venido
a Diana un nuevo amor y movido su corazn con dulzor repentino.
Expulsado del reino por odio a su poder orgulloso,
Mtabo, al salir de la antigua ciudad de Priverno, 540
se llev a su nia entre los avatares de la guerra
como compaera de exilio, y la llam Camila
cambiando en parte el nombre de su madre Casmila.
l mismo la llevaba ante s en el regazo por los largos collados
de los bosques solitarios; dardos crueles le asediaban por doquier 545
y revoloteaban alrededor los volscos desplegando su tropa,
y hete aqu que, a mitad de su fuga, haba crecido el Amaseno
con abundante espuma, tan gran tormenta haba descargado
de las nubes. l, dispuesto a nadar, por amor a la nia
se retrasa y teme por su carga querida. Esta decisin dura 550
tom de pronto mientras todo revolva en su interior:
una maza enorme que por suerte en la robusta mano llevaba
como arma de guerra, llena de nudos y de madera adusta,
encerrando en ella a su hija con el corcho de la silvestre corteza
la envuelve y la ata con cuidado al centro de la lanza. 555
Y blandindola con diestra poderosa as dice al ter:
T que habitas los bosques, a ti, benigna virgen Latonia,
yo, su padre, te la consagro como sierva; con tus armas primeras
en las manos escapa, suplicante, del enemigo por los aires. Acgela
como tuya, te lo ruego, diosa, ahora que la encomiendo a vientos inciertos. 560
Dijo, y lanzando hacia atrs el brazo blande con fuerza
el astil; resonaron las ondas, sobre la rpida corriente
escapa la pobre Camila en la lanza estridente.
Y Mtabo, cuando ya encima se le echaba la gran caterva,
se arroja al ro y vencedor la lanza con la nia, 565
regalo de la Trivia, arranca del tapiz de hierba.
Ninguna casa lo acogi, ni las murallas de ninguna
ciudad (y l nunca, con su bravura, se habra rendido),
y llev una vida de pastores en los montes solitarios.
Aqu criaba a su hija entre zarzas y por caminos 570
erizados con las mamas de una yegua y leche de animales,
exprimiendo sus ubres sobre los labios tiernos.
Y cuando la nia haba dejado las primeras huellas
de las plantas de sus pies, arm sus manos de aguda jabalina
y colg de sus pequeos hombros el arco y las flechas. 575
En vez de oro en el pelo, en vez de largo manto que la cubra,
cuelga de su cabeza por la espalda una piel de tigre.
Ya entonces dispar dardos infantiles con tierna mano
y volte en torno a su cabeza la honda de pulida correa.
Y abati una grulla estrimonia o un blanco cisne. 580
Muchas madres de las ciudades etruscas la quisieron
en vano por nuera; sola, con Diana se conforma
y sin mancha cultiva un amor eterno por los dardos
y la virginidad. Ya me gustara que no se hubiese dejado ganar
para un servicio tal, tratando de hostigar a los teucros! 585
Me sera ahora muy querida y una de mis compaeras.
Pero, ea, puesto que hados acerbos la estn acechando,
desciende, Ninfa, del cielo y visita los territorios latinos,
donde un triste combate se libra con infausto presagio.
Toma esto y saca de la aljaba una flecha vengadora; 590
con ella me pague, quienquiera que profane con su herida
el cuerpo sagrado, talo o troyano, igual castigo con su sangre.
Luego yo misma en el hueco de una nube llevar al sepulcro
el cuerpo de la infortunada y sus armas intactas y la devolver a la patria.
Dijo, y Opis, dejndose caer por las auras ligeras del cielo, 595
reson con su cuerpo envuelto en negro remolino.
Se acercan entretanto las fuerzas troyanas a los muros,
y los jefes etruscos y todo el ejrcito de jinetes
agrupados por nmero en escuadrones. Suenan por toda la llanura
los caballos de sonoros cascos que brincan y luchan con los frenos 600
por volverse a uno y otro lado; el campo de hierro aparece
[erizado de lanzas en gran extensin y arden los llanos con las armas enhiestas.
Y asoman contra ellos Mesapo y los veloces latinos
y Coras con su hermano y el ala de la virgen Camila,
hacindoles frente en el llano y con las diestras tendidas 605
ofrecen de lejos sus lanzas y hacen vibrar los dardos,
y se inflama la llegada de los hombres y el relinchar de los caballos.
Y ya, luego que estuvieron a tiro de flecha, unos y otros
se haban detenido; de pronto rompen a gritar y espolean
los fieros caballos. De todas partes salen a la vez dardos 610
espesos como copos de nieve que cubren el cielo con su sombra.
Al punto se atacan empujando sus lanzas enfrentadas
Tirreno y el bravo Acnteo y provocan el choque primero
con gran estrpito y rompen y quiebran los pechos
con los pechos de sus cuadrpedos; Acnteo, despedido 615
a la manera de un rayo o de la bala sacudida por la catapulta,
cae a lo lejos y esparce la vida por los aires.
Se confunden al instante los frentes y se retiran los latinos
echando hacia atrs los escudos yvuelven los caballos hacia la muralla;
empujan los troyanos y Asilas, al frente, conduce las tropas. 620
Y ya llegaban a las puertas y de nuevo los latinos
alzan su grito y hacen volver los blandos cuellos
y huyen los otros y retroceden largo trecho a rienda suelta.
Como el mar cuando avanzando con alterno flujo
ya rola hacia tierra y baa por encima los escollos 625
con su ola de espuma y llega a tragarse el final de la arena,
ya regresa raudo hacia atrs empapando al recoger las olas
las rocas y deja en la playa efmero vado:
dos veces los etruscos llevaron a los rtulos hasta la muralla; 630
dos veces, rechazados, miran hacia atrs guardndose las espaldas con los escudos.
Pero luego que se enfrentaron por tercera vez,
todas las lneas se enzarzaron y elige al hombre el hombre,
as que finalmente se escucha el gemir de los que mueren
y cuerpos y armas baados en sangre y se revuelcan los caballos
sin vida entre los hombres muertos, se hace feroz el combate. 635
Orsloco clav su lanza en el caballo de Rmulo,
que miedo le daba atacarle, y dej el hierro bajo la oreja;
enloquece el alto animal con el golpe, y, sin soportar el dolor,
se pone de patas levantando el pecho
y rueda aqul despedido por el suelo. Ctilo a Yolas 640
derriba y a Herminio, grande de corazn,
grande de cuerpo y de armas, cuya desnuda cabeza cubre
rubia melena; desnudos van sus hombros y no teme las heridas:
as de grado se ofrece a las armas. En su ancha espalda le vibra
la lanza arrojada y, atravesando al hroe, le dobla de dolor. 645
Por todas partes corre negra la sangre; siembran la ruina
con su espada peleando y buscan una hermosa muerte entre las heridas.
Entre tan gran matanza exulta la Amazona,
un pecho descubierto para el combate, Camila con su aljaba,
ybien multiplica flexibles astiles lanzndolos con la mano, 650
bien incansable empua con la diestra la pesada segur;
suena el arco de oro en su hombro y las armas de Diana.
Ella asimismo, si a veces volva la espalda rechazada,
apunta con el arco hacia atrs dardos fugitivos.
Y con ella compaeras escogidas, la virgen Larina 655
y Tula y Tarpeya que blande la segur de bronce,
hijas de Italia a quienes eligi como ornato propio la divina
Camila, buenas asistentes en la paz y en la guerra:
igual que las tracias Amazonas cuando recorren las riberas
del Termodonte y luchan con sus armas pintadas, 660
bien junto a Hiplita, bien cuando vuelve en su carro,
marcial, Pentesilea, y entre gran tumulto de alaridos
exultan los ejrcitos de mujeres con sus peltas lunadas.
Virgen fiera, a quin tumbas primero con tu dardo
y a quin despus? O cuntos cuerpos moribundos por tierra? 665
Euneo, en primer lugar, el hijo de Clitio; al hacerle frente
le atraviesa con una larga lanza su pecho descubierto.
l cae vomitando ros de sangre y muerde
cruento el polvo y rueda al morir sobre su propia herida.
Vienen despus Liris y Pgaso, uno mientras recoge las riendas 670
derribado del caballo herido y el otro
por acercarse y ofrecer al cado una diestra inerme,
a la vez ambos caen de cabeza. Aade a stos Amastro
Hiptades y persigue, acosndolos de lejos con su lanza,
a Treo y a Harplico, a Demofonte y a Cromis, 675
y cuantos dardos salieron volando de la mano de la virgen,
tantos guerreros frigios cayeron. Lejos cabalga con armas
desconocidas rnito, cazador en su caballo ypige,
cuyas anchas espaldas cubre una piel arrancada
a un novillo mientras combate, y la cabeza le protege la enorme 680
boca abierta y las mandbulas de un lobo con sus blancos dientes,
y arma sus manos agreste maza; l se mueve
entre las tropas y saca por encima su cabeza.
Ella, sorprendindolo (no fue difcil al volverse la columna),
lo atraviesa, y le dice adems con pecho enemigo: 685
Creste, tirreno, que con fieras andabas por el bosque?
El da ha llegado que conteste a vuestras palabras
con armas de mujer; sin embargo, te llevars a los Manes
de tus padres gloria no pequea: haber cado a manos de Camila.
A continuacin, a Orsffoco y Butes, dos grandes cuerpos 690
entre los teucros. A Butes, de espaldas, le clav la lanza
entre el yelmo y la loriga por donde asoma el cuello
segn ya sentado y cuelga del brazo izquierdo el escudo;
burla a Orsloco dando en su huida una gran vuelta
y, en giro ms pequeo, persigue al perseguidor. 695
Entonces, alzndose ms, por las armas del soldado y por sus huesos
redobla la pesada segur, aunque le implora y le suplica
muchas cosas; riega l herida su cara con el tibio cerebro.
Cay sobre ella y, de pronto asustado por su visin, se detuvo
el hijo guerrero de Auno, habitante del Apenino, 700
no el ltimo de los lgures mientras el hado mentir le dejaba.
Y l, cuando comprende que con ninguna carrera
puede escapar ni alejarse de la reina que le acosaba,
comenzando a tender sus lazos con ingenio y astucia,
dice as: Qu hay de glorioso si, aunque mujer, te confas 705
a un valiente caballo? Deja de huir y el cuerpo a cuerpo
busca conmigo en suelo llano y combate pie a tierra.
Ya vers a quin causa dao una gloria vana.
Dijo y entonces ella, furiosa y encendida por agrio dolor,
pasa el caballo a una compaera y se planta con armas iguales, 710
a pie, con la espada desnuda, valiente con su escudo sin insignias.
Mas el joven, pensando que ha salido bien su engao, escapa volando
(sin tardanza) y se aleja fugitivo volviendo grupas
y espolea al rpido cuadrpedo con su taln de hierro.
Lgur embustero y en vano engredo en tu nimo soberbio, 715
has intentado intilmente, falaz, las artes patrias,
y tu truco no habr de devolverte inclume al mentiroso Auno.
As dice la virgen y hecha fuego con sus rpidas plantas
adelanta corriendo al caballo y agarra de frente sus bridas,
lo asalta y toma venganza de la sangre enemiga: 720
con igual facilidad el gaviln, ave sagrada, de lo alto de una roca
se lanza con sus alas sobre la paloma que asoma altsima en las nubes
y la tiene agarrada y la destripa con sus curvas garras;
caen entonces del cielo la sangre y las plumas arrancadas.
Mas el sembrador de dioses y hombres no est sentado, excelso, 725
en el supremo Olimpo sin observar con mil ojos estas cosas.
El padre incita al etrusco Tarconte a una lucha
sin cuartel y con no blando estmulo provoca su encono.
As que llega Tarconte a caballo entre los muertos y las tropas
que se retiran y con voces diversas instiga a las alas 730
llamando a cada cual por su nombre y a los rechazados devuelve al combate.
Qu miedo, tirrenos que todo lo aguantis, como siempre
indolentes, qu cobarda tan grande se ha colado en vuestros corazones?
Una mujer os pone en fuga y rompe vuestras lneas!
Para qu el hierro empuamos o estos dardos intiles? 735
Mas no sois perezosos para Venus y las batallas nocturnas
o cuando la curva flauta invita a las danzas de Baco.
Esperad las viandas y las copas de una mesa repleta
(sa es vuestra pasin y vuestro celo) mientras anuncia el arspice
propicio el sacrificio y una pinge vctima os llama a los bosques profundos! 740
Esto dicho, espolea l mismo su caballo hacia el centro,
dispuesto a morir, y como un torbellino se pone frente a Vnulo
y agarra con la diestra al enemigo al tiempo que lo arroja del caballo
y a galope tendido lo lleva en sus brazos con gran violencia.
Se alza al cielo el clamor y todos los latinos 745
volvieron a l sus ojos. Vuela fogoso Tarconte por la llanura
llevando las armas y al guerrero; entonces de la punta de la lanza del otro
arranca el hierro y busca las partes descubiertas
por donde infligir la herida mortal; l, a su vez, resistindose,
sujeta la diestra lejos del cuello y esquiva la fuerza con la fuerza. 750
Como cuando el guila leonada se lleva volando a lo alto
una serpiente y la agarr con sus patas y le clav las garras,
mas la culebra, herida, hace girar su cuerpo sinuoso
y yergue sus escamas erizadas y silba con la boca
lanzndose hacia arriba; ella no ataca menos con su curvo 755
pico a la que se resiste y a la vez azota el aire con las alas.
No de otro modo saca en triunfo Tarconte su presa
de las lneas tiburtinas. En pos del xito y el ejemplo de su jefe
atacan los menidas. Entonces Arrunte, deuda del destino,
mejor con la jabalina y su gran pericia, a la veloz Camila 760
rode y busca por dnde probar mejor fortuna.
All donde en medio del combate se lanza Camila fiera,
all acude Arrunte, y sigilosamente sigue sus pasos;
por donde, vencedora, regresa ella y se aleja del enemigo,
por ah el joven a escondidas dirige sus rpidas riendas. 765
Y stos y los otros lugares y todos sus movimientos
sigue por doquier y blande con intencin aviesa su lanza certera.
Por caso Cloreo, un da sacerdote consagrado al Cbelo,
brillaba destacado a lo lejos entre las armas frigias
y espoleaba a su espmeo caballo a quien cubra 770
una piel de escamas de bronce como plumas cosida en oro.
l tambin, reluciente de extica prpura parda,
disparaba flechas de Gortina con el arco licio;
de oro colgaba el arco de sus hombros y de oro el yelmo
del vate; haba recogido adems en un nudo la clmide 775
azafrn y los pliegues de lino, crepitantes de oro amarillo,
bordada con aguja su tnica y la brbara ropa de las piernas.
A ste la virgen, bien por clavar en los templos armas
troyanas; bien por vestirse en sus caceras con el oro
apresado, slo a l de cuantos andaban enfrentados 780
persegua, ciega y desprevenida a lo largo de toda la lnea
arda con un ansia de mujer por el botn y los despojos,
cuando Arrunte, por fin llegada la ocasin, desde su escondite
lanza su dardo e invoca a los dioses de esta manera:
El mejor de los dioses, Apolo guardin del santo Soracte, 785
a quien veneramos los primeros y por quien alimentamos en los bosques
la llama de pino y, confiados en la piedad, entre el fuego
caminamos tus adoradores sobre muchas ascuas;
dame, padre, terminar con esta deshonra de nuestras armas,
todopoderoso. No busco el botn o el trofeo 790
de la virgen derrotada, ni despojo alguno; otras hazaas
me darn la fama. Que caiga derribada por la herida
esta peste terrible y volver sin gloria a las ciudades de mi patria.
Lo escuch Febo y acord en su corazn concederle
parte de su voto y parte dispers en el aire voltil. 795
Concedi al suplicante derribar a Camila sorprendida
por repentina muerte; mas que su alta patria regresar le viera
no se lo dio, y las rfagas se llevaron su voz a los Notos.
As que cuando escapada de la mano silb la lanza por las auras,
los volscos le prestaron toda su atencin y todos pusieron 800
sus ojos en la reina. Mas nada advirti ella
del silbido, del aire o del dardo que vena del ter,
hasta que la lanza se clav con fuerza bajo el pecho
descubierto y en lo profundo bebi la sangre de la virgen.
Acuden presurosas sus compaeras y abrazan a su duea 805
que se desploma. Arrunte huye ms asustado que nadie
con una mezcla de miedo y alegra y no se atreve ya a confiar
en su lanza o a enfrentarse a los dardos de la virgen.
Y como el lobo aquel, tras matar a un pastor o a un gran novillo
y antes que le persigan los dardos enemigos, se esconde 810
al punto y se pierde en lo profundo del monte,
consciente de su atrevida accin, y doblando la cola
temblorosa la mete bajo el vientre y se encamina a los bosques;
no de otro modo Arrunte, raudo, se apart de la vista
y contento con escapar se meti entre las armas. 815
Ella se muere e intenta arrancar el dardo con su mano, mas entre los huesos,
hasta las costillas llega en profunda herida la punta de hierro.
Se apaga exange, se apagan sus ojos mortalmente
helados, el color de prpura un da abandona su cara.
Entonces as se dirige moribunda a Acca sola 820
de sus iguales, que era fiel ms que todas a Camila
y con ella comparta las cuitas, y as le dice:
Hasta aqu, Acca hermana ma, he podido: amarga herida me vence
ahora y todo alrededor se oscurece de tinieblas.
Escapa y lleva a Turno mis ltimos recados: 825
que entre en combate y aleje a los troyanos de la ciudad.
Y ahora, adis. Con estas frases al tiempo dejaba las riendas
cayendo a tierra sin quererlo; poco a poco se fue quedando
helada por todo el cuerpo, y pos el cuello
lnguido y la cabeza vencida por la muerte, dejando las armas, 830
y se le escapa la vida con un gemido, doliente, a las sombras.
Entonces se alza un inmenso clamor que hiere los astros
de oro; muerta Camila se recrudece el combate,
atacan a la vez en apretada formacin toda la tropa de los teucros
y los jefes etruscos y los escuadrones arcadios de Evandro. 835
Mas, alta, sentada est hace tiempo en la cumbre de los montes
Opis, guardiana de Trivia, y sin miedo contempla los combates.
Y en cuanto, a lo lejos, entre el clamor de jvenes furiosos
vio a Camila abatida de triste muerte,
gimi y sac de lo hondo del pecho estas palabras: 840
Ay! Demasiado, virgen, demasiado cruel
castigo has pagado porque osaste hostigar a los teucros!
Y no te ha valido el haber honrado a Diana a solas
entre las zarzas, ni el haber llevado al hombro nuestra aljaba.
Sin embargo, no te ha abandonado tu reina sin gloria 845
en esta hora final de la muerte, ni sin fama quedar tu fin
por los pueblos, ni sufrirs la infamia de no ser vengada.
Pues quienquiera que ha profanado tu cuerpo con la herida
lo pagar con merecida muerte. Al pie de un alto monte se alzaba,
enorme, la tumba de Derceno, antiguo rey laurente, 850
bajo un montn de tierra cubierta por umbrosa encina;
aqu se posa primero la bellsima diosa en rauda
maniobra y de lo alto del tmulo vigila a Arrunte.
Cuando lo vio con las armas brillando y henchido en vano:
Por qu -dice- te marchas a otra parte? Dirige aqu tus pasos, 855
ven a morir aqu, de modo que recibas una digna recompensa
de Camila. No morirs t por las flechas de Diana?
Dijo y sac veloz saeta la tracia
de la aljaba de oro y la tens amenazante en el arco
y mucho lo dobl hasta que se tocaron 860
los curvos extremos y quedaban las manos a la misma altura,
la izquierda en la punta de hierro, la derecha en la cuerda y el seno.
Al punto escuch Arrunte el estridor del dardo, y, a la vez,
el aire silbando, y se clav el hierro en su cuerpo.
De l, moribundo y suspirando por ltima vez, se olvidaron 865
los compaeros y lo dejaron en el ignoto polvo de los campos.
Opis se deja llevar por sus alas al etreo Olimpo.
Al perder a su reina, huye el primero el escuadrn ligero de Camila,
asustados huyen los rtulos, huye el bravo Atinas
y los dispersos caudillos y los manpulos abandonados 870
buscan lo seguro, y, retirndose, huyen a caballo a las murallas.
Y nadie hay ya capaz de enfrentarse a los teucros que acosan
y les llevan la muerte, con flechas o cuerpo a cuerpo;
llevan en los lnguidos hombros arcos flojos,
y el casco de los cuadrpedos bate a la carrera el llano polvoriento. 875
Llega a los muros una negra nube de polvo
removido y desde las torres las madres se golpean el pecho
y lanzan a los astros del cielo un clamor de mujeres.
Quienes, corriendo, irrumpieron los primeros por las puertas abiertas,
a sos les acosa la turba enemiga en formacin confusa 880
y no escapan de una muerte desgraciada, y en el mismo umbral,
en las murallas de la patria junto al refugio de sus casas,
entregan la vida, acribillados. Otros cerraron las puertas
y no se atreven a abrir paso a sus amigos ni en las murallas
a recibir a los que suplicaban, y se produce penossima matanza 885
de quienes defendan con armas los accesos y quienes contra las armas se lanzaban. Rechazados ante los propios ojos de sus padres llenos de lgrimas,
caen unos rodando de cabeza en los fosos empujados
por la aglomeracin; otros, ciegos, a galope tendido
se lanzan contra las puertas y los duros postes atrancados. 890
Las propias madres en desesperado intento desde los muros
(as se lo seala el verdadero amor a la patria, al ver a Camila)
arrojan temblando dardos con sus manos y remedan el hierro
con troncos de dura madera y palos afilados al fuego
y se arrojan, y arden por ser las primeras en morir por su muralla. 895
Entretanto la crudelsima noticia alcanza a Turno
en los bosques y refiere Acca al joven el enorme desastre:
deshechas las tropas de los volscos, muerta Camila,
los enemigos se les echaban encima y con la ayuda de Marte
con todo acababan y llevaban ya el miedo a las murallas. 900
l, fuera de s (y as lo demanda la voluntad cruel de Jpiter),
abandona el asedio de los montes, deja los speros bosques.
Apenas haba salido de su atalaya y ocupaba la llanura,
cuando el padre Eneas entr en los desfiladeros libres
y franquea las alturas y sale de la umbrosa selva. 905
Ambos, as, se dirigen rpidamente a los muros
con todo su ejrcito y no se llevan mucha ventaja;
y a la vez Eneas vio a lo lejos el hervor
del polvo de los campos y el ejrcito laurente,
y al terrible Eneas reconoci Turno entre sus armas 910
y escuch el ruido de los pasos y el relinchar de los caballos.
Y al punto entraran en combate e intentaran la lucha,
si no baase ya el purpreo Febo sus cansados caballos
en el agua de Hiberia, y, al pasar el da, trajese la noche.
Plantan ante la ciudad sus campamentos y atrincheran las murallas. 915
LIBRO XII
Turno, aun cuando ve que ceden los latinos quebrantados
por un Marte adverso, que se le exigen ahora las promesas,
que a l se dirigen todos los ojos, arde implacable an ms
y levanta su nimo. Como el len aquel en los campos de Cartago
que, tocado en el pecho por una grave herida de los cazadores, 5
lanza entonces sus armas al ataque y se goza sacudiendo
la abultada melena en su cerviz e impvido quiebra
el dardo clavado del mercenario y ruge con la boca ensangrentada.
No de otro modo crece la violencia en el fogoso Turno.
Se dirige entonces as al rey y comienza sombro de esta manera: 10
No hay duda ninguna en Turno, ni razn para que los Enadas
cobardes retiren su desafo o rechacen lo pactado.
Parto para el combate. Cumple el rito, padre, y prepara la tregua.
O con esta diestra ma enviar al Trtaro al dardanio
desertor de Asia (que se sienten y lo vean los latinos) 15
y yo solo responder con mi espada a la comn ofensa,
o que nos someta a su poder y reciba a Lavinia por esposa.
A l le respondi Latino con nimo sosegado:
Oh, joven de valeroso corazn, cuanto t destacas
por tu fiereza, tanto ms justo es que yo 20
delibere y sopese, prudente, todas las salidas.
Tienes los reinos de tu padre Dauno, tienes muchas ciudades
tomadas por la fuerza y tiene adems Latino oro y coraje;
hay en el Lacio otras muchas sin casar y en los campos laurentes,
que no desmerecen por su linaje. Deja que cosas no fciles de decir 25
descubra sin engaos y graba ala vez esto en tu corazn:
no me estaba permitido unir a mi hija con ninguno de los antiguos
pretendientes, y as lo anunciaban todos los dioses y los hombres.
Vencido por tu amor, vencido por la sangre emparentada
y por las lgrimas de mi afligida esposa, romp todos los vnculos; 30
dej a mi yerno sin su prometida, empu armas impas.
Ves por ello, Turno, qu azares a m me persiguen
y qu guerras, cuntas fatigas eres el primero en sufrir.
Dos veces vencidos en un gran combate, defendemos apenas en la ciudad
las esperanzas talas; se calientan de nuevo las aguas del Tber 35
con nuestra sangre y blanquean de huesos las grandes llanuras.
A dnde me dejo llevar una y otra vez? Qu locura me hace cambiar de idea?
Si, desaparecido Turno, dispuesto estoy a aceptarlos por aliados,
por qu no evito mejor el combate cuando an vive?
Qu dirn mis parientes rtulos, qu el resto 40
de Italia si a la muerte (la fortuna desmienta mis palabras!)
te entrego, pretendiente de mi hija y de nuestra boda?
Estudia las alternativas de la guerra, ten piedad de tu anciano
padre a quien hoy, afligido, separa de ti la lejana
patria rdea. En modo alguno se abate la violencia de Turno 45
con estas palabras; aumenta ms an y se agrava con la medicina.
En cuanto pudo hablar, insisti de esta manera:
Todo ese afn de protegerme, te suplico, ptimo padre, ese afn
depn y djame sufrir la muerte a cambio de la gloria.
Tambin nosotros, oh padre, dardos y hierro no flojo lanzamos 50
con la diestra, y de sus heridas mana igualmente la sangre.
l tendr lejos a su divina madre, sin que cubrir pueda
su huida con nube mujeril y ocultarse en sombras vanas.
Mas la reina, asustada de la nueva suerte del combate,
lloraba y dispuesta a morir sujetaba al yerno ardiente: 55
Turno, yo a ti por estas lgrimas, por el nombre de Amata
si es que te importa algo. T eres ahora su nica esperanza,
t el descanso de su msera vejez, en tus manos la honra y el poder
de Latino, en ti se apoya toda mi casa vacilante.
Esto slo te pido: no acudas al combate con los teucros. 60
Sea cual sea el resultado que te aguarda en ese duelo,
tambin a m, Turno, me aguarda; al tiempo dejar
esta odiada luz y no ver, cautiva, a Eneas de yerno.
Escuch Lavinia las palabras de su madre entre lgrimas
que regaban sus mejillas encendidas; un intenso rubor 65
las hizo arder y corri por su rostro caliente.
Como si alguno mancha con prpura de sangre
el marfil de la India o como enrojecen los blancos lirios
al mezclarse con muchas rosas, tal color presentaba el rostro de la muchacha.
A l lo turba el amor y clava su mirada en la muchacha; 70
arde ms por las armas y con pocas palabras dice a Amata:
No, te ruego, no me persigas con lgrimas ni con agero
tan fatal cuando me lanzo al encuentro del duro Marte,
madre ma; pues Turno no puede demorar libremente su muerte.
T, Idmn, s mi mensajero y lleva al tirano frigio estas 75
palabras mas que no han de placerle. Llevada en sus ruedas de prpura
en cuanto enrojezca en el cielo la Aurora de maana,
que no lleve a los teucros contra los rtulos; descansen las armas de rtulos
y teucros, decidamos esta guerra con nuestra sangre
y conquiste a su esposa Lavinia en aquel llano. 80
Luego que dijo esto y rpido se retir a su tienda,
pide sus caballos y goza vindolos relinchar ante l;
la propia Orita los entreg como premio a Pilumno
y ganaban a la nieve en blancura y en rapidez al viento.
Los rodean sus atentos aurigas y con la palma de la mano 85
acarician y palmean sus pechos y les peinan las crines del cuello.
l mismo despus rodea sus hombros con la loriga
rgida de oro y blanco oricalco y a la vez coloca en su sitio
la espada y el escudo y las puntas de su roja cresta,
la espada que el mismo dios seor del fuego haba forjado 90
para su padre Dauno metindola al rojo en las aguas estigias.
Luego, ase con fuerza la pesada lanza que se alzaba
apoyada a una columna en el centro de la sala,
despojo del aurunco ctor, y blandindola la hace vibrar
al tiempo que grita: Ahora, lanza ma que nunca has defraudado 95
mis ruegos, ahora es el momento; antes el grandsimo ctor
y ahora te lleva de Turno la diestra; concdeme abatir su cuerpo
y arrancar y destrozar con fuerte mano la loriga
del frigio afeminado y manchar en el polvo sus cabellos
rizados con el hierro caliente y empapados de mirra. 100
Con tal furia se agita y de toda la cara le saltan
chispas encendidas, brilla el fuego en sus ojos salvajes,
como lanza el toro al inicio de la lucha mugidos
terribles o trata de llevar la ira a sus cuernos
sacudiendo el tronco de un rbol y a los vientos desafa 105
con sus embestidas o se prepara para pelear barriendo la arena.
Entretanto no menos terrible con las armas de su madre
aguza Eneas su Marte y se inflama de ira,
satisfecho de dirimir la guerra con el pacto propuesto.
Conforta entonces a sus compaeros y el miedo del afligido Julo 110
hacindoles ver el destino, y ordena llevar respuesta cierta
al rey Latino y que los mensajeros le presenten condiciones de paz.
Naci el da siguiente y apenas regaba con su luz
las cumbres de los montes, cuando primero se alzan del profundo abismo
los caballos del Sol y luz respiran por las narices abiertas. 115
Bajo las murallas de la gran ciudad midiendo el campo
para el duelo los rtulos y los hombres de Troya disponan
hogares en el centro, y para los dioses comunes altares
de hierba. Otros portaban agua y fuego cubiertos con la falda
de franjas de prpura y ceidas las sienes de verbena. 120
Avanza la legin de los ausnidas y a puertas llenas
se derraman los escuadrones armados. Acude luego todo
el ejrcito troyano y el tirreno con armas diversas,
cubiertos de hierro no de otro modo que si les convocase
la fiera cita de Marte. Y entre tantos miles dan vueltas 125
los propios caudillos, soberbios de prpura y oro:
Mnesteo del linaje de Asraco y el fuerte Asilas
y Mesapo domador de caballos, prole de Neptuno.
Y cuando, al darse la seal, cada cual ocup su sitio,
clavan en tierra las lanzas y apoyan los escudos. 130
Entonces acudieron con ansia las madres y el pueblo inerme
y los ancianos sin fuerzas ocuparon las torres y las azoteas
de las casas; otros se colocan en lo alto de las puertas.
Mas Juno (ay!) desde lo alto de un monte (que hoy Albano
se llama: no tena entonces ni nombre, ni culto, ni fama) 135
vigilaba observando la llanura y ambas
lneas de laurentes y troyanos y la ciudad de Latino.
Al punto as habl a la hermana de Turno,
una diosa a otra diosa, que preside los pantanos y los ros
sonoros (a ella Jpiter, el alto rey del ter, 140
le concedi este honor al arrancarle la virginidad):
Ninfa, gloria de los ros, gratsima a nuestro corazn,
sabes cmo a ti sola entre todas las latinas cuantas
subieron al ingrato lecho del generoso Jpiter
te he preferido y te he dado con gusto un lugar en el cielo. 145
Aprende, Yuturna, y no me acuses, tu propio dolor.
Hasta donde Fortuna pareca consentir y las Parcas dejaban
que las cosas fueran bien para el Lacio, he protegido a Turno y tus murallas.
Ahora veo que el joven se enfrenta a hados desiguales
y se acerca el da de las Parcas y la fuerza enemiga. 150
No puedo contemplar este duelo con mis ojos, ni el pacto.
T, si te atreves a algo ms eficaz por tu hermano,
adelante, puedes hacerlo. Quiz das mejores aguardan a los desgraciados.
Apenas acab cuando Yuturna se deshizo en lgrimas
y tres y cuatro veces golpe su hermoso pecho con la mano. 155
No es hora sta de lgrimas -dice Juno Saturnia-.
Date prisa y, si hay algn medio, salva a tu hermano de la muerte;
o provoca t misma la guerra y rompe el pacto conseguido.
Inspiro yo tu atrevimiento. Exhortndola as la deja
indecisa y con el nimo turbado por triste herida. 160
Llegan entretanto los reyes y Latino sobre su carro
de cuatro caballos impresionante (le cien
las sienes brillantes doce rayos de oro,
emblema del Sol, su abuelo), va Turno sobre su biga blanca,
agitando con la mano dos astiles de ancho hierro. 165
Luego el padre Eneas, origen de la estirpe romana,
ardiente con su escudo de estrellas y sus armas celestes
y Ascanio a su lado, segunda esperanza de la gran Roma,
salen del campamento, y el sacerdote vestido de blanco puro
llev una cra de la erizada cerda y una oveja 170
intonsa y acerc los animales a los altares encendidos.
Aqullos, con los ojos vueltos hacia el sol naciente,
ofrecen harina salada con las manos y marcan con el hierro
las sienes de los animales, y liban con las pteras los altares.
Entonces Eneas piadoso reza de este modo con la espada enhiesta: 175
S ahora, Sol, mi testigo en esta invocacin junto con la tierra
por la que soportar he podido tantas fatigas,
y el padre todopoderoso y t, su Saturnia esposa
(ms favorable ya por fin, te suplico), y t, nclito Marte,
que toda guerra pliegas, padre, a tu voluntad; 180
a las fuentes y a los ros invoco y a todas las divinidades
del alto ter y a todos los poderes divinos del mar cerleo:
si acaso la victoria cae del lado del ausonio Turno,
acordado queda que los vencidos se retiren a la ciudad de Evandro,
Julo dejar los campos y nunca ms empuarn sus armas, 185
rebeldes, los Enadas ni desafiarn a estos reinos con la espada.
Si, por el contrario, sonre la Victoria a nuestro Marte
(como creo mejor y mejor con su numen lo confirmen los dioses),
no har yo que los talos obedezcan a los teucros
ni pido el reino para m: ambos pueblos, invictos, 190
se pongan bajo leyes iguales en eterno pacto.
Ritos y dioses les dar; tenga sus armas Latino, mi suegro,
y su dominio soberano mi suegro: para m levantarn
los teucros murallas y Lavinia dar su nombre a la ciudad.
As Eneas el primero, as le sigue despus Latino 195
mirando hacia el cielo y tiende su diestra a las estrellas:
Yo por lo mismo juro, Eneas, por la tierra, el mar, las estrellas
y la doble estirpe de Latona y Jano bifronte,
y el poder de los dioses infernales y los sagrarios del severo Dite;
escuche esto el padre que con su rayo sanciona los pactos. 200
Toco los altares y llamo entre vosotros por testigos a fuegos y dioses:
ningn da habr de romper a los talos esta paz y este pacto,
salgan como salgan las cosas; ni a m, que as lo quiero, me mover
fuerza alguna, no, aunque por medio de un diluvio pueda
confundir la tierra con las aguas y hacer que caiga el cielo hasta el Trtaro, 205
igual que este cetro (pues por caso llevaba el cetro en la diestra)
nunca echar ramas de leve fronda ni sombras,
puesto que fue arrancado un da en las selvas desde la raz
y carece de madre y perdi por el hierro su cabello y sus brazos;
rbol un tiempo, hoy la mano del orfebre lo encerr entre adornos 210
de bronce y lo entreg a los padres latinos para que lo llevasen.
Con tales palabras confirmaban entre ellos su pacto
ante la general contemplacin de los prceres. Luego, segn el rito
consagradas degellan ante el fuego las vctimas y vivas les arrancan
las vsceras, y colman los altares de fuentes rebosantes. 215
Pero a los rtulos ese duelo desigual les pareca
ya y sentimientos diversos se mezclaban en sus pechos,
y ms an cuando les ven llegar no iguales en fuerzas.
A ello contribuye el caminar con paso callado de Turno
venerando suplicante el altar con los ojos bajos, 220
as como sus juveniles mejillas yla palidez del cuerpo del joven.
En cuanto su hermana Yuturna vio que se extendan
los murmullos y que cambiaba el lbil parecer del pueblo.
entre los soldados simulando el aspecto de Camerte,
que desde los antepasados tena una estirpe gloriosa y era famoso 225
el renombre del valor de su padre, valerossimo l tambin con las armas,
se mete entre los soldados, sabedora de las condiciones,
y siembra rumores diversos, y dice de este modo:
No os da vergenza, rtulos, ofrecer una sola vida
a cambio de tantas tan valiosas? Es que no somos iguales 230
en nmero o fuerzas? Vaya, no son ms que arcadios y troyanos
y el escuadrn del destino, la Etruria hostil a Turno:
apenas tenemos enemigos, si combatimos uno a uno.
l en verdad seguir a los dioses, ante cuys altares
se ofrece, en fama, y vivo andar de boca en boca; 235
nosotros perderemos la patria y a obedecer a amos orgullosos
nos veremos obligados, ya que ahora nos sentamos tranquilos por los campos.
Se encendi la opinin de los jvenes con tales palabras
ms y ms an y serpea la agitacin entre los soldados;
los mismos laurentes cambiaron y los mismos latinos. 240
Quienes ya ansiaban el descanso en el combate y de la patria
la salvacin quieren ahora armas, y piden que se rompa
el pacto y lamentan la inicua suerte de Turno.
Otra cosa an mayor aade a esto Yuturna, y enva
del alto cielo una seal, la ms eficaz en turbar 245
el corazn de los talos y en engaarles con su visin.
Pues surcando el rojo cielo, el guila leonada de Jove
persegua a las aves de la ribera y a la ruidosa turba
del algero ejrcito, cuando, de pronto, cae hasta las olas
y se lleva feroz en sus garras un bellsimo cisne. 250
Concentraron su atencin los talos, y todos los pjaros
abandonan entre graznidos su huida (asombrosa visin)
y oscurecen el ter con sus alas y acosan por las auras
a su enemigo formando una nube, hasta que se rindi vencida
por la fuerza y el peso de la carga y dej escapar el guila la presa 255
de sus garras al ro y a lo lejos se perdi entre las nubes.
Saludan entonces los rtulos con gritos el augurio
y aprestan sus brazos y el primero el augur Tolumnio
dice: Esto era, esto, lo que yo tantas veces he pedido.
Siento y reconozco a los dioses; bajo mi gua, desgraciados, 260
corred alas armas, que un extranjero feroz con la guerra
os espanta como a dbiles aves, y por la fuerza arrasa
vuestras costas. Escapar l tambin y llevar sus velas
bien lejos. Vosotros, cerrad filas como un solo hombre
y defended peleando al rey que se os ha arrebatado. 265
Dijo, y abalanzndose dispar su dardo contra los enemigos
que tena enfrente; lanza el cornejo su estridente silbido
y corta certero el aire. Al punto sigue a esto un gran clamor,
y todas las filas se agitaron y se inflamaron los corazones con el tumulto.
Enfrente justo se encontraban los bellsimos cuerpos 270
de nueve hermanos, tantos cuantos leal esposa
tirrena diera, ella sola, al arcadio Galipo. Vuela la lanza
y atraviesa a uno de ellos por donde se pega al vientre
el cosido cinturn y muerde la fbula las correas del costado,
al joven de hermosa figura y relucientes armas 275
le traspasa las costillas y lo tumba en la rubia arena.
Y sus hermanos, falange ya animosa ahora de dolor inflamada,
empuan unos las espadas y otros el hierro volador
arrebatan y ciegos se lanzan. Acuden a su encuentro
las tropas de laurentes y en seguida se desbordan apretados 280
los troyanos y los agilinos y los arcadios de pintadas armas;
as, igual ansia se apodera de todos por decidir con el hierro.
Saquearon los altares, vuela por todo el cielo agitada
tempestad de dardos y estalla una tormenta de hierro,
retiran las crateras y los fuegos. Huye el propio Latino 285
llevndose de nuevo los dioses ofendidos por la ruptura del pacto.
Preparan otros los carros o ponen sus cuerpos de un salto
sobre los caballos y aparecen con las espadas enhiestas.
Mesapo, ansioso por desbaratar el pacto, al rey tirreno
Aulestes, que portaba su insignia de rey, 290
aterra enfrentndosele a caballo; cae ste al retirarse
y rueda, desgraciado, de cabeza y hombros con las aras
que tena a la espalda. Mas enardecido vuela hasta l con su lanza
Mesapo y con ella, como una viga, lo hiere gravemente
desde lo alto del caballo, aunque mucho suplicaba, y as dice: 295
Ya lo tiene! Es sta la mejor vctima ofrecida a los grandes dioses.
Acuden los talos y despojan los miembros calientes.
Al ataque, arranca Corineo del ara un tizn quemado
y a Ebiso que corra preparando su golpe
le llena la cara de llamas: prendi su barba enorme 300
y oli al arder. Le sigue an aqul
y agarra con la izquierda la cabellera del turbado enemigo
y le hace morder el polvo ponindole encuna la rodilla;
de esta guisa hiere con la rgida espada el costado. Podalirio a Also,
un pastor que irrumpa en primera fila entre los dardos, 305
persiguindole le da alcance con la espada desnuda. Mas l, blandiendo
la segur, abre por la mitad la frente y el mentn del adversario
y riega en gran extensin las armas con la sangre esparcida.
Un duro descanso cay sobre sus ojos y un sueo
de hierro, se oculta su luz para una noche eterna. 310
El piadoso Eneas, por su parte, tenda su diestra inerme
con la cabeza descubierta y llamaba a gritos a los suyos:
A dnde corris? De dnde nace esta repentina discordia?
Reprimid, ay, vuestra ira! Acordado est ya el pacto
y fijadas todas sus leyes. Mo slo es el derecho a combatir, 315
dejadme y alejad el miedo. Yo firmar pactos
firmes con mi mano; estas vctimas me deben ya a Turno.
En medio de estas palabras, entre razones tales,
he aqu que hasta el hroe se escap una flecha de alas estridentes
sin que se sepa qu mano la lanz, con qu impulso vol, 320
quin brind a los rtulos, si un dios o el azar,
gloria tan grande; en secreto qued la fama de la hazaa
y nadie se jact de la herida de Eneas.
Turno, al ver que Eneas se retiraba de la formacin
y a sus jefes turbados, arde inflamado por sbita esperanza; 325
reclama sus caballos y a la vez las armas, y sube orgulloso
de un salto al carro y sacude con las manos las riendas.
Pensando en muchas cosas entrega a la muerte a valientes guerreros.
Arrolla a muchos, medio muertos: o devora las filas
con su carro o arroja a los que huyen lanzas robadas. 330
Cual sanguinario Marte cuando junto a las aguas
del glido Hebro, agitado, golpea su escudo y los salvajes
caballos lanza al galope, a guerra tocando, y ellos a campo abierto
vuelan ms que los Notos y el Cfiro, gimen los confines
de Tracia bajo el golpe de sus cascos y alrededor se agitan 335
los fantasmas del negro Terror, de la Ira y la Insidia, squito del dios:
as azuza Turno, impetuoso, en medio del combate
sus caballos humeantes de sudor, saltando sobre los enemigos
muertos sin piedad; el rpido casco salpica rocos
de sangre y pisa una arena ensangrentada. 340
Y entreg ya a la muerte a Estnelo y a Tmiro y a Folo,
a ste de cerca y a ste, al otro de lejos; de lejos a ambos
Imbrsidas, a Glauco y a Lades, a los que mbraso mismo
haba criado en Licia y haba adornado con armas iguales
para llegar a las manos o para ganar a caballo a los vientos. 345
En parte distinta se mete en el centro del combate Eumedes,
prole preclara en la guerra del antiguo Doln
que llevaba al abuelo en el nombre y al padre en el arrojo y las manos;
ste un da como llegara a espiar al campamento de los dnaos,
os reclamar para s en recompensa el carro del Pelida, 350
y le pag el Tidida con premio bien distinto
por tal hazaa y no aspira ya a los caballos de Aquiles.
Cuando Turno lo divis a lo lejos en campo abierto,
persiguindole antes con la lanza ligera largo trecho,
detiene su pareja de caballos y salta del carro y se lanza 355
sobre l, cado ya sin aliento, y pisndole el cuello con el pie
le arranca la espada de la diestra y le clava su brillo
hasta el fondo en la garganta y aade adems:
Aqu tienes, troyano, los campos y la Hesperia que buscaste
con la guerra! Mdelos con tu cuerpo! Estos premios reciben 360
quienes osan probarme con la espada. As levantan sus murallas.
Con la punta de su lanza hace que le acompae Asbistes,
y Clreo y Sbaris y Dares y Tersloco
y, resbalando del lomo de su caballo montaraz, Timetes.
Y como el aliento del Breas edonio cuando silba 365
en lo profundo del Egeo y persigue a las olas hasta la playa;
por donde cayeron los vientos se escapan las nubes al cielo:
as ante Turno, all donde se abre camino, ceden los escuadrones,
corren revueltas las filas; su propio mpetu lo lleva
y al correr del carro agita la brisa su penacho volador. 370
No aguant Fegeo sus amenazas ni el rugir de su nimo
y se lanz contra el carro y torci con la diestra los hocicos
espumantes por los frenos de los caballos lanzados al galope.
Mientras lo arrastran y cuelga del yugo, indefenso, lo alcanza
una ancha lanza que se clava y desgarra la loriga 375
de doble malla y llega a probar el cuerpo con una herida.
l, sin embargo, iba vuelto hacia el enemigo cubierto
con su escudo y trata de defenderse sacando la espada
cuando una rueda y el eje lanzado a la carrera lo empujaron
y lo lanzaron de cabeza al suelo y Turno, alcanzndole 380
entre el final del casco y el borde superior de la coraza,
la cabeza le quit con la espada y dej su tronco en la arena.
Y mientras, vencedor, tanta muerte causa Turno por los campos,
Mnesteo entretanto y el fiel Acates y Ascanio
con ellos se llevaron al campamento ensangrentado a Eneas, 385
que cada dos pasos se apoyaba en su larga lanza.
Su enfurece y se empea en arrancar el dardo
de la caa quebrada y pide como remedio el camino ms rpido,
que corten la herida con la hoja de la espada y abran del todo
el escondite de la flecha y lo manden de nuevo al combate.
Y estaba ya a su lado aquel que Febo amaba ms que a los dems, 390
el Ysida Ypige, a quien un da, cautivo de violento amor,
Apolo mismo, satisfecho, sus propias artes y sus atributos
le ofreca, el augurio, la ctara y las rpidas flechas.
l, para prolongar la vida del padre moribundo, 395
prefiri conocer los poderes de las hierbas y su uso
para curar y practicar sin gloria un arte callado.
Estaba Eneas de pie gritando amargamente apoyado en enorme
lanza, en presencia de muchos jvenes y de Julo
afligido, inmvil a las lgrimas. El viejo, ceido, 400
con el manto recogido a la manera peonia,
con el poder de su mano y la fuerza de las hierbas de Febo
mucho se afana en vano, en vano mueve el dardo
con la diestra y agarra el hierro con tenaz pinza.
Ninguna Fortuna gobierna su camino, en nada le asiste Apolo 405
su protector y un cruel espanto se hace ms y ms intenso
en la llanura y ms se acerca la desgracia. Ya ven que se forma
en el cielo una nube de polvo: estn llegando los jinetes y una lluvia de dardos
cae en el corazn del campamento. Sube al ter un triste clamor
de jvenes combatientes que caen bajo un Marte severo. 410
Venus entonces, conmovida como madre por el indigno dolor
de su hijo, recoge el dctamo en el Ida cretense,
el tallo de hojas rugosas que en una flor acaba
de prpura; no desconocen esta hierba las cabras
agrestes cuando se clavan en su lomo las flechas voladoras. 415
Venus, con la figura escondida en una oscura nube,
lo trajo y con l tie el agua vertida en un brillante
cuenco, curando en secreto, y la riega con los jugos
de la salutfera ambrosa y con la pnace olorosa.
Fomenta con este brebaje la herida el longevo Ypige, 420
sin saberlo, y de pronto escapa de su cuerpo
todo dolor, dej de manar sangre la herida profunda.
Y sali al fin la flecha siguiendo sin que nadie la forzase
la mano y volvieron de nuevo a su sitio las antiguas fuerzas.
Rpido, las armas del hroe. Por qu estis parados? exclama 425
Ypige y enciende el primero los nimos contra el enemigo.
No salen estas cosas de humanos recursos ni de un arte
magistral, y no es ma, Eneas, la mano que te cura.
Alguien mayor lo hace y un dios, de nuevo, te enva a empresas mayores.
l, vido de combate, haba encerrado en oro sus piernas
por una y otra parte, y detesta el retraso y vibra su lanza. 430
Luego que ajusta el escudo al costado y la loriga a la espalda,
abraza a Ascanio rodeado por completo de armas
y besndole suavemente a travs del yelmo, le dice:
Aprende de m, muchacho, el valor y el esfuerzo verdadero, 435
y de otros la fortuna. Ahora mi diestra te dar
proteccin en la guerra y te conducir entre grandes trofeos.
T, en cuanto haya madurado tu edad, procura
recordarlo y, repitindote en el corazn los ejemplos de los tuyos,
te inciten tu padre Eneas y Hctor, tu to. 440
Despus de pronunciar estas palabras, se lanz enorme por la puerta
blandiendo en su mano pesada lanza; a la vez en apretadas filas
corren Anteo y Mnesteo y toda la turba sale
del campamento abandonado. Se cubre entonces el llano
de un polvo cegador y tiembla la tierra sacudida por sus pasos. 445
Los vio Turno llegar desde el opuesto terrapln,
lo vieron los ausonios y corri por dentro de sus huesos
helado temblor; antes que ninguno de los latinos Yuturna
escuch y reconoci el alboroto y huy despavorida.
Vuela Eneas y arrastra negra columna en campo abierto. 450
Cual la nube cuando, desatada la tormenta, avanza
por el mar hacia tierra (los corazones, ay, de los desgraciados campesinos
lo presienten de lejos y se estremecen: abatir sus rboles
y arrasar sus sembrados, todo arramblar en gran extensin);
vuelan por delante y llevan su bramido a la playa los vientos. 455
Tal conduce su ejrcito el caudillo reteo
contra el enemigo y todos se agrupan en apretadas
cuas. Hiere Timbreo con la espada al grande Osiris,
Mnesteo mata a Arcetio y a Epuln Acates
y a Ufente Gas; cae tambin Tolumnio el augur, 460
el primero que lanzara su dardo contra los enemigos.
lzase el clamor hasta el cielo y a su vez rechazados
por los campos los rtulos dan la espalda en polvorienta fuga,
y Eneas no se digna en abatir de muerte a los que huyen
ni a quienes le hacen frente a pie firme ataca ni a los que lanzan 465
sus dardos: dando vueltas por la densa calgine
busca slo a Turno, slo a l le exige el duelo.
Agitada por esta inquietud en su corazn, la virago Yuturna
a Metisco, el auriga de Turno, en medio de sus riendas,
lo lanza fuera, y apartado del timn lo deja lejos; 470
se pone ella misma y lleva en sus manos las ondulantes correas
todo simulando, la voz, el cuerpo y las armas de Metisco.
Como cuando por las grandes salas de un rico seor
vuela y con sus alas recorre los patios profundos la negra golondrina,
capturando pequeas presas y alimento para los grrulos nidos, 475
y ya por los prticos vacos, ya alrededor de los estanques
hmedos suena: as Yuturna entre los enemigos
avanza con sus caballos y a todo se enfrenta volando en el rpido carro
y aqu y all deja ver a su hermano en triunfo
sin permitirle combatir, y vuela lejos sin rumbo definido. 480
Eneas, no menos, recorre en su persecucin las torcidas vueltas
y persigue al hroe y entre las formaciones deshechas con gran
voz le llama. Cuantas veces ech la vista al enemigo
e intent a la carrera la fuga de los alados caballos,
tantas veces Yuturna dio la vuelta y cambi la direccin del carro. 485
Ay! Qu puede hacer? En vano flucta en olas cambiantes
y diversos afanes su atencin reclaman a partes distintas.
Y as Mesapo, veloz en la carrera, que en la izquierda
llevaba por caso dos pesadas lanzas de punta de hierro,
blandiendo una de ellas se la arroj con golpe certero. 490
Se detuvo Eneas, y, ponindose de rodillas,
se protegi con sus armas; mas la lanza veloz an le arranc
la punta del yelmo y lo dej sin los penachos ms altos.
Crecen entonces las iras y, empujado por las trampas
cuando advirti que se alejaban los caballos y se llevaban el carro, 495
invocando profundamente a Jpiter y las aras del pacto violado,
se lanza ya por fin al centro y con Marte propicio
provoca terrible espantosa matanza sin distincin
alguna y libera todas las riendas de su enojo.
Qu dios podr ahora explicarme con versos tanta desgracia? 500
Quin las diversas matanzas y la muerte de los jefes a quienes por uno
y otro lado en toda la llanura persigue ya Turno, ya el hroe
troyano? Te plugo que se enfrentaran con tan gran tumulto,
Jpiter, pueblos que deban vivir bajo una paz eterna?
Eneas al rtulo Sucrn (primer encuentro que detuvo 505
en su lugar a los teucros que huan) sin gran resistencia
lo ataca de costado, y, por donde ms veloces son los hados, la espada
cruel le traspas las costillas y la reja del pecho.
Turno a Amico, cado del caballo, y a su hermano Diores,
hacindoles frente a pie, a uno segn vena con la larga punta 510
y al otro con la espada les hiere, y cuelga del carro
las dos cabezas cortadas y las lleva chorreando sangre.
Eneas enva a la muerte Talos y Tanais y al fuerte Cetego
los tres en un solo encuentro, y al triste Onites,
nombre equionio, del linaje de su madre Perida. 515
El otro a los hermanos llegados de Licia y de los campos de Apolo
y a Menetes, el joven que en vano odi las guerras,
arcadio, que tena su trabajo junto a las aguas de Lerna
rica en peces y su humilde morada sin conocer los deberes
de los poderosos, y sembraba su padre una tierra arrendada. 520
Y como fuegos encendidos por partes diversas
en una selva rida o en crepitantes ramas de laurel,
o cuando en rpida carrera de lo alto de los montes
caen resonando espmeos torrentes y corren al mar
y arrasa cada uno su camino: as de impetuosos 525
ambos, Turno y Eneas, se lanzan al combate; ya, ya
arde la ira por dentro y estallan los pechos que no conocen
la derrota, ya se busca la herida con todas las fuerzas.
ste a Murrano, orgulloso de sus mayores y de los nombres
antiguos de sus abuelos y de su estirpe, que toda bajaba de los reyes latinos, 530
lo lanza de cabeza con una piedra y el torbellino
de una enorme roca y lo tumba en el suelo; lo arrollaron las ruedas
entre los yugos y las correas, y con repetida pisada le golpea
encima el casco veloz de los caballos, olvidados de su dueo.
El otro sale al encuentro de Hilo que se le echaba encima 535
gritando a grandes voces y apunta su tiro a las sienes doradas;
la lanza se le qued clavada en el cerebro a travs del casco.
Y a ti tampoco, Crteo, el ms valiente de los griegos, tu diestra
te libr de Turno, ni protegieron sus dioses a Cupenco
de la llegada de Eneas; coloc su pecho en el camino 540
de hierro y de nada le vali al pobre su escudo de bronce.
A ti tambin, olo, te vieron las llanuras laurentes
sucumbir y cubrir mucho suelo con tu espalda.
Caes, y no pudieron las falanges argivas tumbarte
ni el que acab con los reinos de Pramo, Aquiles; 545
aqu estaba la meta de tu muerte: tu alta casa al pie del Ida,
de Lirneso tu alta casa, en el suelo laurente tu sepulcro.
Todas las lneas se enfrentaron ya y todos los latinos,
todos los Dardnidas, Mnesteo y el fiero Seresto
y Mesapo domador de caballos y el fuerte Asilas 550
y la falange de los etruscos y los escuadrones arcadios de Evandro;
se empean por s cada uno los soldados en el supremo esfuerzo,
sin dilacin ni reposo contienden en vasto combate.
En este punto su bellsima madre inspir a Eneas el pensamiento
de ir hacia los muros y dirigir a la ciudad su ejrcito 555
con rapidez y golpear a los latinos con repentina derrota.
l segn va siguiendo a Turno entre tropas diversas
aqu y all dando vueltas al campo, ve la ciudad
inmune ante guerra tan grande e impunemente tranquila.
Al momento le encendi la imagen de una guerra mayor: 560
llama a Mnesteo y a Sergesto y al fiero Seresto,
sus jefes, y toma un altozano a donde acude el resto
de la legin de los teucros, codo con codo, sin deponer las armas
ni los escudos. De pie en el centro, en lo alto del montculo habla:
No haya retraso alguno tras mis palabras, Jpiter est de nuestro lado: 565
as que nadie me vaya ms lento por lo repentino de la accin.
Hoy la ciudad causa de la guerra, corazn del reino de Latino,
a menos que acepten recibir el yugo y someterse vencidos,
la voy a destruir y pondr a ras de suelo sus tejados humeantes.
Acaso he de esperar que le venga bien a Turno 570
batirse conmigo y quiera, aun vencido, atacar de nuevo?
sta es la cabeza, ciudadanos, ste el eje de una guerra nefanda.
A las antorchas, rpido. Vamos a vindicar el pacto con fuego.
Haba dicho, y todos con igual nimo por combatir
forman una cua y como densa mole se dirigen a los muros; 575
aparecieron de pronto las escalas y repentinamente el fuego.
Corren unos a las puertas y matan a los primeros,
otros disparan sus armas y oscurecen el cielo de flechas.
Eneas tambin, entre los primeros, al pie de los muros tiende
su diestra y acusa a grandes voces a Latino 580
y reclama el testimonio de los dioses de verse de nuevo forzado a combatir,
dos veces ya los talos enemigos, segunda vez que rompen el pacto.
Nace la discordia entre los atribulados ciudadanos;
abrir la ciudad ordenan unos y ofrecer las puertas abiertas
a los Dardnidas y hay quien trae al propio rey hasta los muros. 585
Otros empuan las armas y prosiguen la defensa de la muralla,
encerrados como cuando a las abejas azuz el pastor en la toba
llena de escondrijos y la llen de humo insoportable;
ellas dentro, nerviosas por su suerte, por su campamento de cera
discurren y encienden su encono con gran estruendo; 590
se agita el negro olor por el lugar y resuenan entonces
las piedras por dentro en ciego murmullo, escapa el humo al aire libre.
Acaeci, adems, a los latinos exhaustos esta desgracia,
que sacudi con el duelo desde su base a la ciudad entera.
La reina cuando vio al enemigo llegando a las casas, 595
que escalaban los muros, que el fuego volaba a los tejados
sin que tropa alguna de los rtulos les saliera al paso, ni de Turno,
pens la infeliz que el joven, en algn avatar del combate,
haba sucumbido y turbada de pronto su mente por el dolor
grita que ella es la causa, la culpa y el origen de estos males, 600
y tras decir muchas locuras, fuera de s de pena,
resuelta a morir con su mano rasga el manto purpreo
y ata en una alta viga el nudo de una muerte infame.
Luego que las desgraciadas latinas se enteraron de este desastre,
se ensa la primera la hija Lavinia con sus cabellos de oro 605
y sus mejillas de oro y enloqueci en su torno
todo el resto del grupo, resuenan los alaridos por toda la casa.
De aqu se extiende por toda la ciudad funesta la noticia;
se abaten los nimos, va Latino con las vestiduras rasgadas,
atnito ante el sino de su esposa y la ruina de su ciudad, 610
manchando de sucio polvo sus canas desatadas. 611
Alejado entretanto en el campo de batalla el belicoso Turno 614
persigue, ya menos confiado, a unos cuantos dispersos, 615
menos contento cada vez del trotar de sus caballos.
La brisa le llev todos estos gritos confundidos
con ciegos terrores y lleg hasta sus tensos odos
el sonido de una ciudad convulsionada y el siniestro murmullo.
Ay de m! Qu duelo tan grande sacude las murallas? 620
Por qu esos gritos de todos los rincones de la ciudad?
As dice y se detiene, fuera de s, tirando de las riendas.
Y su hermana, segn iba transformada en el auriga
Metisco y gobernaba parro, caballos y riendas,
se le dirige con estas palabras: Sigamos por aqu, Turno, 625
a los de Troya, por donde ya se nos abren las puertas de la victoria;
otros hay que pueden defender con su brazo las casas.
Eneas ataca a los talos y traba combates,
inflijamos tambin nosotros con mano cruel muertes a los teucros.
Ni saldrs del combate con menos vctimas ni con menos gloria. 630
Turno a eso:
Ay, hermana! Hace tiempo te reconoc, cuando con tus maas
costurbaste la primera el pacto y te entregaste a esta guerra,
y en vano pretendes ahora no ser una diosa. Mas, quin del Olimpo
sacndote quiso que soportaras fatigas tan grandes? 635
Tal vez para que vieras la muerte cruel de tu pobre hermano?
Qu me queda, pues, o qu Fortuna puede ya salvarme?
He visto ante mis propios ojos llamarme con su voz
a Murrano -y nadie para m ms querido que l-,
cmo inmenso caa vencido por inmensa herida. 640
Cay el desgraciado Ufente para no ser testigo
de nuestro deshonor; son los teucros seores de su cuerpo y armas.
He de tolerar que arrasen las casas (lo nico ya
que nos faltaba) sin desmentir con mi diestra las palabras de Drances?
Volver la espalda y ha de ver esta tierra cmo huye Turno? 645
Hasta ese punto es morir una desgracia? Sedme propicios,
Manes mos, que se me han vuelto en contra los dioses del cielo.
Alma pura descender hasta vosotros sin conocer esa culpa,
jams indigno de la grandeza de mis antepasados.
Apenas haba acabado de hablar: he aqu que vuela entre los enemigos 650
Saces sobre espumante caballo herido de frente
en la cara por una flecha y cae implorando a Turno por su nombre:
Turno, en ti la ltima esperanza, ten piedad de los tuyos.
Nos fulmina Eneas con sus armas y con abatir amenaza
las fortalezas ms altas de los talos y exterminarlos, 655
y ya vuelan las teas a los tejados. Hacia ti los latinos dirigen
sus rostros, hacia ti sus ojos; duda hasta el rey Latino
a quin llamar yerno o a qu pacto plegarse.
Y adems la reina, quien ms en ti confiaba, con su propia
mano se ha dado muerte y ha huido asustada de la luz. 660
Solos ante las puertas Mesapo y el fiero Atinas
resisten el asalto. En su torno de uno y otro lado falanges
se alzan apretadas y se eriza un campo de espigas de hierro
con los filos de punta, y t dando vueltas por la hierba desierta con tu carro.
Quedse Turno atnito confundido por la imagen varia 665
de los acontecimientos y se qued, fija la mirada, en silencio;
una gran vergenza y la locura que se mezcla con el duelo arden en un solo corazn
y un amor sacudido por la furia y un valor consciente.
En cuanto se apartaron las sombras y la luz volvi a su cabeza,
dirigi a las murallas los crculos ardientes de sus ojos, 670
agitado, y contempl la gran ciudad desde su carro.
Y hete aqu que ondeaba en el cielo un remolino de llamas
agitndose entre los tablones y envolviendo la torre,
esa torre que l mismo haba levantado de compacto armazn,
y le haba puesto ruedas por debajo y altos puentes por arriba. 675
Ya hermana, ya me vence mi destino; deja de entretenerme.
Marchemos a donde el dios me llama y la Fortuna fiera.
Establecido est que me bata con Eneas; lo est, aunque amargo sea,
que me conforme con la muerte y no me vers, hermana, por ms tiempo
sin gloria. Djame antes, te ruego, desfogar mi furia. 680
Dijo, y rpido dio un salto del carro al campo
y entre los enemigos se lanza y los dardos y a su hermana afligida
deja y rompe el centro de las lneas con rpida carrera.
Y como una roca cuando se precipita de la cima del monte
y cae arrancada por el viento o un temporal de lluvia 685
la arrastr o la dej caer el peso de sus aos;
avanza por el abismo el terrible monte con gran impulso
y salta en el suelo, bosque, ganados y hombres
arrastrando consigo: por las filas deshechas as corre
Turno hacia los muros de la ciudad donde copiosa la tierra 690
est empapada de la sangre vertida y rechina el aire de flechas,
y hace una seal con la mano y dice a la vez a grandes voces:
Dejadlo ya, rtulos, y contened vosotros vuestros dardos, latinos.
Sea cual sea la fortuna, ma es; ms justo es que yo slo
cumpla el pacto por vosotros ylo resuelva con mi espada. 695
Todos se apartaron y le hicieron un sitio en el centro.
Mas el padre Eneas, al escuchar el nombre de Turno,
deja los muros y las altas fortalezas deja
y acaba con toda demora, interrumpe todos sus planes
exultante de alegra y espantosas hace sonar sus armas: 700
como el Atos, o el rice, o con sus crujientes encinas
cuando brama el propio padre Apenino o se goza
alzndose hasta el cielo con su cumbre nevada.
Y ya entonces los rtulos a porfa y los troyanos y todos
los talos haban vuelto sus ojos, quienes estaban en lo alto 705
de la muralla y quienes con el ariete atacaban la base de los muros,
y soltaron las armas de sus hombros. Asombrado contempla Latino
cmo dos grandes hombres, nacidos en partes bien distintas
del orbe, haban llegado a enfrentarse y deciden su suerte con la espada.
Y ellos, cuando qued libre el campo con sitio suficiente, 710
tras lanzarse de lejos en rpido asalto las lanzas,
comienzan el duelo con los escudos y el bronce sonoro.
Se escapa de la tierra un gemido; entonces con repetidos golpes de espada
se atacan, el azar y el valor se confunden en uno.
Y como en el gran Sila o en las cumbres del Taburno 715
cuando dos toros en spero combate con la testuz
gacha se atacan, se apartaron asustados los pastores,
asiste el rebao todo mudo de miedo, y dudan las novillas
quin ser el amo del bosque, a quin ha de seguir entera la manada;
ellos cambian golpes con gran violencia 720
y enredan topndose los cuernos y con ros de sangre
lavan sus cuellos y lomos, muge gimiendo todo el bosque.
No de otro modo el troyano Eneas y el hroe Daunio
chocan con sus escudos; un intenso fragor llena el aire.
El mismo Jpiter sostiene los dos platillos de la balanza 725
en equilibrio y coloca encima el sino distinto de ambos,
a quin condena el duelo, hacia dnde se inclina el peso de la muerte.
Salta aqu Turno creyndose a salvo, y se alza con todo
su cuerpo levantando en alto la espada
y golpea: gritan los troyanos y los temblorosos latinos, 730
y atentas estn las dos filas. Pero la prfida espada
se quiebra y abandona al ardiente en mitad del golpe,
si no acude en su ayuda la huida. Huye ms veloz que el Euro
en cuanto vio la empuadura desconocida y su diestra inerme.
Es fama que, cuando montaba en los caballos uncidos 735
para el inicio del combate, haba nervioso cogido
la espada de su auriga Metisco, dejndole la de su padre;
y sa, mientras los teucros huan en desbandada, fue largo rato
suficiente. Cuando hubo de enfrentarse a las divinas armas de Vulcano,
la mortal lama se disolvi con el golpe como hielo 740
quebradizo, brillan sus pedazos en la rubia arena.
As que enloquecido escapa Turno por partes diversas del llano,
y ahora aqu y luego all trenza crculos inciertos;
pues le encerraron por doquier los teucros en densa corona
y por un lado vasta laguna le rodea y por otro las escarpadas murallas. 745
Y no menos Eneas, aunque a veces le estorban las rodillas
que la flecha entorpeci y le impiden correr,
le persigue y enardecido acosa con su pie el pie del fugitivo:
como a veces el perro de caza tras atrapar a un ciervo
encerrado por el ro y cercado por el miedo 750
a las rojas plumas, lo acosa con su carrera y sus ladridos,
y el otro por su parte, asustado por las trampas y la profunda ribera,
huye y huye otra vez por mil caminos, mas el umbro fogoso
se le pega con la boca abierta y casi ya lo tiene y como si as fuera
apret las mandbulas y le enga el mordisco inane; 755
se levanta entonces un clamor y las riberas y la laguna
alrededor responden y truena todo el cielo con el tumulto.
Turno huye a la vez y a la vez increpa a los rtulos todos
por su nombre llamando a cada cual y reclama la espada que bien conoca.
Eneas al contrario amenaza con la muerte y un final 760
inmediato a quien le asista y espanta a los temblorosos
jurando que arrasar su ciudad, y, aun herido, sigue adelante.
Cinco vueltas completan corriendo y otras tantas repiten
de ac para all, y no estn en juego premios pequeos
o de competicin, sino que pelean por la vida y la sangre de Turno. 765
Un acebuche de amargas hojas consagrado a Fauno
all se haba alzado, venerable leo un da para los marineros
donde solan, salvados de las aguas, colgar sus ofrendas
al dios laurente y dejar el exvoto de sus vestiduras;
pero los teucros sin atencin alguna el tronco sagrado 770
haban arrancado para poder atacar con campo libre.
En ella estaba la lanza de Eneas, ah su impulso
la haba dejado clavada y en terco abrazo la retena.
Se apoy y quiso arrancar el asta con su mano
el Dardnida y perseguir con su disparo a quien corriendo 770
no poda alcanzar. Y entonces Turno, loco de miedo:
Fauno, te suplico. Ten piedad -dice- y sujeta t el hierro,
ptima Tierra, si siempre cumpl con vuestros honores,
los que, por el contrario, han profanado con la guerra los Enadas.
Dijo, yla ayuda del dios invoc con votos no vanos. 780
Pues mucho lo intent y se entretuvo en el tronco tenaz
sin poder abrir con fuerza alguna Eneas
el mordisco de la madera. Mientras se empea fiero e insiste,
de nuevo convertida en la figura del auriga Metisco
corre la diosa Daunia y entrega la espada a su hermano. 785
Venus, indignada por esta licencia de la Ninfa audaz,
intervino y arranc el arma de la raz profunda.
Ya los dos enardecidos con sus armas y con el nimo repuesto,
uno fiado en su espada, el otro fiero y erguido con su lanza,
se ponen frente a frente anhelando los encuentros de Marte. 790
Entretanto a Juno el rey del todopoderoso Olimpo,
como de una rubia nube segua el combate, le dice:
Cul ser ya el final, esposa ma? Qu es lo que queda ya?
Sabes bien, y as lo reconoces, que al cielo se debe Eneas
como dios tutelar de la patria, y que a las estrellas lo han de alzar los hados. 795 Qu ests tramando o con qu esperanza te agarras a las nubes heladas?
Fue justo mancillar a un dios con herida mortal?
Y la espada (pues qu podra Yuturna sin ti),
entregrsela a Turno y acrecentar la fuerza del vencido?
Djalo ya por fin y pligate a mis ruegos, 800
que no te devore en silencio un dolor tan grande ni me lleguen
de tu dulce boca con tanta frecuencia amargos reproches.
Hemos llegado al final. Has podido sacudir a los troyanos
por tierra y por mar, encender una guerra nefanda,
destrozar una casa y cubrir de luto un himeneo: 805
que vayas ms all, te lo prohibo. As comenz Jpiter;
as le contest la diosa Saturnia con la mirada baja:
Porque saba bien que era sa tu voluntad, gran Jpiter,
he abandonado muy a mi pesar a Turno y sus tierras;
y no me veras t ahora, sola en mi sede del aire 810
aguantando lo que debo y lo que no: estara junto a las filas
revestida de llamas y arrastrara a los teucros a acerbos combates.
Persuad (lo confieso) de que ayudase a su pobre hermano
a Yuturna y vi bien que por su vida intentase empresas mayores,
aunque no, sin embargo, que el arco tensara y las flechas; 815
lo juro por las fuentes implacables del ro estigio,
el solo temor religioso que se asign a los dioses del cielo.
Y ahora me aparto en verdad y abandono los odiados combates.
Slo esto, que no est fijado por ley alguna del destino,
te pido por el Lacio, por la grandeza de los tuyos: 820
puesto que ya preparan la paz con felices (as sea)
matrimonios, puesto que ya firman leyes y pactos,
no permitas que cambien los naturales del Lacio
su antiguo nombre o se hagan troyanos y se les llame teucros,
o que cambien su lengua esos hombres o alteren de vestir su forma. 825
Que sea el Lacio, que por los siglos sean los reyes albanos,
sea por el valor de los talos poderosa la estirpe romana.
Sucumbi, y deja que as sea, Troya junto con su nombre.
Sonrindole, el autor de los hombres y de las cosas:
Eres la hermana de Jove y el segundo vstago de Saturno. 830
Agitas en tu pecho olas tan grandes de enojo...
Pero, ea, deja ese furor que en vano concebiste:
te concedo lo que quieres y me rindo, vencido y satisfecho.
Conservarn los ausonios su lengua y las costumbres de su patria
y como es ser su nombre; mezclados slo de sangre, 835
los teucros se les agregarn. Costumbres y ritos sagrados
les dar y a todos har latinos con una sola lengua.
La estirpe que de aqu nacer, mezclada con la sangre ausonia,
vers que supera en piedad a los hombres y a los dioses,
y ningn pueblo te rendir culto como ellos. 840
Asinti a esto Juno y, satisfecha, cambi sus deseos;
en ese momento abandona el cielo y deja la nube.
Hecho esto, da vueltas el padre en su interior a otra cosa,
y se dispone a apartar a Yuturna de las armas de su hermano.
Hay dos pestes gemelas, llamadas Furias; 845
a ellas y a la tartrea Megera las tuvo la noche oscura
en uno y el mismo parto, y las ci de iguales
anillos de serpientes y las dot del viento de sus alas.
stas se muestran junto al trono de Jpiter y en el umbral del rey
implacable y aguijan el terror de los sufridos mortales 850
si alguna vez el rey de los dioses dispone la horrfica muerte
y las enfermedades, o estremece con la guerra a las ciudades culpables.
A una de ellas la envi rpida de las cumbres del cielo
Jpiter y le orden servir de presagio a Yuturna.
Vuela aqulla y en rpido torbellino se dirige a la tierra. 855
No de otro modo la flecha que la cuerda lanza a travs de las nubes
cuando, armada de la hiel del cruel veneno, el parto,
el parto o el cidonio, la dispar dardo incurable,
y silbando atraviesa sin que nadie la vea las rpidas sombras:
as se lanz la hija de la Noche y se encamin a las tierras. 860
Cuando divisa los ejrcitos de Ilin y las tropas de Turno,
tomando de pronto la figura de la pequea ave
que a veces en las tumbas o en los tejados desiertos
posada canta hasta tarde en la noche, lgubre entre las sombras;
con tal figura se presenta la peste ante los ojos 865
de Turno y revuela gimiendo y golpea el escudo con sus alas.
Una extraa torpeza afloj sus miembros de miedo,
y de horror se le eriz el cabello y clavada se qued la voz en su garganta.
pero de lejos cuando el estridor reconoci y las alas de la Furia,
se mesa la infeliz Yuturna los sueltos cabellos, 870
se hiere la hermana el rostro con las uas y el pecho con los puos:
Cmo puede ahora, Turno, ayudarte tu hermana?
Qu me queda, pobre de m? Con qu artimaas podra
prolongarte la vida? Es que puedo enfrentarme a un monstruo tal?
Ya, ya abandono las filas. No me espantis, que ya estoy asustada, 875
pjaros horribles: reconozco el azote de vuestras alas
y el sonido letal, y no se me ocultan las rdenes altivas
del magnnimo Jove. As me paga por mi virginidad?
Para qu me dio una vida eterna? Por qu de la muerte
me quit la condicin? Podra acabar con penas tan grandes 880
ahora mismo, y acompaar a mi pobre hermano entre las sombras!
Yo, inmortal? Podra haber algo dulce para m
sin ti, hermano mo? Ay! Qu profundo abismo lo suficiente
se me abrir para llevar a una diosa junto a los Manes profundos?
Slo esto dijo y se tap la cabeza con su manto glauco 885
entre muchos gemidos, y se ocult la diosa en el fondo del ro.
Eneas sigue atacando y hace brillar su lanza
grande como un rbol, y as habla con pecho terrible:
Qu es lo que ahora te entretiene? Por qu te retrasas, Turno?
No a la carrera; debemos pelear de cerca con armas terribles. 890
Convirtete en todo lo que gustes y rene cuanto puedas
de valor y de trucos; toca con tus alas, si quieres,
los astros altsimos y ocltate encerrado en los abismos de la tierra.
El otro, sacudiendo la cabeza: No me asustan tus fogosas palabras,
arrogante; los dioses me asustan y Jpiter de enemigo. 895
Y sin ms decir pone sus ojos en una piedra enorme,
una antigua y enorme piedra que estaba tirada en el llano,
puesta como marca en el campo para evitar querellas por los sembrados.
Apenas podran aguantarla sobre la cerviz doce hombres escogidos,
musculosos como hoy los produce nuestra tierra; 900
l la alz con mano temblorosa y la blanda contra su enemigo
irguindose ms an el hroe y lanzado a la carrera.
Mas ni se reconoci al correr ni al avanzar
o al tomar la enorme piedra en sus manos y vibrarla;
vacilan sus rodillas, un escalofro le cuaj la glida sangre. 905
Y adems la roca lanzada al vaco por el guerrero
ni recorri toda su distancia ni cumpli el golpe.
Y como en sueos, cuando de noche lnguido reposo
nos cierra los ojos; en vano nos parece que queremos emprender
ansiosas carreras y en medio del intento sucumbimos 910
extenuados; no puede la lengua, no nos bastan las conocidas
fuerzas del cuerpo y no salen voces ni palabras.
As a Turno, por donde su valor le lleva a buscar una salida,
la diosa cruel le niega el camino. Dan vueltas entonces en su pecho
variados sentimientos; contempla a los rtulos y la ciudad 915
y vacila de miedo y le estremece buscar la muerte,
ni cmo escapar o con qu fuerza atacar al enemigo
ve, ni siquiera su carro ni a su hermana la auriga.
Contra sus dudas blande Eneas el dardo fatal,
calculando la fortuna con los ojos, y con todo su cuerpo 920
lo dispara de lejos. Nunca tiemblan as las piedras que arroja
la mquina mural ni con rayo tan terrible
estallan los truenos. Vuela como negro torbellino
el asta llevando un cruel final y desgarra los bordes
de la coraza y el ltimo cerco del sptuplo escudo; 925
silbando le atraviesa el muslo. Cae golpeado
cuan grande es Turno al suelo doblando la rodilla.
Se alzan los rtulos en un gemido y resuena todo
el monte alrededor y los bosques profundos devuelven el eco.
l, desde el suelo suplicante, los ojos y la diestra implorante 930
le tiende, y dice: Lo he merecido en verdad, y no me arrepiento;
aprovecha tu suerte. Si el pensamiento de un padre
desgraciado puede conmoverte, te ruego (tambin t tuviste
a tu padre Anquises), ten piedad de la vejez de Dauno
y devulveme a los mos, aunque sea mi cuerpo 935
despojado de la luz. Has ganado y los ausonios me han visto
vencido tender las palmas; tuya es Lavinia por esposa,
no vayas con tu odio ms all. Se detuvo fiero en sus armas
Eneas volviendo los ojos y fren el golpe de su diestra;
estas palabras haban empezado a inclinar sus dudas 940
cada vez ms, cuando apareci en lo alto de su hombro
el desgraciado tahal y relucieron las correas con los conocidos bullones
del muchacho, de Palante, a quien Turno abatiera vencido
por su herida, y llevaba en sus hombros el trofeo enemigo.
l, cuando se le fij en los ojos el recuerdo 945
del cruel dolor y su botn, encendido de furia y con ira
terrible: A ti te gustara escapar ahora revestido
con los despojos de los mos! Palante te inmola con este golpe,
y Palante se cobra el castigo con una sangre criminal.
As diciendo le hunde furioso en pleno pecho 950
la espada; a l se le desatan los miembros de fro
y se le escapa la vida con un gemido, doliente, a las sombras.
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