Inicio


Colabora

Cuchitril Literario

Foro

Esclavo Lector

Libros Leídos


www.flickr.com
  ࡱ> acTUVWXYZ[\]^_`fgh]N L 9 V bjbj % R l^^^^t_ k,k,k,k,k,k,k,k$G g^6,k,k,k,k,k6(,k,kK(((,k^,k,k(,k((,k k 4T> *\^k]a0~( VIRGILIO ENEIDA INTRODUCCIN Virgilio Quiz desde comienzos del milenio, el territorio que bordea el lento fluir de las aguas del Po se vio habitado por grupos celtas que acudan en sucesivas oleadas de allende los Alpes. Junto al Mincio, uno de sus afluentes, en Andes, una aldea cerca de Mantua, naci Publio Virgilio Marn (Vergilius) el 15 de octubre del ao 70 a. C. A lo largo de esos mil aos que preceden a su nacimiento, los pueblos celtas de la ribera habran recibido diversas influencias civilizadoras, y, si en su momento el elemento etrusco tuvo sin duda la fuerza que destaca Virgilio en su descripcin de Mantua (Eneida, X, 198-203), desde los tiempos de la Segunda Guerra Pnica haban brotado ya en el territorio numerosas colonias de latinos que hicieron de la Galia Cisalpina una regin de avanzada cultura y saneada economa agrcola, tal como era durante el siglo 1 a. C. Vergilius es un nombre gentilicio latino bien implantado en el norte y en otras regiones de Italia, y nos hace pensar que naci el poeta en una de esas familias latinas instaladas en la campia del Po ya tiempo atrs, quiz desde la poca de aquellas colonizaciones. Andando el tiempo y ya tan tarde como en los ltimos aos del imperio, sus lectores habran corrompido el nombre en Virgilius -de donde procede el que an hoy utilizamos para el autor de la Eneida- por una doble va: de virgo (dado el tmido carcter que le vali el apodo griego de Parthenias), o de virga (por la varita caracterstica de los magos, que esa fama tendra ya entonces nuestro poeta). Su padre, aunque la tradicin lo describe como de humilde origen, un alfarero o un bracero -o las dos cosas- que se habra casado con la hija de su patrn, Magia Pola, fue probablemente un eques, un terrateniente lo bastante rico como para preocuparse de que recibiera su hijo la mejor educacin posible y prepararlo as para la carrera forense, camino seguro en la Roma de entonces hacia la lucha poltica. Sus primeros aos debieron de transcurrir, por tanto, en la finca de Andes, entre las labores del campo que tanto habrn de aparecer en sus obras, confiado tal vez a un paedagogus que cuidase de su instruccin primera. En Roma, Pompeyo y Craso desempeaban el ao 70 su primer consulado compartido en astuta jugada poltica que, bajo la apariencia de liquidar la obra de Sila, trataba de asentar el poder en las manos del partido senatorial. Diez aos despus formaran el primer triunvirato con Csar, primer movimiento de una larga partida que habra de liquidar el rgimen republicano. As, la vida de Virgilio sigue paso a paso los ltimos cuarenta aos de esta agona, hasta el triunfo definitivo del principado en la persona de Augusto. Con diez o doce aos se traslad a Cremona para comenzar sus estudios. Csar iniciaba por esas fechas su conquista de la Galia, y hay quien afirma que ley Virgilio sus Comentarios con mayor inters por haber tenido quiz ocasin de verle personalmente cuando andaba reclutando sus tropas por las ciudades de la Galia Cisalpina. Aunque era primaria la educacin que recibi en Cremona (es decir, una enseanza elemental de lectura, escritura y aritmtica), no hay que perder de vista que era ste el territorio donde haban nacido y comenzado a escribir parte de los poetae novia; temprano habra empezado Virgilio a entrar en contacto con el mundo de la literatura ms refinada de su tiempo. Parece que recibi la toga viril el ao 55, y quiere la tradicin que tambin fuera ste el ao de la muerte de Lucrecio. Siguiendo el camino que le alejaba de su tierra natal imperceptiblemente, marcha Virgilio a Miln a continuar los estudios de gramtica y literatura que ya habra comenzado en Cremona. Era Mediolanum una importante ciudad donde cabe suponer que sera fcil recibir una adecuada educacin para intentar el salto final hacia Roma, donde debi de instalarse Virgilio el ao 54, ms o menos. Su intencin era, como la de todo romano cultivado, estudiar retrica, y parece que su padre le obligaba a prepararse para una carrera forense y poltica, aunque puede que este dato de su biografa no sea otra vez sino el tpico que hace con frecuencia trabajar a los poetas contra las buenas intenciones de la familia. Segn alguno de sus bigrafos, frecuent las lecciones de Epidio, quien fuera tambin maestro por entonces de Antonio y Octaviano, el futuro Augusto. Pero era la retrica rida especialidad para un poeta y, por otra parte, los tiempos en Roma (en el 52 Pompeyo se convirti ya en consul sine collega) eran ya ms de dinero y espada que de discursos. Por ello no es raro que Virgilio prefiriera dedicarse a frecuentar los restos de lo que haba sido el crculo de Catulo, como muestran las amistades que por entonces habra empezado a hacer con Asinio Polin, Alfeno Varo, Cornelio Galo, Helvio Cinna y otros. A ello habra contribuido decisivamente lo que sus bigrafos describen como un fracaso en su primera intervencin como abogado. Deba Virgilio de estar en Roma el ao 49, cuando estall la guerra entre Csar y Pompeyo, y ste hubo de cruzar precipitadamente el Adritico con buena parte del Senado. No es seguro si milit en las armas de Csar ni si hubo de dejarlo ya por problemas de salud. Sea como fuere, su salud, sin duda, no era buena y los acontecimientos polticos de estos aos debieron marcarle profundamente; por todo ello, poco despus de Farsalia se marcha a Npoles (ao 48 a. C.) para estudiar filosofa con el epicreo Sirn, director entonces del jardn, un hermoso crculo de filsofos y artistas que habran frecuentado nombres importantes de la Roma de entonces, como Julio Csar, Manlio Torcuato, Hircio, Pansa, Dolabela, Casio, tico y Cornelio Galo. De Cremona a Npoles, por tanto, parece que Virgilio no dej de estar en estrecho contacto con los crculos intelectuales ms notables. No podemos saber con seguridad si Virgilio escriba ya por estos aos. De ser suyos -cosa que parece dudosa a la moderna crtica- algunos de los poemas de la Appendix Vergiliana, los habra escrito por entonces y pueden seguirse en ellos las influencias de aquellos poetae novi que pretendan poner la poesa romana tras los pasos de Tecrito y Calmaco; de esa escuela, por tanto, que se conoce como alejandrinista. Virgilio se instal definitivamente en Npoles, quiz recibi en herencia la pequea finca de Sirn (antes del 41 a. C.) y, pese a que con el tiempo lleg a tener algunas posesiones en la propia Roma gracias a la generosidad de sus amigos, se hicieron cada vez ms raros sus viajes a la capital del imperio. As pues, he aqu a Virgilio tranquilamente instalado en Campania mientras se desarrollaban los graves acontecimientos de la guerra civil que, primero, pusieron todo el poder en las manos de C. Julio Csar, y fueron al cabo la causa de su muerte, el 15 de marzo del 44. Sin embargo, cuando, tras las primeras disputas, Marco Antonio y Octaviano forman con Lpido el llamado Segundo Triunvirato a finales del 43, el poeta ve cmo su vida es arrastrada en el remolino de las guerras de Roma. Y es que no poda ser de otra forma: la proscripcin y el subsiguiente asesinato de Cicern por orden directa de los trinviros constituan todo un sntoma de que ni los ms hbiles podan quedar al margen de los terribles acontecimientos. Octaviano tena que instalar a 100.000 soldados que deban ser licenciados urgentemente, en evitacin de males mayores. Toda Italia se vio afectada por las confiscaciones de tierras: la propia Campania donde viva Virgilio, y tambin los campos de Cremona, su tierra natal (Mantua uae miserae nimium uicina Cremonae). Sus propias posesiones fueron confiscadas y hasta su padre debi instalarse en la finca de Npoles. Puesto que sus amigos (Asinio Polin, Cornelio Galo y Alfeno Varo) pertenecan al crculo de los trinviros, quiere la tradicin que Virgilio habra logrado de Octaviano la devolucin de su propiedad: no son, sin embargo, definitivos los datos que avalar pueden una afirmacin como sta. Asinio Polin fue precisamente quien anim a Virgilio a que compusiera unos poemas segn los Idilios de Tecrito, al modo que ya haba intentado M. Valerio Mesala. Las Buclicas fueron publicadas poco despus del 39, y su xito super con creces los lmites de los crculos alejandrinistas, siendo adaptadas con xito como mimo para la escena. Virgilio, segn sus bigrafos, las haba comenzado a los veintiocho aos, y parece que con ellas se vio de repente lanzado a una fama y una popularidad que no iban bien con su carcter retrado. Fue a raz de este xito cuando Mecenas puso a Virgilio en contacto con Octaviano, su antiguo compaero de estudios, arrebatndoselo al crculo de Polin, amigo y aliado de Marco Antonio. C. Mecenas era un eques de ascendencia etrusca, que aparece ya en los das de Mdena (43 a. C.) al lado de Octaviano. Persona de gran tacto y visin poltica, su influencia fue decisiva en la Roma que Octaviano quera modelar y especialmente en lo que se refiere al terreno de la literatura. Supo rodearse de un crculo de poetas que, a cambio de su amistad y proteccin, realizaron toda una campaa en favor de los intereses del futuro princeps. Virgilio, pues, fue admitido en este crculo y l mismo con Vario Rufo logr que Mecenas aceptase a Horacio. Sabemos por una satira (I, 5) de este ltimo de un famoso viaje a Brindis que realiz Mecenas con lo mejor de su grupo, con Virgilio, Horacio, Vario Rufo y Plocio Turca. Por aquellos das (37 a. C.) deba celebrarse una entrevista en Tarento para reconciliar a Octaviano con Marco Antonio, y sin duda Mecenas se haba propuesto impresionar al futuro enemigo con toda una corte de artistas. Podemos pensar que fue durante el trayecto cuando convenci Mecenas a Virgilio para que compusiera sus Gergicas, cuatro libros de poesa didctica relacionada con la vida del campo. El poema de Lucrecio an estaba reciente en todos los lectores del momento, el argumento campesino (siguiendo los pasos de Hesodo) no poda disgustar a un autor que se haba criado entre los agricultores de la campia del Po y, por lo dems, el momento requera que los poetas cantasen sus mejores versos a la reconstruccin de Italia, la madre Italia arrasada por las guerras civiles. El empeo, por tanto, era noble, y Virgilio no se resisti a la invitacin de Mecenas, a quien luego dedic ardorosamente su poema. Se dice que debi emplear siete aos en su composicin y que, en una lectura ininterrumpida de cuatro das, pudo lerselo a Octaviano a su regreso de Oriente en el 29 a.C. No es extrao que el propio Mecenas intentase a continuacin un salto cualitativo en su programa literario. Haba que cantar ahora la figura de quien pronto ya se llamara Augusto. Y haba precedentes: Furio Bibculo y Terencio Varrn haban puesto antes en verso las gestas de Csar en su conquista de las Galias, y los antecedentes de una pica nacional se remontaban hasta Ennio, y ms atrs. La idea ronda ya en los primeros versos del libro tercero de las Gergicas; Mecenas, sin embargo, no tena prisa y esperaba el momento oportuno y la inspiracin adecuada. Por Macrobio sabemos de una famosa correspondencia epistolar entre Virgilio y el propio Augusto. Era el ao 26, Augusto estaba en Hispania dirigiendo las operaciones contra los cntabros y desde all reclamaba ansioso al poeta el resumen o algn fragmento de su obra. ste entonces le responde pidindole tiempo, que se senta enajenado por el trabajo emprendido y su Eneas (Aenea quidem meo, dice el poeta, segn su bigrafo nos lo ha transmitido) precisa an de estudios ms profundos. Podemos afirmar, por tanto, que era entonces cuando el poeta estaba empezando el trabajo que habra de ocuparle hasta su muerte, el arma uirumque que se dispona a cantar para mayor gloria de Roma y su prncipe. No slo Augusto, sino toda la ciudad aguardaba el poema con impaciencia, y Propercio pudo escribir en el 26 que se estaba gestando algo mayor an que la Ilada. Ms tarde, sin embargo, Virgilio pudo satisfacer la curiosidad de Augusto, presentndole en pblica lectura los libros II, IV y VI, quiz los ms impresionantes. Es famosa la ancdota que nos cuenta cmo Octavia perdi el conocimiento al escuchar el panegrico de su hijo Marcelo contenido en el libro VI. El propio prncipe debi de estremecerse ante la mencin de su sobrino, el joven que ya haba escogido como heredero y que acababa de fallecer (23 a. C.). En el ao 19 Virgilio haba provisionalmente terminado su trabajo en doce libros. l mismo se haba trazado an un programa de tres aos durante los que habra de visitar los lugares de Grecia y Asia en los que tantas veces aparecan sus personajes. A nuestro poeta le gustaba pulir amoroso sus versos -como lame la osa a sus cras, en comparacin ya antigua- y quera una tregua para terminar definitivamente el poema. Embarc, por tanto, y en Atenas se encontr con Augusto que volva de Asia. Sabemos que estuvieron juntos, sabemos que el sol abrasador del verano de Mgara hizo que la salud del poeta se resintiera y sabemos que regres precipitadamente a Brindis. Muri el 20 de septiembre y su cuerpo fue trasladado a las proximidades de Npoles, donde recibi sepultura. Algn amigo piadoso puso en su tumba el famoso epitafio: Mantua me genuit... Antes de partir para Grecia, y alarmado sin duda por una salud precaria, Virgilio haba confiado su Eneida a dos buenos amigos, Vario Rufo y Plocio Tuca: si algo le ocurra, deban entregar ese manuscrito inacabado a las llamas. Que an no estaba terminado el poema. Augusto, sin embargo, evit que se cumpliera ese ltimo deseo, y, muy al contrario, encarg a esos mismos amigos que lo publicasen sin aadir ni una sola letra, aunque podan suprimir lo que, en su opinin, no sera del gusto del poeta ya desaparecido. Y as, con sus contradicciones y sus hermosos versos incompletos, ha llegado la Eneida hasta nosotros. Del fsico y la personalidad de Virgilio no es mucho lo que sabemos. Era, segn cuenta Donato, alto y moreno, de aspecto campesino, y as nos lo confirman los retratos antiguos que de l nos han llegado, el del mosaico de Hadrumeto y algn busto en mrmol quiz de la poca de Augusto. Tena fama de tmido entre sus amigos, y es seguro que no le gustaba mostrarse en pblico y que prefera su retiro en Campania al ajetreo de la gran ciudad. Quiz tambin esto se debi a esa misteriosa enfermedad crnica que el propio Donato menciona (tuberculosis o no); al fin y a la postre, y en palabras de Garca Calvo, tan slo la enfermedad es lo que hace al hombre un hombre. La Eneida El centro de la vida de Virgilio, de los veinte a los cuarenta aos, est enmarcado por el Rubicn y por los ecos de la batalla de Accio; vivi, como hemos comentado, en el torbellino de constantes enfrentamientos civiles que no llegaron a su final, sino con la muerte de Antonio, el ao 30 a. C. Agripa el militar en una mano, y Mecenas el amigo de las letras en otras, Octaviano decide entonces comenzar toda una obra de reconstruccin nacional (la restauracin de la repblica, decan ellos) que deba contar con una adecuada campaa de propaganda. Mecenas estaba empeado en que alguno de sus poetas cantase las gestas de Octaviano, y parece que prob sin fortuna con Horacio y Propercio, quienes habran renunciado de antemano a tan ingente tarea. Tambin Virgilio recibi esta propuesta, y parece que se dej llevar por el entusiasmo de la victoria y de la paz, y puso manos a la obra. Si tenemos en cuenta el sangriento pasado que estos poetas haban conocido, no podemos sorprendernos si dejaron escapar un profundo suspiro cuando se cerraron en Roma las puertas del templo de Jano, las puertas de la guerra: era el ao 29, y casi durante doscientos aos haban estado abiertas, ensangrentadas. Tenemos noticias, sin embargo, que nos aseguran que era ya antigua la intencin de Virgilio de componer un poema pico. Afirman sus bigrafos (Servio, Donato) que ya antes de terminar las Buclicas trat de cantar reges et proelia, y discuten si pensaba ya en Eneas o se tratara de una epopeya basada en la historia de los reyes de Alba. En todo caso, nuestro poeta abandon pronto este proyecto, bien abrumado por la tarea, bien simplemente que los tiempos de los neotricos no animaban precisamente a los posibles autores de poemas picos de altos vuelos. Un segundo dato sostiene esta vieja pretensin: parece que, cuando -en el 45- Julio Csar inaugura el templo dedicado a su antepasada Venus Gnetrix, Virgilio habra asociado definitivamente los nombres de Csar y de Eneas; segn Servio, a este Csar hara referencia el poeta en el libro I de su Eneida (254-296) y, por tanto, estos versos habran sido compuestos, quiz con algn otro fragmento, mucho antes que el resto del poema. Es indiscutible, por ltimo, que en el proemio del libro III de las Gergicas Virgilio anuncia una futura obra, comparada en sus versos con un templo, que tendr a Csar en el centro y al fondo las gestas troyanas. Y este Csar al que se refiere con el entusiasmo de los das de Accio, es ya Octaviano. Cuando termina su poema campesino, Virgilio se decide al fin a recoger la propuesta de Mecenas. Era, pues, el ao 29, y hemos visto, sin embargo, cmo tres aos despus nada puede an ofrecer a Augusto. Qu obstaculizaba el trabajo del poeta? Quiz su intencin primera estaba experimentando un cambio y su fina intuicin potica le llevaba a desplazar la cmara, colocando al lder en un segundo plano, para que ms destacase la tarea colectiva del pueblo romano, el pueblo latino y los padres de Alba y de la alta Roma las murallas. Ahora bien, los das no eran fciles, y no es raro pensar que en Virgilio se fuera enfriando el entusiasmo inicial; si a esto aadimos el que su amigo Cornelio Galo se quit la vida el ao 27, acusado de traicin hacia la persona de Augusto, no sera posible pensar en un cierto desengao poltico del poeta? Canto las armas y a ese hombre que de las costas de Troya lleg el primero a Italia prfugo por el hado y a las playas lavianas, sacudido por mar y por tierra por la violencia de los dioses a causa de la ira obstinada de la cruel Juno, tras mucho sufrir tambin en la guerra, hasta que fund la ciudad y trajo sus dioses al Lacio; de ah el pueblo latino y los padres albanos y de la alta Roma las murallas... Virgilio, por tanto, eligi como argumento definitivo para su poema pico los viajes de Eneas, de Troya a las tierras del Lacio, y sus guerras en Italia hasta su definitivo asentamiento. En realidad, se trataba, tal como el poeta lo planteaba, del primer captulo de la historia de Roma que iba a culminar en la persona de Augusto, descendiente familiar y tambin poltico de esta manera del hroe de Troya. Veamos el argumento del poema: LIBRO I: Las naves de los troyanos, que surcan el mar de Sicilia, son.arrojadas a las costas africanas por una violenta tempestad que la rencorosa Juno les enva. Venus, quien poco antes haba obtenido de Jpiter garantas sobre el futuro de su hijo, se aparece a Eneas como una cazadora, y le informa de que se encuentra en las tierras de la fenicia Dido, ahora reina de Cartago. Entra Eneas en esta ciudad con su amigo Acates rodeados por una nube que les oculta, y pueden as contemplarla sin que nadie les vea. Asisten tambin al relato de Ilioneo, que se ha presentado ante la reina al frente de una embajada de troyanos, y Eneas enva a Acates en busca de Ascanio y de regalos para Dido, despus de salir de la nube y mostrarse a la vista de todos. Venus, convenciendo a Cupido para que suplante al hijo de Eneas y tome su aspecto, logra que el corazn de la reina se inflame de amor. La reina ofrece un banquete a sus huspedes y pide a Eneas que le cuente sus aventuras. LIBRO II: Comienzan los recuerdos de Eneas, tal como se los cuenta a Dido en el banquete, y que se van a extender a lo largo de dos libros. En ste se cuenta la cada de Troya, luego que los griegos lograron introducir el caballo en la ciudad. Esa noche aciaga, y cuando ya el ejrcito griego haba logrado su objetivo de entrar en Troya, se aparece a Eneas el fantasma de Hctor que le anuncia el desastre y le pide que escape y busque nuevas murallas para los dioses de la ciudad. Se describe el saqueo de la ciudad y la muerte de alguno de sus personajes ms importantes y en especial la del rey Pramo. Eneas decide abandonar la patria para lo que ha de vencer, ayudado por seales del cielo, la resistencia de Anquises, su padre. Salen al fin, pero en el camino se pierde definitivamente Cresa, la esposa del hroe, quien se encamina a las montaas con su padre y Ascanio, su hijo. LIBRO III: Eneas, con los compaeros que han podido escapar a la catstrofe, prepara una flota y navega a las costas de Tracia. Comienza as un periplo que le lleva sucesivamente a la isla de Delos (para con sultar el orculo), a Creta, de donde deben partir precipitadamente a causa de la peste, y a las islas Estrfades (encuentro con Celeno y las dems Harpas; nueva profeca sobre su destino). Llegan a las costas de Epiro, donde encuentran a Andrmaca y Hleno; le anuncia ste su brillante porvenir y le advierte de los peligros que debe evitar en la navegacin hacia Italia. Bordean las costas de Sicilia y, frente al Etna, encuentran al griego Aquemnides, superviviente de la expedicin de Ulises, que les refiere la aventura con el Ciclope Polifemo. Evitan luego los escollos de Escila y Caribdis siguiendo los consejos de Heleno, y llegan al fin al puerto de Drpano, donde muere Anquises, el padre del hroe. Viene luego la tempestad que les ha arrojado a las playas de frica, con lo que termina el relato de Eneas a la reina. LIBRO IV: Es el famoso libro de los amores de Dido y Eneas. Comienza cuando Dido abre su corazn a Ana, su hermana del alma, y le expone su terrible dilema: se ha enamorado del hroe troyano, pero an respeta la memoria de Siqueo, su primer marido ya muerto. Animada por las palabras de su hermana, que le reprocha el haber rechazado ya a otros pretendientes africanos, Dido rompe todos los lazos del pudor y se entrega a una ardiente pasin por Eneas. Juno y Venus, por razones bien distintas, acuerdan -las dos estn fingiendo- propiciar la unin de Dido con Eneas y unir a los dos pueblos. Salen los hroes de cacera; protegidos en una cueva de una repentina tormenta, se consuma su himeneo. Instigado por las splicas de Yarbas, rey de los getulos a quien Dido haba despreciado, Jpiter enva a Mercurio para que recuerde a Eneas el objetivo de su misin y le reproche su abandono. Prepara entonces en secreto la partida, pero Dido lo descubre e intenta convencerle de mil maneras para que se quede a su lado. Al no conseguirlo, la reina decide quitarse la vida y maldecir para siempre a Eneas y a su pueblo. Parten las naves troyanas mientras asoman por encima de las murallas las llamas de la pira de Dido. LIBRO V: Con tan funesto augurio, las naves son arrojadas de nuevo por una tempestad a las costas de Sicilia, sin poder alcanzar Italia. Les acoge amistosamente el rey Acestes, y celebra entonces Eneas sacrificios y juegos en el sepulcro de su padre. Comienzan con una competida regata; siguen carreras a pie, luchas con el cesto, pruebas de puntera con arco y terminan con unos ejercicios ecuestres en los que Ascanio dirige a los dems jvenes troyanos. Las mujeres de Troya, preocupadas por su difcil situacin y en vista de que no alcanzan el final del peligroso viaje, instigadas por Iris, mensajera de Juno, incendian la flota y consiguen destruir cuatro naves; Jpiter enva una lluvia milagrosa que impide la destruccin total. Anquises se aparece en sueos a su hijo y le aconseja que deje a parte de su gente en Sicilia y se dirija a Cumas, en Italia, donde debe conseguir la ayuda de la Sibila para bajar al Averno, a las moradas infernales de Dite. Obedece Eneas a su padre, y en el camino pierde a Palinuro, el piloto de su nave. LIBRO VI: Llega por fin Eneas a las costas de Italia, a Cumas. Se entrevista con la Sibila, escucha su orculo y le pide que le acompae a las mansiones infernales para ver a su padre. Recorren ambos los infiernos, luego que el hroe consigue la rama de oro que les franquea el paso. Encuentran la sombra de Palinuro, antes de cruzar la laguna estigia en la barca de Caronte; llegan a las Llanuras del Llanto, donde encuentran a Dido y a la muchedumbre de los soldados troyanos muertos en la guerra. Descripcin del Trtaro y sus suplicios. Llegan a los Campos Elseos, donde, por fin, puede Eneas hablar con el fantasma de su padre. Anquises explica a su hijo el origen del mundo y los misterios de la vida en los infiernos; por ltimo, le va describiendo las personas de los que luego han de ser hroes de la Roma que aguarda su hora; destaca aqu el elogio del joven Marcelo, sobrino y heredero de Augusto, muerto prematuramente. Animado al comprender la misin de Roma en la historia del mundo, abandona Eneas las moradas infernales por la puerta de marfil. LIBRO VII: Comienza la segunda parte del poema, las guerras en el Lacio, y as nos lo indica el propio poeta con una segunda invocacin a las Musas. Navega la flota troyana siguiendo las costas de Italia, y penetra en las aguas del Tiber, en cuya ribera desembarcan y establecen los troyanos su campamento. Eneas, al ver cumplido el vaticinio de Celeno, reconoce en estas tierras la patria que le tiene asignado el destino. Enva mensajeros al rey Latino, quien le acoge favorablemente y, en cumplimiento de antigua profeca, le ofrece en matrimonio a su hija Lavinia. Irritada de nuevo Juno, enva a la tierra a la furia Alecto, que ha de enfrentar a latinos y troyanos para impedir la boda; maniobras de Alecto con Amata, la esposa del rey Latino, y el propio Turno, rey de los rtulos, a quien ya Latino haba prometido la mano de su hija, y que era el pretendiente favorito de la reina Amata. Ascanio mata en una cacera a un ciervo de la pastora Silvia, pastora del rey, y este incidente es la chispa que enciende la guerra entre ambos pueblos. Descripcin de las tropas aliadas de Turno, entre las que destaca Camila, reina de los volscos. LIBRO VIII: Turno busca ayuda entre todos los pueblos del Lacio. El dios del Tber se aparece en sueos a Eneas y le advierte, tras infundirle nimos, que debe buscar la alianza con Evandro, rey arcadio que tiempo atrs se haba establecido con su pueblo en el monte Palatino, justo donde ms tarde habrn de alzarse las murallas de la alta Roma. Parte Eneas en busca de Evandro y ste le recibe favorablemente. Cuenta el rey arcadio el origen de los sacrificios que estn celebrando en honor de Hrcules, conmemorando su victoria sobre Caco; recorren ambos reyes el futuro asiento de Roma. Venus, preocupada por las guerras que aguardan a su hijo, solicita el favor de Vulcano, quien ordena a sus Ciclopes que preparen para el hroe unas armas maravillosas. Por consejo de Evandro, que hace que su propio hijo Palante se aliste junto a Eneas, el hroe troyano parte en busca de las tropas tirrenas, en pie de guerra contra Mecencio, su antiguo rey, hoy aliado de Turno. Venus se aparece a Eneas y le entrega las armas; descripcin minuciosa del escudo, en el que aparecen grabadas futuras hazaas de Roma. LIBRO IX: Aprovechando la ausencia de Eneas que Iris le descubre, Turno pone sitio al campamento troyano y quema sus naves, que la diosa Cibeles convierte en Ninfas del mar. Aventura nocturna de Niso y Euralo, quienes tratan de romper el cerco para avisar a su rey de la difcil situacin del campo troyano; la muerte de ambos amigos hace que decaiga ms la moral de los soldados troyanos. Turno ataca con redobladas fuerzas, y el propio Ascanio debe empuar las armas contra los atacantes, dando muerte a Numano. Pndaro y Bitias intentan engaar a los sitiadores y les abren la puerta que les haba sido confiada, pero Turno advierte el engao y entra en el campamento causando gran matanza entre sus enemigos hasta que, rechazado y acosado, ha de arrojarse con sus armas al Tiber. LIBRO X: Convoca Jpiter la asamblea de los dioses para discutir la guerra del Lacio; ante la imposibilidad de conciliar los criterios de Juno y de Venus, decide el padre de los dioses permanecer neutral, lo que viene a ser dejar la guerra en manos del hado y sus disposiciones. Cuando los rtulos preparan un segundo ataque, se presenta Eneas con las tropas tirrenas y las que Evandro puso bajo el mando de su hijo Palante; las naves transformadas en Ninfas le haban avisado del peligro que corran los troyanos. Eneas desembarca y comienza el combate en el que muere Palante a manos de Turno. Cuando ms enfurecido est el hroe troyano por vengar la muerte de su amigo, Juno consigue de Jpiter que saque a Turno del camp, librndole de una muerte inminente; para ello le ponen delante un fantasma con la figura de Eneas, y el rey de los rtulos le persigue por tierra y por mar hasta las riberas de Ardea, donde sale avergonzado de su error. Toma Mecencio el mando del ejrcito latino hasta que es herido por Eneas, quien despus da muerte a su hijo Lauso. Duelo de Mecencio, que vuelve enardecido al combate y es muerto por Eneas. LIBRO XI: Celebra Eneas en honor de Marte la muerte de Mecencio, y enva a la ciudad de Evandro los restos de Palante. Llegan mensajeros del rey Latino a pactar una tregua para dar sepultura a los muertos; accede Eneas. Regresan a la corte de Latino los mensajeros que haba enviado a Diomedes y anuncian que no han podido conseguir su alianza; esto provoca un debate en la asamblea de los latinos, y Turno y Drances se enfrentan agriamente en defensa de la guerra y la paz con los troyanos, respectivamente. Llega a la asamblea la noticia del avance de Eneas sobre Laurento y se prepara la defensa de la ciudad. Sale Camila al frente de su escuadrn de caballera y se traba combate en el que muere la herona a manos de Arrunte; la Ninfa Opis venga su muerte por encargo de la diosa Diana. Se dispersa el ejrcito latino ante la muerte de Camila y acude de nuevo Turno para salvar la situacin. Llega al campo de batalla al tiempo que Eneas; es de noche y ambos prefieren acampar al pie de las murallas de Laurento. LIBRO XII: Acepta Turno enfrentarse en duelo singular segn la propuesta de Eneas, y que la mano de Lavinia sea para el vencedor. Persuadida por Juno, la Ninfa Yuturna, hermana de Turno, acta entre el ejrcito latino y consigue que se rompa el pacto porque Tolumnio dispara sus dardos contra los troyanos. Se reanuda el combate y es herido Eneas. Mientras Turno se aprovecha de su ausencia, el caudillo troyano es curado milagrosamente con unas hierbas que le enva su madre. Busca luego a Turno, pero Yuturna, transformada en el auriga Metisco, lo mantiene alejado del combate; decide entonces Eneas iniciar el asalto final a la ciudad. Ante tan delicada situacin se ahorca la reina Amata, y la espantosa noticia lanza a Turno al duelo decisivo, tras descubrir el ardid intil de su hermana. Muere Turno a manos de Eneas. Es la Eneida una recreacin literaria de la poesa pica (Garca Calvo) que vena de Hornero, y aun de antes de Homero. Virgilio dispona, pues, del molde adecuado a sus intenciones, tal como se lo suministraban los poemas del griego, as como la pica helenstica de Apolonio de Rodas, y su trabajo inicial -quiz esos primeros aos de inexplicada parlisis- consisti en reunir los materiales que le permitieran urdir el relato que ya empezaba a ver con claridad. Haca tiempo que Virgilio haba asociado el nombre de Eneas con la casa de Csar, la gens Iulia, y ese hroe es mencionado por Poseidn en el canto XX de la Ilada como el futuro rey de los troyanos. Es ms, el siciliano Timeo de Tauromenio haba ya relacionado los orgenes de Roma con la llegada de Eneas al Lacio; Nevio, primero, y luego Ennio, el poeta nacional romano hasta la aparicin de Virgilio, haban recogido esa tradicin en sus poemas, en los que apareca tambin Dido entre alusiones a la futura rivalidad de Roma y Cartago. Tambin debi de leer Virgilio con aprovechamiento la obra de Catn (Origines), en la que se narraba el pasado de tantos pueblos de Italia. Virgilio tena con todo esto el camino ya trazado, pero l marc la nueva meta, y en ella Eneas y Augusto se identifican como dos ramas del mismo rbol familiar que trabajaban por la gloria de Roma y aceptaban voluntariamente su destino. En cuanto a la poesa pica en latn, tampoco nuestro poeta parta de la nada. Habitualmente se identifica el comienzo de la literatura latina con la figura de Livio Andronico, y uno de sus trabajos consisti precisamente en traducir al latn, en versos saturnios, la Odisea de Homero. Nevio (Bellum Poenicum) contina la tradicin, y Ennio concibi sus Annales como un inmenso poema que cantara las gestas romanas hasta sus das y para ello, adems, adapt como verso el hexmetro de Homero, lo que sera ya un paso definitivo en lo que refiere a la forma de la pica en latn. En sus propios das Virgilio haba podido leer los esplndidos hexmetros de Lucrecio, de quien tanto aprendi, as como numerosos epyllia o pequeos poemas picos que los neotricos componan a la manera de Calmaco. Pero nadie en la ciudad haba intentado emular a Homero con sus obras, y a Virgilio, sin embargo, le pareci que Augusto, Eneas y, sobre todo, Roma, se merecan una tarea semejante. Es grande, por tanto, la deuda de la Eneida con los poemas de Romero, y ya en la antigedad se vean los seis primeros libros como una Odisea y los seis ltimos como una Ilada. Las historias de navegantes y de guerreros, el relato hacia atrs de un personaje, el campamento asediado en ausencia del hroe, la muerte cruel del amigo del hroe y la subsiguiente venganza; las tormentas, los juegos funerales, el descenso a los infiernos, el catlogo de los aliados, las armas maravillosas de Vulcano, el duelo a muerte entre los hroes rivales... con otros muchos, son temas que pueden leerse en las obras de Homero (W A. Camps). Nadie, sin embargo, acusa ya a Virgilio de plagio. Ese material era acervo comn de todos los poetas, y con l deba Virgilio crear su propio mundo. En la literatura clsica la tradicin es fuente de originalidad y era obligado beber en ella. Tome, pues, el lector la Eneida entre sus manos. Descubra en su composicin aquellas dos mitades o la otra ley que distribuye el poema a partes iguales entre Dido (I-VI), Eneas (V-VIII) y Turno (IX-XII), o bien otras muchas correspondencias que recorren y articulan el poema de principio a fin. Y, sobre todo, haga buena la afirmacin de Jlbnikov: Constataba que versos antiguos palidecan de golpe, que su contenido escondido se converta en el hoy, y comprend que la patria de la creacin era el futuro. De all sopla el viento de los dioses dula palabra (cita de R.Jakobson). Intencionadamente hemos dejado al margen en esta breve presentacin las consideraciones al uso acerca del estilo de nuestro autor. El lector podr encontrarlas y entenderlas mucho mejor en la bibliografa especializada, y, por otra parte, sera muy difcil seguir los pasos del estilo de Virgilio a partir de una traduccin. Cuando nos propusimos el presente trabajo, intentamos para poner a Virgilio en nuestra lengua el camino de la prosa, que, sin duda, permita una mayor precisin al traducir. Sin embargo, el coste era demasiado alto, y nuestro texto se alejaba ms y ms del original virgiliano. Quienes nos precedieron haban emprendido uno y otro camino, y pueden leerse las traducciones en verso de Gregorio Hernndez de Velasco (la ms antigua en circulacin), de A. Espinosa Plit (excelente) o de A. Garca Calvo (de la Eneida slo el libro VI). Pero la mayora de los traductores lo han sido en prosa, y no desmiente este dato el que en muchas ocasiones se trate de la versin repetida de Eugenio de Ochoa. Y es que en general las traducciones modernas de los poemas de la literatura clsica se han hecho en prosa, abandonando la tendencia inicial de las lenguas europeas. Decidimos por fin intentar una traduccin en verso y vimos con sorpresa hasta qu punto el latn se dejaba meter en los nuevos moldes. Ciertamente se trata de un verso relajado, que no hace sino forzar al traductor a tener muy en cuenta las palabras exactas de Virgilio y el orden en el que aparecen, emulando en parte el ritmo o la cadencia final de los hexmetros latinos; pero es que, como afirma P Klossowski (traductor de Virgilio para Gallimard), no podemos aplicar nuestra lgica gramatical en la traduccin de un poema donde precisamente la yuxtaposicin voluntaria de las palabras (cuyo contraste produce la riqueza sonora y el prestigio de la imagen) constituye la fisionoma de cada verso. Elegido, pues, el verso, se trataba de lograr una traduccin clara y fcil de seguir y que no abusase de los trminos puramente poticos, ya que es quiz la caracterstica esencial de los versos virgilianos el lograr una construccin mgica a partir de palabras ms bien sencillas. Para este trabajo hemos encontrado nimo y respaldo en excelentes traducciones italianas (F. Della Corte, R. Calzecchi Onesti, L. Canal) e incluso en la ya clsica al ingls de C. Day Lewis. Hemos utilizado como texto de referencia el Virgilio de la edicin de Mynors (Oxford,1977 =1969, con correcciones) y, en general, hemos seguido sus interpretaciones, aunque a veces notar el lector una eleccin distinta, basada casi siempre en el consenso de los cdices. En caso de discrepancia, bastar un vistazo a esa edicin crtica para localizar nuestra fuente. Asimismo, hemos contado con la ayuda de los precisos comentarios de Austin y Paratore; este ltimo ha publicado en fechas recientes una completa edicin comentada de la Eneida. Citamos a continuacin algunos ttulos que pueden resultar tiles a quienes deseen profundizar en la figura del poeta mantuano: CAMPS, W A.: An Introduction to Virgil's Aeneid, Oxford,1979 (=1969). ECHAVE-SUSTAETA, J. DE: Virgilio y nosotros, Barcelona, 1964. EsPINOSA PLIT, A.: Virgilio en verso castellano, Mjico, 1961. GARCIA CALVO, A.: Virgilio, Madrid, 1976 (con abundante bibliografa). GRIMAL, P.: Virgile ou la seconde naissance de Rome, Pars, 1985. GUILLEMIN, A. M.: Virgilio. Poeta, artista y pensador, Buenos Ares, 1968. JACKSON KNIGHT, W F.: Roman Vergil, Harmondsworth, 1966 (= Londres, 1944, revisada). MOYA DEL BAO, F. (ed.): Simposio virgiliano, Murcia, 1984. SYME, R.: The Roman Revolution, Oxford,1974 (=1939, revisada). A todos estos autores y a otros muchos estudiosos o traductores que hemos debido consultar constantemente, nuestro agradecimiento sincero. Y algo ms que agradecimiento debiramos manifestar hacia las personas que con su calor nos animaron en nuestro trabajo, a tantos amigos. Debemos, sin embargo, mencionar expresamente a Ana de los Ros-Zarzosa Nogus (y a Manolo), que revis conmigo la traduccin y en duras sesiones realiz el completo ndice de nombres, as como a Vicente Cristbal Lpez, amigo de otros tiempos que apareci de pronto y me ayud leyendo el manuscrito hasta abrumarme con sus minuciosas sugerencias. Los consejos de ambos se han visto reflejados en numerosos lugares de esta traduccin. Gracias. ENEIDA  EMBED Photoshop.Image.5 \s  LIBRO I Canto las armas y a ese hombre que de las costas de Troya lleg el primero a Italia prfugo por el hado y a las playas lavinias, sacudido por mar y por tierra por la violencia de los dioses a causa de la ira obstinada de la cruel Juno, tras mucho sufrir tambin en la guerra, hasta que fund la ciudad 5 y trajo sus dioses al Lacio; de ah el pueblo latino y los padres albanos y de la alta Roma las murallas. Cuntame, Musa, las causas; ofendido qu numen o dolida por qu la reina de los dioses a sufrir tantas penas empuj a un hombre de insigne piedad, a hacer frente 10 a tanta fatiga. Tan grande es la ira del corazn de los dioses? Hubo una antigua ciudad que habitaron colonos de Tiro, Cartago, frente a Italia y lejos de las bocas del Tiber, rica en recursos yviolenta de aficin a la guerra; de ella se dice que Juno la cuid por encima de todas las tierras, 15 ms incluso que a Samos. Aqu estuvieron sus armas, aqu su carro; que ella sea la reina de los pueblos, si los hados consienten, la diosa pretende e intenta. Pero haba odo que vena una rama de la sangre troyana que un da habra de destruir las fortalezas tirias; 20 para ruina de Libia vendra un pueblo poderoso y orgulloso en la guerra; as lo hilaban las Parcas. Eso temiendo y recordando la hija de Saturno otra guerra que ante Troya emprendiera en favor de su Argos querida, que an no haban salido de su corazn las causas del enojo 25 ni el agudo dolor; en el fondo de su alma clavado sigue el juicio de Paris y la ofensa de despreciar su belleza y el odiado pueblo y los honores a Ganimedes raptado. Ms y ms encendida por todo esto, agitaba a los de Troya por todo el mar, resto de los dnaos y del cruel Aquiles, 30 y los retena lejos del Lacio. Sacudidos por los hados vagaban ya muchos aos dando vueltas a todos los mares. Empresa tan grande era fundar el pueblo de Roma. Apenas daban velas, alegres, a la mar alejndose de las tierras de Sicilia y surcaban con sus quillas la espuma de sal 35 cuando Juno, que guarda en su pecho una herida ya eterna, pens: Desistir, vencida, de mi intento y no podr mantener apartado de Italia al rey de los teucros? En verdad se me enfrentan los hados. No pudo quemar Palas la flota de los griegos y hundirlos a ellos mismos en el mar, 40 por la culpa y la locura de uno solo, de yax Oileo? Ella fue quien lanz de las nubes el rpido fuego de Jove y dispers las naves y dio la vuelta al mar con los vientos; y a l mientras mora con el pecho atravesado de llamas se lo llev en un remolino y lo clav en escollo puntiagudo. 45 Y yo, reina que soy de los dioses y de Jpiter hermana y esposa, contra un solo pueblo tantos aos ya hago la guerra. Acaso alguien querr adorar el numen de Juno o suplicante rendir honor a sus altares? En su pecho encendido estas cuitas agitando la diosa 50 a la patria lleg de los nimbos, lugares preados de Austros furiosos, a Eolia. Aqu en vasta caverna el rey olo sujeta con su mando a los vientos que luchan y a las tempestades sonoras y los frena con cadenas y crcel. Ellos enfurecidos hacen sonar su encierro del monte 55 con gran ruido; olo se sienta en lo alto de su fortaleza empuando su cetro y suaviza los nimos y atempera su enojo. Si as no hiciera, en su arrebato se llevaran los mares sin duda y las tierras y el cielo profundo y los arrastraran por los aires. Pero el padre todopoderoso los escondi en negros antros, 60 eso temiendo, y la mole de un monte elevado puso encima y les dio un rey que con criterio cierto supiera sujetar o aflojar sus riendas segn se le ordenase. Y a l entonces Juno se dirigi suplicante con estas palabras: olo (pues a ti el padre de los dioses y rey de los hombres 65 te confi calmar las olas y alzarlas con el viento), un pueblo enemigo mo navega ahora por el mar Tirreno, y se lleva a Italia Ilin y los Penates vencidos. Insufla fuerza a tus vientos y cae sobre sus naves, hndelas, o haz que se enfrenten y arroja sus cuerpos al mar. 70 Tengo catorce Ninfas de hermoso cuerpo, de las que Deyopea es quien tiene ms bonita figura; la unir a ti en matrimonio estable y har que sea tuya, para que por tus mritos pase todos los aos contigo y te haga padre de hermosa descendencia. 75 A lo que olo repuso: Cosa tuya, oh reina, saber lo que deseas; a m aceptar tus rdenes me corresponde. T pones en mis manos este reino y me ganas el cetro y a Jove, t me concedes asistir a los banquetes de los dioses y me haces seor de los nimbos y las tempestades. 80 Luego que dijo estas cosas, golpe con su lanza el costado del hueco monte y los vientos, como ejrcito en formacin de combate, por donde se les abren las puertas se lanzan y soplan las tierras con su torbellino. Cayeron sobre el mar y lo revuelven desde lo ms hondo, a una el Euro y el Noto y el brego lleno 85 de tempestades, y lanzan vastas olas a las playas. Se oye a la vez el grito de los hombres y el crujir de las jarcias; las nubes ocultan de pronto el cielo y el da de los ojos de los teucros, una negra noche se acuesta sobre el ponto, 90 tronaron los polos y el ter reluce con frecuentes relmpagos y todo se conjura para llevar la muerte a los hombres. Se aflojan de pronto de fro las fuerzas de Eneas, gime y lanzando hacia el cielo ambas palmas dice: Tres veces y cuatro veces, ay, bienaventurados cuantos hallaron la muerte bajo las altas murallas de Troya, 95 a la vista de sus padres. Oh, el ms valiente de los dnaos, Tidida! Y no haber podido yo caer de Ilin en los campos a tus manos y que hubieras librado con tu diestra esta alma ma donde fue abatido el fiero Hctor por la lanza del Ecida, 100 donde el gran Sarpedn, donde el Simunte arrastra en sus aguas tanto yelmo y escudo, y tantos cuerpos esforzados! Cuando as se quejaba un estridente golpe del Aquiln sacude de frente la vela y lanza las olas a las estrellas. Se quiebran los remos, se vuelve la proa y ofrece el costado a las olas, viene despus enorme un montn de agua; 105 unos quedan suspendidos en lo alto de la ola; a estos otros se les abre el mar y les deja ver la tierra entre las olas en agitado remolino de arena. A tres las coge y las lanza el Noto contra escollos ocultos (a esos escollos que asoman en medio del mar los llaman los talos Aras, enorme espina de la superficie del agua), a tres el Euro las arrastra 110 de alta mar a los bajos y a las Sirtes, triste espectculo, y las encalla en los vados y las cerca de un banco de arena. A una que llevaba a los licios y al leal Orontes, ante sus propios ojos la golpea en la popa una ola gigante cayendo de lo alto: la sacudida arrastra de cabeza 115 al piloto, rodando; a aqulla tres veces la hace girar la tromba en su sitio antes de que la trague veloz torbellino. Desperdigados aparecen algunos nadando en la amplia boca, las armas de los hombres, los tablones y el tesoro troyano entre las olas. Ya la nave poderosa de Ilioneo, ya la del fuerte Acates 120 y la que lleva a Abante y la de Aletes el anciano la tempestad las vence; por las maderas sueltas de los flancos reciben todas el agua enemiga y se abren en rendijas. Entretanto Neptuno advirti por el ruido tan grande que el mar se agitaba, se desataba la tormenta y el agua volva de los profundos abismos 125 y, gravemente afectado, mir desde lo alto sacando su plcida cabeza por encima del agua. Ve por todo el mar la flota deshecha de Eneas, y a los troyanos atrapados por las olas y la ruina del cielo; y no se le escaparon al hermano las trampas y la ira de Juno. As que llama ante l al Cfiro y al Euro, y as les dice: 130 A tanto ha llegado el orgullo de la raza vuestra? Ya revolvis el cielo y la tierra sin mi numen, vientos, y os atrevis a levantar moles tan grandes? Os voy a... Pero, antes conviene volver a componer las olas agitadas. 135 Ms adelante pagaris con pena bien distinta vuestro atrevimiento. Marchaos ya de aqu y decid esto a vuestro rey: el gobierno del mar y el cruel tridente no a l, sino a m, los confi la suerte. Se ocupa l de las rocas enormes, Euro, vuestras moradas; que se jacte en aquella residencia 140 olo y reine en la cerrada crcel de los vientos. As habla, y antes de decirlo aplaca el mar hinchado y dispersa el montn de nubes y vuelve a traer el sol. Cimtoe y Tritn intentan a la vez sacar las naves del filoso escollo; las alza l con su propio tridente 145 y abre las vastas Sirtes y serena el mar y recorre la cresta de las olas con sus ruedas ligeras. Y como en un gran pueblo cuando a menudo surge el motn y se enciende el corazn de los villanos, y vuelan ya piedras y antorchas y la locura sirve a las armas. 150 Entonces, si pueden ver a un hombre de grave piedad y mritos, callan y se detienen a su lado con el odo atento; l gobierna con palabras sus mpetus y ablanda sus corazones: as decay todo ruido en el mar luego que el padre contemplando la superficie y llevado a cielo abierto 155 conduce sus caballos y vuela dando rienda suelta a su carro. Los agotados Enadas intentan ganar a la carrera las costas ms prximas y se dirigen hacia las playas de Libia. Hay un lugar en una profunda ensenada y, ofreciendo sus costados, una isla lo hace puerto rompiendo contra ellos cuanta ola 160 viene del mar, que se divide en arcos de reflujo. Aqu y all vastos roquedales y farallones gemelos amenazan al cielo, bajo la cima de los cuales calla en gran extensin un mar seguro; se aade por encima un decorado de selvas relucientes y se alza un negro bosque de horrible sombra. 165 Una gruta se abre enfrente, de colgantes escollos; dentro, aguas dulces y sitiales en la roca viva, morada de Ninfas. Se sujetan aqu las naves cansadas sin maroma alguna, no las ata el ancla con su curvo mordisco. Aqu llega Eneas con las siete naves que reunir pudo 170 del nmero total, y desembarcando con gran ansia de tierra toman los troyanos posesin de la anhelada arena y tienden en la playa los cuerpos de sal entumecidos. Y primero Acates le hizo brotar al pedernal la chispa y prendi con ella unas hojas y puso alrededor 175 rido alimento y raudo sac del pbulo la llama. Luego, cansados de fatigas, sacan el alimento de Ceres que el agua empap y las armas cereales y se aprestan a tostar en las llamas la comida rescatada y a entregarla al molino. Trepa mientras Eneas al acantilado y revisa a lo lejos 180 cuanto se ve del mar, por si divisar puede a alguno arrastrado por el viento, y las birremes frigias, a Anteo o a Capis o las armas de Caco en lo alto de sus popas. Ninguna nave a la vista, observa sin embargo a tres ciervos vagando por la playa; sigue por detrs entera 185 la manada y pace larga formacin por los valles. Se detiene entonces y empua al punto el arco y las veloces flechas, las armas que el fiel Acates le llevaba, y abate los primeros a los que van delante con la cabeza erguida. de cuernos como rboles, despus a la tropa y alborota 190 a toda la manada acosndolos con sus disparos en el espeso bosque; y no par hasta que, vencedor, siete hermosos ejemplares pone en el suelo, hasta igualar el nmero de naves; luego vuelve al puerto y entre todos los compaeros los reparte. Distribuye despus el vino que el buen Acestes haba puesto en orzas 195 Y les haba entregado el hroe cuando dejaban la costa trinacria, y consuela sus afligidos corazones con estas palabras: Compaeros mos (pues que no ignoramos lo que son desgracias), cosas ms graves, habis sufrido, y a stas tambin un dios pondr fin. Habis pasado ya la rabia de Escila y los escollos que resuenan 200 fuertemente, y conocis tambin las piedras del Ciclope: recobrad el nimo y deponed ese triste temor, que quiz hasta esto recordaremos un da con gusto. Entre diversas fatigas, entre tantas circunstancias adversas buscamos el Lacio, donde nos muestran los hados 205 sedes apacibles; all renacer deben los reinos de Troya. Aguantad y guardaos para tiempos mejores. As dice, y aunque graves cuitas lo afligen, simula esperanza en su rostro, guardando en su pecho una pena profunda. Ellos se aprestan al botn y van preparando la comida; 210 separan el lomo de las costillas y las vsceras sacan; unos lo cortan en trozos que clavan, temblando, en los asadores, colocan otros los calderos en la playa y se encargan del fuego. Recobran luego las fuerzas comiendo y echados en la hierba se llenan de un Baco aejo y de pinge carne. 215 Despus de saciar su hambre con el banquete y retirar la mesa, echan de menos en larga pltica a los amigos perdidos, divididos entre la esperanza y el miedo, pensando bien que viven, bien que han llegado al final y no les oirn llamarlos. Y en especial el piadoso Eneas lamenta la prdida ya del fiero 220 Orontes, ya de Amico y el destino cruel de Lico y al valiente Gas y al valiente Cloanto. Y haban ya acabado cuando Jpiter de lo alto del ter, mirando el mar velero y las tierras que se extienden y las costas y los dilatados pueblos, as se detuvo 225 en la cima del cielo y clav sus ojos en los reinos de Libia. Y a l que revolva en su pecho cuitas tales, afligida yllenos de lgrimas sus ojos brillantes, se dirige Venus: Oh, t que gobiernas con poder eterno las cosas humanas y divinas y aterrorizas con el rayo. 230 Qu delito tan grande ha podido cometer mi Eneas contra ti? Cul los troyanos que ven cerrarse ante Italia el orbe entero de las tierras cuando tantas muertes han sufrido? Cierto es que has prometido que de aqu al correr del tiempo saldran los romanos, de aqu los caudillos de la sangre de Teucro 235 que bajo su poder tendran el mar y las tierras todas. Qu pensamiento, padre mo, cambiar te ha hecho? Slo eso en verdad me consolaba de la cada de Troya y sus tristes ruinas, compensando con otros unos hados adversos; pero ahora la suerte sigue igual para unos hombres a quienes tantas 240 desgracias han sacudido. Qu lmite marcas, rey soberano, a sus fatigas? Antnor, escapando de entre los aqueos, pudo llegar a los golfos de Iliria y entrar a salvo en el reino de los liburnos y superar las fuentes del Timavo, de donde entre el vasto rugido de los montes por nueve bocas 245 baja mar desatado y golpea los campos con sonoro pilago. Pudo por fin fundar la ciudad de Ptavo y las sedes de los teucros y dio un nombre a su pueblo y de Troya las armas clav; ahora descansa acomodado en plcido reposo. Y nosotros, tu estirpe, a quienes concedes el alczar del cielo, 250 nos vemos abandonados con las naves perdidas (terrible!), por el enojo de una sola y se nos aparta de las talas costas. Es ste el premio a la piedad? As nos repones en el trono? El sembrador de dioses y de hombres, sonrindole, con el rostro con el que el cielo serena y las tormentas, 255 lib los besos de su hija, y luego le dice: Deja ese miedo, Citerea, que intacto permanece para ti el sino de los tuyos; vers la ciudad y las prometidas murallas de Lavinio y llevars, sublime, hasta las estrellas del cielo al magnnimo Eneas; que no ha cambiado mi opinin. 260 ste (lo dir, pues esa cuita te devora, claramente y dando vueltas remover los arcanos del destino), te librar en Italia una gran guerra y a pueblos feroces golpear e impondr a sus hombres leyes y murallas, hasta que el tercer verano le vea reinando en el Lacio 265 y pasen tres inviernos desde la derrota de los rtulos. En cuanto a su hijo Ascanio, al que ahora se da el sobrenombre de Julo (que Ilo era mientras de Ilin la fuerza se sostuvo), ha de cumplir con su poder treinta grandes giros del paso de los meses, y de la sede de Lavinio trasladar 270 su reino, y ceir de fuertes murallas Alba Longa. Aqu se reinar trescientos aos completos por la raza de Hctor, hasta que Ilia, princesa sacerdotisa, preada de Marte le dar con su parto una prole gemela. Despus, contento bajo el rubio manto de una loba nodriza 275 Rmulo se har cargo del pueblo y alzar las murallas de Marte y por su nombre le dar el de romano. Y yo no pongo a stos ni meta ni lmite de tiempo: les he confiado un imperio sin fin. Y hasta la spera Juno, que ahora fatiga de miedo el mar y las tierras y el cielo, 280 cambiar su opinin para mejor, y velar conmigo por los romanos, por los dueos del mundo y el pueblo togado. As lo quiero. Al correr de los lustros llegar un tiempo en que la casa de Asraco someter a esclavitud a Fta y la ilustre Micenas y mandar en la vencida Argos. 285 Nacer troyano Csar, de limpio origen, que el imperio ha de llevar hasta el Ocano y su fama a los astros, Julio, con nombre que le viene del gran Julo. Lo acogers, segura, t en el cielo cuando llegue cargado con los despojos de oriente; tambin l ser invocado con votos. 290 Con el fin de las guerras ms suave se har el spero siglo: la canosa Lealtad, y Vesta y Quirino con su hermano Remo darn sus leyes, y sern cerradas las sanguinarias puertas de la Guerra con trancas reforzadas y con hierro; dentro, impo, el Furor sentado sobre sus armas crueles y atado con cien nudos 295 de cadenas a la espalda rugir erizado con su boca de sangre. Esto dice, y enva desde el cielo al que Maya engendr a que se abran las tierras y los nuevos alczares de Cartago acojan a los teucros, para que no los rechace de sus tierras Dido, ignorando el destino. Vuela aqul por el cielo abierto 300 con el impulso de sus alas y se presenta raudo en las costas de Libia. Y ya cumple las rdenes y rinden los pnicos su fiero corazn porque el dios lo quiere, y la que ms la reina aguarda a los troyanos con nimo sereno y bondadosa mente. El piadoso Eneas, en esto, dando muchas vueltas en la noche, 305 apenas naci la luz sustentadora, decidi salir y explorar los nuevos lugares, las costas que ganaron con el viento, e indagar quin las habita (como no ve cultivos), si hombres o fieras, y traer exacta noticia a sus compaeros. En una quebrada del bosque, bajo el hueco de una roca sus naves 310 oculta entre rboles y sombras de espanto. Y l se marcha slo con la compaa de Acates apretando en sus manos dos lanzas de ancho filo. En medio del bosque se le present su madre con los rasgos y el aspecto de una doncella, y con las armas de una doncella 315 espartana, cual fatiga la tracia a sus caballos Harplice, o al Hebro alado sobrepasa corriendo; pues presto el arco lo llevaba colgado de sus hombros segn la costumbre de caza y dejaba flotar al viento sus cabellos, desnuda la rodilla y la ropa suelta recogida en un nudo. 320 Y habl la primera: Eh, jvenes! Decidme si de las mas habis visto a alguna, de mis hermanas, vagando por aqu con la aljaba y con la piel de lince llena de manchas, o siguiendo a gritos la carrera de un jabal espumante. As Venus, y as de Venus el hijo comenz por su parte: 325 Ni hemos odo ni hemos visto a ninguna de tus hermanas. Cmo he de llamarte, muchacha?, pues no tienes cara de mortal ni suena tu voz como la de los hombres, oh diosa sin duda (quiz hermana de Febo o una de la sangre de las Ninfas?). S feliz y ojal, seas quien seas, alivies nuestra carga 330 y nos digas por fin bajo qu cielo, a qu lugar del mundo hemos ido a parar. Ignorantes del lugar y de sus hombres vagamos, por el viento y el vasto oleaje aqu arrojados. Har caer nuestra diestra muchas vctimas ante tus altares. Venus entonces: En verdad no me creo digna de tales honores. 335 Llevar aljaba es costumbre de las muchachas de Tiro y anudar en alto sus piernas a coturnos de prpura. Tierra de pnicos es la que ves, tirios y la ciudad de Agnor, y las fronteras con los libios, pueblo terrible en la guerra. Tiene el mando Dido, de su ciudad tiria escapada 340 huyendo de su hermano. Larga es la ofensa, largos los avatares; mas seguir lo ms sobresaliente de la historia. De sta el esposo era Siqueo, el hombre ms rico en oro de los fenicios, y lo am la infeliz con amor sin medida, desde que su padre la entregara sin mancha y la uniera con l en primeros 345 auspicios. Pero el poder en Tiro lo ostentaba su hermano Pigmalin, terrible ms que todos los otros por sus crmenes. Y vino a ponerse entre ambos la locura. ste a Siqueo, impo ante las aras y ciego de pasin por el oro, sorprende a escondidas con su espada, sin cuidarse 350 del amor de su hermana; su accin ocult por mucho tiempo y con mentiras y esperanzas vanas enga a la amante afligida. Pero en sueos se le present el propio fantasma de su insepulto esposo, con los rasgos asombrosamente plidos; las aras crueles descubri y el pecho por el hierro 355 atravesado, y desvel todo el crimen secreto de su casa. La anima luego a disponer la huida y salir de su patria, y saca de la tierra antiguos tesoros escondidos, ayuda para el camino, gran cantidad de oro y de plata. Conmovida por esto preparaba Dido su partida y a los compaeros. 360 Acuden aquellos que ms odiaban al cruel tirano, o que ms le teman; de unas naves que dispuestas estaban se apoderan y las cargan de oro. Se van por el mar las riquezas del avaro Pigmalin; una mujer dirige la empresa. Llegaron a estos lugares, donde ahora ves enormes murallas 365 y nace el alczar de una joven Cartago, y compraron el suelo, que por esto llamaron Birsa, cuanto pudieron rodear con una piel de toro. Mas, qu hay de vosotros? De dnde habis llegado o a dnde os dirigs? A quien tal preguntaba, aqul 370 entre suspiros y sacando la voz de lo hondo del pecho: Oh, diosa! Si hubiera de empezar desde el principio y tiempo tuvieras de escuchar los anales de nuestras fatigas, antes encerrara Vspero al da en el Olimpo. Desde la antigua Troya, y puede que el nombre de Troya 375 haya llegado a tus odos, sacudidos por mares diversos, por azar, una tormenta nos lanz a las costas de Libia. Yo soy Eneas piadoso que, arrancados al enemigo, mis Penates llevo en mi flota conmigo; mi fama es conocida ms all del cielo. Busco Italia, mi patria, y desciende mi raza del supremo Jove. 380 Me lanc al mar de Frigia con dos veces diez naves, en pos de mi destino, bajo la gua de mi divina madre. Siete apenas han sobrevivido al castigo de las olas y del Euro. Yo mismo, desconocido y necesitado, vago por los desiertos de Libia, 385 expulsado de Europa y de Asia. Y no consinti Venus que ms se quejase, y as dijo, interrumpiendo su dolor: Seas quien seas, y ya que has llegado a esta ciudad tiria, no creo que consumas las auras de la vida odiado por los dioses. As que prosigue yvete desde aqu a los umbrales de la reina. Pues que han vuelto tus amigos y que tu flota ha vuelto 390 te anuncio, y que al cambiar los Aquilones est en seguro, si es que mis padres no me ensearon mal a leer los augurios. Mira dos grupos de seis cisnes volando en formacin alegres, a quienes dejando la regin del ter el ave de Jpiter turbaba a cielo abierto; ahora en larga fila ya parecen 395 elegir una tierra o mirar desde lo alto la elegida: igual que en su retorno juegan aqullos con alas estridentes y recorren en crculo el cielo y lanzan su canto, no de otra forma tus naves y tus jvenes o han entrado ya en puerto o buscan su boca a toda vela. 400 As que prosigue, y, por donde te lleva el camino, dirige tus pasos. Dijo, y reluci su nuca de rosa al darse la vuelta, y desde lo ms alto exhalaron sus cabellos de ambrosa un olor divino; cay su vestido hasta los mismos pies y se march con el andar de una diosa verdadera. Entonces 405 reconoci aqul a su madre que escapaba y as la sigui con la voz: Por qu tan a menudo, tambin t cruel, te burlas de tu hijo con falsas imgenes? Por qu no se me da juntar mi diestra con la suya y or y devolver palabras de verdad? ste fue su reproche y encamin sus pasos hacia las murallas. 410 Pero Venus cubri con una sombra oscura a los caminantes y derram la diosa a su alrededor un manto de niebla, para que nadie pudiera verlos y nadie tocarlos, o urdir un retraso o las causas inquirir de su llegada. Ella misma, volando, se va a Pafos y encontr alegre 415 de nuevo su morada, donde tiene su templo y cien altares arden con incienso de Saba y huelen a guirnaldas recin cortadas. Reemprendieron entretanto su camino, por donde avanza el sendero, y ya suban ala colina que mucho asoma por encima de la ciudad y ve desde lo alto el alczar de enfrente. 420 Se asombra Eneas de la mole, cabaas otro tiempo, se asombra de las puertas y del ir y venir por las calzadas. Se afanan con fiebre los tirios: unos trazan la muralla y levantan la fortaleza y hacen rodar las piedras en sus manos; otros eligen un lugar para su techo y lo rodean de un surco; 425 leyes estn dictando los jueces y el senado sagrado. Unos aqu excavan el puerto; otros preparan profundos cimientos para el teatro y sacan enormes columnas de las rocas que habrn de decorar la escena futura. Igual que las abejas al entrar el verano por los campos floridos 430 se afanan bajo el sol, sacando fuera las cras ya adultas de la especie, o espesando la lquida miel o hinchando las celdillas con el dulce nctar, o toman la carga de las que van llegando o en formacin cerrada de la colmena arrojan al perezoso rebao de los znganos; 435 hierve el trabajo y de la miel se escapa un olor a tomillo. Afortunados los que ven sus murallas alzarse, exclama Eneas de la ciudad contemplando los tejados. Encerrado en la niebla (asombra decirlo) se mete en el centro y se mezcla a la gente sin ser visto. 440 Un bosque se alzaba en el corazn de la ciudad, de sombra amensima, donde, arrojados por el torbellino ylas aguas, sacaron del suelo los pnicos la primera seal que Juno soberana les haba mostrado: la cabeza de un brioso caballo; que habra de ser por los siglos un pueblo famoso en la guerra y prspero en la paz. 445 Aqu levantaba la sidonia Dido un templo enorme a Juno, opulento de ofrendas y del numen de la diosa, y para l se alzaban sobre la escalinata dinteles de bronce y vigas con bronce trabadas, y chirriaban en sus goznes las puertas de bronce. En este bosque por primera vez el inslito espectculo disip 450 su temor, y se atrevi Eneas por primera vez a esperar salvacin y a ms confiar en medio de la adversidad. Y as, mientras todo contempla al pie del templo enorme, esperando a la reina, mientras contempla absorto de la ciudad cul sea la suerte, y las brigadas de obreros y el esfuerzo 455 de los trabajos, ve por orden las luchas de Troya y las guerras que haba divulgado la fama por todo el orbe, y a los Atridas y a Pramo y con ambos al cruel Aquiles. Se detuvo, y entre lgrimas dijo: Qu lugar, Acates, qu regin de la tierra no est llena de nuestras fatigas? 460 Mira Pramo. Aqu tambin se premia la virtud, lgrimas hay para las penas y tocan el corazn las cosas de los hombres. Deja ese miedo, que esta fama alguna ayuda habr de reportarte. Dice as y alimenta su nimo con la pintura inane entre grandes gemidos, y humedece su rostro inagotable ro. 465 Pues vea cmo por aqu escapaban los griegos peleando de Prgamo alrededor, acosados por la juventud troyana; por aqu los frigios, al perseguirles con su carro Aquiles empenachado. Y no lejos de all las blancas velas de las tiendas de Reso reconoce entre lgrimas: entregadas al sueo primero, 470 el hijo de Tideo las llenaba desangre en gran carnicera y se lleva al campamento los fogosos caballos antes de que probasen los pastos de Troya y bebieran del Janto. En otra parte Troilo escapando tras perder sus armas, pobre muchacho en desigual combate con Aquiles, 475 los caballos lo arrastran y cuelga cado del carro vaco, sujetando las riendas sin embargo; nuca y cabellos le arrastran por el suelo, y escribe en el polvo con la lanza vuelta. Mientras tanto, las mujeres de Ilin suban al templo de Palas inicua, sueltos los cabellos, un peplo 480 a ofrecerle suplicantes, tristes y golpendose el pecho con las palmas, y la diosa les daba la espalda, en el suelo clavados los ojos. Tres veces haba arrastrado Aquiles el cuerpo de Hctor en torno a los muros de Troya y lo cambiaba sin vida por oro. No pudo ms, y deja escapar un gemido de lo hondo del pecho, 485 cuando los despojos, cuando el carro y cuando el cuerpo de su pobre amigo y a Pramo tendiendo sus manos inermes contempla. Tambin l se vio, mezclado con los prncipes de los aqueos, y el ejrcito de la Aurora y las armas del negro Memnn. Gua la marcha de las amazonas de escudos lunados 490 Pentesilea, que arde enloquecida entre millares, con ureo ceidor bajo el pecho descubierto, guerrera, doncella que se atreve a combatir contra hombres. Mientras contempla todo esto el dardanio Eneas maravillado, mientras se queda absorto atento slo a lo que ve, 495 la reina hacia el templo, la bellsima Dido, se encamina con numeroso squito de jvenes. Cual en las riberas del Eurotas o en las laderas del Cinto Diana dirige a sus coros de Oradas que la siguen a miles y se agolpan a un lado y a otro; ella la aljaba 500 lleva al hombro y sobresale de todas las diosas al caminar (se agita de gozo el pecho callado de Latona): as estaba Dido, as de alegre caminaba entre todos apresurando las obras de su futuro reino. Y a las puertas de la diosa, bajo la bveda del templo 505 se sent sobre alto sitial rodeada de sus armas. Imparta justicia y leyes a los hombres y la tarea de las obras distribua en partes iguales o dejaba a la suerte, cuando de pronto Eneas ve llegar entre gran concurso de gente a Anteo y a Sergesto y al valiente Cloanto 510 y a algunos otros teucros a quienes negro tornado haba dispersado por el mar, lanzndolos a otras orillas. Pasmado se qued y a la vez Acates se conmueve de alegra y de miedo; ardan ansiosos por estrechar sus diestras, mas la dudosa situacin turba sus corazones. 515 Se contienen y escondidos en el hueco de la nube observan cul ha sido la suerte de sus hombres, dnde han dejado las naves, a qu vienen; pues llegaban escogidos de toda la flota a pedir favor y se dirigan al templo gritando. Luego que entraron y se les permiti hablar delante de todos, 520 de este modo comienza el gran Ilioneo, con pecho sereno: Oh, reina, a quien Jpiter ha dado fundar una nueva ciudad y en justicia que frenaras a pueblos soberbios. Los pobres troyanos, batidos por los vientos de todos los mares, te suplicamos: aleja el fuego maldito de nuestras naves, 525 perdona a un pueblo piadoso y vigila de cerca nuestras cosas. Que no hemos venido a debelar con la espada los Penates de Libia, ni a llevar a la costa un botn apresado; no somos de nimo guerrero ni es de vencidos soberbia tamaa. Hay un lugar al que llaman los griegos con el nombre de Hesperia, 530 una tierra antigua, poderosa en las armas y frtil de suelo, que habitaron los hombres de Enotria; hoy se dice que sus descendientes llaman Italia al pueblo por el nombre de su jefe. se era nuestro rumbo, cuando de pronto Orin tempestuoso surgi sobre las olas 535 y nos lanz a bajos sin salida y con Austros tenaces del todo nos dispers con el agua por encima entre olas y escollos inaccesibles; unos pocos logramos ganar a nado nuestras playas. Qu clase de hombres es sta y qu patria tan brbara permite una costumbre as? Se nos impide la hospitalidad de la playa, 540 guerras nos levantan y nos prohiben detenernos en la orilla. Si despreciis la raza de los hombres y las armas mortales, temed al menos a los dioses que no olvidan lo bueno y lo malo. Un rey tenamos, Eneas; ms justo que l no hubo otro ni de mayor piedad, ni ms grande en la guerra y las armas. 545 Si los hados protegen a este hombre, si se alimenta del aura etrea y no duerme an en las sombras crueles, no cabe miedo alguno, ni habr de pesarte el cumplir la primera con nosotros. Ciudades tenemos en la regin de los sculos y armas, y el famoso Acestes de sangre troyana. 550 Permtasenos arrastrar a tierra la flota que desarbol el viento y reparar su madera en los bosques y cortar nuevos remos, y, si es posible, recobrados nuestros amigos y nuestro rey, buscar Italia y gozosos dirigirnos a Italia y al Lacio; y si no, si nuestra salvacin se ha perdido y a ti, ptimo padre de los teucros, 555 te guarda el mar de Libia y no queda esperanza ya de Julo, al menos al estrecho de Sicilia, a los lugares dispuestos de donde llegamos hasta aqu, y al rey Acestes volvamos. As dijo Ilioneo; as a la vez todos suspiraban los Dardnidas. 560 Brevemente entonces, la cabeza inclinada, habla Dido: Sacad el miedo de vuestro corazn, teucros, dejad esas cuitas. Lo dificil de la situacin y el que el reino sea nuevo tales cosas me obligan a tramar y a defender con guardias todo mi suelo. Quin no ha odo hablar de la estirpe de Eneas y la ciudad de Troya, 565 de su valor y sus hombres o de las llamas de guerra tan grande? Que no tenemos los pnicos corazones tan endurecidos ni tan lejos de la ciudad tiria unce el Sol sus caballos. As que, tanto si ansiis la grandeza de Hesperia y los campos saturnios como el suelo de rice y el reino de Acestes, 570 os dejar marchar protegidos por mi auxilio y podris disponer de mis recursos. Que prefers quedaros conmigo en pie de igualdad en mi reino? La ciudad que estoy levantando vuestra es; varad vuestras naves; ninguna distincin habr de hacer entre tirio y troyano. Y ojal que en alas del mismo Noto llegase tambin 575 Eneas, vuestro rey; al punto enviar por las playas hombres de confianza y har que recorran los confines de Libia, por si anda perdido por algn bosque o ciudad. Con el nimo recobrado por estas palabras, el fuerte Acates y el padre Eneas tambin, impacientes, ardan por salir 580 de la nube. Y Acates el primero interroga a Eneas: Hijo de diosa, qu opinin se alza en tu pecho? Todo ests viendo a salvo, y recobrados los amigos y la flota. Slo uno falta, a quien nosotros mismos vimos perderse en medio de las olas; responde lo dems a las palabras de tu madre. 585 Apenas acab de hablar cuando se abre la nube de repente, y se esfuma disipndose por cielo abierto. All apareci Eneas y en una blanca luz resplandeci, con la cara y el cuerpo como un dios; que su misma madre haba insuflado al hijo brillante cabellera y la luz prpura 590 de la juventud y en sus ojos alegres resplandores: como aaden las manos adornos al marfil o como de rubio oro se engarza la plata o la piedra de Paros. As entonces se dirige a la reina y a todos de repente, inesperado, dice: Aqu me tenis, soy quien buscis. 595 Soy el troyano Eneas, rescatado del oleaje libio. Oh, t, la nica en apiadarse de las fatigas indecibles de Troya, que a nosotros, restos de los dnaos, agotados por mar y tierra de toda clase de calamidades, de todo privados, a tu ciudad y a tu casa nos asocias. No podemos, Dido, 600 darte las gracias que mereces, ni puede todo el pueblo troyano, perdido como est y disperso por el ancho mundo. Mas los dioses a ti, si algn numen vela por los piadosos, si es que algo queda de justicia y una inteligencia que sabe lo que es justo, digna recompensa habrn de darte. Qu siglos tan felices 605 te vieron nacer? Qu padres tan grandes as te engendraron? Mientras hacia el mar corran los ros, mientras recorran las sombras las quebradas de los montes, mientras estrellas alimente el cielo, permanecer siempre el honor y la gloria de tu nombre, sea cual sea la tierra que me llama. As que habl, al amigo 610 Ilioneo busc con su diestra y con la izquierda a Seresto, y a los dems despus, y al valiente Gas y al valiente Cloanto. Sin aliento se qued la sidonia Dido, por la visin primero, despus por tanta desventura del hroe y as habl con su boca: Qu desventura, hijo de la diosa, en medio de tan grandes peligros 615 te persigue? Qu fuerza te arroja a riberas salvajes? No eres t aquel Eneas que la madre Venus al dardanio Anquises le engendr junto a las aguas del frigio Simunte? Y recuerdo muy bien que Teucro vino a Sidn expulsado de la tierra de su padre, buscando un nuevo reino 620 con la ayuda de Belo; andaba entonces mi padre Belo asolando la rica Chipre y a su poder, vencedor, la tena sometida. Pues ya desde aquel tiempo me era conocida la ruina de la ciudad troyana, y tu nombre, y los reyes pelasgos. l mismo, un enemigo, hablaba de los teucros con la mayor alabanza 625 y se pretenda descendiente de una antigua estirpe de teucros. As que vamos, jvenes, entrad en nuestras casas. Que a m tambin fortuna parecida quiso traerme, sacudida por fatigas sin cuento, por ltimo a esta tierra; no aprendo a ayudar al malhadado sin conocer la desgracia. 630 As dice, y conduce al tiempo a Eneas a los techos reales y al tiempo ordena sacrificios en los templos de los dioses. Y enva a la vez a los compaeros de la playa no menos de veinte toros, cien erizados lomos de enormes cerdos, cien corderos bien cebados con sus madres, 635 presentes y gozo del da. Y se dispone con lujo de reyes el interior del palacio, esplndido, y preparan los banquetes en las habitaciones: telas trabajadas con esmero y de soberbia prpura, mucha plata en las mesas y, labradas en oro, 640 las valerosas hazaas de los padres, la sucesin largusima de batallas que tantos guerreros libraron desde el antiguo origen de la raza. Eneas (pues no deja descansar a sus pensamientos su amor de padre) enva por delante a las naves rpido a Acates, que cuente a Ascanio todo esto y a la ciudad lo traiga; 645 todo el cuidado de su querido padre se pone en Ascanio. Presentes adems salvados de la ruina de Troya manda traer, un vestido bordado con dibujos de oro y un velo festoneado en acanto azafrn, ornato de la argiva Helena que haba trado ella 650 de Micenas al venir a Prgamo y a unos prohibidos himeneos, maravilloso regalo de su madre Leda; y el cetro adems que un da llevara llione, la mayor de las hijas de Pramo, y para el cuello un collar de perlas, y una doble corona de oro y de gemas. 655 Cumpliendo a toda prisa cubra Acates el camino a las naves. Pero la Citerea nuevas maas, nuevos planes urde en su pecho, para que con la caray el cuerpo del dulce Ascanio Cupido se presente y encienda con sus regalos la pasin de la reina, y meta el fuego en sus huesos. 660 Y es que teme a una casa ambigua y a los tirios de dos lenguas; la abrasa feroz Juno y aumenta por la noche su cuidado. As que con estas palabras se dirige al algero Amor: Hijo mo, mi fuerza, mi gran poder, el nico que despreciar puede los dardos tifeos de tu excelso padre, 665 en ti me refugio y suplicante tu ayuda reclamo. Que tu hermano Eneas anda en el mar sacudido por todas las costas a causa del odio de la acerba Juno, lo sabes muy bien y a menudo de nuestro dolor te doliste. Ahora lo retiene la fenicia Dido y lo entretiene con blandas 670 palabras, y me temo a dnde puede conducirle la hospitalidad de Juno: no dejar pasar ocasin como sta. Por eso estoy planeando conquistar antes a la reina con engaos y ceirla de fuego, para que no cambie por algn otro dios y conmigo se vea atada con un gran amor a Eneas. 675 Escucha ahora mi plan para que puedas lograrlo. Por orden de su querido padre se dispone a acudir a la ciudad sidonia el nio real, el objeto mayor de mis cuitas, llevando consigo los presentes rescatados al mar y a las llamas de Troya; voy a ocultarlo, profundamente dormido, en las cumbres 680 de Citera o en la sagrada morada de la Idalia, para que enterarse no pueda de mis engaos o interponerse. T, por no ms de una noche, toma su aspecto con engao, y, nio, como eres, viste los conocidos rasgos del nio de modo que, cuando te tome en su regazo felicsima Dido 685 entre las mesas reales y el licor lieo, cuando te d sus abrazos y te llene de dulces besos, le insufles sin que lo advierta tu fuego y la engaes con tu droga. Obedece Amor las palabras de su madre querida y las alas deja y toma gozoso los andares de Julo. 690 Venus por su lado plcida quietud vierte por los miembros de Ascanio, y en sus brazos la diosa lo lleva a los altos bosques de Idalia, donde la suave mejorana lo perfuma y lo envuelve con sus flores y su dulce sombra. Iba ya obediente al mandato Cupido y llevaba 695 los reales presentes a los tirios, alegre con la gua de Acates. Al llegar, la reina se instal por fin en un lecho de oro con soberbios tapices y se puso en el centro, y ya el padre Eneas y ya la juventud troyana se presentan y se colocan sobre asientos de prpura. 700 Presentan los criados agua a las manos y el fruto de Ceres reparten en cestas y paos ofrecen de flecos cortados. Dentro hay cincuenta criadas a cuyo cuidado est la provisin ordenada de las viandas y quemar perfumes a los Penates; otras cien y otros tantos servidores de la misma edad 705 para colmar de viandas las mesas y servir las copas. No faltan tampoco los tirios, que en gran nmero acuden al alegre palacio; se les pide descansar en cojines bordados y admiran los regalos de Eneas, admiran a Julo, el rostro resplandeciente del dios y sus fingidas palabras, 710 y el vestido y el velo bordado de acanto azafrn. En especial la infeliz fenicia, rendida a la perdicin que acecha, no puede saciar su corazn y se abrasa mirando, y por igual la emocionan los presentes y el muchacho. ste, luego que se colg de los brazos y el cuello de Eneas 715 y colm el gran amor de su falso padre, busca a la reina. Ella con los ojos, con su corazn todo se le prende y lo atrae a su pecho ignorante Dido de qu dios terrible se le sienta, desdichada. Y l recordando a su madre Acidalia, a borrar poco a poco a Siqueo 720 comienza y trata ya de cambiar con el amor de un vivo su corazn ha tiempo apagado y un pecho no acostumbrado. Tan pronto se descans en el banquete y quitaron las mesas, disponen grandes crateras y coronan los vinos. Llena el bullicio la mansin y resuenan las voces por los amplios 725 salones; cuelgan encendidas las lmparas del dorado artesn y derrotan las antorchas con su llama a la noche. Pidi en ese momento la reina una pesada ptera de oro y de gemas y la llen de vino puro, como Belo y todos desde Belo solan; luego se hizo el silencio en la sala: 730 Jpiter, pues dicen que est a tu cargo el derecho de hospitalidad, ojal permitas que sea ste un da alegre para los tirios y cuantos salieron de Troya, y que de l se acuerden nuestros descendientes. Que nos asista Baco, dispensador de goces, y Juno benigna; y vosotros, tirios, celebrad esta reunin con alegra. 735 Dijo, y lib sobre la mesa la ofrenda del vino y, hecha la libacin, lo prob la primera con los labios apenas; convid luego a Bitias, quien sin dudarlo se trag la copa espumante hasta topar con el oro macizo; despus los dems prncipes. El crinado Yopas hace sonar 740 su ctara dorada cual le ense Atlante gigantesco. Canta ste el vagar de la luna y del sol las fatigas, el origen de hombres y animales, del agua y del fuego, Arturo y las lluviosas Hades y los dos Triones, por qu tanto se apresuran a baarse en el Ocano los soles 745 de invierno o por qu se demoran las lentas noches; redoblan sus aplausos los tirios y los troyanos les siguen. Pasaba tambin la noche en animada charla la infeliz Dido, y un largo amor beba, preguntando una y otra cosa sobre Pramo, una y otra sobre Hctor; 750 ya con qu armas se haba presentado el hijo de la Aurora, ya cmo eran de Diomedes los caballos, ya por la figura de Aquiles: Ea, mi husped; comienza por el principio y cuntanos, dijo, las trampas de los dnaos y las desgracias de los tuyos y tu peregrinar; pues ya es el sptimo verano 755 que vagar te ve por todas las tierras y los mares. LIBRO II Todos callaron y en tensin mantenan la mirada; luego el padre Eneas as comenz desde su alto lecho: Un dolor, reina, me mandas renovar innombrable, cmo las riquezas troyanas y el msero reino destruyeron los dnaos, y tragedias que yo mismo he visto 5 y de las que fui parte importante. Quin eso narrando de los mirmdones o dlopes o del cruel Ulises soldado contendra las lgrimas? Y ya la hmeda noche del cielo baja y al caer las estrellas invitan al sueo. Mas si tanta es tu ansia de conocer nuestra ruina 10 y en breve de Troya escuchar la fatiga postrera, aunque el nimo se eriza al recordar y huye del llanto, comenzar. Quebrados por la guerra, por el hado rechazados los jefes de los dnaos al pasar ya tantos los aos, como una montaa un caballo con arte divina de Palas 15 levantan, tejiendo sus flancos con tablas de abeto; lo fingen un voto por el regreso; as la noticia se extiende. Escogidos a suerte, a escondidas aqu los guerreros encierran en el ciego costado y hasta el fondo llenan las cavernas enormes de la panza con hombres en armas. 20 Enfrente est Tnedos, isla de bien conocida fama, rica en recursos al estar en pie de Pramo el reino, hoy slo un golfo y un puerto del que los barcos desconfan: lanzados aqu en la playa desierta se ocultan; pensamos que, idos, andaban buscando Micenas al viento. 25 As toda Eucria se vio libre al fin de un duelo ya largo; se abren las puertas, da gusto pasear contemplando las tiendas de los dorios y ver desierto el lugar y la playa vaca: aqu la tropa de los dlopes, aqu Aquiles cruel acampaba; 30 aqu el lugar de los barcos, aqu en formacin peleaban. Unos sin habla contemplan de Palas fatal el regalo, asombrados del tamao del caballo, y el primero Timetes ordena pasarlo a los muros y ponerlo en lo alto, bien por engao bien que ya as lo cantaba el destino de Troya. Capis no obstante y los de mejor opinin en la mente 35 nos mandan arrojar al mar la trampa del dnao y el extrao presente y quemarlo con fuego debajo, o perforar los huecos de su panza buscando escondrijos. Dudosa entre dos pareceres se divide la gente. Y, mira, el primero de todos seguido de gran compaa 40 baja Laocoonte encendido de lo alto de la fortaleza, y a lo lejos: Qu locura tan grande, pobres ciudadanos! Del enemigo pensis que se ha ido? O creis que los dnaos pueden hacer regalos sin trampa? As conocemos a Ulises? O encerrados en esta madera ocultos estn los aqueos, 45 o contra nuestras murallas se ha levantado esta mquina para espiar nuestras casas y caer sobre la ciudad desde lo alto, o algn otro engao se esconde: teucros, no os fiis del caballo. Sea lo que sea, temo a los dnaos incluso ofreciendo presentes. Luego que habl con gran fuerza una lanza enorme 50 dispar contra el costado y contra el vientre curvo de tablones. Se clav aqulla vibrando y en la panza sacudida resonaron las cuevas y lanzaron su gemido las cavernas. Y, si los hados de los dioses y nuestra mente no hubieran estado contra nosotros, nos habran llevado a horadar los escondites de Argos, 55 y an se alzara Troya y permaneceras en lo alto, fortaleza de Pramo. Y hete aqu que a un joven atado a la espalda de manos con gran gritero los pastores ante el rey arrastraban Dardnidas, que, desconocido, a los que lo hallaron se entreg para urdir todo esto y abrir Troya a los griegos, 60 confiado de nimo y para ambas tareas dispuesto, bien a tramar sus engaos, bien a marchar a una muerte segura. De todas partes acude con ganas de verle y compite la juventud troyana en burlarse del preso. Escucha ahora las trampas de los dnaos y por el crimen de uno 65 concelos a todos. Pues cuando en medio del corro, turbado y sin armas, se detuvo y mir con sus ojos las tropas de Frigia, Ay! Qu tierra ahora -dijo-, qu mares me pueden guardar o qu queda por fin para m desgraciado, 70 que no tengo siquiera un lugar con los dnaos y encima los hostiles Dardnidas mi castigo reclaman con sangre? Con este lamento cambi nuestros nimos y aplac nuestros mpetus todos. Le pedimos que cuente de qu sangre viene, y qu lo trae; que nos diga cul es, prisionero, su confianza. 75 Toda por cierto a ti, rey, te dir la verdad, 77 pase lo que pase -dijo-, y no negar que soy de la gente de Argos. Esto lo primero, y que no, si Fortuna forj a un Sinn desgraciado, lo haga tambin, malvada, vano y mentiroso. 80 Puede que haya llegado a tus odos hablando de Palamedes Belida el nombre y la fama gloriosa, a quien los pelasgos con trampas siendo inocente, con falsas pruebas porque vetaba sus guerras, a la muerte enviaron y hoy le lloran de la luz privado. 85 Como acompaante suyo y cercano en la sangre mi padre, al ser pobre, desde el principio de todo aqu a la guerra me envi. Mientras inclume estaba en el poder y fuerza tena en las reuniones de reyes, tambin nosotros algn nombre y honra logramos. Luego que la envidia del tramposo Ulises 90 (no cosas extraas os cuento) lo arroj de las riberas del da, arrastraba afligido mi vida en tinieblas y llanto y en mi interior me indignaba del inocente amigo la muerte. Y no call, loco, y, a poco que el hado quisiera, si alguna vez regresaba vencedor a Argos, mi patria, 95 jur que sera su vengador y un odio amargo mov con mis palabras. De ah la pendiente primera de mi mal, de ah siempre Ulises a aterrarme con nuevos crmenes, de ah a lanzar voces ambiguas al pueblo y a buscar a propsito guerra. Y no par, as, hasta que auxiliado por Calcante... 100 pero a qu fin doy vueltas en vano a tanta amargura o a qu me detengo? Si en una misma fila tenis a todos los aqueos, ya habis escuchado bastante, cumplid ahora mismo el castigo; que as lo querra el de taca y en mucho os tendran los Atridas Pero ya ardemos por saber e investigarlas causas, 105 ignorantes de crmenes tan grandes y de la maa pelasga. Tembloroso prosigue y habla con pecho fingido: A menudo, abandonando Troya, los dnaos ansiaron preparar la fuga y agotados dejar una guerra tan larga. As lo lograran! A menudo en el mar les fren 110 la dura tormenta y el Austro frustr su partida. Y justo cuando ya aqu tejido de tablas de arce se alzaba el caballo, por todo el cielo restall la tormenta. Intrigados enviamos a indagar de Febo el orculo a Eurpilo, quien nos trae de su templo estas tristes palabras: 115 Con sangre aplacasteis al viento y matando a una virgen, dnaos, el da que a estas costas ilacas vinisteis; con sangre debis procurar el retorno y con el sacrificio de un alma de Argos. En cuanto esta voz lleg a los odos del pueblo, se suspendieron los nimos y un helado temblor recorri 120 lo hondo de los huesos, a quin designaban los hados, a quin pide Apolo. En esto el de taca con gran reunin a Calcante el adivino arrastra al centro; le pide que aclare cul sea la voluntad de los dioses. Y muchos ya me cantaban a m el crimen cruel del tramposo, y en silencio 125 vean lo que iba a venir. Diez das calla aqul y escondido se niega a sealar a nadie con su voz y mandarlo a la muerte. A la fuerza, por fin, empujado por el de taca con grandes gritos, rompe de acuerdo con l su silencio y me enva hacia el ara. Estuvieron todos de acuerdo y, lo que cada cual para s se tema, 130 convertido en la ruina de uno solo soportaron. Y ya haba llegado el da nefando. Ya se me haban dispuesto las harinas saladas y las cintas en torno a mis sienes. De la muerte escap, lo confieso, y romp mis cadenas y en la oscuridad de la noche me escond entre la ova 135 de un lago limoso mientras se hacan a la mar, si acaso lo hacan. Y no hayya para m alguna esperanza de volver a ver mi antigua patria ni a mis dulces hijos o a mi padre aorado, a cuantos aqullos quiz hagan pagar nuestra huida y expiarn con su muerte mi culpa. 140 Por eso, por los dioses y los nmenes que saben la verdad, por la fe sin tacha, si es que alguna queda entre los mortales, te suplico, compadcete de fatigas tan grandes, compadcete de un corazn que sufre lo que no merece. Por sus lgrimas le salvamos la vida y nos compadecemos encima. 145 Y Pramo mismo ordena el primero quitarlas esposas y las apretadas ligaduras y as le dice con palabras de amigo: Seas quien seas, olvida desde ahora a los griegos que dejaste (sers de los nuestros) y dime la verdad, que te pregunto: para qu levantaron esa mole del caballo imponente? Quin lo ide 150 o qu pretenden? Es algn voto? Es tal vez algn artefacto guerrero? Haba dicho. Y aqul en trampas experto y en la maa pelasga levant a las estrellas sus palmas libres de cadenas: A vosotras, llamas eternas, y a vuestro numen inviolable por testigos os pongo -dice-, y tambin a vosotros, altares y nefandas espadas 155 de los que pude huir, y cintas de los dioses que llev al sacrificio: permitidme romper los sagrados juramentos de los griegos, permitidme odiar a esos hombres y poner todo en claro, todo cuanto ocultan. Que ninguna ley de la patria me ata. T slo mantn tus promesas y si, Troya, te salvas, 160 respeta tu palabra si te digo verdad, si te entrego cosas importantes. De los dnaos toda la esperanza y la fe de la guerra emprendida residi siempre en la ayuda de Palas. Ahora bien, desde que Ulises el inventor de crmenes y el hijo de Tideo osaron sacar del templo consagrado el fatal Paladio 165 dando muerte a los guardianes de la fortaleza escarpada, robaron la sagrada imagen y con manos de sangre se atrevieron a mancillar de la diosa las cintas benditas, desde aquello bajaron las esperanzas de los dnaos, quebradas sus fuerzas, vuelta de espaldas la voluntad de la diosa. 170 Y con prodigios no dudosos dio seas de eso Tritonia. Apenas colocaron la estatua en el campo: llamas brillantes ardieron en sus ojos encendidos y un salado sudor cay de sus miembros y tres veces sola se alz (asombra decirlo) del suelo con su escudo y la lanza agitando. 175 Se apresura Calcante a decir que probemos la huida por mar y que no puede Prgamo abrirse alas flechas arglicas si no buscan de nuevo augurios en Argos y otra vez traen con el mar y las curvas naves el numen que un da trajeron. Y ahora que con el viento han buscado la patria Micenas, 180 armas y dioses tratan de ganarse y llegarn de improviso, surcando el mar de nuevo; as ve el futuro Calcante. Advertidos levantaron esta estatua por el numen herido, por el Paladio, para expiar el crimen funesto. Y mand Calcante construir inmensa esta mole 185 y tejiendo sus tablas levantarla hasta el cielo, para que entrar no pudiera por las puertas ni cruzar las murallas, ni proteger a vuestro pueblo bajo su antiguo poder. Pues si vuestra mano violase el don de Minerva, una gran maldicin sobre el reino de Pramo 190 y sobre los frigios caera (los dioses la vuelvan antes contra ellos). Si al contrario por vuestras manos subiera hasta vuestra ciudad, Asia caera en guerra terrible sobre las murallas de Plope, y sa sera la suerte reservada a nuestros nietos. Resultaba creble la cosa con tales insidias y la maa 195 del perjuro Sinn, y captur con trampas y lgrimas a quienes ni el Tidida ni Aquiles de Larisa lograron domar, ni diez aos, ni miles de barcos. En ese momento un nuevo prodigio mucho ms terrible aparece ante los desgraciados y turba sus pechos confiados. 200 Laocoonte, sacado a suertes sacerdote de Neptuno, degollaba en su ara festiva un toro tremendo. Y mira por dnde (me muero al contarlo), dos grandes serpientes se lanzan al mar desde Tnedos por la quieta llanura con curvas inmensas y buscan la costa ala vez; 205 sus pechos se levantan entre las olas y con crestas de sangre asoman en el agua, el resto se dibuja en el mar y retuerce sus lomos enormes en un torbellino. Suena el silbido en la sal espumante, y ya a tierra llegaban e inyectados en sangre y en fuego sus ojos ardientes, 210 sacudan sus bocas silbantes vibrando las lenguas. Escapamos exanges ante la visin. Aqullas en ruta certera buscan a Laocoonte, y primero rodean con su abrazo los pequeos cuerpos de sus dos hijos y a mordiscos devoran sus pobres miembros; se abalanzan despus sobre aquel 215 que acuda en su ayuda con las flechas y abrazan su cuerpo en monstruosos anillos, y ya en dos vueltas lo tienen agarrado rodendole el cuello con sus cuerpos de escamas, y sacan por encima la cabeza y las altas cervices. l trata a la vez con las manos de deshacer los nudos, 220 con las cintas manchadas de sangre seca y negro veneno, a la vez lanza al cielo sus gritos horrendos, como los mugidos cuando el toro escapa herido del ara sacudiendo de su cerviz el hacha que err el golpe. Se escapan luego los dragones gemelos hacia el alto santuario 225 y buscan el alczar de la cruel Tritnide ya los pies de la diosa, bajo el crculo de su escudo, se esconden. Entonces fue cuando un nuevo pavor se asoma a los pechos temblorosos de todos y se dice que Laocoonte haba pagado su crimen, por herir con su lanza la madera sagrada 230 y llegar a clavar en su lomo la lanza asesina. Gritan que hay que buscar un lugar a la efigie y ganarse el numen de la diosa. Rompemos los muros y de la ciudad abrimos las murallas. Todos manos a la obra ponen ruedas a los pies, y tienden a su cuello cuerdas de estopa; 235 atraviesa los muros el ingenio fatal, preado de armas. A su lado los mozos y las doncellas cantan sus himnos y gzanse si pueden tocar con su mano la cuerda; entra aqul y se desliza, amenazante, hasta el centro de la ciudad. Ay, patria! Ay, Ilin, morada de dioses, y muros 240 dardnidas, en la guerra famosos! Cuatro veces justo en el umbral de la puerta se detuvo, otras tantas gritaron de la panza las armas. Sin embargo, insistimos inconscientes y en ciego frenes colocamos en lo ms santo de la fortaleza el monstruo funesto. 245 An entonces Casandra, a quien por mandato del dios los teucros no crean, abri su boca para mostrarnos el destino futuro. Pobres de nosotros! Era aquel nuestro ltimo da y adornamos con festivas guirnaldas los templos de la ciudad. Gira el cielo entretanto y del Ocano sube la noche 250 envolviendo en su abrazo de sombra la tierra y el polo y los engaos de los mirmdones. Repartidos por los muros callaron los teucros; el sopor se apodera de sus miembros cansados. Y ya acuda desde Tnedos la falange argiva con las naves formadas entre el silencio amigo de la luna callada, 255 buscando la conocida playa, cuando la nave capitana encendi las antorchas y, protegido por el hado inicuo de los dioses, libera Sinn a los griegos encerrados en la panza y descorre a escondidas los cerrojos de pino. Abierto a las brisas los devuelve el caballo y alegres se lanzan de la hueca 260 madera los jefes Tesandro y Estnelo y Ulises cruel bajando por la cuerda tendida, y Acamante y Toante y el Pelida Neoptlemo y Macaonte el primero, y Menelao y Epeo, el propio urdidor de la trampa. Invaden la ciudad sepultada en el sueo y el vino; 265 son muertos los guardias, y abriendo las puertas reciben a todos los compaeros y se renen los ejrcitos cmplices. Era el tiempo en que llega el descanso primero a los hombres cansados y se nos mete dentro, gratsimo regalo de los dioses. En sueos, atiende, se me apareci tristsimo Hctor 270 ante mis ojos, derramando un llanto sin fin, como cuando fue arrebatado por las bigas y negro del polvo cruento y atravesados por una correa sus pies tumefactos. Ay de m y cmo estaba! Qu distinto del Hctor aquel que volvi revestido 275 de los despojos de Aquiles o que lanzaba los fuegos frigios a las naves de los dnaos! En desorden la barba y el cabello encostrado de sangre... y aquellas heridas, que muchas recibi rodeando de la patria los muros. Entre mis propias lgrimas me vea llamando al hroe y expresarle estos tristes lamentos: 280 Oh, luz de Dardania, de los teucros la ms firme esperanza! Qu ha podido retenerte? De qu riberas vienes Hctor ansiado? Cmo te vemos, despus de tantas muertes de los tuyos, agotados por tantas fatigas de los hombres y de nuestra ciudad! Qu indigna causa tu rostro 285 sereno manch? Por qu esas heridas estoy contemplando? Nada repuso l a mis vanas preguntas, nada repuso pero sacando un grave gemido de lo hondo del pecho, Ay, huye, hijo de la diosa! -dijo-, lbrate de estas llamas. Est el enemigo en los muros; Troya se derrumba desde lo ms alto. 290 Bastante hemos dado a la patria y a Pramo. Si con tu diestra pudieras salvar a Prgamo, ya por la ma habra sido salvada. Troya te encomienda sus objetos sagrados y sus Penates. Tmalos; compaeros de tu suerte, surca el mar y levanta para ellos unas dignas murallas. 295 Dice as y saca del interior del templo las cintas con sus manos, y Vesta poderosa, y el fuego eterno. Se llenan entretanto las murallas de duelos diversos, y ms y ms, aunque estaba apartada la casa de Anquises, mi padre, y los rboles la escondan, 300 claro se vuelve el sonido y se acerca el horror de las armas. Salgo de mi sueo y llego subiendo a lo ms alto del tejado y me paro, atento el odo: como cuando la llama por la ira del Austro cae sobre el sembrado o el rpido torrente del ro inunda 305 los campos, inunda los alegres sembrados y las labores de los bueyes y arranca de cuajo los bosques; se queda de piedra, ignorante, el pastor sobre el alto peasco escuchando el bramido. Entonces por fin qued al descubierto su lealtad y se vieron las trampas de los dnaos. Ya se derrumba por Vulcano vencida la casa 310 enorme de Defobo, ya se incendia muy cerca Ucalegonte; las anchas aguas del Sigeo relucen de fuego. Se alza a la vez el clamor de los hombres y el clangor de las tubas. Cojo, loco, mis armas; nada pienso con ellas sino que arde 315 mi pecho por reunir un grupo para el combate y con mis amigos acudir al alczar; el furor y la ira aceleran mis ideas y me viene la imagen de una hermosa muerte con las armas. Y, mira, Panto que se libr de las flechas aqueas, Panto de Otris, sacerdote del alczar y de Febo, llevando en sus manos los objetos de culto y a los dioses vencidos 320 y al pequeo nieto, y se dirige, loco, corriendo alas puertas: Dnde estn peor las cosas, Panto? Qu almena ocupamos? Sin dejarme hablar me responde gimiendo: Ya est aqu el da final y la hora que Dardania no puede evitar. Hubo troyanos, hubo una Ilin y una gloria inmortal 325 de los teucros: Jpiter cruel se ha llevado todo a Argos; los dnaos dominan una ciudad en llamas. Erguido sin piedad en medio del recinto, el caballo vomita guerreros y Sinn victorioso, insolente, incendios provoca. Otros estn a las puertas abiertas, 330 cuantos a miles llegaron de Micenas la grande; otros han ocupado con lanzas enhiestas las calles strechas; se levanta una lnea de hierro, dispuesta a morir, trazada de filos brillantes; apenas intentan la lucha los primeros centinelas de las puertas y resisten a ciegas: 335 Por estas palabras del hijo de Otris y el numen divino me lanzo al combate y a las llamas a donde me convoca la Erinia funesta y el estruendo, y el clamor que se eleva hasta el cielo. Se me unen mis amigos Ripeo y el famoso guerrero pito, que descubr a la luz de la luna, e Hpanis y Dimante 340 se ponen tambin a nuestro lado y el joven Corebo hijo de Migdn: justo por entonces a Troya acababa de llegar ardiente de amor insano por Casandra y como yerno brindaba su ayuda a los frigios y a Pramo, pobre de l, que no oy los consejos de una esposa inspirada! 345 En cuanto los vi juntos, enardecidos por combatir, comienzo a decirles "Jvenes, corazones en vano valientes, si abrigis un inmenso deseo de seguir al que quiere llegar hasta el fin, estis viendo qu suerte es la nuestra. 350 Han abandonado los templos y han dejado las aras los dioses que un da mantuvieron en pie nuestro imperio: acuds en ayuda de una ciudad en llamas. Caigamos en el centro del combate! La nica salvacin para el vencido es no esperar salvacin alguna. Logr encender de esta forma las almas de los jvenes. Y luego, 355 como lobos rapaces en la oscura niebla, a quienes un hambre terrible los lanza fuera, ciegos, ysuscachorros abandonados esperan con las fauces secas, entre dardos, entre los enemigos buscamos una muerte segura avanzando hacia el centro de la ciudad; una negra noche vuela sobre nosotros con su cncava sombra. 360 Quin puede narrar el desastre de la noche aquella, quin tanta muerte, o puede igualar las fatigas con lgrimas? Se derrumba una antigua ciudad que rein muchos aos; hay muchsimos cuerpos inertes por todas las calles y por las mansiones y los sagrados umbrales de los dioses. 365 Mas no slo los teucros pagaban su pena con sangre, que a veces tambin el valor retorna al corazn de los vencidos y caen los dnaos vencedores. Por todas partes un duelo cruel, por todas partes el miedo y la imagen repetida de la muerte. Andrgeo de los dnaos fue el primero en acercarse a nosotros, ignorante, 370 con gran compaa, pensando en tropa de su bando; es ms, se dirige a nosotros con palabras amigas: Aprisa, soldados! Pues qu pereza tan inoportuna os retrasa? Otros toman ya botn y Prgamo saquean en llamas, y vosotros llegis an de las altas naves? 375 Dijo, y al punto advirti (pues que no se le daban respuestas crebles) que haba cado entre sus enemigos. De piedra se qued y a un tiempo volvi atrs pies y palabras. Como el que al poner pie en el suelo entre speras zarzas pis una serpiente, sin verla, y huye al instante asustado 380 de la que hincha ya su cuello azulenco y se encrespa de ira. No de otro modo se marchaba Andrgeo tembloroso por lo que vea. Nos lanzamos y los rodeamos en un bosque de armas, y los aplastamos al no saber donde estaban, parados de espanto; favorece Fortuna nuestra empresa primera. 385 Y entonces Corebo, saltando de gozo ante el xito, dice: "Sigamos, amigos, por donde Fortuna primero nos muestra el camino y por donde aparece mejor; cambiemos las armas y tomemos los estandartes de los dnaos. Trampa o valor, quin demandar al enemigo? 390 Ellos nos darn sus armas." Tras as decir se coloca el emplumado yelmo de Andrgeo y la preciada prenda de su escudo y acomoda a su costado la espada de un argivo. Lo mismo Ripeo, lo mismo hace Dimante y alegres tambin los jvenes todos: cada cual se va armando con el botn reciente. 395 Avanzamos mezclados con los dnaos bajo un numen adverso y, en la ciega noche enfrentados, combates innmeros nos vimos trabando, y a muchos aqueos enviamos al Orco. Unos huyen a sus naves y buscan corriendo la costa segura; otros miedo cobarde al enorme caballo 400 trepan de nuevo y en la madera amiga se ocultan. Ay, que en nada puede uno confiar contra la voluntad de los dioses! Mira cmo arrastran de los cabellos a la hija de Pramo, a Casandra la virgen, fuera del templo y la morada de Minerva, levantando hacia el cielo sus ojos ardientes en vano, 405 sus ojos, que sus manos de nia cadenas las atan. No soport este espectculo, enloqueciendo, Corebo, y se lanz dispuesto a morir en medio del ejrcito; todos le seguimos y caemos dentro de un bosque de armas. Y primero somos abatidos por las flechas que lanzan 410 desde el tejado de un templo los nuestros y se hizo terrible matanza por la apariencia de nuestras armas y el error de los griegos penachos. Despus se presentan los dnaos por todos lados gritando de ira por haberles quitado la doncella, el acrrimo yax y los dos hijos de Atreo y el ejrcito entero de los dlopes. 415 Como cuando en quebrado remolino los vientos contrarios se enfrentan, el Cfiro y el Noto y el alegre Euro con sus orientales caballos; gritan los bosques y el espumoso Nereo con su tridente se agita y sacude desde el fondo profundo los mares. Tambin acuden aquellos a quienes engaamos con trampas 420 en lo oscuro de la noche y perseguimos por toda la ciudad; advierten los primeros los dardos y los engaosos escudos y sealan por el sonido las lenguas discordantes. E inmediatamente nos aplastan con su nmero y el primero Corebo cay junto al altar de la diosa armipotente por mano 425 de Penleo; cae as mismo Ripeo, el hombre ms justo que hubo entre los teucros y el mejor cumplidor de lo bueno (otra cosa pareci a los dioses); tambin Hpanis y Dimante perecen atravesados por sus compaeros, y, Panto, ni tu mucha piedad ni las cintas de Apolo de caer te libraron. 430 Ay, cenizas de Ilin y llama final de los mos! Os pongo por testigos de que nada rehu en vuestra ruina, ni flechas ni nada, y de que habra cado a manos de los dnaos si lo hubiera querido mi sino. De all nos marchamos, fito y Pelias conmigo (a fito la edad lo retrasa 435 y tardo vuelve a Pelias la herida de Ulises), atrados por un gritero que vena del palacio de Pramo. Aqu s que vemos un combate tremendo; como si no hubiera ms guerra y nadie muriera en toda la ciudad, as vemos a un indmito Marte y a los dnaos tratando de entrar 440 en palacio y la puerta atacada por tenaz ariete. Se pegan las escalas a los muros y justo bajo la puerta se apoyan en los escalones y cubiertos con los escudos en la izquierda hacia los dardos se lanzan y tocan con su diestra los aleros. Por el contrario, arrancan los Dardnidas las torres y todos 445 los tejados de las casas; con tales armas cuando ven el final se aprestan a la defensa en la hora postrera de la muerte, y las doradas vigas, altivo adorno de los antiguos padres, hacen rodar; forman otros, espadas enhiestas, en las ltimas puertas, que en fila cerrada vigilan. 450 Oso Nos lanzan nuestros corazones a defender la morada del rey y brindar ayuda a esos valientes, sumando nuestro brazo a los vencidos. Haba una entrada y una puerta falsa y un pasadizo entre las casas de Pramo, por la parte de atrs, por donde sola la infeliz Andrmaca, cuando era fuerte su reino, 455 ir sin compaa con frecuencia a casa de sus suegros y llevarle al abuelo al pequeo Astianacte. As que paso por ah a lo ms alto del tejado, desde donde los pobres teucros arrojaban sus dardos intiles. De su elevada base arrancamos y empujamos la torre aquella 460 que se alzaba sobre el vaco hasta los astros, levantada en la parte ms alta, de donde Troya entera sola contemplarse y las naves de los dnaos y el campamento aqueo, cavando con el hierro alrededor ah donde los bordes de las tablas presentaban junturas abiertas. Se vino abajo de repente, gran ruina 465 produjo con estruendo y en gran extensin cay sobre las tropas de los dnaos. Mas otros acuden y no cesa entretanto toda clase de piedras y dardos. Ante la misma entrada y en el umbral primero, salta Pirro de gozo entre las flechas, brillando con la luz de sus bronces; 470 como una culebra que comi malas hierbas cuando sale a la luz; el helado invierno la mantena hinchada bajo tierra, pero ahora, dejando su piel vieja, con la nueva de juventud reluce y, estirndose al sol, agita irguiendo el pecho su lomo brillante yvibra su boca de triple lengua. 475 A la vez el gran Perifante y el que llev los caballos de Aquiles, Automedonte, su escudero, y a la vez toda la juventud de Esciros al palacio se acercan y lanzan sus llamas al tejado. Pirro entre los primeros rompe la puerta a hachazos terribles y arranca de cuajo las jambas de bronce; 480 y ya parte de una viga y ataca la firme madera abriendo un enorme agujero de boca muy ancha. Ya se ve el interior de la casa y se abren los amplios atrios; ya aparecen las habitaciones de Pramo y los reyes de antes y se ve a los guerreros que estn en la entrada. 485 Y el interior del palacio ve mezclarse gemidos y msero tumulto, y con el ulular dolorido de mujeres resuenan los huecos de la casa; hiere los astros de oro el clamor. Vagan tambin las madres asustadas por las salas inmensas y a los postes se abrazan y los llenan de besos. 490 Pirro arremete con la fuerza de su padre y contra l no valen ni cerrojos ni guardias; se tambalea la puerta a golpes de ariete y sacadas de su quicio caen las jambas. Se abre un camino de violencia. Rompen la entrada y los dnaos que pasan matan a los primeros y llenan de soldados el lugar. 495 Que tanto no hace espmea corriente cuando rompe su cauce, y se lanza y vence con su remolino a las moles que frente le hacen y arrasa enloquecida los sembrados y por todos los campos confunde ganados y establos. Y con estos ojos ni a Neoptlemo loco de sangre y a los dos Atridas en la puerta, 500 yo vi a Hcuba y a sus cien nueras y a Pramo por los altares manchando de sangre los fuegos que haba consagrado. Aquellas cincuenta alcobas, esperanza tan grande de nietos, cayeron y cayeron sus puertas orgullosas del oro y el botn de los brbaros; llegan los dnaos donde no llega el fuego. 505 Y quiz me preguntes tambin cul fue el sino de Pramo. Cuando vio la ruina de su ciudad conquistada y abatidos los umbrales de palacio y al enemigo dentro de su casa, en vano toma el viejo en sus hombros temblorosos las armas [enmohecidas tiempo ha, por la edad y se cie el hierro intil y lnzase a morir entre los enemigos. 510 Haba un altar al aire libre, en medio del recinto sagrado, enorme, y a su lado un laurel muy antiguo que caa sobre el ara y abrazaba con su sombra los Penates. Estos altares en vano rodean Hcuba y sus hijas 515 que aqu se juntan como palomas que la negra tempestad empuja, y estaban sentadas abrazando las estatuas de los dioses. Mas cuando vio nada menos que a Pramo ceido con las armas de un joven: Qu idea tan loca, pobre esposo mo, te ha llevado a armarte de ese modo? -dijo-, a dnde corres? 520 No precisa esta hora de ayudas as ni de defensores como t; no, ni aunque mi Hctor estuviera con nosotros. Anda, ven aqu. El altar nos protejer a todos, o moriremos juntos, Y al callar lo abraz en su regazo y sent al anciano en el lugar sagrado. 525 Y ah va por su lado Polites, uno de los hijos de Pramo, escapado de las manos de Pirro, y recorre en su huida los largos prticos entre las flechas, entre los enemigos, y pasa herido por las habitaciones vacas. Pirro le persigue ansioso por herirle de muerte y ya casi lo tiene y le da con su lanza. 530 Cuando por fin escapa y llega hasta los ojos y el rostro de sus padres, es ya para morir y perder entre mucha sangre la vida. Pramo entonces, aunque casi lo abraza la muerte, no call sin embargo ni evit dar gritos de ira: A ti, a ti -exclama-, por este crimen, por todo lo que has hecho, 535 si hay anen el cielo alguna piedad que vigile estas cosas, te paguen los dioses precio justo y el premio adecuado, por haberme hecho verla muerte de mi hijo y manchar con tu crimen la mirada de sus padres. No se port de esa manera el gran Aquiles, del que te mientas hijo, 540 con su enemigo Pramo; que respet los sagrados derechos de un suplicante y me dej enterrar el cuerpo exange de mi Hctor y me devolvi a mi reino. Dej de hablar el anciano y lanz sin fuerzas una flecha inocente que rechaz sin ms el bronco bronce 545 y qued intilmente colgando del escudo en el centro. Y entonces Pirro: Llvale esto y s mi mensajero ante el Pelida, mi padre. Y no olvides contarle las tristes hazaas de un Neoptlemo degenerado. Ahora, muere. As diciendo justo hasta el altar 550 lo arrastr, tembloroso y resbalando en la sangre de su hijo; con la izquierda cogi su cabello, desenvain con la diestra su espada brillante y la hundi en el costado hasta la empuadura. ste fue el fin de los hados de Pramo, esta muerte le cupo en suerte tras ver el incendio de Troya y la ruina de Prgamo, 555 a l, otrora orgulloso seor de tantos pueblos y tierras de Asia. Yace enorme su tronco en la playa, arrancada de los hombros la cabeza y sin nombre su cuerpo. Entonces por vez primera se apoder de m cruel horror. Me qued estupefacto; la imagen me vino de mi querido padre 560 cuando vi exhalar el ltimo aliento al rey de su edad por herida cruel; pens en Cresa abandonada, y mi casa saqueada y la muerte de mi pequeo Julo. Miro atrs y reviso la tropa que an tengo. Todos me abandonaron agotados y saltaron a tierra 565 o entregaron sus cuerpos heridos a las llamas. [Y quedaba yo slo cuando veo a la hija de Tindneo guardando el templo de Vesta y escondida en silencio en un lugar secreto; los incendios iluminan mi vagar y a todas partes dirijo mis ojos. 570 Temiendo de antemano el odio de los teucros por la cada de Prgamo y el castigo de los dnaos y la ira de su esposo abandonado, Erinia comn de Troya y de su patria, se haba escondido y, odiada, estaba sentada en los altares. Llamas ardieron en mi corazn; una ira me nace por vengar a mi patria 575 en su ruina y castigar tan graves crmenes. Vaya! sta, a salvo, volver a ver Esparta y su patria Micenas y volver a reinar con el triunfo obtenido? Y a su esposo ver y la casa de su padre y a sus hijos rodeada de troyanas y con servidores frigios? 580 Y Pramo habr muerto por la espada? Y Troya habr cado por el fuego? Y habr rezumado sangre tantas veces la playa dardania? No tal. Que aunque no hay ttulo alguno memorable en vencer a una mujer, esta victoria tiene su recompensa; por haber acabado con un crimen e infligir una pena 585 merecida ser alabado y gozar mi nimo saciando de fama vengadora y cumpliendo con las cenizas de los mos. Eso deca y me dejaba llevar de mi mente enloquecida,] cuando se me present como nunca ante mis ojos lo haba hecho tan claro, y en una luz pura brill a travs de la noche 590 mi noble madre, mostrndose diosa tal y como la ven los que habitan el cielo, y tomndome con su diestra me contuvo y esto me dijo adems con su boca de rosas: Hijo, qu dolor tan grande provoca tu clera indmita? Por qu te enfureces? A dnde se ha ido tu cuidado por m? 595 No vers antes dnde has dejado a tu padre Anquises, cansado por su edad, y si viven an tu esposa Cresa y tu hijo Ascanio? Por todas partes a todos les rodean las armas griegas, y, si no fuera constante mi providencia, ya les tendran las llamas y clavado se habra el pual despiadado. 600 No eches la culpa a la odiada belleza de la espartana hija de Tindreo, ni aun a Paris: la inclemencia de los dioses, la de los dioses, arruin este poder y abati a Troya de su cumbre. Mira bien (que ahora retirar toda la nube que tienes delante y oscurece tu visin mortal, y, hmeda, se evapora 605 alrededor; no temas t los mandatos de tu madre ni rehses obedecer sus rdenes): aqu, donde ves las moles deshechas y las rocas arrancadas de las rocas y el humo ondear mezclado con el polvo, Neptuno con su enorme tridente es quien golpea los muros 610 y los removidos cimientos y la ciudad entera de su asiento arranca. Aqu la muy cruel Juno ocupa la primera las puertas Esceas y ceida con la espada convoca enloquecida de las naves al ejrcito aliado. Mira ya en lo ms alto del alczar a Palas Tritonia 615 sentada, brillando con su nimbo y la cruel gorgona. Mi propio padre da nimo a los dnaos y favorece sus fuerzas; l empuja a los dioses contra las armas de Troya. Slvate, hijo, y marca un final a tus fatigas; nunca te faltar, y te llevar a salvo hasta el umbral de una patria. 620 As dijo, ocultndose en las espesas sombras de la noche. Los nmenes supremos de los dioses muestran su rostro a Troya cruel y enemigo. Me parece ya entonces que Ilin se asienta, toda ella, en una hoguera y la Troya de Neptuno ser arrancada de cuajo. 625 Y como cuando en lo alto del monte el viejo olmo con hierro cortado y con golpes de hachas se esfuerzan en abatir los campesinos con empeo, y l amenaza y agita los cabellos con la copa sacudida, temblando, hasta que poco a poco vencido por las heridas gime 630 por ltimo y arrancado causa gran ruina a los collados. Bajo y con la gua de la diosa puedo pasar por las llamas y los enemigos: abren paso las flechas y las llamas retroceden. Y cuando llego por fin al umbral de la casa paterna y a la antigua morada, mi padre, a quien quera 635 subir el primero a los altos montes y el primero buscaba, se niega a seguir con vida ante la muerte de Troya y padecer el exilio: "Ay! Vosotros que conservis el vigor de la edad en la sangre y cuyas fuerzas permanecen intactas -dice-, emprended vosotros la huida. 640 Si los del cielo hubieran querido que yo conservase la vida, me habran salvado tambin esta casa. Bastante y de sobra una vez vi su destruccin y escap a la conquista de mi ciudad. As, marchaos as dando el ltimo adis a mi cuerpo. Yo mismo encontrar por mi mano la muerte; se compadecer el enemigo 645 y buscar mis despojos. Leve resulta quedarse sin sepulcro. Ya estoy viviendo dems, odioso a los dioses e intil, desde que el padre de los dioses y rey de los hombres me sopl con los vientos de su rayo y me alcanz con el fuego. En eso insista al hablar y permaneca inmutable. 650 Repusimos nosotros baados en lgrimas, mi esposa Cresa y Ascanio y toda mi casa, que no quisiera mi padre llevarse todo con l ni acelerar un sino ya presuroso. Se niega y se mantiene en lo dicho y en el mismo lugar. Me lanzo de nuevo al combate y busco en mi desgracia la muerte. 655 Pues, qu solucin o qu fortuna me quedaban?: Creste, padre mo, que podra escapar dejndote aqu y un crimen as se abri paso en la boca paterna? Si agrada a los dioses que no quede nada de ciudad tan grande y as est en su nimo y quieren sumar a la ruina de Troya 660 la tuya y la de los tuyos, la puerta est abierta a esa muerte, y en seguida estar aqu Pirro, manchado de la sangre de Pramo, quien no vacila en degollar al hijo ante su padre ni al padre junto al ara. Madre ma, para esto me sacaste entre los dardos y las llamas? Para ver al enemigo dentro de nuestra casa, 665 y a Ascanio y a mi padre y con ellos Cresa, el uno junto al otro anegados en sangre? A las armas, muchachos, a las armas! Que la luz postrera reclama a los vencidos. Llevadme con los dnaos; dejadme ver de nuevo el combate emprendido. No todos moriremos hoy sin venganza. 670 Me cio entonces de nuevo la espada y colocaba ya el escudo en mi izquierda y me lanzaba fuera de la casa. Pero mira por dnde abrazada en el umbral Cresa a mis pies se detena y a su padre ofreca al pequeo Julo: "Si vas a morir, llvanos a nosotros contigo, pase lo que pase; 675 pero si, a sabiendas, alguna esperanza pones en las armas que empuas, lo primero es guardar esta casa tuya. LA quin entregas al pequeo Julo a quin a tu padre y a m, que un da fui llamada tu esposa? Gritando y gimiendo llenaba toda la casa con esas palabras, cuando aparece de repente un prodigio asombroso. 680 En efecto, entre las manos y los rostros de sus pobres padres, he aqu que de lo alto de la cabeza de Julo derramar pareca un leve rayo su luz y una llama suave que no quemaba al tacto lamer sus cabellos y posarse en torno a sus sienes. Temblamos, asustados, de miedo y le sacudamos el cabello 685 que arda, tratando de apagar con agua el fuego sagrado. Pero el padre Anquises alz hacia los astros sus ojos, alegre, y a la vez levant la voz y las palmas al cielo. Jpiter todopoderoso, si te dejas ganar por alguna oracin, mranos, slo eso, y, si somos dignos de tu piedad, 690 danos tu ayuda en seguida, padre, y confirma estos presagios. Apenas haba hablado el anciano, y con sbito fragor tron por la izquierda y del cielo cay entre las sombras veloz una estrella de cola con una gran luz. Cruzar la vimos sobre los tejados 695 e ir a ocultarse brillante en los bosques del Ida sealando caminos; deja a su paso largo surco de luz y humea el lugar en gran extensin con un humo de azufre. Al fin vencido, se alza mi padre hacia las auras y habla a los dioses y adora la santa estrella: 700 Ya no cabe retraso alguno; te sigo y donde me llevis estar, dioses de mi patria. Salvad mi casa, salvad a mi nieto. Esta seal es vuestra y Troya cuenta en vuestros designios. Me rindo, vaya, y no me niego, hijo, a acompaarte. Eso dijo, y ya por la muralla se oye el fuego 705 ms claro y ms cerca se revuelven las llamas del incendio. Vamos entonces, padre querido, sbete a mis hombros, que yo te llevar sobre mi espalda y no me pesar esta carga; pase lo que pase, uno y comn ser el peligro, para ambos una ser la salvacin. Venga conmigo 710 el pequeo Julo y siga detrs nuestros pasos mi esposa. Y vosotros, mis siervos, prestad atencin a cuanto diga. A la salida de la ciudad hay un tmulo y un viejsimo templo abandonado de Ceres y a su lado un antiguo ciprs que la piedad de nuestros padres guard muchos aos. 715 Cada uno por su lado llegaremos todos a ese mismo lugar. T toma, padre, los objetos de culto y los patrios Penates; yo no puedo tocarlos saliendo de guerra tan grande y de la reciente matanza, hasta que me purifique el agua viva de un ro. 720 Dicho esto, me pongo una tela sobre mis anchos hombros y el cuello agachado y encima la piel de un rubio len, y tomo mi carga; de mi diestra se coge el pequeo Julo y sigue a su padre con pasos no iguales; detrs viene mi esposa. Avanzamos por ocultos caminos 725 y hasta el aire me asusta ahora a m, a quien todos los griegos juntos enfrente ni todas sus flechas podan dar miedo, cualquier ruido me alerta de igual modo temiendo a la vez por mi compaero y por mi carga. Y ya estaba cerca de la puerta y pareca todo el camino 730 haber salvado cuando de repente el sonido repetido de unos pasos llega hasta mis odos, y mi padre mirando entre las sombras: Hijo -exclama-, huye, hijo mo, se acercan. Puedo ver sus escudos ardientes y sus brillantes bronces. En ese momento no s qu numen nada favorable 735 se apoder de mi confundida y asustada razn. Pues mientras sigo corriendo caminos apartados tras salir de las calles conocidas, pobre de m, Cresa mi esposa qued atrs, no s si por el hado o si se equivoc de camino o si cansada se sent. Nunca despus volvieron a verla mis ojos. Y no mir 740 atrs por si se perda ni le prest atencin hasta que llegamos al tmulo de la antigua Ceres y al lugar a ella consagrado. Aqu, finalmente todos reunidos, slo ella fue echada de menos y desapareci ante su hijo, su esposo y sus compaeros. A quin no acus, enloquecido, de dioses y hombres, 745 o qu vi ms cruel en la ruina de mi ciudad? Encomiendo a los compaeros a Ascanio y a mi padre Anquises y los Penates teucros y los escondo en un oculto valle, y yo me vuelvo a la ciudad y cio de nuevo mis armas brillantes. Decidido est: Volver a pasar todos los riesgos y a recorrer 750 toda Troya de nuevo y de nuevo a lanzar mi vida a los peligros. Recorro primero los muros y los oscuros umbrales de la puerta por la que haba salido y vuelvo sobre mis pasos buscando en la noche con mis ojos las huellas que dejamos; el horror se apodera de mi pecho y hasta el propio silencio me asusta. 755 Vuelvo de nuevo a casa por si acaso haba encaminado hacia all sus pasos: los dnaos haban entrado y la ocupaban entera. Trepa voraz el fuego con el favor del viento a las vigas ms altas; asoman por encima las llamas y el calor se agita en el aire. Prosigo y llego otra vez a la casa de Pramo y a la fortaleza; 760 ya estaban guardando el botn en los prticos vacos, en el recinto de Juno, Fnix y el cruel Ulises, escogidos guardianes. Aqu se amontona de todas partes el tesoro de Troya, saqueado en el incendio de los templos, y las mesas de los dioses y las crateras de oro macizo y la ropa de los vencidos. 765 Alrededor estn en larga fila los nios y las madres asustadas. Hasta me atrev a gritar entre las sombras y llen las calles de mi voz y afligido, Cresa repitiendo, una y otra vez la llam en vano. 770 Buscando y corriendo sin parar entre los edificios, se present ante mis ojos la sombra de la misma Cresa, su figura infeliz, una imagen mayor que la que tena. Me qued parado, se eriz mi cabello y la voz se clav en mi garganta. Entonces habl as y con estas palabras me liber de cuidado: 775 Por qu te empeas en entregarte a un dolor insano, oh dulce esposo mo? No ocurren estas cosas sin que medie la voluntad divina; ni te ha sido dado el llevar a Cresa contigo, ni as lo consiente el que reina en el Olimpo soberano. Te espera un largo exilio y arar la vasta llanura del mar, 780 y llegars a la tierra de Hesperia donde el lidio Tiber fluye con suave corriente entre los frtiles campos de los hombres. All te irn bien las cosas y tendrs un reino y una esposa real; guarda las lgrimas por tu querida Cresa. No ver yo la patria orgullosa de los mirmdones 785 o de los dlopes, ni marchar a servir a las matronas griegas, nuera que soy de la divina Venus y Dardnida; me deja en estos lugares la gran madre de los dioses. Adis ahora, y guarda el amor de nuestro comn hijo. Luego me dijo esto, me abandon llorando y queriendo 790 hablar an mucho, y desapareci hacia las auras sutiles. Tres veces intent poner mis brazos en torno a su cuello, tres veces huy de mis manos su imagen en vano abrazada, como el viento ligera y en todo semejante al sueo fugitivo. As por fin, consumida la noche, vuelvo con mis compaeros. 795 Y encuentro all asombrado que una gran muchedumbre de nuevos amigos haba acudido, mujeres y hombres, la juventud reunida para la marcha, una gente digna de lstima. De todas partes acudieron preparados de nimo y recursos para partir hacia la tierra que yo eligiera allende el mar. 800 Surga ya Lucifer en lo alto de las cumbres del Ida y nos traa el da, y los dnaos tenan ocupados los umbrales de las puertas y no quedaba ya esperanza de ayuda. Me puse en marcha y los montes busqu con mi padre a la espalda. LIBRO III Luego que subvertir el poder de Asia y de Pramo al inocente pueblo plugo a los dioses, y cay la soberbia Ilin y por el suelo humea toda la Troya de Neptuno, a diversos exilios y a buscar tierras abandonadas nos obligan los augurios de los dioses y una flota bajo la misma 5 Antandro disponemos y al pie del Ida de Frigia, sin saber a dnde nos llevan los hados, dnde podremos instalarnos, y reunimos a los hombres. Haba comenzado apenas la primavera y el padre Anquises ordenaba rendir al destino las velas, cuando llorando dejo las costas de la patria y sus puertos 10 y los llanos donde un da se alz Troya. Heme all arrastrado al exilio, al mar, con mis amigos y mi hijo, con los Penates y los grandes dioses. Hay una tierra lejos de vastas llanuras consagradas a Marte (los tracios la aran), gobernada otrora por el fiero Licurgo, antiguo asilo de Troya y Penates aliados 15 mientras fortuna hubimos. Ah paramos y en la curva playa levanto las primeras murallas llevado por un hado inicuo e invento el nombre de Enadas por mi propio nombre. Preparaba sacrificios a mi madre de Dione hija y a los dioses tutelares de la obra emprendida y un toro corpulento 20 en la playa ofreca al supremo rey de los que pueblan el cielo. Mira por dnde se alzaba al lado un tmulo, y en lo alto ramas de cornejo y un mirto erizado de espesas puntas. Me acerqu tratando de arrancar del suelo un verde arbusto que cubriera con su espeso follaje los altares, 25 y veo un extrao prodigio horrible de contar. Pues en cuanto arranco del suelo cortando sus races el primer tallo, destila ste gotas de negra sangre que ensucia la tierra con su peste. Un helado espanto sacude mi cuerpo y mi sangre helada se me cuaja de miedo. 30 De nuevo trato de arrancar una flexible vara y de buscar hasta el fondo las causas escondidas; y otra vez negra sangre mana de la corteza. Dando muchas vueltas en mi corazn invocaba a las Ninfas agrestes y al padre Gradivo, el que reina en los campos de los getas; 35 que propiciasen la visin e hicieran bueno el presagio. Mas cuando con mayor esfuerzo a una tercera vara me pongo y de rodillas me apoyo contra la arena (sigo, o me callo?), se escuchan de lo profundo de la altura lacrimosos gemidos y sale, y llega a mis odos esta voz: 40 Por qu desgarras, Eneas, a un desgraciado? Deja ya en paz a un muerto, deja de profanar tus manos piadosas. Troya no me hizo extrao a ti ni mana esta sangre de la madera. Huye, ay!, de esta tierra despiadada, huye de una costa tan avara, que soy Polidoro. Aqu, atravesado, frrea me sepult 45 mies de lanzas que aument con agudas jabalinas: Entonces, agobiada mi mente por la duda y el miedo qued estupefacto, se erizaron mis cabellos y la voz se clav en mi garganta. Haca tiempo que a este Polidoro, con gran cantidad de oro, a escondidas lo haba enviado el pobre Pramo al rey de Tracia 50 para que lo cuidase, desconfiando ya de las armas de Dardania y viendo a su ciudad ceida por el asedio. El otro, apenas se quebraron las esperanzas de los teucros y los dej Fortuna, se puso de parte de Agamenn y de las armas vencedoras, rompiendo todo compromiso: asesina a Polidoro y se apodera 55 del oro por la fuerza. A qu no obligas a los mortales pechos, hambre execrable de oro! Cuando el pavor abandon mis huesos, refiero a los mejores de mi pueblo y a mi padre el primero los avisos de los dioses y su opinin les demando. En todos haba igual nimo: salir de una tierra maldita, dejar un asilo mancillado y confiar la flota a los Austros. 60 As que preparamos las exequias de Polidoro y gran cantidad de tierra amontonamos sobre su tmulo; se alzan a sus Manes las aras funerales de bandas azules y negro ciprs, y alrededor las troyanas con el pelo suelto segn la costumbre; derramamos encima espumantes cuencos de tibia leche 65 y pteras de sangre sagrada, y entregamos su alma al sepulcro y a grandes voces rendimos el saludo postrero. Y luego, en cuanto el pilago nos ofrece confianza y presentan los vientos un mar en calma y el Austro con suave silbo nos llama al agua, arrastran los compaeros las naves y llenan la playa; 70 salimos del puerto y se alejan las tierras y las ciudades. Hay en medio del mar una tierra sagrada gratsima a la madre de las Nereidas y a Neptuno Egeo, que, errante por costas y playas, el piadoso arquero la encaden a la elevada Mconos y a Garos 75 y la dej inmvil y habitada, con el poder de despreciar los vientos. All vamos y ella, placidsima, agotados en su seguro puerto nos acoge; desembarcamos y veneramos la ciudad de Apolo. El rey Anio, rey a la vez de hombres y sacerdote de Febo, ceidas sus sienes con las nfulas y el laurel sagrado, 80 se presenta; reconoci en Anquises al viejo amigo. Juntamos nuestras diestras como hospitalidad y en la ciudad entramos. Veneraba yo los templos del dios erigidos en un viejo peasco: Concdenos, Timbreo, una casa propia; concede a los fatigados 85 unas murallas y una estirpe y una ciudad perdurable; salva la nueva Prgamo de Troya, los restos de los dnaos y del cruel Aquiles. A quin seguimos o a dnde nos mandas ir? Dnde establecernos? Danos, padre, una seal y mtete en nuestros corazones: Apenas haba acabado de hablar: todo me pareci temblar de pronto, 90 los umbrales y el laurel del dios, y el monte entero agitarse alrededor y en el abierto santuario sonar su trpode. Caemos al suelo de rodillas y una voz llega a nuestros odos: Duros Dardnidas, la tierra que os cre primero de la raza de vuestros padres, esa misma con alegre seno 95 os acoger al volver. Buscad a la antigua madre. Aqu la casa de Eneas gobernar sobre todas las riberas y los hijos de sus hijos y los que nazcan de ellos. Esto Febo, y en medio del tumulto una gran alegra naci, y todos preguntan cules son esas murallas, 100 a dnde llama Febo a los errantes y les manda volver. Mi padre entonces, evocando los recuerdos de los ms viejos, Escuchadme, seores de Troya -dice-, y conoced vuestras esperanzas. Creta, la isla del gran Jpiter, yace en medio del ponto, donde el monte Ida y la cuna de nuestro pueblo. 105 Cien grandes ciudades habitan, ubrrimos reinos, de donde, si bien recuerdo lo escuchado, nuestro gran padre Teucro arrib por vez primera a las costas reteas y eligi un lugar para su reino. Ilion an no se haba levantado ni los alczares de Prgamo; vivan en lo profundo de los valles. 110 De all la madre venerada en el Cibelo y los bronces de los Coribantes y el bosque ideo, de all los fieles silencios de los misterios y los leones vinieron uncidos al carro de su duea. As que nimo y sigamos por donde nos llevan los mandatos de los dioses; aplaquemos los vientos y busquemos el reino de Cnosos. 115 El camino no es largo: con que Jpiter nos asista, la tercera luz dejar nuestra flota en las costas de Creta Dicho esto rindi en los altares honores merecidos, un toro a Neptuno, un toro para ti, bello Apolo, una oveja negra a la Tormenta y a los felices Cfiros una blanca. 120 Vuela el rumor de que ha sido expulsado del reino de su padre el rey Idomeneo, que desiertas estaban las playas de Creta, que la regin est libre de enemigos y sedes vacas nos aguardan. Dejamos el puerto de Ortigia y por el mar volamos y por Naxos con los collados de Baco y la verde Donusa 125 y Olaros y la nvea Paros y esparcidas por las aguas las Ccladas pasamos y los mares encrespados de tierras numerosas. El grito de los marinos salta al aire en reida disputa: piden los compaeros que Creta busquemos y a nuestros padres. Nos empuja un viento que se levanta a nuestra popa, 130 y llegamos por fin a las antiguas costas de los curetes. As que ansioso levanto los muros de la ciudad deseada y Pergmea la llamo y a mi pueblo contento con el nombre lo animo a amar sus hogares y a elevar el alczar sobre los tejados Y ya las naves estaban varadas en una playa casi seca, 135 la juventud entregada a nuevos campos y nuevos matrimonios, y les daba leyes y casas, y he aqu que de pronto nos vino encima una peste horrible para los cuerpos y para rboles y sembrados miserable y un ao de muerte desde una envenenada regin del cielo. Dejaban sus dulces almas o enfermos se arrastraban 140 los cuerpos; Siro adems abrasaba los estriles campos, se sacaban los pastos y una mies enferma nos negaba el sustento. De nuevo a recorrer el mar, al orculo de Ortigia y a Febo, me exhorta mi padre y a suplicar su venia, qu fin dispone a estas desgracias, dnde nos ordena 145 buscar el remedio a nuestras fatigas, a dnde dirigirnos. Era la noche y el sueo en la tierra se haba adueado de los animales. Las sagradas imgenes de los dioses y los frigios Penates que sacara conmigo de Troya en medio de incendio de la ciudad se mostraron erguidos ante mis ojos, 150 en sueos, iluminados con gran resplandor, con el que la luna llena se derramaba por las abiertas ventanas; Y as hablaron entonces y con estas palabras se llevaron mis cuitas: "Lo que Apolo te dira si volvieras a Ortigia, aqu te lo revela y adems nos enva a tus umbrales. 155 Nosotros te seguimos a ti, tras el incendio de Dardania, y a tus armas; bajo tu gua hemos recorrido nosotros el mar hinchado con las naves, seremos nosotros quienes alcen a los astros a tus descendientes y confieran el imperio a tu ciudad. T dispn para grandes grandes murallas y no abandones el enorme esfuerzo de tu periplo. 160 Debes cambiar de territorio. No de estas riberas te habl el Delio, no te orden Apolo establecerte en Creta. Hay un lugar (los griegos lo llaman con el nombre de Hesperia), una tierra antigua, poderosa en las armas y de feraces campos; la habitaron hombres de Enotria; hoy se dice que sus descendientes 165 la llaman Italia por el nombre de un caudillo. sta es nuestra verdadera patria, de aqu procede Drdano y el padre Yasin, origen ste de nuestra estirpe. Levanta, pues, y transmite alegre estas palabras indubitables a tu anciano padre: que busque Crito y las tierras 170 ausonias; Jpiter te niega los campos dicteos Atnito ante visin semejante y por la voz de los dioses (que no era aquello ningn sueo; reconocer de verdad me pareca los rasgos y las cabezas cubiertas y los rostros presentes; ymanaba de todo mi cuerpo un sudor helado), 175 me lanzo de la cama y dirijo al cielo las palmas extendidas y mi voz y libo ante el fuego sagrado presentes sin mancha. Gozoso, cumplido el sacrificio, lo comunico a Anquises y le expongo las cosas por orden. Reconoci la ambigua prole y dobles antepasados 180 y a l mismo engaado por el nuevo error de los antiguos lugares. Recuerda entonces: Hijo mo de Ilin atormentado por el sino, Casandra sola me profetizaba estos sucesos. Ahora recuerdo que, al prever el destino de nuestro pueblo, hablaba con frecuencia de Hesperia y de los talos reinos. 185 Mas quin iba a imaginar a los teucros en las costas de Hesperia? A quin podan convencer entonces los vaticinios de Casandra? Hagamos caso a Febo y advertidos sigamos mejores seales. As dice, y todos obedecemos entre aclamaciones sus palabras. Abandonamos tambin este lugar y, dejando a unos pocos, 190 largamos las velas y la vasta planicie recorremos en el cavo leo. Luego que las naves cubrieron el mar y ms no aparece ninguna tierra, cielo por todo y por todo agua, se par entonces sobre mi cabeza una nube cerlea llena de noche y tormenta, y el mar se encresp de tiniebla. 195 Al punto los vientos revuelven el mar y enormes se levantan las olas, nos dispersa el azote de un vasto remolino. Escondieron los nimbos el da y cubri una hmeda noche el cielo y los relmpagos aumentan en las rasgadas nubes, perdemos el rumbo y vagamos en las aguas ciegas. 200 Ni Palinuro acierta siquiera a distinguir en el cielo el da de la noche ni recuerda el camino entre las olas. En la ciega tiniebla vagamos as tres inciertos soles por el mar y otras tantas noches sin estrellas. El cuarto da al fin pareci asomar una tierra, 205 mostrarse a lo lejos las montaas y evaporarse la niebla. Caen las velas, nos ponemos a los remos; sin tardanza los esforzados marineros agitan la espuma y surcan el azul. Las costas de las Estrfades me acogen las primeras salvado de las aguas. Se alzan las Estrfades con su nombre griego, 210 islas del gran Jonio, que la siniestra Celeno y las otras Harpas habitan luego que la casa de Fineo se les cerr y por miedo dejaron las mesas de antes. No hay monstruo ms aciago que ellas ni peste alguna ms cruel o castigo de los dioses naci de las aguas estigias. 215 Rostros de doncella en cuerpos de ave, nauseabundo el excremento de su vientre, manos que se hacen garras y rasgos siempre plidos de hambre. Aqu cuando llegamos y entramos en el puerto, mira por dnde vemos por todo el campo esplndidas manadas de bueyes 220 y un rebao de cabras sin custodia alguna por los pastos. Nos lanzamos con las espadas invocando a los dioses y al propio Jpiter con una parte del botn; entonces en el curvo litoral disponemos los lechos y con viandas exquisitas nos regalamos. Mas de pronto con espantoso salto de los montes se presentan 225 las Harpas y baten con estridencia sus alas, y nos roban la comida y ensucian todo con su contacto inmundo, y un grito feroz entre el olor repugnante. En un lugar apartado bajo el hueco de una roca, de nuevo 229 montamos las mesas y reponemos el fuego de los altares; 231 de nuevo de otra parte del cielo y de oscuros escondrijos la ruidosa turba sobrevuela el botn con sus garras, ensucia con su boca la comida. Ordeno entonces a mis compaeros que empuen sus armas, que presentemos batalla a la raza funesta. 235 Ejecutan mis rdenes y cubiertas por la hierba preparan las espadas y ocultan los escudos. Y as, cuando se lanzaron llenando de alaridos las curvas playas, da Miseno la seal desde la alta atalaya con el cavo bronce. Acuden los compaeros y buscan nuevos combates, 240 manchar con su espada a los obscenos pjaros del mar. Pero ni golpe alguno en sus alas ni heridas en el lomo reciben, y escapando en rpida huida a las estrellas dejan su presa a medio comer y los sucios restos. Slo una se pos en lo ms alto de una roca, Celeno, 245 vate de desgracias, y saca de su pecho este grito: Tambin la guerra sobre la matanza de bueyes y los novillos muertos, hijos de Laomedonte, la guerra pensis traernos y arrojar a las inocentes Harpas del reino de su padre? Recibid as en vuestro corazn y clavad bien estas palabras mas, 250 que a Febo el padre todopoderoso y a m Febo Apolo me inspir yyo, la mayor de las Furias, a vosotros las abro. Italia es el fin de vuestro viaje, con la ayuda de los vientos: a Italia llegaris y se os dar entrar en sus puertos. Mas no ceiris de murallas la ciudad que os aguarda 255 antes de que un hambre terrible y el pecado de atacarnos os obliguen a morder y devorar con las mandbulas las mesas. Dijo, y llevada de sus alas, se refugi en el bosque. A los compaeros entonces del repentino espanto se les hel la sangre; se abatieron sus nimos y ya no por las armas, 260 sino con votos y oraciones me ordenan pedir la paz, bien sean diosas, bien funestos pjaros y obscenos. Y el padre Anquises desde la playa con las palmas extendidas invoca al ms alto numen e indica las honras oportunas: Impedid, dioses, las amenazas; dioses, alejad esta desgracia 265 y velad plcidos por los piadosos. Y de la playa la maroma ordena arrancar y sacudir y aflojar las amarras. Inflan las velas los Notos: huimos por las olas de espuma, por donde nos marcaban el rumbo los vientos y el piloto. Ya aparece en medio de las aguas la nemorosa Zacintos 270 y Duliquio y Same y Nritos erizada de peascos. Evitamos los escollos de taca, el reino de Laertes, y maldecimos la tierra que aliment al cruel Ulises. En seguida tambin las nubosas cumbres del monte Leucate y se muestra el templo de Apolo que asusta a los navegantes. 275 All nos dirigimos cansados y entramos en la pequea ciudad; cae el ncora de la proa, se yerguen las naves en la playa. Y as, tomando al fin posesin de una tierra no esperada, nos purificamos con sacrificios a Jove y quemamos ofrendas en los altares, y celebramos con juegos de Ilin las costas de Accio. 280 Realizan los patrios ejercicios con lbil aceite los compaeros desnudos. Qu bien haber escapado de tantas ciudades argivas y haber logrado huir entre los enemigos! El sol entretanto recorre el crculo de un largo ao y el glacial invierno pone speras las olas con los Aquilones. 285 Un escudo de cavo bronce, prenda del gran Abante, cuelgo en las puertas y pongo en recuerdo este verso: ENEAS DE LOS DNAOS VICTORIOSOS ESTAS ARMAS; ordeno luego dejar el puerto y sentarse en los bancos. Compiten mis compaeros en herir el mar y surcan sus aguas; 290 perdemos en seguida de vista los areos alczares de los feacios y seguimos la costa del Epiro y entramos en el puerto caonio y llegamos a la elevada ciudad de Butroto. Llega aqu un rumor de historias increbles a nuestros odos. Hleno, el hijo de Pramo, reinaba sobre ciudades griegas, 295 dueo y seor de la esposa y del trono del ecida Pirro, y Andrmaca haba pasado de nuevo a un marido de la patria. Me qued atnito, encendido mi pecho con un ansia tremenda de interrogar al prncipe y conocer aventuras tan grandes. Me alejo del puerto dejando atrs naves y playas, 300 cuando por caso viandas solemnes y tristes ofrendas ante la ciudad, en un bosque junto a las aguas de un falso Simunte, estaba Andrmaca libando a la ceniza y a sus Manes llamaba junto al tmulo de Hctor, que con verde hierba consagrara vaco y dos altares, motivo de lgrimas. 305 Cuando me vio llegar y a su alrededor las armas contempl troyanas fuera de s, aterrorizada de la extraa visin se qued paralizada en medio, el calor abandon sus huesos, desfallece y apenas dice despus de un buen rato: Eres una cara de verdad, llegas a m como nuncio verdadero, 310 hijo de la diosa? Vives? O si es que se apag la luz de la vida, dnde est Hctor? Dijo, y lgrimas derram y todo el lugar llen de sus gritos. Enloquecida, poco puedo ofrecerle y turbado dejo escapar unas palabras: Vivo ciertamente, y arrastro mi vida por peligros extremos; 315 no dudes, que es verdad cuanto ves. Ay! Qu ha sido de ti desde que la desgracia te apart de marido tan ilustre? Te ha contemplado por fin fortuna merecida, Andrmaca de Hctor? Sigues siendo la esposa de Pirro? Baj los ojos yhabl con voz apagada: 320 Oh, doncella ms feliz que ninguna, hija de Pramo, enviada a la muerte en un tmulo enemigo bajo las altas murallas de Troya! No tuvo que sufrir sorteo alguno ni toc, prisionera, el lecho de un amo victorioso. A nosotras la ruina de la patria, arrastradas por mares diversos, 325 en penosa esclavitud nos hizo soportar la insolencia de la raza de Aquiles y a un orgulloso joven que corri en seguida tras la ledea Hermone y unas bodas lacedemonias y me entreg esclava al esclavo Hleno. Mas a aqul, inflamado de un gran amor por la esposa 330 arrebatada y agitado Orestes por las Furias del crimen, lo pilla desprevenido y lo degella junto a los altares patrios. Con la muerte de Neoptlemo la parte correspondiente de sus reinos pas a Hleno, quien caonios llam a estos campos y Caonia a todo el territorio por el Can troyano, 335 y una Prgamo y la fortaleza de Ilin alz sobre estos collados. Pero a ti, qu derrotero te marcaron los vientos y el destino? Qu dios te empuj sin saberlo hasta nuestras riberas? Qu fue del nio Ascanio? Vive y se alimenta del aura? Ya Troya te lo 340 Tiene an el muchacho algn recuerdo de la madre que perdi? Al antiguo valor quiz y a viriles esfuerzos lo mueven su padre Eneas y su to Hctor? Tal verta entre lgrimas y derramaba largos llantos en vano, cuando desde las murallas se presenta 345 el hroe con numerosa compaa, Hleno el Primida, y reconoce a los suyos y alegre los conduce a sus umbrales, y vierte muchas lgrimas entre palabras sueltas. Avanzo y reconozco una Prgamo y una pequea Troya copiadas de la grande, y un arroyo seco que llamaban 350 el Janto, y abrazo los batientes de una puerta Escea; tambin los teucros todos disfrutan conmigo de una ciudad amiga. El rey en amplios prticos les acoga; en el centro de la sala libaban las copas de Baco con las viandas ofrecidas en oro y pteras sostenan. 355 Y as pas un da y otro da pas, y las brisas llaman a las velas y se hincha el lino del tmido Austro. Con estas palabras me acerco al vate y as le pregunto: Hijo de Troya, intrprete de los dioses que los designios sientes de Febo, los trpodes del Clario y su laurel, y las estrellas 360 y el lenguaje de las aves y los auspicios de su vuelo. Habla, ea (pues todas las seales divinas favorables se mostraron a mi camino y los dioses todos me persuadieron con su numen a buscar Italia y a probar tierras remotas; slo la Harpa Celeno nos canta un agero distinto 365 que decir no se puede y anuncia tristes iras y un hambre sucia), qu peligros evito primero? En busca de qu podra yo superar fatigas tan duras? Hleno entonces, tras matar unos novillos segn el rito, implora de los dioses la paz y las nfulas suelta 370 de su cabeza sagrada y me lleva de la mano, Febo, hasta tu puerta, sobrecogido por numen tan imponente, y anuncia luego de su divina boca el sacerdote: Hijo de la diosa (pues es evidente que t navegas con auspicios mayores; as echa a suertes el rey de los dioses 375 los hados y agita los cambios y este orden resulta), poco de mucho te voy a aclarar con mis palabras, para que ms seguro recorras mares hospitalarios y arribes al puerto ausonio; pues saber el resto lo prohiben las Parcas a Hleno y hablar me impide Juno Saturnia. 380 De Italia primero, aunque t ya piensas, ignorante, que est cerca y te dispones a entrar en puertos vecinos, lejos te separa un largo y difcil camino por largas tierras. Antes debes hincar tu remo en la ola trinacria y recorrer con tus naves la llanura del mar ausonio 385 y los lagos del infierno y la isla de la eea Circe, antes de que puedas fundar tu ciudad en una tierra segura. Te dir las seales, t tenlas guardadas en tu memoria; cuando, angustiado, junto a las aguas de un ro escondido encuentres bajo las encinas de la orilla una enorme cerda 390 blanca echada en el suelo, recin parida de treinta cabezas, con las blancas cras en torno a sus ubres, ste ser el lugar de tu ciudad, ste el seguro descanso a tus fatigas. Y que no te espanten los mordiscos que dars a las mesas: los hados encontrarn el camino y Apolo llegar si le invocas. 395 Sin embargo, estas tierras y esta ribera de Italia cercana que baa la marea de nuestro mar, evtalas; todas las murallas estn llenas de malvados griegos. Aqu pusieron tambin sus murallas los locros naricios e infest de hombres en armas los campos salentinos 400 Idomeneo de Creta; aqu la pequea Petelia del rey melibeo Filoctetes, la famosa, apoyada en sus muros. Y cuando tras cruzarlo al otro lado del mar se detenga la flota y ests cumpliendo ya tus votos en altares dispuestos en la playa, oculta tus cabellos cubrindolos con un manto de prpura 405 para que entre los fuegos sagrados en honor de los dioses no acuda alguna aparicin hostil que turbe los presagios. Guarda t esta costumbre en tus sacrificios y as tus compaeros; que fieles permanezcan a esta devocin tus descendientes. Y cuando tras tu partida el viento a la scula costa te empuje 410 y ralas se vuelvan las barreras del estrecho Peloro, habrs de buscar las tierras a tu izquierda y a tu izquierda los mares en largo circuito; evita la costa de la derecha y sus olas. Estos lugares asolados un da por la fuerza de una vasta ruina (tanto puede transformar la prolongada vejez del tiempo) 415 es fama que se separaron, aun cuando antes ambas tierras fueron slo una: irrumpi en medio el mar y con la fuerza de sus aguas la costa separ de Hesperia de la scula y campos y ciudades apartados de la ribera cruz con estrecha corriente. Ocupa Escila el lado derecho y la implacable Caribdis 420 el izquierdo, y en el profundo remolino de su abismo tres veces sorbe de pronto vastas olas y otras tantas las lanza de nuevo al aire, y azota las estrellas con el oleaje. A Escila por su parte una caverna la encierra en ciegos escondrijos y a ella saca la cabeza y atrae las naves a los acantilados. 425 Por arriba, un rostro humano y es doncella de hermso pecho hasta la ingle, monstruo marino de enorme cuerpo por abajo con panza de lobo terminada en colas de delfn. Es mejor recorrer la lnea del Paquino trinacrio en tu ruta y dar un largo rodeo 430 que contemplar una sola vez en su enorme antro a la deforme Escila y las rocas resonantes de cerleos canes. Por ltimo, si an queda sabidura en Hleno el adivino, si an confianza, si llena an su corazn Apolo con la verdad, una sola cosa te he de advertir, una sola por todas, 435 hijo de la diosa, y te aconsejar repitiendo una y otra vez: de Juno la grande adora lo primero el numen con tus plegarias, a Juno canta en tus libaciones y a la duea poderosa aplaca con dones de splica; as, al fin vencedor, sers enviado a las talas tierras dejando atrs Trinacria. 440 Una vez all llegars a la ciudad de Cumas y a los lagos divinos y al Averno resonante de bosques, vers a la vidente frentica que al fondo de una roca canta el destino y confa a las hojas seales y nombres. Cuantas respuestas escribe la virgen en las hojas 445 las pone en orden y las deja encerradas en la cueva; all permanecen sin moverse en su lugar y no se apartan de su sitio. Ahora, cuando al girarlos goznes suave rfaga de viento las empuja y agita las tiernas hojas la puerta, revolotean por el cavo peasco y ya de recogerlas 450 no se cuida ni de ponerlas en su lugar o juntas las respuestas: se alejan sin contestacin y odian la sede de la Sibila. No habr de preocuparte entonces el tiempo invertido, aunque te increpen tus compaeros y tu ruta requiera con fuerza las velas a alta mar y puedas llenar los pliegues de viento favorable, 455 hasta que veas a la adivina y reclames su orculo con preces y ella te responda y de grado libere su voz y sus labios. Ella te hablar de los pueblos de Italia y de las guerras venideras y de cmo evitar o soportar todas las fatigas, y, si la veneras, te marcar caminos favorables. 460 Esto es cuanto me est permitido que con mi voz te advierta. Ponte en marcha y lleva la gran Troya con tus hazaas a los astros. Luego que el vate as habl con palabras de amigo, pesados presentes de oro y marfil librado ordena llevar a las naves, y amontona en los barcos 465 mucha plata y jarras de Dodona, una loriga tejida de mallas con triple hilo de oro y el cono de un yelmo seero con crestas de crines, armas de Neoptlemo. Tambin hay presentes para mi padre. Aade caballos y aade guas, 470 nos surte de remeros y provee de armas tambin a los compaeros. Entretanto andaba disponiendo la flota con las velas Anquises, que demora no hubiera si llegaba el viento. Con gran respeto a l se dirige el intrprete de Febo: Anquises, digno que fuiste de noble unin con Venus, 475 cuita de los dioses, dos veces rescatado de las ruinas de Troya, ah tienes la tierra de Ausonia, gnala con tus velas. Y es, sin embargo, preciso que por mar la rodees: lejos est la parte de Ausonia que Apolo te muestra. Ve -dice-, afortunado por la piedad de tu hijo. Por qu 480 contino an y retraso con mis palabras el Austro naciente? Tambin Andrmaca, triste por la definitiva despedida, lleva ropas con historias bordadas en hilos de oro a Ascanio, y una clmide frigia -no inferior en presentes- y lo carga de regalos tejidos, y as le dice: 485 Tmalos, y que sean para ti recuerdos de estas manos mas, nio, y testigos del gran amor de Andrmaca, esposa de Hctor. Recibe los ltimos dones de los tuyos, ay!, nica imagen ya viva para m de mi Astianacte: as eran sus ojos, as sus manos, as su cara; 490 tambin ahora estara creciendo contigo, con tus aos! As les hablaba yo al partir, deshecho en lgrimas: Vivid felices, pues que vuestra fortuna se ha visto ya cumplida: somos nosotros llamados de uno a otro destino. A vosotros se os ha dado el reposo: no hay mar que debis surcar, 495 ni perseguirlos campos de Ausonia que estn siempre ms lejos. Podis verla imagen del Janto y una Troya que han levantado vuestras manos, con mejores (deseo) auspicios, y que menos fcil ser para los griegos. Si llego alguna vez al Tiber y del Tber a los campos 500 vecinos y contemplo las murallas destinadas a mi estirpe, las ciudades un da hermanas y los pueblos cercanos, del Epiro y Hesperia (pues ambas tienen a Drdano de padre e igual sino), una haremos y ambas sern Troya en nuestros corazones: quede esta tarea para los nietos. 505 Nos lanzamos al mar bordeando los cercanos Ceraunios, de donde el camino a Italia y la ruta de las olas se hace ms corta. Cae el sol entretanto y los montes se vuelven opacos de sombras; nos tendemos en el regazo de una tierra deseada junto a la orilla tras sortear los remos y por doquier en la costa seca 510 damos descanso al cuerpo y el sopor invade los miembros cansados. Y an la Noche que las Horas llevan no haba cubierto la mitad de su orbe; se lanza gil de su lecho Palinuro y todos los vientos explora y recoge las brisas con sus odos, observa cuntas estrellas se deslizan por el cielo callado, 515 a Arturo y las lluviosas Hades y los dos Triones, y a su alrededor contempla a Orin armado de oro. Luego que advierte la quietud del cielo sereno, lanza clara seal desde su popa; nosotros levantamos el campo y nos ponemos en marcha y desplegamos las alas de las velas. 520 Y ya con el huir de las estrellas asomaba de rojo la Aurora cuando a lo lejos vemos oscuros collados y a ras de suelo Italia. Italia grita el primero Acates, Italia, saludan con alegre clamor los compaeros. Entonces el padre Anquises adorn una enorme cratera 525 con una corona y la llen de vino puro e invoc a los dioses de pie en lo alto de su nave: Dioses seores del mar y de la tierra y de las tempestades, abrid un camino fcil al viento y soplad favorables. Se animan las brisas ansiadas y el puerto se ofrece 530 ya ms cerca, y el templo aparece de Minerva sobre su roca; recogen velas los compaeros y ponen proa a la costa. Es un puerto curvado en arco por las olas de levante, las rocas que se interponen salpicadas estn de salada espuma, y l mismo parece esconderse; en doble muralla ofrecen sus brazos 535 escollos como torres y se aleja el templo de la costa. Aqu pude ver, augurio primero, cuatro caballos en el pasto de nvea blancura, que pacan libremente por el campo. Y el padre Anquises: Guerra traes, tierra que nos recibes: para la guerra se arman los caballos, guerra amenazan estas bestias. 540 Pero desde hace tiempo a uncirse al carro estn acostumbrados los mismos cuadrpedos y a llevar frenos concordes en el yugo: tambin esperanza de paz, dice. Suplicamos entonces al santo numen de Palas armisonante, la primera en recibir nuestro saludo, y nos cubrimos las cabezas ante las aras con el frigio manto, 545 y, segn los preceptos que ms nos sealara Hleno, cumplimiento dimos a los honores debidos a la argiva Juno. Sin tardanza, realizados por orden los votos, volvemos los cabos de las veladas entenas y atrs dejamos las moradas y los campos sospechosos de los griegos. 550 Desde aqu puede verse el golfo de la Tarento (si cierta es la fama) de Hrcules, enfrente se alza la divina Lacinia, y las rocas caulonias y el Escilaceo rompedor de naves. Entonces aparece a lo lejos entre las olas el Etna trinacrio, y el ingente gemido del mar y las rocas batidas 555 escuchamos de lejos y voces quebradas nos llegan de la costa, y se agitan los vados y la arena se revuelve en el remolino. Y el padre Anquises: "Esto es, sin duda, aquella Caribdis: estos escollos anunciaba Hleno, estos horrendos peascos. Escapad, compaeros, y empujad a la vez los remos. 560 No de otro modo obedecen y el primero la rugiente proa vuelve Palinuro a las aguas de la izquierda; la izquierda busc con vientos y remos la flota entera. Al cielo nos lanza el mar hinchado y luego, al bajar la ola, nos hunde hasta los Manes ms profundos. 565 Tres veces los escollos lanzaron su grito entre huecos peascos, tres veces vimos la espuma hecha pedazos y los astros rocindonos. Entretanto el viento con el sol nos abandon agotados, y perdido el rumbo arribamos a las costas de los Ciclopes. Es este puerto grande y est libre del acoso 570 de los vientos, mas cerca ruge el Etna en horrible ruina y, si no, lanza hacia el cielo negra nube que humea con negra pez y ascuas escendidas, y forma remolinos de llamas y lame las estrellas; otras veces se levanta vomitando piedras y las entraas 575 que arranca del monte y al aire con estruendo amontona masas de roca lquida y hierve en el profundo abismo. Es fama que el cuerpo de Enclado abrasado por el rayo sepultado est por esta mole; que el Etna enorme, encima, fuego respira por sus quebradas chimeneas y que cuantas veces, 580 cansado, se cambia de lado, entera tiembla la Trinacria con gran ruido y el cielo se cubre de humo. Al abrigo del bosque el espantoso prodigio soportamos aquella noche sin ver an la causa del estruendo. No haba en verdad fuego de astros ni luca el ter 585 con su globo de estrellas; slo nubes en un cielo oscuro y una noche desapacible con la luna escondida en la niebla. Y ya se alzaba el nuevo da con los primeros rayos de oriente y haba ya la Aurora retirado del cielo la hmeda sombra, cuando de pronto avanza desde el bosque consumida de hambre 590 la extraa figura de un desconocido con aire lastimoso que tiende sus manos, suplicante, hacia la playa. Le observamos. Terrible suciedad y barba crecida, la ropa cosida con espinas; pero, por lo dems, un griego y de los que un da se alistaron contra Troya en el ejrcito patrio. 595 Y l cuando vio a lo lejos vestidos dardanios y de Troya las armas, aterrado por la visin se detuvo un tanto y freno su marcha; al punto se lanz de cabeza a la playa entre llanto y splicas: A las estrellas pongo por testigos, a los dioses y a esta luz del da que respiramos: 600 llevadme con vosotros, teucros, a no importa qu tierras. Con eso me conformo. S que fui de la flota de los dnaos y confieso haber marchado en son de guerra contra los Penates de Troya. A cambio, si es tan grande la ofensa de mi crimen, arrojadme a las aguas y hundidme en lo profundo del mar; 605 si muero, siempre ser mejor hacerlo por mano de hombres. Haba dicho, y abrazado a mis rodillas de rodillas postrado se quedaba. Le animamos a decirnos quin era, de qu sangre vena, a que nos contase cul haba sido su fortuna. El propio padre Anquises sin dudarlo mucho la diestra 610 ofrece al joven y aumenta con este gesto su confianza. l, dejando al fin su miedo, habla de esta manera: taca es mi patria, compaero del infortunado Ulises, de nombre Aquemnides, que a Troya por la pobreza de mi padre Adamasto march (y ojal hubiera conservado esa fortuna!) 615 Aqu, mientras temblando dejan los crueles umbrales, me abandonaron mis compaeros sin reparar en la vasta caverna del Ciclope. Morada de sangre corrompida y manjares cruentos, sin luz en su interior, enorme. Y l, altsimo, toca las altas estrellas (los dioses aparten de las tierras peste semejante!) 620 y a nadie resulta fcil verlo ni es fcil escucharlo; de las entraas se alimenta de los desgraciados y de su negra sangre. Yo mismo lo he visto cuando los cuerpos de dos de los nuestros apresados en su enorme mano, tendido en medio de su cueva, los machac contra las rocas y se inundaron sus umbrales con la sangre 625 desparramada; le he visto cuando los miembros devoraba cubiertos de negra sangre y temblaban tibios an entre sus dientes. Mas no qued sin castigo ni Ulises lo consinti, ni en tan comprometida situacin se olvid el de taca de s mismo. Pues en cuanto saciado de comida y ahogado en vino 630 reclin la vencida cerviz y se tumb por la cueva, inmenso, vomitando los restos en sueos y bocados baados en vino sanguinolento, suplicamos nosotros a los grandes dioses y sorteando el cometido de cada cual a una y a su alrededor nos derramamos, y con una aguda punta perforamos su ojo 635 enorme, el nico que se ocultaba bajo la torva frente, del tamao de un escudo de Argos o de la lmpara de Febo, y vengamos al fin, contentos, las sombras de nuestros compaeros. Pero huid, desgraciados. Huid y cortad la maroma de la playa. 640 Que as y tan grandes como ese Polifemo que en antro cavo cierra langeras ovejas y ordea sus ubres, otros cien Ciclopes terribles habitan esparcidos estas curvas riberas y vagan por las cumbres de sus montes. Tres veces los cuernos de la luna de luz se han llenado 645 desde que arrastro mi vida en las selvas y en las cuevas y guaridas que las fieras dejan y desde una roca observo a los Ciclopes gigantes y tiemblo al ruido de sus pasos y a sus voces. Pobre alimento, bayas y cerezas silvestres de los roquedales, me ofrecen las ramas y las hierbas me nutren con las races arrancadas. 650 Al recorrer estos lugares vi, por vez primera, que una flota llegaba a estas costas, la vuestra. Y, fuese cual fuese, a ella me he rendido, contento de haber escapado de un pueblo nefando. Vosotros mejor cobraos esta vida con la muerte que os plazca. Apenas haba hablado cuando en lo alto del monte descubrimos 655 al propio Polifemo, pastor de sus ganados, movindose con su vasta mole en direccin a las conocidas riberas, monstruo horrendo, informe y gigantesco, sin su ojo. Un pino cortado gobierna sus pasos y les sirve de apoyo; le siguen sus langeras ovejas, que era ste su solo placer 660 y el consuelo de su desgracia. Luego que toc las aguas profundas y lleg al mar, de su ojo atravesado lav la lquida sangre rechinando los dientes en un gemido, y camina ya en medio de las aguas sin que las olas mojen sus altos costados. 665 As que nosotros aceleramos la huida temblorosos, merecidamente acogiendo al suplicante, y en silencio cortamos las cuerdas y nos lanzamos al mar empeados en un combate de remos. Se dio cuenta, y encamin sus pasos hacia el sonido de las voces. Cuando por fin se queda sin poder alcanzarnos con su mano 670 ni es capaz de igualar a las olas jonias con sus pasos, lanza un grito terrible con el que el mar y todas las olas se agitaron y tembl de lo profundo la tierra de Italia y el Etna mugi por sus curvas cavernas. Y a su llamada acude corriendo de los bosques y las cumbres 675 la raza de los Ciclopes al puerto y llenan las riberas. All de pie los vemos en vano con su torvo ojo, a los hermanos del Etna tocando el cielo con sus altas cabezas, horrendo concilio: cuales con la copa erguida las areas encinas o los conferos cipreses 680 se yerguen, alta selva de Jove o bosque sagrado de Diana. Un agudo miedo nos lanza a sacudir las jarcias hacia donde sea y a tender las velas a vientos favorables. En contra estn los avisos de Hleno, que entre Escila y Caribdis, camino de muerte a uno y otro lado en pequeo trecho, 685 no haga pasar mi rumbo: es ms seguro volverlas velas. Y hete aqu que se presenta Breas escapado de su angosto encierro del Peloro: dejo atrs las bocas en roca viva de Pantagia y el golfo de Mgara y la tendida Tapso. Tales costas nos mostraba el compaero del infortunado Ulises, 690 Aquemnides, quien ya las surcara en sentido contrario. En el golfo sicanio se encuentra una isla tendida frente al undoso Plemirio; los antiguos la llamaron Ortigia. Es fama que el Alfeo, ro de la lide, se abri hasta aqu un oculto camino bajo el mar y que hoy, 695 Aretusa, con las aguas sculas se confunde en tu boca. Segn lo ordenado, invocamos a los grandes nmenes del lugar y al punto dejo atrs el frtil suelo del pantanoso Heloro. De aqu los altos riscos y las rocas salientes del Paquino bordeamos y aquella a quien los hados dijeron que nunca se moviera, 700 Camerina, aparece a lo lejos, y los campos geloos y Gela, llamada por el nombre de un gran ro. Luego ensea a lo lejos sus murallas la escarpada Agrigento, un da engendradora de valientes caballos; y llevado de los vientos te dejo a ti, Selinunte de palmas, 705 y paso los crueles vados de Lilibeo con sus ocultos escollos. De aqu el puerto de Drpano y su aciaga playa me acogen. Y aqu, sacudido por tantas tempestades del mar, ay!, a mi padre, consuelo de toda cuita y desgracia, pierdo, a Anquises. Aqu, ptimo padre, cansado 710 me dejas, ay!, en vano arrancado a peligros tan grandes. Ni el vate Hleno, que muchas calamidades me anunciara, me predijo este duelo, ni la terrible Celeno. sta fue mi fatiga postrera, sta la meta de largos derroteros, de aqu al partir el dios me lanz a vuestras playas. 715 As el padre Eneas, solo entre todos los que le escuchaban, narraba los hados de los dioses y explicaba su discurrir. Call por fin y descans terminando aqu su relato. LIBRO IV Mas la reina hace tiempo, atormentada de grave cuidado, con sangre de sus venas alimenta su herida y ciego ardor la devora. El gran valor del hroe acude a su nimo y la gloria muy grande de este pueblo; se clavan en su pecho sus rasgos y palabras y no deja el cuidado a su cuerpo el plcido descanso. 5 Y recorra las tierras la Aurora siguiente con la luz de Febo y haba alejado del cielo la hmeda sombra cuando as se dirige, fuera de s, a su hermana del alma: Ana, querida hermana, qu ensueos me desvelan y me angustian! Qu husped tan extraordinario ha entrado en nuestra casa! 10 Qu prestancia la suya! Qu fuerza en su pecho y en sus armas! Ciertamente creo, y mi confianza no es vana, que es de dioses su raza. El temor delata al pusilnime. Ay, qu sino lo zarande! Qu combates librados narraba! Si no estuviera en mi nimo, fijo e inconmovible, 15 el propsito de a nadie unirme en vnculo matrimonial, luego que mi primer amor me enga, frustrada, con la muerte; si no me hubiera hastiado del tlamo y la antorcha nupcial, a esta sola infidelidad habra podido tal vez sucumbir. Ana (te lo dir, s) despus del desgraciado destino de mi esposo 20 Siqueo y de que la trgica muerte de mi hermano manchase mis Penates, slo ste ha doblado mis sentidos y ha empujado mi lbil corazn. Reconozco las huellas de una vieja llama Mas antes querra que la tierra profunda se abriera ante m, o que me lanzase el padre omnipotente a las sombras con su rayo, 25 a las plidas sombras del Erebo y a la noche profunda, antes, Pudor, que profanarte o romper los juramentos que te hice. Aqul, el primero que con l me uni, se llev mis amores; que los tenga consigo y los guarde en su sepulcro. Habl as, y llen su regazo de impetuosas lgrimas. 30 Responde Ana: Oh, ms querida para tu hermana que la luz, te desgarrars sola, afligida, en mocedad eterna, sin conocer dulces hijos ni los presentes de Venus? Crees que se preocupan de esto las cenizas o los Manes enterrados? Sea: no pudo pretendiente alguno doblegarte 35 ni aqu, en Libia, ni antes en Tiro; Yarbas fue despreciado con otros caudillos a quienes frica sustenta rica en triunfos. Luchars tambin contra un amor deseado? No tienes en cuenta de quin son los campos en que te has instalado? Por aqu las ciudades getulas, raza invencible en la guerra, 40 y los nmidas sin freno te rodean y la inhspita Sirte; por all una regin desolada por la sed y los barceos furiosos. Y qu decir de las guerras que se alzan en Tiro y las amenazas de tu hermano? Creo, sin duda, que por auspicios divinos y el favor de Juno 45 mantuvieron hasta aqu su curso en alas del viento las naves troyanas. Cmo has de ver esta ciudad, hermana, qu reinos has de ver surgir con una boda as! Con qu hazaas se alzar la gloria pnica servida por las armas de Troya! Pide slo la venia de los dioses, con sacrificios adecuados 50 cuida la hospitalidad y trenza motivos para que se quede, mientras las tormentas y Orin lluvioso descargan su ira en el mar y las naves estn an sin reparar y el cielo tempestuoso. Estas palabras su nimo encendieron con amor desmedido, dieron esperanza a un corazn en duda y su pudor liberaron. 55 Al punto se dirigen a los templos y tratan de encontrar la paz por los altares; sacrifican a Ceres legisladora ovejas de dos aos escogidas segn el rito, y a Febo y al padre Lieo, y antes que a nadie a Juno, que cuida de los lazos conyugales. La propia Dido, bellsima, con la ptera en la diestra 60 vierte sus libaciones entre los cuernos de una blanca vaca, o da vueltas junto a los pinges altares bajo la mirada de los dioses y dedica el da a sus ofrendas y ansiosa consulta las entraas palpitantes de las vctimas en los pechos abiertos de los animales. Ay, mentes ignorantes de los vates! De qu sirven los votos 65 al demente, de qu los templos? Sigue la llama devorando las tiernas mdulas y palpita en su pecho la herida, calladamente. Se consume Dido infeliz yvaga enloquecida por toda la ciudad como la cierva tras el disparo que, incauta, el pastor persiguindola alcanz con sus flechas 70 en los bosques de Creta y le dej el hierro volador sin saberlo: aqulla recorre en su huida bosques y quebradas dicteos; sigue la flecha mortal clavada a su costado. Ahora lleva consigo a Eneas por las murallas y le muestra las riquezas sidonias y una ciudad dispuesta, 75 comienza a hablar y se detiene de repente en la conversacin. Ahora, al caer el da, busca de nuevo el banquete, y con insistencia reclama de nuevo escuchar, enloquecida, las fatigas de Ilin y de la boca del narrador se cuelga de nuevo. Despus, cuando se van y la luna oscura oculta a su vez 80 la luz y al caer las estrellas invitan al sueo, languidece solitaria en una casa vaca y se acuesta en una cama abandonada. En su ausencia lo ve, ausente, y lo oye, o retiene en su pecho a Ascanio abrazando la imagen 85 de su padre, por si engaar puede a un amor inconfesable. No crecen las torres comenzadas, no practica la juventud sus armas ni preparan los puertos o los baluartes seguros en la guerra; interrumpidos quedan los trabajos y los enormes salientes de los muros y los andamios que llegaban al cielo. En cuanto la querida esposa de Jpiter advirti que aqulla 90 estaba atrapada por tal enfermedad y que la fama no frenara la locura, se acerca a Venus la Saturnia con estas palabras: Egregia en verdad alabanza y gran botn sacis t y tu hijo (gran y memorable numen), si una sola mujer se ve vencida por el engao de dos dioses. 95 Y a m no se me escapa que por temer nuestras murallas recelas de las casas de la alta Cartago. Mas, cul ser el lmite? O a dnde vamos con tan gran disputa? Por qu no acordar, mejor, eterna tregua con el pacto de un himeneo? Tienes ya lo que buscaste con todas tus ganas: 100 arde una Dido enamorada y corre por sus huesos la locura. Gobernemos, pues, sobre un pueblo comn y con auspicios iguales; sale permitido servir a marido frigio y poner como dote bajo tu diestra a los tirios. A sta (pues not que haba hablado con disimulo, 105 para desviar a las costas de Libia el poder de Italia) as repuso Venus: Quin con tan poco juicio para rechazar tal proyecto prefiriendo la guerra contigo? Ojal que la suerte acompae a cuanto acabas de exponer. Pero insegura del hado estoy: si querr Jpiter que una sea 110 la ciudad de los tirios y los desterrados de Troya, o si aprobar que los pueblos se mezclen o que pactos se firmen. A ti, su esposa, te toca tantear su voluntad con tus ruegos. Intntalo, te seguir. As lo acept entonces Juno soberana: sa ser mi tarea. Ahora, cmo lograr podemos lo que nos ocupa 115 en pocas palabras (atiende) te explicar. Eneas, y con l la muy desgraciada Dido, se disponen a marchar al bosque a cazar en cuanto su orto primero haya hecho salir el titn de maana y desvele el orbe con sus rayos. Yo a ellos les he de enviar desde lo alto un negro nubarrn de granizo, 120 mientras se apresuran los flancos y rodean el lugar con sus redes, y agitar con truenos el cielo entero. El squito huir y les envolver una noche espesa; Dido y el jefe troyano en la misma cueva se encontrarn. All estar yo, y, si es firme hacia m tu voluntad, 125 os unir en estable matrimonio, consagrndola como legtima esposa. Entonces se cumplir el himeneo. Accedi sin oponerse Citerea a su demanda, y ri por haber descubierto el ardid. Entretanto la Auroa naciente abandon el Ocano. Sale la flor de la juventud por las puertas al despuntar el alba, 130 amplias redes, trampas, venablos de ancha punta, corren los jinetes masilos y el poderoso olfato de los perros. Los principales de los pnicos junto al umbral aguardan a la reina que se demora en el tlamo, y all est, enjaezado de prpura y oro, su caballo que muerde con mpetu el espumante freno. 135 Sale por fin rodeada de apretada compaa y revestida de una clmide sidonia de bordada cenefa; de oro lleva la aljaba, en oro se anudan sus cabellos y una fbula de oro prende su vestido de prpura. Y no faltan tampoco los compaeros frigios 140 y el alegre Julo. Por delante de todos, ms hermoso que nadie, Eneas se le ofrece de acompaante y rene los escuadrones. Como cuando abandona la Licia invernal y las corrientes del Janto Apolo y rinde visita a la materna Delos, y reanuda las danzas y cretenses y dropes braman mezclados 145 en torno a los altares, y los tatuados agatirsos; l, Apolo, recorre los collados del Cinto y cie su pelo suelto con hojas tiernas, moldendolo, y lo anuda con oro, resuenan las flechas en sus hombros. No menos vigoroso marchaba Eneas, tanta hermosura resplandece en el brillo de su rostro. 150 Luego que llegaron a lo alto del monte y a lugares intransitables, he aqu que las cabras salvajes, arrojadas de lo alto de su roca, se lanzan por las laderas; por otra parte, los ciervos echan a correr en campo abierto y aprietan sus filas en polvorienta huida y dejan los montes. 155 All est el joven Ascanio, gozoso en medio del valle con brioso caballo, ganando a unos y otros en la carrera; suplica con sus votos que entre los tardos rebaos le sea dado un rabioso jabal o que baje del monte rubio len. Entretanto el cielo de terrible rugido empieza 160 a llenarse, sigue una tormenta mezclada con granizo y el squito tirio, dispersado, y la juventud troyana y el dardanio nieto de, Venus asustados buscaron los techos de todos los campos; ros bajan corriendo del monte. A la misma gruta Dido y el caudillo troyano 165 acuden. La Tierra, la primera, y Prnuba Juno dan la seal; brillaron los fuegos y cmplice el aire del casamiento en su alta cumbre ulularon las Ninfas. Aqul fue el primer da de la muerte y la causa primera de las desgracias; pues ni de apariencias ni de opinin se deja 170 llevar Dido ni planea ya un amor a escondidas: casamiento lo llama, con este nombre esconde su culpa. Se echa a andar al punto la Fama por las ciudades libias, la Fama: ms rpido que ella no hay mal alguno; en sus movimientos se refuerza y gana vigor segn avanza, 175 pequea de miedo al principio, al punto se lanza al aire y camina por el suelo y oculta su cabeza entre las nubes. A ella la madre Tierra, irritada de ira contra los dioses, la ltima, segn dicen, hermana de Enclado y de Ceo, la pari veloz de pies y ligeras alas, 180 horrendo monstruo, enorme, con tantas plumas en el cuerpo como ojos vigilantes debajo (asombra contarlo), como lenguas, como bocas le suenan, como orejas levanta. Vuela de noche estridente entre el cielo y la tierra por la sombra, y no rinde sus ojos al dulce sueo; 185 de da se sienta, vigilante, o en lo alto de un tejado o en las torres elevadas, y amedrenta a las grandes ciudades, mensajera tan firme de lo falso y lo malo cuanto de la verdad. En aquellos das llenaba gozosa de rumores diversos los pueblos e igual cantaba hechos verdaderos y no: 190 haba llegado Eneas, nacido de sangre troyana, y se haba dignado la hermosa Dido unirse a este hombre; templaban ahora su invierno con todo regalo descuidando sus obligaciones reales, atrapados en pasin vergonzosa. Difunde la diosa estas mentiras por la boca de los hombres. 195 Al punto dirige su rumbo hacia el rey Yarbas y enciende su corazn con palabras y aumenta su enojo. ste, engendrado por Hamn y una ninfa Garamanta raptada, cien templos enormes a Jpiter en su ancho dominio levant y cien altares y haba consagrado un fuego vigilante, 200 eternas centinelas de los dioses, y un suelo empapado de sangre de animales, y dinteles florecidos de variadas guirnaldas. Pues ste, se dice, loco de nimo y enfurecido por el amargo rumor, entre la majestad de los dioses y ante sus altares suplicante, muchos ruegos verti con las manos alzadas: 205 Jpiter todopoderoso a quien hoy el pueblo maurusio en sus banquetes, sobre bordados lechos, liba la ofrenda lenea. Ves esto? Es que, padre, cuando blandes tus rayos nos espantamos en vano, y ciegos tus fuegos en las nubes aterrorizan los corazones e inane se agita su bramido? 210 Esa mujer que errante en nuestro territorio su pequea ciudad estableci, por su precio, a quien un litoral entregamos para que lo arase y las leyes del lugar, nuestra boda rechaz y acogi a Eneas por dueo de sus dominios. Y ahora, el Paris ese con su afeminada comitiva, 215 el mentn y el perfumado cabello con la mitra meonia ceidos, disfruta de su rapto. Y nosotros mientras presentes llevando a tus templos y alimentando una fama huera! A quien con tales palabras oraba abrazado a sus altares prest odos el Todopoderoso y dirigi sus ojos a las murallas 220 reales y a unos amantes olvidados de mejor fama. Entonces habla as a Mercurio, y as lo ordena: Ea, ve, hijo. Convoca a los Cfiros y djate caer con tus alas y al caudillo dardanio que en la tiria Cartago hoy se demora, sin ver las ciudades que le reserva el hado, 225 hblale y llvale mis palabras por las rpidas auras. Que no nos lo prometi as su bellsima madre ni lo salv para esto dos veces de las armas griegas; habra de ser por el contrario quien gobernase una Italia preada de poder y del estrpito de la guerra, origen de una raza 230 de la noble sangre de Teucro, y dara sus leyes al orbe entero, Si la gloria de futuro tan grande no le enciende ni le hace ponerse a la tarea su propia honra, dejar a Ascanio su padre sin el alczar romano? Qu trama o con qu esperanza se detiene en un pueblo enemigo, 235 apartando sus ojos de la prole ausonia y los campos lavinios? Que se haga a la mar! Esto es todo, y ste mi mensaje. Haba hablado. Se dispona aqul a obedecer de su augusto padre la orden, y primero anuda a sus pies los talares de oro que lo llevan ligero con sus alas bien sobre el mar 240 bien sobre la tierra, con la rpida brisa. Toma entonces la vara: con ella evoca a las plidas almas del Orco, a otras las manda al triste Trtaro, da y quita los sueos y abre los ojos en la hora de la muerte. En ella confiado conduce los vientos y traspasa las nubes 245 tempestuosas. Y ya volando divisa la cima y la escarpada ladera del duro Atlante que sostiene con su vrtice el cielo, del Atlante, cuya pinfera cabeza ceida de negros nubarrones azotan con frecuencia la lluvia y el viento, la nieve cada le cubre los hombros y ros bajan 250 de su barbilla de anciano y se eriza espantosa su barba por el hielo. Aqu se detuvo, en primer lugar, sostenindose el Cilenio en sus alas iguales; de aqu se lanz con todo su cuerpo a las olas, al ave semejante que baja vuela sobre los mares, ya por las playas, ya por los acantilados llenos de peces. 255 No de otra forma entre las tierras y el cielo volaba hacia la arenosa costa de Libia y cortaba los vientos el nacido en Cilene que vena de su abuelo materno. En cuanto toc con sus aladas plantas las cabaas, divis a Eneas fundando fortalezas y construyendo 260 nuevas casas. Tena la espada salpicada de rubio jaspe y resplandeca con una capa de prpura tiria colgada de los hombros, presentes que la esplndida Dido le hiciera y haba bordado la tela con hilo de oro. Y enseguida le aborda: T te dedicas ahora a plantar los cimientos 265 de la alta Cartago y complaciente con tu esposa construyes deberes! una hermosa ciudad? Olvidas, ay, tu reino y tus propios El propio rey de los dioses desde el Olimpo luminoso me enva, el que cielo y tierra gobierna con su numen; l mismo me ordena traerte estas rdenes por las rpidas auras: 270 qu tramas o con qu esperanza gastas tu tiempo en las tierras libias? Si no consigue moverte la gloria de futuro tan grande, 272 mira cmo crece Ascanio y respeta las esperanzas de tu heredero 274 Julo, a quien se deben el reino de Italia y la tierra romana. 275 Tras hablar de esta manera dej el Cilenio su aspecto mortal sin aguardar respuesta y desapareci de los ojos, lejos, hacia el aura tenue. As que enmudeci Eneas, perplejo por la visin, y se erizaron de espanto sus cabellos y se le clav la voz en la garganta. 280 Encendido est por preparar la huida y dejar tan dulces tierras, atnito por el poder de tal consejo y orden de los dioses. Ay! Qu hacer? Con qu palabras osar abordar hoy a la reina enloquecida? Cmo empezar a hablar? Y divide su nimo veloz ac y all 285 y lo lleva a partes bien distintas y todo discurre. Entre todas, sta le pareci la opinin ms prudente: llama a Mnesteo y a Segesto y al fiero Seresto, que dispongan con discrecin la flota y renan en la playa a los compaeros, que preparen las armas, disimulando cul sea la causa 290 del cambio de planes; l entretando, puesto que nada sabe la buena de Dido y no espera que se rompa amor tan grande, tratara de encontrar la mejor ocasin para hablarle, el modo mejor para sus intenciones. Rpidamente todos obedecen alegres sus rdenes y se apresuran a ejecutarlas. 295 Pero la reina (hay quien pueda engaar a un enamorado?) presinti la trampa y adivin el siguiente paso la primera, temiendo porque todo andaba bien. La despiadada Fama cont a la apasionada que se estaba preparando la flota y disponiendo su partida. Enloquece privada de la razn y recorre encendida toda la ciudad 300 como una bacante excitada ante el comienzo de sus ritos, cuando la estimulan al or a Baco las orgas trienales y la llama el nocturno Citern con su clamor. Increpa por ltimo a Eneas con estas palabras. Es que creas, prfido, poder ocultar 305 tan gran crimen y marcharte en silencio de mi tierra? Ni nuestro amor ni la diestra que un da te entregu ni Dido que se ha de llevar horrible muerte te retienen? Por qu, si no, preparas tu flota en invierno y te apresuras a navegar por alta mar entre los Aquilones, cruel? Es que si no tierras extraas y hogares 310 desconocidos buscases y en pie siguiera la antigua Troya, habras de ir a Troya en tus naves por un mar tempestuoso? Es de m de quien huyes? Por estas lgrimas mas y por tu diestra (que no me he dejado, desgraciada de m, otro recurso), por nuestra boda, por el emprendido himeneo, 315 si algo bueno merec de tu parte, o algo de la ma te result dulce, ten piedad de una casa que se derrumba, te lo ruego, y abandona esa idea, si hay an lugar para las splicas. Por tu culpa los pueblos de Libia y los reyes de los nmidas 320 me odian, en contra tengo a los tirios; tambin por tu culpa perd mi pudor y con lo que sola caminaba a las estrellas, mi fama primera. A quin me abandonas moribunda, mi husped (que slo esto te queda de tu antiguo nombre de esposo)? Qu puedo esperar? Tal vez que arrase mis murallas mi 325 hermano Pigmalin o que prisionera me lleve el getulo Yarbas? Si al menos hubiera recibido de ti algn retoo antes de tu huida, si algn pequeo Eneas me jugase en el patio, que te llevase de algn modo en su rostro, no me vera entonces de esta manera atrapada y abandonada. 330 Dijo. l no apartaba sus ojos de los mandatos de Jpiter y a duras penas ocultaba el dolor en su corazn. Responde por fin en pocas palabras: Yo a ti de cuanto puedas decir, reina, nunca te negar merecedora, ni me avergonzar acordarme de Elisa 335 mientras de m mismo tenga memoria, mientras un hlito gobierne mis miembros. Poco aadir en mi defensa. Ni yo trat de ocultar mi huida con una estratagema (no inventes), ni nunca del esposo te ofrec las antorchas o me compromet a pacto tal. Yo, si mis hados me permitieran guiar mi vida 340 segn mis deseos ybuscar mis propias preocupaciones, habilitara primero la ciudad de Troya y las dulces reliquias de los mos, en pie seguiran las altas moradas de Pramo y por mi mano habra levantado de nuevo Prgamo para los vencidos. Pero he aqu que Apolo Grineo a la grande Italia, a Italia las suertes licias me ordenaron marchar; 345 se es mi amor, sa mi patria. Si a ti, fenicia, las murallas te retienen de Cartago y la vista de una ciudad libica, por qu, di, te parece mal que los teucros se establezcan en tierra ausonia? Tambin nosotros podemos buscar reinos lejanos. A m la turbia imagen de mi padre Anquises, cada vez que la noche 350 cubre la tierra con sus hmedas sombras, cada vez que se alzan los astros de fuego, en sueos me advierte y me asusta; y mi hijo Ascanio y el dao que hago a su preciosa vida, a quien dejo sin reino en Hesperia y sin las tierras del hado. 355 Ahora, adems, el mensajero de los dioses mandado por el propio Jove (lo juro por tu cabeza y la ma) me trajo por las auras veloces sus mandatos: yo mismo vi al dios bajo una clara luz entrar en estos muros y beb su voz con sus propios odos. Deja ya de encenderme a m y a ti con tus quejas; 360 que no por mi voluntad voy a Italia. Hace rato le mira mientras habla con malos ojos, los revuelve aqu y all, y todo lo recorre con silenciosa mirada y as estalla por ltimo: Ni una diosa fue el origen de tu raza ni desciendes de Drdano, prfido, que fue el Cucaso erizado de duros peascos 365 quien te engendr y las tigresas de Hircania te ofrecieron sus ubres. Pues, por qu disimulo o a qu faltas mayores me reservo? Es que se abland con mi llanto? Baj acaso la mirada? Se rindi a las lgrimas o tuvo piedad de quien tanto le ama? Qu pondr por delante? Si ya ni la gran Juno 370 ni el padre Saturnio contemplan esto con ojos justos! No hay lugar seguro para la lealtad. Arrojado en la costa, lo recog indigente y compart, loca, mi reino con l. Su flota perdida y a sus compaeros salv de la muerte ( ay, las furias encendidas me tienen!), y ahora el augur Apolo 375 y las suertes licias y hasta enviado por el propio Jove el mensajero de los dioses le trae por las auras las horribles rdenes. Es, sin duda, ste un trabajo para los dioses, este cuidado inquieta su calma. Ni te retengo ni he de desmentir tus palabras: vete, que los vientos te lleven a Italia, busca tu reino por las olas. 380 Espero confiada, si algo pueden las divinidades piadosas, que suplicio hallars entre los peascos y que repetirs entonces el nombre de Dido. De lejos te perseguir con negras llamas y, cuando la fra muerte prive a estos miembros de la vida, 385 sombra a tu lado estar por todas partes. Pagars tu culpa, malvado. Lo sabr y esta noticia me llegar hasta los Manes profundos. Con estas palabras da la conversacin por terminada y, afligida, se aparta de las auras y se aleja, y se esconde de todas las miradas, dejando a quien mucho dudaba de miedo y mucho se dispona a decir. La recogen sus sirvientes y su cuerpo sin sentido 390 levantan del lecho marmreo y lo colocan en su cama. Y el piadoso Eneas, aunque quiere con palabras de consuelo mitigar su dolor y disipar sus cuitas, entre grandes suspiros quebrado su nimo por un amor tan grande, cumple sin embargo con los mandatos de los dioses y revisa la flota. 395 Se esfuerzan entonces los teucros y arrastran al mar por toda la costa las altas naves. Nada la quilla embreada, traen de los bosques hojosos remos y maderos toscos en su afn por huir. Se les ve de un lado para otro ybajar de toda la ciudad, 400 como cuando arramplan las hormigas con su carga de farro pensando en el invierno y la ponen en su refugio; avanza por los campos el negro batalln y en angosto sendero arrastra su botn entre las hierbas; unas los granos mayores empujan con los hombros, otras cuidan la formacin 405 y azuzan a las retrasadas, hierve el camino entero con su trabajo. Qu sentas entonces, Dido, al contemplar todo eso! Qu gemidos no dabas al ver de lo alto de la muralla hervir el litoral entero y animarse ante tus ojos la llanura con tanto gritero! 410 mprobo Amor, a qu no obligas a los mortales pechos! De nuevo a recurrir a las lgrimas, a intentarlo de nuevo con ruegos y, suplicante, se ve obligada a domear sus nimos ante el amor, que no ha de dejar nada sin probar en vano la que va a morir. 415 Ana, ves cmo por toda la costa se apresuran, de todas partes acuden; que la vela solicita ya las brisas y hasta gozosos los marinos colocaron guirnaldas sobre sus popas. Yo, si pude aguardar a este dolor tan grande, tambin, hermana ma, podr aguantarlo. Slo esto en mi desgracia 420 concdeme, Ana. Que slo a ti te respetaba aquel prfido, y a ti te confiaba tambin sus secretos sentimientos; slo t conocas sus momentos mejores y su disposicin. Ve, hermana ma, y habla suplicante a un enemigo orgulloso: no jur yo con los dnaos en ulide la destruccin 425 del pueblo troyano, ni envi contra Prgamo mi flota, ni he violado las cenizas de su padre Anquises, ni sus Manes. Por qu no deja que lleguen mis palabras a sus duros odos? Hacia dnde corre? Que al menos d un ltimo presente a la amante desgraciada: que espere una huida fcil y unos vientos propicios. 430 No reclamo ya el compromiso aquel que ha traicionado, ni que se quede sin su hermoso Lacio o abandone su reino; pido un tiempo muerto, descanso y tregua para mi locura, mientras mi suerte me ensea a soportar el dolor de la derrota. ste es el ltimo favor que pido (ten piedad de tu hermana) 435 y, si me lo concede, con creces se lo pagar con mi muerte. De esta manera suplicaba y tales llantos la desgraciada hermana lleva yvuelve a llevar. Mas a l no hay lgrima que lo conmueva ni quiere escuchar palabra alguna: los hados se lo impiden y un dios le tapa los odos imperturbables. 440 Y como cuando de un lado y de otro los Breas alpinos se pelean por arrancar la robusta encina de aoso tronco con sus soplidos; braman, y las altas ramas caen a tierra desde la copa golpeada; ella, sin embargo, a las rocas se clava y tanto su punta eleva 445 a las auras etreas como llega hasta el Trtaro con la raz: no de otro modo se ve batido el hroe de una y otra parte con insistencia, y en lo hondo de su noble pecho siente las cuitas; firme sigue su propsito, las lgrimas ruedan inanes. Entonces, aterrorizada por su sino, la infeliz Dido busca la muerte; odia contemplar ya la bveda del cielo. 450 Y para ms animarse a sacar adelante su plan y abandonar la luz, vio (horrible presagio), al dejar sus ofrendas sobre las aras donde arde el incienso, que negros se ponan los lquidos sagrados y sangre impura volverse los vinos libados; y a nadie cont lo que haba visto, ni a su hermana siquiera. 455 Adems, haba en su casa de mrmol un templo del antiguo esposo, que honraba con honor admirable, adornado de nveos vellones y fronda festiva; de aqu le pareci or sus voces y palabras, que la llamaba, cuando la oscura noche se apoderaba de la tierra, 460 y que por los tejados un bho solitario con fnebre canto se lamentaba a menudo hasta convertir su larga voz en llanto. Y muchas predicciones adems de antiguos vates la aterrorizan con terrible advertencia. La persigue fiero Eneas en persona en sus sueos de loca y siempre se ve a s misma 465 sola, abandonada, siempre sin compaa marchando por un largo camino y en una tierra desierta buscar a los tirios, como Penteo ve en su locura de las Eumnides la tropa y aparecer dos soles gemelos y una doble Tebas, 470 como aparece Orestes en la escena, hijo de Agamenn, cuando huye de su madre armada de antorchas y negras serpientes y en el umbral estn sentadas las Furias vengadoras. As que cuando, vencida por la pena, la invadi la locura y decret su propia muerte, el momento y la forma planea 475 en su interior, y dirigindose a su afligida hermana oculta en su rostro la decisin y serena la esperanza en su frente: He encontrado, hermana, el camino (felictame) que me lo ha de devolver o me librar de este amor. Junto a los confines del Ocano y al sol que muere 480 est la regin postrera de los etopes, donde el gran Atlante hace girar sobre su hombro el eje tachonado de estrellas: de aqu me han hablado de una sacerdotisa del pueblo masilo, guardiana del templo de las Hesprides, la que daba al dragn su comida y cuidaba en el rbol las ramas sagradas, 485 rociando hmedas mieles y soporfera adormidera. Ella asegura liberar con sus encantamientos cuantos corazones desea, infundir por el contrario a otros graves cuitas, detener el agua de los ros y hacer retroceder a los astros, y conjura a los Manes de la noche. Mugir vers 490 la tierra bajo sus pies y bajar los olmos de los montes. A ti, querida hermana, y a los dioses pongo por testigos y a tu dulce cabeza, de que a disgusto me someto a la magia. T levanta en secreto una pira dentro del palacio, al aire, y sus armas, las que dej el impo colgadas 495 en el tlamo y todas sus prendas y el lecho conyugal en el que perec, ponlos encima: todos los recuerdos de un hombre nefando quiero destruir, y lo indica la sacerdotisa. Dice estoy se calla, e inunda la palidez su rostro. Ana no advierte, sin embargo, que su hermana bajo ritos extraos 500 oculta su propio funeral, ni imagina en su mente locura tan grande o teme desgracia mayor que la muerte de Siqueo. As que obedece sus rdenes. La reina al fin, levantada la enorme pira al aire en lugar apartado con teas de pino y de encina, 505 adorna el lugar con guirnaldas y lo corona de ramas funerales; encima las prendas y la espada dejada y un retrato sobre el lecho coloca sin ignorar el futuro. Altares se alzan alrededor y la sacerdotisa, suelto el cabello, invoca con voz de trueno a sus trescientos dioses, y a rebo y Caos 510 y Hcate trigmina, los tres rostros de la virgen Diana. Y haba asperjado lquidos fingidos de la fuente del Averno, y se buscan hierbas segadas con hoces de bronce a la luz de la luna, hmedas de la leche del negro veneno; se busca asimismo el filtro arrancado de la frente del potrillo 515 mientras naca, quitndoselo a su madre. La propia reina junto a los altares, con uno de sus pies desatado, la harina sagrada en las piadosas manos y el vestido suelto, pone por testigos a los dioses de que va a morir y a las estrellas sabedoras del destino, y reza entonces al numen justo y memorioso, 520 si es que lo hay, que cuida de los amores no correspondidos. La noche era, y gozaban del plcido sopor los cuerpos fatigados por las tierras, y haban callado los bosques y las feroces llanuras, cuando giran los astros en mitad de su cada, cuando enmudece todo campo, los ganados y las pintadas aves, 525 cuanto los lquidos lagos y cuanto los campos erizados de zarzas habita, entregado al sueo bajo la noche callada. 527 Mas no la fenicia de infeliz corazn, en ningn momento 529 se abandona al sueo o acoge en sus ojos o en su pecho 530 a la noche: se le doblan las penas y alzndose de nuevo amor la mortifica y flucta en gran tormenta de ira. As vuelve a insistir y as da vueltas consigo en su corazn: Qu hago, ay! He de servir de burla a mis antiguos pretendientes? Buscar matrimonio suplicante entre los nmidas, 535 a quienes ya tantas veces desde como maridos? He de seguir si no a las naves de Ilin y las orgullosas rdenes de los teucros? Tal vez por la ayuda con la que les salv an permanece en su memoria el agradecimiento por mi accin? Mas aun si as lo quiero, quin lo permitir y odiosa 540 me acoger en las naves soberbias? Acaso no lo sabes, pobre de ti, y no conoces an los perjuicios del pueblo de Laomedonte? Qu, entonces? Acompaar sola en su huida a los victoriosos marinos o con los tirios y todo el apretado grupo de los mos me dejar llevar lanzando de nuevo a las aguas a cuantos a la fuerza 545 arranqu de la ciudad sidonia y ordenar dar velas al viento? No, no. Muere, te lo has ganado, y aleja tu sufrir con la espada. T vencida por mis lgrimas; t, hermana ma, mi locura cargas la primera de desgracias y me ofreces al enemigo. No he podido pasar mi vida sin bodas y sin culpa, 550 como las fieras salvajes, sin probar cuitas tales; no he mantenido la palabra dada a las cenizas de Siqueo. Lamentos tan grandes rompa ella en su pecho: Eneas, decidido a partir, en lo alto de su popa gozaba sus sueos tras disponerlo todo segn el rito. 555 En sueos se le present la imagen del dios que volva con el mismo rostro y as de nuevo le pareci decir, en todo semejante a Mercurio, en la voz y el color, as como los rubios cabellos y el cuerpo de juventud adornado: Hijo de la diosa, puedes dormir en una hora como sta, por ms que ves el peligro acechar a tu alrededor, 560 inconsciente, y no oyes cmo los Cfiros su favor te brindan? Mira que esa mujer trama en su pecho engaos y un horrendo crimen, dispuesta a morir, y suscita diversas tempestades de ira. No te marchas al punto de aqu, ahora que puedes escapar? 565 Has de ver el mar entubiarse de maderos, y crueles antorchas encenderse, el litoral hervir en llamas, si la Aurora te sorprende entretenido an por estas tierras. Ea, nimo. Date prisa, que cosa varia es siempre y mudable la mujer. Tras as decir se confundi con la negra noche. 570 Entonces, por fin, Eneas, asustado por las sombras repentinas, saca su cuerpo del sueo y a sus compaeros fatiga presurosos: Atentos, amigos, y a los remos! Soltad las velas, rpido! Que un dios ha llegado del alto cielo a precipitarla marcha y las retorcidas amarras nos anima de nuevo a desatar. Vamos tras de ti, santo dios, 575 quienquiera que seas, y gozosos te obedecemos de nuevo. Asstenos favorable y aydanos y ponnos los astros propicios en el cielo. Dijo, y saca la espada de la vaina relampagueante y corta con golpe preciso las sogas. El mismo ardor se apodera de todos, y se lanzan y corren; 580 dejaron las playas, se esconde el mar bajo las naves, se esfuerzan en agitar la espuma y barren las olas azules. Y ya la Aurora primera regaba las tierras con nueva claridad, abandonando el lecho azafrn de Titono. 585 La reina cuando desde su atalaya vio blanquear la luz primera y a la flota avanzar con las velas en lnea, y not playas y puertos vacos y sin remeros, golpeando tres y cuatro veces con la mano su hermoso pecho y mesndose el rubio cabello: Por Jpiter! Se va a marchar ste?, dice. Se burlar un extranjero de mi poder? 590 No tomarn los mos las armas y bajarn de la ciudad entera, no arrancarn las naves de sus diques? Id, volad presurosos con el fuego, disparad las flechas, impulsad los remos! Qu estoy diciendo? Dnde estoy? Qu locura agita mi mente? Pobre Dido, ahora te afectan las impas acciones? 595 Debiste hacerlo al tiempo de entregarle tu cetro. Ay, diestra y promesa! Y dicen que lleva consigo los patrios Penates, que ofreci sus hombros a un padre vencido por la edad! Es que no pude destrozar su cuerpo y esparcir por las olas sus pedazos? Ni pasar por la espada a sus compaeros 600 y al propio Ascanio, y servirlo luego en la mesa de su padre? Mas incierta habra sido la fortuna del combate. Igual daba! A quin temer, si iba ya a morir? Antorchas habra lanzado contra su campamento y habra llenado de fuego todas sus esquinas, y al hijo y al padre 605 habra liquidado con su pueblo, y yo misma me habra lanzado a la hoguera. Oh, Sol, que todos los afanes de la tierra iluminas con tus rayos! Y t, Juno, intrprete y sabedora de mis cuitas, y Hcate, ululada de noche en los cruces de las ciudades, y Furias de la venganza y dioses de Elisa que se muere! Aceptad esto, caed sobre los malvados con justo numen 610 y escuchad nuestras plegarias. Si es preciso que arribe a puerto este ser infando y navegue hasta tierra, y as lo exigen los hados de Jove y est determinado este final, que al menos perseguido por la guerra y las armas de un pueblo audaz, expulsado de sus territorios, arrancado del abrazo de Julo 615 implore auxilio y contemple las muertes indignas de los suyos, y que, cuando se haya colocado bajo una ley inicua, ni disfrute del reino ni de la luz ansiada, sino que caiga antes de tiempo y quede insepulto en la arena. Esto pido, esta voz ma derramado la ltima junto con mi sangre. 620 Luego vosotros, tirios, perseguid con odio a su estirpe y a la raza que venga, y dedicad este presente a mis cenizas. No haya ni amor ni pactos entre los pueblos. Y que surja algn vengador de mis huesos que persiga a hierro y fuego a los colonos dardanios 625 ahora o ms tarde, cuando se presenten las fuerzas. Costas enfrentadas a sus costas, olas contra sus aguas imploro, armas contra sus armas: peleen llos mismos y sus nietos. Esto dice, y a todas partes diriga su nimo, 630 buscando romper cuanto antes una luz odiada. Y entonces habl brevemente a Barce, nodriza que fue de Siqueo, que a la suya negra ceniza tena en su antigua patria: A Ana, mi querida nodriza, llama aqu a mi hermana. Dile que se apresure a lavar su cuerpo con agua del ro, 635 y que traiga consigo los animales y las vctimas prescritas. Que venga as, y t misma cie tus sienes con las nfulas santas. El sacrificio a Jpiter Estigio que comenc y dispuse segn el rito, tengo intencin de cumplirlo y acabar as con mis cuitas entregando a las llamas la pira del dardanio. As dice. Y ya apresuraba la otra el paso con senil afn. 640 Mas Dido, enfurecida y trmula por su empresa tremenda, volviendo sus ojos en sangre y cubriendo de manchas sus temblorosas mejillas y plida ante la muerte cercana, irrumpe en las habitaciones de la casa y sube furibunda 645 a la pira elevada y la espada desenvaina dardania, regalo que no era para este uso. En ese momento, cuando las ropas de Ilin y el lecho conocido contempl, en breve pausa de lgrimas y recuerdos, se recost en el divn y profiri sus ltimas palabras: Dulces prendas, mientras los hados y el dios lo permitan, 650 acoged a esta alma y libradme de estas angustias. He vivido, y he cumplido el curso que Fortuna me haba marcado, yes horade que marche bajo tierra mi gran imagen. He fundado una ciudad ilustre, he visto mis propias murallas, castigo impuse a un hermano enemigo tras vengar a mi esposo: 655 feliz, ah!, demasiado feliz habra sido si slo nuestra costa nunca hubiesen tocado los barcos dardanios. Dijo, y, la boca pegada al lecho: Moriremos sin venganza, mas muramos, aade. As, as me place bajar a las sombras. 660 Que devore este fuego con sus ojos desde alta mar el troyano cruel y se lleve consigo la maldicin de mi muerte. Haba dicho, y entre tales palabras la ven las siervas vencida por la espada, y el hierro espumante de sangre y las manos salpicadas. Se llenan de gritos los altos 665 atrios: enloquece la Fama por una ciudad sacudida. De lamentos resuenan los techos y de los gemidos y el ulular de las mujeres, el ter de gritos horribles, no de otro modo que si Cartago entera o la antigua Tiro cayeran ante el acoso del enemigo y llamas enloquecidas 670 se agitasen por igual en los tejados de los dioses y de los hombres. Lo oy su hermana sin aliento y en temblorosa carrera asustada, hirindose la cara con las uas y el pecho con los puos, se abalanza y llama por su nombre a la agonizante: As que esto era, hermana ma? Con trampas me requeras? Esto esa pira, estos fuegos y altares me reservaban? 675 Qu lamentar primero en mi abandono? Desprecias en tu muerte la compaa de tu hermana? Me hubieras convocado a un sino igual, que el mismo dolor y la misma hora nos habran llevado a ambas. He levantado esto con mis manos y con mi voz he invocado a los dioses patrios para faltarte, cruel, en tu muerte? 680 Has acabado contigo y conmigo, hermana, con el pueblo y los padres sidonios y con tu propia ciudad. Dejadme, lavar sus heridas con agua y si anda errante an su ltimo aliento con mi boca lo he de recoger. Dicho esto haba subido los altos escalones, 685 y daba calor a su hermana medio muerta con el abrazo de su pecho entre lamento y con su vestido secaba la negra sangre. Cay aqulla tratando de alzar sus pesados ojos de nuevo; gimi la herida en lo ms hondo de su pecho. Tres veces apoyada en el codo intent levantarse, 690 tres veces desfalleci en el lecho y busc con la mirada perdida la luz en lo alto del cielo y gimi profundamente al encontrarla. Entonces Juno todopoderosa, apiadada de un dolor tan largo y de una muerte difcil a Iris envi desde el Olimpo a quebrar un alma luchadora y sus atados miembros. 695 Que, como no reclamada por su sino ni par la muerte se marchaba la desgraciada antes de hora y presa de repentina locura, an no le haba cortado Prosrpina el rubio cabello de su cabeza, ni la haba encomendado al Orco Estigio. Iris por eso con sus alas de azafrn cubiertas de roco 700 vuela por los cielos arrastrando contra el sol mil colores diversos y se detuvo sobre su cabeza. Esta ofrenda a Dite recojo como se me ordena y te libero de este cuerpo. Esto dice y corta un mechn con la diestra: al tiempo todo calor desaparece, y en los vientos se perdi su vida. 705 LIBRO V Entretanto Eneas ya mantena seguro su rumbo con la flota y del Aquiln negras cortaba las olas volvindose a mirar las murallas que ya resplandecen con las llamas de la infeliz Elisa. Oculta les queda la causa que encendiera fuego tan terrible; mas las penas duras de un amor grande 5 mancillado, y el saber de qu es capaz una mujer desesperada lo toman los corazones de los teucros como triste presagio. Cuando las naves ocuparon el mar y ya ninguna tierra les viene al encuentro, mar por todo y por todo cielo, a l cerleo nubarrn se le par sobre la cabeza 10 llevando noche y tormenta y se encresp la ola de tinieblas. El propio Palinuro, el piloto, desde su alta popa: Ay!, por qu nimbos tan grandes han ceido el ter? Qu nos deparas, padre Neptuno? Luego que as dijo ordena arriar las velas y ponerse a los fuertes remos, 15 y ofrece pliegues oblicuos al viento, y aade esto: Magnnimo Eneas, ni aunque Jpiter me lo prometiera con su respaldo esperara yo tocar Italia con este cielo. Opuestos rugen los vientos de costado y se levantan de lo negro de la tarde y el aire se condensa en nubes. 20 Y no podemos nosotros luchar en su contra ni hacer tan gran esfuerzo. Puesto que nos vence Fortuna, sigamos y pongamos rumbo a donde nos llama. No creo lejanas las seguras costas de tu hermano rice y los puertos sicanos, si es que bien recuerdo y vuelvo a medir los astros ya observados. 25 Y el piadoso Eneas: En verdad as veo hace rato que lo piden los vientos y que en vano te empeas en su contra. Dobla el camino a las velas. Puede haber tierra ms grata para m o a donde ms quisiera llevar mis naves cansadas que la que me guarda al dardanio Acestes y abraza en su seno los huesos de mi padre Anquises? 30 Cuando dijo esto, a los puertos se dirigen y Cfiros propicios les inflan las velas; avanza por las aguas rauda la flota, y al fin gozosos arriban a la playa conocida. Y a lo lejos desde la elevada cumbre de un monte se asombra 35 Acestes de su llegada y baja al encuentro de las naves amigas, erizado de sus jabalinas y la piel de una osa de Libia: concebido por el ro Criniso una madre troyana lo haba tenido. Sin olvidar a sus antiguos padres se alegra con los que vuelven y con agrestes tesoros gozoso 40 les recibe, y cansados les reconforta con amistosa ayuda. Cuando el da siguiente, luminoso, haba espantado a las estrellas con el otro primero, a los compaeros de toda la playa convoca Eneas a reunin y habla desde la altura de un tmulo: Grandes Dardnidas, estirpe de la alta sangre de los dioses, 45 se cierra el crculo de un ao con sus meses cumplidos desde que los restos y los huesos de mi divino padre cubrimos con tierra y consagramos altares afligidos; y ya ha llegado el da, si no me engao, que siempre por acerbo y por honrado he de tener (as lo quisisteis, dioses). As exiliado lo pasara yo en la Sirtes getulas, 50 o en el mar arglico atrapado o en la ciudad de Micenas, votos anuales y, por orden, solemnes pompas le rendira y colmara sus altares de presentes. Mucho ms hoy: a las cenizas y los huesos de mi propio padre 55 hemos llegado, creo, en verdad no sin la intencin de los dioses ni sin su numen y se nos ha hecho entrar en un puerto amigo. As que nimo y celebremos todos alegre ceremonia: invoquemos a los vientos, y ojal l me acepte todos los aos en la nueva ciudad estas ofrendas en los templos que le dediquemos. 60 Acestes, un hijo de Troya, da dos cabezas de bueyes para cada una de vuestras naves: invitad al banquete a los Penates patrios y a los que venera el husped Acestes. Y adems, cuando la novena Aurora haya trado a los mortales el almo da y haya despejado el orbe con sus rayos, 65 dispondr en primer lugar para los teucros un combate de las naves veloces; y el que vale en la carrera a pie, y el que osado de fuerzas llega ms lejos con la jabalina y las rpidas flechas, o se anima a presentar batalla con el rudo cesto, acudan todos y aguarden el premio de la merecida palma. 70 Guardad todos silencio y ceid con ramos vuestras sienes. Dicho esto cubre con el mirto materno sus sienes. As hace Hlimo, as Acestes por la edad maduro, as el nio Ascanio, y les sigue toda la juventud. l desde la asamblea con muchos millares se diriga 75 al tmulo, en el centro de numerosa compaa. Aqu libando segn el rito dos copas de vino puro las verti en tierra, dos de leche nueva, dos de sangre consagrada, y esparce flores purpreas, y esto dice: Salve, sagrado padre, de nuevo; salve, cenizas en vano 80 recobradas, y nimas y sombras paternas. No se me concedi buscar contigo los territorios talos ni los campos del destino ni, dondequiera que est, el Tiber ausonio. As haba dicho, cuando una lbrica serpiente del hondo recinto sac, enorme, sus siete anillos, sus siete revueltas, 85 en plcido abrazo al tmulo y deslizndose por los altares; el lomo tena cubierto de manchas azulencas y de oro un fulgor encenda sus escamas, como el arco en las nubes esparce contra el sol mil diversos colores. Se paraliz Eneas con la visin. Ella en larga lnea 90 serpentea por fin entre las pteras y los vasos bruidos y gust las viandas ybaj de nuevo sin dao a lo profundo del tmulo y dej los probados altares. Por esto ms reanuda los emprendidos honores a su padre, dudando si pensar en un genio del lugar o en un siervo 95 de su padre; sacrifica segn la costumbre dos ovejas y otros tantos cerdos y los mismos novillos de negro lomo, y vino derramaba con las pteras y el alma invocaba de Anquises el grande y sus Manes devueltos del Aqueronte. Y as tambin los compaeros, segn cada cual puede, gozosos 100 llevan sus ofrendas, colman los altares y matan novillos; calderos colocan otros en fila y dispersos por la hierba amontonan las brasas bajo los asadores y queman las vsceras. Haba llegado el da esperado yya los caballos de Faetonte la novena Aurora traan con su luz serena, 105 y la noticia y del ilustre Acestes el nombre a los comarcanos haban congregado; en alegre reunin la playa llenaban por ver a los Enadas y otros dispuestos a competir. Primero ante sus ojos se disponen los presentes de la arena en el centro, los trpodes sagrados y las verdes coronas 110 y las palmas, premio para los vencedores, y las armas y las ropas teidas de ppura, talentos de oro y de plata; y canta la trompa de lo alto de una duna el comienzo de los juegos. Avanzan iguales para el certamen primero cuatro naves de pesados remos escogidas de toda la flota. 115 Mnesteo gua con fiera tripulacin la veloz Pristis, talo muy pronto Mnesteo, de quien el nombre de la estirpe de Memmio; y Gas la inmensa Quimera de inmensa mole como de una ciudad, que en triple hilera la juventud impele dardania, se alzan sus remos en tres filas; 120 y Sergesto, del que recibe su nombre la casa Sergia, avanza sobre la gran Centauro y Cloanto en la Escila cerlea, de donde tu estirpe, romano Cluentio. Hay a lo lejos en el mar un peasco frente a la espumantes riberas que a veces, sumergido, lo baten las olas 125 hinchadas cuando los Cauros de invierno ocultan los astros; en la bonanza calla y sobre las olas inmviles asoma, prado y solana gratsimos para los tibios somormujos. Aqu coloc el padre Eneas una verde meta de frondoso arce, una seal para los marineros de donde regresar 130 supieran y en torno a donde doblar la larga carrera. Luego eligen a suertes los puestos y los propios capitanes en sus popas brillan de oro a lo lejos y de prpura relucientes; los dems jvenes se cubren con hojas de chopo y resplandecen con los hombros desnudos untados de aceite. 135 Se sientan en los bancos, atentos los brazos a los remos; atentos aguardan la seal, y consume sus excitados corazones un ansia pulsante y un vehemente deseo de gloria. Luego, cuando la clara trompa lanz la seal -no hay retraso- todos saltaron de sus marcas; hiere el ter un clamor 140 marinero y las aguas se hacen espuma por el batir de brazos. Hienden los surcos a la vez, y toda se abre la llanura agitada por los remos y los rostros tridentes. No tanto se precipitan en la carrera de bigas al llano corriendo ni se lanzan los carros fuera de la barrera, 145 ni as hacen restallar los aurigas las riendas ondeantes sobre los veloces caballos e inclinados hacia adelante los azotan. Luego con el aplauso y los gritos de los hombres y los nimos de sus seguidores resuena todo el bosque y las playas recogidas hacen volar la voz, y devuelven el eco los collados por el clamor sacudidos. 150 Escapa antes que los dems y se desliza por las olas primeras Gas entre la turba y los gritos; despus le sigue Cloanto, mejor con los remos, aunque el lento pino le frena con su peso. Tras ellos, a igual distancia, la Pristis y la Centauro disputan por ocupar el lugar primero, 155 y ya lo tiene la Pristis, ya vencida la sobrepasa la enorme Centauro, ya ambas a la vez avanzan con sus frentes pegadas y con largas carenas surcan las olas saladas. Y ya se acercaban al peasco y la meta tocaban, cuando el primero, Gas, vencedor en medio de las aguas 160 increpa con sus palabras al timonel de su nave, Menetes: Dnde te me vas tan a la derecha? Vuelve aqu la proa; besa la costa y deja que el remo roce las rocas por la izquierda; que otros ocupen las aguas profundas. Dijo; pero Menetes, temiendo los ciegos escollos, dobla la proa hacia las ondas del pilago. 165 Dnde vas tan lejos?, de nuevo, Busca las rocas, Menetes!, con sus gritos Gas le insista, y en eso ve a Cloanto que se pone a su espalda y cada vez ms cerca. ste entre la nave de Gas y las rocas resonantes costea a la izquierda por el lado interno y de pronto al primero 170 adelanta y pasando la meta entra en aguas seguras. Entonces en verdad un intenso dolor se encendi en los huesos del joven y no faltaron lgrimas en sus mejillas, y al miedoso Menetes, olvidando su propio decoro y la seguridad de sus amigos, lo arroja de cabeza al mar desde la alta popa; 175 l mismo se pone a gobernar el timn, l mismo en timonel anima a sus hombres y dirige el gobernalle hacia la costa. Por su lado, Menetes cuando apenas logr salir de la profunda hondura, pesado yya anciano y chorreando con la ropa empapada, busca lo alto del arrecife y se sienta sobre una roca seca. 180 De l al caer se rieron los teucros y cuando nadaba, y se ren cuando vomita de su pecho el agua salada. Entonces una alegre esperanza se encendi en los dos ltimos, en Sergesto y Mnesteo, de superar a un Gas que se retrasaba. Sergesto se adelanta primero y se acerca al peasco, 185 y no le saca an de ventaja toda la carena; en parte el primero, en parte lo alcanza con su rostro mula Pristis. Y movindose en el centro de la nave entre sus compaeros les anima Mnesteo: Ahora, alzaos ahora sobre los remos, hectreos amigos a quienes eleg por compaeros en la suerte 190 suprema de Troya; sacad ahora aquellas fuerzas, ahora los nimos que tuvisteis en las Sirtes getulas y en el mar Jonio y en las olas tenaces del Malea. No busco ya la cabeza, yo Mnesteo, ni lucho por vencer (aunque... oh! Mas ganen aquellos a los que se lo diste, [Neptuno); 195 avergoncmonos de llegar los ltimos: triunfad en eso, ciudadanos, y evitad el oprobio. Ellos en un supremo esfuerzo se doblan: tiembla con los golpes tremendos la popa de bronce y el mar se retira, entonces un constante anhelo sacude sus miembros y las ridas bocas, el sudor corre a ros por todo. 200 Y fue un golpe de suerte quien les depar el honor ansiado: pues mientras con nimo furioso acerca Sergesto su proa a las rocas y se mete por dentro en una zona estrecha, encall el desgraciado en las rocas prominentes. Los peascos recibieron el impacto y contra el agudo arrecife 205 los remos se hicieron pedazos y colgada qued la proa tras el golpe. Se alzan los marineros y se detienen entre grandes gritos y las prtigas de hierro y los garfios de aguda punta toman y recogen en el agua los pedazos de los remos. Mas alegre Mnesteo y enardecido por esta misma suerte, 210 con la veloz lnea de sus remos y los vientos propiciados busca mejores aguas y corre a mar abierto. Cual la paloma arrojada de pronto de la cueva que, escondrijo de piedra, de casa le sirve y de dulce nido, se lanza volando a los campos y asustada causa en su techo 215 gran aleteo; al punto se desliza por el aire quieto y traza un lmpido camino sin mover sus alas veloces: as Mnesteo, as la propia Pristis surca en su huida postrera los mares, as su propio impulso la lleva volando. Y primero deja peleando con el alto peasco 220 a Sergesto y con los breves vados y en vano pidiendo auxilio y aprendiendo a correr con los remos quebrados. Luego a Gas y a la propia Quimera de inmensa mole alcanza; cede, porque no tiene timonel. Slo queda ya Cloanto justo en la llegada, 225 al que busca y apremia empendose con todas sus fuerzas. Y entonces redobla el clamor y todos al segundo animan con sus gritos, y resuena con el fragor el ter. Unos temen perder una gloria ya propia y un premio ya ganado, y cambian su vida por la victoria; 230 a otros el xito les alienta: pueden porque creen que pueden. Y tal vez habran conquistado los premios con rostros empatados, si tendiendo al ponto ambas palmas Cloanto no hubiera vertido sus oraciones e invocado con votos a los dioses: Dioses que poder tenis sobre el mar cuyas aguas recorro, 235 gozoso he de ofreceros yo un toro blanco en esta playa ante las aras, cumpliendo un voto, y sus entraas arrojar a las olas saladas y verter lquidos vinos. Dijo, y bajo las olas profundas lo escuch todo el coro de las Nereidas y de Forco y la virgen Panopea, 240 y el propio padre Portuno lo impuls con mano grande en su marcha: la nave, ms rauda que el Noto y que veloz saeta escap hacia tierra y se meti en el puerto profundo. Entonces el hijo de Anquises a todos convoca segn la costumbre y con la gran voz del heraldo vencedor proclama 245 a Cloanto y con verde laurel cubre sus sienes, y deja que cada nave elija como presentes tres terneros y que se lleven los vinos y un gran talento de plata. Honores especiales concede para los propios capitanes; al vencedor una clmide de oro cuya orla recorre 250 en doble meandro muchsima prpura melibea, y, bordado, el regio muchacho del frondoso ida fatiga a los veloces ciervos con su jabalina, en la carrera fiero, como jadeando, al que el alado escudero de Jove se llev a lo alto desde el Ida en sus curvas garras; 255 los ancianos guardianes tienden en vano sus palmas a los astros y se ensaa con el aire el ladrido de los perros. Y el que por su valor ocup despus el lugar segundo, a ese una loriga tejida de mallas ligeras y triple hilo de oro que l mismo vencedor arrancara a Demleo 260 junto al rpido Simunte al pie de la alta Ilin, se la da para que la tenga, gloria de un guerrero y reparo en las armas. Apenas, tan tupida, la aguantaban sobre sus hombros los esclavos Fgeo y Sgaris; mas vistindola un da Demleo persegua a la carrera a los dispersos troyanos. 265 Como tercer premio entrega dos calderos de bronce y copas terminadas en plata y speras de relieves. Y ya todos con sus presentes y orgullosos de sus premios se marchaban con las sienes ceidas de purpreas cintas, cuando escapado apenas con gran habilidad del cruel escollo, 270 con los remos perdidos y a falta de una fila entera, impulsaba sin honor Sergesto su nave, objeto de burlas. Cual a menudo sorprendida la serpiente en el lomo del camino, que la rueda de bronce pis por la mitad o a golpes de piedra cruel caminante la dej medio muerta y aplastada; 275 en vano huyendo largas vueltas da con su cuerpo, feroz en parte, y ardiente en sus ojos y alzando en alto el cuello sibilante; la parte mutilada por la herida la frena en su esfuerzo sobre los nudos y se pliega sobre s misma: con tales remos se mova tarda la nave; 280 velas larga no obstante y a toda vela entra en la bocana. Eneas premia a Sergesto con el regalo prometido, contento, por salvar su nave y traer a sus compaeros. A l le entrega una esclava experta en los trabajos de Minerva, de estirpe cretense, Fleo, con dos gemelos bajo su pecho. 285 Cumplida esta carrera, el piadoso Eneas se dirige a un prado herboso que por todo cean las selvas de curvos collados, y era como un anfiteatro en medio del valle; all se encamin el hroe con muchos millares y en alto se sent de la reunin en el centro. 290 Entonces, los que quieran competir en rpida carrera, los nimos estimula con regalos y fija los premios. De todas partes acuden los teucros y con ellos los sicanos, Niso y Euralo los primeros, Euralo sealado por su belleza y en la flor de la edad, 295 Niso con piadoso amor por el muchacho; les sigue luego el regio Diores de la egregia estirpe de Pramo; con l, Salio y Patrn, de los que uno acarnanio y el otro de la sangre arcadia del pueblo tegeo; tambin dos jvenes trinacrios, Hlimo y Pnopes, 300 compaeros del anciano Acestes hechos a los bosques; y muchos an a quienes esconde una fama oscura. Eneas en medio de todos ellos as dijo luego: Recibid esto en el corazn y prestadme atencin gozosa. Nadie de este grupo se marchar sin que lo premie. 305 Dar a cada uno de hierro bruido dos lucientes dardos cnosios y un hacha doble cincelada en plata; este honor ser, pues, igual para todos. Premios los tres primeros recibirn y ceirn su cabeza con rubio olivo. El vencedor primero tenga un caballo distinguido por sus jaeces; 310 el segundo una aljaba de las Amazonas y llena de dardos tracios, que cuelga de una correa con ancha banda de oro y anuda una fbula de piedras preciosas; el tercero vaya contento con este yelmo de Argos. Luego que dijo esto, ocupan sus lugares, y escuchada de pronto 315 la seal se roban el terreno y dejan la salida, desparramndose como una nube. Todos miran la meta, y marcha el primero Niso y destaca con mucho sobre los otros ms rpidos que el viento y las alas del rayo; el segundo, mas el segundo tras largo intervalo, 320 le sigue Salio; despus de un trecho luego el tercero Euralo; y a Euralo le sigue Hlimo; justo a su espalda all va volando Diores que le va pisando los talones atacndole con el hombro, y si hubiera ms sitio 325 se escapara al lugar mejor y lo dejara inseguro. Y ya en el tramo final y cansados se aproximaban a la misma meta cuando el desgraciado Niso resbala en la sangre viscosa que inmolados los novillos por caso haba cado al suelo y empapado las verdes hierbas. 330 Aqu el joven ya triunfante vencedor no domin sus pasos vacilantes al pisar sobre el suelo y cay de cabeza sobre l en el inmundo fimo y en la sangre sagrada. Mas no de Euralo, no se olvid aqul de sus amores: pues alzndose del charco se puso frente a Salio 335 y ste cay dando vueltas en la espesa arena y se escapa Euralo yvictorioso por el favor del amigo ocupa el primer puesto, y vuela entre el aplauso y los gritos de apoyo. Luego entra Hlimo yla palma tercera es ya de Diores. Entonces todo el crculo de la enorme cvea y los rostros 340 primeros de los padres Salio llena con grandes gritos, y para s reclama el honor arrebatado con trampas. Protege a Euralo el favor y las hermosas lgrimas, y el valor que se hace ms grato en un bello cuerpo. Le asiste y lo proclama con gran voz Diores, 345 que alcanz su palma y en vano lleg al ltimo premio si los primeros honores se dieran a Salio. Entonces el padre Eneas: Vuestros presentes -dice- seguros siguen con vosotros, y nadie cambia el orden de las palmas, muchachos; mas pueda yo compadecerme de la desgracia del amigo inocente. 350 Dicho esto la piel enorme de un len getulo entrega a Salio, cargada de pelo y con las uas de oro. A esto Niso: Si premios tan grandes -dice- hay para los vencidos, y pena te dan los cados, qu presentes a Niso dignos dars, que merec por mi hazaa la primera corona 355 de no haberme tumbado, enemiga, la misma fortuna que a Salio? Y a la vez que hablaba su rostro mostraba y sus miembros manchados del hmedo fimo. Le sonri el ptimo padre y mand traer un escudo, trabajo de Didimaon, que arrancaron los dnaos del sagrado dintel de Neptuno. 360 Con este hermoso presente premia al joven egregio. Luego, cuando acab la carrera y entreg los premios: Ahora, si alguno nimo y valor guarda en su pecho, presntese y levante sus brazos con las palmas fajadas, as dice, y propone un doble honor para el combate: 365 al vencedor un novillo cubierto de oro y de cintas, una espada y un hermoso yelmo como consolacin para el vencido. Al punto, sin tardanza, con vastas fuerzas se presenta Dares y se alza entre gran gritero de los hombres, el nico que sola competir con Paris 370 y tambin, junto al tmulo donde duerme Hctor el grande, al victorioso Butes de enorme cuerpo, el que presuma de venir del pueblo bebricio de Amico, le golpe y lo tumb moribundo en la rubia arena. As Dares yergue su alta cabeza para el combate primero 375 y muestra sus anchos hombros y lanza adelante alternadamente los brazos y azota las auras con sus golpes. Se le busca un rival, y nadie de grupo tan grande osa enfrentrsele y enfundarse el cesto en las manos. As que orgulloso y pensando que todos renunciaban a la palma 380 se plant ante los pies de Eneas y sin rodeos agarra el toro por un cuerno con la izquierda, y as dice: Hijo de la diosa, si nadie osa acudir al combate, cunto debo esperar? Cunto se me debe entretener? Ordena que traigan los premios. Todos a lavez gritaban 385 los Dardnidas y pedan que se le entregase lo prometido. Entonces Acestes, severo, azuza con sus palabras a Entelo segn estaba sentado a su lado en el verde lecho de hierba: Entelo, en vano un da el mejor de nuestros hroes, dejars que se lleven presentes tan grandes 390 sin presentar batalla? Dnde est ahora aquel dios nuestro, rice, maestro intilmente celebrado? Dnde la fama por toda la Trinacria y aquellos despojos colgando de tu techo? Y l a eso: No me dej el amor de gloria ni el honor vencidos por el miedo; pero la glida sangre me entorpece 395 con la pesada vejez, y se enfran en mi cuerpo las fuerzas extremas. Si yo tuviera aquella juventud de antao de la que presume seguro este malvado, si ahora la tuviera, en verdad no me presentara yo animado por el premio y el hermoso novillo, que no me fijo en los regalos. Dicho esto 400 arroj dos cestos iguales de enorme peso al centro, con los que el fiero rice sola en la lucha lanzar sus manos y revestir sus brazos de duro cuero. Atnitos quedaron los corazones; las pieles ingentes de siete bueyes bien grandes rgidas estaban de plomo y de hierro cosido. 405 Estupefacto ms que nadie Dares mucho retrocede, y el magnnimo hijo de Anquises sopesa y da vueltas ac y all al peso, y las inmensas lazadas de las correas. Luego el anciano sacaba estas palabras de su pecho: Bien, y si hubirais visto los cestos y las armas del propio 410 Hrcules y su triste lucha en esta misma playa? Un da tu hermano rice llevaba estas armas (las ves an manchadas de sangre y de trozos de sesos), con ellas se enfrent al gran Alcides, stas usaba yo mientras una sangre mejor fuerzas me daba y an no llenaba 415 de canas mis sienes gemelas la vejez envidiosa. Mas si el troyano Dares rehsa estas armas nuestras y as lo quiere el piadoso Eneas y lo aprueba el muidor Acestes, igualemos la lucha. De las pieles de rice te libero (no temas), y qutate t esos cestos troyanos. 420 Dicho esto se quit el manto doble de los hombros y sus miembros enormes, los grandes huesos y los brazos desnud y enorme se plant en el centro de la arena. Entonces el padre de la sangre de Anquises trajo cestos iguales y revisti de armas parejas las palmas de ambos. 425 Los dos se alzaron al punto sobre la punta de los pies e impvidos levantaron los brazos a las auras superiores. Las cabezas, en alto, las echaron atrs, lejos del golpe, y abrazan manos con manos y provocan la lucha, uno mejor con el juego de pies y en su juventud confiado, 430 el otro poderoso de miembros y talla; pero tiembla y le fallan las torpes rodillas, un profundo jadeo sacude su cuerpo enorme. Muchos golpes se lanzan en vano los hombres, mucho se aplican al cavo costado y en su pecho retumban las sacudidas, y en torno a las orejas y las sienes 435 vaga la mano constante, crujen las mandbulas por el duro golpe. Firme se queda plantado Entelo y con esfuerzo, sin moverse, esquiva slo con el cuerpo los golpes y con ojos atentos. El otro, como quien asedia una ciudad escarpada con sus mquinas o acampa en armas en torno a las fortalezas de los montes, 440 y uno y otro acceso, y todo el lugar explora con maa y con asaltos diversos la ataca en vano. Muestra Entelo su diestra erguido y la levanta en alto, el otro rpido prev el golpe que le cae de arriba y lo evita escapando con gil cuerpo; 445 Entelo gasta sus fuerzas con el aire y, l solo, bajo su propio peso enorme cay pesado a tierra y pesadamente, como cuando cay en el Erimanto el cavo pino arrancado de sus races o en el grande Ida. Se enfrentan con sus gritos los teucros y la juventud trinacria; 450 llena el cielo el clamor y acude Acestes el primero y al amigo de su edad levanta compadecido del suelo. Pero, ni entorpecido por la cada ni asustado, el hroe vuelve ms fiero a la lucha y saca fuerzas de su enojo; el pudor adems enciende su coraje y un valor consciente, 455 y furioso persigue al lanzado Dares por toda la llanura redoblando los golpes ya de su diestra, ya de su izquierda. No hay tregua ni descanso: como repican los nimbos cargados sobre los tejados, as el hroe con repetidos golpes no deja de pegar con una y otra mano y acosa a Dares. 460 Entonces el padre Eneas no consinti que fueran las iras ms all ni que Entelo se ensaase con nimo acerbo, y orden el foral de la lucha y al exhausto Dares rescat consolndolo con sus palabras, y as le dice: Desgraciado, qu locura tan grande se adue de tu pecho? 465 No sientes las fuerzas distintas ni los nmenes adversos? Abandona ante el dios. Dijo, y con su voz interrumpi la lucha. Y as, arrastrando sus rodillas heridas y moviendo la cabeza a un lado y a otro, y arrojando por la boca densa sangre y dientes mezclados con la sangre, leales compaeros 470 lo llevan a las naves; se les llama y reciben el yelmo y la espada, y dejan la palma y el toro para Entelo. ste, vencedor, con nimo crecido y orgulloso del toro: Hijo de la diosa -dice- y teucros todos, aprended esto, qu fuerzas tuvo mi cuerpo de joven 475 y de qu muerte salvado conservis a Dares. Dijo, y se par frente al hocico del novillo que le aguardaba como premio de la lucha, y los duros cestos dej caer blandiendo su diestra en alto entre los cuerpos, y le aplast los huesos y el cerebro: 480 cae vencido en tierra, temblando y sin vida, el animal. l saca luego de su pecho estas palabras: rice, te entrego esta vida mejor a cambio de la muerte de Dares; aqu, vencedor, depongo mis cestos y mi arte. Al instante invita Eneas a competir con la veloz saeta 485 a los que as lo deseen y seala los premios, y el mstil de la nave de Seresto con mano poderosa levanta y una paloma voladora atada a una cuerda, a donde apunten sus dardos, cuelga de lo alto del mstil. Acudieron los hombres y recibi las suertes 490 un yelmo de bronce y entre gritos de nimo el primero sale, antes que los otros, el Hirtcida Hipocoonte; Mnesteo, vencedor poco ha en el naval combate, le sigue, Mnesteo ceido de verde olivo. Euritin fue el tercero, tu hermano, oh Pndaro 495 ilustrsimo que cuando se orden romper el pacto lanzaste el primero tu dardo en medio de los aqueos. El ltimo y en el fondo del yelmo se queda Acestes, que se haba decidido a probar con su mano una lid de jvenes. Entonces con fuerzas poderosas doblan y curvan sus arcos 500 cada uno por s mismo y sacan los dardos de las aljabas, y la primera vibrando el nervio por el cielo, la flecha del joven Hirtcida azota las auras voladora, y llega y se clava en el rbol del mstil frontero. Tembl el mstil y asustado agit sus alas 505 el animal, y todo reson con intenso aplauso. Despus el fiero Mnesteo se plant con el arco tendido apuntando hacia arriba, y a la vez lanz el ojo y la flecha. Mas, pobre de l, no pudo alcanzar justo al ave con su flecha; cort los nudos y las cuerdas de lino 510 con las que estaba colgada de una pata en lo alto del mstil; ella vuela y escapa con los Notos a las negras nubes. Rpido entonces, con la flecha hace rato montada en el arco dispuesto, Euritin invoc con votos a su hermano, y avistndola ya gozosa en el cielo libre y agitando 515 sus alas, atraviesa a la paloma bajo una negra nube. Cay exnime y se dej la vida entre los astros etreos y devuelve abatida la flecha clavada. Perdida ya la palma, slo quedaba Acestes, que lanz, sin embargo, su dardo a las auras areas, 520 exhibiendo el padre su arte y el arco sonoro. Entonces un prodigio repentino que gran augurio sera se ofrece a los ojos; lo mostr despus un gran suceso y los vates terribles cantaron presagios tardos. Pues volando en las lquidas nubes ardi la caa 525 y seal un camino de llamas y desapareci consumida en los tenues vientos, como a menudo arrancadas del cielo pasan corriendo y arrastran su cola las estrellas voladoras. Atnitos de nimo quedaron teucros y trinacrios e invocando a los dioses de lo alto y Eneas el grande 530 no rechaza el presagio, sino que abrazando al feliz Acestes lo colma de grandes regalos, y as le dice: Toma, padre, pues quiso el gran rey del Olimpo que por tales auspicios honores recibieras fuera de sorteo. Este presente tendrs del propio anciano Anquises, 535 una cratera llena de figuras que un da el tracio Ciseo por un gran servicio haba dado a mi padre Anquises, recuerdo y prenda de su amor. Dicho esto, cie sus sienes de laurel verdeante y antes que los otros declara primero a Acestes vencedor. 540 Y no ve mal el bueno de Euritin el honor que se le quita, aunque slo l derrib al ave del alto cielo. Luego recibe sus regalos el que rompi las cuerdas, y por ltimo el que clav la caa voladora en el mstil. Mas el padre Eneas antes de clausurar las pruebas 545 llama ante s a Eptides, custodio y compaero del impber julo, y as dice a los leales odos: Vamos, ve y di a Ascanio, si ya tiene dispuesto el juvenil escuadrn y prepar la carrera de caballos, que gue su tropa en honor del abuelo y se exhiba 550 con sus armas, dice. l mismo pide a toda la gente dispersa que se retiren de la larga pista y que dejen el campo libre. Avanzan los muchachos y en lnea ante la mirada de sus padres resplandecen en los frenados caballos, asombrada por su desfile se enardece toda la juventud de Trinacria y de Troya. 555 Segn la costumbre, a todos les cie el cabello pelada corona; llevan dos flechas de cornejo con hierro en la punta, algunos las ligeras aljabas al hombro; cae sobre su pecho flexible crculo de oro retorcido que cie su cuello. Caracolean tres equipos de jinetes con sus tres 560 capitanes; a cada uno le siguen doce muchachos en grupos separados que relucen en lnea con sus jefes. Una es la fila de jvenes exultantes que conduce quien toma el nombre de su abuelo, el pequeo Pramo, tu ilustre prole, Polites, que multiplicar a los talos; un caballo tracio 565 de manchas blancas lo lleva, que tiene blancas las patas sobre los cascos y ensea en alto su blanca frente. El segundo es Atis, de donde su estirpe sacaron los Atios latinos, el pequeo Atis, muchacho querido del muchacho Julo. El ltimo, y el ms hermoso de todos, Julo montando 570 un caballo sidonio que la deslumbrante Dido le haba entregado, recuerdo y prenda de su amor. Los dems jvenes van sobre caballos trinacrios del anciano Acestes. Los reciben con aplausos y se gozan vindolos asustados 575 los Dardnidas, y reconocen los rasgos de sus antiguos padres. Luego que recorrieron alegres toda la pista y los ojos de los suyos sobre los caballos, Eptides dio la seal a lo lejos con un grito e hizo restallar su ltigo. Ellos avanzaron alineados y formando grupos de tres en tres 580 rompieron la formacin, y llamados de nuevo invirtieron la marcha y blandieron los dardos enhiestos. Luego realizan otros avances y otras retiradas colocndose de frente y responden rodeos alternos a rodeos y emprenden simulacros de combate bajo las armas, 585 y ya descubren sus espaldas en la huida, ya vuelven flechas amenazantes, ya firmada la paz cabalgan en lnea. Como cuentan que un da en la alta Creta el Laberinto tuvo un recorrido trazado de muros ciegos y una engaosa trampa de mil caminos por donde las pistas de la salida 590 quebraba un vagar desconocido y sin retorno; no con marcha distinta los hijos de los teucros enlazan sus pasos y tejen fugas y batallas jugando, como delfines que nadando por los hmedos mares surcan el Carpacio y el Libico. 595 Este tipo de carrera y estos combates renov el primero Ascanio cuando ci de muros Alba Longa, y ense a celebrarlos a los antiguos latinos, segn l mismo de muchacho y con l la juventud troyana; los albanos los ensearon a los suyos; de aqu Roma la grande 600 los recibi a su vez y conserv el honor de los padres; hoy a los muchachos Troya y al escuadrn troyano se les llama. Hasta aqu se celebraron los juegos por el padre santo. Luego, por vez primera, variable Fortuna cambi de lado. Mientras cumplen los ritos en torno al tmulo con juegos diversos, 605 Juno Saturnia envi a Iris desde el cielo a la flota de Ilin y vientos insufla a su caminar, tramando muchas cosas sin saciarse an por el dolor antiguo. Ella apresura su camino por el arco de mil colores y corre la virgen sin que nadie la vea con rpido vuelo. 610 Contempla la numerosa reunin y la playa recorre y ve los puertos desiertos y la flota abandonada. A lo lejos, en una solitaria ribera, las troyanas apartadas lloraban la prdida de Anquises y todas el profundo mar contemplaban llorando. Tantas olas, ay!, y mares 615 tan grandes aguardaban a las fatigadas, era la queja de todas; piden una ciudad, hartas de soportar las fatigas del ponto. As que entre ellas se lanza experta en causar dao y pierde el aspecto y las ropas de diosa; se convierte en Broe, anciana esposa del tmario Doriclo, 620 que un da tuvo estirpe, hijos y nombre, y as se presenta ante las madres de los Dardnidas. Ay, desventuradas -dice- a las que la tropa aquea no condujo a la muerte en la guerra bajo los muros de la patria! Ay, pueblo infeliz! Para qu destruccin te reserva Fortuna? 625 Ya transcurre el sptimo verano desde la cada de Troya, y los mares y las tierras todas y tantos inhspitos peascos y los astros andamos recorriendo, mientras por el gran mar perseguimos una Italia que se escapa y nos hacen rodar las olas. Aqu est el territorio de su hermano Erice y el husped Acestes: 630 quin nos impide plantar los muros y dar una ciudad a los hombres? Ay, patria y Penates salvados en vano del enemigo!, ningn muro ya se llamar de Troya? En ningn sitio ver los ros de Hctor, el Janto y el Simunte? Venid conmigo, pues, y quememos las infaustas naves. 635 Que a m en sueos la imagen de la vidente Casandra he visto que me daba teas encendidas: Buscad aqu Troya; aqu est vuestra casa, me dijo. Ya es hora de actuar, y retraso no cabe ante prodigios tan grandes. Mirad, cuatro aras de Neptuno! El propio dios nos da teas y coraje. 640 Esto diciendo agarra la primera con fuerza una llama amenazante, la hace brillar blandindola a lo lejos con la diestra levantada y la lanza. Suspensos quedaron los pechos de las troyanas y atnitos sus corazones. Entonces una de ellas, la mayor, Pirgo, real nodriza de tantos hijos de Pramo: 645 No est Broe ante vosotras, mujeres, no es sta la retea esposa de Doriclo; las seales de una divina belleza advertid y los ojos ardientes, qu aliento en ella, qu rostro y qu sonido el de su voz y qu paso el suyo. Yo misma cuando me vine dej a Broe 650 enferma, enojada por ser la nica en faltar a la ceremonia y no ofrecer a Anquises los debidos honores. Esto dijo. Mas las madres al principio dudosas e indecisas miraban ya las naves con ojos malignos entre un amor desgraciado 655 por la tierra presente y los reinos fatales que las llamaban, cuando la diosa se alz por el cielo en sus alas iguales y traz a su paso bajo las nubes un arco enorme. Entonces atnitas por la visin y llevadas de su furia se ponen a gritar y roban el fuego de los hogares secretos, 660 despojan unas los altares, hojas y ramas y teas arrojan. Se enfurece Vulcano con las riendas sueltas por los bancos y los remos y las pintadas popas de abeto. Mensajero, al tmulo de Anquises y a las gradas del teatro lleva la nueva de que arden las naves Eumelo, y ellos mismos 665 ven detrs la oscura ceniza volando en una nube. Y Ascanio el primero, segn guiaba gozoso la ecuestre carrera, as se dirigi decidido sobre su caballo al agitado campamento y sus maestros sin fuerzas retenerle no pueden. Qu es esa nueva locura? Y ahora, qu pretendis -dice- 670 ay!, pobres ciudadanas? Ni al enemigo ni el hostil campamento de los argivos, vuestras esperanzas estis quemando. Eh, soy yo, soy vuestro Ascanio! Arroj ante sus pies el yelmo vaco, con el que cubierto andaba jugando a simulacros de guerra. Se apresura a la vez Eneas, a la vez la tropa de los teucros. 675 Mas ellas por todas partes escapan de miedo a playas diversas, y buscan las selvas a escondidas y las cncavas rocas por donde pueden; su accin las avergenza y la luz y vueltas en s reconocen a los suyos y arrojan a Juno de su pecho. Pero no por eso la llama y el incendio su fuerza 680 indmita depusieron; bajo la mojada madera vive la estopa vomitando tardo humo y un calor lento devora las quillas y desciende la peste por todo el cuerpo, y no valen las fuerzas de los hroes ni los ros vertidos. Entonces Eneas piadoso se arranca el vestido de los hombros 685 y pide la ayuda de los dioses y tiende sus palmas: Jpiter todopoderoso, si an no odias a los troyanos hasta el ltimo, si todava la antigua piedad contempla las fatigas de los hombres, haz que las llamas dejen la flota ahora, padre, y libra de la muerte los frgiles restos de los teucros. 690 O manda t a la muerte con rayo enemigo cuanto nos queda, si es que lo merezco, y aplstanos aqu con tu diestra. Apenas haba dicho esto cuando con mares de lluvia una negra tempestad nunca vista se desata y tiemblan con el trueno las cumbres de las tierras y los campos; cae de todo el ter 695 turbulento aguacero y negrsimo de densos Austros; y se llenan por arriba las naves y medio quemadas se empapan las maderas, hasta que se apag todo el fuego y todos los barcos menos cuatro se salvaron de la destruccin. Y el padre Eneas sacudido por la acerba desgracia 700 agitaba hacia uno y otro lado muchas cuitas en su pecho dndoles vueltas, si quedarse en los sculos campos olvidando sus hados, si poner rumbo a las talas costas. Entonces el anciano Nautes, el nico al que Palas Tritonia ense y famoso lo hizo con su mucha ciencia, 705 estas respuestas daba (bien qu presagiaba la grande ira de los dioses, bien qu exiga el orden de los hados) y comienza consolando a Eneas con estas palabras: Hijo de la diosa, por donde los hados nos llevan y nos traen sigamos; sea lo que sea, toda suerte debemos vencer sufriendo. 710 Cuentas con el dardanio Acestes de divina estirpe: hazle compaero de tus planes gustoso y nelo a ti, confale los que sobran de las naves perdidas y los que se han hastiado de tu gran empresa y de tu suerte. Y a los longevos ancianos y a las madres cansadas de agua 715 y a todos los dbiles y a los que temen el peligro sepralos y deja que en estas tierras tengan los cansados sus murallas; llamarn a su ciudad, si as lo permites, con el nombre de Acesta. Encendido por palabras tales del anciano amigo, divide sin embargo su nimo en mil preocupaciones, 720 y la negra Noche llevada por su biga ocupaba el cielo. Cada entonces del cielo se le apareci la imagen de su padre Anquises de pronto que le infunda estas palabras: Hijo a quien quise un da ms que a mi vida, cuando la vida tena, hijo a quien han probado de Ilin los hados, 725 aqu llego por orden de Jove, que apart el fuego de tus naves y se compadeci al fin desde el alta cielo. Atiende los consejos que ahora te brinda bellsimos el anciano Nautes; llvate a Italia jvenes escogidos, los ms esforzados corazones. Tendrs que pelear en el Lacio 730 con un pueblo duro y salvaje. Antes, sin embargo, entra en las mansiones infernales de Dite y por el profundo Averno ven, hijo, a mi encuentro. Que no me tiene el impo Trtaro, las tristes sombras, sino que frecuento los amenos concilios de los pos y el Elisio. Aqu la casta Sibila 735 te guiar con mucha sangre de negros animales. Entonces toda tu raza conocers y qu murallas te aguardan. Y ahora, adis; dobla la mitad de su carrera la hmeda Noche y cruel Oriente me ha soplado el aliento de sus caballos. Haba dicho y escap a las auras tenue como humo. 740 Eneas dice: ZA dnde vas ahora? iA dnde te me escapas? De quin huyes o quin te aparta de mis abrazos? Esto diciendo aviva la ceniza y los fuegos dormidos, y el Lar de Prgamo y los sagrarios de la canosa Vesta venera suplicante con harina piadosa y un incensario lleno. 745 Y al punto a los compaeros convoca y a Acestes el primero y la orden de Jove y los preceptos de su querido padre les cuenta y el plan que ahora se asienta en su pecho. No hay tardanza en las decisiones ni rehsa las rdenes Acestes: pasan a la ciudad las madres y dejan a cuantos 750 as lo desean, corazones que no precisan grandes glorias. Ellos mismos reparan los bancos y reponen en los barcos las maderas devoradas por las llamas, remos disponen y jarcias; son pocos en nmero, pero es vigoroso su valor en la guerra. Entretanto Eneas traza la ciudad con el arado 755 y sortea las casas. Ordena que esto sea Ilin y Troya sean estos lugares. Se alegra con el reino el troyano Acestes y seala el foro y da leyes a los padres convocados. Luego junto a los astros en la cumbre ericina la sede se funda de Venus Idalia y se dispone un sacerdote 760 consagrado al tmulo de Anquises y un amplio bosque. Y ya todos haban celebrado un banquete de nueve das y cumplido el honor a los altares: plcidos vientos el mar allanaron y con frecuente soplido a alta mar les llama el Austro. Un llanto intenso surge por las playas curvadas; 765 abrazados dejan pasar la noche y el da. Ya hasta las madres y aquellos que poco ha por spera tenan la cara del mar e insoportable su numen, irse quieren y aguantar todas las fatigas del camino. El bueno de Eneas les consuela con palabras de amigo 770 y llorando los encomienda a su pariente Acestes. Tres terneros a rice y una cordera a las Tempestades ordena sacrificar y largar luego amarras. l, ceida la cabeza con hojas de olivo cortado, sostiene la ptera, de pie sobre la proa, y las entraas arroja 775 a las olas saladas y derrama lquidos vinos. Les empuja un viento que nace de popa; compiten los compaeros en herir el mar y surcan sus aguas. Mas Venus entretanto agobiada de cuitas a Neptuno se dirige y saca de su pecho quejas tales: 780 De Juno la grave ira y su pecho insaciable me obligan, Neptuno, a recurrir a todas las preces; ni el largo da ni piedad alguna la conmueven, ni descansa rendida ante el poder de Jove y los hados. No le basta con haber arrancado con odios nefandos la ciudad 785 de los frigios de entre su pueblo ni haber arrastrado los restos de Troya por todos los suplicios: sus cenizas y huesos, destruida, persigue. Ella sabr las causas de locura tan grande. T fuiste mi testigo hace poco en las aguas de Libia de qu agitacin provoc de pronto: mezcl todos los mares 790 con el cielo, en vano confiada en las tormentas de olo, a tanto se atrevi en tus propios reinos. Y ahora, mira, lanzando al crimen a las madres troyanas quem vergonzosamente las naves y con la flota destruida les forz a dejar a los compaeros en una tierra extraa. 795 Puedan los que quedan, te suplico, confiarte velas seguras por las olas, puedan alcanzar el Tber laurente, si pido cosas concedidas, si las Parcas les dan sus murallas. Entonces el Saturnio dominador del mar profundo dijo esto: Es bien justo, Citerea, que tengas confianza en mis reinos, 800 de donde proviene tu estirpe. Adems lo merezco; a menudo furores he reprimido y rabia tan grande del mar y del cielo. Y no ha sido cuita menor para m en las tierras tu Eneas, lo juro por el Janto y el Simunte. Cuando Aquiles lanzaba contra los muros a los abatidos ejrcitos troyanos 805 y a muchos miles mandaba a la muerte, y geman repletos los ros y no poda el Janto encontrar su camino ni rodar hacia el mar, entonces yo en el hueco de una nube rapt a Eneas cuando se enfrentaba con dioses y fuerzas desiguales al valiente Pelida, si bien deseaba arrancar de sus races 810 las murallas de la perjura Troya que levant con mis manos. Ese mismo nimo sigue an hoy en m; pierde esos miedos. Llegar sano y salvo a los puertos del Averno que deseas. A uno slo echars de menos perdido en el abismo; uno slo dar su vida por muchos. 815 Luego que consol el pecho alegre de la diosa con estas palabras, unce con oro el padre sus caballos y frenos coloca de espuma a los animales y suelta de sus manos todas las riendas. Por encima de las aguas vuela ligero en su carro cerleo; se humillan las olas ybajo el eje tonante la hinchada 820 llanura de las aguas se encalma, escapan las nubes en el vasto ter. Entonces las figuras diversas de su squito, cetceos inmensos, y el viejo coro de Glauco y Palemn de Ino y los raudos Tritones y todo el ejrcito de Forco; la izquierda ocupa Tetis y Mlite y la virgen Panopea, 825 Nisea y Espio y Tala y Cimdoce. Entonces dulces gozos invaden a oleadas el pecho suspenso del padre Eneas; manda rpido que todos los mstiles levanten y tensar las velas en las entenas. Todos a una pusieron manos a la obra y soltaron las lonas 830 a izquierda y a derecha; a una tuercen y retuercen los altsimos cabos; brisas favorables impelen la flota. Palinuro en cabeza delante de todos guiaba el denso ejrcito; por su derrotero siguen los otros las rdenes. Y ya casi la meta del centro del cielo la hmeda Noche 835 haba alcanzado, con plcido reposo relajaban sus miembros los marineros echados bajo los remos por los duros asientos, cuando cado de los astros etreos el Sueo ligero apart el aire tenebroso y dispers las sombras buscndote a ti, Palinuro, trayndote a ti tristes sueos, 840 inocente, y se pos el dios en la alta popa con la figura de Forbante y vierte de su boca estas palabras: Ysida Palinuro, las propias aguas conducen la flota, soplan las brisas iguales, llega la hora de tu descanso. Inclina la cabeza y hurta al trabajo tus ojos cansados. 845 Por un rato yo mismo cumplir por ti tu tarea. Alzando apenas hacia l sus ojos le dice Palinuro: Me pides que ignore el rostro del mar en calma y las olas tranquilas? Qu confe en este monstruo? Entregar a Eneas (cmo podra?) a las auras falaces, 850 cuando tantas veces me ha sorprendido el engao de un cielo sereno? Tales palabras devolva, y clavado y el timn agarrando no lo dejaba ni un momento y mantena los ojos en las estrellas. Mas he aqu que el dios con un ramo empapado en el Lete y con el poder soporfero de la Estigia le roca ambas 855 sienes, y le cierra los ojos que ya vacilaban. Un inesperado letargo haba relajado apenas sus miembros, vinindole encima, y arrancando una parte de la popa y el timn, lo precipit en las lquidas aguas de cabeza y en vano llamaba una y otra vez a sus compaeros; 860 el dios levant su vuelo como un ave a las auras sutiles. Prosigue la flota por el mar su seguro camino y avanza impertrrita con las promesas del padre Neptuno. Y ya se acercaba navegando a los escollos de las Sirenas, un da difciles y blancos de los huesos de muchos 865 (resonaban entonces las broncas rocas con la continua resaca), cuando advirti Eneas que el barco derivaba sin su piloto y l mismo lo gobern en las nocturnas olas mucho gimiendo y con el corazn ahogado por la prdida del amigo: Ah, demasiado seguro del cielo y el pilago sereno, 870 Palinuro! Desnudo yacers sobre una playa extraa. LIBRO VI As dice entre lgrimas, y suelta riendas a la flota y al fin se aproxima a las playas eubeas de Cumas. Vuelven las proas al mar; con tenaz diente entonces sujetaba el ncora las naves y las curvas popas cubren la ribera. El grupo de muchachos salta impaciente 5 a la playa de Hesperia; unos buscan las semillas del fuego que se ocultan en las venas del slex, otros se dirigen a los bosques, tupida morada de las fieras, y sealan los ros que van encontrando. El piadoso Eneas por su parte la roca busca que preside el alto Apolo y el apartado retiro de la horrenda Sibila, 10 la enorme gruta, a quien la mente grande y el corazn inspira el vate Delio y descubre el futuro. Ya entran en los bosques de Trivia y en los techos de oro. Ddalo, segn es fama, huyendo del reino de Minos os lanzarse al cielo con plumas veloces 15 por un camino nuevo y bog hasta las Osas heladas, y sobre la roca calcdica se detuvo al fin suavemente. En cuanto regres a estas tierras te consagr, Febo, los remos de sus alas y te levant un templo enorme. En las puertas la muerte de Andrgeo; los Cecrpidas luego 20 obligados a pagar el castigo (qu desgracia!) todos los aos de siete de sus hijos; all se ve la urna con las suertes echadas. Enfrente corresponde asomando por el mar la tierra cnosia: aqu el amor salvaje por el toro y unindosele a escondidas Pasfae, y la hbrida estirpe y la prole biforme, 25 ah est, el Minotauro, testimonio de una Venus nefanda. Aqu la famosa construccin de la casa y el laberinto intrincado; pero apiadado del gran amor de la princesa, el propio Ddalo le descubre las trampas del edificio y sus revueltas, guiando con el hilo sus ciegos pasos. T tambin parte 30 grande en obra tamaa -si el dolor lo quisiera-, caro, tendras. Dos veces haba intentado cincelar en oro tu cada, dos veces cayeron las manos de tu padre. Todo lo recorreran con sus ojos de no ser porque Acates, enviado por delante, regresa y con l la sacerdotisa de Febo y de Trivia, 35 Defobe de Glauco, que as dice al rey: No es ste para ti el momento de mirar estampas; ahora mejor ser sacrificar siete novillos de un rebao intacto y otras tantas ovejas escogidas segn la costumbre. As dijo a Eneas (y no retrasan los hombres las sagradas 40 rdenes) y convoca a los teucros la sacerdotisa al alto templo. El flanco inmenso de la roca eubea se abre en un antro al que llevan cien amplias entradas, cien bocas, por donde salen otras tantas voces, respuestas de la Sibila. Haban ya llegado al umbral cuando dice la virgen: Es el momento 45 de buscar los hados. El dios, he aqu al dios! Mientras esto deca delante de la puerta, de pronto, ni su gesto ni el color ni la compuesta cabellera eran ya iguales; el pecho anhelante se hincha de rabia y el fiero corazn, y parece ms grande y no suena como mortal, porque est inspirada por el numen 50 del dios, ya ms cerca. Dudas en tus votos y plegarias, troyano Eneas? Dudas? Pues bien, no antes han de abrirse las grandes bocas de esta atnita casa. Y dicho esto se call. Un helado temblor corri por los duros huesos de los teucros, y saca el rey sus preces de lo hondo del pecho: 55 Febo, que siempre te apiadaste de las pesadas fatigas de Troya, que dirigiste la mano y las flechas dardanias de Paris contra el cuerpo del Ecida. A tantos mares que circundan grandes tierras me hice bajo tu gua y hasta los apartados pueblos de los masilos y los campos que se extienden frente a las Sirtes: 60 por fin, abrazamos ya las huidizas riberas de Italia. Slo hasta aqu nos haya seguido la mala fortuna de Troya! Que justo es que tambin vosotros perdonis de Prgamo a la raza, las diosas ylos dioses todos, a los que estorb Ilin y la gloria sin par de Dardania. Y t, santsima vidente, 65 sabedora del porvenir, concede a los teucros (y no pido reinos no debidos a mis hados) instalarse en el Lacio y a sus dioses errantes y a los agitados nmenes de Troya. Entonces a Febo y a Trivia un templo de slido mrmol consagrar y unos das de fiesta con el nombre de Febo. 70 Tambin a ti te aguarda en nuestro reino un gran santuario: pues aqu yo tus suertes y los secretos destinos anunciados a mi pueblo depositar.y te consagrar, madre, varones escogidos. Slo no confes tus vaticinios a las hojas, que no vuelen turbados juguetes de los rpidos vientos; 75 que los cantes t misma te ruego. Y aqu ces de hablar. Pero sin someterse an vaga terrible por el antro como bacante la vidente de Febo, por si puede sacudirse del pecho al dios imponente, y tanto ms aqul fatiga su boca rabiosa, domando el fiero corazn, y la rinde bajo su peso. 80 Y entonces se abrieron las cien enormes bocas de la casa espontneamente y llevan por el aire las respuestas de la vidente: O, t que ya has agotado los grandes peligros del pilago (aunque faltan los ms graves de la tierra), a los reinos de Lavinio llegarn los Dardnidas (saca esa cuita de tu pecho), 85 y tambin querrn no haber llegado. Guerras, hrridas guerras, y el Tber espumante de la mucha sangre estoy viendo. No te faltarn los campamentos dorios, ni un Simunte, ni un Janto; ya otro Aquiles ha nacido en el Lacio, hijo tambin ste de una diosa, y Juno, la afliccin de los teucros, 90 no andar lejos tampoco cuando t en la desgracia suplicante qu pueblos o qu ciudades de Italia no habrs probado con tus ruegos! La causa de tamao mal, de nuevo una esposa huspeda de los teucros, y de nuevo un matrimonio forastero. No cedas t a estos males y hasta sigue avanzando lleno de valor 95 por donde te permita tu Fortuna. De la salvacin el camino [primero (nunca lo creeras) habr de abrirte una ciudad griega. Con tales palabras del interior del templo la Sibila de Cumas anuncia horrendos enigmas y resuena en el antro, envolviendo en tinieblas la verdad: Apolo sacude las riendas 100 de su locura y clava aguijones en su pecho. En cuanto ces el furor y call la boca rabiosa, comienza el hroe Eneas: No me presentas, virgen, el rostro de fatiga alguna nueva o inesperada; todo lo he probado y en mi pecho antes lo he recorrido. 105 Slo esto te pido: como aqu est -se dice- la puerta del rey infernal y la tenebrosa laguna que cie el Aqueronte, llegar a la presencia de mi querido padre y que toque su rostro; que el camino me muestres y me abras las sagradas puertas. Yo a l, entre las llamas y los dardos a miles que nos seguan, 110 lo rescat sobre mis hombros y lo libr de las manos del enemigo; l, siguiendo mi camino, todos los mares conmigo y todas las amenazas del pilago y del cielo soportaba, sin aliento, ms all de sus fuerzas y de la suerte de sus aos. Y ms an, que suplicante a ti acudiera y a tu puerta llegase, 115 l tambin en sus ruegos me lo ordenaba. Del hijo y del padre te suplico que te apiades, alma (pues todo lo puedes y no en vano Hcate puso a tu cuidado los bosques del Averno), si es que pudo Orfeo conjurar a los Manes de su esposa valindose de la ctara tracia y las canoras cuerdas, 120 si Plux rescat a su hermano con otra muerte yvayvuelve tantas veces por ese camino. Y Teseo? Y qu voy a decir del gran Alcides? Tambin mi estirpe viene de Jove supremo. Con tales palabras rezaba y abrazaba los altares, cuando esto comenz a decir la vidente: Nacido de la sangre 125 de los dioses, troyano Anquisada, fcil es la bajada al Averno: de noche y de da est abierta la puerta del negro Dite; pero dar marcha atrs y escapar a las auras del cielo, sa es la empresa, sa la fatiga. Unos pocos a los que am el justo Jpiter o su ardiente valor los sac al ter, 130 lo lograron hijos de dioses. En medio los bosques todo lo ocupan, y el cauce del Cocito lo rodea en negra revuelta. Pero si ansia tan grande anida en tu pecho, si tanto deseo de surcar dos veces los lagos estigios, de dos veces ver la negrura del Trtaro y te place emprender una fatiga insana, 135 escucha primero lo que has de hacer. En un rbol espeso se esconde la rama de oro en las hojas y en el tallo flexible, segn se dice consagrada a Juno infernal; todo el bosque la oculta y la encierran las sombras en valles oscuros. Mas no se permite penetrar en los secretos de la tierra 140 sino a quien ha cortado primero los retoos del rbol de dorados cabellos. La hermosa Prosrpina determin que se le llevara este presente. Cuando se arranca el primero no falta otro de oro y echa hojas el tallo del mismo metal. As que busca atentamente con tus ojos y cgela con tu mano 145 segn el rito cuando la halles, pues por su gusto y fcilmente habr de seguirte, si los hados te llaman; ni con todas tus fuerzas de otro modo podras vencer ni arrancarla con el duro hierro. Otra cosa: yace sin vida el cuerpo de uno de tus amigos (lo ignoras, ay!) que con su muerte mancilla a la flota entera, 150 Mientras t consejo demandas y te demoras en mis umbrales. Ponlo primero en su lugar y dale sepultura. Toma unas ovejas negras, que sean la expiacin primera. As, por fin, podrs los bosques contemplar estigios y los reinos prohibidos a los vivos. Dijo y call cerrando la boca. 155 Eneas con los ojos bajos y el rostro afligido echa a andar la gruta dejando, y a los oscuros sucesos da vueltas en su corazn. Su fiel Acates le acompaa y marcha con iguales pensamientos. Mucho discurran entre ellos en animada charla, 160 quin sera el compaero muerto del que habl la vidente, cul el cuerpo por sepultar. Y ven a Miseno en tierra firme, cuando llegaron, perecido de una muerte indigna, al elida Miseno; ningn otro le ganaba en mover a los hombres con su bronce ni en encender a Marte con su canto. 165 Haba sido ste compaero de Hctor el grande, junto a Hctor sala al combate sealado por su lituo y su lanza. Cuando le venci Aquiles y le despoj de la vida, el hroe valerossimo al squito se haba sumado del dardanio Eneas en pos de hazaas no menores. 170 Pero un da, cuando por caso hace sonar al mar con su cncava concha, fuera de s, y llama con su canto a los dioses al combate, mulo Tritn lo sorprendi, si hay que creerlo, y lo haba sumergido entre los escollos en la ola de espumas. As que todos se agitaban a su alrededor con gran gritero, 175 y en especial el piadoso Eneas. Se apresuran entonces, llorando, a cumplir la orden de la Sibila y en levantar porfan el ara del sepulcro con troncos y subirla hasta el cielo. Se adentran en un antiguo bosque, escondido refugio de las fieras; caen abatidos los pinos, resuenan las encinas con el golpe de las segures 180 y con cuas se abre la madera del fresno y el blando roble, ruedan por los montes ingentes olmos. Y no falta Eneas en medio del trabajo exhortando el primero a sus compaeros y ceido de las mismas armas. Y as da vueltas en su afligido pecho 185 contemplando la inmensa selva y as por caso suplica: Si ahora se nos mostrase aquella rama de oro en su rbol entre bosque tan grande! Que demasiado verdadero ha sido, ay, Miseno!, cuanto de ti dijo la vidente. Apenas haba hablado, cuando por caso dos palomas 190 bajaron volando del cielo ante sus ojos y se posaron en el verde suelo. El gran hroe entonces reconoci las aves de su madre y alegre implora: Sed mi gua, si es que hay algn camino, y alzad el vuelo por el aire hasta el bosque donde la esplndida rama da sombra 195 al pinge suelo. Y t no me falles en mis dudas, madre divina. Dicho esto detuvo sus pasos estudiando qu seales anuncian, hacia dnde prosiguen. Ellas vuelan en busca de alimento tanto cuanto abarcar podran los ojos de quienes las siguieran. 200 Ms tarde, cuando llegaron a las fauces del Averno de pesado olor, se elevan presurosas y dejndose caer por el lquido aire se posan en el lugar ansiado sobre un rbol doble desde donde reluci distinta entre las ramas el aura del oro. Cual suele en los bosques bajo el fro invernal el murdago 205 reverdecer con hojas nuevas, al que no alimenta su propia planta, y rodear de fruto azafranado los troncos redondos, tal era el aspecto de las hojas de oro en la encina tupida, as crepitaba la lmina al viento suave. Se lanza Eneas al punto y vido la arranca 210 aunque se resiste y a la cueva la lleva de la vidente Sibila. Y seguan entretanto los teucros llorando a Miseno en la playa y rendan los ltimos honores a la ingrata ceniza. Formaron primero una gran pira pinge de teas y de madera cortada, y con hojas negras 215 le cubren los lados y delante levantan cipreses funerales, y la adornan con sus armas resplandecientes. Unos preparan agua caliente y calderos que bullen al fuego, y lavan y ungen el helado cuerpo. Se oyen gemidos. Colocan entonces los llorados miembros 220 sobre un lecho, y encima vestidos de prpura, las conocidas ropas. Otros se acercaron al fretro ingente, triste ministerio, y vueltos de espaldas segn la costumbre de los padres le arrojaron una tea encendida. Arden mezclados presentes de incienso, las viandas, las crateras llenas de aceite. 225 Luego que cayeron las cenizas y descans la llama, lavaron con vino los restos y la brasa bebedora y los huesos recogidos guard Corineo en urna de bronce. Rode tambin por tres veces a los compaeros con agua pura asperjndolos con las leves gotas y con la rama del feliz olivo, 230 y purific a los hombres y pronunci las palabras postreras. Y el piadoso Eneas coloca encima un sepulcro de mole ingente y las armas del hroe y el remo y la tuba bajo el monte areo que hoy por l Miseno se llama y tiene por los siglos un nombre eterno. 235 Hecho esto, contina a toda prisa los mandatos de la Sibila. Haba una profunda caverna imponente por su vasta boca, riscosa, protegida por un lago negro y las tinieblas de los bosques; sobre ella ninguna criatura voladora poda impunemente tender el vuelo con sus alas, tal era el hlito 240 que de su negra boca dejaba escapar a la bveda del cielo. [Por eso los griegos llamaron a este lugar Aorno. ] Aqu primero cuatro novillos de negro lomo dispone y les riega la sacerdotisa de vino la frente, 245 y tomando de entre los cuernos las cerdas ms altas las arroja a la llama sagrada, ofrenda primera, invocando a voces a Hcate poderosa en el cielo y el rebo. Otros hincan por debajo los cuchillos y la tibia sangre recogen en pteras. El propio Eneas a una oveja de negro velln en honor de la madre de las Eumnides y la gran hermana 250 la hiere con su espada, y para ti, Prosrpina, una vaca estril; luego prepara al rey estigio nocturnas aras y pone sobre las llamas las entraas enteras de los toros, y derrama pinge aceite sobre las vsceras ardientes. Y de repente, bajo el umbral del sol primero y del orto 255 bajo sus plantas comenz el suelo a mugir y las cimas de los bosques a agitarse y se escuch como un aullar de perras por la sombra segn se acercaba la diosa. Lejos, quedaos lejos, profanos! -exclama la vidente-, alejaos del bosque entero!; y t emprende el camino y saca la espada de la vaina: 260 ahora, Eneas, valor precisas y ahora un nimo firme. Slo esto dijo fuera de s y se meti por la boca del antro; l con pasos no tmidos alcanza a la gua que se escapa. Dioses a quienes cumple el gobierno de las almas y sombras calladas y Caos y Flegetonte, mudos lugares de la inmensa noche: 265 pueda yo repetir lo que s, pueda por vuestro numen abrir secretos sepultados en la calgine del fondo de la tierra. Iban oscuros por las sombras bajo la noche solitaria y por las moradas vacas de Dite y los reinos inanes: como el camino bajo una luz maligna que se adentra en los bosques 270 con una luna incierta, cuando ocult Jpiter el cielo con sombra y a las cosas rob su color la negra noche. Ante el mismo vestbulo y en las bocas primeras del Orco el Luto y las Cuitas de la venganza su cubil instalaron, y habitan los plidos Morbos y la Senectud triste, 275 y el Miedo y Hambre mala consejera y la Pobreza torpe, figuras terribles a la vista, y la Muerte y la Fatiga; el Sopor adems, pariente de la Muerte, y los malos Gozos de la mente, y, en el umbral de enfrente, la guerra mortal y los tlamos de hierro de las Eumnides y la Discordia enfurecida 280 enlazado su cabello de vboras con cintas ensangrentadas. En medio extiende sus ramas y los brazos aosos un olmo tupido, ingente, donde se dice que habitan los sueos vanos, agazapados bajo sus hojas. Y muchas visiones adems de variadas fieras, 285 los Centauros tienen sus establos en esta puerta y las Escilas biformes y Briareo el de cien brazos y de Lerna el horrsono monstruo, y la Quimera armada de llamas, Gorgonas y Harpas y la figura de la sombra de tres cuerpos. Empua entonces Eneas su espada presa de un miedo 290 repentino y ofrece su agudo filo a los que llegan, y, si su docta compaera no le mostrase las tenues vidas sin cuerpo que vuelan fantasmas de una imagen hueca, se lanzara y en vano azotara a las sombras con su espada. De aqu el camino que lleva a las aguas del Aqueronte del Trtaro. 295 Turbio aqu de cieno y de la vasta vorgine un remolino hierve y eructa en el Cocito toda la arena. Un horrendo barquero cuida de estas aguas y de los ros, Caronte, de suciedad terrible, a quien una larga canicie descuidada sobre el mentn, fijas llamas son sus ojos, 300 sucio cuelga anudado de sus hombros el manto. l con su mano empuja una barca con la prtiga y gobierna las velas y transporta a los muertos en esquife herrumbroso, anciano ya, pero con la vejez cruda y verde de un dios. Hacia estas riberas corra toda una multitud desparramada, 305 mujeres y hombres y los cuerpos privados de la vida de magnnimos hroes, y muchachos y muchachas solteras, y jvenes colocados en la pira ante la mirada de sus padres: como todas esas hojas en las selvas con el fro primero del otoo: caen arrancadas, o todas esas aves que se amontonan 310 hacia tierra desde alta mar, cuando la estacin fra las hace huir allende el ponto y las arroja a tierras soleadas. De pie estaban pidiendo cruzar los primeros y tendan sus manos por el ansia de la otra orilla. Pero el triste marino a stos o a aqullos acoge, 315 mas a otros los mantiene alejados en la arena de la playa. As pues, Eneas, asombrado y emocionado por el tumulto: Dime, virgen -exclama-, qu quiere el gento de la orilla? Qu buscan las almas? Con qu criterio unas dejan las riberas mientras surcan otras las lvidas aguas con sus remos? 320 As le repuso la longeva sacerdotisa en pocas palabras: Hijo de Anquises, retoo bien cierto de los dioses, ests ante las aguas profundas del Cocito y la laguna estigia, por la que temen jurar los dioses y engaar a su numen. Toda esta muchedumbre que ves es una pobre gente sin sepultura; 325 aqul, el barquero Caronte; stos, a los que lleva el agua, los sepultados. Que no se permite cruzar las orillas horrendas y las roncas corrientes sino a aquel cuyos huesos descansan debidamente. Vagan cien aos y dan vueltas alrededor de estas playas; slo entonces se les admite y llegan a ver las ansiadas aguas. 330 Se par y detuvo sus pasos el hijo de Anquises mucho pensando y lamentando en su pecho la suerte inicua. Ve all afligidos y privados de las honras de la muerte a Leucaspis y a Orontes, jefe de la flota licia; a la vez navegando desde Troya por un mar ventoso 335 los abati el Austro, sepultando en el agua nave y marineros. Y hete aqu que llegaba Palinuro, el piloto, quien poco ha en las aguas libias mientras miraba las estrellas se haba cado de la popa y se hundi en las aguas. Apenas lo reconoci afligido en medio de las sombras, 340 as se le dirige el primero: Quin de los dioses, Palinuro, te nos ha arrebatado y te sumergi en las aguas del mar? Ea, dime. Pues a m Apolo, jams antes hallado en mentira, me enga el corazn slo con esta respuesta, al anunciarme que saldras inclume del mar y llegaras 345 al territorio ausonio. Y es sta la palabra empeada? El otro a su vez: Ni a ti te enga el trpode de Febo, caudillo hijo de Anquises, ni un dios a m me hundi en el mar. Pues arrancado el timn con gran violencia y por azar, al que yo, su guardin, estaba clavado y el rumbo rega, 350 lo arrastr conmigo en mi cada. Por los mares encrespados juro que no abrigu temor tan grande por m como por tu nave, desmantelada de defensas y sin piloto, que no sucumbiera al alzarse olas tan grandes. Tres noches de invierno el Noto me arrastr por la inmensa 355 llanura azotndome con el agua; entrev el cuarto da Italia subido en lo alto de una ola. Poco a poco nadaba hacia tierra; ya estaba a salvo, si un pueblo cruel, bajo el peso de una ropa empapada y agarrndome con las uas a los speros salientes del monte, 360 no me hubiera atacado con sus armas tomndome ignorante por una presa. Ahora las olas me guardan y los vientos en el litoral me sacuden. Por la grata luz del cielo y por sus auras, por tu padre te lo pido, por la esperanza de julo que crece, lbrame, invicto, de estos males: ponme tierra 365 encima, ya que puedes, y busca los puertos de Velia; o bien, si hay algn medio, si alguno te muestra la madre divina (pues no creo que sin el numen de los dioses te dispongas a cruzar el gran ro y la laguna estigia), tiende tu diestra a un desgraciado y llvame contigo por las olas, 370 que al menos en la muerte descanse en un lugar tranquilo. As haba hablado, cuando as comenz la vidente: De dnde, Palinuro, te viene esta ansia desmedida? Vas a ver t sin enterrar las aguas estigias y la severa corriente de las Eumnides y pasars sin que se te ordene al otro lado? 375 No confes en torcer los hados de los dioses con tus splicas, pero guarda en tu corazn estas palabras, consuelo de tu dura suerte. Que los comarcanos, conmovidos a lo largo y ancho en las ciudades por prodigios del cielo, expiarn tus huesos y un tmulo levantarn y honores rendirn al tmulo, 380 y tendr el lugar para siempre de Palinuro el nombre. Con estas palabras se alejaron las penas y un momento de su triste corazn se fue el dolor; se alegra con la tierra de su nombre. As prosiguen el camino emprendido y se acercan al ro. Desde las aguas estigias en cuanto los vio el marino 385 marchar por el bosque callado y dirigir sus pasos a la orilla, as dice el primero y sin ms les increpa: Seas quien seas, armado que te presentas en nuestro ro, vamos, di a qu vienes desde ah, y detn tus pasos. ste es el lugar de las sombras, del sueo y la noche soporosa: 390 cuerpos vivos no puede llevar la barca estigia. Tampoco me alegr de recibir a Alcides en mi lago cuando baj, ni a Teseo y Pirtoo, aunque hijos eran de dioses y de fuerza invencible. Aqul vino a encadenar con su mano al guardin del Trtaro 395 y lo arranc tembloroso del trono del mismo rey; stos llegaron para sacar a mi seora del tlamo de Dite. A lo que repuso en pocas palabras la vidente anfrisia: Aqu no hay ninguna de esas trampas (no te preocupes), ni traen las armas violencia; que el ingente portero en su antro 400 ladrando eternamente aterrorice a las sombras exanges, que casta guarde Prosrpina el umbral de su to paterno. Eneas de Troya, famoso por su piedad y sus armas, a su padre busca bajando del rebo a las sombras profundas. Si nada te conmueve la imagen de piedad tan grande, 405 quiz esta rama (muestra la rama que esconda entre sus ropas) reconozcas. Entonces se aplaca el corazn henchido de ira, y no hubo ms. Admirando aqul el venerable presente de la rama del destino que no vea desde haca tiempo, gira la popa cerlea y se acerca a la orilla. 410 Despus a otras almas que sentadas estaban en los largos bancos expulsa y despeja los puentes, al tiempo que recibe en la barca al corpulento Eneas. Gimi el esquife bajo su peso, cosido como estaba, y trag mucha agua por las rendijas. Por ltimo, al otro lado del ro desembarc inclume 415 a la vidente y al hroe sobre el blando cieno y la glauca ova. El gigante Crbero hace resonar con su triple ladrido estos reinos tumbados a lo largo delante de la gruta. La vidente, al ver que ya erizaba sus cuellos de serpientes, una torta soporosa de miel le arroja y frutas 420 medicinales. l, abriendo sus tres gargantas con hambre rabiosa, la coge al vuelo, y relaja sus gigantescos miembros tendido en el suelo y enorme se extiende por el antro. Se lanza Eneas a la entrada, sepultado el guardin en el sueo, y abandona raudo la orilla del ro sin retorno. 425 De pronto se escucharon voces y un gran gemido y nimas de nios llorando, en el umbral justo, a quienes, sin gozar de la dulce vida y arrancados del seno los rob el negro da y los sepult en amarga muerte; junto a ellos, los condenados a muerte sin motivo. 430 Y en verdad no se asignan estos lugares sin juez ni sorteo: Minos el inquisidor mueve la urna; l convoca la asamblea silenciosa y discierne las vidas y las culpas. El lugar inmediato lo ocupan esos desgraciados inocentes que con su mano se dieron muerte y de la luz hastiados 435 se quitaron la vida. Cmo desearan en el alto ter ahora soportar su pobreza y las duras fatigas! La ley se interpone, y la odiosa laguna de triste onda les ata y la Estige les retiene nueve veces derramada. No lejos de aqu se extienden hacia todas partes 440 las Llanuras del Llanto; con este nombre las llaman. Aqu a los que duro amor de cruel consuncin devor ocultan senderos escondidos y un bosque de mirto los envuelve; ni en la muerte les dejan sus cuitas. Por estos lugares distingue a Fedra y a Procris y a la triste 445 Erifile mostrando las heridas de su cruel hijo, y a Evadne y Pasfae; Laodama les acompaa y Cneo, mozo un da y hoy mujer de nuevo, vuelta a su antigua figura por obra del destino. Entre todas ellas la fenicia Dido, reciente an su herida, 450 errante andaba por la gran selva; el hroe troyano en cuanto lleg a su lado y la reconoci oscura entre las sombras, como el que a principios de mes ve o cree haber visto alzarse la luna entre las nubes, lgrimas verti y le habl con dulce amor: 455 Infeliz Dido, as que cierta era la noticia que me lleg de que habas muerto y buscado el final con la espada? Fui entonces yo, ay!, la causa de tu muerte? Por los astros juro, por los dioses y por la fe que haya en lo profundo de la tierra; contra mi deseo, reina, me alej de tus costas. 460 Que los mandatos de los dioses, que ahora a ir entre sombras, por lugares desolados me fuerzan y una noche cerrada, me obligaron con su poder, y creer no pude que con mi marcha te causara un dolor tan grande. Detnte y no te apartes de mi vista. 465 De quin huyes? Por el hado, esto es lo ltimo que decirte puedo. Con tales palabras Eneas trataba de calmar el alma ardiente de torva mirada, y lgrimas verta. Ella, los ojos clavados en el suelo, segua de espaldas sin que ms mueva su rostro el discurso emprendido 470 que si fuera de duro pedernal o de roca marpesia. Se march por fin y hostil se refugi en el umbroso bosque donde su esposo primero, Siqueo, comparte sus cuitas y su amor iguala. Eneas por su parte emocionado con el suceso inicuo 475 y mientras se aleja, llorando la sigue de lejos y se compadece. Prosiguen entonces el camino marcado. Y ya cruzaban los campos ltimos, los que, apartados, habitan los famosos en la guerra. Aqu se le presenta Tideo, aqu famoso en las armas Partenopeo y el fantasma del plido Adrasto, 480 Oso aqu los Dardnidas tan llorados arriba, en combate cados, a los que viendo en larga fila, por todos gimi, a Glauco, Medonte y Tersloco, hijos los tres de Antnor, y a Polibetes consagrado a Ceres, y a Ideo, an con su carro y an con sus armas. 485 Numerosas almas le rodean a derecha y a izquierda, Y no se conforman con haberle visto una vez; les place pararse Y seguir sus pasos y saber las causas de su llegada. Pero los jefes de los dnaos ylas falanges de Agamenn cuando vieron al hroe y sus armas brillantes entre las sombras, 490 se echaron a temblar con gran miedo; unos volvieron la espalda como buscaron sus naves un da; otros dejaron escapar un hilo de voz: el grito iniciado se queda en sus gargantas. Y entonces al hijo de Pramo con el cuerpo destrozado, a Defobo ve, mutilado cruelmente el rostro, 495 el rostro y ambas manos, y las sienes podadas, sin las orejas, y las narices truncas en infamante herida. A duras penas le reconoci, tembloroso y el cruel suplicio intentando ocultar, y se adelanta con voz conocida: Defobo, poderoso guerrero de la alta sangre de Teucro, 500 quin pudo gustar de infligirte castigos tan crueles? A quin se le dio tanto sobre ti? La ltima noche me trajo la noticia de que, cansado de matar pelasgos, habas cado t sobre un confuso montn de muertos. Entonces yo mismo en la costa retea un tmulo inane 505 te levant y con gran voz invoqu tres veces a tus Manes. Tu nombre y tus armas guardan el lugar; a ti, amigo, verte no pude ni enterrarte al partir en el suelo de la patria. A lo que el Primida: Nada descuidaste, amigo mo; en todo cumpliste con Defobo y con las sombras de su cadver. 510 Pero mis propios hados y el criminal delito de la lacedemonia en estas penas me hundieron; ella me dej estos recuerdos. Sabes bien cmo nos descuidamos la ltima noche entre alegras engaosas: es preciso recordarlo siempre. Cuando el caballo fatal lleg en su salto a las alturas 515 de Prgamo y grvido trajo en su panza guerreros armados, ella guiaba a las frigias como en un baile entonando los cantos de Baco; ella misma sostena en medio una antorcha enorme y llamaba a los dnaos desde lo alto de la ciudadela. Agotado entonces de preocupaciones y vencido por el sueo 520 me retuvo mi lecho infausto y de m se apoder al tumbarme un dulce y profundo descanso en todo semejante a la plcida muerte. Entre tanto mi egregia esposa saca todas las armas de mi casa y haba apartado de mi cabeza mi fiel espada: llama dentro a Menelao y le abre las puertas, 525 pensando, sin duda, que ste sera un buen regalo para su amante y as poder expiar la fama de antiguas desgracias. A qu me entretengo? Irrumpen en el tlamo y se les suma el Elida muidor de crmenes. Dioses, para los griegos cosas as reservad, si castigo reclamo con boca piadosa. 530 Pero, ea, dime t en respuesta qu avatares te han trado vivo. Llegas a causa de las peripecias del pilago, o por orden de los dioses? Qu fortuna te fatiga para entrar en tristes moradas sin sol, en trbidos lugares? Con esta conversacin haba ya la Aurora en su cuadriga 535 de rosas pasado la mitad del eje con etrea carrera, ytal vez as transcurrira todo el tiempo concedido, mas le advirti su compaera y brevemente le dijo la Sibila: La noche llega, Eneas, y nosotros pasamos las horas llorando. ste es el lugar donde el camino se parte en dos direcciones: 540 la derecha lleva al pie de las murallas del gran Dite, sta ser nuestra ruta al Elisio; la izquierda, sin embargo, castigo procura a las culpas y manda al Trtaro impo. Defobo, a su vez: No te enojes, gran sacerdotisa; me marcho, vuelvo al grupo y regreso a las tinieblas. 545 Ve, ve, gloria nuestra; que tengas hados mejores. Esto dijo, y an hablando volvi sobre sus pasos. Mira Eneas atrs y de pronto bajo una roca a la izquierda ve unas anchas murallas protegidas con un triple muro que rauda corriente cie de ardientes llamas, 550 el Flegetonte del Trtaro, y arrastra resonantes piedras. Enfrente queda una puerta enorme y unas columnas de diamante macizo, tal que ninguna fuerza humana ni los propios habitantes del cielo podran abrir en son de guerra; una torre de hierro se alza al aire, Y Tisfone sentada, revestida de un manto de sangre, 555 guarda insomne la entrada de da y de noche. Por aqu se escuchan gemidos y el chasquido de crueles azotes con el estridor del hierro y de cadenas arrastradas. Se detuvo Eneas y escuch el estrpito aterrorizado: De qu crmenes se trata? Habla, virgen. Con qu penas 560 se les atormenta? A qu tanto lamento por el aire? Entonces la vidente as comenz a decir: Caudillo famoso de los teucros, ningn inocente puede detenerse en el umbral de los criminales; pero a m, cuando Hcate me puso al cuidado de los bosques avernos, ella misma me mostr los castigos de los dioses y me llev por todas partes. 565 Manda en estos reinos despiadados Radamanto de Cnosos y castiga y escucha los engaos y a declarar obliga lo que cada cual entre los vivos, las culpas cometidas, dej para la muerte tarda contento con un fraude vano. Al punto la vengadora armada con su ltigo cae saltando, 570 Tisfone, sobre los culpables, y con las torvas serpientes en la izquierda llama al ejrcito cruel de sus hermanas. Entonces finalmente chirran sobre su horrsono gozne y se abren las sagradas puertas. Ves qu guardin hay sentado a la entrada, qu monstruo guarda los umbrales? 575 La gigantesca Hidra con sus cincuenta negras bocas, ms cruel an, tiene dentro su sede. Luego es el Trtaro mismo, que se abre al abismo y se extiende bajo las sombras dos veces lo que la vista del cielo hasta el Olimpo etreo. Aqu la antigua prole de la Tierra, los jvenes Titanes, 580 por el rayo abatidos se revuelven en la profunda hondura. Aqu vi tambin a los dos Aladas, los enormes cuerpos, los que intentaron rasgar el gran cielo con sus manos y arrojar a Jove de los reinos superiores. A Salmneo vi tambin pagando cruel castigo 585 por imitar los fuegos de Jpiter y los sonidos del Olimpo. Llevado ste por cuatro caballos y agitando una antorcha, por los pueblos de los griegos y la ciudad en el centro de la lide marchaba triunfante, y peda para s honor de dioses, pobre loco que las nubes y el rayo inimitable 590 simulaba con bronces y con el trote de los cascos de los caballos. Pero el padre todopoderoso blandi su dardo entre el denso nublado, no antorchas o los fuegos humeantes de las teas, y lo hundi de cabeza en el profundo abismo. Tambin a Ticio poda verse, retoo de la madre Tierra, 595 cuyo cuerpo se extiende a lo largo de nueve yugadas mientras un buitre enorme de corvo pico devora su hgado inmortal y las entraas fecundas con el castigo y rebusca en su comida y vive metido en su pecho sin dar descanso alguno a las fibras renacidas. 600 Para qu mencionar a los Lpitas, a Ixin y Pirtoo? Sobre ellos una negra roca a punto de caer amenaza y parece que cae; brillan las patas de oro de altos lechos suntuosos, y los banquetes preparados ante sus ojos con lujo de reyes; al lado la mayor de las Furias 605 acecha e impide tocar las mesas con las manos, y se alza blandiendo la antorcha y atruena con su boca. Aqu los que odiaron a sus hermanos mientras vivan, o pegaron a su padre y engaos urdieron a sus clientes, o quienes tras encontrar un tesoro lo guardaron para ellos 610 y no dieron parte a los suyos (ste es el grupo mayor), y los muertos por adulterio, y quienes armas siguieron impas sin miedo a engaar a las diestras de sus seores, aqu encerrados aguardan su castigo. No trates de saber qu castigo o qu forma o fortuna sepult a estos hombres. 615 Unos hacen rodar un enorme peasco y de los radios de las ruedas cuelgan encadenados; sentado est y lo estar para siempre Teseo, desgraciado, y el misrrimo Flegias a todos advierte y a grandes voces avisa por las sombras: Aprended advertidos la justicia y a no despreciar a los dioses. 620 ste vendi su patria por oro y a un dueo poderoso la someti; leyes hizo y deshizo por dinero; ste se meti en el lecho de su hija y en himeneos vedados: todos osaron crmenes horribles y a cabo los llevaron. No podra yo, as cien lenguas y cien bocas tuviera 625 y una voz de hierro, de sus delitos abarcar todas las formas, todos los nombres enumerar de los castigos. Luego que dijo esto la longeva sacerdotisa de Febo, pero vamos ya, ponte en marcha y acaba la tarea emprendida; dmonos prisa -aade-; construidas en las fraguas de los Ciclopes 630 las murallas estoy viendo y en el arco de enfrente las puertas donde nos ordenan depositar las ofrendas debidas. Haba dicho y a la par marchando por oscuros caminos cubren la distancia que les separa y a la puerta se aproximan. Gana Eneas la entrada y asperja su cuerpo 635 con agua fresca y cuelga la rama del umbral frontero. Por fin, esto cumplido, realizada la ofrenda a la diosa, llegaron a lugares gozosos y a las amenas praderas de los bosques bienaventurados y a las felices sedes. Aqu un aire anchuroso los campos viste de luz 640 purprea, y su propio sol y sus astros conocen. Unos ponen a punto sus msculos en palestras de hierba, compiten jugando y pelean en la rubia arena; otros marcan el baile con los pies y recitan poemas. All tambin el sacerdote tracio de larga vestidura 645 se acompaa con los siete tonos de los sonidos y ya los pulsa con los dedos, ya con el plectro marfileo. Aqu la antigua dinasta de Teucro, hermossima prole, hroes magnnimos nacidos en tiempos mejores, Ilo y Asraco y Drdano el fundador de Troya. 650 De lejos contempla las armas de los hroes y sus carros vacos; estn las lanzas clavadas en tierra y sueltos por todo el campo pacen los caballos. El gusto que de vivos tuvieron por carros y armas, ese cuidado en dar de comer a lustrosos caballos, el mismo les sigue bajo tierra. 655 A otros distingue, en fin, a derecha e izquierda comiendo por la hierba y entonando el alegre pen en corro en el bosque perfumado de laurel del que hacia lo alto corre caudalosa por la selva la corriente del Erdano. Aqu el grupo de los que recibieron heridas luchando por la patria, 660 y los que fueron castos sacerdotes mientras vivieron, y los vates piadosos que hablaron dignos de Febo, o quienes ennoblecieron la vida descubriendo las artes, quienes por sus mritos lograron que los dems les recordasen: a todos ellos, nfulas de nieve les cien las sienes. 665 As, esparcidos alrededor como estaban, les habl la Sibila, y a Museo el primero (pues la multitud lo tiene en el centro y lo contempla asomando con sus altos hombros): Decid, nimas felices, y t, el mejor de los vates, qu regin, qu lugar tiene a Anquises? Por su causa 670 venimos y atravesamos del rebo las aguas caudalosas. Y esta respuesta le dio el hroe con pocas palabras: Ninguno tiene morada fija; vivimos en bosques tupidos, y andamos por los lechos de las riberas y los frescos prados de los arroyos. Pero vosotros, si en el corazn os lo pone el deseo, 675 pasad este collado y os pondr ya en un camino fcil. Dijo, y ech a andar delante y desde la altura les muestra la esplndida llanura; dejan luego las altas cimas. Y el padre Anquises, en lo hondo de un valle verdeante, observaba a las almas encerradas que iban a subir al mundo 680 superior fijndose con atencin, y al nmero todo de los suyos andaba censando, y a sus nietos queridos y el hado y la fortuna de los hombres, sus costumbres y sus obras. Y cuando vio a Eneas que le vena al encuentro por la hierba, le tendi gozoso ambas palmas, 685 se llenaron de lgrimas sus mejillas y la voz se escap de su boca: Al fin, has llegado! Esa piedad tuya que tu padre anhelaba ha podido vencer el duro camino? Se me da mirar tu rostro, hijo mo, y escuchar y responder a voces conocidas? As ciertamente lo esperaba en mi corazn y pensaba 690 que ocurrira los das contando, y no me enga mi cuidado. Qu tierras y qu mares inmensos has recorrido para que te reciba! Por qu peligros has pasado, hijo! Cmo tem que te daaran los reinos de Libia! Y Eneas a su vez: Padre, tu triste imagen a menudo 695 se me apareci y me empuj a buscar estos umbrales; las naves aguardan en el mar tirreno. Dame tu diestra, dmela, padre mo, y no te sustraigas a mi abrazo. As diciendo con mucho llanto regaba a la vez su rostro. Tres veces intent poner los brazos en torno a su cuello; 700 tres veces huy de sus manos la imagen en vano abrazada, como el viento ligera y en todo semejante al sueo fugitivo. Ve entretanto Eneas en el fondo de un valle un apartado bosque y las ramas susurrantes de la selva, y el ro Lete que corre delante de las plcidas mansiones. 705 A su alrededor gentes innmeras y pueblos volaban: como las abejas cuando en la calma del verano por los prados se posan en flores diversas y de los cndidos lirios en torno se derraman, vibra todo el campo con su murmullo. Se espanta Eneas, ignorante, por la visin repentina 710 y pregunta los motivos, qu ros son sos, y quines llenan sus riberas en numeroso grupo. A eso el padre Anquises: nimas a las que otro cuerpo se debe por el hado, junto a las aguas del ro Lete beben el lquido sereno y largos olvidos. 715 Hace ya tiempo que quiero hablarte de ellas y delante ponrtelas, enumerarte esta prole de los mos, para que ms te alegres conmigo de haber encontrado Italia. Padre mo, hay que pensar entonces que de aqu suben al cielo ligeras algunas almas y de nuevo regresan a los torpes 720 cuerpos? Qu ansia tan cruel de luz es la de estos desgraciados? Te lo dir en verdad y no te dejar, hijo, sin respuesta, comienza Anquises y por orden va explicando cada cosa. Para empezar, el cielo y las tierras y los lquidos llanos y el luminoso globo de la luna y el astro titanio, 725 un espritu interior los alienta y un alma metida en sus miembros da vida a la mole entera y se mezcla con el gran cuerpo. De ah la estirpe de los hombres y los ganados y la vida de las aves y los monstruos que el ponto guarda bajo la superficie de mrmol. De fuego es su vigor y celeste el origen 730 eso de las semillas, en tanto no las gravan cuerpos dainos o partes terrenales las embotan y miembros que han de morir. Entonces temen y desean, sufren y gozan y las auras no ven, encerradas en las tinieblas y en una crcel ciega. Y as, cuando en el da supremo las deja la vida, 735 no por ello todo mal abandona a las desgraciadas ni del todo el contagio del cuerpo, y es bien natural que misteriosamente arraiguen muchas adherencias. De modo que se las prueba con penas y de antiguas culpas sufren el castigo. Unas colgadas se abren 740 a los vientos inanes, de otras en vasto remolino se lava el crimen infecto o con fuego se quema; cada cual padecemos los propios Manes; despus se nos suelta por el Elisio anchuroso, y unos cuantos ocupamos los campos felices hasta que el largo da, cumplido el ciclo del tiempo, 745 limpia la impureza arraigada y puro deja el sentido etreo y el fuego del aura primitiva. A todas ellas, luego que durante mil aos giraron la rueda, el dios las llama en numeroso grupo al ro Lete, para que sin memoria de nuevo contemplen la bveda del cielo 750 ya desear empiecen otra vez entrar en un cuerpo. Haba dicho Anquises, y a su hijo junto con la Sibila lleva al centro de una asamblea y una ruidosa muchedumbre, Y gana una altura desde donde ver pueden en larga fila a todos de frente, y conocer los rostros de los que llegan. 755 Mira ahora, qu gloria ha de seguir en adelante a la raza de Drdano, qu descendencia aguarda a la tala estirpe, almas ilustres y que han de sumarse a nuestro nombre, te explicar con palabras, y te har ver tu propio destino. Aquel joven -es- que se apoya sobre el asta pura, 760 ocupa por suertes el lugar ms cercano a la luz, el primero a las auras etreas subir con mezcla de tala sangre, Silvio, nombre albano, tu pstuma prole que, longevo, tarde tu esposa Lavinia te criar en las selvas, rey y padre de reyes, 765 de donde nuestra raza dominar en Alba Longa. A su lado est Procas, gloria del pueblo troyano, y Capis y Numitor y el que te har volver con su nombre, Silvio Eneas, por igual en piedad y en armas egregio, si alguna vez recibe el reino de Alba. 770 Qu jvenes! Qu fuerza demuestran mira- y qu sienes cie con su sombra la cvica encina! stos Nomento y Gabios y la ciudad de Fidena, stos el alczar colatino levantarn para ti sobre los montes, Pometios y Castro de Inuo y Bola y Cora; 780 stos sern sus nombres luego, hoy son tierras sin nombre. Y el hijo de Marte se har compaero del abuelo, Rmulo, a quien de la sangre de Asraco su madre Ilia parir. No ves cmo se alzan sobre su cabeza dos crestas y el mismo padre de los dioses ya con su honor lo seala? Ah, hijo! Bajos los auspicios de ste aquella nclita Roma igualar su imperio con las tierras, su espritu con el Olimpo, y una que es rodear sus siete alczares con un muro, bendita por su prole de hroe, como la madre Berecintia coronada de torres se deja llevar en su carro por las ciudades frigias 785 gozosa con el parto de dioses, abrazando a sus cien nietos, habitantes todos del cielo, todos en las regiones superiores. Vuelve hacia aqu tus ojos, mira este pueblo y a tus romanos. Aqu, Csar y toda de Julo la progenie que ha de llegar bajo el gran eje del cielo. 790 ste es, ste es el hombre que a menudo escuchas te ha sido prometido, Augusto Csar, hijo del divo, que fundar los siglos de oro de nuevo en el Lacio por los campos que un da gobernara Saturno, y hasta los garamantes y los indos llevar su imperio; se extiende su tierra allende las estrellas, 795 allende los caminos del ao y del sol, donde Atlante portador del cielo hace girar sobre sus hombros un eje tachonado de lucientes astros. Ante su llegada, ahora ya se horrorizan los reinos caspios con las respuestas de los dioses y la tierra meotia, y se estremecen las siete bocas temblorosas del Nilo. 800 Ni aun Alcides recorri tanta tierra, bien que asaetease a la cierva de patas de bronce o de Erimanto en los bosques pusiera paz y temblar hiciera a Lerna con su arco; ni el que victorioso lleva sus yuntas con riendas de pmpanos, Lber, bajando tigres de la elevada cumbre del Nisa. 805 Y an dudamos en extender el valor con hazaas, o el miedo nos impide quedarnos en la tierra de Ausonia? Quin es aquel que lleva a lo lejos los smbolos sagrados distinguido con la rama del olivo? Reconozco el cabello y la barba canosa del rey romano que con sus leyes la ciudad primera 810 fundar, de la pequea Cures y de una pobre tierra lanzado a un gran imperio. A ste le seguir despus Tulo, quien romper los ocios de la patria y a sus hombres inactivos mandar a la guerra y a escuadrones ya sin costumbre 815 de triunfos. De cerca le sigue Anco, demasiado orgulloso, que incluso ya aqu goza en demasa con el favor del pueblo. Quieres ver tambin a los reyes Tarquinios y el alma orgullosa del vengador Bruto y las fasces recobradas? La autoridad del cnsul l ser el primero en recibir y las crueles segures y, padre, en nombre de la hermosa libertad 820 pedir el castigo para sus hijos por levantar guerras nuevas, desgraciado comoquiera que juzguen esto sus descendientes: Vencer el amor de la patria y un ansia de gloria sin medida. Tambin a Decios y Drusos a lo lejos y a Torcuato mira cruel con su segur y a Camilo que recupera las enseas. 825 Pero aquellas almas que ves brillar con armas parecidas, en paz ahora y mientras esta noche las contenga, ay! Qu guerra terrible entre ellas, si la luz de la vida llegan a alcanzar, qu ejrcitos movern y qu matanza: el suegro bajando de las laderas alpinas y la roca 830 de Moneco, el yerno frente a l con las tropas de oriente! No, muchachos, no acostumbris vuestro nimo a guerras tan grandes ni volvis fuerzas poderosas contra las entraas de la patria, y t ms, perdona t que eres del linaje del Olimpo, arroja las armas de tu mano, sangre ma! 835 Aqul, sometida Corinto, su carro llevar victorioso al alto Capitolio, insigne por la matanza de aqueos. Abatir aqul Argos y de Agamenn la Micenas e incluso a un Ecida, estirpe de Aquiles poderoso en las armas, vengando a los antepasado de Troya y los templos mancillados de Minerva. 840 Quin dejar de nombrarte, gran Catn, o a ti, Coso? Quin la estirpe de Graco o a los dos Escipiones, dos rayos de la guerra, azote de Libia, y al poderoso en lo poco, Fabricio, o a ti, Serrano, sembrando tus surcos? A dnde me llevis cansado, Fabios? T el Mximo aqul eres, 845 quien solo, contemporizando, nos salvas el estado. Labrarn otros con ms gracia bronces animados (no lo dudo), sacarn rostros vivos del mrmol, dirn mejor sus discursos, y los caminos del cielo trazarn con su comps y describirn el orto de los astros: 850 t, romano, piensa en gobernar bajo tu poder a los pueblos (stas sern tus artes), y a la paz ponerle normas, perdonar a los sometidos y abatir a los soberbios. As, el padre Anquises, y aade ante su asombro: Mira cmo llega Marcelo sealado por opimo 855 botn y vencedor sobresale entre todos los soldados. ste los intereses de Roma en medio de gran revuelta afirmar a caballo, tumbar a los pnicos y al galo rebelde, y colgar el tercero al padre Quirino las armas capturadas. Y entonces Eneas (pues a su lado marchar vea 860 a un joven de hermoso aspecto y armas brillantes, mas ensombrecida su frente y los ojos en un rostro abatido): Quin, padre, es aquel que as acompaa el caminar del hroe? Su hijo o alguno de la gran estirpe de sus nietos? Qu estrpito forma su squito! Qu talla la suya! 865 Pero una negra noche de triste sombra vuela en torno a su cabeza. A lo que el padre Anquises sin contener las lgrimas repuso: Ay, hijo! No preguntes por un gran duelo de los tuyos; los hados lo mostrarn a las tierras slo y que ms sea no habrn de consentir. La descendencia romana demasiado poderosa 870 os parecera, dioses, si hubiera contado con este presente. Cmo se llenar de gemidos de hombres el campo aquel junto a la gran ciudad de Marte! Y qu funerales vers, Tiberino, cuando pases lamiendo el tmulo reciente! Ningn hijo del pueblo troyano har llegar tan lejos 875 las esperanzas de los padres latinos, ni se jactar tanto la tierra de Rmulo nunca con ninguno de sus retoos. Ay, piedad! Ay, fe de los antiguos y diestra invicta en la guerra! Nadie habra salido a su encuentro en armas impunemente, bien que a pie fuera contra el enemigo, 880 bien que clavase su espuela en los ijares del espumante caballo. Pobre muchacho, ay! Si puedes quebrar un spero sino, t sers Marcelo. Dadme lirios a manos llenas, que he de cubrirlo de flores de prpura y colmar el alma de mi nieto al menos con estos presentes, y cumplir una huera 885 ofrenda. As vagan sin rumbo por la regin entera en los anchos campos areos y todo recorren. Luego que Anquises llev a su hijo a ver cada cosa y encendi su corazn con el ansia de la fama venidera, cuenta despus las guerras al hroe que ha de pasar 890 y le muestra los pueblos laurentes y la ciudad de Latino, y cmo y qu fatigas ha de evitar y ha de soportar. Dos son las puertas del Sueo, de las cuales una se dice de cuerno, por donde fcil salida se da a las sombras verdaderas; la otra resplandece del brillante marfil que la forma 895 pero envan los Manes al cielo los falsos ensueos. All Anquises lleva luego a su hijo junto con la Sibila con estas palabras y los saca por la puerta marfilea, va este derecho a las naves y encuentra a sus compaeros. Se dirige entonces por la costa al puerto de Cayeta. 900 Cae el ncora de la proa; se yerguen las naves en la playa. LIBRO VII T tambin a nuestros litorales, oh nodriza de Eneas, fama diste inmortal con tu muerte, Cayeta; y an hoy conservan tus honras el lugar y los huesos tu nombre en Hesperia la grande -si gloria es eso- seala. El piadoso Eneas, celebradas debidamente las exequias, 5 levantando el terrapln del tmulo, luego que callaron los mares profundos, abre camino a sus velas y el puerto abandona. Brisas lo llevan soplando hacia la noche y no oculta el rumbo una luna brillante, esplende el mar a la luz temblorosa. Pasan rozando las cercanas costas de la tierra de Circe, 10 donde la exhuberante hija del Sol recnditos bosques hace que resuenen de su canto continuo, y a las luces de la noche en moradas soberbias quema el cedro oloroso mientras recorre las delicadas telas con afilado peine. Se escuchan all los gemidos y la furia de los leones 15 que cadenas rechazan y rugen bien entrada la noche; y los cerdos erizados de pas y los osos enfurecidos en sus jaulas y el aullido de las sombras de lobos enormes: a todos de su aspecto humano la diosa cruel con poderosas hierbas los haba cambiado, Circe, en rostro y cuerpos de fieras. 20 Para que maravilla semejante no sufrieran los piadosos troyanos si entraban en el puerto, ni padecieran un litoral cruel, Neptuno llen sus velas de vientos favorables, propici su huida y los lanz ms all de hiervientes escollos. Y ya enrojeca con sus rayos el mar y desde el alto ter 25 la Aurora brillaba de azafrn en su biga de rosas, cuando se posaron los vientos y se detuvo de repente todo soplo y se esfuerzan los remos en el tardo mrmol. Y ve entonces Eneas un enorme bosque desde el mar. Aqu el Tiber de amena corriente 30 y rpidas crestas y rubio de la mucha arena irrumpe en el mar. Alrededor y en lo alto frecuentan aves diversas sus orillas y el curso del ro endulzando el aire con su canto y volaban por el bosque. Torcer el rumbo ordena a sus compaeros y volver las proas 35 a tierra y alegre se adentra en la corriente umbrosa. Ahora ea, Erato. He de contar qu reyes, qu tiempos, cul era en el Lacio antiguo el estado de las cosas, cuando un ejrcito extranjero llev su flota a las costas ausonias, y cantar el origen de la lucha primera. 40 T, diosa, ilumina t al vate. He de decir guerras horribles, he de decir ejrcitos formados y reyes que el valor condujo a la muerte y las tropas tirrenas y toda entera sometida alas armas Hesperia. Se alza ante m una serie mayor de sucesos, emprendo una obra an ms grande. 45 Reinaba el rey Latino, ya anciano, en larga paz sobre campos y tranquilas ciudades. Que era ste nacido de Fauno yla Ninfa laurente Marica sabemos; Pico fue el padre de Fauno y a ti, Saturno, por padre te tiene ste: eres t el origen remoto de esta sangre. No tena hijo Latino por sino de los dioses ni le quedaba 50 de varones prole alguna, que haba perdido en el surgir de la primera juventud. Sola guardaba su casa y posesiones tan grandes una hija, madura ya para varn, ya con los aos de casar cumplidos. Muchos la pretendan del gran Lacio y de Ausonia entera; la pretenda el ms bello que todos los otros, 55 Turno, poderoso de abuelo ybisabuelo, a quien la regia esposa animaba con ansia sorprendente a unrsele por yerno; mas portentos divinos lo impiden con terrores diversos. Haba un laurel en medio de la casa, en lo ms hondo, de sagrado follaje y cuidado con reverencia durante muchos aos, 60 que, se deca, el padre Latino en persona encontr y consagr a Febo, al fundar de la ciudad los cimientos, y que por l puso de nombre laurentes a los colonos. De aqul en lo ms alto una nube de abejas (asombra contarlo) se instal, llevadas por el aire 65 transparente con intenso zumbido y se colg con las patas trabadas un repentino enjambre de la rama frondosa. Al punto el vate dijo: Vemos que llega un hombre extranjero, y que del mismo sitio viene al mismo sitio y se apodera de la alta fortaleza. 70 Adems, mientras los altares perfumaba con castas antorchas y junto a su padre en pie estaba la joven Lavinia, se vio (qu espanto!) que un fuego prenda en el largo cabello y arda todo su tocado entre llamas crepitantes, abrasado su pelo de reina, abrasada la corona 75 cuajada de gemas; llena de humo, entonces, la envolva una luz amarilla y extenda a Vulcano por toda la casa. Contaban esta visin como algo horrible y asombroso, pues anunciaba que ilustre y famoso sera su propio destino, pero que gran guerra habra de traer a su pueblo. 80 Entonces el rey, preocupado por estos fenmenos, de Fauno el orculo, su padre clarividente, busca y consulta los bosques al pie de la alta Albnea, donde resuena la mayor de las selvas con su fuente sagrada que, sombra, exhala terribles vapores. Aqu los pueblos de Italia y toda la tierra de Enotria 85 respuesta buscan en la duda; aqu el sacerdote, cuando lleva su ofrenda y en la noche callada se acuesta en pellejos de velludas ovejas y el sueo concilia, puede ver con maravillosas figuras muchas imgenes volar y escucha voces diversas y de la conversacin goza 90 de los dioses y habla con el Aqueronte del profundo Averno. Aqu tambin entonces el padre Latino respuesta buscando sacrificaba segn el rito cien lanudas ovejas y acostado descansaba sobre sus vellones extendidos. De la hondura del bosque le lleg una voz repentina: 95 No pretendas casar a tu hija con un matrimonio latino, oh, sangre ma, ni confes en el tlamo ya preparado. Yernos vendrn extranjeros que con su sangre nuestro nombre llevarn a los astros y cuyos descendientes todo vern caer bajo sus pies, todo gobernarn 100 cuanto ve el sol al correr de uno a otro Ocano. No guarda en su boca Latino esta respuesta de su padre Fauno ni los consejos recibidos en la noche callada, sino que ya la Fama que vuela alrededor por las ciudades ausonias los haba llevado, cuando la juventud laomedontia 105 at sus naves a la pendiente hermosa de la orilla. Eneas y sus jefes primeros y el apuesto Julo dan con sus cuerpos bajo las ramas de un rbol alto, y ordenan un banquete y disponen por la hierba bajo los alimentos tortas de harina (as el propio Jpiter se lo inspiraba) 110 y colman de frutas silvestres el suelo cereal. Aqu por caso, cuando todo acabaron y la poca comida les oblig a hincar el diente en la delgada pasta de Ceres y a violar con manos y audaces mandbulas el crculo de las tortas del destino, sin dejar siquiera los anchos cuadros: 115 Vaya! Hasta las mesas nos comemos?, exclam Julo y nada ms, en broma. El escuchar estas palabras por vez primera trajo el final de las fatigas, y al punto las arranc el padre de la boca de quien las dijo y le hizo callar pasmado del augurio. Al punto: Salve, tierra que el destino nos deba, 120 y salve a vosotros -dijo-, leales Penates de Troya. Aqu est mi casa, sta es mi patria. Pues ya mi padre Anquises (ahora lo recuerdo) me dej estos arcanos del destino: Cuando, hijo mo, ests en litoral desconocido y por el hambre te veas obligado, agotadas las viandas, a devorar las mesas, 125 acurdate, aun cansado, de esperar tus casas y de con tu mano levantar all tu primera morada y disponer alrededor un muro. sta era el hambre aqulla, sta por ltimo nos aguardaba para marcar el fin de nuestros sufrimientos. As que nimo y, contentos, con la primera luz del sol 130 qu lugares o qu hombres los ocupan, dnde las murallas del pueblo investiguemos y salgamos del puerto por diversos caminos. Libad ahora las pteras a Jpiter y con preces llamad a mi padre Anquises, y reponed el vino de las mesas. Despus de hablar as cie sus sienes con una frondosa 135 rama y al genio del lugar y a la primera de las diosas, la Tierra, y a las Ninfas y a los ros an desconocidos invoca, como a la Noche y de la Noche a los astros nacientes y a Jpiter Ideo y a la madre frigia por orden les reza y a su madre en el cielo y en el rebo al padre. 140 Tron entonces tres veces el padre todopoderoso, brillante en lo alto del cielo, y con sus rayos y el oro de la luz por su mano mostr una nube ardiente sacudindola desde el ter. Corre de pronto en el campo troyano el rumor de que el da haba llegado en que la muralla debida fundaran. 145 Reanudan encendidos el banquete y ante visin tan grande llenan alegres las crateras y coronan el vino. Cuando la luz del da siguiente a baar empezaba las tierras, la ciudad y el territorio y las costas de ese pueblo exploran por caminos diversos: stas eran las aguas de la frente del Numico, 150 ste el ro Tber, aqu vivan los valientes latinos. Entonces el hijo de Anquises ordena marchar al augusto recinto del rey a cien oradores elegidos entre todas las clases, cubiertos todos con las ramas de Palas, a llevarle presentes y pedir la paz para los teucros. 155 Sin tardanza se apresuran a cumplir la orden y van a toda prisa. l marca las murallas con un surco en el suelo y prepara el lugar y, a la manera de los campamentos, rodea el emplazamiento primero de la costa con un terrapln y unas almenas. Y ya divisaban los jvenes, cubierto el camino, las torres 160 y los altos tejados de los latinos y llegaban al muro. Delante de la ciudad nios y jvenes en la flor primera practican a caballo y prueban sus carros en el polvo, o tensan los dificiles arcos o agitan con sus brazos pesadas lanzas, y compiten corriendo o a golpes, 165 cuando un mensajero se adelanta a caballo y lleva a odos del anciano rey que han llegado unos hombres enormes de extraa vestidura. l ordena que sean llevados a palacio y se sienta en el centro en el trono de sus mayores. Estaba en lo alto de la ciudad la augusta morada, 170 enorme, alzada sobre cien columnas, el palacio del laurente Pico, imponente de selvas y por la devocin de los mayores. Aqu quera el augurio que recibieran los reyes el cetro y levantasen las primeras fasces; era ste su templo, la curia, ste el lugar de sus sagrados banquetes; aqu, matando el carnero, 175 solan sentarse los padres en mesas corridas. Aparecan adems por orden las efigies de los antepasados en rancia madera de cedro, talo y el padre Sabino plantador de la vid, con una corva hoz bajo su figura, y el anciano Saturno y la imagen de Jano bifronte 180 estaban en el vestbulo y desde el principio los dems reyes con las heridas de Marte recibidas luchando por la patria. Y muchas armas adems sobre sagrados postes, cuelgan carros prisioneros y corvas segures y penachos de yelmos y enormes cerrojos de las puertas 185 y lanzas y escudos y las quillas arrancadas a las naves. El propio Pico apareca sentado, el domador de caballos, con la trompeta de Quirino y ceido de breve trbea, y en la izquierda llevaba un escudo; a ste su esposa, loca de pasin, golpendolo con varita de oro y con filtros cambindolo, 190 Circe, pjaro lo volvi y salpic de colores sus alas. Del interior de tal templo, sentado en el trono de sus padres, Latino llam a los teucros a su lado y les hizo pasar, y una vez all les dice el primero con boca placentera: Decidme, Dardnidas (pues no nos es vuestra ciudad desconocida 195 ni vuestra raza, y hemos odo que andis vagando por el mar), qu buscis? Qu motivo o qu necesidad arrastr vuestras naves a la playa de Ausonia por vados cerleos? Bien por errar la ruta, bien llevados de las tempestades cual a menudo sucede en alta mar a los marinos, 200 os habis adentrado en las orillas del ro e instalado en el puerto. No evitis nuestra hospitalidad ni queris ignorar a los latinos, raza de Saturno que es justa no por ley o atadura, sino por voluntad propia y siguiendo el ejemplo del antiguo dios. Que recuerdo, en efecto (aunque los aos oscurecen los hechos), 205 que as lo contaban los viejos auruncos, cmo nacido en estos campos lleg Drdano hasta las ciudades ideas de Frigia y a la Samos de Tracia, que ahora llaman Samotracia. A aquel que de aqu parti del tirreno solar de Crito, ahora en solio de oro la morada regia del cielo estrellado 210 lo acoge y aumenta en los altares el nmero de los dioses. Dijo, y con estas palabras le sigue Ilioneo: Rey de la egregia estirpe de Fauno, ni la negra tormenta nos oblig, llevados de las olas, a arribar a esta tierra vuestra ni la estrella o la costa nos hicieron errar el camino. 215 Hemos llegado a esta ciudad por decisin propia y querindolo en nuestro corazn, expulsados del reino ms grande que un da el sol contempl en su camino desde el Olimpo. De Jove el origen de la raza nuestra, la juventud dardnida se enorgullece de su padre Jove y de la raza suprema de Jove nuestro rey: 220 el troyano Eneas nos ha trado hasta tus umbrales. De qu manera de la cruel Micenas se desat por los ideos campos la tempestad, por qu hados llevados de una y otra parte se enfrentaron el mundo de Europa y el de Asia, lo saben tanto el que el lmite de las tierras aleja 225 donde refluye el Ocano como aquel a quien separa la zona del sol inicuo que se extiende en medio de las otras cuatro. Despus de aquel desastre llevados por tantos vastos mares, buscamos un pequeo solar para los dioses patrios y una costa tranquila, y agua y aire libre para todos. 230 No seremos indignos de vuestro reino ni ser pequea vuestra fama ni se borrar la gracia de tan grande favor, ni habrn de arrepentirse los ausonios de acoger a Troya en su regazo. Que lo juro por los hados y la diestra poderosa de Eneas, si alguno hay que la haya conocido en tratos o en armas y guerra; 235 muchos pueblos, muchas naciones (no nos desprecies, aunque nos veas con cintas en las manos y palabras suplicantes) nos requirieron y quisieron unirnos con ellos; mas los hados de los dioses nos obligaron con su fuerza a buscar vuestras tierras. De aqu procede Drdano, 240 aqu nos manda de nuevo Apolo y nos obliga con sus rdenes al Tiber tirreno y a las sagradas aguas de la fuente del Numico. A ti te entrega adems, como presentes, exiguos testigos de una mejor fortuna, restos salvados de las llamas de Troya. Con este oro libaba el padre Anquises junto a los altares, 245 ste era el ornato de Pramo cuando imparta justicia segn la costumbre a los pueblos convocados, el cetro y la tiara santa y su vestido, labor de las troyanas. A tales palabras de llioneo fijos Latino mantena el rostro y la mirada y no los apartaba sin moverse del suelo, 250 volviendo sus ojos atentos. Y ni la prpura bordada distrae al rey ni le distraen los cetros de Pramo tanto cuanto pensando est en la boda y el tlamo de la hija, y da vueltas en su corazn al antiguo aviso de Fauno; ste era aquel yerno venido de un pas extranjero 255 que anunciaba el destino y con iguales auspicios llamado estaba a reinar, de ste la estirpe que por su valor sera famosa y habra de llenar con sus fuerzas el orbe entero. Contento al fin exclama: Secunden los dioses nuestros planes y su propio augurio! Se te dar, troyano, lo que pides, 260 y no desprecio tus regalos. Mientras sea rey Latino la riqueza no os faltar de un buen campo o la opulencia de Troya. As que, venga Eneas en persona, si tanto deseo tiene de nosotros, si es que tiene prisa en sellar nuestra hospitalidad y ser llamado nuestro aliado, y no se esconda de rostros amigos: 265 prenda ser para m de paz estrechar la diestra de vuestro jefe. Volved a llevar ahora a vuestro rey mis palabras: una hija tengo que segn las suertes del templo de mi padre no debe casarse con varn de nuestra raza, ni lo permiten muchas seales del cielo; avisan que de costas lejanas 270 yernos vendrn -que ste es el futuro del Lacio- que con su sangre alzarn nuestro nombre a las estrellas. Y yo creo que ste es aquel que el destino reclama y as si es buen adivino el corazn, lo deseo. Dicho esto el padre elige caballos de su manada (trescientos aguardaban relucientes en altos establos), 275 y al punto ordena que para todos los teucros sean llevados por orden los alados corceles enjaezados de prpura y telas bordadas (de los pechos les cuelgan collares de cuentas de oro, de oro cubiertos, oro amarillo muerden entre los dientes), para el ausente Eneas un carro y una pareja para el yugo 280 de celestial simiente que fuego respira por la nariz, de la raza de aquellos que a su padre rob la maga Circe y cri bastardos de una madre que les haba puesto debajo. Con presentes tales los Enadas y con las palabras de Latino regresan altivos sobre sus caballos y llevan ofertas de paz. 285 Mas he aqu que volva de la Argos del naco la cruel esposa de Jpiter y volaba por los aires, y divis a los lejos desde el cielo al feliz Eneas y a la flota dardania por encima del sculo Paquino. Ve cmo se alzan ya las casas, que se entregan confiados a la tierra, 290 que han abandonado los barcos; clavada se qued de aguda rabia. Sacudiendo entonces la cabeza estas palabras saca de su pecho: Ay raza odiada y a nuestros hados contrarios hados de los frigios! As que no cayeron en los campos sigeos, no pudieron tampoco caer prisioneros, ni quem el incendio 295 de Troya a sus guerreros? En plena batalla y entre el fuego supieron hallar una salida. As que, ya veo, al fin mi numen yace agotado, o saciado mi odio me he cruzado de brazos. Para eso me lanc a perseguirlos, arrojados de su patria, con vehemencia porlas aguas y a impedir por todo el mar su huida! 300 Agotado se han las fuerzas del mar y del cielo contra los teucros. De qu me sirvieron las Sirtes o Escila, de qu Caribdis enorme? Ya se refugian en el ansiado cauce del Tiber sin miedo del pilago o de m. Fue Marte capaz de perder al pueblo de los Lpitas gigantes; el propio padre de los dioses 305 entreg la antigua Calidn a la ira de Diana, y qu delito cometieron Lpitas y Calidn para merecerlo? Y heme aqu, la gran esposa de Jove que, pobre de m, nada dej por intentar, que a todo me he lnzado, vencida ahora por Eneas. Pues bien, si mi numen 310 no es bastante, no he de dudar ciertamente en implorar donde sea: si domear no puedo a los de arriba, mover al Aqueronte. No me ser dado alejarlos del reino latino -sea- y sin cambio sigue por el destino la esposa Lavinia; mas aadir y acumular obstculos puedo a cosas tan grandes, 315 en dos puedo dividir a los pueblos de estos reyes. Este precio pagarn los suyos, si suegro y yerno se unen: de sangre troyana y rtula tendrs la dote, muchacha, y Belona ser la diosa que presida tu boda. No ha sido sola la hija de Ciseo en parir, preada de la tea, fuegos conyugales; 320 tambin Venus tendr su parto y habr un nuevo Paris, y de nuevo funestas alumbrarn las antorchas a la Prgamo que renace. Luego que dijo esto horrenda descendi a tierra; a la enlutada Alecto de la sede de las diosas crueles saca y de la tiniebla infernal, a la que ama las guerras 325 dolorosas, las iras, las insidias y los crmenes dainos. Hasta Plutn, su padre, la odia y sus hermanas del Trtaro odian al monstruo: en tantos rostros se transforma, con tan crueles caras aparece, tan negra de culebras. Juno la provoca con estas palabras, y as le dice: 330 Brndame tu ayuda favorable, muchacha nacida de la Noche, colabora para que mi honor no ceda ni se quebrante mi fama en el lugar, que con bodas no puedan los Enadas ganarse a Latino ni en territorio talo instalarse. En tus manos est lanzar al combate a hermanos de igual alma 335 y derribar las mansiones con el odio; t puedes meter tu fusta en las casas y las antorchas funerales; t tienes mil nombres y mil formas de daar. Sacude tu pecho fecundo, rompe el arreglo de paz, siembra crmenes de guerra. Que anse las armas, las pida ylas empue la juventud. 340 Sale Alecto infestada del veneno de la Gorgona y el Lacio primero y los altos techos del caudillo laurente busca, y se sienta en el callado umbral de Amata, a la que, ardiente, quemaban adems de la llegada de los teucros y las bodas de Turno, cuitas y enojos de mujer. 345 A ella la diosa de cabellos cerleos una sola serpiente le lanza que se mete en su seno hasta lo hondo del pecho, para que, enfurecida por el monstruo, sacuda la casa entera. Se desliza ella entre el vestido y el suave pecho yvueltas da sin contacto alguno y engaa a la enfurecida 350 inspirndole aliento de vbora; se vuelve la culebra enorme collar de oro en su cuello, se vuelve remate de cinta y cie sus cabellos y lbrica vaga por sus miembros. Y mientras el contagio primero con su hmedo veneno ataca sus sentidos y envuelve sus huecos en fuego 355 y an su nimo no recibe la llama en todo el pecho, habl dulcemente y a la manera que las madres acostumbran, llorando y llorando por su hija y el himeneo frigio: A unos teucros sin patria ser entregada mi Lavinia, padre, y no tendrs piedad ni de ti ni de su hija? 360 Y no tendrs piedad de una madre a quien el prfido pirata dejar con el primer Aquiln, llevndose a su hija a alta mar? Es que no fue as cmo entr en Lacedemonia el pastor frigio y a Helena se llev, la hija de Leda, a la ciudad troyana? Qu hay de tu sagrada palabra? Qu de tu antiguo cuidado por los tuyos 365 y de tu diestra, que tantas veces diste a tu pariente Turno? Si para yerno se busca a uno de un pueblo que no sea latino y as est decidido y el mandato te obliga de tu padre Fauno, pienso en verdad que toda la tierra que est libre de tu cetro es extranjera, y que as lo proclaman los dioses. 370 Y de Turno, si hay que buscar el origen primero de su casa, naco yAcrisio son los padres yMicenas la patria. Cuando advirtiendo que ha hablado en vano ve que Latino sigue en su contra, y hasta el fondo de su corazn se desliza el veneno furioso de la serpiente y por completo la gana, 375 entonces la infeliz empujada por terribles visiones enloquece fuera de s sin freno por la inmensa ciudad. Como el trompo gira impulsado por la cuerda retorcida con el que los nios en gran corro juegan por los patios vacos y practican atentos su juego: l va trazando crculos 380 al golpe de la cuerda; pasmados miran desde lo alto los grupos de nios ante el boj volandero; las vueltas le dan fuerzas. No en carrera ms lenta se agita Amata por la ciudad y entre la gente fiera. Luego, fingindose bajo el numen de Baco por los bosques 385 se entrega a un delito mayor y en alas de una mayor locura vuela y esconde a su hija en los montes frondosos, para arrancrsela del tlamo a los teucros y retrasar las teas, gritando Evoh, Baco, slo t digno de mi hija vociferando, que empue para ti los blandos tirsos, 390 que te rodee con su danza, que para ti alimente su cabello sagrado. Vuela la noticia y a todas las madres, el pecho encendido por la furia, empuja el mismo ardor a buscar nuevos techos. Sus casas dejaron, entregan al viento su pelo y su cuello; algunas llenan el aire de trmulo ulular 395 y vestidas con pieles portan las lanzas de pmpanos. Ella en medio de todas sostiene fervorosa el pino ardiente y canta las bodas de su hija con Turno, torciendo una mirada de sangre, y en tono siniestro exclama de pronto: Madres del Lacio, eh! Escuchadme! 400 Si alguna gracia para la infortunada Amata queda en vuestros pos corazones y os muerde el diente del derecho materno, desatad las cintas de vuestro pelo, venid a la orga conmigo. As lleva de un lado para otro Alecto a la reina, por bosques y lugares slo de alimaas con el estmulo de Baco. 405 Cuando entendi que haba aguzado bastante su furor primero y que haba dado en tierra con los planes y la casa de Latino, la diosa triste de las alas foscas vuela de aqu en seguida a los muros del rtulo audaz, ciudad que, dicen, Dnae fundara con colonos acrisioneos 410 impulsada por la fuerza del Noto. Hay un lugar que Ardea llamaron un da los mayores, y hoy Ardea sigue siendo su gran nombre, aunque pas su suerte. Aqu bajo altos techos Turno gozaba ya de un profundo descanso en una noche negra. Alecto se quita su torva faz y sus miembros 415 furiosos y se transforma en la figura de una anciana y ara de arrugas su obscena frente y cie sus blancos cabellos con una cinta, entrelaza luego un ramo de olivo; se convierte en Clibe, la anciana de Juno sacerdotisa de su templo, y a los ojos se presenta del joven con estas palabras: 420 Turno, vas a aguantar que se gasten en vano tantas fatigas y que sea entregado tu cetro a colonos dardanios? El rey te niega el matrimonio y una dote ganada con sangre, y busca para su reino un heredero de lejos. Venga, acude ya y ofrcete, burlado, a enojosos peligros; 425 ve y dispersa al ejrcito tirreno, protege con la paz a los latinos. Que todo esto me orden contarte a las claras, cuando yacieras en la plcida noche, la propia Saturnia todopoderosa. As que, venga! Dispn gozoso que se arme la juventud y que salga por las puertas a los campos, y abrasa a los jefes 430 frigios que se instalaron en el hermoso ro y sus pintadas naves. Una poderosa fuerza del cielo lo ordena. El propio rey Latino, si no se aviene a consentir la boda y obedecer esta orden, lo sienta y conozca por fin a Turno con sus armas. Se ech a rer en este punto el joven de la vidente 435 y as le replic: No escap a mis odos la noticia, como piensas, de que han entrado barcos en las aguas del Tiber; no me vengas con miedos tan grandes. Ni se ha olvidado de nosotros Juno soberana. Mas a ti, abuela, vencida por el tiempo y ahta de verdad 440 la vejez te castiga con vanas cuitas, y entre ejrcitos de reyes se burla de tus adivinanzas con un falso temor. Cudate mejor de las estatuas de los dioses y de sus templos; deja a los hombres la guerra y la paz, que a ellos la guerra toca. Con estas palabras se encendi la clera de Alecto. 445 Y un sbito temblor se apodera de los miembros del joven segn habla, fijos se quedaron sus ojos: con tantas hidras silva la Erinia, as de horrible descubre su rostro; entonces torciendo su mirada de fuego rechaz al que entre dudas trataba de seguir hablando e hizo alzarse dos serpientes en su pelo, 450 y chasque sus ltigos y esto aadi con boca de rabia: Aqu me tienes, vencida por el tiempo y de quien ahta de verdad se burla la vejez con falso temor entre ejrcitos de reyes. Mrame bien: vengo de la morada de las crueles hermanas, llevo en mi mano la guerra y la muerte. 455 Dicho esto arroj su antorcha sobre el joven ybajo su pecho clav teas humeantes de negra luz. Y un intenso pavor le sac de su sueo y huesos y miembros baa el sudor manado de todo su cuerpo. Enloquece pidiendo sus armas y sus armas busca por la cama y la casa; 460 le enfurece el ansia de hierro y una locura criminal de guerra y luego la clera: como cuando la llama con gran ruido de leos se amontona a los lados de un caldero que hierve y brincan los lquidos por el calor, se agita la masa humeante de agua y asoma por arriba una corriente de espuma, 465 y no se contiene ya la ola, vuela por los aires el negro vapor. As que, violada la paz, marca el camino a los jvenes principales hacia el rey Latino y ordena preparar las armas, defender Italia, expulsar del territorio al enemigo; que ellos se bastaban para ir contra los dos, teucros y latinos. 470 Luego que as habl e invoc en su favor a los dioses, compiten los rtulos en lanzarse a las armas. A ste lo mueve la prez egregia de su figura y de su juventud, a ste sus reales antepasados, a ste la diestra de claras hazaas. Mientras Turno llena a los rtulos de un espritu audaz, Alecto se dirige a los teucros con sus alas estigias, 475 explorando el lugar con nuevos trucos, en cuya playa andaba persiguiendo el hermoso Julo a las fieras con carreras y trampas. La doncella del Cocito infundi entonces a las perras una sbita rabia y toca sus hocicos con olor conocido para que persigan con vehemencia a un ciervo; sta fue la causa 480 primera de las fatigas y encendi los nimos agrestes al combate. Haba un ciervo de hermosa presencia y enorme cornamenta, al que los hijos de Tirro, arrancado de las ubres maternas, alimentaban y su padre, Tirro, a quien obedecen 485 los ganados del reyy encomendada est la guardia de los campos. Acostumbrado a sus rdenes, Silvia la hermana con todo cuidado adornaba sus cuernos cuajndolos de flexibles guirnaldas, y peinaba al animal y lo baaba en aguas cristalinas. l, sumiso a la mano y acostumbrado a la mesa de sus amos, 490 vagaba por los bosques y de nuevo al umbral conocido volva por su voluntad, aunque fuera ya noche cerrada. A ste lo sintieron vagando a lo lejos las perras rabiosas de Julo cuando, de caza, segua por caso la corriente de un ro y en la ribera verdeante aliviaba su calor. 495 Y hasta el mismo Ascanio encendido por el ansia de gloria mont sus dardos en el curvo arco, y no falt el dios a la diestra insegura y con gran ruido atraves la flecha el vientre y los ijares. Mas herido escapa el cuadrpedo hacia la casa conocida 500 y gana gimiendo los establos y con su queja llenaba todo el lugar, cubierto de sangre y como suplicando. Silvia la primera, la hermana, golpendose los brazos con las palmas pide ayuda y convoca a los duros habitantes de los campos. stos (pues la peste funesta se esconde en los callados bosques) 505 acuden presurosos, quien armado de quemado tizn, quien con los nudos de pesada estaca; lo que cada cual pilla la ira se lo vuelve armas. Llama Tirro a sus hombres cuando andaba partiendo en cuatro una encina con cuas clavadas, blandiendo su segur entre grandes jadeos. 510 La diosa cruel, por su parte, viendo desde su atalaya llegada la hora, se dirige a lo alto del establo y desde el tejado lanza la seal de los pastores y con curvo cuerno hace sonar su voz del Trtaro, con la que al punto todo el bosque se estremeci y resonaron las selvas profundas; 515 la oy a lo lejos de la Trivia el lago, la oy la corriente del Nar, blanco de aguas sulfurosas, y las fuentes velinias, y estrecharon las madres temblorosas contra el pecho a los hijos. Raudos entonces a la voz con que la tuba cruel les dio la seal acuden los indmitos campesinos tomando 520 ac y all sus flechas, y no deja la juventud troyana a Ascanio sin su ayuda y sale fuera de su campamento. Se enfrentaron las filas. Y ya no de un agreste certamen se trata con duros troncos o leos quemados, sino que combaten a hierro de doble filo y un negro 525 sembrado de espadas enhiestas se eriza, y brillan los bronces heridos por el sol y despiden su luz bajo el nublado: como empieza la ola a clarear al primer soplo de viento, y se encrespa poco a poco el mar y ms alto las olas levanta para desde el abismo profundo llegar hasta el ter. 530 Aqu el joven Almn, el mayor de los hijos de Tirro, cae en primera lnea de estridente flechazo; pues bajo la garganta se le abre la herida y el camino de la hmeda voz y con sangre tapona el hilo de vida. Muchos cuerpos de soldados alrededor y el anciano Galeso, 535 mientras acude mediador de paz, el ms justo que fue y un da el ms rico de los campos ausonios: cinco rebaos de ovejas le balaban y otras cinco vacadas a su casa volvan y con cien arados revolva la tierra. Y mientras esto ocurre en los campos con igualado Marte, 540 la diosa, duea de las rdenes recibidas, cuando la guerra de sangre llen y celebr las primeras muertes del combate, abandon Hesperia y cruzando las auras del cielo llega ante Juno con orgullosa voz de vencedora: Ah tienes, cumplida para ti la discordia de una triste guerra. 545 Diles ahora que afirmen su amistad y hagan los pactos. Ahora que he empapado a los teucros con sangre ausonia, esto otro a esto he de aadir si tu voluntad me aseguras: en guerra pondr con mis rumores a las ciudades vecinas y encender sus nimos con el ansia de un Marte insano, 550 para que de todas partes acudan en su ayuda; sembrar de armas los campos. Repuso Juno entonces: Hayya bastantes terrores y engao; ah estn ya las causas de la guerra, de cerca se combate con las armas, una nueva sangre empapa las armas que ofreci primero la suerte. Que tales bodas y tales himeneos celebren 555 la estirpe egregia de Venus y el propio rey Latino. Y no querra el padre que reina en la cima del Olimpo que andes dando vueltas libremente por las auras del ter. Deja estos lugares. Si algo queda an del azar en las manos, yo misma lo conducir. Con esta voz habl la hija de Saturno; 560 la otra por su parte alz sus alas estridentes de culebras y volvi a su puesto del Cocito dejando las alturas. Hay un lugar en el centro de Italia al pie de altas cumbres, noble y nombrado por su fama en muchas partes, los valles del Ansanto; un negro flanco de bosques 565 con denso follaje lo cie por dos lados y un fragoso torrente resuena en las rocas y el torcido remolino. Aqu una gruta horrenda y los respiraderos del cruel Dite aparecen, y roto el Aqueronte una enorme vorgine abre las fauces pestilentes en las que se ocult la Erinia, 570 numen odioso, dejando descansar al cielo y a las tierras. Y no deja entretanto la hija de Saturno a la guerra de dar el postrer empujn. Corre a la ciudad todo el nmero de los pastores desde el frente y muertos llevan al joven Almn y de Galeso el cuerpo ensangrentado, 575 e imploran a los dioses y reclaman el testimonio de Latino. Llega Turno y en medio del fuego del asesinato redobla el terror: convocan al reino a los teucros, se mezclan con la raza de los frigios, a l lo arrojan de su puerta. Entonces aquellos cuyas mujeres, golpeadas por Baco, en tasos 580 andan saltando por bosques perdidos (grande es el nombre de Amata), acuden a juntarse de todas partes y a Marte requieren. Al punto todos proclaman la guerra infanda contra los presagios, contra el hado de los dioses, bajo un numen maligno. Rodean disputando la mansin del rey Latino; 585 l se resiste como la roca que el pilago mover no puede, como la roca que soporta su mole ante el fragor intenso del pilago que se le echa encima, rodeada por los ladridos de muchas olas; escollos y peascos espmeos en vano tiemblan alrededor y a su costado se derrama el alga machacada. 590 Pero cuando se ve sin fuerza alguna para vencer la ciega decisin, y marchan las cosas segn las rdenes crueles de Juno, poniendo por testigos a los dioses y a las auras inanes el padre dice: Nos quebrantan, ay!, los hados y la tormenta nos arrastra. Mas vosotros habris de pagar el castigo con sacrlega sangre, 595 infelices. A ti, Turno, te aguarda -horror!- un triste suplicio y con tardos votos suplicars a los dioses. Pues a m me llega la hora del descanso y en la boca del puerto slo de una muerte feliz se me priva. Y sin decir ms se encerr en su casa y dej las riendas del gobierno. 600 Esta costumbre haba en el Lacio de Hesperia que siempre las ciudades albanas guardaron por sagrada, y hoy la mayor de todas, Roma, la guarda, cuando citan a Marte al inicio del combate y la guerra lacrimosa deciden llevar a los getas, los hircanos o los rabes, o marchar sobre el Indo 605 y seguir a la Aurora y arrebatar los estandartes a los partos. Son dos las Puertas de la Guerra (con este nombre las llaman), sagradas por el culto y el terror del fiero Marte; cien tirantes de bronce las cierran y postes eternos de hierro, y no falta a la entrada Jano guardin. 610 Cuando es definitiva la decisin de combatir en los padres, el cnsul en persona, con la trbea quirinal y el ceidor gobierno revestido, abre sus hojas chirriantes, en persona convoca a las guerras; le sigue despus la juventud entera y con ronco asenso soplan sus cuernos de bronce. 615 Por eso tambin as se ordenaba a Latino segn la costumbre la guerra declarar a los Enadas y abrir las tristes puertas. Se abstuvo el padre de su contagio y rehuy sin mirar el ingrato ministerio y se escondi en ciegas sombras. Entonces la reina de los dioses bajando del cielo con su mano 620 empuja las tardas hojas y la hija de Saturno rompe, girando el gozne, los herrados postes de la Guerra. Se enciende Ausonia antes en calma e inmvil; unos se aprestan a marchar a pie por los campos, otros altivos en altos caballos se excitan cubiertos de polvo; todos buscan sus armas. 625 Unos bruen los escudos pulidos y las flechas brillantes con pinge grasa y afilan con el pedernal las segures; les agrada portar las enseas y escuchar el sonido de las tubas. Y cinco grandes ciudades en yunques ya preparados renuevan sus armas: Atina poderosa y la orgullosa Tbur, 630 Ardea y Crustumeros con Atenas, coronada de torres. Cavan seguras defensas para la cabeza y doblan de sauce las varas de los escudos; otros lorigas de bronce preparan o las grebas brillantes de flexible plata; de aqu el culto de la reja y de la hoz, de aqu toda ansia 635 de arado se apart; funden de nuevo en los hornos las patrias espadas. Y suenan ya los clarines, pasa la tsera la seal del combate. ste saca nervioso el yelmo de su casa, aqul tembloroso caballos aparea bajo el yugo y el escudo y la malla de triple hilo de oro se pone y se cie la leal espada. 640 Abrid, diosas, ahora el Helicn y lanzad vuestros cantos, qu reyes la guerra movi, qu ejrcitos y de qu bando llenaron los campos, de qu guerreros floreca por entonces la tierra sustentadora de Italia, de qu armas ardi. Pues bien lo sabis, diosas, y podis decirlo, 645 que a nosotros apenas nos llega el soplo tenue de la fama. El primero en entrar en guerra fue el spero Mecencio de las costas tirrenas, despreciador de los dioses, y en armar sus tropas A su lado Lauso, su hijo, ms gallardo que el cual no hubo otro si no contamos al laurente Turno; 650 Lauso, domador de caballos y vencedor de fieras, manda a mil hombres que en vano lo siguieron de la ciudad de Agila, digno de rdenes ms felices que las de su padre, y de un padre que no fuera Mecencio. Tras ellos por la hierba muestra su carro sealado 655 de palma y sus caballos victoriosos el hijo del hermoso Hrcules, el hermoso Aventino, y lleva en su escudo el emblema paterno, cien serpientes y la hidra ceida de culebras; en los bosques del monte Aventino Rea la sacerdotisa lo pari a escondidas a la luz de este mundo 660 unida a un dios siendo mujer, luego que el hroe de Tirinto tras vencer a Gerin lleg a los campos laurentes y lav las vacas hiberas en el ro tirreno. Lanzas llevan en la mano y picas crueles para la guerra, y pelean con el romo pual y el asador sabino. 665 l mismo a pie, envuelto en una piel enorme de len erizada de terribles cerdas, de blancos dientes protegida la cabeza, as entraba en el palacio real, hirsuto, revestidos los hombros con el manto de Hrcules. Salen entonces dos hermanos gemelos por los muros de Tbur, 670 ciudad as llamada por el nombre de su hermano Tiburto, Catilo y el fiero Coras, la juventud de Argos, y llegan a primera lnea entre un bosque de dardos: como cuando de lo alto del monte bajan dos Centauros que la nube engendr dejando el Hmole en rpida carrera 675 y el Otris nevado; les abre paso en su marcha la selva inmensa y se apartan con gran ruido las ramas. Y no falt el fundador de la ciudad de Preneste, de quien toda edad ha credo que naci ya rey de Vulcano entre los agrestes ganados y se le encontr delante del fuego, 680 Cculo. Le acompaa agreste y numerosa legin: los guerreros que habitan la elevada Preneste y los de los campos de Juno Gabina y el helado Anio y rociados de arroyos los peascos hrnicos y cuantos alimentas, rica Anagnia, y los tuyos, padre Amaseno. No a todos ellos les suenan 685 las armas, los escudos o los carros; la parte mayor dispara bolas grises de plomo, otra parte lleva dos flechas en la mano y tienen la cabeza protegida con cascos rubios de piel de lobo; dejan huellas desnudas con el pie izquierdo y cuero crudo el otro les cubre. 690 Y all va Mesapo, domador de caballos, prole de Neptuno, a quien nadie puede abatir con hierro o con fuego; llama de pronto a las armas a pueblos ha tiempo ociosos y a ejrcitos sin costumbre de guerras y empua de nuevo la espada. Aqu estn las tropas de Fescenio y los ecuos faliscos, 695 stos habitan los alczares del Soracte y los campos flavinios y de Cmino el lago, con su monte, y los bosques capenos. Marchaban igualados en nmero y cantando a su rey: como los cisnes de nieve entre nubes transparentes cuando vuelven de comer y de sus largos cuellos 700 salen cantos melodiosos, suena la corriente y devuelve el eco la laguna Asia. Y nadie pensara que de concurso tan grande una tropa de bronce se forma, sino que de alta mar se precipita a la playa una nube area de roncas aves. 705 Y mira a Clauso al frente de un gran ejrcito de la antigua sangre de los sabinos y l mismo cual un ejrcito, de quien llega hasta hoy la familia Claudia y la tribu por el Lacio, luego que Roma fue dada en parte a los sabinos. A una la numerosa cohorte de Amiterno y los antiguos Quirites, 710 todo el grupo de Ereto y de Mutusca olivarera; quienes habitan la ciudad de Nomento y los Campos Rseos del Velino, los de las escarpadas rocas de Ttrica y el monte Severo y Casperia y Forulos y el ro de Himela; los que beben del Tiber y el Fbar, los que envi la fra 715 Nursia y las tropas de Hortano y los pueblos latinos, y a los que divide con sus aguas el Alia de infausto nombre: numerosos como las olas que ruedan en el mrmol libico, cuando cruel Orin se oculta entre las aguas en invierno, o como espigas que se doran apretadas bajo el sol nuevo 720 en las llanuras del Hermo o en los rubios campos de Licia. Resuenan los escudos y la tierra se espanta del batir de pies. Tambin el agamenonio Haleso, enemigo del nombre troyano, unce a su carro los caballos y en ayuda de Turno suma mil pueblos feroces, los que trabajan con el rastrillo los felices 725 a Baco viedos del Msico, y los que los padres auruncos de los altos collados enviaron, y, al lado, los llanos sicidinos, y los que dejan Cales y los habitantes de la corriente vadosa del Volturno e igualmente el spero saticulano y el grupo de los oscos. Sus dardos son redondeadas 730 jabalinas y la costumbre atarles un flexible ltigo. La cetra les cubre la izquierda, con falcatas combaten de cerca. Y no te irs de nuestro poema sin ser sealado, balo que, se dice, Teln te engendr de la Ninfa Sebtide, cuando tena el reino en Capri de los telboes, 735 anciano ya; pero el hijo de ninguna manera contento con los campos paternos, a su poder ya entonces someta a los pueblos sarrastes y la llanura que el Sarno riega, ylos que pueblan Rufras y Btulo y los campos de Celemna, y los que contemplan las murallas de Abela, rica en manzanas, 740 hechos a lanzar al modo teutnico sus cateyas; cubiertas sus cabezas con la corteza arrancada al alcornoque, de bronce resplandecen sus peltas, de bronce resplandecen sus espadas. Y te mand a la guerra la montaosa Nersas, Ufente, glorioso por la fama de tus armas felices; 745 su pueblo, una gente espantosa sobre todas acostumbrada a cazar por los bosques, los ecuos, y a la dura gleba. Armados trabajan la tierra y les gusta reunir constantemente botines nuevos y vivir de la rapia. Faltar no poda el sacerdote del pueblo de los marsos 750 con el yelmo de la rama del feliz olivo adornado, por orden del rey Arquipo, el muy valiente Umbrn, quien con vboras e hidras de pesado aliento sola infundir el sueo entre cantos y gestos de su mano y apagaba los enojos y con su arte curaba los mordiscos. 755 Mas no le vali para curarse del golpe de la danza dardnida ni le ayudaron con su herida los cantos somnferos o las hierbas cogidas en los montes marsos. El bosque de Angitia te llor y te llor el Fucino de aguas cristalinas y los lagos transparentes. 760 Marchaba tambin a la guerra el bellsimo hijo de Hiplito, Vibio, a quien insigne lo envi Aricia, su madre, criado en los bosques de Egeria entre hmedas riberas, donde la grasa aplaca el altar de Diana. Pues dice la fama de Hiplito que luego que por las maas 765 de su madrasta muri y pag el castigo paterno con su sangre descuartizado entre locos caballos, a los astros de nuevo etreos lleg y a los aires superiores del cielo al conjuro de las hierbas peonias y del amor de Diana. Entonces el padre omnipotente enojado porque de las sombras 770 infernales algn mortal volviera a la luz de la vida, l mismo al inventor de tal arte y medicina, al hijo de Febo lo lanz con su rayo a las olas estigias. Pero la divina Trivia oculta a Hiplito en secretos lugares y lo confa a la ninfa Egeria y a su bosque, 775 donde sin fama, solo, su edad transcurriera en las selvas de Italia y donde Virbio fuera con nombre cambiado. Por eso tambin del templo de Trivia y sus bosques sagrados se aparta a los caballos de crneas uas, porque en la playa un da espantados por monstruos del mar arrojaron al joven de su carro. 780 Su hijo conduca caballos no menos fogosos por el llano campo y en su carro marchaba hacia el combate. El propio Turno de hermosa presencia entre los primeros se mueve sosteniendo sus armas y destacando por encima. Su alto yelmo de triple penacho una Quimera soporta 785 que resopla por sus fauces fuegos del Etna; tanto ms sta se agita y se enardece de tristes llamas cuanto ms crudo se vuelve el combate de la sangre vertida. El bruido escudo lo con los cuernos levantados en oro le adornaba, ya cubierta de pelo, ya vaca 790 -tema extraordinario-, y Argo el custodio de la virgen y su padre !naco derramando un torrente de la jarra labrada. Le sigue una nube de infantes y ejrcitos de escudos se forman por toda la campia, la juventud argiva y las tropas auruncas, los rtulos y los antiguos sicanos 795 y las filas sacranas y los labicos de pintados escudos; los que aran, Tiberino, tu valle y del Numico las sagradas riberas y los collados rtulos trabajan con la reja y el monte circeo, cuyos campos Jpiter preside nxuro y Feronia gozosa de su bosque verdeante; 800 por donde se extiende la negra laguna de Stura y entre valles profundos busca su salida al mar y se oculta el glido Ufente. A stos se aadi Camila, del pueblo de los volscos, con una columna de jinetes y huestes florecientes de bronce, guerrera, no como la que acostumbr su manos de mujer 805 a la rueca y los cestillos de Minerva, sino joven hecha a sufrir duros combates y a ganar con el correr de sus pies a los vientos. Ella volara sobre las crestas de un sembrado sin tocarlas, ni rozara en su carrera las tiernas espigas, o en medio del mar suspendida sobre las olas hinchadas 810 se abrira camino sin que las aguas tocasen sus plantas veloces. A ella la contempla la juventud entera saliendo de casas y campos, y no la pierden de vista al pasar las madres, con la boca abierta de asombro ante el regio adorno de prpura que cubre sus hombros suaves o la fbula de oro 815 que trenza su cabello, de cmo lleva ella misma su aljaba licia o el mirto pastoril rematado en punta. LIBRO VIII Cuando la ensea de la guerra sac Turno del alczar laurente y resonaron los cuernos con ronco canto y cuando azuz los fogosos caballos y llam a las armas, turbados al punto los nimos, en seguida en agitado tumulto el Lacio entero se juramenta y la juventud se levanta 5 fiera. Primero los caudillos Mesapo y Ufente y Mecencio despreciador de los dioses, de todas partes renen ayuda y dejan los dilatados campos sin cultivadores. Se enva tambin a Vnulo a la ciudad del gran Diomedes para pedir refuerzos y que informe de que en Lacio los teucros 10 se han instalado, de que Eneas ha arribado con su flota y los Penates derrotados trae y dice que los hados lo han elegido como rey, y de que muchos pueblos al hroe se han unido dardanio y que su nombre crece asombrosamente en el Lacio. Qu pretende con estas empresas, qu final del combate 15 desea si la suerte le ayuda, ms claro estara para l mismo que para el rey Turno o para el rey Latino. Esto por el Lacio. Al ver as las cosas el hroe laomedontio vacila entre gran oleaje de cuitas, y raudo su nimo hacia aqu o hacia all se divide 20 y a muchas partes lo lleva y a todo da vueltas. Igual en el agua de una vasija de bronce cuando la trmula luz reflejada por el sol o por la imagen de la luna brillante revolotea por todos los lugares y ya al aire se eleva y hiere en lo alto del techo el artesonado. 25 Era la noche y un profundo sopor se haba apoderado por las tierras todas de los cansados animales, aves o ganados, cuando el padre en la ribera bajo la bveda del ter helado, Eneas, turbado su pecho por una triste guerra, se acost y concedi a sus miembros tardo descanso. 30 Le pareci que el propio dios del lugar, Tiberino de amena corriente, como un anciano se alzaba entre las hojas de los lamos (leve de glauco manto lo cubra y su cabello umbrosa caa lo coronaba); que as le hablaba luego y borraba sus cuitas con estas palabras: 35 Oh, de una raza de dioses engendrado que de los enemigos nos rescatas la troyana ciudad y salvas la Prgamo eterna, esperado en el suelo laurente y en los predios latinos: sta ser tu casa segura, tus seguros Penates (no te rindas). Ni te asusten amenazas de guerra; abajo se vinieron 40 todo el enojo de los dioses y sus iras. Y t mismo, para que no creas que el sueo te forma imgenes falsas, encontrars bajo las encinas de la orilla una enorme cerda blanca echada en el suelo, recin parida de treinta cabezas, con las blancas cras en torno a sus ubres. 45 [ste ser el lugar de tu ciudad, se el seguro descanso a tus fatigas,] de donde con el correr de tres veces diez aos la ciudad Ascanio fundar de ilustre nombre, Alba. No te anuncio cosas no seguras. Ahora escucha que te muestre brevemente cmo has de salir victorioso de estas empresas. 50 En estas orillas los arcadios, pueblo que viene de Palante, compaeros del rey Evandro que sus enseas siguieron, eligieron el lugar y en los montes la ciudad pusieron que por su antepasado Palante llamaron Palanteo. stos guerras continuas hacen con el pueblo latino; 55 smalos a tu campamento como aliados y haz un pacto. Yo mismo he de llevarte por mis riberas y la senda de mi corriente, para que de abajo arriba superes las aguas con tus remos. Vamos, venga, hijo de la diosa, y en cuanto caigan las primeras estrellas da piadoso tus preces a Juno yvence con tus votos suplicantes 60 su ira y amenazas. Acurdate de honrarme cuando seas el vencedor. Yo soy el que ves a plena corriente abrazar las orillas y cortar frtiles sembrados, cerleo Tiber, ro gratsimo al cielo. sta es mi gran morada, sale mi cabeza de escarpadas ciudades. 65 Dijo, y al punto el ro se ocult en lo profundo de las aguas el fondo buscando; la noche y el sueo dejaron a Eneas. Se levanta y mirando la luz naciente del sol etreo toma agua del ro segn el rito en el hueco de sus manos yvierte al aire estas palabras: 70 Ninfas, Ninfas laurentes, de donde el linaje de los ros, y t, padre Tber de sagrada corriente, amparad a Eneas y alejadle por fin de peligros. Sean los que sean los lagos que en tu fuente te tienen, piadoso con mis fatigas, sea el que sea el suelo del que bellsimo surges, 75 siempre en mis honras, siempre sers celebrado con mis dones, corngero ro que reinas en las aguas de Hesperia. Assteme slo y confirma tu numen ms an. As le habla y escoge de las naves dos birremes y para el remo las prepara y al tiempo arma a sus compaeros. 80 Y mira por dnde, sbita aparicin y asombrosa a los ojos, una cerda blanca con sus cras del mismo color se recuesta en el bosque y aparece en la verde ribera: en tu honor, precisamente para ti, Juno soberana, Eneas piadoso la lleva en sacrificio al altar con su piara y la inmola. 85 Esa noche, larga como era, aplac el Tber su hinchada corriente y se fren en olas calladas refluyendo, para que a la manera de un tranquilo estanque y una plcida laguna se tendiera la superficie de sus aguas sin resistirse al remo. As que apresuran el camino emprendido con rumor favorable; 90 por los vados se desliza la untosa madera y se pasman las olas, se pasma el bosque que hace tiempo no ve el brillar de los escudos de los soldados ni el bogar de pintadas naves por el ro. Ellos fatigan la noche y el da con sus remos y superan largos meandros cubiertos de variados 95 rboles y por la plcida llanura cortan las verdes selvas. El sol de fuego haba alcanzado el centro de su rbita en el cielo cuando ven a lo lejos los muros y el alczar y unos cuantos tejados de casas que hoy el poder romano hasta el cielo ha elevado y entonces, humildes posesiones, Evandro tena. 100 Enfilan ansiosos las proas y a la ciudad se acercan. Justo aquel da el rey arcadio honras solemnes al gran hijo de Anfitrin y a los dioses estaba ofreciendo en el bosque, delante de la ciudad. Con l su hijo Palante, con l lo mejor de los jvenes, todos, y un humilde senado 105 incienso ofrecan, y la tibia sangre humeaba en los altares. Cuando vieron deslizarse las altas naves y a ellos entre lo negro del bosque volcados sobre los remos en silencio, se asustan ante la escena inesperada y se levantan todos dejando las mesas. El audaz Palante les impide 110 romper el sacrificio y tomando sus flechas sale raudo al encuentro, y de lejos, desde una altura, dice: Jvenes, qu motivo os obliga a probar rutas desconocidas? A dnde os dirigs? De quin sois? Dnde vuestra casa? Paz nos trais o armas? Entonces as dice el padre Eneas desde la alta popa, 115 y tiende en su mano la rama de olivo de la paz: Gente de Troya ves y armas enemigas de los latinos, quienes han hecho a unos fugitivos con orgullosa guerra. A Evandro buscamos. Contdselo y decidle que escogidos caudillos de Dardania han llegado en busca de armas aliadas. 120 Se qued Palante estupefacto, asombrado de gloria tamaa. Desciende, seas quien seas -dice-, y en presencia de mi padre habla y entra como husped en nuestros penates. Y le recibi con sus manos y le estrech la diestra en un abrazo; andando se meten en el bosque y abandonan el ro. 125 Habla entonces Eneas al rey con palabras de amigo: El mejor de los griegos, a quien quiso Fortuna que yo suplicase y le tendiera los ramos atados con las cintas sagradas, no he sentido miedo alguno, porque seas jefe de dnaos y arcadio, ni porque por tu estirpe ests unido a ambos Atridas; 130 que a m mi propio valor y los santos orculos de los dioses y el parentesco de los padres, tu fama por el mundo extendida, me han unido a ti y aqu me han trado de acuerdo con mis hados. Drdano, padre primero de la ciudad de Ilin y fundador, nacido, como ensean los griegos, de la Atlntide Electra, 135 arrib al pas de los teucros: el gigantesco Atlante a Electra engendr, el que sostiene en sus hombros los orbes etreos. Vuestro padre es Mercurio, a quien pari, engendrado en la helada cima del Cilene, blanqusima Maya. Mas, si hemos de creer lo que se cuenta, a Maya Atlante 140 la engendra, el mismo Atlante que levanta los astros del cielo. As pues, procede la raza de ambos de una sola sangre. Por ello confiado no envi mensajeros ni con rodeos trat de entrar en contacto contigo; a m, a m yo mismo y mi propia persona mand y vine suplicante hasta tu puerta. 145 Los mismos que a ti, el pueblo daunio, con guerra cruel me persiguen; creen que si nos echan nada habr que les impida someter por entero a su yugo la Hesperia toda, y hacerse con el mar que por arriba la baa y por abajo. Recibe mi palabra y dame la tuya. Son duros nuestros pechos 150 en la guerra; un corazn tenemos y una juventud ya probados. Haba dicho Eneas. Aqul el rostro y los ojos al hablar haca rato y todo su cuerpo recorra con la mirada. Dice as entonces brevemente: Con qu alegra, el ms valiente de los teucros, te recibo y te reconozco! Cmo me recuerdas las palabras 155 de tu padre y la voz del gran Anquises y su cara! Pues recuerdo que a visitar el reino de su hermana Hesone Pramo Laomedontada yendo a Salamina nunca dejaba de recorrer el helado territorio de Arcadia. Me vesta entonces de flor las mejillas la juventud primera 160 y admiraba a los caudillos teucros y al mismo Laomedontada admiraba, pero por encima de todos iba Anquises. Mi corazn se inflamaba de ansia juvenil por hablar al hroe y unir mi diestra con su diestra; me acerqu y ansioso lo conduje al pie de las murallas de Feneo. 165 l una hermosa aljaba y unas flechas licias al partir me dej y una clmide bordada en oro y dos bocados de oro que guarda hoy mi hijo Palante. As que la diestra que peds, unida me est en un pacto y, en cuanto la luz de maana regrese a las tierras, 170 alegres os despedir con mi ayuda y os ofrecer mis recursos. Mientras tanto este sacrificio anual que no puede dejarse, ya que aqu habis venido como amigos, celebrad de buen grado con nosotros, y ya desde hoy acostumbraos a la mesa de vuestros aliados. Dicho que hubo esto, viandas ordena y reponer las vasos 175 retirados, y l mismo dispone a los hombres en asiento de hierba, y acoge en especial a Eneas en un lecho y en la vellosa piel de un len y lo honra con un trono de arce. Luego jvenes escogidos y el sacerdote llevan a porfa al altar las entraas asadas de los toros y cargan en cestas 180 los presentes de la fatigosa Ceres, y Baco sirven. Come Eneas y con l la juventud troyana el lomo de un buey entero y las vsceras lustrales. Cuando saciaron el hambre y calmaron su ansia de comer dice el rey Evandro: Estos ritos solemnes, 185 este tradicional banquete, este ara de numen tan grande no nos la impuso vana supersticin e ignorante de los dioses antiguos; salvados, husped troyano, de crueles peligros lo hacemos y renovamos honores merecidos. Mira en primer lugar esa roca que cuelga sobre los peascos, 190 cmo se alzan a lo lejos quebrados macizos y la morada desierta del monte y causaron los escollos ingente ruina. Aqu estuvo la gruta, escondida en vasto abrigo, que la figura terrible del medio humano Caco ocupaba inaccesible del sol a los rayos, y siempre estaba tibio 195 el suelo de sangre reciente y de sus soberbias puertas pendan cabezas humanas, plidas de triste podredumbre. Era Vulcano el padre de este monstruo: con inmensa mole avanzaba arrojando sus negras llamas por la boca. Mas quiso un da la ocasin satisfacer nuestro deseo 200 y brindarnos ayuda y la llegada de un dios. Y el gran vengador orgulloso de la muerte del triple Gerin y sus despojos, Alcides, lleg trayendo hasta aqu, vencedor, los toros enormes, y llenaban sus bueyes el valle y el ro. Pero la mente fiera del ladrn Caco, por nada dejar 205 de crimen o engao sin osar o probar, sac de sus pesebres cuatro toros de hermosa figura y otras tantas novillas con mejor aspecto, y a todos ellos, para no dejar huellas de la marcha de sus pasos, arrastrados por la cola a la cueva y con las marcas de las patas 210 al revs, los ocultaba el raptor en su ciega guarida; ninguna seal llevaba al que buscase a la cueva. Mientras tanto, cuando ya sus ganados saciados sacaba de sus corrales el hijo de Anfitrin y preparaba la marcha, mugieron al partir los bueyes y se llen el bosque entero 215 de sus quejas y con tal clamor dejaban las colinas. Con su voz contest una de las vacas y en la vasta caverna mugi y, aun guardada, defraud la esperanza de Caco. Entonces la clera de Alcides se inflam de furia y de negra bilis: coge sus armas y la maza cargada 220 de nudos, y se marcha corriendo a lo alto del monte elevado. Vieron en ese momento por vez primera los nuestros a Caco temblar y con ojos turbados: escapa al punto ms rpido que el Euro y busca su gruta; el terror en sus pies puso alas. Cuando se encerr y liber las cadenas rompiendo 225 el enorme peasco que colgaba con hierros y el arte paterna y protegi con su mole la firme entrada, aqu llega el Tirintio con nimo furioso y toda la entrada recorre, llevando aqu y all su mirada, los dientes rechinando. Tres vueltas da hirviendo de ira 230 al monte entero del Aventino, tres veces tienta en vano los umbrales de roca, tres veces se sienta agotado en el valle. Se alzaba un agudo faralln entre rocas cortadas erguido a espaldas de la cueva, altsimo a la vista, adecuado cobijo para los nidos de las aves siniestras. 235 Segn penda inclinado desde la cima sobre el ro de la izquierda, lo sacudi apoyndose en contra hacia la derecha y de sus profundas races lo arranc, luego de repente lo arroj; truena con el impulso el ter ms alto, se agitan las riberas y refluye aterrada la corriente. 240 As apareci la gruta y sin techo la enorme morada de Caco, y se abrieron del todo las sombras cavernas, no de otro modo que si el suelo, abierto por completo por alguna fuerza, ofreciera las mansiones infernales y mostrase los plidos reinos, odiosos a los dioses, y desde lo alto se viera 245 el inmenso abismo, y temblasen los Manes por la luz recibida. As pues, pillado de improviso por el resplandor repentino, y encerrado en su cavo peasco y rugiendo como nunca, Alcides lo acosa desde arriba con sus dardos y echa mano de todas sus armas y ramas y piedras le arroja como de molino. 250 El otro, que ya no puede escapar del peligro, de sus fauces ingente humareda (asombra decirlo) vomita y en ciega calgine envuelve la casa ocultando su visin a los ojos, y llena su gruta de una noche de humo con tinieblas mezcladas de fuego. 255 No lo aguant Alcides y l mismo se lanz de cabeza a travs del fuego, por donde ms espeso el humo agita sus ondas y bulle la enorme cueva de negra niebla. Sorprende aqu a Caco en las tinieblas vanos incendios vomitando y lo abraza en un nudo y lo ahoga 260 con los ojos fuera y seca de sangre la garganta. Se abre al punto la negra mansin arrancadas sus puertas, y las vacas robadas y el botn negado con perjurio se muestran al cielo y por los pies el informe cadver es arrastrado. No pueden hartarse los corazones de mirar 265 los ojos terribles, el rostro y el velludo pecho de cerdas de la medio fiera, y los fuegos apagados de su fauces. Desde entonces celebramos su honor y la alegre descendencia guard su da y Potitio lo impuls el primero y, del culto de Hrcules guardiana, la casa Pinaria 270 este ara levant en el bosque, a la que siempre llamaremos Mxima, y que siempre ser la ms grande. As que vamos, jvenes; ceid con ramas vuestro pelo con ocasin de gloria tan grande y tended con las diestras vuestros vasos invocando al dios comn y ofreced el vino gustosos. 275 Haba dicho, cuando con la sombra de Hrcules el chopo bicolor cubri sus cabellos dejando colgar sus hojas, y la copa sagrada ocup su diestra. Rpido todos alegres liban en la mesa y rezan a los dioses. Se acerca entretanto ms Vspero a las pendientes del Olimpo. 280 Y marchaban ya los sacerdotes y Potitio el primero vestidos de pieles segn la costumbre, y llevaban antorchas. Reanudan el banquete y llevan gratos presentes de la segunda mesa y colman las aras de platos llenos. Llega entonces en torno a los altares humeantes 285 el canto de los Salios, ceidas las sienes de ramas de chopo, aqu el coro de jvenes, all el de ancianos, cantan con ritmo los gloriosas hazaas de Hrcules: cmo en primer lugar mat, estrangulndolas, a las dos monstruosas serpientes de su madrastra, cmo tambin arras con la guerra ciudades egregias, 290 Troya y Ecalia; cmo mil duros trabajos llev a cabo bajo el rey Euristeo por los hados de la inicua Juno. T, invicto, con tu mano acabas con los bimembres hijos de las nubes, Folo e Hileo; t de Creta con el monstruo y con el gran len de Nemea en su guarida. 295 Ante ti tembl la laguna estigia, ante ti el portero del Orco echado en el antro cruento sobre huesos rodos, y no te asust visin alguna, ni tampoco el propio Tifeo llevando en alto sus armas, ni falto de recursos la hidra de Lerna te rode con su legin de cabezas. 300 Salve, retoo verdadero de Jove, nueva prez de los dioses, y con paso alegre propicio ven a nosotros y a tus sacrificios. Esto celebran en sus cantos; aaden adems la gruta de Caco y a l tambin fuego respirando. Resuena todo el bosque con el estrpito y lo devuelven los collados. 305 Despus, cumplidos los oficios divinos todos juntos a la ciudad vuelven. Iba el rey vencido por su edad, y llevaba a Eneas a su lado de compaeros y a su hijo al caminar y haca grata la marcha con amena charla. Se asombra Eneas y lleva sus ojos dispuestos por cuanto 310 le rodea, cautivo del lugar, alegre por todo pregunta y escucha las historias de los antepasados. Y en eso el rey Evandro, fundador de la ciudadela romana: Estos bosques habitaban los Faunos del lugar y las Ninfas y una raza de hombres surgida de los troncos y la dura madera; 315 carecan de cultura y de tradicin, ni uncir los toros ni amontonar riqueza saban o guardar lo ganado, que las ramas y una caza mala de lograr les alimentaba. Saturno lleg el primero del etreo Olimpo de las armas de Jpiter huyendo y expulsado del reino perdido. 320 l estableci a ese pueblo indcil y disperso sobre los altos montes y leyes les dio, y quiso que Lacio se llamara, porque latente se salv en la seguridad de estas riberas. Bajo tal rey se dieron los siglos de oro de que nos hablan; en tranquila paz as gobernaba a los pueblos, 325 hasta que poco a poco la edad se hizo peor y descolorida y llegaron la locura de la guerra y de tener el ansia. Vinieron entonces la gente de Ausonia y los pueblos sicanos, y a menudo perdi su nombre la tierra saturnia; luego los reyes y el spero Tiber de cuerpo gigante 330 con cuyo nombre llamamos despus al ro Tber los talos; perdi el viejo lbula su verdadero nombre. A m, de mi patria arrojado y buscando del mar los confines, hasta estos lugares Fortuna que todo lo puede me trajo y el hado ineluctable; me empujaron los terribles avisos 335 de mi madre la Ninfa Carmenta y el propio dios Apolo me inspir. Apenas dijo esto, y avanzando el ara le muestra y la puerta que los romanos llaman Carmental, antiguo honor a la Ninfa Carmenta, vidente del porvenir que anunci la primera 340 que grandes seran los Enadas y noble Palanteo. Luego le ensea un gran bosque que el fiero Rmulo convirti en asilo y el Lupercal bajo una roca helada, llamado de Pan Liceo segn la costumbre parrasia. Y le ensea asimismo el bosque del sagrado Argileto 345 y le indica el lugar y le cuenta la muerte de Argo el husped. De aqu lo conduce a la roca Tarpeya y al Capitolio hoy de oro, erizado entonces de zarzas silvestres. Ya entonces la terrible santidad del lugar asustaba a los agrestes temerosos, que temblaban por su selva y su roca. 350 Este bosque -dijo-, este collado de cima frondosa un dios (no se sabe qu dios) los habita; creen los arcadios haber visto al mismo Jpiter cuando en su diestra blanda la gida negreante y amontonaba las nubes. Estos dos bastiones adems de derribados muros 355 que ves, reliquias son y recuerdos de los antepasados. Esa fortaleza el padre Jano y esa otra la fund Saturno; una se llamaba Janculo y la otra Saturnia. Con tal conversacin se iban acercando al poblado del humilde Evandro y por todas partes mugir vean 360 al ganado, por el foro romano y las elegantes Carinas. Cuando llegaron a la casa: Alcides victorioso dijo- pis estos umbrales, esta morada real lo acogi. Anmate, mi husped, a despreciar el lujo y hazte t tambin digno de un dios y entra sin altivez en mis pobres posesiones. 365 Dijo, y condujo bajo los techos de la humilde morada al grande Eneas y lo acomod en lecho de hojas y en la piel de una osa de Libia. Cae la noche y abraza a la tierra con sus foscas alas. Venus entonces, madre asustada en su corazn no sin motivo, 370 llevada de las amenazas de los laurentes y el duro tumulto se dirige a Vulcano y as comienza en el tlamo ureo de su esposo, infundindole divino amor con sus palabras: Mientras los reyes de Argos Prgamo devastaban, que se les deba, y las torres que haban de caer bajo el fuego enemigo, 375 ni armas ni auxilio alguno demand para los desgraciados de tu arte y tus maas, ni quise, queridsimo esposo, que intilmente ejercitaras tu trabajo aunque mucho deba a los hijos de Pramo y a menudo llor la esforzada tarea de Eneas. 380 Hoy anda en las riberas de los rtulos por mandato de Jove; as que, la misma, vengo suplicante y te pido, madre para mi hijo, armas, numen sagrado. A ti pudo la hija de Nereo, la esposa de Titono pudo con sus lgrimas ablandarte. Mira qu pueblos se renen, qu murallas afilan 385 el hierro tras sus puertas cerradas contra m y los mos. As dijo con sus brazos de nieve aqu y all la diosa anima al que duda en abrazo suave. l, sorprendido, recibi la conocida llama, y un calor familiar penetr sus mdulas y corri por sus huesos derretidos, 390 no de otro modo que cuando, rota por el trueno corusco, la chispa de fuego brillando recorre con su luz las nubes; lo not, satisfecha de su maa y segura la esposa de su belleza. Habla entonces el padre vencido por amor eterno: Por qu buscas lejos las causas? A dnde fue, diosa, 395 tu confianza en m? Si tu cuidado hubiera sido semejante, aun entonces se nos habra permitido armar a los teucros; ni el padre todopoderoso ni los hados vetaban que Troya siguiera levantada y Pramo viviera otros diez aos. Y ahora, si quieres combatir y sa es tu voluntad 400 cuanto cuidado puedo prometer en mi arte, cuanto puede sacarse del hierro o el lquido electro, cuanto valen los fuegos y las forjas, no dudes en tus fuerzas para lograrlo. Con esas palabras le dio los ansiados abrazos y derretido en el regazo 405 de su esposa busc el plcido sopor en sus miembros. Luego, cuando el descanso primero haba expulsado al sueo, en el centro ya del curso de la noche avanzada, justo cuando la mujer, a quien se ha impuesto pasar la vida con la delicada Minerva y la rueca, las cenizas aviva y el fuego dormido 410 sumando la noche a sus tareas, y a la lmpara fatiga con pesado trabajo a sus sirvientes para casto guardar el lecho del esposo y poder criar a sus hijos pequeos: no de otro modo el seor del fuego ni en esa ocasin ms perezoso salta del blando lecho a su trabajo de artesano. 415 junto a la costa sicana y a la Lpara eolia una isla se alza erizada de peascos humeantes, bajo la cual truenan la gruta y de los Ciclopes los antros etneos corrodos de chimeneas y se oyen los golpes que arrancan gemidos a los yunques y en las cavernas rechinan 420 las barras de los clibes y el fuego respira en los hornos, de Vulcano morada y tierra de Vulcano por su nombre. Aqu baja entonces el seor del fuego de lo alto del cielo. El hierro trabajaban los Ciclopes en su vasta guarida, Brontes y Estropes y Piragmn con el cuerpo desnudo. 425 ocupados estaban en terminar, en parte ya pulido, un rayo de los muchos que lanza el padre por todo el cielo a la tierra; otra parte estaba an sin acabar. Haban aadido tres puntas retorcidas de lluvia, tres de nube de agua, tres del rojo fuego y del alado Austro. 430 Fulgores horrficos y trueno y espanto aadan ahora a su trabajo y las iras a las llamas tenaces. En otro lado preparaban a Marte su carro y las ruedas veloces, con las que a las ciudades provoca y a los hombres; y la gida terrible, arma de la enojada Palas, 435 se esforzaban en cubrir de escamas de serpientes y de oro, y las culebras enlazadas y la misma Gorgona en el pecho de la diosa haciendo girar sus ojos sobre el cuello cortado. Retirad todo -dijo-, dejad los trabajos empezados, Cidopes del Etna, y atencin prestadme: 440 armas hay que hacer para un hombre valiente. Ahora precisa es la fuerza, ahora las rpidas manos y el arte magistral. Evitad todo retraso. Y nada ms dijo, y ellos raudos se pusieron al trabajo distribuyendo la tarea a suertes. Mana el bronce en arroyos y el metal del oro 445 y se licua el acero mortal en la vasta fragua. Forjan un escudo enorme, que slo se valga contra todos los dardos de los latinos, y unen con fuerza las siete capas. Unos en fuelles de viento las auras cogen y devuelven, otros los estridentes bronces 450 templan en un lago: gime la caverna con el batir de los yunques. Ellos alternadamente con mucha fuerza levantan con ritmo los brazos y hacen girar la masa con segura tenaza. Mientras el padre Lemnio apresura el trabajo en las costas eolias, la luz sustentadora saca a Evandro de su humilde morada 455 y el canto maanero de los pjaros bajo su tejado. Se levanta el anciano y reviste con la tnica el cuerpo y anuda a sus pies las sandalias tirrenas. Se cie entonces al costado y los hombros la espada tegea colgando del izquierdo una piel de pantera que le cubre la espalda. 460 Desde el alto umbral tambin dos guardianes marchan delante y acompaan los perros el paso de su amo. Buscaba el lugar y los aposentos de Eneas, su husped, recordando el hroe sus palabras y la ayuda ofrecida. Y no menos madrugador andaba Eneas; 465 a uno le acompaaba el hijo Palante, al otro Acates. Se encuentran y unen sus diestras y en medio se sientan del palacio y disfrutan al fin de tranquila charla. El rey primero as: Caudillo principal de los teucros que, si vives, nunca en verdad 470 dir que Troya y su reino han sido derrotados: en favor de nombre tan grande pequeas fuerzas tenemos para auxiliarte en la guerra; de un lado nos limita el ro etrusco, de otro el rtulo apremia y rodea nuestros muros con sus armas. Mas yo planeo unir contigo grandes pueblos y tropas 475 de reinos poderosos, ayuda que una suerte inesperada nos brinda; llegas como enviado del destino. No lejos de aqu se encuentra el lugar de la ciudad de Agila, fundada sobre vetusta roca, donde un da una raza de Lidia, ilustre en la guerra, se asent sobre lomas etruscas. 480 Luego que floreci durante muchos aos, un rey de orgulloso poder y armas crueles la tuvo, Mecencio. A qu recordar los crmenes infandos, a qu las viles hazaas de un tirano? Los guarden los dioses para l y su estirpe! Sola adems atar los cadveres con los vivos 485 juntando manos con manos y bocas con bocas, espantosa tortura, y en larga agona los mataba con horrible abrazo, cubiertos de pus y de sangre. Mas hartos al fin los ciudadanos rodean al loco de horror con sus armas, a su casa y a l mismo, 490 matan a sus cmplices y lanzan antorchas a su tejado. l, escapando a la matanza, se refugi en los campos de los rtulos y se protege con las armas de su husped Turno. As que toda Etruria se levant en furia justiciera pidiendo castigo para el rey con la ayuda de Marte. 495 A estos miles, Eneas, pondr bajo tu mando. Que se agitan las popas apretadas por toda la ribera y ordenan izar las enseas, y los detiene cantando el futuro el longevo arspice: Oh, escogida juventud de Meonia, flor y virtud de hroes antiguos, a quienes lanza contra el enemigo 500 un justo dolor yprovoca Mecencio con ira merecida; a ningn talo le est permitido mandar expedicin tan grande, buscad caudillos extranjeros. Acamp entonces el ejrcito etrusco en esta llanura, asustado por los avisos del cielo. El propio Tarconte me envi embajadores y la corona 505 del mando con el cetro y me encomienda las insignias; que acuda al campamento y me haga cargo de los reinos tirrenos. Masa m una torpe vejez vencida por el fro y los aos me impide mandar y unas fuerzas tardas para las hazaas. A mi hijo se lo pedira, de no ser porque tiene 510 sangre de esta patria por su madre sabina. T, a quien favorece el destino por la raza y los aos, a quien reclaman los dioses, da el paso, valerossimo caudillo de talos y teucros. Te dar adems a mi hijo Palante, nuestro consuelo y esperanza; que se acostumbre con tu magisterio 515 a la milicia y la pesada tarea de Marte, a contemplar tus hazaas; que desde su edad primera te admire. A l doscientos jinetes arcadios, las fuerzas mejores de nuestra juventud, le dar, y otro tanto en su nombre a ti, Palante. Apenas haba hablado, y clavados le tenan sus ojos 520 Eneas el hijo de Anquises y el fiel Acates, y vueltas daban en su triste pecho a graves desgracias, si no hubiera Citerea mandado su seal a cielo abierto. Pues un relmpago de improviso lanzado desde el ter vino con el trueno y todo pareci agitarse de pronto 525 y mugir por el cielo el clangor de la tuba tirrena. Levantan la cabeza y una y otra vez un tremendo fragor les sacude. Entre las nubes, ven brillar en la regin serena del cielo unas armas por el azul y tronar sacudidas. Los dems se quedaron sin aliento, mas el hroe de Troya 530 reconoci el sonido y las promesas de la diosa, su madre. Exclama entonces: En verdad, husped, no busques qu suceso anuncia el portento: es a m a quien llama el Olimpo. Esta seal la madre que me engendr me dijo que enviara si empezaba la guerra, y las armas de Vulcano por los aires 535 que mandara en mi auxilio. Ay! Qu matanzas terribles aguardan a los pobres laurentes! Qu castigo habrs de pagarme, Turno! Cuntos escudos de guerreros y yelmos y cuerpos valientes hars rodar bajo tus aguas, padre Tiber! Que guerra busquen y rompan los pactos. 540 Luego que pronunci estas palabras, se alza del alto solio y aviva en primer lugar las aras dormidas con los fuegos de Hrcules, y alegre se acerca al Lar del da anterior y a los humildes Penates; mata Evandro igualmente ovejas escogidas segn la costumbre e igualmente la juventud troyana. 545 Se marcha tras esto a las naves y pasa revista a sus compaeros para escoger de entre ellos a los que le sigan a la guerra por destacar en valor; los dems se dejan llevar por la corriente y perezosos se van ro abajo para llevar noticias a Ascanio de la situacin y de su padre. 550 Se entregan caballos a los teucros que se dirigen a los campos tirrenos; a Eneas le reservan uno sin sorteo, y del todo le cubre una rubia piel de len que brilla con uas de oro. Vuela la noticia divulgada de pronto en la ciudad pequea, de que rpido van jinetes a los umbrales del rey tirreno. 555 De miedo redoblan las madres sus votos, y el temor crece ms an por el peligro y ms grande se muestra la imagen de Marte. El padre Evandro entonces se resiste abrazando la diestra del que parte, sin saciarse de lgrimas, y dice de este modo: Ay, si Jpiter me devolviera mis aos pasados, 560 como era yo cuando a las puertas de Preneste el primer ejrcito aplast e incendi victorioso montaas de escudos y al Trtaro envi al rey rulo con mi diestra, al que al nacer tres vidas su madre Feronia (espanta decirlo) haba dado, que deba blandir tres armas 565 y morir de tres muertes; a l, sin embargo, esta diestra todas sus vidas le quit y al tiempo le priv de sus armas: nadie podra arrancarme ahora de este dulce abrazo tuyo, hijo mo, no Mecencio burlndose de este vecino suyo habra causado tantas muertes con su espada, 570 ni habra enviudado la ciudad de tantos de sus hombres. Pero a vosotros os ruego, dioses de lo alto y a ti, Jove, rector supremo de los dioses, piedad para este rey arcadio; y escuchad las preces de un padre. Si vuestro numen, si los hados me reservan salvo a Palante, 575 si vivo para verle y abrazarle de nuevo, la vida os pido, podr soportar cualquier fatiga. Pero si tramas, Fortuna, otra salida nefanda, que pueda yo dejar esta vida cruel ahora mismo, cuando an en duda estn mis cuitas e incierta la esperanza del futuro; 580 ahora que a ti, querido hijo, nico placer de mis aos, abrazado te tengo. Que no hiera mi odo la noticia ms triste! Estas palabras verta el padre en la definitiva despedida; derrumbado sus siervos a casa lo llevaban. Y ya haba sacado la caballera por las puertas abiertas 585 Eneas entre los primeros y el fiel Acates, y detrs los dems caudillos de Troya; el mismo Palante marcha en medio de la formacin, sealado por su clmide y sus armas pintadas, como cuando Lucifer derramado de Ocano en las olas, al que ama Venus ms que a los otros fuegos de los astros, 590 asoma su rostro sagrado por el cielo y disuelve la tiniebla. De pie quedan las madres asustadas en los muros y siguen con los ojos la nube de polvo y la tropa de bronce reluciente. Ellos entre las zarzas, por donde es ms corto el camino, marchan armados; se alza el clamor y en formacin perfecta 595 el casco de los caballos bate con su trotar el llano polvoriento. Hay junto a la helada corriente de Cere un gran bosque sagrado, muy venerado por la devocin de los mayores; de todas partes un circo de colinas lo rodea ylo cie una selva de negros abetos. Fama es que los antiguos pelasgos lo consagraron a Silvano, 600 al dios de los predios y del ganado, el bosque y una fiesta, los que habitaron un da los primeros la tierra latina. No lejos de aqu Tarconte y los tirrenos con el lugar defendan su campamento, y todo su ejrcito poda ser visto de lo alto del monte con sus tiendas en los campos abiertos. 605 Aqu llegan Eneas y la juventud elegida para el combate, y cansados reposo dan a cuerpos y caballos. Mas Venus, la blanqusima diosa, se presenta entre nubes etreas llevando sus dones, y cuando vio a su hijo solitario a lo lejos en un apartado valle junto a las frescas aguas, 610 se le apareci y le habl con estas palabras: Aqu tienes la ayuda prometida del arte de mi esposo. No dudes ya, hijo, en entrar en combate contra los orgullosos laurentes y el fiero Turno. Dijo, y busc Citerea los abrazos del hijo 615 y enfrente coloc las armas brillantes bajo una encina. l, satisfecho con los presentes de la diosa y por honor tan grande, no poda saciarse de mirar todo con sus ojos, y se asombra, y entre brazos y manos da vueltas al yelmo terrible con su penacho y que llamas vomita, 620 y a la espada portadora de muerte y la rgida loriga de bronce color de sangre, inmensa, cual la nube cerlea cuando se enciende con los rayos del sol y brilla a lo lejos. Despus las bruidas grebas de electro y oro refinado, y la lanza, yla trama indescriptible del escudo. 625 Aqu las hazaas talas y las gestas triunfales de los romanos, conocedor de vaticinios y no ignorante de la edad por llegar, haba representado el seor del fuego; aqu toda la raza de la futura estirpe de Ascanio y las guerras libradas por orden. Haba figurado tambin en la verde gruta de Marte 630 la loba tumbada recin parida, con los nios gemelos jugando colgados de sus ubres y mamando sin miedo de su madre; ella, con su suave pescuezo agachado, los lama por turno y moldeaba sus cuerpos con la lengua. No lejos de aqu haba aadido Roma y las sabinas 635 raptadas brutalmente de entre el gento del teatro durante los grandes circenses y de pronto surgir nueva guerra entre los hijos de Rmulo y el viejo Tacio y los austeros hombres de Cures. Despus los mismos reyes, dejando la guerra entre ellos, en pie aparecan armados ofreciendo ante el ara de Jove 640 sus pteras y el pacto firmaban con la muerte de una cerda. No muy lejos, cuadrigas azuzadas en contra destrozaban a Meto (pero t, albano, deberas mantener tu palabra!) y Tulo las entraas del embustero arrastraba por el bosque, y sangre goteaban los abrojos empapados. 645 Tambin Porsena ordenaba acoger a Tarquinio expulsado y a la ciudad apremiaba con ingente asedio; los Enades se lanzaban al hierro por su libertad. Podras verlo igual que quien se indigna e igual que el que amenaza, porque haba osado Cocles arrancar el puente 650 y Clelia cruzaba el ro a nado, rotas sus cadenas. En lo alto estaba Manlio, guardin de la roca Tarpeya delante del templo y ocupaba las alturas del Capitolio, erizado de la paja de Rmulo el palacio reciente. Y aqu, revoloteando por los dorados prticos una oca 655 de plata anunciaba que estaban los galos a las puertas; los galos llegaban por las zarzas y el alczar ocupaban protegidos por las tinieblas y el regalo de una noche oscura. Con su cabellera de oro y de oro vestidos relucen con sus ropas listadas, y sus cuellos de leche 660 se ven trabados de oro; en la mano dos jabalinas de los Alpes agita cada uno, cubiertos los cuerpos con grandes escudos. Aqu haba moldeado a los Salios saltando y a los Lupercos desnudos, y los gorros de lana y los escudos cados del cielo; castas matronas portaban los objetos del culto 665 por la ciudad en blandas carrozas. Aadi tambin lejos de aqu las sedes del Trtaro, las bocas profundas de Dite y el castigo de los crmenes y a ti, Catilina, colgado de roca amenazante y temiendo el rostro de las Furias, y a los justos, separados, y a Catn dndoles leyes. 670 Entre todo esto se extenda la imagen de oro del mar henchido, mas el azul espumaba de blancas olas. Y alrededor en crculo brillantes delfines de plata surcaban la superficie con sus colas y cortaban las aguas. En el centro escuadras de bronce, las guerras de Accio, 675 aparecan, y toda Leucate podas ver hirviendo con Marte en formacin ylas olas refulgiendo en oro. A este lado Csar Augusto guiando a los talos al combate con los padres y el pueblo, y los Penates y los grandes dioses, en pie en lo alto de la popa, al que llamas gemelas le arrojan 680 las esplndidas sienes y el astro de su padre brilla en su cabeza. En otra parte Agripa, con los vientos y los dioses de su lado guiando altivo la flota; soberbia insignia de la guerra, las sienes rostradas le relucen con la corona naval. Al otro lado, con tropa variopinta de brbaros, Antonio, 685 vencedor sobre los pueblos de la Aurora y el rojo litoral, Egipto y las fuerzas de Oriente y la lejana Bactra arrastra consigo, y le sigue (sacrilegio!) la esposa egipcia. Todos se enfrentaron a la vez y espumas ech todo el mar sacudido por el refluir de los remos y los rostros tridentes. 690 A alta mar se dirigen; creeras que las Ccladas flotaban arrancadas por el pilago o que altos montes con montes chocaban, en popas almenadas de mole tan grande se esfuerzan los hombres. Llama de estopa con la mano y hierro volador con las flechas arrojan, y enrojecen los campos de Neptuno con la nueva matanza. 695 La reina en el centro convoca a sus tropas con el patrio sistro, y an no ve a su espalda las dos serpientes. Y monstruosos dioses multiformes y el ladrador Anubis empuan sus dardos contra Neptuno y Venus y contra Minerva. En medio del fragor Marte se enfurece 700 en hierro cincelado, y las tristes Furias desde el cielo, y avanza la Discordia gozosa con el manto desgarrado acompaada de Belona con su flagelo de sangre. Apolo Accaco, viendo esto, tensaba su arco desde lo alto; con tal terror todo Egipto y los indos, 705 toda la Arabia, todos los sabeos sus espaldas volvan. A la misma reina se vea, invocando a los vientos, las velas desplegar y largar y largar amarras. La haba representado el seor del fuego plida entre los muertos por la futura muerte, sacudida por las olas y el Ypige; 710 al Nilo, enfrente, afligido con su enorme cuerpo y abriendo su seno y llamando con todo el vestido a los vencidos a su regazo azul y a sus aguas latebrosas. Mas Csar, llevado en triple triunfo a las murallas romanas, consagraba un voto inmortal a los dioses itlicos, 715 trescientos grandes santuarios por la ciudad entera. vibraban las calles de alegra y de juegos y de aplausos; en todos los templos coros de madres, aras en todos; ante las aras cayeron a tierra novillos muertos. Y l mismo sentado en el nveo umbral del brillante Febo 720 agradece los presentes de los pueblos y los cuelga de las puertas soberbias; en larga hilera avanzan las naciones vencidas, diversas en lenguas y en la forma de vestir y de armarse. Aqu la raza de los nmadas haba labrado Mulcber y los desnudos africanos; aqu los lleges, carios y gelonos 725 con sus flechas; iba luego el ufrates con corriente ms calma, y los morinos, los ltimos de los hombres, y el Rin bicorne, y los indmitos dahos y el Araxes rechazando su puente. Todo eso contempla en el escudo de Vulcano, regalo de su madre, y goza con las imgenes sin conocer los sucesos, 730 y al hombro se cuelga la fama y el destino de sus nietos. LIBRO IX Y mientras esto ocurre en lugar bien lejano, Juno Saturnia del cielo envi a Iris al valiente Turno. En el bosque de su padre Pilumno estaba sentado Turno, en un valle sagrado. As le habl la hija de Taumante con su boca de rosa: 5 Turno, lo que ninguno de los dioses osara prometerte en tu deseo, he aqu que el correr de los das te lo ofrece. Eneas, dejando la ciudad, sus compaeros y sus naves, se dirige a los cetros del Palatino y a la sede de Evandro. Y hay ms: ha llegado a las ltimas ciudades de Etruria 10 y arma a un puado de lidios y campesinos recluta. Qu dudas? ste es el momento de reclamar caballos y carros. Deja todo retraso y ataca un campo amedrentado. Dijo, y con alas iguales se levant hasta el cielo y traz a su paso bajo las nubes un arco enorme. 15 La conoci el joven y alz a las estrellas sus palmas gemelas y con estas palabras la sigui en su huida: Iris, gloria del cielo, quin te hizo bajar de las nubes a la tierra para m? De dnde este brillante prodigio repentino? Veo el cielo por la mitad abierto 20 y el vagar de los astros por su bveda. Sigo seal tan grande, quienquiera que a las armas me convocas. Y dicho esto, se agach hasta el agua y lquido bebi de su superficie implorando a los dioses, y el ter llen de promesas. Y ya todo el ejrcito marchaba en campo abierto 25 rico de caballos, rico de bordados vestidos y de oro; Mesapo dirige las primeras filas, y el final los jvenes Tirridas; Turno en el centro de la formacin como jefe. 28 Como el Ganges profundo manando por siete apacibles 30 corrientes en silencio o el Nilo de fecundas aguas cuando se derrama por los campos y se mete de nuevo en su cauce Entonces divisan los teucros una sbita nube de negro polvo yven surgir tinieblas por el llano. Y enfrente Caco el primero a gritos llama desde su atalaya: 35 Qu masa, ciudadanos, de negra calgine se revuelve? Empuad raudos el hierro, a las armas, subid a los muros!, aqu est el enemigo, ea! Con gran gritero se meten los teucros por todas las puertas y llenan las murallas. Pues as lo haba ordenado al partir el mejor en las armas, 40 Eneas: si algo ocurra en su ausencia, que no osaran formar el ejrcito ni confiarse al llano; que tras el foso guardasen el campamento y seguros los muros. As que si bien el pundonor y la ira les lanzan al combate, cierran las puertas, sin embargo, y las rdenes cumplen, 45 y en las huecas torres aguardan armados al enemigo. Turno, adelantndose volando a la lenta marcha, acompaado de veinte jinetes escogidos llega de pronto a la ciudad; monta un caballo tracio con manchas blancas y se cubre con un yelmo de oro de rojo penacho: 50 Quin estar, jvenes, a mi lado? Quin el primero contra el enemigo, eh?, dice y blande, y arroja al aire su jabalina, seal para el combate, y altivo se lanza a la llanura. Lanzan un grito sus compaeros y le siguen con alarido horrsono; se asombran del cobarde corazn de los teucros, 55 de que no salgan a campo abierto ni acudan los hombres al encuentro de sus armas, de que protejan su campo. Enfurecido, aqu y all rodea los muros a caballo y busca una entrada imposible. Y como el lobo que acecha el redil recogido cuando alla a los troncos batido por el viento y la lluvia, 60 pasada la medianoche; seguros bajo sus madres los corderos no dejan de balar; l, irritado y negro de ira, se enfurece con los que nada puede; le agota la rabia por comer desde hace tiempo y las fauces secas de sangre. No de otro modo se enciende de furia el rtulo que contempla 65 muros y campamentos, arde el dolor en sus duros huesos. Por dnde buscar un camino de entrada y de sacar a los teucros encerrados la manera y desparramarlos por el llano? La flota, que estaba escondida a un lado de las tiendas protegida por fosos y por las aguas del ro, 70 la ataca, y fuego pide a los compaeros que le animan y llena su mano, furioso, con una antorcha encendida. Acuden los dems entonces (les apremia la presencia de Turno) y todos los jvenes se lanzan con negras teas. Echaron mano al fuego: una luz de pez da la humosa 75 antorcha y Vulcano brasas mezcladas a las estrellas. Qu dios, oh Musas, alej de los teucros incendios tan crueles? Quin libr a los barcos de fuego tan grande?, decidme: antigua es la fe en lo sucedido y perenne su fama. En los das en que andaba preparando en el Ida de Frigia 80 Eneas su flota y se dispona a partir hacia mares remotos, se dice que la misma madre de los dioses Berecintia as habl al gran Jove: Concdeme, hijo, lo que te pide tu madre querida puesto que has domeado el Olimpo. Hay una selva de pinos que he amado muchos aos, 85 un bosque sagrado en lo alto de la roca donde llevaban las ofrendas, oscuro de negros pinos y de ramas de arce. Gustosa se lo di al joven dardanio, cuando una flota precisaba; ahora un temor angustioso me inquieta. Lbrame de miedo y permite a tu madre esto poder con sus preces: 90 que no las desarbole ruta alguna ni sean vencidas por las tempestades, que de algo les valga el ser hijas de nuestras montaas. As le respondi el hijo que hace girar las estrellas del cielo: Oh, madre ma, a dnde llamas a los hados? Qu pides para ellas? Que tengan ley inmortal unas naves que manos mortales 95 han construido y que a salvo arrostre Eneas peligros inciertos? A qu dios tan gran poder se ha concedido? En todo caso, cumplida su misin, cuando lleguen un da a los puertos y las tierras de Ausonia, a cuantas escapen de las olas y al jefe dardanio conduzcan a los campos laurentes 100 les quitar su forma mortal y ordenar que sean diosas del ancho mar, igual que la Nereida Doto y Galatea surcan con sus pechos el ponto espumante. Dijo, y lo jur por los ros de su hermano estigio; por los torrentes de pez y las orillas del negro remolino 105 asinti, e hizo temblar el Olimpo entero con su gesto. Haba llegado, pues, el da prometido y haban cumplido el tiempo marcado las Parcas, cuando de Turno el sacrilegio hizo apartar a la Madre las antorchas de las naves sagradas. Brill entonces una rara luz ante los ojos y una enorme 110 nube pareci cruzar el cielo de lado de la Aurora y los coros ideos; luego cae por los aires una voz horrenda y llena las tropas de rtulos y troyanos: No os empeis, teucros, en defender mis naves queridas ni armis vuestras manos; antes incendiar Turno los mares 115 que los sagrados pinos. Quedad vosotras libres, marchaos, diosas del mar; lo manda vuestra madre. Y al punto cada barco rompe las cadenas de la orilla y como delfines, metiendo sus rostros en el agua buscan el fondo. Salen de ah (asombroso prodigio) 120 como otros tantos cuerpos de doncellas y al mar se lanzan. 122 Se quedaron los rtulos sin habla y hasta Mesapo asustado sobre inquietos caballos, y ronca resonando duda la corriente y el Tber se vuelve desde alta mar. 125 Mas no abandon su confianza al bravo Turno; tanto ms alza los nimos con sus palabras y tanto ms grita: A los troyanos buscan estas apariciones, Jpiter con ellas les ha privado de la ayuda acostumbrada: ni dardos ni fuegos esperan a los rtulos. As que mares no navegables para los teucros, 130 sin esperanza alguna de huir: han perdido la mitad de sus recursos, mientras queda la tierra en nuestras manos: tantos miles, sus armas blanden los pueblos talos. No me asustan las fatales respuestas de los dioses, si de alguna presumen los frigios; bastante se ha dado ya a Venus y al hado, que han podido 135 tocar los troyanos los frtiles campos de Ausonia. Tengo yo hados contrarios a los suyos, aplastar con la espada a un pueblo criminal que me rob la esposa; este dolor no toca slo a los Atridas, ni slo a Micenas cabe empuar las armas. Pero basta con morir una vez. Habra bastado el pecado 140 anterior, mas no odiaron por completo a toda la raza de las mujeres. nimos les dan su confianza en la empalizada y el estorbo de los fosos, breve demora de su muerte; mas no vieron de Troya las murallas fabricadas por mano de Neptuno caer bajo el fuego? 145 Y vosotros, lo mejor de los mos, quin est dispuesto a abrir la valla con su espada y entrar conmigo en el campo tembloroso? No necesito yo las armas de Vulcano, ni barcos a millares contra los teucros. Que adems se les sumen todos los etruscos por aliados. Las tinieblas y el vano robo 150 del Paladio, muertos los centinelas de la fortaleza, no teman: no nos meteremos en la ciega panza de un caballo. A plena luz no fallar rodear con fuego sus muros. Les har sentir que no se las ven con dnaos y jvenes pelasgos, a quienes Hctor pudo resistir hasta el dcimo ao. 155 As que ahora, puesto que ya ha pasado lo mejor del da, cuidad lo que queda vuestros cuerpos, contentos con lo realizado, y aguardad prestos el combate. Se confa entretanto a Mesapo los puestos de guardia ante las puertas, y ceir con fuegos las murallas. 160 Se eligieron dos veces siete rtulos para guardar los muros con soldados, y a cada uno de ellos le siguen cien jvenes de rojo penacho y relucientes de oro. Acuden y se van turnando, y echados por la hierba se entregan al vino y vacan las crateras de bronce. 165 Brillan los fuegos, pasa la noche la guardia insomne, entre juegos. Observan esto los troyanos desde su empalizada y las alturas ganan con sus armas, y, temblando de ansia, vigilan las puertas y preparan puentes y bastiones, 170 y disponen sus flechas. Les apremia Mnesteo y el fiero Seresto a quienes el padre Eneas, si la situacin lo requera, haba dado por guas a los jvenes y caudillos. Por todos los muros monta guardia la legin echando a suertes el riesgo por turnos, y lo que debe guardar cada uno. 175 Niso era centinela de la puerta, valeroso guerrero, el hijo de Hrtaco, a quien haba enviado el Ida rico en caza de compaero de Eneas, rpido con la lanza y las veloces flechas, y a su lado Euralo, su amigo, ms hermoso que el cual no hubo otro entre los Enadas ni visti las armas troyanas, 180 y la flor de la juventud adornaba el rostro imberbe del muchacho. Un nico amor les una y juntos se lanzaban al combate; tambin entonces en guardia comn vigilaban la puerta, Niso dice: Ponen los dioses este ardor en nuestros corazones, Euralo, o de cada uno su fiera pasin se vuelve el dios? 185 Hace tiempo que se agita mi pecho por combatir o por emprender algo grande, y no se conforma con este tranquilo reposo. Ya est viendo la confianza que embarga a los rtulos: Pocas luces se ven, yacen vencidos por el sueo y el vino, y todo est en silencio. Escucha todava 190 cul es mi duda y qu idea en mi nimo brota. Ir en busca de Eneas piden todos, el pueblo y los padres, y enviarle quien le cuente lo que pasa. Si me prometen lo que pido para ti (pues a m la fama de la accin me basta), creo poder encontrar al pie 195 de aquel cerro un camino a las torres y murallas de Palanteo. Atnito qued Euralo, tocado por un ansia muy grande de gloria, y as se dirige a su ardoroso amigo: As que no quieres tomarme en hazaa tan alta, Niso, por compaero? Slo he de dejarte en peligro tan grande? 200 No tal mi padre Ofeltes, avezado a la guerra, me ense al criarme entre el terror de Argos y las fatigas de Troya, ni as me he portado contigo en pos del magnnimo Eneas y sus hados extremos. Hay aqu un corazn que desprecia la luz y que cree 205 que bien puede pagarse con la vida esa gloria que buscas. Niso a esto: En verdad nada de eso tema de ti, y no sera justo; as el gran Jpiter a ti me devuelva triunfante o quienquiera que esto contempla con ojos benignos. Mas si algn dios o alguna mala suerte (como a menudo ves 210 en tal peligro) me arrastran al desastre, me gustara que t sobrevivieras, ms digno de la vida por tu edad. Que hubiera quien me encomendase a la tierra sacndome del combate o pagando un rescate, o, si Fortuna lo prohibe, que en ausencia las exequias me hiciese y adornase mi tumba. 215 Y por no ser causa de un dolor tan grande para tu madre, la pobre, la nica entre muchas que valiente ha seguido a su hijo, sin cuidarse de las murallas del gran Acestes. Mas el otro: No entrelaces en vano argumentos vacos, que mi opinin no cede y es inamovible. 220 Dmonos prisa. Dice y al tiempo despierta a los guardias. stos les relevan y mantienen el turno; dejando el puesto, l acompaa a Niso y salen en busca de su rey. Por todas las tierras los dems animales curaban sus cuitas con el sueo y los corazones olvidados de fatigas; 225 los primeros caudillos de los teucros, la juventud escogida, celebraban consejo sobre asuntos importantes del reino, qu haran y quin sera ya el mensajero de Eneas. En pie estn apoyados en lanzas largas y con sus escudos en medio del llano y del campamento. Entonces Niso y con l 230 Euralo solicitan presurosos ser admitidos sin demora, que el asunto era importante y la tardanza cara. Julo el primero les recibi nerviosos y mand hablar a Niso. As entonces el hijo de Hrtaco: Escuchad con voluntad propicia, amigos de Eneas, y no juzguis por nuestros aos 235 lo que traemos. Han callado los rtulos vencidos por el vino y el sueo. Nosotros mismos un lugar hemos visto para nuestro plan, que se abre en el cruce de la puerta marina. Han cesado los fuegos y negra humareda se levanta hasta el cielo. Si nos permits aprovechar esta fortuna 240 para buscar a Eneas y las murallas de Palanteo, nos veris al punto regresar con el botn cargados de una gran matanza. Y no nos engaa el camino en la marcha: hemos visto antes las primeras casas entre valles oscuros yendo a menudo de caza y hemos recorrido todo el ro. 245 Entonces Aletes, maduro de nimo y grave por sus aos: Dioses de la patria bajo cuyo poder Troya est siempre! No queris, sin embargo, destruir por completo a los teucros cuando nimos disteis as a nuestros jvenes y pechos tan firmes. Tal diciendo abrazaba a los hombros y las diestras 250 de ambos, y regaba de llanto su rostro y sus mejillas. Qu para vosotros, guerreros, qu recompensa digna pagar se puede por esa hazaa? Lo mejor en seguida os lo darn los dioses yvosotros mismos: os pagar muy pronto el resto el piadoso Eneas y, con su edad entera, 255 Ascanio, que nunca olvida mritos tan grandes. Yo, por mi parte -afirma Ascanio-, para quien la esperanza sola est en la vuelta de mi padre, a vosotros os pongo por testigos, Niso, por los grandes Penates y el Lar de Asraco y el templo de la canosa Vesta: sea cual sea mi confianza y mi fortuna, 260 la pongo en vuestro pecho. Buscadme a mi padre, devolvedme su presencia; nada ser triste si lo recupero. Os dar dos copas llenas de relieves, terminadas en plata, que mi padre tom tras la derrota de Arisba, con dos trpodes iguales, dos grandes talentos de oro, 265 una cratera antigua que me dio la sidonia Dido. Ahora, si me cupiera conquistar vencedor Italia, hacerme con el reino y repartir el botn a suertes, viste con qu caballo iba Turno y con qu armas, todo de oro; pues ese caballo y su escudo y su rojo penacho, 270 son ya tu premio, Niso, libres del sorteo. Mi padre por su parte dos veces seis madres bien elegidas y cautivos y todos con sus armas, y adems cuanto campo posee el propio rey Latino. Y en cuanto a ti, respetable muchacho a quien sigue 275 de cerca mi edad, te acojo ya con todo el corazn y te abrazo compaero de todas las fatigas. No he de buscar gloria alguna sin ti en mis empresas: tanto en paz como en guerra, en ti residir mi confianza mayor de palabra y de obra. A quien tal dice replica 280 Euralo: Jams llegar el da que me vea indigno de acciones tan valientes; slo, que no se vuelva de espaldas la suerte favorable. Pero nada ms esto te pido, por encima de todos los regalos: tengo a mi madre, de la rancia estirpe de Pramo, a quien, desdichada, la tierra de Ilin no retuvo 285 cuando part, ni las murallas del rey Acestes. La dejo yo ahora sin saber nada de todo este riesgo y sin despedirme (pongo a la noche por testigo y a tu diestra), que sufrir no puedo lgrimas de mi madre. As que t, te lo ruego, consuela a la desgraciada y mira por la que dejo. 290 Permteme llevar esta esperanza y con mayor audacia arrostrar todos los peligros. Con el corazn estremecido vertieron lgrimas los Dardnidas, y el hermoso Julo ms que los otros, y aneg su nimo esta piadosa imagen de un hijo. Dice as entonces: 295 Puedes prometerte cuanto sea digno de tus grandes empresas. Pues ella ha de ser mi madre y ha de faltarle slo el nombre de Cresa, y no le aguarda pequea recompensa por un hijo as. Sea cual sea el final de tu hazaa, juro por mi cabeza, por la que antes sola mi padre: 300 cuanto a ti te prometo a la vuelta si todo va bien, lo mismo se har con tu madre y toda su estirpe. As dice entre lgrimas; al tiempo se quita del hombro la espada de oro que haba forjado Lican de Cnosos con arte admirable, con la vaina de marfil que rapidez le daba. 305 A Niso da Mnesteo la piel de un len espantoso, sus despojos, y el yelmo le cambia el fiel Aletes. Parten al punto armados; al tiempo que marchan les sigue con sus votos junto a las puertas todo el grupo de los principales, jvenes y viejos, as como el hermoso Julo, 310 haciendo gala antes de tiempo de nimo y cuidado de hombre, les daba muchos encargos para su padre; mas todo dispersan las brisas y lo entregan sin sentido a las nubes. Cruzan saliendo los fosos y entre las sombras de la noche se dirigen al campo enemigo, pero antes seran causa 315 de muerte para muchos. Los ven tendidos en la hierba por el vino y el sueo, carros de pie en la playa, hombres entre ruedas y arreos, las armas por el suelo y entre las copas. El hijo de Hrtaco as dijo el primero: Euralo, es el momento de atacar, la ocasin a ello nos invita. 320 Por aqu est el camino. T, para que ningn grupo pueda alzarse a nuestras espaldas, vigila y observa de lejos; voy a sembrar la muerte abrindote con ello ancho sendero. As dice y sofoca su voz al tiempo que ataca con la espada al orgulloso Ramnete, que en mullidos tapices andaba 325 echado y sueo respiraba de todo su pecho, rey a la vez que gratsimo augur del rey Turno, aunque no pudo con su augurio librarse de la muerte. Acaba a su lado con tres sirvientes que yacan tranquilos entre sus armas y con el escudero de Remo y con el auriga bajo sus propios 330 caballos sorprendidos, y corta con la espada los cuellos colgantes. Luego le arranca al dueo mismo la cabeza y deja su cuerpo sangrando a borbotones; de negra sangre la tibia tierra y los lechos se empapan. Y as con Lmiro y Lamo y con el joven Serrano que mucho haba jugado 335 aquella noche, de hermosa figura, yyaca con el cuerpo vencido del mucho vino: dichoso l si hubiera igualado a la noche con su juego y lo hubiera llevado al amanecer; como un len hambriento movindose entre los llenos rediales (como le pide su loca hambre), devora y arrastra 340 al tierno ganado mud de espanto y ruge con boca cruenta. No menor fue la matanza de Euralo; tambin l encendido, loco se vuelve y se lanza en medio de un gran grupo sin nombre, de Fado y Herbeso, de Abaris y Reto, desprevenidos; a Reto despierto y vindolo todo 345 que, lleno de miedo, se ocultaba tras una cratera, le clav la espada en el pecho hasta la empuadura cuando se incorporaba, y la sac llena de muerte. Vomita el otro un alma de prpura y al morir echa el vino mezclado con la sangre, l prosigue su loco dao. 350 Y ya se diriga al grupo de Mesapo; all vea apagarse los fuegos y los caballos atados segn la costumbre pacan en la hierba, cuando as Niso brevemente (pues siente que le arrastra el exceso de sangre y el ansia): Dejmoslo -dice-, pues se acerca la luz peligrosa. 355 Castigo bastante han tenido, un camino se abre entre los enemigos. Abandonan numerosos objetos de plata maciza de los soldados, y armas y crateras, as como hermosos tapices. Euralo toma los arreos de Ramnete y un cinturn de placas de oro, presentes un da que el riqusimo Cdico enviara 360 a Rmulo de Tbur, cuando lo hizo su husped en ausencia; l los entrega al morir a su nieto para que los tenga; despus de su muerte lo tomaron los rtulos en la guerra y en el combate: lo coge y se lo cuelga al hombro intilmente poderoso. Luego el yelmo de Mesapo, cmodo y adornado de penacho, 365 se pone. Salen del campo y buscan lugares seguros. Andaban entretanto jinetes enviados en descubierta de la ciudad latina, mientras el resto de la tropa acampaba en el llano, y respuesta traan al rey Turno. Trescientos, todos con escudos, y Volcente al mando. 370 Y ya se acercaban al campamento y a sus muros llegaban, cuando les ven doblar a lo lejos en el camino de la izquierda, y el yelmo traicion al descuidado Euralo en la sombra brillante de la noche y refulgi tocado por los rayos. No pas inadvertido; desde su columna grita Volcente: 375 Quietos, soldados! Cul es la causa de la salida? De quin sois soldados y a dnde os dirigs? Ellos nada responden, sino que se metieron corriendo en el bosque y se confiaron a la noche. Se lanzan los jinetes a los senderos conocidos aqu y all, y rodean de guardias todos los accesos. 380 Era una selva erizada de negra encina y zarzas, que espesos matorrales llenaban por todas partes; entre ocultos caminos brillaba un raro sendero. Estorban a Euralo las tinieblas de las ramas y el pesado botn y el temor le engaa con la direccin del camino. 385 Niso escapa, yya se haba librado del enemigo el descuidado y de los lugares que luego se llamaron albanos del nombre de Alba (donde el rey latino tena sus pastos), y se detuvo y en vano busc al amigo ausente: Pobre Euralo, por dnde te habr abandonado?, 390 por dnde seguirte? Recorriendo de nuevo el difcil camino de la selva engaosa, observa las huellas recientes y las sigue hacia atrs yvaga entre los zarzales silenciosos. Oye los caballos, oye el estrpito y las seales de los que le persiguen, y no pasa mucho tiempo, cuando un clamor llega 395 a sus odos y ve a Euralo, a quien con el engao del lugar y la noche todo el grupo ya lo tiene apresado en repentina escaramuza y aunque todo lo intenta en vano. Qu hacer? Con qu fuerzas intentara al joven rescatar, o con qu armas? Se ha de lanzar a morir 400 entre las espadas ganando con heridas una muerte hermosa? Raudo blande la lanza doblando el brazo y mirando a la alta Luna reza de esta manera: T, diosa, acude en nuestra ayuda en este trance, gloria de los astros y guardiana de los bosques, hija de Latona. 405 Si algn presente llev hasta tus altares mi padre Hrtaco por m; si los aument yo en mis caceras o los colgu de tu bveda o los clav en tus sagrados techos, concdeme dispersar este grupo y gua mis disparos por el aire. Dijo, y lanz su hierro haciendo fuerza 410 con todo su cuerpo. La lanza voladora azota las sombras de la noche y se clava en la espalda de Sulmn y se quiebra all, y la madera clavada el corazn le atraviesa. ste se revuelve vomitando un ro caliente de su pecho, helado, y golpea sus ijares en largos espasmos. 415 Miran a su alrededor. An ms enardecido, hete aqu que otra lanza sopesaba a la altura de la oreja. Mientras corren confundidos, silbando llega el asta a las sienes de Tago y se clava tibia en el cerebro atravesado. Enloquece el feroz Volcente sin poder ver al que lanza 420 los disparos, y sin poder arrojarse ardiendo sobre l. Pues t mientras tanto vas a pagar con tu sangre caliente el castigo por ambos, dijo, y al tiempo empuando su espada marchaba contra Euralo. Fuera de s entonces, aterrado, grita Niso y ya no aguanta ms escondido 425 en las tinieblas, ni puede soportar un dolor tan grande: A m, a m, aqu est el que lo hizo! Volved a m las armas, rtulos! Mo ha sido el plan, y nada os ste ni nada pudo; el cielo y los astros que lo saben son mis testigos; l slo am demasiado a un infeliz amigo. 430 Tales gritos daba, mas la espada impulsada con fuerza traspasa las costillas y rompe el blanco pecho. Cae Euralo herido de muerte, y por su hermoso cuerpo corre la sangre y se derrumba su cuello sobre los hombros: como cuando la flor encarnada que siega el arado 435 languidece y muere, o como la amapola de lacio cuello inclina la cabeza bajo el peso de la lluvia. Mas Niso se lanza en medio y slo entre tantos quiere a Volcente, slo en Volcente se fija. Los enemigos lo rodean y de cerca lo acosan 440 por todas partes. No ceja por ello yvoltea su espada relampagueante, hasta que en la boca del rtulo que gritaba la clav de frente y muriendo quit la vida a su enemigo. Se arroj entonces sobre su exnime amigo, acribillado, y all descans al fin con plcida muerte. 445 Afortundos ambos! Si algo pueden mis versos, jams da alguno os borrar del tiempo memorioso, mientras habite la roca inamovible del Capitolio la casa de Eneas y su poder mantenga el padre romano. Los rtulos vencedores se hacen con el botn y los despojos 450 y llevan llorando al campamento a Volcente sin vida. No fue menor el duelo en el campo al hallar a Ramnete exange y tan gran matanza de los mejores, y a Serrano y a Numa. Un gran corro se forma ante sus cuerpos y los hombres medio muertos y el lugar reciente 455 de tibia muerte y los ros espumantes llenos de sangre. Reconocen entre ellos los despojos y el casco reluciente de Mesapo y los arreos con tanto sudor ganados. Y ya la Aurora primera regaba las tierras con el nuevo da abandonando el lecho azafrn de Titono. 460 Con el sol ya esparcido, descubiertas por la luz las cosas, Turno llama a sus hombres a las armas revestido l mismo con sus armas: forman las broncneas columnas para el combate, cada cual las suyas, y aguzan sus iras con diversas consignas. Clavan incluso las propias cabezas en lanzas enhiestas 465 (lamentable espectculo) de Euralo y Niso, y las siguen con gran gritero. Los duros Enadas en la parte izquierda de los muros dispusieron su lnea (la derecha la cien las aguas), y ocupan los fosos enormes y en las altas torres 470 se colocan, tristes; conmovan a los desgraciados los rostros clavados de sus hombres, tan conocidos, chorreando negra sangre. Volando entretanto con sus plumas Fama la mensajera corre por la ciudad asustada y llega a los odos de la madre de Euralo. Y de pronto dej el calor sus huesos, desgraciada, 475 el huso se escap de sus manos y cayeron los ovillos. Sale corriendo la infeliz y con alaridos de mujer mesndose el cabello, fuera de s, busca los muros y las primeras filas, y no se fija en los hombres ni en el peligro ni en los disparos, y llena entonces el cielo con su lamento: 480 As te veo, Euralo? Eres t, el reposo postrero de mis aos, y has podido dejarme sola, cruel? Y cuando te enviaron a peligros tan grandes, no se dio a tu madre el hablarte por ltima vez? Ay! Yaces en tierra extraa botn de los perros latinos 485 y de sus buitres. Siendo tu madre, ni tus exequias te he podido hacer, ni he cerrado tus ojos, ni lav tus heridas, cubrindote con la tela que te estaba tejiendo a toda prisa, de da y de noche, y en el telar consolaba mis cuitas de vieja. Dnde buscarte? Qu tierra guarda ahora tu cuerpo 490 y tus miembros lacerados y tu cadver roto? Esto me traes de ti, hijo mo? Esto es lo que he seguido por mar y por tierra? Atravesadme, si queda an piedad; contra m todas las flechas disparad, rtulos, matadme la primera con la espada; o t, gran padre de los dioses, ten piedad y esta odiada 495 cabeza sepulta bajo el Trtaro con tu rayo, que de otro modo no puedo quebrar esta vida cruel. Con este llanto tocados los nimos, un triste lamento brota de todos, se entorpecen las fuerzas rotas para el combate. Ideo y ctor, como inflamaba la pena de todos, 500 por orden de Ilioneo y de julo que mucho lloraba la cogen y en sus manos la conducen a casa. Y lanz a lo lejos la tuba su terrible sonido de bronce canoro, sigue un clamor y el cielo retumba. Rpidamente forman los volscos su tortuga 505 y se disponen a llenar los fosos y arrancar la empalizada; busca la entrada una parte y subir a los muros con escalas por donde hay menos tropa y clarea la espesa corona de soldados. Responden los teucros lanzando todo tipo de dardos y los derriban con duros troncos, 510 habituados a defender sus muros en una larga guerra. Hacan rodar tambin piedras de gran peso, por si podan quebrar la cubierta columna, aunque bajo la densa tortuga todo se est dispuesto a resistir. Y ya no aguantan ms. Pues por donde el grupo es ms compacto, 515 acuden los teucros y hacen rodar una mole tremenda que aplasta por completo a los rtulos y destroza la cubierta de sus armas. Y ya no se cuidan los rtulos bravos de atacar con un Marte ciego, sino que compiten en echarlos del muro con proyectiles. 520 En otra parte blanda Mecencio con horrible aspecto un pino etrusco y lleva fuegos humeantes; y Mesapo, domador de caballos, prole de Neptuno, abre la empalizada y escalas pide para la muralla. A vosotras, Calope, os pido que inspiris al que canta 525 los desastres que el hierro caus, qu muertos Turno dej atrs, a quin envi cada cual al Orco, y desplegad conmigo las grandes vueltas de la guerra. 528 Haba una torre de gran tamao y puentes elevados, 530 adecuada al lugar, que los talos con grande empeo todos se esforzaban en tomar y abatir con la mayor violencia de sus recursos, y los troyanos, al contrario, defendan con piedras y dardos, apiados, por el hueco de las saeteras. Turno el primero lanz una antorcha encendida 535 y clav en el costado la llama que, inflamada del viento, hizo presa en las tablas y se peg a las puertas consumidas. Asustados se agitaban en su interior y escapar pretendan de la desgracia. Al amontonarse y hacerse hacia atrs, a la parte libre de fuego, cay de repente la torre 540 bajo el peso y resuena con el fragor todo el cielo. Caen medio muertos al suelo bajo la enorme mole y se clavan en sus propios dardos y traspasan sus pechos los duros troncos. Apenas escaparon Helnor y Lico; de ellos, en la flor de la edad Helnor, 545 para el rey meonio al que la esclava Licimnia en secreto haba criado y enviado a Troya con armas prohibidas, ligero con su espada desnuda y el blanco escudo, an sin gloria. Y cuando se vio en medio de millares de los de Turno, que de un lado y de otro se alzaban tropas latinas, 550 cual la fiera acosada por densa corona de cazadores se revuelve contra las flechas y se arroja a la muerte a sabiendas y se lanza de un salto sobre los venablos, no de otro modo el joven a morir entre los enemigos se lanza, y corre all donde ms densas son las flechas. 555 Lico, por su parte, mucho mejor con los pies, entre los enemigos y entre sus armas busca los muros huyendo y se empea en tocar con la mano su parte ms alta y las diestras de sus compaeros. Turno le sigue igual con los pies que con las flechas y, vencedor, le increpa: Pensabas poder escaparte, 560 loco, de nuestras manos? Y lo agarra colgado como estaba y lo arranca con gran parte del muro. Como cuando a una liebre o a un cisne de blanco cuerpo lo toma en sus garras el escudero de Jove ganando altura, o el lobo de Marte se lleva del redil a un cordero 565 que reclama su madre con muchos balidos. De todas partes se alza el clamor: entran y rellenan con tierra los fosos, lanzan otros a los tejados teas encendidas. Ilioneo con un peasco y un enorme trozo de monte a Lucetio que se acercaba a la puerta con su antorcha, 570 Lger a Ematin, a Corineo abate Asilas, hbil ste con la jabalina y aqul de lejos con la flecha que engaa; Cneo a Ortigio, al vencedor Cneo Turno, Turno a Itis y Clonio, y a Prmolo y Dioxipo, y a Sgaris y a Idas que las altas torres defenda; 575 Capis a Priverno, a quien haba alcanzado primero la lanza ligera de Temillas: deja, loco, el escudo y se lleva la mano a la herida, as que llega volando una flecha y le clava la mano al costado izquierdo y desgarra con su herida mortal el camino escondido del aliento. 580 Estaba el hijo de Arcente con egregias armas revestido de su clmide bordada y brillante de prpura hibera, con hermoso aspecto, al que su padre Arcente haba enviado criado en el bosque de Marte junto a los arroyos del Simeto, donde el altar benigno de Palico y pinge: 585 dejando las lanzas Mecencio su honda estridente volte tres veces en torno a su cabeza con la correa, y golpe de frente el centro de sus sienes con plomo fundido y lo dej tendido en la arena del suelo. Se dice que entonces por primera vez lanz en la guerra 590 una rpida flecha Ascanio, acostumbrado como estaba a asustar a fieras huidizas, y tumb con su mano al fuerte Numano, apodado Rmulo, que haca poco se haba unido en matrimonio con la hermosa pequea de Turno. Iba en primera fila dando voces dignas e indignas 595 de decir y con el pecho henchido de su nuevo poder, y avanzaba orgulloso gritando: No os avergenza estar de nuevo asediados tras una empalizada, frigios dos veces prisioneros, y levantar una muralla ante la muerte? Mira, t! Los que nos pedan matrimonio por la fuerza! 600 Qu dios a Italia, o qu locura os ha trado? No estn aqu los Atridas ni el urdidor de historias, Ulises: raza dura por la estirpe, llevamos primero a los hijos al ro y los endurecemos con el hielo cruel y las olas; no duermen nuestros nios por la caza y fatigan los bosques, 605 es su juego montar caballos y disparar flechas con sus arcos. Y la juventud, hecha al trabajo y con poco conforme, o doma la tierra con rastrillos o golpea con la guerra las ciudades. Toda la edad la pasamos con el hierro y con la lanza vuelta el lomo de los novillos sin que de la vejez la torpeza picamos 610 apague las fuerzas de nuestro pecho ni altere su vigor: ceimos nuestras canas con el yelmo y traer nos agrada constantemente nuevos botines y vivir de la rapia. A vosotros os va la ropa teida de prpura brillante y de azafrn, os gusta la indolencia y entregaros a la danza, 615 y tienen mangas vuestras tnicas y cintas vuestras mitras. Oh, frigias en verdad, ms que frigios! Andad por las cumbres del Dndimo donde solis escuchar el canto de la flauta. Que os llaman los tmpanos y el boj berecintio de la Madre del Ida; dejad las armas a los hombres y soltad el hierro. 620 Que as se jactase gritando amenazas no pudo soportar Ascanio, y tens de frente su flecha en el nervio de caballo y abriendo los brazos se detuvo para ganar antes con sus votos el favor de Jove: Jpiter todopoderoso, aprueba esta audaz empresa! 625 Yo mismo llevar a tus templos solemnes presentes y sacrificar ante tus aras un novillo de frente dorada, blanco, que alcance con la cabeza a su madre, que embista ya y que esparza la arena con sus patas. Lo escuch y tron por la izquierda en regin serena 630 del cielo el padre, al tiempo que silba el arco fatal. Escapa con horrible zumbido la flecha disparada y atraviesa la cabeza de Rmulo y cruza con la punta el hueco de sus sienes. Anda, brlate del valor con jactancia! Esta respuesta envan a los rtulos los frigios dos veces prisioneros. 635 No dijo ms Ascanio. Los teucros le siguen con sus gritos y vibran de alegra y sus nimos lanzan al cielo. Vea casualmente desde lo alto Apolo de larga cabellera en la regin del cielo la ciudad y las tropas ausonias, sentado en una nube, y al vencedor Julo as le dice: 640 Bravo por ese nuevo valor, muchacho! As se va a las estrellas, hijo de dioses que dioses engendrars! Con razn, toda guerra cesar bajo el linaje de Asraco que los hados nos mandan, y Troya no te basta. A la vez que esto dice caer se deja del alto ter, hiende las auras que respiran 645 y busca a Ascanio; cambia entonces la forma de sus rasgos por los del viejo Butes. ste fue antes del dardanio Anquises escudero y leal centinela de sus umbrales; luego el padre se lo dio a Ascanio por compaero. Iba Apolo en todo igual al viejo, en la voz y el color 650 Y los blancos cabellos y las armas de sombro sonido, ya] enardecido Julo se dirige con estas palabras: Sea suficiente, hijo de Eneas, abatir impunemente con tus flechas a Numano. El gran Apolo te ha otorgado esta gloria primera y no ve mal tus armas iguales a las suyas; 655 deja ahora el combate, muchacho. Tras comenzar as, Apolo dej su aspecto mortal en medio del discurso y escap hacia el aire sutil, lejos de los ojos. Reconocieron al dios los jefes dardanios y las divinas flechas oyeron resonar en la huida y su aljaba. 660 Y as, con sus palabras y por la voluntad de Febo alejan a Ascanio vido de pelea, yvuelven ellos mismos de nuevo al combate y lanzan sus almas a peligros abiertos. En todo el muro sale el clamor por los bastiones, tensan los arcos fieros y retuercen los amientos. 665 Todo el suelo se cubre de flechas y los escudos y los cavos yelmos resuenan con los golpes; se traba un spero combate. Cuanto sacude la tierra el chaparrn que viene de poniente con las Cabrillas lluviosas, como los nimbos cargados de granizo se lanzan sobre los ros, cuando Jpiter hrrido de Austros 670 lanza una tormenta de agua y rompe las huecas nubes en el cielo. Pndaro y Bitias, hijo de Alcnor Ideo, a quienes cri en el bosque de Jove la silvestre Yera, jvenes como los abetos de su patria y sus montes, abren la puerta que las encomend la orden de su jefe, 675 fiados en sus armas, e invitan adems a pasar al enemigo. Ellos se quedan dentro ante las torres a izquierda y derecha armados con la espada y luciendo sus enhiestos penachos: como dos encinas se alzan al aire junto a la lquida corriente en las orillas del Po o cerca del tesis ameno, 680 y levantan al cielo sus cabezas frondosas y agitan la altsima copa. Los rtulos irrumpen en la entrada en cuanto la vieron abierta; en seguida Quercente y Aquculo, hermoso con sus armas, y Tmaro lanzado de nimo y el marcial Hemn 685 con todos sus hombres, o se volvieron y dieron la espalda o en el mismo umbral de la puerta dejaron sus vidas. Entonces crece an ms el furor en los corazones discordes, y ya los troyanos reunidos en el mismo lugar se agrupan y osan hacerles frente y salir adelante. 690 Al caudillo Turno, enfurecido en otra parte y asustando a los hombres le llega la noticia de que hierve el enemigo con la nueva matanza y ofrece las puertas abiertas. Deja lo emprendido y llevado de una ira tremenda corre a la puerta dardania y contra los hermanos orgullosos. 695 Y tumba primero arrojando su lanza a Antfates (pues era el primero en presentarse), bastardo del noble Sarpedn, de madre tebana: vuela el talo cornejo por el aire sutil y clavado en el estmago se esconde en lo hondo del pecho; devuelve la gruta de la negra herida 700 un ro de espuma y se empapa el hierro del pulmn atravesado. Luego a Mrope y Erimanto con su mano y tumba a Afidno, luego a Bitias con los ojos en llamas y el nimo excitado, no con la jabalina (pues a una jabalina no habra dado l su vida), sino que dispar con intenso silbido una falrica sacudida 705 a modo de un rayo, que ni dos pieles de toro ni la loriga fiel, de oro y doble escama, resistieron; caen desastados sus miembros enormes, exhala la tierra un gemido y resuena sobre el gran escudo. As cae a veces en la costa eubea de Bayas 710 un pilar de piedra que con grandes moles construyen antes y lo lanzan al mar; inclinado, se precipita y se queda clavado en el fondo; se revuelven las aguas y se elevan las negras arenas, y entonces tiembla del ruido la alta Prcida e Inrime, 715 duro lecho impuesto a Tifeo por orden de Jove. Marte entonces poderoso en las armas, nimo y fuerzas dio a los latinos y puso en su pecho estmulos agrios, y envi a los teucros el negro Temor y la Huida. Llegan de todas partes, pues se les da ocasin de combatir, 720 y el dios de la guerra se mete en su pecho. Pndaro, cuando ve derribado el cuerpo de su hermano y en qu lugar se halla la fortuna y cmo andan las cosas, atranca la puerta con gran violencia girando los goznes y empujando con sus anchos hombros, y a muchos de los suyos 725 deja fuera del recinto en trance difcil; mas a otros los cierra consigo y los recibe corriendo, loco!, sin ver al rey rtulo en medio de la tropa, que irrumpe y queda adems encerrado dentro de la ciudad, como un tigre tremendo entre corderos indefensos. 730 Al punto brill en sus ojos una nueva luz y las armas resonaron horribles, en su casco tremolan las crestas de sangre y despide con su escudo rayos brillantes. Reconocen los Enadas la odiada cara, turbados de repente, y los miembros inmensos. El gran Pndaro entonces 735 salta y lleno de ira por la muerte del hermano exclama: No es ste el palacio de la dote de Amata, ni Ardea recibe a Turno en los muros patrios. Ests viendo un campo enemigo, no hay forma de escapar. Turno le replica sonriente con pecho sereno: 740 Empieza t, si te atreves, y cruza conmigo tu diestra; contars a Pramo que aqu tambin has encontrado a Aquiles. As dijo. El otro con todas sus fuerzas blande y arroja su lanza llena de nudos y con la corteza; le recibieron las auras. Desvi Juno Saturnia 745 el golpe inminente y se clava la lanza en la puerta. No escapars t de esta arma que maneja con fuerza mi diestra, ni es como t el que ahora golpea: as dice, y salta con la espada en alto y entre las sienes por mitad le parte con el hierro 750 la frente y las jvenes mandbulas con espantosa herida. Suena el golpe, la tierra se ve sacudida por el enorme peso, cubre el suelo al morir con los miembros derribados y las armas sangrientas de sesos, y en partes iguales le cuelga la cabeza ac y all sobre uno y otro hombro. 755 Se dispersan huyendo de miedo temblorosos los troyanos, y si al punto el vencedor se hubiera cuidado de romper con su mano los cerrojos y abrir las puertas a sus compaeros, habra sido aqul el ltimo da de la guerra y de un pueblo. Mas la locura y el ansia de matar insana, furioso 760 lo lanzaron contra los de enfrente. Primero se ocupa de Fleris y Giges al que corta el jarrete, luego toma las lanzas de los que huyen y se las arroja a la espalda, Juno le brinda nimos y fuerzas. Les siguen Halis y Fgeo, con el escudo atravesado: 765 luego, ignorantes en los muros que seguan combatiendo, Alcandro y Halio, Noemn y Prtanis. A la derecha del terrapln, esforzado con su vibrante espada ve venir a su encuentro a Linceo llamando a sus amigos; su cabeza qued en el suelo, lejos, junto al casco, 770 arrancada de cerca de un solo golpe. Despus a Amico, el exterminador de fieras, mejor que el cual otro no haba en untar las flechas con la mano y armar el hierro de veneno, y a Clitio el Elida y a Crteo, el amigo de las Musas, Crteo de las Musas compaero, a quien siempre placan 775 versos y ctaras y marcar el ritmo con las cuerdas, siempre caballos y armas cantaba y las guerras de los hombres. Acuden por ltimo los jefes de los teucros enterados de la matanza de los suyos, Mnesteo y el fiero Seresto, y dispersados ven a sus compaeros y al enemigo en casa. 780 Y Mnesteo: A dnde hus, a dnde?, dice. Es que tenis ms muros u otras murallas ms all? Un solo hombre, ciudadanos, rodeado del todo por vuestras defensas causar impunemente estrago tan grande en la ciudad? Mandar al Orco a tantos 785 de los mejores jvenes? No os da pena, cobardes y vergenza del gran Eneas y de la pobre patria, de los antiguos dioses? Encendidos con tales palabras se animan y en lnea cerrada se detienen. Turno sala del combate poco a poco y el ro buscaba y la parte que cien las olas. 790 Con bros mayores acuden por esto los teucros con gran gritero y apretaban el cerco como cuando con nubes de flechas acosa la partida al cruel len, y l, asustado, feroz, mirando fieramente retrocede y ni el valor ni la ira le permiten echar a correr, ni puede revolverse en contra 795 aun desendolo, entre las flechas y los hombres. No de otro modo, dudando, Turno vuelve sus pasos sin prisa hacia atrs y su nimo se enciende de rabia. An dos veces se lanz en medio de sus enemigos, y dos veces les puso en fuga desordenada por los muros; 800 pero rpidamente acuden a la vez todos los hombres del campo y no se atreve Juno, la hija de Saturno, a darle en su contra fuerzas bastantes, pues Jpiter mand a la area Iris desde el cielo llevando a su hermana rdenes terminantes, si Turno no sala de las altas murallas de los teucros. 805 Y es que no resiste ya el joven ni con el escudo ni con su diestra, as se ve acosado por los dardos que le arrojan por doquier. De repicar no cesa en sus huecas sienes el casco y se rajan por las piedras los slidos bronces, y ha perdido los penachos y en su cabeza no aguanta el escudo 810 los golpes; redoblan sus disparos los troyanos y el propio Mnesteo, como un rayo. Corre el sudor entonces por todo su cuerpo y forma (respirar ya no puede) un ro de pez, un doloroso jadeo sacude sus miembros agotados. As que, finalmente, se arroj al ro de cabeza 815 con todas sus armas. l en su amarillo remolino lo acogi al caer y lo sac fuera sobre plcidas olas, y feliz lo devolvi a sus compaeros, limpio de sangre. LIBRO X Se abre la mansin del todopoderoso Olimpo entretanto y llama a asamblea el padre de los dioses y rey de los hombres en la sede sidrica de donde en lo alto todas las tierras y el campo de los Dardnidas contempla y los pueblos latinos. Toman asiento en las salas de dos puertas, comienza l mismo: 5 Poderosos habitantes del cielo, por qu as han cambiado vuestras opiniones y tanto porfiis con nimo inicuo? Haba yo decidido que Italia no hiciera la guerra a los teucros, a qu esta discordia contra mis rdenes? A unos y otros qu miedo ha llevado a empuar las armas y provocar la guerra? 10 Vendr el momento justo (no lo adelantis) para el combate, cuando la fiera Cartago al alczar romano un da cause gran exterminio y abra los Alpes; entonces ser bueno competir en odios y entonces usar la fuerza. Dejadlo ahora y sellad contentos unpacto detregua. 15 Jpiter as en pocas palabras; mas la urea Venus no poco le repuso: Padre mo, oh, poder eterno sobre hombres y cosas (pues qu otra cosa hay que implorar ya podamos?). Viendo ests cmo provocan los rtulos y Turno se pasea 20 orgulloso en sus caballos y avanza henchido por un Marte propicio. Las murallas, aun cerradas, no cubren ya a los teucros; se traban los combates y se llenan los fosos de sangre. Eneas sin saberlo est lejos. No dejars ya nunca 25 que se levante el sitio? Otra vez amenaza el enemigo los muros de la naciente Troya y de nuevo otro ejrcito, y otra vez se alza desde la Arpos etolia el Tidida contra los teucros. As que creo que faltan slo mis heridas, y siendo hija tuya estoy esperando las armas mortales. 30 Si sin tu aprobacin y en contra de tu numen los troyanos vinieron a Italia, que laven su pecado y no les brindes tu auxilio; si, por el contrario, tanto orculo siguieron que les daban dioses celestes y Manes, por qu puede nadie cambiar ahora tus rdenes y por qu fundar nuevos hados? 35 Para qu mencionar el incendio de las naves en la costa ericina, para qu al rey de las tormentas y los vientos furiosos lanzados desde Eolia, o a Iris enviada por las nubes? Ahora incluso a los Manes (esto era cuanto quedaba por probar) provoca y Alecto, enviada de pronto a lo alto, 40 anda como loca por las ciudades de Italia. Nada me mueve ya el imperio. Lo hemos estado esperando, mientras hubo fortuna. Que venzan quienes quieras que venzan. Si ninguna regin deja para los teucros tu esposa cruel, padre mo, por las ruinas humeantes de Troya 45 destruida te pido: permteme sacar de entre las armas inclume a Ascanio, deja que sobreviva mi nieto. Que Eneas se vea arrojado a aguas desconocidas, sea, y que vaya por donde le consienta Fortuna: pero que sea yo capaz de proteger a aqul y librarlo de una cruel guerra. 50 Ma es Amatunte, ms la alta Pafos y Citera y las moradas dalias: que abandone las armas y pueda pasar aqu sus aos sin gloria. Manda que Cartago aplaste a Ausonia con gran poder; nada estorbar entonces a las ciudades tirias. De qu ha servido evitar de la guerra 55 la peste y haber escapado entre las llamas argivas, y haber pasado tantos peligros en el mar y la vasta tierra mientras buscan el Lacio los teucros y una Prgamo renacida? No habra sido mejor establecerse en las postreras cenizas de la patria y en el solar en el que Troya estuvo? Devulveles, te pido, 60 el Jano y el Simunte, pobres de ellos, y concede a los teucros, padre mo, de nuevo revivir los avatares de Troya. Entonces Juno soberana, gravemente enojada: Por qu me obligas a romper un silencio profundo y a desvelar con palabras un dolor secreto? Quin de los hombres o de los dioses empuj a Eneas 65 a emprender la guerra y llegar enemigo ante el rey Latino? A Italia lleg por impulso de los hados (sea), empujado por las locuras de Casandra. Acaso le hemos animado a dejar su campamento y encomendar su vida a los vientos? O a confiar a un nio el mando de la guerra y sus muros, 70 o a turbar la lealtad tirrena y a unos pueblos tranquilos? Qu dios lo puso en peligro o de los nuestros qu cruel poder? Dnde est aqu Juno, o Iris enviada por las nubes? Es injusto que los talos rodeen la Troya que nace con llamas y que Turno se establezca en la tierra de sus padres, 75 siendo Pilumno su abuelo y su madre la diva Venilia. Y qu si los troyanos atacan a los latinos con negra tea, someten a su yugo campos ajenos y el botn se llevan? Y qu si roban suegros y arrancan de su regazo a las prometidas, piden con la mano la paz y cuelgan las armas de sus popas? 80 T puedes salvar a Eneas de manos de los griegos, y ocultarlo en la niebla y los vientos inanes, y puedes convertir sus barcos en otras tantas Ninfas, y me estar a m vedado ayudar un poco a mi vez a los rtulos? Eneas sin saberlo est lejos: pues que lejos est y no lo sepa. 85 Tuyas son Pafos y el Idalio, tuya la alta Citera: por qu provocas a una ciudad preada de guerras y a unos speros corazones? Acaso yo intento destruir el lbil poder de los frigios? Yo? Y quin enfrent a los pobres troyanos con los aqueos? Cul fue el motivo de que Asia y Europa 90 se alzasen en armas y un rapto rompiera sus pactos? Guiado por m el adltero dardanio entr en Esparta, o le di yo las flechas y foment la guerra con la ayuda de Cupido? Entonces debieron tener miedo los tuyos; tarde te alzas ahora en injusta protesta y promueves vanas disputas. 95 Con tales palabras hablaba Juno, y se agitaban todos los habitantes del cielo con parecer diverso igual que en los bosques cuando atrapados los soplos primeros se agitan y levantan murmullos invisibles anunciando a los marinos los vientos que llegan. Entonces el padre todopoderoso que ostenta el mando de las cosas 100 comienza (mientras l habla calla la alta morada de los dioses, tiembla la tierra desde el fondo, el alto ter enmudece, se posan entonces los Cfiros y aquieta el mar su plcida llanura): Recibid, pues, estas palabras mas y clavadlas en vuestros corazones. Puesto que no es posible unir a ausonios y troyanos 105 en un pacto ni encuentra su final vuestra discordia, sea cual sea la fortuna que hoy tiene cada cual, sea como sea la esperanza que labra, rtulo o troyano, no har yo distinciones, bien que por los hados de los talos se asedie el campamento, bien por un mal paso de Troya y siniestros presagios. 110 Y no libro a los rtulos. Las propias empresas darn a cada uno fatigas y fortuna. Jpiter ser el rey de todos por igual. Hallarn los hados su camino. Por los ros de su hermano estigio, por los torrentes de pez ylas orillas del negro remolino asinti, e hizo tambin el Olimpo entero con su gesto. 115 As acab de hablar. Jpiter se alz entonces en su trono de oro, y en corro lo llevan al umbral los habitantes del cielo. Prosiguen entre tanto los rtulos en torno a todas las puertas, a los hombres tumban de muerte y rodean de llamas las murallas. Mas la legin de los Enadas se mantiene asediada en su encierro 120 y ninguna posibilidad de huir. Estn los desgraciados en las altas torres intilmente, y en rala corona cien los muros Asio el Imbrsida y Timetes Hicetaonio y los dos Asracos y Tmber, ya mayor, con Cstor, la primera lnea; a stos acompaan ambos hermanos 125 de Sarpedn, Temn y Claro, de la alta Licia. Acmn Lirnesio toma esforzndose con todo el cuerpo un enorme peasco, parte no pequea de un monte, ni menor que Clitio su padre ni que su hermano Menesteo. Unos se esfuerzan por defender con lanzas, otros con piedras, 130 en preparar ms fuego y en montar en la cuerda las flechas. Y l mismo entre todos, justsima cuita de Venus, mralo: el nio dardanio con su hermosa cabeza cubierta resplandece como una gema que divide el oro amarillo, ornato del cuello o la cabeza, o como incrustado 135 con pericia en el boj o en el terebinto de rico luce el marfil; su cuello de leche recibe el cabello suelto que un aro cie de blando oro. Tambin a ti, smaro, te vieron magnnimos pueblos dirigir tus golpes o armar las caas con veneno, 140 noble hijo de la casa meonia donde pinges cultivos trabajan los hombres y el Pactolo los riega con oro. All estaba Mnesteo tambin, a quien ennoblece la gloria primera de haber expulsado a Turno del bastin de los muros, y Capis, de quien toma su nombre la ciudad de Campania. 145 Unos y otros libraban los combates de una dura guerra: en medio de la noche Eneas surcaba las aguas. Pues cuando de parte de Evandro lleg al campo etrusco, se presenta ante el rey y al rey dice su nombre y su linaje, qu es lo que busca y qu ofrece, las armas que Mecencio 150 se est ganando, y le cuenta la violencia del pecho de Turno; qu confianza merecen las cosas de los hombres le advierte y mezcla sus ruegos. Tarconte no duda en prestarle su apoyo y sellan la alianza; los lidios entonces, por voluntad de los dioses y libres del destino, suben a las naves 155 bajo el mando de un jefe extranjero. El barco de Eneas, el primero, lleva en el espoln leones frigios y el Ida en lo alto, gratsimo a los teucros fugitivos. All va sentado el gran Eneas y consigo da vueltas a los varios sucesos de la guerra, y, a su izquierda, Palante 160 clavado a su lado le pregunta bien por las estrellas, la ruta en una noche oscura, bien por cuanto pas por mar y por tierra. Abrid, diosas, ahora el Helicn y entonad vuestro canto, qu fuerzas van siguiendo desde etruscas riberas a Eneas y arman sus naves y se dejan llevar por el agua. 165 Msico surca el primero las olas con su tigre de bronce; con l un grupo de mil jvenes, cuantos las murallas de Clusio dejaron y la ciudad de Cosas, que tienen por armas las flechas y las ligeras aljabas sobre los hombros y los arcos mortales. Con l el torvo Abante: toda su tropa reluca 170 con armas insignes y su nave con un Apolo de oro. Seiscientos le haba dado la ciudad de Populonia, jvenes expertos en la guerra, y trescientos Ilva, isla generosa de inagotables minas del metal de los clibes. El tercero, aquel clebre intrprete de hombres y dioses, Asilas, 175 a quien los nervios de los animales y las estrellas del cielo obedecen y las lenguas de los pjaros y los fuegos presagiosos del rayo; lleva a mil en formacin cerrada erizada de lanzas. A stos les manda obedecer Pisa, ciudad alfea de origen y etrusca de solar. Sigue el bellsimo stir, 180 stir fiado en su caballo y en sus armas multicolores. Trescientos ms le suman (con una sola voluntad de acudir) los que viven en Cere, los de los campos del Minin, y la vieja Pirgos y la insana Graviscas. No poda yo olvidarte, fortsimo en la guerra Cnaro, 185 jefe de los lgures, y Cupavn, seguido de pocos, en cuya cabeza se yerguen las plumas del cisne (Amor, vuestro crimen) y el recuerdo de la forma paterna. Pues cuentan que Cicno de duelo por el amado Faetonte, entre las frondas de los chopos y la sombra de sus hermanas 190 mientras canta y consuela su triste amor con la Musa, alcanz una canosa vejez de blanda pluma, dejando las tierras y ganando con su voz las estrellas. Su hijo, acompaando a tropas de su edad en la flota, impulsa con los remos el enorme Centauro: altsimo 195 asoma en el agua y con una gran roca amenaza a las olas y surca el mar profundo con larga quilla. Tambin Ocno lleva su ejrcito desde las riberas paternas, hijo de la adivina Manto y del ro etrusco, que te dio a ti los muros, Mantua, y el nombre de su madre, 200 Mantuca rica en antepasados, si bien no todos de la misma raza; tiene una triple estirpe con cuatro pueblos bajo cada una, ella misma cabeza de estos pueblos; sus fuerzas, de sangre etrusca. De aqu tambin Mecencio arma a quinientos en su contra a los que desde el padre Benaco, cubierto de glaucas caas, 205 el Mincio llevaba al mar en nave de guerra. Va, majestuoso, Aulestes en lo alto y golpea las olas con cien remos, espuman las aguas al agitarse el mrmol. Lo lleva el inmenso Tritn que espanta a las olas azules con su caracola; al nadar aparece como hombre 210 su hspida figura hasta el costado, en pez acaba el vientre y murmura el agua espumante bajo el pecho del monstruo. Tantos escogidos capitanes iban en treinta naves en ayuda de Troya y cortaban con el bronce los campos de sal. Y ya el da haba dejado el cielo y la madre Febe 215 recorra el centro del Olimpo con noctmbulo carro. Eneas (pues no da el cuidado reposo a sus miembros), sentado, gobierna el timn y dirige las velas. Y he aqu que, a mitad de camino, le sale al encuentro el coro de sus compaeras las Ninfas, a quienes haba ordenado 220 la madre Cibeles ser diosas del mar y de naves Ninfas las hizo; nadaban a la vez y surcaban las olas, igual que antes sus proas de bronce se erguan en las playas. Reconocen de lejos a su reyy lo rodean en corro; Cimdoce, la mejor de ellas para hablar, se coloca 225 detrs y agarra su popa con la diestra y saca la espalda al tiempo que rema con la izquierda en las aguas calladas. Y sin que la conozca as, le dice: Ests despierto, Eneas, hijo de dioses? Sigue despierto y da soga a tus velas. Somos nosotras, los pinos de la sagrada cumbre del Ida 230 hoy Ninfas del mar, tu flota. Cuando a nosotras, prestas para zarpar, el prfido rtulo a hierro y fuego nos amenazaba, rompimos sin quererlo tus amarras y te hemos buscado por el mar. Esta forma nos dio la madre, piadosa, y nos mand ser diosas y pasar bajo las olas la vida. 235 Pero es que el nio Ascanio est detrs del muro y los fosos, en medio de las flechas y los latinos erizados de guerra. Los jinetes arcadios ya estn en los lugares sealados con los etruscos valerosos; es firme opinin de Turno, para que no lleguen al campamento, hacerles frente antes. 240 As que, arriba!, y en cuanto llegue la Aurora llama a las armas a tus aliados y empua el escudo que invicto te dio el seor del fuego y lo cerc con bordes de oro. La luz de maana, si no tomas en vano mis palabras, contemplar montones ingentes de rtulos muertos. 245 As dijo, y al retirarse empuj con la diestra la alta nave con gran habilidad: escapa ella entre las aguas ms veloz que una lanza y que la flecha que alcanza a los vientos. Despus las dems aceleran la marcha. Nada sabiendo atnito se queda el troyano Anquisada, mas levanta su nimo con el augurio. 250 Entonces suplica brevemente mirando la bveda del cielo: Alma Madre Idea de los dioses que el Dndimo amas y las ciudades llenas de torres y los leones uncidos bajo el yugo: t eres ahora mi gua en la lucha; cmpleme con bien el augurio y asiste a los frigios, diosa, con pie favorable. 255 Slo esto dijo, y entretanto corra ya el da de nuevo con luz madura y haba puesto en fuga a la noche; ordena al punto a sus aliados seguir sus rdenes y que dispongan su nimo para las armas y se apresten al combate. Y tiene ya a la vista a los teucros y su campamento 260 de pie en lo alto de su popa, cuando alz en la izquierda el escudo de fuego. Lanzan un grito a los astros los Dardnidas desde los muros, nueva esperanza sus iras enciende, arrojan dardos con la mano como cuando bajo negras nubes hacen seales las grullas estrimonias y rompen el ter 265 con sus graznidos y evitan los Notos con clamor gozoso. Y asombroso parece todo esto al rey rtulo y los jefes ausonios, hasta que pueden ver vueltos hacia la costa los barcos y el mar llenarse por completo de naves. Le arde el yelmo en la cabeza y deja caer de lo alto 270 su llama el penacho y gran fuego vomita el escudo de oro. No menos que cuando lgubres enrojecen en la noche limpia los cometas de sangre o el ardor de Sirio, el que trae a los mortales enfermos la sed y los morbos nace y entristece con siniestra luz el cielo. 275 Sin embargo, no abandon su confianza al bravo Turno en ocupar primero la playa y arrojar de tierra a los que llegaban: 277 Aqu est lo que pedisteis con vuestros votos, aplastarlos con la diestra. 279 El propio Marte est en manos de los hombres. Acordaos ahora 280 cada cual de su esposa y su casa, recordad ahora las grandes hazaas, la gloria de los padres. Corramos antes al agua mientras dudan y vacilan sus primeros pasos al desembarcar. A los audaces ayuda la fortuna. Esto dice y medita en su interior a quin mandar puede 285 al combate y a quin confiar los muros asediados. Entretanto Eneas hace bajar de las altas naves por puentes a sus compaeros. Muchos observan el reflujo del mar al descender y se lanzan de un salto a los bajos y otros por los remos. Tarconte, explorando la orilla, 290 por donde vados no espera y la ola no murmura al romperse sino que llega el mar inofensivo en creciente oleada, hace virar de pronto la proa y pide a sus hombres: Ahora, tropa escogida, caed sobre los fuertes remos; levantad, moved las naves, hended con las quillas 295 esta tierra enemiga y que se abra su propio surco la carena. Y no dudo en estrellar mi nave en tal atracada si con ello me apodero de esta tierra. Luego que dijo esto Tarconte, se alzaron sobre los remos sus compaeros y metieron en los campos latinos las naves espumantes, 300 hasta poner en seco los rostros e ilesas varar todas las carenas. Mas no tu nave, Tarconte: pues clavada en los vados mientras pende en un bajo peligroso vacilando largo rato y las olas fatiga, se deshace y lanza al agua a los hombres 305 a quienes estorban los trozos de los remos y los bancos que flotan y al tiempo la ola les arrastra de los pies en su reflujo. Y no entretiene a Turno torpe retraso, sino que toma raudo todo su ejrcito contra los teucros y frente les hace en la playa. Dan la seal. Eneas fue el primero en atacar a las agrestes 310 tropas, augurio del combate, y abati a los latinos matando a Tern, gran guerrero que a Eneas desafiaba por su voluntad. A l con la espada y por las escamas de bronce y la tnica spera de oro le bebe en el costado abierto. Y luego hiere a Licas, quien fue sacado de su madre ya muerta 315 y consagrado a ti, Febo: za qu fin de pequeo pudo librarse de la suerte del hierro? Y al duro Ciseo no lejos y al enorme Gas que rompan con maza las lneas arroj a la muerte; de nada les valieron las armas de Hrcules ni la fuerza de sus manos ni el padre Melampo, 320 compaero de Alcides mientras le impuso la tierra graves trabajos. Y ah Farn: mientras se jacta con voces vanas, blandiendo la jabalina se la clava en la boca que grita. T tambin, Cidn infeliz, mientras seguas a tu nuevo goce, a Clitio, al que amarilleaban las mandbulas con su primer bozo; 325 abatido por la diestra dardania, olvidando de los amores de los jvenes que nunca te faltaban, digno de compasin yaceras si no hubiera salido a su encuentro, compacta, la cohorte de los hermanos, la progenie de Forco en nmero de siete y que siete dardos lanzan; parte rebotan contra el yelmo y el escudo 330 intiles, parte los desva la madre Venus cuando silban junto a su cuerpo. Se dirige Eneas al fiel Acates: Psame dardos, que ni uno arrojar en vano mi diestra contra los rtulos de los que en las llanuras de Troya se clavaron en el cuerpo de los griegos. Toma entonces una gran lanza 335 y la arroja: ella, volando, traspasa el bronce del escudo de Men y rompe a la vez la coraza y el pecho. Acude en su ayuda su hermano Alcnor y con la diestra sujeta al hermano que cae: otra lanza le atraviesa el brazo y se escapa y mantiene su camino ensangrentada, 340 y del hombro le cuelga por los tendones la diestra moribunda. Numitor entonces sac la lanza del cuerpo de su hermano y la envi contra Eneas, mas no se le dio alcanzarle de lleno y roz el muslo del gran Acates. Aqu acude Clauso con su cuerpo juvenil fiado 345 en los de Cures, y hiere de lejos a Drope con rgida lanza blandida con fuerza, bajo el mentn y atravesando la garganta cuando hablaba, le quita a la vez la voz y la vida. Golpea l con su frente la tierra y arroja por la boca espesa sangre. Abate tambin de diversas maneras a tres tracios 350 del noble linaje de Breas y a tres que enva el padre Idas y la patria Ismara. Acude Haleso y el grupo de auruncos, llega tambin la prole de Neptuno, Mesapo sealado por sus caballos. Tratan de rechazarse unos y otros: se combate en los mismos umbrales 355 de Ausonia. Como a lo ancho del cielo, discordes, traban combate los vientos con nimo y fuerzas iguales sin que ninguno ceda, ni el mar, ni las nubes; incierta largo tiempo parece la lucha y todos se alzan contra todos: no de otro modo la lnea troyana y la lnea latina 360 se enfrentan, el pie se pega al pie, hombres apretados contra hombres. Mas en otra parte, por donde un torrente arrastraba rodando muchas piedras y arbustos arrancados de la orilla, a los arcadios no acostumbrados a aguantar ataques a pie, Palante cuando les vio dar la espalda al Lacio que les persegua 365 porque la difcil naturaleza del lugar les haba hecho soltarlos caballos, ltima solucin en situaciones desesperadas, ya con ruegos, ya con amargas palabras su valor enciende: A dnde hus, compaeros? Por vosotros y por vuestras hazaas, por el nombre de nuestro rey Evandro y las guerras ganadas 370 y por mi esperanza, que me nace ahora mula de la gloria de mi padre, no os confiis a vuestros pies. Un camino hay que abrir con la espada entre los enemigos. Por donde ms denso es el cerco de soldados, por ah os llama con vuestro jefe Palante la patria sagrada. Ningn poder divino nos acosa, mortales somos atacados 375 pon un enemigo mortal; la misma fuerza tenemos y las mismas manos. Mirad: el mar nos encierra con la gran barrera de sus aguas y no hay ya tierra para huir. Vamos al pilago o a Troya? Esto dice, y se arroja en medio del apretado grupo de enemigos. Frente le hace el primero enviado por hados inicuos 380 Lago. A ste, mientras arranca un peasco de gran peso, le clava un dardo disparado y se lo mete donde el espinazo separa las costillas, y el asta recibe clavada en sus huesos. No logra Hisbn sorprenderlo aunque lo intentaba; pues se le adelanta Palante 385 cuando corra enfurecido y por la muerte cruel del compaero incauto, y clava su espada en el pulmn hinchado. Busca despus a Estenio y a Anqumolo de la antigua estirpe de Reto, el que os mancillar el lecho de su madrastra. Tambin vosotros, gemelos, casteis en las llanuras rtulas, 390 Larides y Timbro, prole parecidsima de Dauco, indiscernible para los suyos y grata confusin de sus padres; mas hoy Palante os infligi crueles diferencias. Pues a ti, Timbo, la espada de Evandro te arranc la cabeza; a ti, Larides, como suyo te busca la diestra cortada 395 y saltan los dedos moribundos y an empuan el hierro. A los arcadios encendidos por la arenga que contemplaban de su hroe las gloriosas acciones, dolor y pudor les arman contra los enemigos. Luego Palante atraviesa a Reteo que escapaba junto a l en su carro. Esto y slo esto sirvi a Ilo de retraso; 400 pues contra Ilo iba dirigida desde lejos la fuerte lanza cuyo camino Reteo intercept, ptimo Teutrante, huyendo de ti y de tu hermano Tires, y arrojado del carro hiende medio muerto los campos de los rtulos con sus talones. Y como cuando segn su voto se levantan los vientos 405 en verano y enciende en los bosques el pastor fuegos dispersos, y de pronto si alcanzan el centro se extienden por los anchos campos en un hrrido frente de Vulcano mientras l, victorioso, se sienta a contemplar las llamas triunfantes: no de otro modo se agrupa todo el valor de los compaeros 410 en tu ayuda, Palante. Mas Haleso, fiero en la guerra, se lanza en su contra y se protege tras sus armas. Acaba as con Ladn y Ferete y Demdoco, con la brillante espada cercena a Estrimonio la diestra lanzada contra su garganta; con una piedra hiere el rostro de Toante 415 y dispersa sus huesos mezclados con los sesos ensangrentados. Su padre, previendo el destino, haba ocultado a Haleso en los bosques; cuando anciano cerr los ojos blanquecinos con la muerte, pusieron su mano las Parcas y lo consagraron de Evandro a las armas. Contra l se dirige Palante rezando as primero: 420 Da, padre Tber, ahora fortuna a este hierro que pienso lanzar y un camino a travs del pecho del duro Haleso. Tu encina tendr estas armas y los despojos de ese hombre. Y lo escuch el dios; mientras Haleso a Iman protega, ofrece el infeliz su pecho inerme a la flecha arcadia. 425 Mas no deja Lauso, parte notable de la guerra, que se espanten sus tropas por muerte tan seera: a Abante mata el primero al hacerle frente, nudo y soporte del combate. Caen los hijos de Arcadia, caen los etruscos y vosotros, teucros que con vida escapasteis de los griegos. 430 Se enfrentan las lneas con caudillos y fuerzas iguales; los ltimos empujan el frente y la multitud no deja que se muevan ni manos ni armas. Les insta y anima de un lado Palante y del otro Lauso, que no se llevan mucho en edad; gallardos de presencia, la Fortuna les haba negado 435 el retorno a la patria. No toler, sin embargo, que se enfrentasen el que reina en el gran Olimpo; les aguarda en seguida su destino bajo un enemigo ms grande. Entretanto su divina hermana a Turno aconseja relevar a Lauso, y con carro volador corta el centro de las lneas. 440 Cuando ve a sus hombres: Es hora de dejar el combate; har frente yo solo a Palante, Palante es cosa ma. Cmo me gustara que de espectador estuviera su padre! Esto dice, y salieron sus compaeros del campo, segn se les mandaba. Y, al retirarse los rtulos, pasmado el joven de la orgullosa orden 445 se asombra ante Turno y por su cuerpo enorme lleva sus ojos y con fiera mirada en todo se fija de lejos, y con tales palabras replica a las palabras del rey: Yo ser celebrado por conseguir despojos opimos o por una muerte gloriosa; con las dos suertes se conforma mi padre. 450 djate de amenazas. Avanza luego al centro del campo; helada corre la sangre en las entraas de los arcadios. Turno salt de su carro, se dispone a enfrentrsele a pie, y como el len cuando ve desde alta atalaya en el campo a lo lejos un toro que se apresta al combate 455 salta raudo, no otra es la imagen de Turno avanzando. Cuando crey que ste estaba al alcance de sus lanzas, ataca Palante el primero, por si la suerte al audaz amparaba de fuerzas desiguales, y dice as al cielo inmenso: Por la hospitalidad de mi padre y las mesas que visitaste, 460 Alcides, te pido, assteme en esta gran empresa. Que me vea quitarle moribundo las armas llenas de sangre y lleven los ojos de Turno al morir mi victoria. Oy Alcides al joven y ahog un gran suspiro en lo profundo del pecho y derram lgrimas vanas. 465 Entonces habla el padre a su hijo con palabras de amigo: Fijado est el da de cada cual, breve e irreparable el tiempo de la vida es para todos; mas al valor prolongar corresponde la fama con hazaas. Al pie de las altas murallas de Troya cayeron muchos hijos de dioses y con ellos muri tambin 470 Sarpedn, mi propia descendencia; tambin sus hados llaman a Turno y llega al final del tiempo concedido. As dice y de los campos de los rtulos aparta sus ojos. Palante por fin arroja con gran fuerza su lanza y saca de la hueca vaina la espada reluciente. 475 Aqulla, volando, cae donde termina el reparo del hombro y abrindose camino entre los bordes del escudo mordi por ltimo el gran cuerpo de Turno. Turno a su vez la madera que acaba en punta de hierro blande largo tiempo y contra Palante la arroja, y as exclama: 480 Mira si mi arma no es ms penetrante! Haba dicho, y el escudo, tantas capas de hierro y de bronce al que tantas veces da vuelta una piel de toro, la punta lo traspasa por el centro con golpe vibrante y perfora la defensa de la loriga y el pecho enorme. 485 Arranca Palante en vano el arma caliente de la herida: por el mismo camino salen la sangre y la vida. Cay sobre la herida (sobre l resonaron sus armas) y besa al morir con boca ensangrentada la tierra enemiga. Turno alzndose sobre l: 490 Acordaos, arcadios -dice- de mis palabras y llevadlas a Evandro: le devuelvo a Palante segn ha merecido. Sea cual sea el honor de un tmulo, sea cual sea el consuelo de un sepulcro, se lo concedo. No le va a costar poco de Eneas la hospitalidad. Y as que hubo hablado aplast con el pie 495 izquierdo al muerto robndole del cinturn el peso enorme con el crimen grabado: el grupo de jvenes asesinados a la vez en la noche de bodas horriblemente y los lechos de sangre, que haba trabajado en mucho oro el Eurtida Clono; con este despojo pasea Turno en triunfo, gozoso por tenerlo. 500 Corazn de los hombres que ignora el destino y la suerte futura y respetar soberbio la medida en la ocasin favorable! Da vendr en que el gran Turno desear haber cobrado un buen rescate por la vida de Palante y odiar estos despojos y esta hora. Mas sus compaeros entre lgrimas y muchos gemidos 505 se llevan en gran nmero a Palante sobre su escudo. Ay, t, que volvers gloria grande y dolor a tu padre! Este da primero te meti en la guerra y este mismo te saca, y dejas, sin embargo, de rtulos montones inmensos. Y ya llega volando hasta Eneas la fama no slo de desgracia 510 tan grande, sino la cierta noticia de que estn los suyos cerca de la muerte, que es tiempo ya de auxiliar a los teucros en retirada. Siega con la espada cuanto cae a su alcance y enfurecido se abre ancho sendero entre las tropas con el hierro, Turno, buscndote a ti, orgulloso de la sangre reciente. Palante, Evandro, 515 todo est en sus ojos, las mesas primeras que le acogieron extranjero y las diestras unidas. Aqu a los cuatro jvenes hijos de Sulmn y a otros tantos que Ufente criara, los coge vivos para inmolarlos a las sombras en sacrificio, y regar con sangre de cautivos las llamas de la pira. 520 Luego dispara de lejos contra Mago la lanza enemiga: ste la esquiva con astucia y pasa la lanza silbando por encima, y as dice, suplicante agarrado a sus rodillas: Por los Manes de tu padre y la esperanza de Julo que crece te suplico que guardes esta vida para mi hijo y para mi padre. 525 Tengo una noble casa, all hay talentos enterrados de plata labrada; tengo gran cantidad de oro trabajado y sin trabajar. No depende de m la victoria de los teucros ni determinar resultado tan grande una sola vida. Dijo, y Eneas le devolvi estas palabras: 530 Guarda para tus hijos todos esos talentos de oro y de plata que dices. Turno ha acabado ya con esos negocios de guerra al dar muerte a Palante. As lo sienten los Manes de mi padre Anquises y as Julo. Dicho esto agarra el yelmo con la izquierda y le clava 535 la espada hasta la empuadura alzando la cabeza del suplicante. Y no lejos Hemnides, sacerdote de Febo y de Trivia a quien cea las sienes la nfula con la banda sagrada, todo brillante con la ropa y las insignias blancas. Le sale al encuentro en el campo, y, segn cae, se le pone 540 encima y lo mata, y lo cubre con una gran sombra; se carga Seresto al hombro las armas mejores, trofeo para ti, rey Gradivo. Abren un nuevo frente el nacido de la estirpe de Vulcano, Cculo, y Umbrn llegado de los montes de los marsos. Se enfurece con ellos el Dardnida: izquierda de nxur 545 y toda la orla del escudo le haba cercenado con la espada (haba dicho aqul algo grande y haba puesto su fuerza en su palabra y quiz lanzaba su nimo al cielo y se haba prometido las canas y unos largos aos); Trquito, exultante en su contra con armas relucientes, 550 a quien la ninfa Drope haba parido para el silvcola Fauno, sali al encuentro del enfurecido; ste, blandiendo su lanza, atraviesa a la vez la loriga y la enorme mole del escudo, y lanza por tierra la cabeza que en vano suplicaba y mucho se aprestaba a decir, y el tibio tronco 555 haciendo rodar as dice con pecho enemigo: Ah, temeroso, qudate ahora. No te pondr en el suelo tu madre piadosa ni tapar tus miembros con un sepulcro en la patria: sers abandonado a las aladas fieras, o habrn de tragarte las aguas con su remolino y peces hambrientos lamern tus heridas. 560 Persigue despus a Anteo y a Luca, lnea primera de Turno, y al valeroso Numa y al rubio Camerte, el hijo del magnnimo Volcente, el ms rico en tierras de los Ausnidas que rein en la Amiclas silenciosa. Cual Egen, de quien dicen que cien brazos tena 565 con sus cien manos y que echaba fuego por sus cincuenta bocas y pechos, cuando contra los rayos de Jove se agitaba con tantos escudos iguales, tantas espadas blanda; as lanz su furia Eneas victorioso por toda la llanura luego que calent su filo. Y mira cmo va contra los caballos 570 de la cuadriga de Nifeo y el pecho que se le enfrenta. Y ellos, cuando le vieron acercarse gritando horriblemente, se volvieron de miedo y, retrocediendo, derriban al auriga y hacen volar su carro hacia la costa. De pronto se interponen Lcago y Lger, su hermano, 575 sobre una blanca biga; el hermano gobierna los caballos con las riendas, Lcago voltea fiero la espada desnuda. No aguant Eneas a quienes con hervor tan grande se enfurecan; lleg corriendo y enorme se mostr con la lanza dispuesta. A l Lger: 580 No son los que ves caballos de Diomedes ni el carro de Aquiles o los llanos de Frigia: ahora el fin de la guerra y de tus aos se cumplir en estas tierras. Vuelan a lo ancho tales palabras del vesnico Lger. Mas no prepara el hroe troyano palabras en su contra, que una lanza blande contra sus enemigos. 585 Cuando Lcago echado sobre las riendas con su espada azuz a los caballos y se apresta al combate con el pie izquierdo adelantado, llega la lanza por debajo del borde del refulgente escudo y le perfora la ingle izquierda; rueda, cayendo del carro, moribundo por el suelo. 590 Y el piadoso Eneas le habla con palabras amargas: Lcago, no traicion a tu carro la vergonzosa huida de tus caballos, ni vanas sombras lo alejaron del enemigo. T mismo has dejado tu yugo saltando de sus ruedas. As dijo y sujet a los animales; en el suelo las palmas inertes 595 tenda su hermano infeliz, derribado del carro: Por ti, por los padres que tal te engendraron, hroe de Troya, perdona esta vida y compadcete del suplicante. An implorando Eneas: No decas cosas como stas hace poco. Muere y que no deje el hermano al hermano. 600 Entonces abre con su filo el pecho, los escondites del alma. As llenaba de muerte los campos el caudillo dardanio, loco a la manera de un torrente de agua o de negro turbin. Rompen la lnea por fin y salen del campo el nio Ascanio y la juventud en vano asediada. 605 A Juno entre tanto increpa Jpiter de pronto: Oh, hermana y a la vez gratsima esposa ma! Como pensabas, Venus (y no te enga tu idea) sustenta a las fuerzas troyanas, ni vigorosa en la guerra est la diestra de los hombres ni su nimo fiero y dispuesto al peligro. 610 Y Juno, sumisa: Por qu, mi bellsimo esposo, atormentas a la que afligida teme tristes palabras de tu parte? Si la fuerza de tu amor estuviera conmigo como lo estuvo un da y as conviene, no me diras en esto que no, t que todo lo puedes, y podra sacar a Turno de la lucha 615 y rescatarlo inclume para Dauno, su padre. Ahora, que muera y sufra castigo de los teucros con sangre piadosa. Y, sin embargo, l recibi su nombre de nuestra estirpe y es Pilumno su cuarto padre, y con mano generosa y muchos presentes colm a menudo tus umbrales. 620 Brevemente le dice as el rey del etreo Olimpo: Si me ests suplicando un retraso en la muerte que acecha y una tregua para el joven que ha de caer y quieres que as lo determine, dispn la huida de Turno y lbralo de la hora presente: hasta aqu me es posible ceder. Pero si bajo estas plegarias 625 se esconde una venia ms alta y piensas todo remover y alterar la guerra, vana esperanza alimentas. Y Juno, llorando: Y qu si lo que de palabra te pesa lo concedieras en tu corazn y se otorgase esta vida a Turno? Ahora le aguarda, inocente, un grave fin, o yo me engao 630 sobre la verdad. Porque ojal sea yo burlada por un falso temor y cambies tus planes, t que puedes, para bien! Luego que pronunci estas palabras se lanz de inmediato desde el alto cielo envuelta en una nube y trayendo por los aires la tormenta, y se encamin al frente de Ilin y al campo laurente. 635 Luego la diosa con una vana nube una tenue sombra sin fuerzas a semejanza de Eneas (prodigio de ver maravilloso) adorna con las armas dardanias y el escudo y los penachos simula de la divina cabeza, le pone palabras inanes, le da una voz sin sentido y finge al andar sus pasos, 640 como al llegar la muerte es fama que vuelan las sombras, o los sueos que engaan a los sentidos adormecidos. Y salta la imagen dispuesta a las primeras lneas a retar al hroe con sus dardos y con voces provocarlo. Turno la persigue y arroja una lanza estridente 645 de lejos; ella vuelve la espalda y cambia sus pasos. Fue entonces cuando Turno pens que Eneas hua y apunt en su nimo resuelto una vana esperanza: A dnde huyes, Eneas? No abandones el lecho prometido; mi diestra te dar la tierra que has buscado por los mares. 650 Vociferando as le sigue y hace brillar su espada desenvainada y no ve que los vientos se llevan su alegra. Haba casualmente un barco atado al pico de una roca con sus escalas dispuestas y el puente preparado, con el que haba llegado el rey Osinio de las costas de Clusio. 655 Aqu se meti rauda la imagen de Eneas que escapaba para esconderse, y Turno la sigue no menos valiente y vence los obstculos y logra saltar los altos puentes. Apenas haba alcanzado la proa, rompe amarras la hija de Saturno y se lleva por mares en reflujo la nave liberada. 660 Y al otro en su ausencia Eneas lo reta al combate y manda a la muerte a muchos hombres que le hacen frente. Luego la imagen leve no busca ya ms escondites, sino que vuela a lo alto y con una negra nube se confunde, mientras un turbin hacia alta mar se lleva entretanto a Turno. 665 Mira hacia atrs ignorante de todo y sin agradecer la salvacin y tiende a las estrellas su voz y sus dos manos: Padre todopoderoso, de tan grande infamia me has credo digno y has querido que tal castigo sufriera? Adnde voy? De dnde he salido? Qu fuga me lleva y cmo? 670 Volver a ver de nuevo las murallas y el campo laurente? Qu ser de aquel puado de hombres que me han seguido y a mis armas? A todos los dej (qu vergenza!) en una muerte infanda y ahora los veo dispersos y escucho los gemidos de los que caen? Qu pretendo? Hasta dnde podr abrirse 675 la tierra para tragarme? Compadeceos al menos vosotros, vientos! Contra las rocas y el acantilado (gustoso Turno os lo pide) estrellad la nave, y clavad las sirtes en los bancos crueles, que no me sigan los rtulos ni la fama que todo lo sabe. Esto diciendo en su nimo vacila de un lado para otro, 680 loco d vergenza tan grande, si ha de clavarse la espada y sacar por las costillas el filo desnudo o si se arrojar en medio de las olas y ganar a nado el curvo litoral y volver de nuevo contra las armas de los teucros. Tres veces prob una y otra va, tres veces Juno soberana 685 lo detuvo y compadecida de nimo sujet al joven. Se desliza cortando las aguas con olas y marea propicias y llega a la antigua ciudad de Dauno su padre. Y entretanto Mecencio exaltado por obra de Jove le sucede en la lucha y arremete contra los teucros triunfantes. 690 Acuden las tropas tirrenas y a l con todos sus odios, a ese hombre solo y con innmeros disparos le atacan. l (como roca inmensa que avanza hacia el ponto frente a la furia de los vientos y expuesta a las aguas, toda la fuerza y ataques soporta, y en mar y cielo 695 firme permanece inamovible) a Hebro, prole de Dolicaon, tumba en el suelo y con l a Ltago y a Palmo fugitivo; pero a Ltago con una roca y un gran pedazo de monte le alcanza en la boca y la cara de frente, a Palmo le hace caer como un cobarde con los tendones cortados, y a Lauso concede 700 llevar en sus hombros las armas y poner en su casco los penachos. Y lo mismo con Evante el frigio y Mimante, de Paris compaero e igual, a quien Teano dio a luz siendo su padre Amico la misma noche que, preada de una tea, la reina Ciseida a Paris; Paris en la ciudad de sus padres 705 yace, tiene a un desconocido Mimante la costa laurente. Y como el jabal arrojado de las cumbres del monte por el mordisco de los perros, a quien el Vsulo cubierto de pinos defendi muchos aos y muchos los pantanos laurentes lo alimentaron con su bosque de caas; luego que cay en las redes, 710 se detiene y grue feroz y eriza el espinazo y nadie se atreve a irritarlo o a acercarse ms, sino que le atacan de lejos con lanzas y gritos seguros. No de otro modo, de los que dirigen su justa ira contra Mecencio ninguno osa enfrentrsele con las armasen la mano, 715 y de lejos le retan con sus disparos y con gran gritero. Mas l, impvido, hacia todas partes vacila rechinando los dientes y sacude las lanzas de su escudo. Acrn haba venido de las antiguas tierras de Crito, hombre griego, dejando en su huida sin cumplir una boda. 720 Cuando lo vio a lo lejos perturbando el centro de la lnea, rojo en las plumas y en la prpura de la esposa pactada, como el len hambriento que merodea a menudo entre altos apriscos (pues se lo pide su vesnica hambre), si llega a ver una cabra fugitiva o un ciervo que asoma con sus cuernos, 725 gozoso abre su enorme boca y eriza las crines y se clava en las vsceras cayendo de lo alto; baa la boca feroz la negra sangre; as cay raudo Mecencio en lo ms denso del enemigo. Acrn, infeliz, cae abatido y al morir golpea la negra tierra 730 con sus talones y llena de sangre las armas quebradas. Y no crey Mecencio oportuno matar a Orodes cuando hua ni hacerle con su lanza ciega herida; sali corriendo a su encuentro y, de hombre a hombre, le hizo frente mejor que con engaos con armas valerosas. 735 Le derrib entonces y apoyando encima su lanza y su pie: Parte no despreciable de la guerra, soldados, yace el alto Orodes. Gritan con l sus compaeros siguiendo sus voces de triunfo, y el otro a su vez, muriendo: Vencedor seas quien seas, no te alegrars mucho sin que sea yo vengado; hados iguales 740 te estn aguardando y ocupars pronto este mismo suelo. Y a l Mecencio, con sonrisa mezclada de ira: Muere t de momento. En cuanto a m, el rey padre de dioses y hombres ver. Esto diciendo arranc la lanza de su cuerpo. Un duro descanso cay sobre los ojos de Orodes y un sueo 745 de hierro, se apaga su luz para una noche eterna. Cdico a Alctoo mata, Sacrtor a Hidaspes y Rapn a Partensio y a Orses dursimo de fuerzas, Mesapo a Clonio y a Eriquetes Licaonio, a uno cuando en tierra yaca arrojado de su caballo sin freno, 750 y al otro a pie. A pie tambin se haba adelantado Agis el licio, a quien derriba sin embargo Vlero lleno del valor de sus mayores, y a Tronio Salio y a Salio Nealces con ardides, con la lanza y la flecha que sorprende de lejos. Ya un grave Marte el duelo igualaba y las muertes 755 de todos; iguales mataban y caan iguales vencedores y vencidos y ni unos ni otros conocan la huida. Los dioses en la mansin de Jove lamentan ira tan vana de ambos y que sufrieran los mortales fatigas tan grandes; a un lado Venus y al contrario mira Juno Saturnia. 760 Plida Tisfone se enfurece en medio de tantos millares. Mecencio, por fin, blandiendo su enorme lanza, avanza por el campo como un torbellino. Grande como Orin cuando anda abrindose camino por las aguas sin fondo de Nereo y saca el hombro de las olas 765 o con aoso tronco que cogi en lo alto de los montes avanza por tierra ocultando su cabeza entre las nubes; tal se presenta Mecencio con vastas armas. En su contra se dispone a marchar Eneas, que de lejos lo ha visto en la formacin. El otro impertrrito se planta 770 aguardando al magnnimo enemigo y en pie con su gran mole, y luego que midi con la vista el alcance que la lanza precisaba: Mi diestra, mi nico dios, y el dardo que a lanzar me dispongo me asistan ahora! Voto hacer de ti, Lauso, un trofeo revistindote con los despojos que arranque de Eneas, 775 del ladrn. Dijo, y de lejos dispar su lanza estridente. Ella, volando, rebot en el escudo y, lejos, se fue a clavar entre el costado ylos ijares del egregio Antor, de Antor el compaero de Hrcules que enviado por Argos se haba unido a Evandro y en la ciudad tala se haba instalado. 780 Cae el desgraciado por la herida de otro y al cielo mira y recuerda la dulce Argos mientras se muere. Lanza entonces su dardo el piadoso Eneas, que atraviesa el cavo crculo de triple bronce, las capas de lino y el trabajo tejido de tres pieles de toro y en lo profundo se asienta 785 de la ingle, mas no se llev sus fuerzas. Rpido saca Eneas del muslo la espada gozoso al ver la sangre del tirreno y persigue decidido al que se tambalea. Gimi profundamente por amor a su padre querido cuando lo vio Lauso, y las lgrimas rodaron por su cara 790 (aqu la desgracia de una dura muerte y tus gloriosas gestas, si el tiempo ha de otorgar confianza a empresa tan grande, no he de callar en verdad ni a ti, joven digno de memoria); aqul retrocediendo intil y trabado se retiraba y trataba de arrancar de su escudo la lanza enemiga. 795 Se lanz el joven y se interpuso entre las armas y, cuando alzaba ya su diestra y el golpe asestaba, se meti bajo el filo de Eneas y lo aguant, retrasndole; le secundan los compaeros con gran gritero mientras escapa el padre bajo el pequeo escudo del hijo, 800 y arrojan sus flechas y entorpecen de lejos al enemigo con sus dardos. Eneas se enfurece y se mantiene a cubierto. Y como cuando descargan las nubes con granizo abundante y todo el que ara huye por los campos y todo campesino y en seguro refugio se esconde el caminante 805 o en las orillas del ro o bajo el arco de un alto peasco, mientras llueve en las tierras, para poder con el regreso del sol aprovechar el da: as por todas partes rodeado de dardos aguanta Eneas la nube de la guerra mientras todo descarga, y a Lauso increpa y a Lauso amenaza: 810 A dnde corres a morir, osando ms de lo que puedes? Tu amor te engaa, incauto.. Y no menos l salta enloquecido y sube ms alto la ira cruel del caudillo dardanio, y recogen las Parcas los cabos de los hilos de Lauso. Pues clava su fuerte espada 815 Eneas y al joven atraviesa y la oculta del todo, y pas la hoja el escudo, arma ligera de un valiente, y la tnica que su madre haba bordado con blando oro, y la sangre llen sus pliegues; entonces la vida por las auras se retir afligida a los Manes y dej su cuerpo. 820 Mas cuando vio la mirada y el rostro del que mora, el rostro asombrosamente plido, el hijo de Anquises gimi con grave compasin y le tendi su diestra y a su mente acudi la imagen piadosa de su padre. Qu te dar ahora, pobre muchacho, por tus hazaas, 825 qu darte puede el piadoso Eneas adecuado a tan gran alma? Qudate con tus armas, de las que te alegrabas, y te envo a los Manes y a la ceniza de tus padres, si eso te preocupa. Con esto aliviars, infeliz, tu muerte desgraciada: caes por la diestra del gran Eneas. Llama al punto 830 a los vacilantes compaeros y alza del suelo a Lauso, manchados de sangre sus bien peinados cabellos. Entretanto su padre junto a las aguas del ro Tiberino restaaba con el lquido sus heridas y aliviaba su cuerpo apoyado en el tronco de un rbol. Su yelmo de bronce 835 cuelga, lejos, de una rama y en el prado descansan las armas ms pesadas. Le rodean en pie jvenes escogidos; l mismo herido, jadeante, da reposo a su cuello, desparramada por el pecho la larga barba; mucho pregunta sobre Lauso y a muchos enva a buscarle, que le lleven los recados de su afligido padre. 840 Mas a Lauso traan sus compaeros sin vida sobre las armas llorando, inmenso y vencido por inmensa herida. De lejos reconoci el lamento el corazn que presagia los males. Ensucia sus canas con mucho polvo y al cielo alza ambas palmas y se abraza a su cuerpo: 845 Deseo tan grande de vivir, hijo mo, de m se ha apoderado como para sufrir que ocupe mi puesto ante la diestra enemiga aqul al que engendr? Por tus heridas va a salvarse tu padre viviendo por tu muerte? Ay, que al fin ahora siento, desgraciado la desgracia infortunada, al fin la herida recibida en lo ms hondo! 850 Tambin yo, hijo mo, mancill con mis crmenes tu nombre, expulsado por odio del trono y del cetro paterno. Un castigo deba a mi patria y al rencor de los mos, lo hubiera yo pagado con mil muertes de mi vida culpable! Ahora estoyvivo y no abandono an la luz y a los hombres. 855 Pero lo har. Al tiempo que esto dice se levanta sobre el muslo dolorido, y aunque le faltan las fuerzas por la profunda herida, sin flaquear ordena que le traigan el caballo. ste era su gloria, ste su consuelo, con l victorioso sala de todos los combates. Se dirige al mohno y as comienza: 860 Largo tiempo, Rebo, si algo de los mortales dura largo tiempo, hemos vivido. O traers hoy victorioso aquellos despojos ensangrentados y la cabeza de Eneas, y sers conmigo vengador de los dolores de Lauso, o, si ninguna fuerza nos abre camino, caers a la vez; pues en verdad no creo, valiente, 865 que sufras rdenes de otro ni a los teucros de amos. Dijo, y sentado a la grupa acomod los miembros como sola y carg sus manos de dardos agudos, brillando de bronce su cabeza y erizada su cresta equina. As avanz raudo hacia el centro. Hierven en el mismo pecho 870 una gran vergenza y la locura con el dolor mezclada. 871 Y entonces con gran grito a Eneas grit por tres veces. 873 Eneas le reconoci al punto y alegre suplica: As lo quiera el padre de los dioses, as el alto Apolo! 875 Empieza de una vez a pelear! Slo esto dijo y sale al encuentro del asta enemiga. Y el otro: Crees asustarme cuando a mi hijo me has robado, ms que cruel? ste era el nico camino para perderme: ni a la muerte tememos ni respetamos a ninguno de los dioses. 880 Djalo, pues vengo a morir y te traigo primero estos presentes. Dijo y dispar su dardo contra el enemigo; luego le lanza otro y otro ms que van volando en gran giro, pero aguanta firme el escudo de oro. Tres vueltas cabalg a su alrededor hacia la izquierda 885 lanzando dardos con la mano, tres veces gira sobre s el hroe de Troya aguantando en su cubierta de bronce un bosque inmenso. Luego de resistir largo tiempo, de arrancar cansado tantas puntas y apurado por sostener un desigual combate, tras planear muchas cosas en su pecho salta por fin y entre 890 las cavas sienes del caballo guerrero clava su lanza. Se alza sobre sus patas el cuadrpedo y con los cascos sacude el aire, y cayendo sobre el jinete derribado lo traba y se le viene encima de cabeza con una pata rota. Con sus gritos alcanzan el cielo latinos y troyanos. 895 Vuela Eneas hacia all y desenvaina la espada y, desde arriba: Dnde est ahora el agrio Mecencio y la fiereza aquella de tu corazn? Por respuesta, el etrusco, cuando mirando al cielo se bebi las auras y recobr el sentido: Amargo enemigo, por qu me gritas y amenazas de muerte? 900 No hay delito en matarme, ni as llegu al combate, ni mi Lauso me hizo este pacto contigo. Slo esto te pido, si algo puede pedir el enemigo derrotado: que permitas que la tierra cubra mi cuerpo. S que acechan odios amargos de los mos: aljame de ese furor, te ruego, 905 y entrgame, compaero de mi hijo, al sepulcro. As habla, y a sabiendas recibe la espada en su garganta y vierte la vida sobre las armas entre olas de sangre. LIBRO XI Entretanto la Aurora naciente abandon el Ocano. Eneas, aunque su cuidado le inclina a dar un tiempo para enterrar a los compaeros y su corazn est turbado por la muerte, renda sus votos a los dioses, victorioso, al despuntar el da. Una enorme encina bien pelada de ramas 5 levant sobre el tmulo y la visti con armas relucientes, despojos del caudillo Mecencio, un trofeo para ti, gran seor de la guerra; cuelga los penachos chorreando sangre y los dardos arrancados del hroe y la coraza golpeada y perforada por doce sitios, y ata a la izquierda el escudo 10 de bronce, y cuelga del cuello la espada de marfil. Luego, as comienza a arengar a sus compaeros que le aclamaban (pues apretado le rodeaba el grupo de los jefes): Hemos logrado algo grande, soldados; dejad todo temor en cuanto a lo que resta. stos son los despojos y las primicias 15 de un rey orgulloso, y ste es Mecencio, por mis manos. Ahora, el camino hacia el rey y los muros latinos nos espera. Disponed las armas, animosos aguardad la guerra; que ningn retraso nos sorprenda cuando quieran los dioses que alcemos las enseas y saquemos a los jvenes del campamento, 20 ni nos retrase con el miedo una opinin cobarde. Confiemos entretanto a la tierra los cuerpos insepultos de nuestros camaradas, nica honra en el Aqueronte profundo. Id -dice-. Adornad con los tributos postreros a esas almas egregias que con su sangre nos han deparado 25 esta patria, y el primero a la afligida ciudad de Evandro sea enviado Palante, a quien no falto de valor se llev el negro da y lo sepult en una muerte amarga. As dice lleno de lgrimas y encamina sus pasos al umbral donde el cuerpo expuesto sin vida de Palante velaba 30 el anciano Acetes, quien primero llevara las armas al parrasio Evandro y fue asignado luego como acompaante de su amado pupilo, con auspicios no igualmente felices. Alrededor todo el grupo de siervos y la turba troyana y las mujeres de Ilin con el triste pelo suelto segn la costumbre. 35 En cuanto Eneas cruz las altas puertas, un profundo gemido con golpes de pecho lanzaron a los astros y reson el lugar de triste duelo. l mismo, cuando vio la cabeza abatida del nveo Palante y su cara y la herida de la lanza ausonia abierta 40 y el delicado pecho, as dice rompiendo a llorar: Te me ha arrebatado Fortuna, desgraciado muchacho, cuando empezaba a sernos favorable, a fin de que no vieras nuestros reinos ni fueras conducido en triunfo a la sede paterna? No haba yo hecho esta promesa sobre ti a Evandro, 45 tu padre, al partir cuando, abrazndome, me dej marchar hacia un gran imperio y temeroso me adverta que eran hombres difciles, combates con un duro pueblo. Y ahora l quiz, llevado de una vana esperanza, hasta hace sus votos y colma de presentes los altares. 50 Nosotros, a un joven sin vida que nada debe a ninguno de los dioses acompaamos, tristes, con vana pompa. Infeliz, que has de ver la muerte cruel del hijo! Es ste el regreso y los triunfos que se esperaban de nosotros? Es ste el valor de mi palabra? Mas no de vergonzosas 55 heridas manchado la vers. Evandro, ni, como padre suyo, habrs de desear una muerte cruel para el hijo que huye. Ay de m, qu baluarte pierdes, Ausonia, y t tambin, Julo! Luego que as llor, ordena levantar el cuerpo miserable y enva a mil soldados escogidos de todo 60 el ejrcito a que le acompaen en los honores postreros y asistan a las lgrimas del padre, pequeo consuelo en un gran duelo, aunque debido a un padre infortunado. Otros, solcitos, tejen con varas de madroo y ramas de encina el entramado de un blando fretro, y dan sombra 65 con techo de hojas al lecho as formado. Colocan entonces al joven en lo alto de la agreste cama; como la flor tronchada por el pulgar de una doncella, ya de la blanda violeta, ya del jacinto lnguido, a la que no dejaron an ni su fulgor ni su belleza 70 y no la alimenta ya la madre tierra ni fuerzas le brinda. Luego sac Eneas dos vestidos de prpura y oro recamados, que un da, contenta de sus labores, le haba hecho con sus manos la sidonia Dido y haba bordado las telas con hilo de oro. 75 Con uno de ellos viste, entristecido, al joven, postrero honor, y cubre con un manto el cabello destinado a la pira, y muchos premios adems de la batalla laurente amontona y ordena que sea llevado el botn en larga fila. Aade caballos y armas de los despojos del enemigo. 80 Haba atado tambin a la espalda las manos de los que mandaba como ofrenda a las sombras, para regar las llamas con sangre, y ordena que, vestidos de las armas enemigas, porten troncos los jefes y se claven los nombres de sus rivales. Llevan al infeliz Acetes, vencido por los aos, 85 ya hirindose el pecho con los puos, ya con las uas la cara; se derrumba y cae al suelo con todo su cuerpo. Llevan tambin los carros manchados de sangre rtula. Detrs Etn, el caballo de guerra, privado de sus insignias, avanza llorando y baa su hocico con grandes lgrimas. 90 Otros portan su lanza y su yelmo, pues Turno el resto lo tiene como su vencedor. Siguen luego los teucros, triste falange, y todos los etruscos y los arcadios con las armas vueltas. Despus que haba pasado gran parte del cortejo, Eneas lo detuvo y esto aadi con profundo suspiro: 95 A otras lgrimas nos llama desde ahora el mismo destino horrendo de esta guerra. Salve, noble Palante, para siempre, y para siempre adis. Y sin ms decir a los altos muros se encaminaba y diriga sus pasos al campamento. Y ya se haban presentado embajadores de la ciudad latina 100 cubiertos con ramos de olivo a pedir una tregua: los cuerpos que el hierro haba esparcido por los campos, que los entregara y permitiera enterrarlos bajo un tmulo, que ninguno era el pleito con los vencidos y privados del aire, que perdonase a los que un da trat de huspedes y suegros. 105 El bondadoso Eneas a los que splicas no despreciables hacan responde con su venia y aade adems estas palabras: Qu inmerecida fortuna os enred, latinos, en guerra tan grande, y os hace evitar nuestra amistad? La paz me peds para los que, sin vida, perecieron 110 por azares de Marte? En verdad, quisiera concertarla tambin con los vivos. He venido porque los hados me asignaron el lugar y la sede y no hago la guerra con el pueblo; vuestro rey rompi nuestra hospitalidad y decidi acogerse a las armas de Turno. Mejor habra sido que Turno se hubiera enfrentado a esta muerte; 115 si se dispone a acabar la guerra por la fuerza, si a expulsar a los teucros, debiera enfrentarse con estas armas mas: vivir aqul a quien la vida le concedieran el dios o su diestra. Partid ahora y entregad al fuego a vuestros pobres ciudadanos. Haba dicho Eneas. Ellos, atnitos y en silencio, 120 se cambiaban miradas sin atreverse a hablar. Entonces, anciano y siempre enemigo con odio y acusaciones del joven Turno, Drances inici as a su vez la respuesta: Oh, grande por tu fama y mayor por tus armas, hroe troyano. Con qu alabanzas te igualar al cielo? 125 He de admirar primero tu justicia o tus gestas guerreras? Agradecidos llevaremos estas palabras a la ciudad de nuestros padres, y a ti, si Fortuna nos deja algn camino, con el rey Latino te uniremos. Que se busque Turno sus propios pactos. Y con gusto, adems, levantaremos los sillares del destino 130 y acarrearemos sobre nuestros hombros las piedras troyanas. As haba dicho y todos gritaban lo mismo con una sola voz. Pactaron dos veces seis das y en el pacfico intervalo teucros y latinos vagaron sin peligro mezclados por bosques y colinas. Cruje el alto fresno bajo el hacha 135 de hierro, abaten pinos que los astros tocaban, y no cesan de abrir con las cuas el oloroso cedro y los robles ni de arrastrar en gimientes carretas los olmos. Y ya la Fama voladora, llevando por delante un dolor tan grande, colma a Evandro y de Evandro las casas y los muros, 140 ella, que poco ha deca de Palante vencedor en el Lacio. Los arcadios corrieron a las puertas y segn la antigua costumbre empuaron antorchas funerales; reluce el camino con larga hilera de llamas que parte los campos en dos. La turba de frigios que viene a su encuentro alcanza 145 al doliente ejrcito. Cuando las madres vieron que entraban en las casas, encienden con sus gritos la afligida ciudad. Y ninguna fuerza es capaz de sujetar a Evandro que se lanza a buscarle. Depositado el fretro, se arroj sobre Palante y le abraza llorando y gimiendo, 150 y apenas abri por fin el dolor camino a las palabras: No era sta, Palante, la promesa que hiciste a tu padre de que con cuidado te habras de entregar a un Marte cruel. Y no desconoca yo cunto una nueva gloria puede en las armas y las mieles del triunfo en el primer combate. 155 Mseras primicias de un joven y en la guerra cercana dura iniciacin yvotos y preces mas que ninguno de los dioses ha escuchado! Y t, oh, santsima esposa, feliz en tu muerte que no has llegado a este dolor! Yo, por el contrario, viviendo venc a mi destino, para ms durar 160 siendo su padre. Ojal me hubieran abatido los dardos rtulos siguiendo las armas de Troya! Habra dado yo mi vida y a m y no a Palante habra trado hasta casa este cortejo. Y no os he de culpar, teucros, ni a los pactos ni a las diestras que unimos en seal de hospitalidad; para mi vejez estaba preparada 165 una suerte tan mala. Si prematura aguardaba la muerte a mi hijo, me servir de consuelo que haya cado entre miles de volscos muertos, conduciendo a los teucros al Lacio. Y no podra yo honrarte, hijo mo, con funeral mejor que el piadoso Eneas y que los nobles frigios 170 y que los jefes etruscos, que todo el ejrcito etrusco. Portan grandes trofeos de los que tu diestra ha enviado a la muerte; te alzaras ahora t tambin como tronco imponente en los campos, si igual fuera su edad y la misma la fuerza de los aos, Turno. Mas, por qu, desdichado, demoro a los teucros lejos de sus armas? 175 Id y llevad al rey en la memoria este recado: de que soporte una vida odiosa, muerto Palante, tu diestra es la causa, que ves nos debe a Turno al hijo y al padre. Slo este mrito te falta y esta ocasin a tu suerte. No lo demando -no sera lcito- 180 como alegra de mi vida, sino para mi hijo en los Manes profundos. La Aurora entretanto haba sacado para los pobres mortales la luz de la vida, trayndoles de nuevo afanes y fatigas. Levantaron las piras ya el padre Eneas, ya Tarconte en el curvo litoral. Aqu cada cual el cuerpo llev de los suyos 185 segn la costumbre de sus padres, y prendindoles negro fuego ocultan el alto cielo con la calgine de la tiniebla. Tres vueltas dieron corriendo ceidos de las brillantes armas en torno a las piras encendidas, tres veces recorrieron a caballo el triste fuego funeral y arrancaron alaridos de su boca. 190 La tierra se cubre de lgrimas, se cubren las armas, llega al cielo el clamor de los hombres y el clangor de las tubas. Aqu unos arrojan al fuego los despojos arrebatados a los latinos muertos, los yelmos y las labradas espadas y los frenos y las ruedas ardientes; otros las conocidas ofrendas, 195 los escudos de los suyos y las poco felices armas. Sacrifican por all muchos cuerpos de bueyes a la Muerte y cerdos erizados y degellan sobre las llamas muchas ovejas robadas de todos los campos. Luego por toda la playa ven arder a sus compaeros y guardan las piras 200 medio apagadas sin poder retirarse hasta que la hmeda noche da vuelta al cielo tachonado de estrellas encendidas. Y tambin, muy lejos de all, los mseros latinos erigieron innmeras piras y entierran por un lado muchos cuerpos de soldados y por otro los toman 205 y los llevan a los campos vecinos y a la ciudad los devuelven. El resto, un enorme montn de confusa matanza, sin nmero ni honores lo queman; brillan entonces por doquier las vastas llanuras con frecuentes hogueras. La luz tercera haba retirado del cielo la glida sombra; 210 afligidos retiraban de las piras la alta ceniza y los huesos mezclados y los cubran con una tibia capa de tierra. Ya dentro de las casas, en la ciudad del muy rico Latino, un sentido lamento y la parte mayor de un largo duelo. Aqu las madres y las pobres nueras, aqu los pechos queridos 215 de las afligidas hermanas y los nios privados de sus padres maldicen una guerra cruel y los himeneos de Turno; que l mismo piden se enfrente con las armas y l con el hierro ya que reinar reclama en Italia y honores principales. Agrava esto implacable Drances y declara que slo l 220 es requerido, que llama a Turno solo al combate. En su contra se alzan con diversos argumentos muchas opiniones en favor de Turno, y lo ampara el peso del nombre de la reina, sustenta al hroe la fama inmensa de sus merecidos trofeos. En medio de todo esto, cuando ms ardoroso era el tumulto, 225 he aqu que llegan sombros mensajeros de la gran ciudad de Diomedes con su respuesta: nada se ha logrado con gastos tan enormes, de nada han valido ni regalos ni oro ni grandes preces; otras armas han de buscar los latinos o pedir la paz al rey troyano. 230 Se dej vencer el propio rey Latino por una gran tristeza. De que a Eneas lo trae el destino por voluntad divina le advierten la ira de los dioses y los recientes tmulos que ve. As que una gran asamblea y a los primeros de los suyos por su poder convocados rene en los altos umbrales. 235 Ellos acudieron y fluyen al palacio del rey llenando los caminos. Toma asiento en el centro, el mayor en edad y primero por su cetro, con ceo poco alegre Latino. Y entonces a los mensajeros llegados de la ciudad etolia manda contar lo que traen y exige las respuestas 240 todas por orden. Guardaron as silencio las lenguas y Vnulo, obediente al mandato, comienza de este modo: Hemos visto, ciudadanos, a Diomedes y el campamento argivo y hemos superado en nuestro camino todos los avatares, y llegamos a tocar la mano por la que cay de Ilin la tierra. 245 l estaba fundando victorioso la ciudad de Argiripa, con el nombre de su raza patria, en los campos del Grgano ypige. Luego que se nos introdujo y hablar pudimos con libertad delante de todos, ofrecemos los regalos, decimos el nombre y la patria, quines haban iniciado la guerra, qu motivos a Arpos nos llevaban. 250 Con plcida boca as repuso l a cuanto oa: Pueblos afortunados, oh, reinos de Saturno, ausonios venerables. Qu fortuna os solicita en vuestra paz y os persuade a emprender guerras desconocidas? Cuantos violamos los campos de Ilin con el hierro 255 (omito todo lo que realizamos guerreando al pie del alto muro y los hroes que arrastra aquel Simunte) hemos pagado todos infandos suplicios por el mundo y los castigos del crimen nuestro, grupo que hasta a Pramo dara pena; lo sabe el triste astro de Minerva y los escollos de Eubea y el vengador Cafereo. 260 De aquella milicia, arrojados a distintas playas, Menelao el Atrida pasa su exilio en las columnas de Proteo y ha visto Ulises a los Ciclopes del Etna. He de hablar del reino de Neoptlemo y los Penates arrasados de Idomeneo? De los locros, hoy habitantes de la costa libia? 265 El propio micnico, el general de los grandes aqueos cay a la puerta de su casa a manos de su esposa maldita: a la vencida Asia acechaba un adltero. Y cmo no quisieron los dioses que, de regreso a las aras de la patria, pudiera yo vera mi anhelada esposa y la bella Calidn? 270 An hoy continan de horrible visin los portentos y los amigos desaparecidos buscaron el ter con sus plumas y vagan como aves de los ros (ay, suplicios crueles de los mos!) y llenan los escollos de voces lastimeras. Esto deb esperrmelo yo desde aquel da 275 en que, loco de m, ataqu con mi espada el cuerpo de la diosa y profan con una herida la diestra de Venus. No, en verdad, no me arrastris a tales combates. Ni volver a entrar en guerra con los teucros tras la cada de Prgamo ni me acuerdo ni me alegro de viejos males. 280 Los presentes que me ofrecis de vuestras costas patrias, llevdselos a Eneas. Nos enfrentamos como armas enhiestas y hemos llegado a las manos; creed a quien conoce cunto se yergue sobre su escudo, con qu remolino blande la lanza. Si la tierra del Ida hubiese alumbrado a otros dos hombres 285 de su talla, hasta las ciudades de naco habra venido el drdano y llorara Grecia con hados contrarios. Cuanto nos demoramos bajo los muros de la dura Troya, la victoria de los griegos se detuvo por la mano de Hctor y de Eneas, y arrastr sus pasos hasta el dcimo ao. 290 Ambos insignes de coraje, ambos por la fuerza de sus armas, y ste mayor por su piedad. Que se unan las diestras en el pacto que se os propone, pero, cuidado!, no se enfrenten armas con armas! Y al tiempo has escuchado, ptimo rey, del cul es la respuesta y cul su parecer sobre esta gran guerra. 295 Apenas as los mensajeros, y un variado murmullo corri por las turbadas bocas de los ausonios, como cuando detienen las rocas la rpida corriente, se forma un rumor en el remolino encerrado y tiemblan las orillas vecinas con las aguas que crepitan. En cuanto se aplacaron los nimos y se calmaron las bocas temblorosas, 300 tras hablar a los dioses comienza el rey desde su alto escao: Habra querido decidir antes sobre la suerte del reino, latinos, y mejor habra sido y no en tal circunstancia convocar la asamblea, cuando el enemigo est a las puertas. Libramos una guerra adversa, ciudadanos, contra una estirpe 305 de dioses y unos hombres indmitos, a quienes ninguna batalla rinde y ni vencidos pueden abandonar su espada. Si habais abrigado alguna esperanza de conseguir las armas etolias, deponedla. Cada cual es su propia esperanza. Pero veis cun exigua es la nuestra. Cmo yace todo abatido en ruinas, 310 a la vista est y al alcance de vuestras manos. Y no acuso a nadie. Cuanto valor pudo darse, se dio; se ha combatido con todas las fuerzas del reino. Ahora, por ltimo, os expondr qu opinin alberga un corazn vacilante y (prestad atencin) os lo dir con pocas palabras. 315 Tengo de antiguo un campo cercano al ro etrusco que se extiende hacia el ocaso hasta el territorio de los sicanos; lo siembran auruncos y rtulos y con su arado trabajan los duros collados y tienen en lo ms spero sus pastos. Toda esta regin y la zona de pinos sobre el monte alto 320 pase a la amistad de los teucros y justas clusulas de un tratado pactemos y llammosles aliados del reino. Establzcanse, si tanto lo desean, y funden su muralla. Pero si es su intencin apoderarse de otros territorios y de otro pueblo y pueden abandonar nuestro suelo, 325 construyamos con tala madera dos veces diez naves, o, si ms pueden llenar, madera hay suficiente junto a las aguas; que ellos mismos nos indiquen la forma y el nmero de barcos y les daremos el bronce, las manos y el astillero. Es ms, para llevar mis palabras y firmar los pactos 330 decreto que hayan cien parlamentarios de las mejores familias latinas y tiendan en su mano los ramos de la paz cargados de presentes, talentos de oro y marfil, y la silla y la trbea, insignias de nuestro reino. Deliberad entre vosotros y acudid en ayuda de una situacin nada fcil. 335 Entonces Drances, siempre hostil y agitado con torcida envidia y amargos estmulos por la gloria de Turno, largo de medios y mejor de lengua, pero con diestra fra para la guerra, tenido por consejero no ftil, poderoso en los enfrentamientos (la nobleza de su madre 340 le confera estirpe orgullosa, incierta por parte de padre), se levanta y carga y hace subir la ira con estas palabras: Sometes a nuestra consideracin, oh buen rey, un asunto para nadie oscuro que no precisa de palabras: todos saber confiesan qu est pidiendo la suerte del pueblo, mas decirlo no osan. 345 Que d libertad para hablar y deje libres las palabras aquel por cuyo infausto auspicio y costumbres siniestras (lo dir claramente, aunque me amenace con armas y muerte) cayeron las vidas de tantos jefes y vemos que se ha cubierto la ciudad entera de luto, mientras provoca al campo 350 troyano confiando en la huida al tiempo que asusta al cielo con sus armas. Slo uno has de aadir, oh el mejor de los reyes, un solo presente a esos que en gran cantidad ordenas sean enviados y asignados a los Dardnidas, y que no pueda vencerte la violencia de nadie al dar tu hija a un yerno egregio y a un digno 355 himeneo y sellar esta paz con un pacto eterno. Pero si terror tan grande se ha apoderado de pechos y mentes, citmosle a l mismo y solicitemos de l mismo la venia: que consienta y devuelva al rey y a la patria su propio derecho. Por qu tantas veces lanzas a estos pobres ciudadanos 360 a riesgos manifiestos, oh para el Lacio causa y cabeza de los males presentes? No hay salvacin en la guerra, todos la paz te reclamamos, Turno, y, a la vez, de la paz la nica prenda inviolable. Yo el primero, a quien te imaginas tu enemigo (y nada me preocupa si lo soy), aqu vengo a suplicarte. Ten piedad 365 de los tuyos, depn tu actitud y, derrotado, vete. Dispersados hemos visto ya bastantes muertes y despoblado grandes campos. O bien, si la fama te mueve, si coraje tan grande abrigas en tu pecho y si tanto ansas la real dote, s valiente y ofrece, cara a cara, al enemigo tu pecho confiado. 370 Bien est que para que a Turno corresponda la real esposa, nosotros, almas viles, turba sin sepultura y sin lgrimas, nos amontonemos por los campos! T eres ms bien, si fuerzas te quedan, si tienes algo del Marte de la patria, quien desafiar debe al que te reclama. 375 Con tales palabras se encendi la violencia de Turno. Gime y prorrumpe con estas voces de lo profundo del pecho: Larga ocasin de hablar tienes siempre, Drances, justo cuando las guerras brazos reclaman, y acudes el primero si se convoca a los padres. Pero no hay que llenar la curia de palabras 380 que vuelan grandiosas estando t a cubierto mientras el valladar de los muros detiene al enemigo y no se inundan de sangre las fosas. Contina tronando con tu discurso (como sueles) y acsame de tener miedo t, Drances, ya que tan gran montn de teucros muertos ha dejado tu diestra y todos los campos sealados 385 de trofeos. De cunto es capaz un valor vigoroso nos cabe experimentar, y est claro que no hay que buscar muy lejos al enemigo; rodean los muros por todas partes. Vayamos a su encuentro, por qu dudas? Es que siempre tendrs a Marte en el flato de tu lengua y en esos 390 pies tuyos prestos a correr? Yo, derrotado? Me dir alguien con razn derrotado, ms que oprobioso, si puede ver el Tber crecer henchido de la sangre troyana y cmo ha cado con su estirpe la casa entera de Evandro y a los arcadios privados de sus armas? 395 No as me han conocido Bitias y Pndaro el grande y los mil que vencedor mand al Trtaro en un da, encerrado en sus muros y atrapado por el terrapln del enemigo. No hay salvacin en la guerra? Ve a cantar as, loco, a la cabeza de los drdanos y a tus propios asuntos. No ceses 400 de turbarlo todo con gran miedo y de ensalzar a los hombres de un pueblo dos veces derrotado y de humillar, por contra, las armas de Latino. Ahora hasta los jefes de los mirmdones tiemblan ante las armas frigias, ahora hasta el hijo de Tideo y Aquiles de Larisa, y huye, y retrocede el ro ufido perseguido por las ondas adriticas. 405 Y simula estar asustado de mis enconos y exacerba su acusacin y su impostura con miedo fingido. Nunca un alma de esa calaa (no temas) bajo esta diestra habrs de perder; que viva contigo y permanezca en este pecho. Me dirijo ahora, padre, a ti y a tu importante decreto. 410 Si no depositas ya confianza alguna en nuestras armas, si tan dejados estamos y por un contratiempo del ejrcito hemos cado del todo y no puede regresar nuestra suerte, pidamos la paz y tendamos unas diestras incapaces. Pero, ay si quedase algo de nuestro antiguo valor! 415 Afortunado en los afanes es para m antes que los otros y de egregio corazn aquel que, por no ver estas cosas, cay muriendo y mordi una vez el polvo con su boca. Mas si tenemos recursos e intacta nuestra juventud y nos queda an la ayuda de las ciudades talas y sus pueblos, 420 y si tanta sangre ha costado a los troyanos su gloria (tienen tambin sus muertos e igual para todos es la tormenta), por qu flojeamos sin vergenza en el primer umbral? Por qu temblamos antes de que suene la tuba? Muchas cosas el da y el mudable trabajo del tiempo diverso 425 han vuelto mejores, con muchos jug la Fortuna regresando cambiada ylos puso de nuevo en seguro. No tendremos la ayuda del etolio y de Arpos, sea; pero estar Mesapo y el feliz Tolumnio y los caudillos que tantos pueblos enviaron, y gloria no pequea 430 seguir a cuantos reclutamos por el Lacio y los campos laurentes. Tambin est Camila, del pueblo ilustre de los volscos, al frente de tropas a caballo y batallones que relucen de bronce. Pero si es a m a quien retan los teucros en singular combate y as os parece y tanto estorbo al inters comn, 435 no escap la Victoria de estas manos ni las odia de tal modo que rehse yo arriesgar algo a cambio de esperanza tan grande. Le har frente animoso incluso si supera al gran Aquiles, incluso si, como l, lleva en sus manos las armas de Vulcano. Yo, Turno, que no estoy por debajo de nadie 440 en el valor de nuestros padres, os he ofrecido mi vida a vosotros y a Latino, mi suegro. Que slo a m reclama Eneas? Que me reclame, lo pido. Si es esto ira de dioses, que no lo pague Drances con su muerte; ni lo recoja, si esto es valor y gloria. Ellos se dedicaban a discutir agriamente sobre lo dificil 445 de la situacin; Eneas levantaba el campamento y sus tropas. Hete aqu que, en medio de gran tumulto, la noticia se cuela en la mansin real y llena de terrores la ciudad: los teucros en formacin de combate y las tropas tirrenas descendan del ro Tber llenando todo el valle. 450 Al punto se turbaron los nimos y se agitaron del pueblo los corazones y aument su clera con duro acicate. Se agarran nerviosos a las armas, armas!, gritan los jvenes, los padres lloran y murmuran afligidos. Entonces de todos lados se alza al aire un gran clamor de opiniones enfrentadas, 455 no de otro modo que cuando las bandadas de aves se posan en lo hondo del bosque o en la corriente del Padusa, rica en peces, cantan por los locuaces estanques los roncos cisnes. Muy bien, ciudadanos -aprovecha Turno la ocasin-, seguid reunidos y alabad, sentados, la paz; 460 ellos corren en armas contra el reino. Y sin ms decir se levant y sali de la alta mansin presuroso. T, Vluso, ordena a los manpulos de los volscos armarse. Gua -dice- tambin a los rtulos. Desplegad Mesapo y Coras, t, con tu hermano en armas la caballera alo ancho del campo. 465 Refuercen unos las entradas de la ciudad y ocupen las torres; el resto del ejrcito, que tome sus armas y me siga. Al punto de toda la ciudad se corre a los muros. El mismo padre Latino abandona sus grandes planes y la asamblea, y, turbado por la triste circunstancia, los pospone 470 y mucho se reprocha el no haber antes aceptado al dardanio Eneas y no haberlo trado por yerno a la ciudad. Otros cavan delante de las puertas o acarrean piedras y estacas. Cruenta seal da la ronca bocina de guerra. Entonces en abigarrada corona cieron 475 los muros madres y nios, que a todos reclama la labor postrera. Y acude tambin al templo y a la elevada fortaleza de Palas la reina con gran squito de mujeres, llevando ofrendas, y le acompaa a su lado la virgen Lavinia, causa de mal tan grande, bajos los ojos pudorosos. 480 Les siguen las mujeres y el templo llenan de humo de incienso y dejan escapar voces afligidas desde el alto umbral: Seora de las armas, gua en la guerra, virgen Tritonia: rompe con tu mano las flechas del pirata frigio y tmbalo boca abajo en el suelo y derrbalo al pie de las altas puertas. 485 El propio Turno, loco de excitacin, se apresta al combate. Y ya revestido de la rutilante coraza estaba erizado de escamas de bronce y haba encerrado en oro sus piernas, desnudo an de sienes, y habase ceido la espada al costado, y resplandeca en oro al descender corriendo de la alta ciudadela 490 y exulta de nimos y en su esperanza se apodera ya del enemigo; cual el caballo cuando, rompiendo sus cadenas, escapa libre al fin del establo y dueo del campo abierto busca los pastos y la manada de yeguas, o acostumbrado a baarse en conocida corriente de agua, 495 brinca y relincha con la cerviz enhiesta al aire, gozoso, y le juegan las crines por el cuello, por el lomo. A su encuentro corri, seguida del ejrcito de volscos, Camila y descendi la reina del caballo en la misma puerta y toda la cohorte la imit dejando los caballos 500 y echaron pie a tierra; entonces dice as: Turno, si alguna confianza merece el valiente tenerse, oso y prometo enfrentarme a los escuadrones de Enadas y, sola, salir al encuentro de los jinetes tirrenos. Djame probar la primera con mis tropas los riesgos de la guerra. 505 T quedate junto a las murallas con la infantera y guarda las defensas. Turno a esto, con los ojos clavados en la joven temible: Oh, virgen, gloria de Italia, qu gracias podr darte y ofrecerte a cambio? Mas de momento, ya que ese valor tuyo est por encima de todo, comparte conmigo el trabajo. 510 Eneas, segn cuentan noticias fidedignas y los exploradores enviados, ha mandado por delante con intencin aviesa las armas ligeras de caballera a batir los campos; l, a su vez, por la cima desierta del monte avanza sobre la ciudad las cumbres superando. Preparo un ardid de guerra en un curvo sendero del bosque 515 para bloquear con hombres armados las dos salidas del camino. T debes tomar posiciones y aguantar a la caballera tirrena; a tu lado estar el fiero Mesapo con los escuadrones latinos y las tropas de Tiburto, y asume t el papel de comandante. As dice, y con palabras iguales exhorta a Mesapo 520 al combate y a los jefes aliados y marcha contra el enemigo. Hay un valle de curvos rodeos, apropiados para las tretas y los engaos de las armas, que ve cubierto de densos bosques sus negros costados, a donde conduce un estrecho sendero y abren paso cerradas gargantas y difcil acceso. 525 Sobre l, como atalaya y en lo ms alto del monte, se extiende una escondida planicie y un abrigo seguro, bien si quieres correr al combate por derecha e izquierda, bien atacar desde lo alto y hacer rodar enormes peascos. Hacia aqu se dirige el joven por caminos conocidos 530 y ocup este lugar y acamp en los bosques inicuos. A la rpida Opis mientras tanto en las celestes regiones, una de sus vrgenes compaeras y de su sagrada tropa, llamaba la hija de Latona y estas tristes palabras le daba de su boca: A una guerra cruel marcha Camila, 535 doncella ma, y en vano cie nuestras armas, aunque la quiero ms que a todas. Pues no es que le haya venido a Diana un nuevo amor y movido su corazn con dulzor repentino. Expulsado del reino por odio a su poder orgulloso, Mtabo, al salir de la antigua ciudad de Priverno, 540 se llev a su nia entre los avatares de la guerra como compaera de exilio, y la llam Camila cambiando en parte el nombre de su madre Casmila. l mismo la llevaba ante s en el regazo por los largos collados de los bosques solitarios; dardos crueles le asediaban por doquier 545 y revoloteaban alrededor los volscos desplegando su tropa, y hete aqu que, a mitad de su fuga, haba crecido el Amaseno con abundante espuma, tan gran tormenta haba descargado de las nubes. l, dispuesto a nadar, por amor a la nia se retrasa y teme por su carga querida. Esta decisin dura 550 tom de pronto mientras todo revolva en su interior: una maza enorme que por suerte en la robusta mano llevaba como arma de guerra, llena de nudos y de madera adusta, encerrando en ella a su hija con el corcho de la silvestre corteza la envuelve y la ata con cuidado al centro de la lanza. 555 Y blandindola con diestra poderosa as dice al ter: T que habitas los bosques, a ti, benigna virgen Latonia, yo, su padre, te la consagro como sierva; con tus armas primeras en las manos escapa, suplicante, del enemigo por los aires. Acgela como tuya, te lo ruego, diosa, ahora que la encomiendo a vientos inciertos. 560 Dijo, y lanzando hacia atrs el brazo blande con fuerza el astil; resonaron las ondas, sobre la rpida corriente escapa la pobre Camila en la lanza estridente. Y Mtabo, cuando ya encima se le echaba la gran caterva, se arroja al ro y vencedor la lanza con la nia, 565 regalo de la Trivia, arranca del tapiz de hierba. Ninguna casa lo acogi, ni las murallas de ninguna ciudad (y l nunca, con su bravura, se habra rendido), y llev una vida de pastores en los montes solitarios. Aqu criaba a su hija entre zarzas y por caminos 570 erizados con las mamas de una yegua y leche de animales, exprimiendo sus ubres sobre los labios tiernos. Y cuando la nia haba dejado las primeras huellas de las plantas de sus pies, arm sus manos de aguda jabalina y colg de sus pequeos hombros el arco y las flechas. 575 En vez de oro en el pelo, en vez de largo manto que la cubra, cuelga de su cabeza por la espalda una piel de tigre. Ya entonces dispar dardos infantiles con tierna mano y volte en torno a su cabeza la honda de pulida correa. Y abati una grulla estrimonia o un blanco cisne. 580 Muchas madres de las ciudades etruscas la quisieron en vano por nuera; sola, con Diana se conforma y sin mancha cultiva un amor eterno por los dardos y la virginidad. Ya me gustara que no se hubiese dejado ganar para un servicio tal, tratando de hostigar a los teucros! 585 Me sera ahora muy querida y una de mis compaeras. Pero, ea, puesto que hados acerbos la estn acechando, desciende, Ninfa, del cielo y visita los territorios latinos, donde un triste combate se libra con infausto presagio. Toma esto y saca de la aljaba una flecha vengadora; 590 con ella me pague, quienquiera que profane con su herida el cuerpo sagrado, talo o troyano, igual castigo con su sangre. Luego yo misma en el hueco de una nube llevar al sepulcro el cuerpo de la infortunada y sus armas intactas y la devolver a la patria. Dijo, y Opis, dejndose caer por las auras ligeras del cielo, 595 reson con su cuerpo envuelto en negro remolino. Se acercan entretanto las fuerzas troyanas a los muros, y los jefes etruscos y todo el ejrcito de jinetes agrupados por nmero en escuadrones. Suenan por toda la llanura los caballos de sonoros cascos que brincan y luchan con los frenos 600 por volverse a uno y otro lado; el campo de hierro aparece [erizado de lanzas en gran extensin y arden los llanos con las armas enhiestas. Y asoman contra ellos Mesapo y los veloces latinos y Coras con su hermano y el ala de la virgen Camila, hacindoles frente en el llano y con las diestras tendidas 605 ofrecen de lejos sus lanzas y hacen vibrar los dardos, y se inflama la llegada de los hombres y el relinchar de los caballos. Y ya, luego que estuvieron a tiro de flecha, unos y otros se haban detenido; de pronto rompen a gritar y espolean los fieros caballos. De todas partes salen a la vez dardos 610 espesos como copos de nieve que cubren el cielo con su sombra. Al punto se atacan empujando sus lanzas enfrentadas Tirreno y el bravo Acnteo y provocan el choque primero con gran estrpito y rompen y quiebran los pechos con los pechos de sus cuadrpedos; Acnteo, despedido 615 a la manera de un rayo o de la bala sacudida por la catapulta, cae a lo lejos y esparce la vida por los aires. Se confunden al instante los frentes y se retiran los latinos echando hacia atrs los escudos yvuelven los caballos hacia la muralla; empujan los troyanos y Asilas, al frente, conduce las tropas. 620 Y ya llegaban a las puertas y de nuevo los latinos alzan su grito y hacen volver los blandos cuellos y huyen los otros y retroceden largo trecho a rienda suelta. Como el mar cuando avanzando con alterno flujo ya rola hacia tierra y baa por encima los escollos 625 con su ola de espuma y llega a tragarse el final de la arena, ya regresa raudo hacia atrs empapando al recoger las olas las rocas y deja en la playa efmero vado: dos veces los etruscos llevaron a los rtulos hasta la muralla; 630 dos veces, rechazados, miran hacia atrs guardndose las espaldas con los escudos. Pero luego que se enfrentaron por tercera vez, todas las lneas se enzarzaron y elige al hombre el hombre, as que finalmente se escucha el gemir de los que mueren y cuerpos y armas baados en sangre y se revuelcan los caballos sin vida entre los hombres muertos, se hace feroz el combate. 635 Orsloco clav su lanza en el caballo de Rmulo, que miedo le daba atacarle, y dej el hierro bajo la oreja; enloquece el alto animal con el golpe, y, sin soportar el dolor, se pone de patas levantando el pecho y rueda aqul despedido por el suelo. Ctilo a Yolas 640 derriba y a Herminio, grande de corazn, grande de cuerpo y de armas, cuya desnuda cabeza cubre rubia melena; desnudos van sus hombros y no teme las heridas: as de grado se ofrece a las armas. En su ancha espalda le vibra la lanza arrojada y, atravesando al hroe, le dobla de dolor. 645 Por todas partes corre negra la sangre; siembran la ruina con su espada peleando y buscan una hermosa muerte entre las heridas. Entre tan gran matanza exulta la Amazona, un pecho descubierto para el combate, Camila con su aljaba, ybien multiplica flexibles astiles lanzndolos con la mano, 650 bien incansable empua con la diestra la pesada segur; suena el arco de oro en su hombro y las armas de Diana. Ella asimismo, si a veces volva la espalda rechazada, apunta con el arco hacia atrs dardos fugitivos. Y con ella compaeras escogidas, la virgen Larina 655 y Tula y Tarpeya que blande la segur de bronce, hijas de Italia a quienes eligi como ornato propio la divina Camila, buenas asistentes en la paz y en la guerra: igual que las tracias Amazonas cuando recorren las riberas del Termodonte y luchan con sus armas pintadas, 660 bien junto a Hiplita, bien cuando vuelve en su carro, marcial, Pentesilea, y entre gran tumulto de alaridos exultan los ejrcitos de mujeres con sus peltas lunadas. Virgen fiera, a quin tumbas primero con tu dardo y a quin despus? O cuntos cuerpos moribundos por tierra? 665 Euneo, en primer lugar, el hijo de Clitio; al hacerle frente le atraviesa con una larga lanza su pecho descubierto. l cae vomitando ros de sangre y muerde cruento el polvo y rueda al morir sobre su propia herida. Vienen despus Liris y Pgaso, uno mientras recoge las riendas 670 derribado del caballo herido y el otro por acercarse y ofrecer al cado una diestra inerme, a la vez ambos caen de cabeza. Aade a stos Amastro Hiptades y persigue, acosndolos de lejos con su lanza, a Treo y a Harplico, a Demofonte y a Cromis, 675 y cuantos dardos salieron volando de la mano de la virgen, tantos guerreros frigios cayeron. Lejos cabalga con armas desconocidas rnito, cazador en su caballo ypige, cuyas anchas espaldas cubre una piel arrancada a un novillo mientras combate, y la cabeza le protege la enorme 680 boca abierta y las mandbulas de un lobo con sus blancos dientes, y arma sus manos agreste maza; l se mueve entre las tropas y saca por encima su cabeza. Ella, sorprendindolo (no fue difcil al volverse la columna), lo atraviesa, y le dice adems con pecho enemigo: 685 Creste, tirreno, que con fieras andabas por el bosque? El da ha llegado que conteste a vuestras palabras con armas de mujer; sin embargo, te llevars a los Manes de tus padres gloria no pequea: haber cado a manos de Camila. A continuacin, a Orsffoco y Butes, dos grandes cuerpos 690 entre los teucros. A Butes, de espaldas, le clav la lanza entre el yelmo y la loriga por donde asoma el cuello segn ya sentado y cuelga del brazo izquierdo el escudo; burla a Orsloco dando en su huida una gran vuelta y, en giro ms pequeo, persigue al perseguidor. 695 Entonces, alzndose ms, por las armas del soldado y por sus huesos redobla la pesada segur, aunque le implora y le suplica muchas cosas; riega l herida su cara con el tibio cerebro. Cay sobre ella y, de pronto asustado por su visin, se detuvo el hijo guerrero de Auno, habitante del Apenino, 700 no el ltimo de los lgures mientras el hado mentir le dejaba. Y l, cuando comprende que con ninguna carrera puede escapar ni alejarse de la reina que le acosaba, comenzando a tender sus lazos con ingenio y astucia, dice as: Qu hay de glorioso si, aunque mujer, te confas 705 a un valiente caballo? Deja de huir y el cuerpo a cuerpo busca conmigo en suelo llano y combate pie a tierra. Ya vers a quin causa dao una gloria vana. Dijo y entonces ella, furiosa y encendida por agrio dolor, pasa el caballo a una compaera y se planta con armas iguales, 710 a pie, con la espada desnuda, valiente con su escudo sin insignias. Mas el joven, pensando que ha salido bien su engao, escapa volando (sin tardanza) y se aleja fugitivo volviendo grupas y espolea al rpido cuadrpedo con su taln de hierro. Lgur embustero y en vano engredo en tu nimo soberbio, 715 has intentado intilmente, falaz, las artes patrias, y tu truco no habr de devolverte inclume al mentiroso Auno. As dice la virgen y hecha fuego con sus rpidas plantas adelanta corriendo al caballo y agarra de frente sus bridas, lo asalta y toma venganza de la sangre enemiga: 720 con igual facilidad el gaviln, ave sagrada, de lo alto de una roca se lanza con sus alas sobre la paloma que asoma altsima en las nubes y la tiene agarrada y la destripa con sus curvas garras; caen entonces del cielo la sangre y las plumas arrancadas. Mas el sembrador de dioses y hombres no est sentado, excelso, 725 en el supremo Olimpo sin observar con mil ojos estas cosas. El padre incita al etrusco Tarconte a una lucha sin cuartel y con no blando estmulo provoca su encono. As que llega Tarconte a caballo entre los muertos y las tropas que se retiran y con voces diversas instiga a las alas 730 llamando a cada cual por su nombre y a los rechazados devuelve al combate. Qu miedo, tirrenos que todo lo aguantis, como siempre indolentes, qu cobarda tan grande se ha colado en vuestros corazones? Una mujer os pone en fuga y rompe vuestras lneas! Para qu el hierro empuamos o estos dardos intiles? 735 Mas no sois perezosos para Venus y las batallas nocturnas o cuando la curva flauta invita a las danzas de Baco. Esperad las viandas y las copas de una mesa repleta (sa es vuestra pasin y vuestro celo) mientras anuncia el arspice propicio el sacrificio y una pinge vctima os llama a los bosques profundos! 740 Esto dicho, espolea l mismo su caballo hacia el centro, dispuesto a morir, y como un torbellino se pone frente a Vnulo y agarra con la diestra al enemigo al tiempo que lo arroja del caballo y a galope tendido lo lleva en sus brazos con gran violencia. Se alza al cielo el clamor y todos los latinos 745 volvieron a l sus ojos. Vuela fogoso Tarconte por la llanura llevando las armas y al guerrero; entonces de la punta de la lanza del otro arranca el hierro y busca las partes descubiertas por donde infligir la herida mortal; l, a su vez, resistindose, sujeta la diestra lejos del cuello y esquiva la fuerza con la fuerza. 750 Como cuando el guila leonada se lleva volando a lo alto una serpiente y la agarr con sus patas y le clav las garras, mas la culebra, herida, hace girar su cuerpo sinuoso y yergue sus escamas erizadas y silba con la boca lanzndose hacia arriba; ella no ataca menos con su curvo 755 pico a la que se resiste y a la vez azota el aire con las alas. No de otro modo saca en triunfo Tarconte su presa de las lneas tiburtinas. En pos del xito y el ejemplo de su jefe atacan los menidas. Entonces Arrunte, deuda del destino, mejor con la jabalina y su gran pericia, a la veloz Camila 760 rode y busca por dnde probar mejor fortuna. All donde en medio del combate se lanza Camila fiera, all acude Arrunte, y sigilosamente sigue sus pasos; por donde, vencedora, regresa ella y se aleja del enemigo, por ah el joven a escondidas dirige sus rpidas riendas. 765 Y stos y los otros lugares y todos sus movimientos sigue por doquier y blande con intencin aviesa su lanza certera. Por caso Cloreo, un da sacerdote consagrado al Cbelo, brillaba destacado a lo lejos entre las armas frigias y espoleaba a su espmeo caballo a quien cubra 770 una piel de escamas de bronce como plumas cosida en oro. l tambin, reluciente de extica prpura parda, disparaba flechas de Gortina con el arco licio; de oro colgaba el arco de sus hombros y de oro el yelmo del vate; haba recogido adems en un nudo la clmide 775 azafrn y los pliegues de lino, crepitantes de oro amarillo, bordada con aguja su tnica y la brbara ropa de las piernas. A ste la virgen, bien por clavar en los templos armas troyanas; bien por vestirse en sus caceras con el oro apresado, slo a l de cuantos andaban enfrentados 780 persegua, ciega y desprevenida a lo largo de toda la lnea arda con un ansia de mujer por el botn y los despojos, cuando Arrunte, por fin llegada la ocasin, desde su escondite lanza su dardo e invoca a los dioses de esta manera: El mejor de los dioses, Apolo guardin del santo Soracte, 785 a quien veneramos los primeros y por quien alimentamos en los bosques la llama de pino y, confiados en la piedad, entre el fuego caminamos tus adoradores sobre muchas ascuas; dame, padre, terminar con esta deshonra de nuestras armas, todopoderoso. No busco el botn o el trofeo 790 de la virgen derrotada, ni despojo alguno; otras hazaas me darn la fama. Que caiga derribada por la herida esta peste terrible y volver sin gloria a las ciudades de mi patria. Lo escuch Febo y acord en su corazn concederle parte de su voto y parte dispers en el aire voltil. 795 Concedi al suplicante derribar a Camila sorprendida por repentina muerte; mas que su alta patria regresar le viera no se lo dio, y las rfagas se llevaron su voz a los Notos. As que cuando escapada de la mano silb la lanza por las auras, los volscos le prestaron toda su atencin y todos pusieron 800 sus ojos en la reina. Mas nada advirti ella del silbido, del aire o del dardo que vena del ter, hasta que la lanza se clav con fuerza bajo el pecho descubierto y en lo profundo bebi la sangre de la virgen. Acuden presurosas sus compaeras y abrazan a su duea 805 que se desploma. Arrunte huye ms asustado que nadie con una mezcla de miedo y alegra y no se atreve ya a confiar en su lanza o a enfrentarse a los dardos de la virgen. Y como el lobo aquel, tras matar a un pastor o a un gran novillo y antes que le persigan los dardos enemigos, se esconde 810 al punto y se pierde en lo profundo del monte, consciente de su atrevida accin, y doblando la cola temblorosa la mete bajo el vientre y se encamina a los bosques; no de otro modo Arrunte, raudo, se apart de la vista y contento con escapar se meti entre las armas. 815 Ella se muere e intenta arrancar el dardo con su mano, mas entre los huesos, hasta las costillas llega en profunda herida la punta de hierro. Se apaga exange, se apagan sus ojos mortalmente helados, el color de prpura un da abandona su cara. Entonces as se dirige moribunda a Acca sola 820 de sus iguales, que era fiel ms que todas a Camila y con ella comparta las cuitas, y as le dice: Hasta aqu, Acca hermana ma, he podido: amarga herida me vence ahora y todo alrededor se oscurece de tinieblas. Escapa y lleva a Turno mis ltimos recados: 825 que entre en combate y aleje a los troyanos de la ciudad. Y ahora, adis. Con estas frases al tiempo dejaba las riendas cayendo a tierra sin quererlo; poco a poco se fue quedando helada por todo el cuerpo, y pos el cuello lnguido y la cabeza vencida por la muerte, dejando las armas, 830 y se le escapa la vida con un gemido, doliente, a las sombras. Entonces se alza un inmenso clamor que hiere los astros de oro; muerta Camila se recrudece el combate, atacan a la vez en apretada formacin toda la tropa de los teucros y los jefes etruscos y los escuadrones arcadios de Evandro. 835 Mas, alta, sentada est hace tiempo en la cumbre de los montes Opis, guardiana de Trivia, y sin miedo contempla los combates. Y en cuanto, a lo lejos, entre el clamor de jvenes furiosos vio a Camila abatida de triste muerte, gimi y sac de lo hondo del pecho estas palabras: 840 Ay! Demasiado, virgen, demasiado cruel castigo has pagado porque osaste hostigar a los teucros! Y no te ha valido el haber honrado a Diana a solas entre las zarzas, ni el haber llevado al hombro nuestra aljaba. Sin embargo, no te ha abandonado tu reina sin gloria 845 en esta hora final de la muerte, ni sin fama quedar tu fin por los pueblos, ni sufrirs la infamia de no ser vengada. Pues quienquiera que ha profanado tu cuerpo con la herida lo pagar con merecida muerte. Al pie de un alto monte se alzaba, enorme, la tumba de Derceno, antiguo rey laurente, 850 bajo un montn de tierra cubierta por umbrosa encina; aqu se posa primero la bellsima diosa en rauda maniobra y de lo alto del tmulo vigila a Arrunte. Cuando lo vio con las armas brillando y henchido en vano: Por qu -dice- te marchas a otra parte? Dirige aqu tus pasos, 855 ven a morir aqu, de modo que recibas una digna recompensa de Camila. No morirs t por las flechas de Diana? Dijo y sac veloz saeta la tracia de la aljaba de oro y la tens amenazante en el arco y mucho lo dobl hasta que se tocaron 860 los curvos extremos y quedaban las manos a la misma altura, la izquierda en la punta de hierro, la derecha en la cuerda y el seno. Al punto escuch Arrunte el estridor del dardo, y, a la vez, el aire silbando, y se clav el hierro en su cuerpo. De l, moribundo y suspirando por ltima vez, se olvidaron 865 los compaeros y lo dejaron en el ignoto polvo de los campos. Opis se deja llevar por sus alas al etreo Olimpo. Al perder a su reina, huye el primero el escuadrn ligero de Camila, asustados huyen los rtulos, huye el bravo Atinas y los dispersos caudillos y los manpulos abandonados 870 buscan lo seguro, y, retirndose, huyen a caballo a las murallas. Y nadie hay ya capaz de enfrentarse a los teucros que acosan y les llevan la muerte, con flechas o cuerpo a cuerpo; llevan en los lnguidos hombros arcos flojos, y el casco de los cuadrpedos bate a la carrera el llano polvoriento. 875 Llega a los muros una negra nube de polvo removido y desde las torres las madres se golpean el pecho y lanzan a los astros del cielo un clamor de mujeres. Quienes, corriendo, irrumpieron los primeros por las puertas abiertas, a sos les acosa la turba enemiga en formacin confusa 880 y no escapan de una muerte desgraciada, y en el mismo umbral, en las murallas de la patria junto al refugio de sus casas, entregan la vida, acribillados. Otros cerraron las puertas y no se atreven a abrir paso a sus amigos ni en las murallas a recibir a los que suplicaban, y se produce penossima matanza 885 de quienes defendan con armas los accesos y quienes contra las armas se lanzaban. Rechazados ante los propios ojos de sus padres llenos de lgrimas, caen unos rodando de cabeza en los fosos empujados por la aglomeracin; otros, ciegos, a galope tendido se lanzan contra las puertas y los duros postes atrancados. 890 Las propias madres en desesperado intento desde los muros (as se lo seala el verdadero amor a la patria, al ver a Camila) arrojan temblando dardos con sus manos y remedan el hierro con troncos de dura madera y palos afilados al fuego y se arrojan, y arden por ser las primeras en morir por su muralla. 895 Entretanto la crudelsima noticia alcanza a Turno en los bosques y refiere Acca al joven el enorme desastre: deshechas las tropas de los volscos, muerta Camila, los enemigos se les echaban encima y con la ayuda de Marte con todo acababan y llevaban ya el miedo a las murallas. 900 l, fuera de s (y as lo demanda la voluntad cruel de Jpiter), abandona el asedio de los montes, deja los speros bosques. Apenas haba salido de su atalaya y ocupaba la llanura, cuando el padre Eneas entr en los desfiladeros libres y franquea las alturas y sale de la umbrosa selva. 905 Ambos, as, se dirigen rpidamente a los muros con todo su ejrcito y no se llevan mucha ventaja; y a la vez Eneas vio a lo lejos el hervor del polvo de los campos y el ejrcito laurente, y al terrible Eneas reconoci Turno entre sus armas 910 y escuch el ruido de los pasos y el relinchar de los caballos. Y al punto entraran en combate e intentaran la lucha, si no baase ya el purpreo Febo sus cansados caballos en el agua de Hiberia, y, al pasar el da, trajese la noche. Plantan ante la ciudad sus campamentos y atrincheran las murallas. 915 LIBRO XII Turno, aun cuando ve que ceden los latinos quebrantados por un Marte adverso, que se le exigen ahora las promesas, que a l se dirigen todos los ojos, arde implacable an ms y levanta su nimo. Como el len aquel en los campos de Cartago que, tocado en el pecho por una grave herida de los cazadores, 5 lanza entonces sus armas al ataque y se goza sacudiendo la abultada melena en su cerviz e impvido quiebra el dardo clavado del mercenario y ruge con la boca ensangrentada. No de otro modo crece la violencia en el fogoso Turno. Se dirige entonces as al rey y comienza sombro de esta manera: 10 No hay duda ninguna en Turno, ni razn para que los Enadas cobardes retiren su desafo o rechacen lo pactado. Parto para el combate. Cumple el rito, padre, y prepara la tregua. O con esta diestra ma enviar al Trtaro al dardanio desertor de Asia (que se sienten y lo vean los latinos) 15 y yo solo responder con mi espada a la comn ofensa, o que nos someta a su poder y reciba a Lavinia por esposa. A l le respondi Latino con nimo sosegado: Oh, joven de valeroso corazn, cuanto t destacas por tu fiereza, tanto ms justo es que yo 20 delibere y sopese, prudente, todas las salidas. Tienes los reinos de tu padre Dauno, tienes muchas ciudades tomadas por la fuerza y tiene adems Latino oro y coraje; hay en el Lacio otras muchas sin casar y en los campos laurentes, que no desmerecen por su linaje. Deja que cosas no fciles de decir 25 descubra sin engaos y graba ala vez esto en tu corazn: no me estaba permitido unir a mi hija con ninguno de los antiguos pretendientes, y as lo anunciaban todos los dioses y los hombres. Vencido por tu amor, vencido por la sangre emparentada y por las lgrimas de mi afligida esposa, romp todos los vnculos; 30 dej a mi yerno sin su prometida, empu armas impas. Ves por ello, Turno, qu azares a m me persiguen y qu guerras, cuntas fatigas eres el primero en sufrir. Dos veces vencidos en un gran combate, defendemos apenas en la ciudad las esperanzas talas; se calientan de nuevo las aguas del Tber 35 con nuestra sangre y blanquean de huesos las grandes llanuras. A dnde me dejo llevar una y otra vez? Qu locura me hace cambiar de idea? Si, desaparecido Turno, dispuesto estoy a aceptarlos por aliados, por qu no evito mejor el combate cuando an vive? Qu dirn mis parientes rtulos, qu el resto 40 de Italia si a la muerte (la fortuna desmienta mis palabras!) te entrego, pretendiente de mi hija y de nuestra boda? Estudia las alternativas de la guerra, ten piedad de tu anciano padre a quien hoy, afligido, separa de ti la lejana patria rdea. En modo alguno se abate la violencia de Turno 45 con estas palabras; aumenta ms an y se agrava con la medicina. En cuanto pudo hablar, insisti de esta manera: Todo ese afn de protegerme, te suplico, ptimo padre, ese afn depn y djame sufrir la muerte a cambio de la gloria. Tambin nosotros, oh padre, dardos y hierro no flojo lanzamos 50 con la diestra, y de sus heridas mana igualmente la sangre. l tendr lejos a su divina madre, sin que cubrir pueda su huida con nube mujeril y ocultarse en sombras vanas. Mas la reina, asustada de la nueva suerte del combate, lloraba y dispuesta a morir sujetaba al yerno ardiente: 55 Turno, yo a ti por estas lgrimas, por el nombre de Amata si es que te importa algo. T eres ahora su nica esperanza, t el descanso de su msera vejez, en tus manos la honra y el poder de Latino, en ti se apoya toda mi casa vacilante. Esto slo te pido: no acudas al combate con los teucros. 60 Sea cual sea el resultado que te aguarda en ese duelo, tambin a m, Turno, me aguarda; al tiempo dejar esta odiada luz y no ver, cautiva, a Eneas de yerno. Escuch Lavinia las palabras de su madre entre lgrimas que regaban sus mejillas encendidas; un intenso rubor 65 las hizo arder y corri por su rostro caliente. Como si alguno mancha con prpura de sangre el marfil de la India o como enrojecen los blancos lirios al mezclarse con muchas rosas, tal color presentaba el rostro de la muchacha. A l lo turba el amor y clava su mirada en la muchacha; 70 arde ms por las armas y con pocas palabras dice a Amata: No, te ruego, no me persigas con lgrimas ni con agero tan fatal cuando me lanzo al encuentro del duro Marte, madre ma; pues Turno no puede demorar libremente su muerte. T, Idmn, s mi mensajero y lleva al tirano frigio estas 75 palabras mas que no han de placerle. Llevada en sus ruedas de prpura en cuanto enrojezca en el cielo la Aurora de maana, que no lleve a los teucros contra los rtulos; descansen las armas de rtulos y teucros, decidamos esta guerra con nuestra sangre y conquiste a su esposa Lavinia en aquel llano. 80 Luego que dijo esto y rpido se retir a su tienda, pide sus caballos y goza vindolos relinchar ante l; la propia Orita los entreg como premio a Pilumno y ganaban a la nieve en blancura y en rapidez al viento. Los rodean sus atentos aurigas y con la palma de la mano 85 acarician y palmean sus pechos y les peinan las crines del cuello. l mismo despus rodea sus hombros con la loriga rgida de oro y blanco oricalco y a la vez coloca en su sitio la espada y el escudo y las puntas de su roja cresta, la espada que el mismo dios seor del fuego haba forjado 90 para su padre Dauno metindola al rojo en las aguas estigias. Luego, ase con fuerza la pesada lanza que se alzaba apoyada a una columna en el centro de la sala, despojo del aurunco ctor, y blandindola la hace vibrar al tiempo que grita: Ahora, lanza ma que nunca has defraudado 95 mis ruegos, ahora es el momento; antes el grandsimo ctor y ahora te lleva de Turno la diestra; concdeme abatir su cuerpo y arrancar y destrozar con fuerte mano la loriga del frigio afeminado y manchar en el polvo sus cabellos rizados con el hierro caliente y empapados de mirra. 100 Con tal furia se agita y de toda la cara le saltan chispas encendidas, brilla el fuego en sus ojos salvajes, como lanza el toro al inicio de la lucha mugidos terribles o trata de llevar la ira a sus cuernos sacudiendo el tronco de un rbol y a los vientos desafa 105 con sus embestidas o se prepara para pelear barriendo la arena. Entretanto no menos terrible con las armas de su madre aguza Eneas su Marte y se inflama de ira, satisfecho de dirimir la guerra con el pacto propuesto. Conforta entonces a sus compaeros y el miedo del afligido Julo 110 hacindoles ver el destino, y ordena llevar respuesta cierta al rey Latino y que los mensajeros le presenten condiciones de paz. Naci el da siguiente y apenas regaba con su luz las cumbres de los montes, cuando primero se alzan del profundo abismo los caballos del Sol y luz respiran por las narices abiertas. 115 Bajo las murallas de la gran ciudad midiendo el campo para el duelo los rtulos y los hombres de Troya disponan hogares en el centro, y para los dioses comunes altares de hierba. Otros portaban agua y fuego cubiertos con la falda de franjas de prpura y ceidas las sienes de verbena. 120 Avanza la legin de los ausnidas y a puertas llenas se derraman los escuadrones armados. Acude luego todo el ejrcito troyano y el tirreno con armas diversas, cubiertos de hierro no de otro modo que si les convocase la fiera cita de Marte. Y entre tantos miles dan vueltas 125 los propios caudillos, soberbios de prpura y oro: Mnesteo del linaje de Asraco y el fuerte Asilas y Mesapo domador de caballos, prole de Neptuno. Y cuando, al darse la seal, cada cual ocup su sitio, clavan en tierra las lanzas y apoyan los escudos. 130 Entonces acudieron con ansia las madres y el pueblo inerme y los ancianos sin fuerzas ocuparon las torres y las azoteas de las casas; otros se colocan en lo alto de las puertas. Mas Juno (ay!) desde lo alto de un monte (que hoy Albano se llama: no tena entonces ni nombre, ni culto, ni fama) 135 vigilaba observando la llanura y ambas lneas de laurentes y troyanos y la ciudad de Latino. Al punto as habl a la hermana de Turno, una diosa a otra diosa, que preside los pantanos y los ros sonoros (a ella Jpiter, el alto rey del ter, 140 le concedi este honor al arrancarle la virginidad): Ninfa, gloria de los ros, gratsima a nuestro corazn, sabes cmo a ti sola entre todas las latinas cuantas subieron al ingrato lecho del generoso Jpiter te he preferido y te he dado con gusto un lugar en el cielo. 145 Aprende, Yuturna, y no me acuses, tu propio dolor. Hasta donde Fortuna pareca consentir y las Parcas dejaban que las cosas fueran bien para el Lacio, he protegido a Turno y tus murallas. Ahora veo que el joven se enfrenta a hados desiguales y se acerca el da de las Parcas y la fuerza enemiga. 150 No puedo contemplar este duelo con mis ojos, ni el pacto. T, si te atreves a algo ms eficaz por tu hermano, adelante, puedes hacerlo. Quiz das mejores aguardan a los desgraciados. Apenas acab cuando Yuturna se deshizo en lgrimas y tres y cuatro veces golpe su hermoso pecho con la mano. 155 No es hora sta de lgrimas -dice Juno Saturnia-. Date prisa y, si hay algn medio, salva a tu hermano de la muerte; o provoca t misma la guerra y rompe el pacto conseguido. Inspiro yo tu atrevimiento. Exhortndola as la deja indecisa y con el nimo turbado por triste herida. 160 Llegan entretanto los reyes y Latino sobre su carro de cuatro caballos impresionante (le cien las sienes brillantes doce rayos de oro, emblema del Sol, su abuelo), va Turno sobre su biga blanca, agitando con la mano dos astiles de ancho hierro. 165 Luego el padre Eneas, origen de la estirpe romana, ardiente con su escudo de estrellas y sus armas celestes y Ascanio a su lado, segunda esperanza de la gran Roma, salen del campamento, y el sacerdote vestido de blanco puro llev una cra de la erizada cerda y una oveja 170 intonsa y acerc los animales a los altares encendidos. Aqullos, con los ojos vueltos hacia el sol naciente, ofrecen harina salada con las manos y marcan con el hierro las sienes de los animales, y liban con las pteras los altares. Entonces Eneas piadoso reza de este modo con la espada enhiesta: 175 S ahora, Sol, mi testigo en esta invocacin junto con la tierra por la que soportar he podido tantas fatigas, y el padre todopoderoso y t, su Saturnia esposa (ms favorable ya por fin, te suplico), y t, nclito Marte, que toda guerra pliegas, padre, a tu voluntad; 180 a las fuentes y a los ros invoco y a todas las divinidades del alto ter y a todos los poderes divinos del mar cerleo: si acaso la victoria cae del lado del ausonio Turno, acordado queda que los vencidos se retiren a la ciudad de Evandro, Julo dejar los campos y nunca ms empuarn sus armas, 185 rebeldes, los Enadas ni desafiarn a estos reinos con la espada. Si, por el contrario, sonre la Victoria a nuestro Marte (como creo mejor y mejor con su numen lo confirmen los dioses), no har yo que los talos obedezcan a los teucros ni pido el reino para m: ambos pueblos, invictos, 190 se pongan bajo leyes iguales en eterno pacto. Ritos y dioses les dar; tenga sus armas Latino, mi suegro, y su dominio soberano mi suegro: para m levantarn los teucros murallas y Lavinia dar su nombre a la ciudad. As Eneas el primero, as le sigue despus Latino 195 mirando hacia el cielo y tiende su diestra a las estrellas: Yo por lo mismo juro, Eneas, por la tierra, el mar, las estrellas y la doble estirpe de Latona y Jano bifronte, y el poder de los dioses infernales y los sagrarios del severo Dite; escuche esto el padre que con su rayo sanciona los pactos. 200 Toco los altares y llamo entre vosotros por testigos a fuegos y dioses: ningn da habr de romper a los talos esta paz y este pacto, salgan como salgan las cosas; ni a m, que as lo quiero, me mover fuerza alguna, no, aunque por medio de un diluvio pueda confundir la tierra con las aguas y hacer que caiga el cielo hasta el Trtaro, 205 igual que este cetro (pues por caso llevaba el cetro en la diestra) nunca echar ramas de leve fronda ni sombras, puesto que fue arrancado un da en las selvas desde la raz y carece de madre y perdi por el hierro su cabello y sus brazos; rbol un tiempo, hoy la mano del orfebre lo encerr entre adornos 210 de bronce y lo entreg a los padres latinos para que lo llevasen. Con tales palabras confirmaban entre ellos su pacto ante la general contemplacin de los prceres. Luego, segn el rito consagradas degellan ante el fuego las vctimas y vivas les arrancan las vsceras, y colman los altares de fuentes rebosantes. 215 Pero a los rtulos ese duelo desigual les pareca ya y sentimientos diversos se mezclaban en sus pechos, y ms an cuando les ven llegar no iguales en fuerzas. A ello contribuye el caminar con paso callado de Turno venerando suplicante el altar con los ojos bajos, 220 as como sus juveniles mejillas yla palidez del cuerpo del joven. En cuanto su hermana Yuturna vio que se extendan los murmullos y que cambiaba el lbil parecer del pueblo. entre los soldados simulando el aspecto de Camerte, que desde los antepasados tena una estirpe gloriosa y era famoso 225 el renombre del valor de su padre, valerossimo l tambin con las armas, se mete entre los soldados, sabedora de las condiciones, y siembra rumores diversos, y dice de este modo: No os da vergenza, rtulos, ofrecer una sola vida a cambio de tantas tan valiosas? Es que no somos iguales 230 en nmero o fuerzas? Vaya, no son ms que arcadios y troyanos y el escuadrn del destino, la Etruria hostil a Turno: apenas tenemos enemigos, si combatimos uno a uno. l en verdad seguir a los dioses, ante cuys altares se ofrece, en fama, y vivo andar de boca en boca; 235 nosotros perderemos la patria y a obedecer a amos orgullosos nos veremos obligados, ya que ahora nos sentamos tranquilos por los campos. Se encendi la opinin de los jvenes con tales palabras ms y ms an y serpea la agitacin entre los soldados; los mismos laurentes cambiaron y los mismos latinos. 240 Quienes ya ansiaban el descanso en el combate y de la patria la salvacin quieren ahora armas, y piden que se rompa el pacto y lamentan la inicua suerte de Turno. Otra cosa an mayor aade a esto Yuturna, y enva del alto cielo una seal, la ms eficaz en turbar 245 el corazn de los talos y en engaarles con su visin. Pues surcando el rojo cielo, el guila leonada de Jove persegua a las aves de la ribera y a la ruidosa turba del algero ejrcito, cuando, de pronto, cae hasta las olas y se lleva feroz en sus garras un bellsimo cisne. 250 Concentraron su atencin los talos, y todos los pjaros abandonan entre graznidos su huida (asombrosa visin) y oscurecen el ter con sus alas y acosan por las auras a su enemigo formando una nube, hasta que se rindi vencida por la fuerza y el peso de la carga y dej escapar el guila la presa 255 de sus garras al ro y a lo lejos se perdi entre las nubes. Saludan entonces los rtulos con gritos el augurio y aprestan sus brazos y el primero el augur Tolumnio dice: Esto era, esto, lo que yo tantas veces he pedido. Siento y reconozco a los dioses; bajo mi gua, desgraciados, 260 corred alas armas, que un extranjero feroz con la guerra os espanta como a dbiles aves, y por la fuerza arrasa vuestras costas. Escapar l tambin y llevar sus velas bien lejos. Vosotros, cerrad filas como un solo hombre y defended peleando al rey que se os ha arrebatado. 265 Dijo, y abalanzndose dispar su dardo contra los enemigos que tena enfrente; lanza el cornejo su estridente silbido y corta certero el aire. Al punto sigue a esto un gran clamor, y todas las filas se agitaron y se inflamaron los corazones con el tumulto. Enfrente justo se encontraban los bellsimos cuerpos 270 de nueve hermanos, tantos cuantos leal esposa tirrena diera, ella sola, al arcadio Galipo. Vuela la lanza y atraviesa a uno de ellos por donde se pega al vientre el cosido cinturn y muerde la fbula las correas del costado, al joven de hermosa figura y relucientes armas 275 le traspasa las costillas y lo tumba en la rubia arena. Y sus hermanos, falange ya animosa ahora de dolor inflamada, empuan unos las espadas y otros el hierro volador arrebatan y ciegos se lanzan. Acuden a su encuentro las tropas de laurentes y en seguida se desbordan apretados 280 los troyanos y los agilinos y los arcadios de pintadas armas; as, igual ansia se apodera de todos por decidir con el hierro. Saquearon los altares, vuela por todo el cielo agitada tempestad de dardos y estalla una tormenta de hierro, retiran las crateras y los fuegos. Huye el propio Latino 285 llevndose de nuevo los dioses ofendidos por la ruptura del pacto. Preparan otros los carros o ponen sus cuerpos de un salto sobre los caballos y aparecen con las espadas enhiestas. Mesapo, ansioso por desbaratar el pacto, al rey tirreno Aulestes, que portaba su insignia de rey, 290 aterra enfrentndosele a caballo; cae ste al retirarse y rueda, desgraciado, de cabeza y hombros con las aras que tena a la espalda. Mas enardecido vuela hasta l con su lanza Mesapo y con ella, como una viga, lo hiere gravemente desde lo alto del caballo, aunque mucho suplicaba, y as dice: 295 Ya lo tiene! Es sta la mejor vctima ofrecida a los grandes dioses. Acuden los talos y despojan los miembros calientes. Al ataque, arranca Corineo del ara un tizn quemado y a Ebiso que corra preparando su golpe le llena la cara de llamas: prendi su barba enorme 300 y oli al arder. Le sigue an aqul y agarra con la izquierda la cabellera del turbado enemigo y le hace morder el polvo ponindole encuna la rodilla; de esta guisa hiere con la rgida espada el costado. Podalirio a Also, un pastor que irrumpa en primera fila entre los dardos, 305 persiguindole le da alcance con la espada desnuda. Mas l, blandiendo la segur, abre por la mitad la frente y el mentn del adversario y riega en gran extensin las armas con la sangre esparcida. Un duro descanso cay sobre sus ojos y un sueo de hierro, se oculta su luz para una noche eterna. 310 El piadoso Eneas, por su parte, tenda su diestra inerme con la cabeza descubierta y llamaba a gritos a los suyos: A dnde corris? De dnde nace esta repentina discordia? Reprimid, ay, vuestra ira! Acordado est ya el pacto y fijadas todas sus leyes. Mo slo es el derecho a combatir, 315 dejadme y alejad el miedo. Yo firmar pactos firmes con mi mano; estas vctimas me deben ya a Turno. En medio de estas palabras, entre razones tales, he aqu que hasta el hroe se escap una flecha de alas estridentes sin que se sepa qu mano la lanz, con qu impulso vol, 320 quin brind a los rtulos, si un dios o el azar, gloria tan grande; en secreto qued la fama de la hazaa y nadie se jact de la herida de Eneas. Turno, al ver que Eneas se retiraba de la formacin y a sus jefes turbados, arde inflamado por sbita esperanza; 325 reclama sus caballos y a la vez las armas, y sube orgulloso de un salto al carro y sacude con las manos las riendas. Pensando en muchas cosas entrega a la muerte a valientes guerreros. Arrolla a muchos, medio muertos: o devora las filas con su carro o arroja a los que huyen lanzas robadas. 330 Cual sanguinario Marte cuando junto a las aguas del glido Hebro, agitado, golpea su escudo y los salvajes caballos lanza al galope, a guerra tocando, y ellos a campo abierto vuelan ms que los Notos y el Cfiro, gimen los confines de Tracia bajo el golpe de sus cascos y alrededor se agitan 335 los fantasmas del negro Terror, de la Ira y la Insidia, squito del dios: as azuza Turno, impetuoso, en medio del combate sus caballos humeantes de sudor, saltando sobre los enemigos muertos sin piedad; el rpido casco salpica rocos de sangre y pisa una arena ensangrentada. 340 Y entreg ya a la muerte a Estnelo y a Tmiro y a Folo, a ste de cerca y a ste, al otro de lejos; de lejos a ambos Imbrsidas, a Glauco y a Lades, a los que mbraso mismo haba criado en Licia y haba adornado con armas iguales para llegar a las manos o para ganar a caballo a los vientos. 345 En parte distinta se mete en el centro del combate Eumedes, prole preclara en la guerra del antiguo Doln que llevaba al abuelo en el nombre y al padre en el arrojo y las manos; ste un da como llegara a espiar al campamento de los dnaos, os reclamar para s en recompensa el carro del Pelida, 350 y le pag el Tidida con premio bien distinto por tal hazaa y no aspira ya a los caballos de Aquiles. Cuando Turno lo divis a lo lejos en campo abierto, persiguindole antes con la lanza ligera largo trecho, detiene su pareja de caballos y salta del carro y se lanza 355 sobre l, cado ya sin aliento, y pisndole el cuello con el pie le arranca la espada de la diestra y le clava su brillo hasta el fondo en la garganta y aade adems: Aqu tienes, troyano, los campos y la Hesperia que buscaste con la guerra! Mdelos con tu cuerpo! Estos premios reciben 360 quienes osan probarme con la espada. As levantan sus murallas. Con la punta de su lanza hace que le acompae Asbistes, y Clreo y Sbaris y Dares y Tersloco y, resbalando del lomo de su caballo montaraz, Timetes. Y como el aliento del Breas edonio cuando silba 365 en lo profundo del Egeo y persigue a las olas hasta la playa; por donde cayeron los vientos se escapan las nubes al cielo: as ante Turno, all donde se abre camino, ceden los escuadrones, corren revueltas las filas; su propio mpetu lo lleva y al correr del carro agita la brisa su penacho volador. 370 No aguant Fegeo sus amenazas ni el rugir de su nimo y se lanz contra el carro y torci con la diestra los hocicos espumantes por los frenos de los caballos lanzados al galope. Mientras lo arrastran y cuelga del yugo, indefenso, lo alcanza una ancha lanza que se clava y desgarra la loriga 375 de doble malla y llega a probar el cuerpo con una herida. l, sin embargo, iba vuelto hacia el enemigo cubierto con su escudo y trata de defenderse sacando la espada cuando una rueda y el eje lanzado a la carrera lo empujaron y lo lanzaron de cabeza al suelo y Turno, alcanzndole 380 entre el final del casco y el borde superior de la coraza, la cabeza le quit con la espada y dej su tronco en la arena. Y mientras, vencedor, tanta muerte causa Turno por los campos, Mnesteo entretanto y el fiel Acates y Ascanio con ellos se llevaron al campamento ensangrentado a Eneas, 385 que cada dos pasos se apoyaba en su larga lanza. Su enfurece y se empea en arrancar el dardo de la caa quebrada y pide como remedio el camino ms rpido, que corten la herida con la hoja de la espada y abran del todo el escondite de la flecha y lo manden de nuevo al combate. Y estaba ya a su lado aquel que Febo amaba ms que a los dems, 390 el Ysida Ypige, a quien un da, cautivo de violento amor, Apolo mismo, satisfecho, sus propias artes y sus atributos le ofreca, el augurio, la ctara y las rpidas flechas. l, para prolongar la vida del padre moribundo, 395 prefiri conocer los poderes de las hierbas y su uso para curar y practicar sin gloria un arte callado. Estaba Eneas de pie gritando amargamente apoyado en enorme lanza, en presencia de muchos jvenes y de Julo afligido, inmvil a las lgrimas. El viejo, ceido, 400 con el manto recogido a la manera peonia, con el poder de su mano y la fuerza de las hierbas de Febo mucho se afana en vano, en vano mueve el dardo con la diestra y agarra el hierro con tenaz pinza. Ninguna Fortuna gobierna su camino, en nada le asiste Apolo 405 su protector y un cruel espanto se hace ms y ms intenso en la llanura y ms se acerca la desgracia. Ya ven que se forma en el cielo una nube de polvo: estn llegando los jinetes y una lluvia de dardos cae en el corazn del campamento. Sube al ter un triste clamor de jvenes combatientes que caen bajo un Marte severo. 410 Venus entonces, conmovida como madre por el indigno dolor de su hijo, recoge el dctamo en el Ida cretense, el tallo de hojas rugosas que en una flor acaba de prpura; no desconocen esta hierba las cabras agrestes cuando se clavan en su lomo las flechas voladoras. 415 Venus, con la figura escondida en una oscura nube, lo trajo y con l tie el agua vertida en un brillante cuenco, curando en secreto, y la riega con los jugos de la salutfera ambrosa y con la pnace olorosa. Fomenta con este brebaje la herida el longevo Ypige, 420 sin saberlo, y de pronto escapa de su cuerpo todo dolor, dej de manar sangre la herida profunda. Y sali al fin la flecha siguiendo sin que nadie la forzase la mano y volvieron de nuevo a su sitio las antiguas fuerzas. Rpido, las armas del hroe. Por qu estis parados? exclama 425 Ypige y enciende el primero los nimos contra el enemigo. No salen estas cosas de humanos recursos ni de un arte magistral, y no es ma, Eneas, la mano que te cura. Alguien mayor lo hace y un dios, de nuevo, te enva a empresas mayores. l, vido de combate, haba encerrado en oro sus piernas por una y otra parte, y detesta el retraso y vibra su lanza. 430 Luego que ajusta el escudo al costado y la loriga a la espalda, abraza a Ascanio rodeado por completo de armas y besndole suavemente a travs del yelmo, le dice: Aprende de m, muchacho, el valor y el esfuerzo verdadero, 435 y de otros la fortuna. Ahora mi diestra te dar proteccin en la guerra y te conducir entre grandes trofeos. T, en cuanto haya madurado tu edad, procura recordarlo y, repitindote en el corazn los ejemplos de los tuyos, te inciten tu padre Eneas y Hctor, tu to. 440 Despus de pronunciar estas palabras, se lanz enorme por la puerta blandiendo en su mano pesada lanza; a la vez en apretadas filas corren Anteo y Mnesteo y toda la turba sale del campamento abandonado. Se cubre entonces el llano de un polvo cegador y tiembla la tierra sacudida por sus pasos. 445 Los vio Turno llegar desde el opuesto terrapln, lo vieron los ausonios y corri por dentro de sus huesos helado temblor; antes que ninguno de los latinos Yuturna escuch y reconoci el alboroto y huy despavorida. Vuela Eneas y arrastra negra columna en campo abierto. 450 Cual la nube cuando, desatada la tormenta, avanza por el mar hacia tierra (los corazones, ay, de los desgraciados campesinos lo presienten de lejos y se estremecen: abatir sus rboles y arrasar sus sembrados, todo arramblar en gran extensin); vuelan por delante y llevan su bramido a la playa los vientos. 455 Tal conduce su ejrcito el caudillo reteo contra el enemigo y todos se agrupan en apretadas cuas. Hiere Timbreo con la espada al grande Osiris, Mnesteo mata a Arcetio y a Epuln Acates y a Ufente Gas; cae tambin Tolumnio el augur, 460 el primero que lanzara su dardo contra los enemigos. lzase el clamor hasta el cielo y a su vez rechazados por los campos los rtulos dan la espalda en polvorienta fuga, y Eneas no se digna en abatir de muerte a los que huyen ni a quienes le hacen frente a pie firme ataca ni a los que lanzan 465 sus dardos: dando vueltas por la densa calgine busca slo a Turno, slo a l le exige el duelo. Agitada por esta inquietud en su corazn, la virago Yuturna a Metisco, el auriga de Turno, en medio de sus riendas, lo lanza fuera, y apartado del timn lo deja lejos; 470 se pone ella misma y lleva en sus manos las ondulantes correas todo simulando, la voz, el cuerpo y las armas de Metisco. Como cuando por las grandes salas de un rico seor vuela y con sus alas recorre los patios profundos la negra golondrina, capturando pequeas presas y alimento para los grrulos nidos, 475 y ya por los prticos vacos, ya alrededor de los estanques hmedos suena: as Yuturna entre los enemigos avanza con sus caballos y a todo se enfrenta volando en el rpido carro y aqu y all deja ver a su hermano en triunfo sin permitirle combatir, y vuela lejos sin rumbo definido. 480 Eneas, no menos, recorre en su persecucin las torcidas vueltas y persigue al hroe y entre las formaciones deshechas con gran voz le llama. Cuantas veces ech la vista al enemigo e intent a la carrera la fuga de los alados caballos, tantas veces Yuturna dio la vuelta y cambi la direccin del carro. 485 Ay! Qu puede hacer? En vano flucta en olas cambiantes y diversos afanes su atencin reclaman a partes distintas. Y as Mesapo, veloz en la carrera, que en la izquierda llevaba por caso dos pesadas lanzas de punta de hierro, blandiendo una de ellas se la arroj con golpe certero. 490 Se detuvo Eneas, y, ponindose de rodillas, se protegi con sus armas; mas la lanza veloz an le arranc la punta del yelmo y lo dej sin los penachos ms altos. Crecen entonces las iras y, empujado por las trampas cuando advirti que se alejaban los caballos y se llevaban el carro, 495 invocando profundamente a Jpiter y las aras del pacto violado, se lanza ya por fin al centro y con Marte propicio provoca terrible espantosa matanza sin distincin alguna y libera todas las riendas de su enojo. Qu dios podr ahora explicarme con versos tanta desgracia? 500 Quin las diversas matanzas y la muerte de los jefes a quienes por uno y otro lado en toda la llanura persigue ya Turno, ya el hroe troyano? Te plugo que se enfrentaran con tan gran tumulto, Jpiter, pueblos que deban vivir bajo una paz eterna? Eneas al rtulo Sucrn (primer encuentro que detuvo 505 en su lugar a los teucros que huan) sin gran resistencia lo ataca de costado, y, por donde ms veloces son los hados, la espada cruel le traspas las costillas y la reja del pecho. Turno a Amico, cado del caballo, y a su hermano Diores, hacindoles frente a pie, a uno segn vena con la larga punta 510 y al otro con la espada les hiere, y cuelga del carro las dos cabezas cortadas y las lleva chorreando sangre. Eneas enva a la muerte Talos y Tanais y al fuerte Cetego los tres en un solo encuentro, y al triste Onites, nombre equionio, del linaje de su madre Perida. 515 El otro a los hermanos llegados de Licia y de los campos de Apolo y a Menetes, el joven que en vano odi las guerras, arcadio, que tena su trabajo junto a las aguas de Lerna rica en peces y su humilde morada sin conocer los deberes de los poderosos, y sembraba su padre una tierra arrendada. 520 Y como fuegos encendidos por partes diversas en una selva rida o en crepitantes ramas de laurel, o cuando en rpida carrera de lo alto de los montes caen resonando espmeos torrentes y corren al mar y arrasa cada uno su camino: as de impetuosos 525 ambos, Turno y Eneas, se lanzan al combate; ya, ya arde la ira por dentro y estallan los pechos que no conocen la derrota, ya se busca la herida con todas las fuerzas. ste a Murrano, orgulloso de sus mayores y de los nombres antiguos de sus abuelos y de su estirpe, que toda bajaba de los reyes latinos, 530 lo lanza de cabeza con una piedra y el torbellino de una enorme roca y lo tumba en el suelo; lo arrollaron las ruedas entre los yugos y las correas, y con repetida pisada le golpea encima el casco veloz de los caballos, olvidados de su dueo. El otro sale al encuentro de Hilo que se le echaba encima 535 gritando a grandes voces y apunta su tiro a las sienes doradas; la lanza se le qued clavada en el cerebro a travs del casco. Y a ti tampoco, Crteo, el ms valiente de los griegos, tu diestra te libr de Turno, ni protegieron sus dioses a Cupenco de la llegada de Eneas; coloc su pecho en el camino 540 de hierro y de nada le vali al pobre su escudo de bronce. A ti tambin, olo, te vieron las llanuras laurentes sucumbir y cubrir mucho suelo con tu espalda. Caes, y no pudieron las falanges argivas tumbarte ni el que acab con los reinos de Pramo, Aquiles; 545 aqu estaba la meta de tu muerte: tu alta casa al pie del Ida, de Lirneso tu alta casa, en el suelo laurente tu sepulcro. Todas las lneas se enfrentaron ya y todos los latinos, todos los Dardnidas, Mnesteo y el fiero Seresto y Mesapo domador de caballos y el fuerte Asilas 550 y la falange de los etruscos y los escuadrones arcadios de Evandro; se empean por s cada uno los soldados en el supremo esfuerzo, sin dilacin ni reposo contienden en vasto combate. En este punto su bellsima madre inspir a Eneas el pensamiento de ir hacia los muros y dirigir a la ciudad su ejrcito 555 con rapidez y golpear a los latinos con repentina derrota. l segn va siguiendo a Turno entre tropas diversas aqu y all dando vueltas al campo, ve la ciudad inmune ante guerra tan grande e impunemente tranquila. Al momento le encendi la imagen de una guerra mayor: 560 llama a Mnesteo y a Sergesto y al fiero Seresto, sus jefes, y toma un altozano a donde acude el resto de la legin de los teucros, codo con codo, sin deponer las armas ni los escudos. De pie en el centro, en lo alto del montculo habla: No haya retraso alguno tras mis palabras, Jpiter est de nuestro lado: 565 as que nadie me vaya ms lento por lo repentino de la accin. Hoy la ciudad causa de la guerra, corazn del reino de Latino, a menos que acepten recibir el yugo y someterse vencidos, la voy a destruir y pondr a ras de suelo sus tejados humeantes. Acaso he de esperar que le venga bien a Turno 570 batirse conmigo y quiera, aun vencido, atacar de nuevo? sta es la cabeza, ciudadanos, ste el eje de una guerra nefanda. A las antorchas, rpido. Vamos a vindicar el pacto con fuego. Haba dicho, y todos con igual nimo por combatir forman una cua y como densa mole se dirigen a los muros; 575 aparecieron de pronto las escalas y repentinamente el fuego. Corren unos a las puertas y matan a los primeros, otros disparan sus armas y oscurecen el cielo de flechas. Eneas tambin, entre los primeros, al pie de los muros tiende su diestra y acusa a grandes voces a Latino 580 y reclama el testimonio de los dioses de verse de nuevo forzado a combatir, dos veces ya los talos enemigos, segunda vez que rompen el pacto. Nace la discordia entre los atribulados ciudadanos; abrir la ciudad ordenan unos y ofrecer las puertas abiertas a los Dardnidas y hay quien trae al propio rey hasta los muros. 585 Otros empuan las armas y prosiguen la defensa de la muralla, encerrados como cuando a las abejas azuz el pastor en la toba llena de escondrijos y la llen de humo insoportable; ellas dentro, nerviosas por su suerte, por su campamento de cera discurren y encienden su encono con gran estruendo; 590 se agita el negro olor por el lugar y resuenan entonces las piedras por dentro en ciego murmullo, escapa el humo al aire libre. Acaeci, adems, a los latinos exhaustos esta desgracia, que sacudi con el duelo desde su base a la ciudad entera. La reina cuando vio al enemigo llegando a las casas, 595 que escalaban los muros, que el fuego volaba a los tejados sin que tropa alguna de los rtulos les saliera al paso, ni de Turno, pens la infeliz que el joven, en algn avatar del combate, haba sucumbido y turbada de pronto su mente por el dolor grita que ella es la causa, la culpa y el origen de estos males, 600 y tras decir muchas locuras, fuera de s de pena, resuelta a morir con su mano rasga el manto purpreo y ata en una alta viga el nudo de una muerte infame. Luego que las desgraciadas latinas se enteraron de este desastre, se ensa la primera la hija Lavinia con sus cabellos de oro 605 y sus mejillas de oro y enloqueci en su torno todo el resto del grupo, resuenan los alaridos por toda la casa. De aqu se extiende por toda la ciudad funesta la noticia; se abaten los nimos, va Latino con las vestiduras rasgadas, atnito ante el sino de su esposa y la ruina de su ciudad, 610 manchando de sucio polvo sus canas desatadas. 611 Alejado entretanto en el campo de batalla el belicoso Turno 614 persigue, ya menos confiado, a unos cuantos dispersos, 615 menos contento cada vez del trotar de sus caballos. La brisa le llev todos estos gritos confundidos con ciegos terrores y lleg hasta sus tensos odos el sonido de una ciudad convulsionada y el siniestro murmullo. Ay de m! Qu duelo tan grande sacude las murallas? 620 Por qu esos gritos de todos los rincones de la ciudad? As dice y se detiene, fuera de s, tirando de las riendas. Y su hermana, segn iba transformada en el auriga Metisco y gobernaba parro, caballos y riendas, se le dirige con estas palabras: Sigamos por aqu, Turno, 625 a los de Troya, por donde ya se nos abren las puertas de la victoria; otros hay que pueden defender con su brazo las casas. Eneas ataca a los talos y traba combates, inflijamos tambin nosotros con mano cruel muertes a los teucros. Ni saldrs del combate con menos vctimas ni con menos gloria. 630 Turno a eso: Ay, hermana! Hace tiempo te reconoc, cuando con tus maas costurbaste la primera el pacto y te entregaste a esta guerra, y en vano pretendes ahora no ser una diosa. Mas, quin del Olimpo sacndote quiso que soportaras fatigas tan grandes? 635 Tal vez para que vieras la muerte cruel de tu pobre hermano? Qu me queda, pues, o qu Fortuna puede ya salvarme? He visto ante mis propios ojos llamarme con su voz a Murrano -y nadie para m ms querido que l-, cmo inmenso caa vencido por inmensa herida. 640 Cay el desgraciado Ufente para no ser testigo de nuestro deshonor; son los teucros seores de su cuerpo y armas. He de tolerar que arrasen las casas (lo nico ya que nos faltaba) sin desmentir con mi diestra las palabras de Drances? Volver la espalda y ha de ver esta tierra cmo huye Turno? 645 Hasta ese punto es morir una desgracia? Sedme propicios, Manes mos, que se me han vuelto en contra los dioses del cielo. Alma pura descender hasta vosotros sin conocer esa culpa, jams indigno de la grandeza de mis antepasados. Apenas haba acabado de hablar: he aqu que vuela entre los enemigos 650 Saces sobre espumante caballo herido de frente en la cara por una flecha y cae implorando a Turno por su nombre: Turno, en ti la ltima esperanza, ten piedad de los tuyos. Nos fulmina Eneas con sus armas y con abatir amenaza las fortalezas ms altas de los talos y exterminarlos, 655 y ya vuelan las teas a los tejados. Hacia ti los latinos dirigen sus rostros, hacia ti sus ojos; duda hasta el rey Latino a quin llamar yerno o a qu pacto plegarse. Y adems la reina, quien ms en ti confiaba, con su propia mano se ha dado muerte y ha huido asustada de la luz. 660 Solos ante las puertas Mesapo y el fiero Atinas resisten el asalto. En su torno de uno y otro lado falanges se alzan apretadas y se eriza un campo de espigas de hierro con los filos de punta, y t dando vueltas por la hierba desierta con tu carro. Quedse Turno atnito confundido por la imagen varia 665 de los acontecimientos y se qued, fija la mirada, en silencio; una gran vergenza y la locura que se mezcla con el duelo arden en un solo corazn y un amor sacudido por la furia y un valor consciente. En cuanto se apartaron las sombras y la luz volvi a su cabeza, dirigi a las murallas los crculos ardientes de sus ojos, 670 agitado, y contempl la gran ciudad desde su carro. Y hete aqu que ondeaba en el cielo un remolino de llamas agitndose entre los tablones y envolviendo la torre, esa torre que l mismo haba levantado de compacto armazn, y le haba puesto ruedas por debajo y altos puentes por arriba. 675 Ya hermana, ya me vence mi destino; deja de entretenerme. Marchemos a donde el dios me llama y la Fortuna fiera. Establecido est que me bata con Eneas; lo est, aunque amargo sea, que me conforme con la muerte y no me vers, hermana, por ms tiempo sin gloria. Djame antes, te ruego, desfogar mi furia. 680 Dijo, y rpido dio un salto del carro al campo y entre los enemigos se lanza y los dardos y a su hermana afligida deja y rompe el centro de las lneas con rpida carrera. Y como una roca cuando se precipita de la cima del monte y cae arrancada por el viento o un temporal de lluvia 685 la arrastr o la dej caer el peso de sus aos; avanza por el abismo el terrible monte con gran impulso y salta en el suelo, bosque, ganados y hombres arrastrando consigo: por las filas deshechas as corre Turno hacia los muros de la ciudad donde copiosa la tierra 690 est empapada de la sangre vertida y rechina el aire de flechas, y hace una seal con la mano y dice a la vez a grandes voces: Dejadlo ya, rtulos, y contened vosotros vuestros dardos, latinos. Sea cual sea la fortuna, ma es; ms justo es que yo slo cumpla el pacto por vosotros ylo resuelva con mi espada. 695 Todos se apartaron y le hicieron un sitio en el centro. Mas el padre Eneas, al escuchar el nombre de Turno, deja los muros y las altas fortalezas deja y acaba con toda demora, interrumpe todos sus planes exultante de alegra y espantosas hace sonar sus armas: 700 como el Atos, o el rice, o con sus crujientes encinas cuando brama el propio padre Apenino o se goza alzndose hasta el cielo con su cumbre nevada. Y ya entonces los rtulos a porfa y los troyanos y todos los talos haban vuelto sus ojos, quienes estaban en lo alto 705 de la muralla y quienes con el ariete atacaban la base de los muros, y soltaron las armas de sus hombros. Asombrado contempla Latino cmo dos grandes hombres, nacidos en partes bien distintas del orbe, haban llegado a enfrentarse y deciden su suerte con la espada. Y ellos, cuando qued libre el campo con sitio suficiente, 710 tras lanzarse de lejos en rpido asalto las lanzas, comienzan el duelo con los escudos y el bronce sonoro. Se escapa de la tierra un gemido; entonces con repetidos golpes de espada se atacan, el azar y el valor se confunden en uno. Y como en el gran Sila o en las cumbres del Taburno 715 cuando dos toros en spero combate con la testuz gacha se atacan, se apartaron asustados los pastores, asiste el rebao todo mudo de miedo, y dudan las novillas quin ser el amo del bosque, a quin ha de seguir entera la manada; ellos cambian golpes con gran violencia 720 y enredan topndose los cuernos y con ros de sangre lavan sus cuellos y lomos, muge gimiendo todo el bosque. No de otro modo el troyano Eneas y el hroe Daunio chocan con sus escudos; un intenso fragor llena el aire. El mismo Jpiter sostiene los dos platillos de la balanza 725 en equilibrio y coloca encima el sino distinto de ambos, a quin condena el duelo, hacia dnde se inclina el peso de la muerte. Salta aqu Turno creyndose a salvo, y se alza con todo su cuerpo levantando en alto la espada y golpea: gritan los troyanos y los temblorosos latinos, 730 y atentas estn las dos filas. Pero la prfida espada se quiebra y abandona al ardiente en mitad del golpe, si no acude en su ayuda la huida. Huye ms veloz que el Euro en cuanto vio la empuadura desconocida y su diestra inerme. Es fama que, cuando montaba en los caballos uncidos 735 para el inicio del combate, haba nervioso cogido la espada de su auriga Metisco, dejndole la de su padre; y sa, mientras los teucros huan en desbandada, fue largo rato suficiente. Cuando hubo de enfrentarse a las divinas armas de Vulcano, la mortal lama se disolvi con el golpe como hielo 740 quebradizo, brillan sus pedazos en la rubia arena. As que enloquecido escapa Turno por partes diversas del llano, y ahora aqu y luego all trenza crculos inciertos; pues le encerraron por doquier los teucros en densa corona y por un lado vasta laguna le rodea y por otro las escarpadas murallas. 745 Y no menos Eneas, aunque a veces le estorban las rodillas que la flecha entorpeci y le impiden correr, le persigue y enardecido acosa con su pie el pie del fugitivo: como a veces el perro de caza tras atrapar a un ciervo encerrado por el ro y cercado por el miedo 750 a las rojas plumas, lo acosa con su carrera y sus ladridos, y el otro por su parte, asustado por las trampas y la profunda ribera, huye y huye otra vez por mil caminos, mas el umbro fogoso se le pega con la boca abierta y casi ya lo tiene y como si as fuera apret las mandbulas y le enga el mordisco inane; 755 se levanta entonces un clamor y las riberas y la laguna alrededor responden y truena todo el cielo con el tumulto. Turno huye a la vez y a la vez increpa a los rtulos todos por su nombre llamando a cada cual y reclama la espada que bien conoca. Eneas al contrario amenaza con la muerte y un final 760 inmediato a quien le asista y espanta a los temblorosos jurando que arrasar su ciudad, y, aun herido, sigue adelante. Cinco vueltas completan corriendo y otras tantas repiten de ac para all, y no estn en juego premios pequeos o de competicin, sino que pelean por la vida y la sangre de Turno. 765 Un acebuche de amargas hojas consagrado a Fauno all se haba alzado, venerable leo un da para los marineros donde solan, salvados de las aguas, colgar sus ofrendas al dios laurente y dejar el exvoto de sus vestiduras; pero los teucros sin atencin alguna el tronco sagrado 770 haban arrancado para poder atacar con campo libre. En ella estaba la lanza de Eneas, ah su impulso la haba dejado clavada y en terco abrazo la retena. Se apoy y quiso arrancar el asta con su mano el Dardnida y perseguir con su disparo a quien corriendo 770 no poda alcanzar. Y entonces Turno, loco de miedo: Fauno, te suplico. Ten piedad -dice- y sujeta t el hierro, ptima Tierra, si siempre cumpl con vuestros honores, los que, por el contrario, han profanado con la guerra los Enadas. Dijo, yla ayuda del dios invoc con votos no vanos. 780 Pues mucho lo intent y se entretuvo en el tronco tenaz sin poder abrir con fuerza alguna Eneas el mordisco de la madera. Mientras se empea fiero e insiste, de nuevo convertida en la figura del auriga Metisco corre la diosa Daunia y entrega la espada a su hermano. 785 Venus, indignada por esta licencia de la Ninfa audaz, intervino y arranc el arma de la raz profunda. Ya los dos enardecidos con sus armas y con el nimo repuesto, uno fiado en su espada, el otro fiero y erguido con su lanza, se ponen frente a frente anhelando los encuentros de Marte. 790 Entretanto a Juno el rey del todopoderoso Olimpo, como de una rubia nube segua el combate, le dice: Cul ser ya el final, esposa ma? Qu es lo que queda ya? Sabes bien, y as lo reconoces, que al cielo se debe Eneas como dios tutelar de la patria, y que a las estrellas lo han de alzar los hados. 795 Qu ests tramando o con qu esperanza te agarras a las nubes heladas? Fue justo mancillar a un dios con herida mortal? Y la espada (pues qu podra Yuturna sin ti), entregrsela a Turno y acrecentar la fuerza del vencido? Djalo ya por fin y pligate a mis ruegos, 800 que no te devore en silencio un dolor tan grande ni me lleguen de tu dulce boca con tanta frecuencia amargos reproches. Hemos llegado al final. Has podido sacudir a los troyanos por tierra y por mar, encender una guerra nefanda, destrozar una casa y cubrir de luto un himeneo: 805 que vayas ms all, te lo prohibo. As comenz Jpiter; as le contest la diosa Saturnia con la mirada baja: Porque saba bien que era sa tu voluntad, gran Jpiter, he abandonado muy a mi pesar a Turno y sus tierras; y no me veras t ahora, sola en mi sede del aire 810 aguantando lo que debo y lo que no: estara junto a las filas revestida de llamas y arrastrara a los teucros a acerbos combates. Persuad (lo confieso) de que ayudase a su pobre hermano a Yuturna y vi bien que por su vida intentase empresas mayores, aunque no, sin embargo, que el arco tensara y las flechas; 815 lo juro por las fuentes implacables del ro estigio, el solo temor religioso que se asign a los dioses del cielo. Y ahora me aparto en verdad y abandono los odiados combates. Slo esto, que no est fijado por ley alguna del destino, te pido por el Lacio, por la grandeza de los tuyos: 820 puesto que ya preparan la paz con felices (as sea) matrimonios, puesto que ya firman leyes y pactos, no permitas que cambien los naturales del Lacio su antiguo nombre o se hagan troyanos y se les llame teucros, o que cambien su lengua esos hombres o alteren de vestir su forma. 825 Que sea el Lacio, que por los siglos sean los reyes albanos, sea por el valor de los talos poderosa la estirpe romana. Sucumbi, y deja que as sea, Troya junto con su nombre. Sonrindole, el autor de los hombres y de las cosas: Eres la hermana de Jove y el segundo vstago de Saturno. 830 Agitas en tu pecho olas tan grandes de enojo... Pero, ea, deja ese furor que en vano concebiste: te concedo lo que quieres y me rindo, vencido y satisfecho. Conservarn los ausonios su lengua y las costumbres de su patria y como es ser su nombre; mezclados slo de sangre, 835 los teucros se les agregarn. Costumbres y ritos sagrados les dar y a todos har latinos con una sola lengua. La estirpe que de aqu nacer, mezclada con la sangre ausonia, vers que supera en piedad a los hombres y a los dioses, y ningn pueblo te rendir culto como ellos. 840 Asinti a esto Juno y, satisfecha, cambi sus deseos; en ese momento abandona el cielo y deja la nube. Hecho esto, da vueltas el padre en su interior a otra cosa, y se dispone a apartar a Yuturna de las armas de su hermano. Hay dos pestes gemelas, llamadas Furias; 845 a ellas y a la tartrea Megera las tuvo la noche oscura en uno y el mismo parto, y las ci de iguales anillos de serpientes y las dot del viento de sus alas. stas se muestran junto al trono de Jpiter y en el umbral del rey implacable y aguijan el terror de los sufridos mortales 850 si alguna vez el rey de los dioses dispone la horrfica muerte y las enfermedades, o estremece con la guerra a las ciudades culpables. A una de ellas la envi rpida de las cumbres del cielo Jpiter y le orden servir de presagio a Yuturna. Vuela aqulla y en rpido torbellino se dirige a la tierra. 855 No de otro modo la flecha que la cuerda lanza a travs de las nubes cuando, armada de la hiel del cruel veneno, el parto, el parto o el cidonio, la dispar dardo incurable, y silbando atraviesa sin que nadie la vea las rpidas sombras: as se lanz la hija de la Noche y se encamin a las tierras. 860 Cuando divisa los ejrcitos de Ilin y las tropas de Turno, tomando de pronto la figura de la pequea ave que a veces en las tumbas o en los tejados desiertos posada canta hasta tarde en la noche, lgubre entre las sombras; con tal figura se presenta la peste ante los ojos 865 de Turno y revuela gimiendo y golpea el escudo con sus alas. Una extraa torpeza afloj sus miembros de miedo, y de horror se le eriz el cabello y clavada se qued la voz en su garganta. pero de lejos cuando el estridor reconoci y las alas de la Furia, se mesa la infeliz Yuturna los sueltos cabellos, 870 se hiere la hermana el rostro con las uas y el pecho con los puos: Cmo puede ahora, Turno, ayudarte tu hermana? Qu me queda, pobre de m? Con qu artimaas podra prolongarte la vida? Es que puedo enfrentarme a un monstruo tal? Ya, ya abandono las filas. No me espantis, que ya estoy asustada, 875 pjaros horribles: reconozco el azote de vuestras alas y el sonido letal, y no se me ocultan las rdenes altivas del magnnimo Jove. As me paga por mi virginidad? Para qu me dio una vida eterna? Por qu de la muerte me quit la condicin? Podra acabar con penas tan grandes 880 ahora mismo, y acompaar a mi pobre hermano entre las sombras! Yo, inmortal? Podra haber algo dulce para m sin ti, hermano mo? Ay! Qu profundo abismo lo suficiente se me abrir para llevar a una diosa junto a los Manes profundos? Slo esto dijo y se tap la cabeza con su manto glauco 885 entre muchos gemidos, y se ocult la diosa en el fondo del ro. Eneas sigue atacando y hace brillar su lanza grande como un rbol, y as habla con pecho terrible: Qu es lo que ahora te entretiene? Por qu te retrasas, Turno? No a la carrera; debemos pelear de cerca con armas terribles. 890 Convirtete en todo lo que gustes y rene cuanto puedas de valor y de trucos; toca con tus alas, si quieres, los astros altsimos y ocltate encerrado en los abismos de la tierra. El otro, sacudiendo la cabeza: No me asustan tus fogosas palabras, arrogante; los dioses me asustan y Jpiter de enemigo. 895 Y sin ms decir pone sus ojos en una piedra enorme, una antigua y enorme piedra que estaba tirada en el llano, puesta como marca en el campo para evitar querellas por los sembrados. Apenas podran aguantarla sobre la cerviz doce hombres escogidos, musculosos como hoy los produce nuestra tierra; 900 l la alz con mano temblorosa y la blanda contra su enemigo irguindose ms an el hroe y lanzado a la carrera. Mas ni se reconoci al correr ni al avanzar o al tomar la enorme piedra en sus manos y vibrarla; vacilan sus rodillas, un escalofro le cuaj la glida sangre. 905 Y adems la roca lanzada al vaco por el guerrero ni recorri toda su distancia ni cumpli el golpe. Y como en sueos, cuando de noche lnguido reposo nos cierra los ojos; en vano nos parece que queremos emprender ansiosas carreras y en medio del intento sucumbimos 910 extenuados; no puede la lengua, no nos bastan las conocidas fuerzas del cuerpo y no salen voces ni palabras. As a Turno, por donde su valor le lleva a buscar una salida, la diosa cruel le niega el camino. Dan vueltas entonces en su pecho variados sentimientos; contempla a los rtulos y la ciudad 915 y vacila de miedo y le estremece buscar la muerte, ni cmo escapar o con qu fuerza atacar al enemigo ve, ni siquiera su carro ni a su hermana la auriga. Contra sus dudas blande Eneas el dardo fatal, calculando la fortuna con los ojos, y con todo su cuerpo 920 lo dispara de lejos. Nunca tiemblan as las piedras que arroja la mquina mural ni con rayo tan terrible estallan los truenos. Vuela como negro torbellino el asta llevando un cruel final y desgarra los bordes de la coraza y el ltimo cerco del sptuplo escudo; 925 silbando le atraviesa el muslo. Cae golpeado cuan grande es Turno al suelo doblando la rodilla. Se alzan los rtulos en un gemido y resuena todo el monte alrededor y los bosques profundos devuelven el eco. l, desde el suelo suplicante, los ojos y la diestra implorante 930 le tiende, y dice: Lo he merecido en verdad, y no me arrepiento; aprovecha tu suerte. Si el pensamiento de un padre desgraciado puede conmoverte, te ruego (tambin t tuviste a tu padre Anquises), ten piedad de la vejez de Dauno y devulveme a los mos, aunque sea mi cuerpo 935 despojado de la luz. Has ganado y los ausonios me han visto vencido tender las palmas; tuya es Lavinia por esposa, no vayas con tu odio ms all. Se detuvo fiero en sus armas Eneas volviendo los ojos y fren el golpe de su diestra; estas palabras haban empezado a inclinar sus dudas 940 cada vez ms, cuando apareci en lo alto de su hombro el desgraciado tahal y relucieron las correas con los conocidos bullones del muchacho, de Palante, a quien Turno abatiera vencido por su herida, y llevaba en sus hombros el trofeo enemigo. l, cuando se le fij en los ojos el recuerdo 945 del cruel dolor y su botn, encendido de furia y con ira terrible: A ti te gustara escapar ahora revestido con los despojos de los mos! Palante te inmola con este golpe, y Palante se cobra el castigo con una sangre criminal. As diciendo le hunde furioso en pleno pecho 950 la espada; a l se le desatan los miembros de fro y se le escapa la vida con un gemido, doliente, a las sombras.  ",7GMYW`|%NQ  R Z p v g r 4 : !*GPT`%- 1:DM&18j6CJ]aJCJ6CJ]aJmH sH  CJmHsH CJmHsH6CJ]aJmHsH CJmH sH 5\mH sH L !"+,$ de|#T& *x-/34A8:$`a$$a$$a$V js|$-txz!!!!!!!!""""##$$Q$U$$$%%&& (((((((()>)B)Q*Z*++k,t,p-s-F/Q///0!0+1>1#2122233036CJ]aJmH sH  CJmHsH6CJ]mH sH CJaJmH sH CJ CJmH sH  CJmHsHO0393444477-8A88888::::;;;L<U<Z=^=~==d@m@sB|BBBBBBCDD{EEEE>FBFIFSF\FYGbGIIIIKK,L6L,N-NO O}PPRR#UCJaJCJH*aJmH sH CJaJmHsH 6CJ]6CJ]mHsH6CJ]mH sH CJ6CJ]aJmH sH CJaJmH sH  CJmH sH  CJmHsHB:Z=[=e=f=\@ BFJJJK>K{KKK+L,LMMQ5UHY^'bRfj,o?r$`a$#U,U;U@UUUVVWWX/XLXSX__bbccFOӕٕ+/6bk0U]ޘ%=6CJ]aJmH sH CJaJmH sH 6CJ]aJmH sH CJaJmH sH  CJmHsHCJCJaJmH sH 6CJ]aJmH sH  CJmHsH6CJ]mH sH  CJmH sH :=FRw ?IdyΚ *K"%,./KLNPYZ߸ߣ߸ߚ~ri@CJmH sH 5@CJ\mH sH jj? UV jU5CJ\aJmHo^sHo^CJCJaJmHo^sHo^CJaJmHsH6CJ]aJmH sH CJaJmH sH 6CJ]aJmH sH CJaJmH sH CJaJmHsHCJaJmH sH 6CJ]aJmH sH 6CJ]aJmHsH(%,-.OPQYZӞ Hğ(fHΡ7  ] ` d] $ ] a$ ] Z[LSɡΡD@Fϧէ*.(+ίկ@Dkv´;=!%kpRV}ɷή@CJ@CJaJmH sH @CJmH sH @CJmHsH@CJmHsHCJaJ mH sH @CJ@CJmH sH @CJmHsH@CJ@CJmHsH@CJmH sH CJaJ(mH sH :7mD~%`ܤU@{!eէL  ] ` ] L#`Pz-p"XԬK.$ ] a$  ] ` ] .VƮ+]կ DưT+v Lų d]   ] ` ] >´6lڵ p=Ʒ6r#^[ ] ޺%Q-p߼ X̽@#V'Z$ ] a$ ]   ] `ZQ0q'[N/k Bt  ] ` ]  &+[d8<TY<EEL*/AFfh'gl㸯@CJmHsH@CJmHsH@CJmH sH @CJaJmH sH @CJ@CJmHsHCJaJ mH sH @CJmH sH @CJmH sH @CJaJmH sH ?t'fK bR"Z+d  ] ` ] =vYN>vO,^  ] ` ]  D Ew8cF I{!b$ ] a$ ] bC}(hLw/eFw'c ] 9A4r;z)YV  ] ` ] c>~)bT D~6j"T  ] ` ] ln"FGQTos,?F!&+;@}      1 ; @   !!d$i$}%%&&''((2*7*,,ڸ@CJmHsH@CJaJ mH sH @CJmHsH@CJ@CJmH sH @CJaJmH sH @CJmH sH CJaJmH sH HTV9s/^?w*];h ] H,d,`"YNF}$ ] a$  ] ` ] /aF}8w+d@y0o  ] ` ] X:oK :p"Y"SY ] >+b^ D    @ |    W    @   ]    >    =wLY7_H{  ] ` ] {Z:})b9:Q  ] ` ]  L J@o!ckKf"  ] ` ] "`! [   +!k!!! "]"""#B#u###$i$$$%>%%  ] ` ] %%%&T&&&'H'x''')(n(((2)w)))7*r***1+{+++&,$ ] a$ ] &,R,,,-B-{--.6.h.../_///00S00003111152n22 ] ,,,,,_0a02 2d2n222.33333332474|4444L5Q5m6r67788999<B<====@@BBCCDDDDDD!F&F,F.F7GXNYQYYYCJaJ mH sH CJaJmH sH  @CJaJ @CJmHsH@CJaJ mH sH @CJ@CJmHsH@CJmH sH J22233e333374t4445Q5556/6r6667B777708k888 ] 89H999:=:j:::;L;;;;6<q<<< =O====">^>>>  ] ` ] >?L????(@k@@@AHAAAAB]BBBCECtCCC,DdDDD!E$ ] a$ ] !EfEEE&FUFFFFXoXXX YQYdYYYZwS܋#Y)]:]  ] ` ] :@'/DJ”וܕ   $&GLPUx}$ɦΦЧҧ֧!#Y]jo)6+016!@CJaJmH sH  CJmH sH @CJaJmH sH @CJ@CJaJ mH sH @CJmHsH@CJmH sH @CJmHsHE5xEr3rJՒ;vR  ] `$ ] a$ ] ”$bܕTǖ =hڗ SĘ E™NϚK ] K›8l#\#V=k(eڠL d]  ] Uˢ4}$W?$YΦ\ЧN ] Nƨ K3o&dӫE{ Oϭ9q ] B~'f]-o۲^ @u´7  ] ` ] 7z)kն@n$SθA*o*i ] TӼG'dʾ@z0d6q d]   p] ^p`  ] ` ] q mO 7h!I"R9} ] 8dSJZHuU  ] ` ] !PUz/149B@G#nv8@ 8=| "&')-̾̾㵰CJaJ CJaJ mH sH @CJmHsH@CJ@CJmH sH @CJmHsH@CJ@CJmH sH @CJmHsH@CJ@CJaJ mH sH @CJmHsH@CJmH sH < C$b E/g*f#T$ ] a$ d]  ]  d(] Tv'c0eRX+f  ] `$ ] a$ ] OJWA6s Q d]   ] ` ] =} >+e HyPE8  ] ` ] 8r!\ :e:r(]Et  ] ` ] [?r7^LtRD4t ] /4kpCE13EGK4<) - _ b T[  %彵@CJaJmH sH @CJmHsH5@CJ\5@CJ\mH sH CJaJ @CJmHsH@CJ@CJmHsH@CJmH sH CJaJ mH sH @CJmH sH >t)eI?{C} @p?G ] GBw-p)Z6lW ? ] 1b0^ << L|&e  ] ` ] e!R'\3_M~G }   - _    ]   b    T    P    <y(Z"^/ ]   ] `/b [T_U6oH ] bg%'  ?!E!!!""##A%F%%%v&}&~'''''((z++0011224455l9q999 ; ; >>??vA{AABBBBBCCDDEF$G)GkG@CJaJmH sH @CJaJ mH sH @CJaJ mH sH @CJmHsH@CJaJmH sH @CJmHsH@CJmH sH @CJG=ng#mP F/s%^  ] ` ] ^Q U    !E!p!!!1"k"""#B####=$$$$F% ] F%%%%4&}&&&'X''''?({((()H))))<*h***++k+++ ] +%,h,,,-F----..f... /=/v///$0`000 1?1u111  ] ` ] 162I2222?3~334/4f4445S5556B6n666%7[777788l8 ] l8889f999:O:::;;;x;;;!<_<<<=K====1>f>>>$ ] a$ ] >?W???@X@@@A5A{AAABJBBBC7CwCCC/DkDD$ ] a$  ] ` d]  ] DDEYEEEF2FuFFF)GkGGGHLHpHHH)IWIIII/JxJJJ$ ] a$ ] J#KKKKKLGLLLL7MoMMMN0N\NNNN9OjOOOPQPyPPP$ ] a$ ] kGMMOOPPQQQRRRR0R2R6R/S4S9T>TjTpTMURU'VSVeVWW]]^^____f`m```aa,b3b cc6d;dEeIeiikkllmmmm.n3n?oμγΨΨΨΨΨΨΨΣΣΨ@CJ@CJaJ mH sH CJaJmH sH @CJmHsH@CJmHsH@CJmH sH @CJmHsH@CJCJaJmH sH @CJmHsH@CJmH sH @PQUQQQRMRRRR4SaSSST>TpTTT URUUUU'VeVV ]   ] `VVWBW~WWW'XbXXX YVYYY Z3ZsZZZ[P[[[\N\\\] ] $ ] a$]L]]]^E^^^_D_y___6`d```)aeaaaa,b]bbbcOccc ] cc;dfdddeIe~eee,fefffgWggghWhhhiMiiii  ] ` ] ij;jojjjkJkkkk8lolllmVmmmm3ninnn oDo}oo  ] ` ] ?oDohplpXq`qzqqqqrrss`zcz{{m}v}}};~=~RW\a\a.7&'/2Z_|1;-2u|16TVZk@CJmHsH@CJaJmH sH  CJmH sH @CJmHsH@CJ@CJmH sH @CJaJ mH sH Moo$plppp qAqqqq*rYrrrsZsssthtttuAutuuu  ] ` ] u'vevvvv8wvwwwxCxxxx,ysyyyz[zzz%{j{{{,|  ] ` ] ,|[|||}E}x}}}'~e~~~W aXǁ  ] ` ] Rɂ7rT6v+^ˆP9  ] ` ] 9t+jTʊ5t*i%lt$_ ] _ŏK?pÑ"_ؒY#\']  ] ` ] ̕IhɖC;|Q̙=kښ Eƛ ] @p#W66iʟD$[ϡ>$ ] a$ ] kqʟ՟?D)2JO17¬'+svӵ׵x*/]b[`@G!]bȺ˱˱˱˱˱˱ˬ˱ˬ˱˺ˬ˱˱˱˱CJaJ CJaJ mH sH  CJmHsH CJmHsHCJ CJmH sH 5@CJ\mH sH @CJaJ mH sH @CJ@CJmH sH @CJmHsHD>|()*34m$jԤQեKx&b  ] ` ] (bҨOͩ=y%YëG¬Rޭ"Z$ ] a$ ] Zî@}6m+g3vPɳ=j $ ] `a$$ ] a$U׵I~-_%mи:r޹Y $ ] `a$ ] $ ] a$ͺ.hλ C:yV.VAx ]  $ ] `a$$ ] a$x/`b,`G0h<s$ ] a$K)`5l#R6oM ]  $ ] `a$$ ] a$'bL*d Fy:&f ] $ ] a$).6>;A19cl7<FKXYdg/7`d=Bbjz|xbg  2 7 8 CJaJmH sH  CJmHsHCJ CJmH sH CJaJ mH sH WJ.cX)lB,_ $ ] `a$$ ] a$]7f(_I<qKs ] $ ] a$hSd6g5v3c)e$ ] a$N[*Z1m`: $ ] `a$$ ] a$>|3dA~c Bw5g $ ] `a$$ ] a$T X^.`:5l$ ] a$M[^"b%gA+G$ ] a$1o#Z~/q bI/n8 ] $ ] a$8o%gI/U W    C    7 d  $ ] `a$$ ] a$d    < v   % h   J0pOA$ ] a$8 ;   c h EHJqy=?CJVZ%)mr&&!&s&x&''q(v())**!,&,2,;,,,8-=-8/=/1155e6j6778899::;;BB>D CJmHsHCJaJmH sH  CJmHsHCJH*aJ mH sH CJ CJmH sH CJaJ mH sH L,dJ.d#[SJ $ ] `a$$ ] a$,sbeZC0j) $ ] `a$$ ] a$)m&q, e    !&x&&& 'T'''(E(v((()M))) *5* $ ] `a$$ ] a$5****D+u+++&,d,,,=----:.s.../]///0R000 1 ] $ ] a$ 1D1s1112K2222)3i3334R4445C5555+6j6666 $ ] `a$$ ] a$607h7778Q8889?9z9991:i:::;B;|;;;8<o<<<#=`= ] $ ] a$`===%>_>>>!?R???@L@@@@BA~AAA/BiBBBCQCCC $ ] `a$$ ] a$CD=D>D?DGDHDvDDD-EkEEEFQFFFF1GgGGGHIH}HHH)I$ ] a$>DFDFFGGHHQQRRRR&T*TTT4U7U@VDVVV__E`J`^afabb ccccddffgghomopprrt tuuxxyyzz{}}}}~~9>OTtx<DCJaJ CJmHsHCJ CJmHsHCJaJ mH sH  CJmH sH 5CJ\mH sH N)I]III$JWJJJJ2KrKKKL\LLLL9MtMMM/NrNNNO $ ] `a$ ] $ ] a$OWOOOO+P\PPPQQQQQRCRRRRDSSSS*TeTTTT7U $ ] `a$$ ] a$7UeUUUVDVmVVV.WjWWWXBX~XXXYTYYYZ5ZpZZZ([f[$ ] a$f[[[\L\\\\A]p]]]!^W^^^_:_p___`J````a ] $ ] a$ $ ] `a$afaaabIbbbb6cucccdXdddeLeeef\fffg?g|g $ ] `a$$ ] a$|ggghVhhh iRiiijAjtjjj8kwkkk"l]lllmTmmm $ ] `a$$ ] a$mnCnonnn)omooop=ppp=quqqq2rjrrr%sasss tDtpt$ ] a$ptttuRuuuu.vdvvvv,wgwwwx:xyxxx+ymyyyz>z $ ] `a$$ ] a$>z}zzz*{j{{{ |A|y||| }I}x}}}0~f~~~R. $ ] `a$$ ] a$.aՀNŁ>o#T7xބ E-J ] $ ] a$J†%WLJ&`ӈCs%Ů1^֋ $ ] `a$$ ] a$F{K.cҎ6~-aː0b ] $ ] a$͎Ҏ'+xə˙"'AFxz^clq^czɯίͰѰؼ&_g05chmvsx CJmHsHCJaJ mH sH  CJmHsHCJ CJmH sH CJaJmH sH T+YԒE"b͔<w$XP $ ] `a$$ ] a$-c՘E{/k՚QF'P$ ] a$Fxc/qՠM$eԢIx8$ ] a$8e٤XԥBuئBrۧ#Wƨ>w&c ] $ ] a$cҪ<9rTS{Wί1$ ] a$ $ ] `a$1cѰ=lα6k$]"ZȴCz&$ ] a$&\#Q*`ٸ GWU $ ] `a$$ ] a$+eƼ/i#dS)fS $ ] `a$$ ] a$4g+b=wX:g&_ ] $ ] a$5mh8xL9cB $ ] `a$$ ] a$7s@vL:|4jJw ] $ ] a$[d /4KPz~glW_27 /4KPmrcei-2s{13: %(nt&) 5CJ\mH sH  CJmHsHCJCJaJmH sH  CJmHsH CJmH sH CJaJ mH sH P(eG+fP O A ] $ ] a$4d P21jU5o$ ] a$ $ ] `a$Q:oO G~.i B0 $ ] `a$$ ] a$0mW9o$\ G4o $ ] `a$ ] $ ] a$P9r9u9Cw? $ ] `a$$ ] a$ ?tR :z<r#[ N1 ] $ ] a$1^Q@s7qTEx $ ] `a$$ ] a$V8lW Jy\;u^$ ] a$^Ez#k(^)\ @  $ ] `a$ ] $ ] a$@    < t    d    U    ' `   U P$ ] a$        ov_g@CD J   ! !L!P!Z![!!!""A#C#+$0$V%[%&&^+d+a,i,00112233445566&=+=@ @8A=AaBeBCCJaJmH sH CJaJ CJaJ mH sH CJ CJmH sH  CJmHsHUD!o#_!dI6gY$ ] a$YC~C-a1v_@r ] $ ] a$ $ ] `a$rSM<5 l   ![!!!"L""" $ ] `a$$ ] a$""A#u###0$s$$$%[%%%&B&&&'G'''(-(e((() $ ] `a$$ ] a$)L)u)))*V****=+p+++,T,,,,B-z---9....'/ $ ] `a$$ ] a$'/V////10^0000)1d1112>2f222&3X3334O4444&5$ ] a$&5Y5555(6a6666:7h777,8_8889N9999:W::: ] $ ] a$ $ ] `a$:;L;;;;(<^<<<=9=s===&>b>>>?\??? @B@@@@ $ ] `a$$ ] a$@=AqAAABeBBBCECCCC)DdDDDEMEzEEE,FUFFFF9G ] $ ] a$C CECGCbCgC{CCdDfDjDDDDDEEHHJJKKKKNN.R3ROSTSSSWW]]^^^^__``aa#c(cCdGdiillmmooooopp r%rtttzz{{~~~!CJaJmH sH CJaJ mH sH  CJmHsHCJaJmH sH CJ CJmH sH  CJmHsHQ9GoGGG,HXHHH I8I|III+J_JJJKUKKKK,LfLLLM$ ] a$ $ ] `a$ ] MZMMMNEN}NNONOOO P9PtPPPQTQQQQ3RqRRRSTSS$ ] a$SST=T}TTTUMUUUUVUVVV%WQWWWW,XjXXX&YYYYY$ ] a$YZXZZZ[L[[[\?\{\\\!]V]]]^#^W^^^_>_w___ $ ] `a$$ ] a$_1`c```aWaaaa=b}bbb(cgcccdGdddd5eleee f $ ] `a$$ ] a$ f@fzfff gZgggg5hmhhhiCiwiiijEjwjjjkQkkkk$ ] a$k/lmlll*mammmm1nfnnno8o^oooo7pwpppqWqqq $ ] `a$$ ] a$qq%rXrrrsKssss7tltttuHuuuu*v_vvvwNww $ ] `a$ ] $ ] a$wwxBxrxxx&y[yyyzTzzz{;{|{{{(|b|||}C}}} $ ] `a$$ ] a$}})~h~~~"[2mـYK6l $ ] `a$ ] $ ] a$=ń2k!bΆC0`ˈ:u&$ ] a$!&GLNSafy~!(ːА{ƛ"'lqRWġkpbginRXNVnumq7<Y^CJaJ CJmHsH CJmHsHCJ CJmH sH CJaJ mH sH V&jӊ LۋS,f΍<~)b!U ] $ ] a$UА1n MGz!XŔ3cɕ ]  $ ] `a$$ ] a$;jޖ A'dИ@+jSƛ3$ ] a$ ] 3l-hԝH~'lWĠ-i֡ D $ ] `a$$ ] a$D)bأKäV#a$`էR $ ] `a$$ ] a$RШD-gϪ;nϫ Q'Xͭ?v$ ] a$v.eگ"NvӰ4nӱ4cԲBy, $ ] `a$$ ] a$,mݴ*gӵ?*q9nҸVӹ>z$ ] a$1g$bϼOʽ@'`տX, ] $ ] a$,YR =mQ U<n $ ] `a$$ ] a$ ] !^QH}+bS3aB$ ] a$HRej#)+_e#'&*fh<@X\.0X]JOVtzKSZ`CJaJmH sH  CJmHsHCJCJaJ CJmHsH CJmH sH CJaJ mH sH RBv/dL7h^  ]   ] ` $ ] `a$$ ] a$ Nz#XXAt=jH~ $ ] `a$$ ] a$^U~ @M5j] $ ] `a$$ ] a$'j*f @w\W1k $ ] `a$$ ] a$U+a)kG|.nR $ ] `a$$ ] a$Q>;h&]A*p $ ] `a$$ ] a$QG~]Q:pL> $ ] `a$$ ] a$>w/iM YO5{(a $ ] `a$$ ] a$a!T!S>k)ga?{ $ ] `a$$ ] a$$).3KP]`4:B      05ch{.7OQU %6;Y^o s !!F!P!W!\!>"F"f"l"&&q(v())****++,,..9/C///v00 CJmHsH CJmHsHCJCJaJ mH sH  CJmH sH X0o[R1s-cK $ ] `a$ ] $ ] a$) c    R    M    > {   8 t   5z(h$ ] a$hQ)^+ZXYIw $ ] `a$$ ] a$S7zZP=qQ $ ] `a$$ ] a$B%T;s^ : s   !P!!! $ ] `a$$ ] a$!"F""" #I###$>$q$$$*%_%%%&K&&&&'V''' $ ] `a$ ] $ ] a$'(9(v(((3)o))) *;*p***'+g+++,[,,,,0-v--- $ ] `a$$ ] a$-.K.../C////0\0001O1112S222393q3334 $ ] `a$$ ] a$01 123937777X8Y8b8h899::::$<)<W=\=I>N>|??@@)E0EtF|FJJKKST T T9T;TUWZW}WWzXXYYZZ[[[[]]`^b^f^ffff g%g7hN>>> ??????*@`@ ]  $ ] `a$$ ] a$`@@@@7AcAAA BQBBBCDCzCCC3DfDDDEMEEEEsזCQl $ ] `a$ ] $ ] a$lޙ ;!bڛ PќE.r)^ $ ] `a$$ ] a$ɟHȠ2i%eҢBz9j[ե $ ] `a$$ ] a$CH[`NVdiǣϣ{`nǬ  di3;\afkпտQS 7<KPCMio  e CJmHsHCJaJ mH sH  CJmHsHCJ CJmH sH CJaJ VեPҦ N˧0nTЩ?y3g+ $ ] `a$$ ] a$+gǬ Gn٭ L{&e߯*iL± $ ] `a$$ ] a$U²/b޳J/hֵPK}> ] $ ] a$>p%Y̹8v(aǻ+kJ̽5h$ ] a$hӾHտP3e5f <w!R ] $ ] a$;l^-pJ9L $ ] `a$$ ] a$ ] L <v` =sL<sP $ ] `a$$ ] a$P(oM-d:i<o $ ] `a$$ ] a$S>qMzT Ah H~ $ ] `a$$ ] a$ejoz  T\48ekJO_dEM`hGL?E}>C!]d~ "go092:/6"8=CPU      CJmHsHCJaJmH sH  CJmHsH CJmH sH CJX9s/kO%dJ7l ] $ ] a$7h_Jy)PBx)[ $ ] `a$$ ] a$=rL3d @I1u $ ] `a$$ ] a$ K7o?s6{-ZOx ] $ ] a$*W&]CodP;u.$ ] a$.e9p Y9|$_ Ok ]  $ ] `a$$ ] a$)eE ?m4gaQ" $ ] `a$$ ] a$"[=u"U~ _    A    5 j   /  $ ] `a$$ ] a$/    a   %cS{1r5hD $ ] `a$$ ] a$  C H   %;=CK13ow .3U_=ACJNSgl,.2ACG1; !##((('*,*++++++++--000111122441555A6E6668CJaJ CJaJ(mH sH CJaJ mH sH  CJmHsHCJ CJmHsH CJmH sH CJaJmH sH O.fd;nTU3_ ] $ ] a$AuS-l"V C{\ ] $ ] a$1l7 v   %!a!!!"S"""#P###$<$f$$$%E%q% ] $ ] a$q%%%&M&&&'3'n'''(V((((@)z))),*l***+Z+++ ] $ ] a$++++++(,S,,,-;-x---(.Y....1/m///0P000$ ] a$00-1f1112Q2222,3i3334C4{44455i5556E666$ ] a$ $ ] `a$6607q777.8[8889K9{9998:m:::;H;;;;&<[<<< $ ] `a$$ ] a$88;<====@@;BABBBCCDEFFEFJFFF5L>LMMNNOPPPPP RRSSmTrTUU)].]o_t_``aabbcccp>>>?I?|??@S@@@@5A{AAABNBBBB3C ] $ ] a$3CpCCCDJDDDE2EfEEEFJF{FFFGZGGG HeHHHI^II$ ] a$IIJPJJJJ+K_KKKLILLLL6MiMMM NPNNNN.ObOOO$ ] a$OP.PEPPPP*QbQQQRBRRRR>SSSS1TrTTT"URUUU $ ] `a$$ ] a$UUVUVVVW6WnWWW XAXsXXXYSYYYYBZyZZZ3[l[[[ ] $ ] a$[\L\\\\.]l]]]^S^^^^;_t___$`V````7aqaa$ ] a$ $ ] `a$ ] aa b^bbbcHc{ccc"ddddd'eXeeee;flfff gIgtggg$ ] a$gh@hrhhhiMiiii9j}jjjkLkkklUllllmNmmmm$ ] a$ ] m&nhnnn o>onooo+p]pppqGq{qqq6rwrrr!s^ssss $ ] `a$$ ] a$s*tzttt3ueuuu vGvvvv3wgwwwx9xlxxxyMy}yyy=z ] $ ] a$=z{zzz%{_{{{|W||||)}f}}}~N~~~M}N $ ] `a$$ ] a$NȀ3oցGЂ9q݃S{ބ%aɅ ;t$ ] a$ÀȀсցGIMY`ƍ̎юՏݏ_eX]     #]_$)QV`iglICJaJmH sH  CJmHsH CJmHsHCJCJaJ mH sH  CJmH sH TtT~/lX‰0s݊ DLy$ ] a$y [ƍ'Xю=hݏO(al $ ] `a$$ ] a$lؒXœI)nʕ1p#dڗ\ ]  $ ] `a$$ ] a$\И1h>m֚Mz Z0oҝ $ ] `a$$ ] a$ ] ҝ5_Ğ8eܟNƠ6t"W&` $ ] `a$$ ] a$أJ$dܥ&\Ȧ3mI{)T$ ] a$/e֪CU9sЭ 7]$Sɯ ] $ ] a$ɯE;%Z۲Tӳ/]մAo ] $ ] a$JI{)l Vƹ-lԺ? X$ ] a$IKO¼˼Ӽ ýŽɽѽӽ׽diDF*2nu49ho[`|iny~ @BRTot:CJaJ CJmHsHCJaJ mH sH  CJmH sH  CJmHsHCJVX¼6h޽W۾E}*h_ F| $ ] `a$$ ] a$|"N?nSKTD $ ] `a$$ ] a$D Q2jB|#W2` ]  $ ] `a$$ ] a$FuJzU7d%I)b $ ] `a$$ ] a$9o"` A<~6gG ]  $ ] `a$$ ] a$G'_ J,`"Q6f ] $ ] a$VLBT@y-m$ ] a$J4s%X;nGr"T ] $ ] a$C WH,lR @%[$ ] a$ ] [G ?u/d-t3z!n $ ] `a$$ ] a$+g"\ f9tA-d ]  $ ] `a$$ ] a$*]9vS>p1`P $ ] `a$$ ] a$<v5kAF)^% _   $ ] `a$ ] $ ] a$:@        0 7 38tvQVfklnLQ%%''>*D*E*J*U+Z+b,g,x,z,--k.m...00113!33335566Q7Y77788)9.9J:O: CJmHsHCJaJ mH sH CJCJaJCJaJmH sH  CJmH sH  CJmHsHR   9 r    F    2 m   - Y   8tV $ ] `a$$ ] a$&kB|/gS>u^$ ] a$>s@z&jH3mS ]  $ ] `a$$ ] a$2dQ"[)X E {   !]!!! $ ] `a$$ ] a$!!;"d"""#1#i###0$s$$$%V%%% &;&n&&&$']''' $ ] `a$$ ] a$'(]((()U))))E****"+Z++++1,g,,,-\----..$ ] a$..f.../6/{///40o000(1j111'2n22253r333.4o44 $ ] `a$$ ] a$445E5z555"6V666 7I7z777+8q888.9g999:O::: $ ] `a$$ ] a$O:::z;;;;<<==b>d>h>>>????@@@@BBEE,F4FFFGGWIYIIIJ!JJJ KK:L;;;;<J<<<=W===>E>>>>(?d???@N@@@ ]  $ ] `a$$ ] a$@@6AfAAABPBBBBP~PPP0QnQQQRkR $ ] `a$$ ] a$kRRR,ShSSSTSTTTT6U|UUUVWVVVVWWWWW XEXyXX ] $ ] a$XX9YtYYY#Z\ZZZZ=[|[[[ \K\\\]Q]]]]!^Y^^^ $ ] `a$$ ] a$^_:____`V```aDaaaabPbbb c7c|ccc dUddd $ ] `a$$ ] a$cc eef fg g.g3gagggFhJheijiirnrrrssttuuvv,x1xzzz{|||}}}}}V}\}}}}}JOFKTXX]؉ƒ˒ݓGLCJaJmH sH CJaJ CJ CJmHsH CJmH sH CJaJ mH sH Ude>eneee f]ffff3gaggggJh{hhh)ijiiijEj~jj $ ] `a$$ ] a$jj6knkkklOlll mAm{mmnGnznnn(obooop:ppppp $ ] `a$$ ] a$p qQqqqq'rnrrrsSssss+tftttuLuuuvMvvvv@ɰҰfk}$(>ACG>B#, (-HPJO6>af(0#(OTuzCJaJ CJmHsHCJaJ mH sH  CJmHsHCJCJaJmH sH  CJmH sH R:nKΨCk'Xɪʪ˪ԪժKƫ/b$ ] a$٬O~­@x#iԯO&a۱ Cy² $ ] `a$$ ] a$²L&b޴F&[ж F(` $ ] `a$$ ] a$θAk۹ GB{#^ۼ J&d ] $ ] a$־Xÿ;nRR(u&m $ ] `a$$ ] a$(i8u7s'd>q-f $ ] `a$$ ] a$O&fD'\WK4z$ ] a$zEtG72j-aP $ ] `a$$ ] a$8o L{(eT=z*g $ ] `a$$ ] a$K%hJ&^L] $ ] `a$$ ] a$ 07.3<A<@X]s x  ej  $$& CJmHsHCJaJ mH sH  CJmHsH CJmH sH CJW&`\7u"TJY?$ ] a$?z3jME=H?o $ ] `a$$ ] a$0`Hz/nL$mK ] $ ] a$:sZSAF,n$ ] a$ ]   ] `7q*hS0gb%cJ $ ] `a$$ ] a$JL-n&x@h] < x   ] $ ] a$   Q    / t    L    8 {   0p^$ ] a$YBz*k^1n/fA$ ] a$ $ ] `a$A[7u"jVIqW $ ] `a$$ ] a$W.f.gV _   !X!!! "H""" $ ] `a$$ ] a$""&#b### $H$$$$%^%%% &@&m&&&*'e'''(X(( ]  $ ] `a$$ ] a$& &%'*'**++^1c1p2v222335 5'5)5:6?666V7Z7g8i8~99@@@@AABBCCDDEEG#GIIIIIIOOTPWPwQ|QRR{S}SSSxTzT1U5UXX8Z?Zo^t^__T`Y```aabCJaJ CJaJ mH sH  CJmHsHCJ CJmHsH CJmH sH CJaJmH sH R(()E))))7*|**+@+o+++,I,,,,,-\--- .I....$ ] a$.*/_///0B0w000'1c1112h2223J3334`444 5B5 $ ] `a$$ ] a$B5555?6~6667Z777 8R8888:9i999:J:::;Q; ]  $ ] `a$$ ] a$Q;;;<A<~<<<"=K===>I>>>>0?s???@L@@@@)AdA $ ] `a$$ ] a$dAAA BDBwBBB0CYCCCC4DjDDDEPEEEE;FgFFFGIG $ ] `a$$ ] a$IG|GGG7HrHHHIMIIIJFJ~JJJ$KZKKK L;LvLLMDMyM $ ] `a$$ ] a$yMMM&NfNNNOYOOOPXPPPP=Q|QQRKRRRR.SdSSS $ ] `a$$ ] a$S7TxTTT5UtUUU6VVVV0WcWWWX[XXXY>YsYYY$ZgZ$ ] a$gZZZ [G[y[[[\]\\\ ]F]]]]2^t^^^$_`___`I`|`$ ] a$ $ ] `a$|```.ajaaabQbbbc5ctccc+dZddde?eeef7fkfff$ ] a$bc&d+dZf_fffiiiiii jjj'jKnMn?oDowp|pppqqrrww}{{ |*|||QWGK_cƎΎ"$)RWNSfCJaJ 5CJ\mH sH  CJmHsHCJ CJmHsH CJmH sH CJaJ mH sH RfgCgwggg-hYhhhiEiii jLjjjjkOkkkk~!Zݕ!TRȗ<s $ ] `a$$ ] a$"U)dܚW~ߛSœ'kڝ)_מ $ ] `a$$ ] a$fk^fϤؤfnŨRWõ27puǾо "'MOch$' "DL(-sxzWCJ CJmHsH CJmHsHCJaJ mH sH  CJmH sH CJaJ Vמ W̟C~$Ox"\ҢAx=ߤ $ ] `a$$ ] a$ߤSΥGȦBuާOŨEsDɪW $ ] `a$$ ] a$WʫHլ Mԭ>v*\˯^ɰ>} $ ] `a$$ ] a$YWѳ8jܴLõ3k0dԷ $ ] `a$$ ] a$ԷQø7r8uWƻ8l/g޽"]$ ] a$]о:r1z Im(g.^ J $ ] `a$$ ] a$+\Mu)cKH5h$ ] a$RJ/d X KZ ]  $ ] `a$$ ] a$QF'c[*i(e ]  $ ] `a$$ ] a$Gz"L-g:xF*^ $ ] `a$$ ] a$;z5i0qH-r\ $ ] `a$$ ] a$W\`g!"LN5:M R k p       V [ X ` z  v y < A   d i       z |      Y ^ Y ^ ! ! " " # # $ CJaJmH sH  CJmHsH CJmHsHCJ CJmH sH CJaJ mH sH T5s-lEnQ3p#^ $ ] `a$$ ] a$[C0z(a Dz9l'f $ ] `a$$ ] a$fQN-fP+]= ] $ ] a$=xDC:u G-d_$ ] a$ $ ] `a$@x^2r$\ R ; p   5  ] $ ] a$5 q   6 l   ! j    V    [    ;    + i  $ ] `a$$ ] a$  $ b < y $ S  =  P  C w  $ ] `a$$ ] a$   P    I    E u   ) i    L    3    T $ ] a$T    B |   6 r   5 t    Y    0 h   + o  $ ] `a$$ ] a$  # X    0 `    T    ^    G &! k! ! ! $ ] `a$$ ] a$! " ?" x" " " :# r# # # $ E$ $ $ $ /% i% % % +& ^& & & ' ^' ' ' ( $ ] `a$$ ] a$$ $ % % $) *) 6- ;- A. E. k/ p/ }0 0 1 1 2 2 3 3 4 4 f5 o5 : : = = $> )> A> H> @ @ A A B B C C C E E ?L DL RM WM 8O ?O O O P P Q Q 9S AS T T pU tU U U U U V CJmHsHCJCJaJ mH sH  CJmHsH CJmH sH CJaJ A( ?( s( ( ( 1) x) ) ) )* d* * * "+ b+ + + , M, , , , ;- o- - - . E. $ ] `a$$ ] a$E. y. . . 4/ p/ / / 0 C0 0 0 0 (1 f1 1 1 2 M2 2 &3 Y3 3 3 3 44 m4 4 4 $ ] a$4 5 M5 5 5 5 -6 l6 6 6 +7 l7 7 7 8 W8 8 8 8 +9 j9 9 9 ,: g: : : ; >; $ ] a$>; {; ; ; 1< f< < < = K= |= = = )> a> > > ? O? ? ? @ A@ @ @ @ 2A qA $ ] `a$$ ] a$qA A A !B WB B B C AC C C D OD D D D AE yE E E !F dF F F G VG G G $ ] `a$$ ] a$G H 7H zH H H ,I uI I I ,J hJ J J )K hK K K K DL vL L L M WM M M N IN $ ] a$IN N N N 'O VO O O P 3P jP P P Q 8Q uQ Q Q 2R nR R R S MS S S T 6T $ ] `a$$ ] a$6T T T T ,U fU U U V IV |V V V $ ] a$ #0P. A!"#$%,Dd!0  # Abu,nq*U9¡=2=Q,DnI,nq*U9¡=2=PNG  IHDRXZgAMA|Q pHYs``zxEIDATx^}wu^_{ 8;ql'''nظ&@Q$P}ݻ} @Bc {3sΞ9sn;x xg@O8~ڷXq|Vp7ض8NJa2cÿI;޴ (tޙ0h S߽4T1U;tGKQ A B^F64L]-]>=m!!O;P}*ôĪ 8ѡy3^jסmˆ`#sjGAUAmw68oΥ@I sP )c}sO?O 2nDsVnAKQGP,n$jn6p #7h&p$o8lP(.h{sqWRa=mĆh@~rG ɐmm@&ikGea t wmQX )9;9%@?k3^-3MT 48 >BW} -͠:U?YI(IYK]:鎂|3ӎS?PDhG ƕLPbr: WSbajWOӲ ہ`uesѿ}-AtНd 54ie9))д\<ƕm& 4-_Wέ{}qw"j4([~] cy瘻yߗۃ}+fKsOi>Piƚ/VO@?Wޞj+mDZZii>]~z<}%l*wz_s:G/UǶ} b,zCS)X):iΧ`gCا7iRN\|m!-9r?~ܯVM1͞j PJNNWt.tܯ;Orӑ%3~Oqy?_=5I9 g>qߡ?;Lxd?on16쵭=Yh_r~+YHӻ[~^>8`[>h3[NY=vSl µO˦)i>sn-6݋KM4U-K' vع|~r캃܁v_5\Gum w6mwR <9_T|6o??v֊I.Eo@kozφR;?gt oi-=k}}n.}g#/vMh-wc6yCT^U'|U<7._ѵOnZ&:9)뒣R $'sr}ygjr}VOp\=5ٟbh<#p3j~_ hۘv׹~1{K\pGy[]W\HcWw,>O|oAm XSy?㺫=rA/HO}w"ҕ^jG5XH_۝c߼!ꂽݮΪr 1}Bq 8w89A‡<+g8j_%0 o]rvíL_\i7/w3T0z^=vʹ%~cc9i yEɸ9W},aV6{g_X;zl--nǯD,>9{iu=\pj =qY99b)x*$AW:#r1?>qtskA`:_Ѳk~5󵇯oaz2kgyw`L!BC=Cw4*_ g=ͦ ǷmDw5ӣPD\eܞ^~ǧBrK 0.SQHS"i{K:C,km[&'9zT?glv+_7 ڈT~E~^s7C_,O"%t,Kse+E-s'i wBB曽^l-ܜ}5_6ukxa k{4?A?^ֲ足xU/ܸiхβoo?sibѓ[ۯ,;O;ɳ58@)B:@6zϖMSe[fTei /wp4--'IyNr?`HHp z\Vn3 0\D=nPaQ=$Ϩ|Wd+#L;SI7_ V+>4wݝ2x1o t^p1~&P않9R7Ń'}S?TO?`td[nZZj|ޥ?X$q90Zn9Gkz>yGΤvT!@:uߧ,^̪{>k:dExqɘ$M91^6]u{볃X5XfruY l@epv3h;<;l~с>;h/ ̾+Oүir(foQ(nC=Pž} x'։C槮n+~3?(=bC/"\jݘU8[OS:a-cҸS?.}RU^sR%=<;{zO4 a1^K: !h;Hv~5/^uݎwcrp2I>Z`沛=G2Ⱥ]{߲gɚi$?3f@\WO]7QfžOz/9yZuNkzk EݻQ7}%2?Rwyy|{xI!s}sTKߴFʞ[ª!Ɗ6€^7[c';'1q|K9Wm>B֭p:ԕjTl6e^:l,;.kf  !"#$%&'()*+,-./0123456789:;<=>?@ABCDEFGHIJKLMNOPQRSTUVWXYZ[\]^_`abcdefghijklmnopqrstuvwxyz{|}~      !"#$%&'()*+,-./0123456789:;<=>?@ABCDEFGHIJKLMNOPQRSTUVWXYZ[\]^_`abcdefghijklmnopqrstuvwxyz{|}~      !"#$%&'()*+,-./0123456789:;<=>?@ABCDEFGHIJKLMNOPQRSTUVWXYZ[\]^_`abcdefghijklmnopqrstuvwxyz{|}~      !"#$%&'()*+,-./0123456789:;<=>?@ABCDEFGHIJKLMNOPQRSTUVWXYZ[\]^_`abcdefghijklmnopqrstuvwxyz{|}~      !"#$%&'()*+,-./0123456789:;<=>?@ABCDEFGHIJKLMNOPQRSTUVWXYZ[\]^_`abcdefghijklmnopqrstuvwxyz{|}~      !"#$%&'()*+,-./0123456789:;<=>?@ABCDEFGHIJKLMNOPQRSTUVWXYZ[\]^_`abcdefghijklmnopqrstuvwxyz{|}~      !"#$%&'()*+,-./0123456789:;<=>?@ABCDEFGHIJKMNOPQRSbe jklmnopqrstuvwxyz{|}~Root Entry  F`opT> dData L,WordDocument % ObjectPool 7S> `opT> _1063916694L2ON7S> S> Ole CompObjdObjInfo  Adobe Photoshop ImageAdobe Photoshop Image9q Oh+'0t  0 < HT\dl VIRGILIO IRG Librodot.comoCONTENTSiu1TableSummaryInformation( DocumentSummaryInformation8       !"#$%&'()*+,-./0123456789:;<=>?@ABCDEFGHIJKLMNOPQRSTUVWXYZ[\]^_`abcdefghijklmnopqrstuvwxyz{|}~8BPSXr8BIMdd8BIM x8BIM8BIM 8BIM' 8BIM5-8BIM8BIM@@8BIMADBEmntrGRAYXYZ 7&acspMSFTnone-ADBEcprt$descqwtptXbkptlkTRCtext(c) 2001 Adobe Systems Inc.descGrayscale - Gamma 2,2XYZ QXYZ curv38BIM3&#&+,,*Wz}   &"%!# '()++1#!'$) ..98.+/+(40<:G7C)9;GP]kmmnnxNWRgkuz~twhvyzhhKSELCJ>NNff    % #!   !! /2(9*),**               Uƫ٫ƾګٽ}~XW Vd`jiVX W\bg~}pҴϭǩʥʣ®צ~~ kyib\XYWRYXZrrwuSW UdYs~ } qz~~}}~1~pnzqpn\^mf\\eVXX.We_aYznem\ttynn}yh{kZVV]|]d_qW\aVWV\fWWTr~i~~XVWVW}vTXYqs~~ g(۩{iSX˴wwȫ̐ʫv}ƫ~]\ʫA}en۫qWBoqȫFwwvTzm}Kzݫ fgfzXe«) iy̪ʹYx\\ ЊsMqzER\0t%w)D`$[J}~nz!WkLJ7 LdX6S{TwݍZΎVLÐgOsaԮأÿ)mFsQOCc0l8_rl7)hja-UKbIJ DvfXn}X!ڛaL(Nˎ0zǭũ\5CCא*Gg^N+Cqhl<bws yФqi癷,}Nca4^tQhyQK!2ѱ~D`ù6FPYJKyΉtڋawic'ϡCI'r-N<x_dEJ!wRʭͽ·ͽƸüɘD|I-XesIϮNJ kɣސu"QĥʱOf]rCC]?x°ƨʳ{w骅\y"SʧƢOɾXphĮϙP[}eo|jmᴋp | ɆɔG=vCUqw>bjԫ TzCŻJWsopflr}!aYƧɴeUcQ|xd`}Bݫ Pm0)ĴŢNW ut~rdv0ЮacPvùЪ^M Jg\l{q\Ȼz˲ʼKWr1}x{냄%{Ǟϥijjx֒foK`CͽmÙNW ZՎf%쮋eFʾһ[nLƼJũ\^TFz Rȹ¹èPW rxzo!9BA_qG8oˏ\ H˜PW"\}L03RaBKF]|M z`źʵQW4kfo x{{2R7^ťaQ;`%!NʩŸʠVWM]wF˺$DȸyõC{l4)s]A!PŸ̲¹YW ;WirZDFoŞvxW>LCIa6"!Q{ɱǙcWEnE,5Cy<|>\r9jUG?ot8 mk¯WW FFr0GDZRϦou/%2bgyyf)w* |˜ǩƼVW ~΄||DdĶɮ«úȪʲFi~FF̮NS ~WǶWWD`xʩé»МٹJ"KJ~^X{Ss߫ }WɽūmWDg¤ Ϳģ{2k}Oë T˱˿kWD퀦qеǩ]uWj0hb3Tм ]͗ĬiWDqϻѩҾŷ|EZ.<Nȫ pĤǢiWD{|{ľ}xzB6Qy›Tƥ!Zȴ@WзCgwxztBIHGf=t`Ƹ!YκϫųMWɉnNPhYZFcpî˭Ŵ|;t}^N/˫!AİȵŞ1WN?}WNǿEy?ɹmvHIq8!B.WphI^YeWHM̳sĭw~]~iJ65^л!miƸˬ7Wvu̾ĪƳòijvVG6~xZCH'TL-~AѺ"Yǟö?[M̷űCJUı˯ȶ˪2RxÝ+^2ȫ#?æ:erˡƮ5Hsqİ̿У81^Pvam~ChFͿ#Pʙ,WɎsc`æGIo¹®ųUY9zyL;FyIH#rijş5W ?RȰʼŜ·ʆ5ICǸéХ˭Ų1A)O);$Lê6W"D›í?[I}w~s,@\\lpEJ#Z¬ǧªEX$@¯ɶNJ[̿ìεZ]vCA1Hځki6#k¶ŢFW%|I͚˶ĽŞ~<KMvϤvjŝyqnB/mFЫ#EkָxʼAd-`B4\KOsmzc9fzidO\RDī${KŠ˽7_3jĔTZLP̝ĠsKًF0wZ:'ǫ V̹,d3h;wðşĹVV֓[F-{~z¹~K;8-ū Pĵ=Z5Od›÷̫DzIǺRF?vuk͢}p@GYj5=j Cǻæ<d6toż½ŠʽȸΕHMGɸƦý}xvTRxrY.K; Z1;jԕ![ȦbRBƣɽɱȷɲпīȨŜĺLE]}ḻwʰ½Ŧ033H&ϔʟ"Kɯ>RF²æŹּȹGjTϾnp~e]{aH5BO%)MfTZéƹMR3ɬĻƦŻئŬp}/Ex1qc|S(@-(*?P0xơϭVR0ǨŢş£jwWbCdEizrmkûC=nQl[Gcƥ+HBZIаƱdR2yʱ˔m)mtEMLZuCoMrS]KtQd+DɔáɰURBdzŬǽğ\qla)K+pAfM}|t z|Q#lK,?ťѶVR<ѵŴɧg{Ur9CMkqkwjEt'X,qԸjR,ǜǠʳx]y\@mBwɖėȾMNr1fޫ-IѸäµײSR1ÌʡĠIJ\}ʾ=4vvůvxEXLtIZR-pŜѽCR(ˮóǛ¿ĩj mGo[ʲkh}~ѯ:U^-RǦͧMXvĦŮĶȡÑR|lwK]؎˗ss]úĮbwslOQFGgGvj+-AϨ@W0òīȠ|s|}Ǩ{¡¶Ó8rB)Pe׶yǪíΡͥtMnjO-;ùȷȲεijOW/ʶɥĶĨS gOqvŴǨ˲ɨѮuBOg-QȱɩЏáGW3Ϣ½©a~xO؉O>¬ɽʮħʫ?JJOn˸pecX-]ȷÓϯƦšEW1ȤţԲɍtzĬȷͯ¾Ǻt\;9Ҝ :ؕR))wOG̬᪳¼ĸʥǿηPi>JdOiugoO-]ƛС_X!pīµǘ˰LX/w izZ C(NN{?ɭ¤ɴðĻȲåB~tçjD^Pxǡ-<~Ϸ©^X:ǾǘŶƱʛαܻsPwԣn VH=ýšƶ˩ǴРoxqI]^_~7-SſշqhX2zƴM ҙrlHhC u$rNKŤúŲsejsdy}{`w[h-jpɜaW*ǑƫŨƬQ:Tm<~ņv MxSw~ȱ̾vvnQ\RQ}0Ð8³Ʊĸ\W'ź˺˩~[MD:lЫX#Z FrMOìôʸ=-DHg}¯Bc]hò~W:ίȖ3s<ͯc*B KА7yM3tǶɥɲļϮlZՔWS V3eOӵŽj7HϠŜL=}u{wyX]VQXtd U0hMMJ~ŴϬ;yЁa P]g]MVi`¡3@|zǤj7<³–swB8ʵĶK$\ lLqOx϶ʩִkmR_Kl wKTdϰ3bqưt7IĢ3@A ܀i B'Z>LMhdϳ÷įžûrPiþħB[vMj|OʗPl˽4@­˟yˆ77ƬĢ˔o@]ìA \Sr^( fqQIL%xƮQs%Eëǟǵc"Jv{[rgj{_Pd~my[7P½ԁ;?oηm@|@2|žź«ȿͰ}Ǯ)p>:\&aťwQ!LrukXir||\8S~բȿ͆AgEŦӼ)~)Ļƿ{ V%[ňģ|S!"ylƾ]8Uó̬]d`>K§йɶγŸŧ'qv ؊0%BǯȗS!*eephjU9DϹr›fδʱǼȦRo=DŴ¼ȡȶů½IJƷ)ƫye_ 餋n_$gøöϞS!*~Vrv^vV9IòÜq^Iw{r:Cįüt͠)ž|ænw ㏦cmF#EиôŴO!D|hslyg~lryTA@vz~xĜȓxz3^9co|~jđƭ)ï}}rf ]"_v˿ðʪɻűQ%<{zlWmz}fC~?qlɧwtuyz{vt{whT8Kfěs~oƮį)~~> ᲬG{"FǺO&?~y`hphoPpr_FE\Ҷ7[ 7_`ƫt~)˕͗rry䯉PN!qRRpó Q&=vtkhzgVB@|~űƳòũе}p{`z|B^>]n6Tw~ȥǰ)Ʃz`ᐕ_JؓH^ʼʷT&"~nu]jê[[EXŪɸ«ý[li9ajQ̶4x@^ǻnʹǩ)ıǼǮR뤵hMGfQcġȧé}M'AdyVmǦٽ;|E5̈Űp1RXhQB灰_0=@_~e2nJfwȨ¨)ǩzHfZ|P#9k{p|pEM¾xΫįĹȫ|z{hxyc\Derr2m\W\v.u/᷌^NʥƼǜşɴ)ſƵfszx~b|ZdP#6shu|ůGEZĴǫӹXD,7xKD$jK.Yh0,BBkϭ^b[x)JOzfɦȷorÿ`D>DgTH(#c]qP)WǛÞɣè¯e$˫ڬԳ*uZ3C==5K=HLqzdGPYYI}:kJQ)@yk(OJį{{7ZT`jW4įU\b'+xx{n¯}xxmEcELÕƫü: R +ֱ~Tk}wL*j)[6^HWOnMWQ^[Jo[HQsf8qȳM 2W(?vrȧtVEDŻμgetwkt1:x)niV]C^`>'kU YZii9ra~sonV8(@x~|án[E3muvqʭ°ÚwQ6k})E uA^9x/6G`_9!|}(SRxpyv[򏚥ȩC cY'F{wtvzTlFFwzcï y$h ˫?9Fn">/K_)?M!gS]*T5@k;. RR#f+YL6V!qc|UhqjjwWt|ʘY}\%5zzqlĴ\ntkŹOGB| +1`.sQ4m_o;~ww^)z]{{wxppZuyy|g{DP滪mk;tRe, C%6vsmwr~uťGva%J+aZ~Ѵ*yja% ¤ŰZb`4wmo8j㱌-t! Dm*x)lj|~{mjz}uȿCOKSIIs{ʿvǼ̤šÞŴïC"KtlMIĸ[2bcx<*pe ƥS~t׽ +q+w.||}_gu]ħKMJ6ovͷƟªɸҶʨPQI׬ɯݬ۶ڰʹ_įŻ+Ĭ}~wwo ŹjϪTUx,6v\ruj~{~skx`JafϴÁҪĸ¿(%G9}eŵ+yy~ rUVVBJtVbZMKDPhRPki-|0kdu_trnnL{³żgWKGuɡʡŘ( |đ q^©ƿ)ֳr ɸS!gJ&M,)DĤ™{R{޳9o1:lǫΞ-|v<`k`iuoz{t{utf|pi.;Dqmy{Ȯ7zsf_`8n w,;hJd`:Bh>9G Љ1Ԃ'N]zXli_J!d`R)[wȰ}yxŒ¨Ī7 Wf1d1.w4o}yuryxppz|cS$2Fbr?J2tSǮË}~ҽijԺƣP4/S"Wd}2\p@n!i<Ym5 ޖTy0cq(kҵ-Pí){ŭeŹ«_z ͧG쏟}סI~rgIJ30Z~Χǩʱäij7.w2n{ltnwrf[5x0Wktůg?IZ{~ֶ}CLY)} } Y&pzpm0Zr ud{:͆d6_*b)ějxʡw ˪:~wC\wf~~aoh3b0ZͱšǟâλEz _^sw{oZG]}TaDXJN$/]jsȽҝ.# l-BxPo{zg!ui@sl(:ҲϡPaz~v){~s˜sҕŠs ͰsFfXf9fwu#Zb}'0V´ǺªŪF,zfzn~zk~LC_}{AvIC_˲^{}xȨ̸{ùJ*^`ƼºY!oVfJ4ZxXS\U)ʽvpħvS `y6|kQ+hQ-_8_lazvQ0jvʹȯ\B"(y$bu_z}hrv}x:|8}~vZ7F@nru|rĶá˴гz}ӧh;kļɬ)İǹ̩f |=mʸ2'BŸƴƮs\[YY2"{Hgl}ptr6>jt{S56.TtCO^t§lƶ~0Ŭ|T6/ '/A,*gOۓC)Bnӗsǥm|Q͘Y/OȁdTG3>Yiױ\EȤĵc8Ghg@JmdOɱЬŮʾb8w/qvu}i, h)0A>ACp÷ĭëδz1Įí_bnF BJ hCy;&yGüfkn0fZ (hϥƼ^:Ywy\l^KbٯǗ}UZfx({po\or٭ASzn_ĸxʸ2ǥƣΡɻ~("[ uߗC7%m=@Ý˺Zw3ݗFO}S 1f|i՟e5:kǴAVa8ĘmvmMy,nyu`X}~s0@\gtҸα4ӸǤƸͶɶ¿˸±ŪM `~o堞n4<_H]p#{BVǭprd^5igpzyf![ ƣjinBjV5q8lni46~lm[]l~7{ialy|}oP@Iuyɹįƶûʭv3¬ƺȪϸzM`ã!ŦI W; ڌ1gWzYqMDȶimel}E7ڇGQl8SQJ>}l }sԴ|E漪bJ][mmn9(U|(@ZWdkYMi}@v~fuuPA~an_ǘijǸ3˸ķs"EwIVf .WmKNNȧ{mðz\^;͒`DwD{3+:+9|>LRY_DKU_Õ\ST\Qs=r7TI_]nfup|\sxCAS}bţʲԡʷˬ6л¿͠gX=~8gMXRAjAP9@ ;0~k츣E}|}ʜv3Ք|Z=TE%Nzu} |%0ij\PKMjŰ`w~UxOG>hl|}ɭʰ|η7жůX+S)x!%> E#(w0_T˚XB$l? Q]CRȑÛTq_pzI$gV <'n]1Ȭȧ̫wCw{c|=|]i~P>zw«•:S`CFL~v:gc?N&^x,m ~ TS q⤘/Kl|g{BZ{\n$CI$%aj-`i60ġ6zxL\A#4P9KLFżCv}Kbyvqq~=>[{jzʤ;ƀ³!F!X^$3Z#!0:O/ ;0BeFT e^w2\@)^Qq{7zǎ^JA?ʰw[F¾)W#yE|Y!-*q0@7w/<@e;n\CMu3 zJ#/V=8PB_ozP։}pEhHy}6\}etqyMF>|MƬ;{eazy}FpQqvrVF HtPs1-Nĥym|nžHi4edNTRFJMZcqnj-6Fm[$Ex.UT~%PREY'N1W&< AWSţM氉MO|ϣWFKrizz{}i~D[U>{G{Dzȧ{;Ȳ|u\&0>pxI DoMw˾|X̫\cçj}}22mUsØ 18gNA+-Cf$,WM?@Z9M+w,9ݫNouZݤE8ANuX}Kqpv|ll6>Fķš>ɣѣ;];DS$i:$XH;n^žĝf\1^8xz|}~))86 98]>9?),-84*9FHJ<4>|nma_ljߗӷ\eWw{wx.><~ུ=ĿĎʼŽɰɵѰFHžMEǻR Nmqh}xTd{}ǬE;sqµư}~ mtEK}Yx|@iWj~XUmfw=>BmʿŷȦȦǵ½>˶úǫʯò¯O5t<[k /ۗDRE5`McppƍF;rn f,*TZx}½L~{L[mzilu|w<>S`ù´ĕǜɭ>ׯùƮ-13Ⱦ^ gDPsP?HXsqv|~|xEӯ;_|zGQv1~L~^m}cwy%>JذŭѺĵ<àÎˣƻƚj5;^"6ƌLSN* Gu}vqH'V;kõc)z'J¼Ũlz~Elsvy~isz*j>]~¬Ǧŝɿ=ȡyh]FphKku2@{wysUʒQwA;V_?HiIgrh'R'ȣ^~F~xvsomuzO7?Gνż?óĩ¡«nIǷ]L=lgNGp~{MHh?q|;]({Ƹ[Ŵm"ooB$#KSpF^oQ{ɶa˄QŢ7^Ҍp<^­Xž2[`}/%{Im:7TADUwLqV"/-''0A*"?S <[~~zE~brTmbrblrz9bE>k{~z~ɆJ}h~ǴcC-^t_ROlE*Obi8xvuZhE\gx/]xNB0Dp16] k&<@Kez}qzZ^U&Z w$*e[)E=c2 <^dg~J~=y~gw}]oayv4D6YsuoipLãnyznB OY@-Iƶaw Sx2k{N\9 QnǔkEg PlB.2E+aQ0!o"bWAbc]dylM#sgs~vd U~=v{unsn_gs;DMsuoq`}eWpx˾ũLs}~IHtN %/Gڌ64݁yU ^sɱY>wkYkX9=@b+YB,b67l2=Vw 6~yJ+| Eb~|Oz}p~xrj6D>whzo|s¨ƼѰ¹ƧMŪĭv{D\nj\U¿X[ -X_\x P[h1u{~Ͱi|jco7a gX>ZǬ=`XT-w/gzVPEoXybsomYxvg$D9rz{röְMſǼ~þ~do3!-XDaҼëҬœZQ/WY h`c>lMSMflIŎ P²QѨHuúE+B3NDJc􃎇zQt~jqchxt/CV\rk|{k̴řMɱƤ÷îƨ|} F(\HODHgHG\`_] rF΁dmt=n0p6Y[q%d>ƊLlCx^Q<#wť\ïɤIpG{2HWJQ]QtBQqȼԹ`(&gY}m‰NSaJ:갢nј"qNo~qkmofkpQEFx}|g|˧ǻuŤL˺Ǒʷw @^UG5oZ8lV+rѺgzmeHwKri9Ck/9FH 5GLqûm#6Ӑseoʎmɂqn>1aٛpEһɵ{r_xL9Yjx vQ`[NmGTw2eSLۂ'ӨY`_yxznspaxhazRfzw2B>|oj}v~l|ȶLWpzzk ?,Osæ_n~}Dstr *сAȩ|ey``~FH=|Je}+ SlmuoH"EYC}ꤙщɻުoX|uwxwmxkgw~ls|iGBAls}wc~_v|qkP̲iFzio.E´ϲIYּ˜mcx{lgt\bAmûmFFOg{=*BHoYnn(fyv^@Z[?sjaJVawvLY~qeWOR> [km5p^Le$9J%f\lr|z~ru}yXyBAltt|{gg{ȥ~O_ĤSǔCvAȹ*xSǮe/H tFġzug++mzNsi7oo!6L h)^17n F*Lm6/)B8G}-3PHO5$sN.W=\ć|_Pivp|u`ojl|UCBqhoy{~{{{u_P~ƳtLz~IBacuVӥɼϸpm _r% Lw0K ۲ ̌stWq='G~cDf_B&]kv;X^1$*F4l!5E|eA8;32 v-+E`_hOEzvy{rmqvDD}xoph_zjxrpQ}oXë{*e>Ss}1P>*uwu!M(Mbu )w9rR~GO%Nf]-J%& sh:c3iA$P!A`NWR7s0t?:=p;8 NV >dmR@r}tuG0D>{k{rwwfn½{RrmS?zŤ͠1Q̰W!<}MSys>xb'd*^lhid]pnvoBñɣgd>BSYdpfIszAthq`mdfbQ|\CF^u 5we+7<4B]qOB{ G Gӏ1~tKN}gkiTntfI8jr7D/~xayyq}ɼɳÙSKwī#uȸö.R ºȨc}"2W .~P$Ǧd+S{+ q_5hJghq1&[Np\{WæIzXu!R=6!|O(i{cӼ\ JWz|Уhz>ahovhwqE=eWDA}s~{ywv{ǷxƴTpƺŷqo;ö?_mZȨj#Et8\Mx: x!AV}SV}o/7X<ɾ^irx}röëřµgcNkV4 @vU>RN~2cJN5nrqtsI]vwqetruN_ueD5ne~vyožǵ¼oUµɩʔϮʮé|6|Ƣù̿Ŵڞ.pmccyeʰbûO}$\&wVcJ @ݙɷk^}bcr9z?{níҡˠtȺ1xT, ,2Ϣ:;@-F˨-`m-vH]qBtXJ]vxtk~pcMNgD.p{m~vuơ|ɴѼa•s{dzЪɯȧE<ʌ2\ƾ­wĴDzCt(Ks/8ƟyE i~I{ oWIyøƸ yu}*4?rRemPtyf S~LCs{miuohR~PDt8szkjƱȽsp`{mƶBCâſdCTpֽ=Z|Ep/+Os#g> &t+_fVL¬H {~jg)@jviHTZS F!0hT ~CHy~y|tS|fF+hDJ~|{|xzvzeu~ÜǬaäű<"ģƳv2;êÕ¦4'+|;A8z-!Y4Uc^|šőVO }u|{JEB+]|75[2Ny&,~CT}yxojw}o{&Dlf}u_~jS`~gclrʭq~cy\ :Ůncwǯhgsv0p)iap$Q~wq>FU-˜{$+R0bakȤi i$$xs 4!nkpJ%%`]~DW}sxwt|w{s1EVuquzztS7Vuu{tc}{{pyb{}nxc0[x@N!=m*PtT#VADTbůȶםĴ1nAUV]{xY]ws>_*;\d>$|sѱ~Bdwn_j`fpklSaE-vinrlxf_lz|ojjgrmÛjmylwbyK_Hs{OR)Qc*X`% 4g&#b*Z–ǭE;;9&sHķo([Dzq>$QKX5^ݜ8MtfkG^(qtj~LZpzqzo{oXd`3E3xu{}nvn`tc}cp{}~|iax{yz) g£|~3il)ÒɷɩÕHIv.1 dB "_S\ƦŤv) ß{;Kƻnh g* tY #hE{3}FyBGlMc.kK~HZvvu|vzuwvu*/J}mkyx~bwlu{Œʺ6suza4)ĹűsILλ)ƏyWKg-|&L͢aJpl ;H 𜈉 SWɣçz?Y3E oç\sb 1DH-5WZSI%vIkq1JzrRMSjt!Cyf~EVZ_x}~vpLdE?}}c|kqxz~Ŏc|™j}y{]lŽ)OhuU|,( #AnYWnZSGoîϸż|-ERfSy{nrmsq 9A8&`Fɠ찓y⬛ʧֲջܕѲ~C[s{zyulqs0G/t\x~|tuxγùɟ‘dǰìóbEKðEW)ʡƋɪm'z+u|mW Dy,W6`OsP=_XvK^<|=RG~ǚʸxmm1>@:qxjYoC[ ;L_댡~BVrx|{R~>GLv}uoqwypkxjǕƺdҲƽơ t̲̩3o¤)Ĝi|49Κ4\* -d4Ba?XISJqRCTat|]_XoD&Y1es{%0hES~L@~KNxo~^Q}^`Gxg}trjtly}ͩd®ܠϳϽL(Hl}θɪ«Sx)¹p&ywP7XOm 3Xz`tfI:\xnIC_Quư㴶´슄Ά9êp=Yp ;n (įyxw#9) aomq3pr\M=xryeojmh{8qFT]{gzy~sgʨ¾IJdʺǦd&tİyöοťl{NVǹ)øŠx}&$/ԙj{{g~we<}CMJlef}A;{KtPg!o;xJ^~i{G0bFN:ÜĚ]&[D_ǣ mK=oS6V&"fq<;?Q*=eSpHLQkcqgp7FNzpz{zĶd̸ϰ²ǩɛd:nR~DBjb[o)WÝ~1'0~ByVbY!Lpr;ZIFyPgOZʵfmgwG*ʧw.%WH?:/('Bnj T,6}D EUDk|zj/FA~zzld½˧-5[~`CiNby)4ŸR0ءT_B Lu:s*`,Gzl(MWɻT}fX]ȟ?Qu s`M|pQ4*> - @ajmxP_ Y¡5|ˊDMpv~jswtzz.F=wes_k}agoujyylɵþ|dsmE ;t}Ⱥfl)Gy Tx0ȍ}EB7 "MnnAsldElɉXLHø{cSli`J{Ans>}"VTfd/CjK_iG@({\JZXyz% jЮTɋE{fh{l|uZz7FSy~Uuldr{rkeɣwv}Īɯɪ3Ÿ¿|}l#rS.fsK)7»Rm0ׁõgvysM{N[рhbl#/MNidqdyt(gjAhUKYĿ?]`@{~z*$,ifcz9p{PNQ UƵLُML|u~rbnl;G@yz~soz|sù}yȯgot#vk}n|ɲ|_()ixwd^Yw~ė1 4ra1⒞‚v'fΙ$$=m1@p9mii!ڲKEv˲γTXLywD,Z9hz'RQcY kZY؏J\uxxclowj|;rl%JIvTlu{jwsyivzvtrµu|fǰS9įnyx~ë;&|}w.yö3:~uj1ᓕyh}bHX7 Ew3Jy{w6LUNдwat~RLvD@Xdtğ Bf~k8n iWwCiN΋HZ~~ru{nkDfH1s|~mt{q|qjwex]{äŧ~iɡȠz`ïi\TSBz1ޥ¢b2?IG\rx>F}A-"SUVMnJcx~z^aGcP/rx!ʴXoM`BݏD`p~pnnwn_kT-\H;xtpwn{xwozRǬɫhiį8 9~sĭff)6n \o:*ۭ, GwyGnzQmQlSւ][>?aooURƱT\||U|NL «۶G7RHcEsc}XKe{|{cw|r~~z{µ~iɱʹƹ|] y}m~Ũ{þzw_i?IB!ciw_5ĩm3n4gUBH/r=I~xyXfGE91zͺƥKRV +P}4?rV4旐JU[DC LWcFB8wXe`rP]¤±>p2_D<ǵ!ūʬYJTݏMeytc~{zu8\W~;nHLuuvnu}k~vzl}ck>sſ̳™{}iƟʾR*szxĸƱ̒qtŸG s;}!=-,qms6暇˼êɻ{rgk|'NB ͭ^]LEdg\yj`ZzX F/Iϸ ͤ͡î̶.މL_x~vxhvi~o³+ |SnG"2ãv$txa=鏦Ǩ_f2n~UEzPM?HWtwm`h^h|ohpw~^w~GiFQ9WKizzmpf:K*WLutzuxjohKlgs|ex}~pr~xvdtoq|i¯p /ɭðvol* @RRG<g#@`3fgg~ i{yL-2t~Fb{7I"WJ]teyyh|uw}>!'XPi|qefsszvllxytr}||~vyo|iАdUcʰ~{# ~vx|¹ǰ0 !\l/5Hyp|?|w~pqfw|n3X4v)t]EcıįB"sr~p|mwnxlz{}{||o`vip}ĦφУѾĦ{w̓ʟlQ)WjzD&Ϳǵ@¿gG㔐ŝF4ld~4r̹PQIfxǶǰ@f_ē+)ôνR\t5qW|ELuoypx|rg~zuy~z~[nƻ~iƮ|tp4 sʴ¿s4狐!| L8<{ O嬣Ħ̜<Sh7NˆTdrzURVHĭ½űNjUM/{řâF ؔ]ƮepW}Px}p{lg}r||z{ytleh|syxq{còzt{ǻip[YRְɷĿâ{}sɵžŨ;!+@uo(:z{k Oۙďv"]dXhZG`\iw˝FvONB$µrWZջ˩9W}Rwmzwowjx{`j{|}nxt|lr}Ķjv«¸ý] gȳ¤¦}˾ƾSK#G :ŽzR5Ôĝq| J%M]bZeFE.ehXŽ.FWlȊ$wó|B=M_P H§WW}W|nioyjwh`x|m}y}yyoyv~sx«ʽkȼw ^ؿů`˧ŬaJ"EQ>e)Yqj_F•˪ìt{|Az?}x6ZU^5RJZSdou~̟PUBP5kzzķnzrx|>Ϗ2tH @JW}V|{v}pzs{ywxkyt}{|y|st|wltľóϪ~ln+ <ʝu{̾ŽĬ¼áE"OYtps|G~$*Ez:{pqUYffjTPOPcxtWhtiM;]|462X|mb\yryưk|uEt}GP]g[AQW}Pvrby{xv|zlnjseumlnËmȲM,Ͱʯǧ6"88^ugPd"zz}{}F猊y|}{at~|tW8j~?YW*etmQxĽt9Bq>?_OSXC3)IsxtuY#_y~4܀6h\^FAWMbovf}t^drZkb{d{m]r|nqkva~Zsw}ٷnyuhwwxͿƶ>)￿'r8AjvTJWwwF߄wǝoevl|OH>sVwVTM;'dP\eë{E,ʾyN/6zurhS7bj ^J[tb9 wF]DA)KNv9e}J\lxh}k^[oz~r{u{pc{}wx{oxiiwÞg~ĨƜnšsV—zt~)zEmc@t[<c|WISg@:D:A%L+Z6E^>&Eęyzxvwok@OCa7dM24xC[kQb3Vy~}{5lFq{~c3s eo r{M{7 Q|ɚJ}F5f>y}Onoxduiwsooy|ym|ll|w~w{zu{|~t_{qln1A}ÒoɞrQskǜaÓH)ZH~4 :^>HZI}'jISP4F(1EꐟwuzצM}^LPJqS@aV1aNg])&ǝP+7=Xl>XD&IQo&JS'd Gjb o}UXq|mxhkY{tru~t|xo|{pj}|rt{z{|ɾoУżsU0yxE# Rxdevx'Oiz\|mzB.& 0)(D+K%d(.\J)Sf4]Fpp5J_dOqzI򚫲k >I[ #ʬ};mn{sA`j7iA'wAS$ED3+hG#TEQVǞ('9_kbt/DR;YR$]cadJTP}Oqnuym}r|z~rShs{f{}{w|~~nzvq}zxaânw2¶Í/;4_Q$p@#NkgG'4}кǶIJÄUeabQ,`)zYR{{hzOžĶϱ­F,yhz32xb iV=jω^!d2"]&h _225'4&PKjiQ\}.,+U%8ojHXXd[Ccoj8}L[y{{{x^~xrw~u}}}tl}umnnttzibjŜún/Oy}půC,&G;Yvfm7+¼]XNh+a)ǣPmO񞓋Ť}v°H$o6@wPlj梉&p}rT7zU5}N|{\:ˆ'dǐ9DȢT l?@E24-XeM r;+D& vĝ]cL}Osxsmjitru{h}s`}{xof}vt|pxv}~ziz{yhüÿii{ҶĎpž,b7~qhDF5yTEcF&> îʯϴ<Q)xuoGRkr|v[}L󗊙{zQ;Dœv. CWG0;{U'c6e[vbF҈wj ZTVWaIoJ{Cyq^gx.a5jAM3(291Rcd H3(:Hsz{1lZLoQ}H^x\yivlq~wplzyo|u~lu~~qyziOuǚhȨ8glkwr~i~wtudF|bwdZjï1c7s))x>say;G̓{kv~L𠎉wmM}{}Dpsd&c'(I~N\E;bf1HxKQUQdGΦMe"7]`^7CjqpmQN~zzx~2p`1KFN> 3TgqxES~ԇr{}Pcupovxislquk{{~q~}uvsv9SûfmC\gۦ0 f{zϫƻ}\YowϰP5:ιB)0EFvRs/R\F(~WXBnk>\UA@#@JI,otqsgAObiXWN2kj*syjVB`/.6Eb;u:寰ֵբŨְ;ASPyRjƘvk1ɛ{G}{HĦVAlm<\JG}O{{o~tussxnvth}s\by}V|lw~~wyeq}{{wjx",6BgÝŷ[0o˩ŰƝol\\Wfg@:uT*;2)m]dADF!B+U$]uAR9a'M.ov}O{tzR8 9AX: `+3#ezKvZB|ZZ#ZZX.  :u]z*S¢  }aɜIecDNn}NuvqojvZsgttyxgw{x{{z{|v~|gl|ftkә9Dkix ;{||o*>x}09a9CE1y&RLuRcH^N[I},"r`)KGIAB>6^+0#6W9Z8R= Fk OIvrn#P FB.%*(c5hK.IlE5*Uy9.fi ;Ur:w_bc \qnO)?Ô"(!l{{Ȓ<k}MluumromijcX[zo`}}y~~vpe{py~jy}ltouq|olb_vgNF%\heHǕðȧI3<=$|Na;*;oLj.|okJX oPYG-;s N`VKB82gz)]knioez|htrtEO{{~%#9\Jh; ya!`({Bğ6mӴ,ϯ®~E`;*X}Nyitz]zpf_~u}ru|{vw^t}z}{rkz}vpy\t}zsnsxwt{jķe#paxgɻ`{Ə}Q&ųqE-ĚG>HfI7bav~ŨZkv--}X:<>;I#B21))vziO򤖎~69ZyPUc~az թ~n( u 5(=^ɳ^5|+epƍɘpbJUjt^GkW}FOwm`e{phih|sdou|vnuakdo|zjyv{|d}jtxti|a}epOOCRho+̬l{yb`_S^wsFǾao&RO77M}CG;0eMk'5;7w  !T2(S)ǯO񝰔~vɝqi O]NdrKvvNiovZcVL` IN4Y׸ֻ2J_!'iFVXDaKgi'+AQf$®ï}X}9gl~zkxl_vge^k{zoprdt~py}gp_ot{jnllQh[MhN{mWLdyǨ{r5tc%F>.}xpx{lpVwgjsNWRzA a)¡~guO􎕨xg{y:=\_G dnZXo7jȰsMxi\b7LdpulB3~3%֫V["{+<I4Ui0U:G2XYdf:şʜnd}FTrzhxrpcvxmYywynz|n_cxzzzrl{~y?ph]_iõ[ees AOvN|>2Űta۵NhG Y)z{]yPxv}Ń7p;F^Vs.d^f>TPTl8íbNrp}ztf8j]:`cM0i+}. juL9#\q;:gZ&PA+IHvi}>Lw~~w|q~h~~lqx{pssxhs}zm{phyvf}fUeuǯBuc=P"|;jŝƸûՙ;IqE«u\Q.p)}osugYOưzĬ}'Srtc[c1aOz.gD:O6uian|QFYx~}dLI]hçò_z|P}t6pJoDG+rp CF'$x zCDxg c STWv]}/hl|xfsogyz|v|{ygyzvsor}wueu}7eVS>`y$gűƫl_D9[ G÷msfbгȣ9gw5'p){ò~l~O~~ëU3BHc0 @RK.!fvj(8F3I_ BPD2ڞ_HǢ3!V7ѪHKmOzzf>+|$Sh2'$; j70d h-M-HVGF\{W}Fumx{`sgm]{ta|zsvv}p}|j~wlx||~lŠ|VdSu~ȥ¿l':eS+)k[|};}p 'xB@]\[;!9,7r9 & z_O5S)L*`A6d[5?@š<%ɎR\DCGqv¶Įsw$ QWXVɵźC+ƹŷǞŏI4c~ahFQvX}*mwy^psP\etx~nuujwoldzky{sy|jwxyxw~q}xtsn}zcZWHtK\ &ïΑyñ??W|ǯMrFuz> _>(~)Ʀmca~:􋝝ɷÞ1&zP)LU"oe0Q)Saz %jì mfiIⱗh@Qp|bKZSlQ]8WԌƒaC UX}&nphkvrqpsfypxzums{{ip{}}{qfl}}xzy}nzlxkz^X4cn{5 P(cEʰ˧]M(epw@ \]O=,k)d|:P~nou|:tFK@D9.Vbr\iI gug 52w pPwǜeCRvZp‰/HNHۑbC6?EoNFMHm¦̶~YcNX}wmtzuzzlwyznytmbTX}rvsgi}wuu~ztl~}|rscz|mkwwB;q{ͼ'aYQjcnaûiAfUYTíGIŭn _x){wtvn=y~w;8;DFOhHpJeXfJS} M6GW']Zpd]`(+.m÷TAE@@h_{@3L\->bX}zw}rsw}s}syryr{v||vta~nj{ogqxr~wyjuvgzQPaMA=7$d;v95Q^)`Zmtt~[ZQ{0pB^z`Rbà:;*SM\F6e2WAm+5@zxcQ#7ktq=Ogrz`&4VR ~x? Y&dMpJa9wyUWEuWo"bs(svGˊBBjAX}^}v|mi||uzu{grvqm~{s}jifiyjslyzsu~trwpu|Ŧs>!a .jrOOcdj'o??JqpG#KyKVyIDmƎyѪxqRCbQ*Us-CObMG5O0&?Lp!U|?Cuvn OmñĶ|txo|z^r46sECn;$p|i!S =LwX9/$6 vcqpQZgO[ol()G>(yXo|@XSEQTLbr/X}anqtuus{tonvqZtu{s~~rusvq_hto`wi~pyxpg. CFgdW^oxm.lО|[IC$NF0R?2]o|ļcoϬO 2'F#?"7x*i'HCNN,h`Ʋh`\Ptt||gAcv h<9 D|`5OhSozP̧kd.O˘]b|q͐cUJned'0|mes0GI2GSG]~Z,caE-F}5mcW\NqX}cmoyqUeqzt~w}vh{li}u|{}utyuyq}z}yoL`q}wyyorlfckP!.`kuф 0}?RSCM{}g-_MC@\FQ]bmnmZ]63c[/O,o=+>2>`!NT1\l/j?*Y2;[M/P\vx[O~l|s{NWCx84aaiG{]aLv?:W4Hn0 % Fu=9O^r_2vʕgQ>QanEKe_@)Kkp̭ΫŘ |ZifraҤUQهL}nħĥ|FѽXrx}q}s@Xy%z m^kk`ǧC·p}tstvzlvmxjgW|d}s|b{~|q{lynWnGR@-Z+WX88yFT/ZVo+  E?.PQvdȲR_`$)mwOªÚí~w<\X=kv\:Ȼ¬Nt+g°ɥ]lLG?\~|Dw ZQͤSWͮ}[yex~|l|yr^{zs`y}ps{fivkurwukkb~CI;W.  aKL4~SW9X=tF7L OBĭPQƺy!_)¥vvgtP}y< T½V_oѠzMBwjj+kžXpB1m2i,ʻ_DCX_@ĮĦu}{~yutyr{|w~yu~pfo|}sweumbvn|h}vmxg{Dq hg  0j I:9:`V7;):U wdMYn*\)~qw~Oéúgz¬ŠѻnIr@"5kaVYmU{|HȬ@ B8p,[a][uP[d}zrt|p[hmwv~ywxljux{|b_f{q}z{\ GT$jr B .6L:;A%^k\!x8bOjjg.攰@A±g]aNJQɶ)~|qcq}O};+hƑ/Tu{^^z$erA"X{o舋Ln;Jmn)rE~pJ̷QZLKoT8}Qqe}c_J1u,^_t0a}hy~|sUtnau9:~)R}m{wwy\}}qzsqvorp}{~~urwzyeytq{ifS_)Jdz Nwu]`j^`^=b * q2vA^Hf Ilƫ4Ai X)adx|Ox{sa~x:r1:|pyp}L>Xf$WtoPfcAxZ=<9OV#s&CCKlnJճFJBwĩͣSXF{+7lHR["|RAw-,q"];mn=KXH6qSb HNS,\#(UY1HqkeMt}utq~rt{vv~hjqu|lzu{||rxzlo{hzqyviu4@b}m LoQ1`%x\G@WpEgWPk=Q5Fi=&J)~xtOf|~v|rUx;6W7ENb!H^ SM(y-q9?-?.ha^Cwr" tW@w$HH_vnnxG>Ed[MEoQt=\|~d{nEPHeIwv?Crz~4_V!NS@&`&YŜp_@/4J*;0gqo>lP5}5tBA}m|s[cn|w`X|wt}pclptlk~teo}ofu~}m{vt{nznpwrA?^xwurQyze@.}| ]Qi7eI1[qPrq)3Ka񼃂X<'Yy)v}zycv{P|}{v] l{\-eR&̈́vݽߩFWaXVQShdzVo[ lOO8mũ@x>ưjex]}lzomfrqv{|n}]{jorz{m{thtx_o|xo|riydywy{}z2 Wr{vctS&S^b{{&!NI+MlPE6<5!+8.# *-q)pHy|Oũ̵íd!Ti1MFF|H}DFȠµyl`Dg˪>w_ari#KF8TEĩ?|kud}[}xwj~]kmbejn}|iln}~xhvwoypylx{nho=Luy|m`q; 5qs_bsiS';+KR> #8Q`rIJ±ǭ*_vgOz~ƭ֞WMme -ICK:{Ix<ߓePUCd§Ttda 70CymuPj`c3YX}xqnxfncrztxjo}d~{sb|ow}y{( (g~oujqM!CxyyogH@k9|+YD "+9Tw\mq^)ûİĭjqzmOhŬr^[v=u9" L|c DݭVQʳWwUyLJDl4fs7]wLFROT!SJBH~Ƣd{aQHih>G}akdlipwysszh|{ynrvzzyxjL ew}~o8*^]wntv~zZ[bLu .Jx,Ax)2lxýɘ̫ď)Ǣɵxo|*NöxˤX~r]OMl (a>@>GyrqDxWfɫy3otf5dHHIbD+UH)|UXNHq z\fvJ}dnts{y~zltk}|}urv~||0E~y}sgxo(:wkm~_4PQSm6p9JNgLPsE3^I֩[,;;J¨ɗ)xqZPġyģ}nƯjCh`x{OG^ZZ|t}nXWC~#h>j_@N}y%.r{}}`0M9^&Z6*oh^Iv'IJ7\MM@}dzvvr}||v{xyy}vyx{ew~vrv{tZX~{w~i32Z}{zxtsya]¬3 @Als r-5e?֔ciDn6NcʫB,?ÐƵ)âu²zt~LpyO{~{}wh WqJPfM:nzV1o6;3_{z>9P890vtotpr{wi Ut`}}]f9[}|gk{|sv{}O"PW zu剩ԈޝbtȯeQ,nn~|)yĶŝ¨vp~O񤙑yuyc|bmIwWQzDppr }L_J:Z|fmxO t~PL%n:0Hen5kA{sS\C==rGo_kH}~~lrxj|z}y|jrypi>LaDU{H9{ulpemuQ [b|ntcqc"?sy}bpwrkqpRmS,|H`-#mos)pz}hzpf̛usydO͑sp_~vYmU7i @=Y\D)laI8Mjd!uMDhDNjZ.HGxz??**VIzh[4siJx>fUGk:dΈDEZjeyZ``@MI-&|xr{yqym_kfjtfxynDBawFn3bzzrvR8munb\}n]n7)]dgsmo_Mtqj{nxjmm*1|ueUY-K|t~y)`v}`c[O͉9IA G)u¦y1,J{o qn{%ȼBtE}stzqzxwtu~qnv-%#m|LA %L.i}q){diPãú^q wtu[thtw|X`}IuWw_C{^iQr;N8Nurc{Wd׊Egp~tb-Mjy1 q9J{=GX;Re?:.B`(%Wq%ZA}5 SNb"`6IpL6Zw@Tp `*?2[qFcaBcNAjgΙA0JM\{ĵZLQj;2)K6?\I`R8F':SdmOa#"qS9/o1\"7[ cS/LK'H 8oQ|>AKqxoVK_ULHwDA"cs|r|yp}*j?ΒE3rx(z}]'ny}|zo_ZWpmoz"wUsnx0Kĩ̝`jL#sѲܲĵn7 =¯ƭȪ)|}oktPOvTY9%Y]qyQ${[o`mF[{kPyn, q`iK**dd| W/e=èǯ8JŠ0J O*01yz\IrJwtSR_lS\yoRrZ]ox~raFiT;7y($~{[00Kx}sruki}vzpmj0+;4 '` M'1,2)Z:0@ 6WnI#Jŋ2̸Яւg]ۤק.Ǯ{ƚʨ*͚Œvhy8OȈu^xip~rwKvCH RdAԮ؉mrzbfY"@_5]Yʾ{|z~>|,h+UN*-2cz~{Xx XBAx o;Q~tǶR%Zak}kgyyv}sE3;-#Jk/2ztzxu}c}vkv{\yB8c Y4$Tb`xEEX)5y?V>^0y8#/aDo{UT.V|½ʦ*̭rUTP{{}kz]|z/^xkStsqHljϏ~񄪹O˻ĪFpL3m6A5I{`(<~4=OHkA)eF>cmbqHne}gQ}G]MJG8MNPZU^A06DDP^cewqo`N)s;Xv XoL!Ol{qtuzgqotz"`khF}&%[`4^} q)@<%] p2vg& hn>K9㑌1E hu*x˦wiyn]iNvƸ{9\ HKg\|uǢv$0Ga^6H^#/1ni= y"IgGlS Gr4JXϴncΎE܄zvQa~GTʨxSSQ-Nx;Ki blrP$C~tH4?]vt~wvtSLjE/[IG'IEh:L. 1W?9lrGfp9]UIeHuzYlyRTzx|o[ztxvķ+v}zOŢERGPL;Pàqj )N\T9ux_JM "4{KDbsw\ȽIՑTp?9DNW;5 Ir< #^urs/{nhrznl|q{nC**(Dcb>s$>gS% &Ww_t1R zNL91Yǡp_{rup)Ͱm|zmq~NǾr )(I7zįqzz}~oƹdNSdTrv&G g0NI(I"-P=9IZ5>gƣvKZ?SPVaMU]^egIW;B/f(!e}=xNV{~w\xalms6D^){qvu/*HH{{m/6Q[1Gp5}aIZ7Iez)^aȫ)ƪkpmPĤ~swg~ ^x+G J8ù|{VZXEuT}v~ub\`åtlʬDW 7NsxJ"Hffxxh}{y}f}*iqb~cokrh%d4_4_EqqsUi#!_ HINsQ8;F)ƼxuwxNmpyx56tvxPo1Gj`U}{{FnT~ȇYQKVm9EW\xRouplm1#O]swfu{xuqypezte{3{w}yuv©v|09yiJճ6+O, `Z4(x`cml32)Ծx_uNǑƤ~qvrms}~^xj#XzdvQTKvGiǿƨniuϫ.(5²T~ţBM8ŠXEOSWsfmAM@X}QJS#Qpt{POmcunc6xu}nA%)T`qiwkpo|@x`706w BFq2bYnY.W'VBlİ)~i}PrykxN 8poD@E8c{c} {z]yGTZeŠHǺѹdWEbC$2'è?Nz~b;Qm@DOMgtpu|{yb|tgxs7{mza}mr]6#jkHfRjxp,c(sl{s:=nr)ĵȼĿǭu\~bPÐzqyzxZuuig`x{Q3]G]}v}w)KZZ|p<ljTƩhxv]T?wRWQjE6HC*F8 Nk|Fb$i=~y|xvoxunhNooaTIm}Ǽ{xI'GGoEIs~jO]ʀw,EiB:])fʥ}VNӇyks{{-PFR_GYǥNf&2qR m@`)?PFQuUdL"w)µ]N֤z|y|{s}r(> H>뭼Daro~~IBZyui/IU'Z Tϸ|{f2>EcƶMXoTm/hs|g}|s{r]T.rxj;szVnhzmomcyofK 3KD1 !B;*}%d,OFBDbsAn!'A*t~kNNȱ~oõrksvrbmvxy~{<+|:2vD8YRbD5|}qnp}u`&FthvlwЪCMpW&X}q~}tsrd2LhcBooww{v}uwBEj7w~‡e@#>1v,xa3LO(g6#O\mQL:zLP)ntNҒ}vht{}~o~tuwd%x%'o|j\ˑ9oS 1TD:Ȯ|{z}||gujybKwbeGM§wyI3lW'1~|xe|{dv;6pnvxnVAdtdoXxyy{yLxT:>\5fFjIO4]\G=qUPV;y9D31 u9ʘ]šwDg!dm)N}y~px^vwk{|w%z|jUAeh~wqpoeE(eI0FFe i&T"7q3LΉ"(yM:"7Ew,7.p)qb}”fsNĢ&w('z¿Q tarHCC`‹!3˜lDrT;£U@(qxWyIn|U(?tpy{ztBqn~uu~i^GB M /$YY"jS/6P _[W;xU( YS1;~ϲ)}awNΠ&˪PGb~ ItSBaˆÎgXczDdDdPhǜe7(LjZo]J uXPkPjY m^a|a(_{y{zen^}C{n{`fgnwwAbu~tohUIX>?P.?RS0{H!ʟǰ)v˪p}qNܶ&0N̢Ěpp C'BXd9%{}cuhbWD2@Eyp>`!M+W |[mMX\c `RUxX)Olky]q~oEs~umgup] x5m.@~E8-Pzt}Ş)ñtqyinNڦġv9X .tʧnQ=CAB.{fa_Jk>Yli`IKTu:/qµY&<@0E#e_M [h$?coBR{R)*}|}s}~}~wMyo}~wzlt{lsr}\nG`LWiL@z. Dd`V*ekZ(C(ebU)IB $:'$I)knĬwgqN櫡|~|j7T{gD2jARd-|M)cV](/dW602.Qsf}6uTƭ_w7Ov0X4,giV;MZ-U=Sy^*Boskus~Xtrzy|Mxqzm~nS{ǭw:&HH@GmtU6 '@T /KvxsyǫT̓îĬÕP>{gl.T@z{tk{|Vu|rv|qx~r}~sj|n~r~axqsdj+ ?uS I}iI]fDneJpI3pKf4])d}~mNːfy{{} {r{o[-]nnKdP~znNlzs6bnOZBpjRg_}e{VN^SmOmh|g~m%T{đJSĶU`1w@,Xwxt{kylnxq|rywm}j{y~{}uyt~&,TË0vũ¥vu̟x)woģtoeN璡pgvyq]~i|yy}|u}|ezu~I ZtmaIZ}~}6ghhɵ¦zxoTgKjsj5=I|}V_fw|nx}eod}rxuum}vls{n/5Ĥn"5oƧz)zë~Nؤjwt~u~{}z|~uv:?HY:UQw=yTǹw{z4JKiw|~qzm{u{ut]N]oldmqz|}zoqpʢzKI_ocz}Mir~xqV*ò[áŵyއNܪplwlvs0H]>^1Vq&ǦTýȹ̱ġkyd4V:yyvbdhrtd}|d{}avqz}wzet~ngjwħsL&-40)>]|]$@2yƭ*r´z8Nנoyw& +AM@åâT°{|bB`ÉŤìfvr5'~vxnuqz|zroyz~lzo|wbUsrzy{u|wz{o12%+):c~ D`^mkg|QdfPVF]Vcdeavfǻ*p}y{pHN˟wyw+p ?~Qk^cwʱME:z ,Tw}s;wUdžĻdw~5xYpo}ofw|p|m{il|~r~zyzmauy ]6CMbF[]u++Y&_2G)mwn|^NԠ¤~wv{vtwzv|zw7ijh# ^vXEGogUADSrzafzTr|ȷyyz\k,O~~6Qr}}ueeffkj{}|qzuxxvu{|w^kȲvȶȰ̢xL~WR ]/c oAQk'Gb CW))zqzx{wvq\N٪ŶxzvƱxpxo7)48?ZuXuhgAn@>AZU"zXCYzYr{qy0ssv~z|zi~ g@kãM~6M{smqxvzzz|`h}f~q]ħi3?5>;w9.>I X!LT q&f0oμǚ){yŹxzrriRNꡔvw|}w[n{trz|˧~B9P/F(T=a"ZkH TP3uz|fzdz}Ts¡ls~i?Kmİc~6N~yqvry{xydyfw}muvp~rr~~wC `|{wfU{)|tswlNʇvtoo}uzouw~˫X#`zp>Pz _g(E.S%;@5{xbrw~kzSTëvuwuWSȝŜĜo~5qazlxazzzdswgswrxnzyupg}r|jxatzì‘Lǣ¯)mnnN׷i~|~y|q|vz~O+ !?(,|'^S-9n$7F1>;vFS3y{zwkty$_|nT{~u{Z؃Xy`|~53ur}ellwh{{yxulrntnsnqkilq}īu(έ¬NӃ{szmxv}}_$=_}p}KVTʟe{\Ƴq~4S;zks|j~o]x|}|~r~}syrqutw}vwr~oo|w~ysX~}Ǻħė&wNȌwv~ywsX  "6V]hz|psJWT¢oPj~4:~ps{n~lmrxwp}}kjn`mwnzdUbuguwfron{r~u|up{}lgvklƠƢj)~ytrlN㏢wukɳ~lĚj1 !%Wfw}{oy|UMT˫íM~Czzt~37zolop{zduw`p}m~tvz{iq}iy{{wczvikuroyw~kny{x|e)z{xxNᙅsx}zw~¥y{||Ʈvqg@2 &3bjb|z`eWuyzv\Agytu{~|w=rOȵĞP~2Ntubxvwe{k}wk{}|~w~y|{dngqvpka}wwozzqag=ʉGux)~zy_N䌓r}fqw}z~dkxsxxț|pioTvhm`G;D,0 +09Ikxu_rb /WYT|>dn~te\4xom|@Arp[~Z0nfzetckZo~y|wwkt4ipxvxurnnz|zd|nWgFpt)ƍ{|r_Nႌx{~~s}|Bim}}nc9iLpx]HB(/#5V{xvr|]Xx:}aIdRIhT}YtvqF0b^N_Bl5ky@>khRNa<jq~mBxQ}ĥ|c~3Y>-4>Umm}uz{r}|rymvua|yd}cYyrvexuzkdvzik^su%-c||*uz}we!Näo|{~mrw~}qj@tsx{w{yn9]cnuS=  8Clk?-:A 8>,Xn7l!Z0 K L\;BBth5-rjvm?: 5CfvC7W]5($h>:O`jH{,$= X:P}BP©ƙ[~+%mhpzyjjl~|zlx{osuj;? n,8|{qrrvwvues|~nE|5wqow)ndBN۞uh]/}~P>/^@ZRgW(%sYetmla|nzt=@uS~*LLhjouXpff{szsyfW~rur:y52~3BGx|gp|zt~{LqA0wi{®Ę)|zpPN䧱ɡ˸ms{ħy`exrnJ%X{~7K9YM2W)4Ž}jNcXS~,ardtlryl`^kVwmrleh|;gTg9WBr`!?x{~ps{lnqbuo~^~Zj6@1`TRrtŸŮ sybzNp~yuXvw{\Xal{xnmh#=z}ootHUvW~xŜp"{iP_ƬðtQ~'Cs{qkzzglrz~bgjzr[;zrw}wvia}>(xvbw{ŵ}N~&1vqd}e\lizlp]v~jnn|pQe9s'xvsljgnrxlin]miktv}ywjp~vrn~pwbpsqqwxhiOfblitsrhc\Ȫy)ơh~jvZN呡|jjvyVwdxgkzv~p[}tcx~p|c}}}mu}{Kznlx©¬YHj}kǨaFu{{~V~$D{{piZvwvzxmspgf]^Nhbu{texvt|~lTqxqz{wrtft}me\mmuyi{f}SfQL|}hnitloQ^~z)tv|u}myRN臁xmzy~u|i|uljjw}yr~x{pL}p~?`BwG8Ye|ǝ~Z~$Gp~lgsyZsvqmrhz{yvqpyouos}wyz|d|_n{r^kv}lmYcedyc]tb,pr}xoUkc[uK[ljvkz~ttw}D¬)~y|}p\vKN䔍~y{v~t~~yizsgĔla)vAC_pɠԞp·óa~$"}|vhrhoaoxkx}zlajtog~pvpm{zyv{}ehyjqs{wjkfamnuZWfwm3ih.8qwp[w_Ybvwkm{nijkc:)|}|z{nxMN{|d{~{Pt^BQPWSQVWXZZYZ[imjlmkTXYVT|E8`mWvØk~&Nd_uosouvfzr|h`u~srlwr|ttm~uywq{}rrc`hr}{@T#NH N;Igg}}`o}eewchuht)ßċpmoN~~rp}Ŷwwiukp\]NZA!EN'0*vZKvu9~wb~'3Gqziviqlut{zqt~zobyWyycpr~y|mQt|kxqMF/'Q1KJT_8[xu|yomqmzwls~x{¶)nezmvt_/duu~}xn̮ɦosxȐuPi/HLę2go!C^S~T0)E; fnzo{mĸ6~(7n{lnl~rqbyvys}yzgttv{muz~lxwod^oT g=7 AEV8I%~P\`f~zqz~|{wav|ȡ~)ɜshZJNu^lw_|ykn}z~vorrmt{~rgzw}yxmxJW͎}}=<>3MT7Kf $5 ;>_e{=,1[uu~xrw?~(x`uvr]jnjyi}uklvlz|m|l{}{yc|zvyy|z{s}rfEq CA2DFi'SRDYfI\Frj^qB6CJDfvYveUH~)Tp|rgyrklrnhfbTtxhhrvnd~r{|{r~~ux|zoywvugv}\~[;=>Td[1xa@g x0W54TsjekuǣĚ)uqã}qkYN}ybtzgi}~|ztuzvokcyt{s_t|yp{Lڍ8GWW|fS5Rjh q(yP>MS)g.LmDO3hvvgvVgh7~)Rtq|nn`fwksyo^Q`}z}xoyp{{qz{wrSlSshl_psoXW>4$VEqP88`vG;,E`_jv|o)m{d~}N𦝜vr|qdx}nxhtyxh}vxlqxulyngy}v]ov{|{||q}xy}vojjF 㮄^0ZgxLs|wXxZ\[iqYzvin\d}tonpyxupuy{\swh{|ý6~)P}}ulh}|y|]Vbiq~wps~h~~kx{yrsgnhuxwp^@97@z 1zjgPe61,_@VsZiu|){~yoN~cwtk{}|tlmzx}~whwzzwyS~~vo|gpk\wqe|yqt~~THo}}~e?;T^W~sa{~}3~)Ox}}|{gmbtg~ymgZQmd|iyy{xRein}{x}ozkxdts`ehrfq{tobs^KqhQl7fISN7S5h}+}m\Nrpsu{w}z}s~zr}qcjopd~vwxz|mnqzxuuWzȌv0~)?uowtz{lzryh|rzcjtRtk|ujtpcsYzopiw~}ngoef|VU`aeeWeug[YX>ko${: HXf>-zU8pzsw*jƺp}zf`N|{|wr|tusxssgr||mwĭWp{Ďª}1~):}cvxxwy~}gjt|txz}x{xzam{iv~_z}ar~y{wdownx`Yx{wx|upwVlzbwehP&#hh @wDc( MJ~Hcqwja*sq~{o-Nv}¨~˿z~x~}|y~{}}~t]bSeO^xzywlr}w|W~B~-Avw_RlvlriUzvhi_zwgps}^l|xds~ds{[t|x~y{xw]uqcqej\q}qcqki[lsTrWaXd]rT";T,e8m wQ%^{v|}*}u{{|BNthxzxll{pyxv|{oy|h}tr{ywqxvdjqkk~g}j@H0BZ4A?>"K9XW5;HOW{hĵԪ+~.c0|uwol}n{npkhy{iune}\tlmv|tjmus}]uqppuhgSzh^o}^nse\ba}|ys~lgg:E7Uy(Ua !@,yveov)јx{İäyx~>My|~}x[i~kml~xq|tpz}w«Ǭms:CD1¼T l/wB*6 vWıǧv3~-=[{umtdjzZxso{xqcx~~zf{|m{pltkt}vvpuhb|muc}m_qi~vx|il^dDmB/*)D-C'l8>Wtv/~-D|}yxp{n_quoprr|e{of|~ut{oyi}wi|gxtwcyN{gxknx}zqUB&On>BJ\'fA{{Ҿ)hpugdtrN~txql|^r~vm—|v~wq{hk`zv;7U=Y60.9qi6 $C"9Wmx2~.Np~zoqlux||h|{m}~|vwmvV}l[rznauylvhkkrkyxa}o}xs7E$zp8^fJWHnϣw"xztowcdN~l|}ln}z{unwz||qjh}q~{n|ypD3UJgs:v]9E rI#AJY>m~Wc}2~.3{gzrz|uylx~n~}}gzqmu~rq}i}Q{jsoz|xsodv|p]|zn|iDLb1L!Evpyw6aKD)w~keRN{fbytszluvwgefuf`plcWhtuyjvi|st}~sQK9l]4y=QH^^DqPBadVOWo¬ŭ2~.Bdxrr{y~dqm{vs~l~}m|hm}ttmymsefjLvzi~qnbugxutX-0xY,/8%Zhݨw)vy~{INvvyw|}|uj~ej|zx||t|}ĥWxyŽŦG~.xNh}w{tyrlmqgoo{nf|ybpvx~pl|v|pql~[ss`agtkqmzyo\duKX|o uDѳ)w|ĠvjXN~}ǝe}w}||}WŴuHz1;v}|su`NxuivdsntZs|iq|{~xzyqz|z~siuyytidvVTpQnzowq;[STuz 1)wdtsedN{pq}z{x{|YwWŞfz½ǒA|0Kkpqrkdf~jm~}uyxvqwyzu~{z}sw`}z}}sdv|rj~o{dul|o_~kkpgx{kx}wry{yoti^xxD@L~)uxĩ~m[ySNz{|tz~|wiwpw~ytrtrhf]md}zyi~z{}vpri|W}>0oKeo{yrZfYdjQVzxb~{~|jjmg|em}nce[bq|vz{szxj|~Xw^Tipgo~yv~rTdh{}bdZ)vzneotMN|sxysqqq|~xqfn|zwkf~oqn}s}o}`_i_qt~kr}|ptiwuvqwe~yrxuyktoy~wtivW{uwowk}|y{Ʀ4~1DryfxvRg{viJLlwuqTsaspvq~|pnngeminxxlhvvr]wrj~rycsjry'xvjdQ|)}wv|fumuhPpVNqi{z]hVTutswwt{i~|tmjqlhji`vbn\_Vlz_~udJq}s}h`egv{w~xu}tptmtvtmyW}}skYXwuk9~*vszuj|{w{vtg~ym~zq_gx]rpfvz~ttrpq^p|wsml|cmhzkchkoo}u`rp}~_og{+mtKNɰ}zz~rqTyR{fwnl{s{yq}yx~}smrwdtzaj|Tj~qn|}{`~nykckvpfzvr~W|y|zw1~5#[|uytawp~kejc~qxhmnmww{ueeogjr|{wyxgRmwkw|vmp}zatqljyovr_jbtę+{xyzimbUNēx}pbzbciz}s|lt}yjsUyy~qkw|qtoxsjfqv{t{v~_vm~||i|~sWjxvxys}y}j|5~4.uj}yzflx|nw|e~z`vugrw`lumty}wwpfzz}k]|squxmkmtonuuywneR}s{~{}*lcNiuithduy{Hg|ywz{Hi|s{fpYvotzys~xsrk}ssuv}xxrWrƦ|{~bzypƓA~5+z}c]mun|~~zyxsvsg}{}okrPou{}_ceqff{xrs^xiyusM|*yh͏N{yruxwwvt|zyl|iZv|}{vxywWŴĻ­@6"wxyvl~kjTwd_}~h}v{s{~zzq~{}txvzG{m{|uysgzjemjpsNv*toȲ~`vƠM{|}xu|{w~u|{||őx~AũȻN78eS{lq|}rv{wxjyo}{xzfcs|ft}~|z}tnxi|tkYo|r|wwnx~eqwxWz}]rzz)giwuX5}ôjjåwmusĽWʠǍǦ¸D7=uuvv|~ujzv}mx{vjgyyv|uRr~n^kfovtr\hzlrxryy}pv}ou||è)txpv=NŨpxyvshr|}ΩWxt}ʭO9?vph~~}~|uf{u~|orvvwxuÈ_|pgyr||wwdptzxsrn~k)xd~}vsOvONymxҦaro|Ƴg|ezɿW¤ƷѧijǐG~=ވG5x||avrrsrzlqp|vtpx|q|xqhvvvl}gb{qx||nx|vxpksesgn)|uk^MȒs{z{k}w{{~zzzeq~rv~}yvgmywp|pWy|ͩn|{?}<3Nrwqtgwmvqz|wdgs{yxxmx}q_Qqmyn}koz~mwrao]|~g^{ts|j~pp}fquhÿ)|umWNԣwywynt~kknjXo{x}t~|ű||l{lx||t{wu}wwr|s9wx~tt}~|{}rrztmoq\^qMbtli_-=5|}qm}huy{fwrVgeqwsnhj|\opeyxuvc}i~xuprvxr[vuyzxep{wmzqy^s{~mtnk`u¯)ĨƤ}TNі~~fr|RxynXomvw~wxkvrqnqhJczw}ĉr~kopyy}savj|r{qx`}x}_fni`qi\Bu_XWicXK[XFZ4JgQWLHG?^N-18T<88@Tf[QJSkN5?IFE=.$/0:448F@PG7N:G,05='6./LFZRXTYXXMQVNLOMOOY^ L~ХAЏQ{cHhb]qq{FIunskbfwvt`Zgp|jlxao~xuz~e_gb]p^xYK~ml}xizy}vrctSfxlnSQghtkkpzzxmlrt}w{usqmsipurtatpxuzxz}kzdq|j~oZqpġ)ÒkK:LFM|i}wfngq~~{UXoz]h{ky~rmWRmr{~WUakf>sfQZFXTh_fgbgRTP9;8,+?/B?B$,C32;dW9GE2MJ="86;J1A*SJ9'>Z6I#<6>@?UUMQYZcJhgp)l9dVd^UXQ\YTAYX`bcKYiONliaXVbPb7P<;P7*1F5RB$2><-DE8JM45,0#"%3?<346+4*2$/2 TP6THMYQOHFNQRNKKPKHLPFl\j{|zwwzvu{tuvut.  Bľ4~yvxuwwtxuzt{xxz~yy}}y|~|~|}|$}}wmhS\bZ||zPN羯wtyxxywutwt~vųǷ:wZIw_>/jh`v]L V.}dY\z|~>yc(|% AP{r%_ը:ʊݳ}i+imzZ; ;ӗm'*E!_cI?QO=)MG\W8hڋa_A APBF=*}Ɯ:g͒NWsN;./0>3yzxF*1/É1tغ^~$x~w_$J~!3xvt- * 8` V7h8?.6/D'm o|B'j4Xj(-}@>=_C_?^oӹqMǡyZޔ_몗īt:fґSgOq]Jww|~"v1J9~I3c5G-S⢟t^Pq߮ZqeTߓqk1sL;s?zH\,>nU ܨg~xmFv]<=DOujp~2fȢ&pWHzF biMxƪxQͳdMϾ}@;.Zfl?u<ͯlspDYoiJI6߇FgCFC 9ɌLK{9wX'gL~MWwzpm߿`Sa4ynE@:Ycf. wDRv`_=p]*q+##qc>x6;'t.J^dZu6U{S.UհK.:jhvͰ6׆?&tR<9XT(s7>}%+jwĚ|.'%;ng)Rh`f"\cxw+rzO_:~5?ZN}s;|@i! 9-þ-}y)PP"s&<zLb,}]zˎipx{t.)EqhP-\o *5ݞlÀdؖ\_uaq_O'NtplڍI NX,DBc3V1M`?6('Z[&||6﻽YƑƉ^ eҁ p7 {⑼21KLrZ6=a{VIVx|w*بGT<Ȭ؊tgR3weåwKl6.ͦk_85X!vO(8{.9uWj7͛W~h̓ :V>o}h`R` *AÓt$O]=OIosOС Zim7샑Y R> еuX|˵D#f?⬁>tŜYtYZ={ln؛pla50H:Rl]+eV?%(jZ䝑q)nk:APMBVi^Hkï)六A6l\w.ć q f:i57*dGt`^Th;Sb*\mRP$kșٗk>`ʻ4-ൗy^#K J}2oy;.4ЫtS4S[ +mCm9w KTNoiPXhf]i,\4MDכļqF&W'gK%SAlblQ!a0A"qJq2h6Bo⣋΋[cl23On=[rm;6lTHk吼`5=iv+V":ϙso~+&aƛi*'C`%t5P CM|~ugTAe 7Fs=^xg柺#9@XeՒN q[26@gpO{)hwT=svZE(%bLDrB,Wqy݊VBSt(umV5$"3Zo)Xсjq?>۟ހ8DD7M>ωJ.0KR06U9 ͱ{~r+h=v֭_OMO9lZK+X4xaxwH##uhty@ 0ʴ^#lEC+R2a&~ёK"Etf'Fǽo m]Lo uqxI`BljJ YH Ex^ T2ewH a-ɎBfzYO@ t4d$Rwhƨ5t vX7lD:"%$p= |j5EdQᓭMyXz`\:^K+#VXsqMUG}rWល֧}4; ; mJ,$Ad-qu XJR*h6W!$d^,4lfLt_Oi "a>Ek S"IIQXWJb2.\4XZi0a,<wn>w036E9r+7nKtB!IN*nJ J̠"ADhBq΄([ےk|iɨߍ &u=F],c?B3h[uL_23 u (~ܯ_SZ4ub*: ĭJQCvc4ZKQjLڈ=j 9XW3P^ټsbiY5]ƚfx{o`M aUOe9' }< y&0[WkS)jOjܼ :Jk TAI4 8Pb6l \XAМUinOOCin׽p:c) 6i**V,}dƳW2/b-+J~\uh{:Զ,(.f7M@rzҙ/o n}m+o_=ZOon\-1$aNhS||=oi}ݙk;0lf4+7y]z5=Z!* 9_Q:t(q|*sa-@^^b/ .+_}9H= \!TżG*X(KX+ˤӨ?EupuӌOT1 35 V=A %gSrh+FR➐1V,R5Pl/[ V ? f9Wg+px`SSCՎ|_g?9e4 OJUgRr7RL@tCo|6I͆M\$J(g}Ə 8~+UL+=Ip@q V%&+UdW%{F7[( )8í3,|m엵3ϫO1&& 2RFh'ё)z3͊ ԭL裑㩗ϪTny2ajAQ0ro_J<JB5 VP iu"9oq#@qSW,Pc] AdS*afZϧw.~$1Y#AG̟&f R u6^djXQ^i}rҝpł{=-pw1H]@f.C~ 4pK:O|5+XSU-m` 06eJBJu0c̶uI:T$cIE&5Ah- τQMK >_8a]ew;5kǚNnMg, Y?!rc!KZϽfn7Kb*Fdd ( *$qQL퍪U- O*<؁^cFɫQʺf7A b.o-R;- bChfCLE{rYPb/~{U׷vˮt)odRu5\,P0z,Ǯ<++d)J(DJ&jxnZcrP/oYЂ+NFјNYԠ"83@GR*ƬC]iTH3 3" 9Kmz C:S(cumEY4体>ūV1e "d*N `!NiR <ԙ11?pQ*n ^W'W T2gEFL1ɰE*m&7+R=KO+>>Z_ßN1(V|NK.5}7%m֎?ڙNvoYaQ8kQed<=L`"4iBPfDl0'E}24S.Ekym0Ew !DЄ>Z|ؾ<-~R39a}l=Mrk: `+ YL`RKPl #gOgZ-όe B3W?:j̚y$nh0Tޠt[M xEƋ>2,WO=IrX yS/KD%TebL6$ω@-jlShsdmq,؎ڙB(?S?kZƍL"xԉxȭ3N"bԱT, C5'rSF/6I9”r0MӚ2N^A)) 007Է6< /xC,Bo^j\+.AEuAh|˰o}j3$66zٴ5%_A0˼-5A&|&Z-@/E8Ȧ&H؍](W hB8Ū\$FP]ʺg|>h[Ŋ$Љ 4f6I`֜!g-rte׶ ŁɜmFHj>UV{?V<s )"bX~xFYm5 9t ./\tni%bz(ѠVG$Qq߮}6)+,àb2/eJn,֭!tqh¹1SC}'h\4.[mq,8ſ[u-:"|@ ^B8&Q؎gȩ? MJ"^qb lU #KgMS9GQ/aw ?&>f;$WK"lE!ɚ,kTM06*X.=5TXQ#0"g,>]pLGtnP0/lf:J13vZIGlN4.qPykBES%coa.Z_ gϜM5-"u9N PrUX6Ur@#w4)nAiN ͽ!h!Gc=Um r%vQ'IK#D-25s %i2KQKL^lH#WYHS֜!D4]PQsvp"c1/1 *Ri f'9#-Ew6W:_&vpriwnL㙎U@*t{#} % m8 bSrfMocmLG ɧ1(XnV."_Q|Vv=` B 4dTX KPa,E/6O5Zxwz5׮Q& j^A?E2čV#5ZB&VuYX+IzdX׉/o:Vi:,h ::I8h caZE}e5Ԫ i` E\W J@AdͰGrFva8zs Ȉ#{AlD4+7p Vp"CAfrRDC~߉dTg|7[ܛ:%o]}̴l|š`I Hθ.MoN@0/وY;$jym nճtA~yNDwpLpGhp)Ÿ'{\VI@$b KYQmB9^Tŀ*e3Ur~31(s`Q.P4ѲYej*lk(370V`]O(%!֟A?tu ]p-5 Ei"NTƜPhp΂Ʉe`4 ^as+5'C5S_>Ü ZwU&_DVYEɺA>XхH=_PN@J=5Ȝ6 j 3t?>EL?Rl ¾stYAQwjA0P.!mDhi//z|7tq͠^A(DkX^RS5;MWI5W0= :s;,_ٮJپ㾿>e!8'",g5*x(  ٦n%5(K(%V+` 7;O$0 Q8iMI/gMJ.ZjS &CdQݦc)%~9/#OF=h*Uw(r!L1gP >_n:(iG9gVǒճ;*P,U71'Y0ĩD g3V)"0ӽDАi_i2U%Y&ॴbߒg9%y7ү^PPu0 7"+*93x'$ v]&6ؼg&3<4;GBQ|^ĈFفiD UBDgz̠ Rb"(/Ә(*rVY5̩: [lSىh{CrK<զtDj /MQ4A$uhC)ra7|,-cdRO2!ٖʱV YRz}1լf΀sΌ7a,px4w~"R$Zrq(Td:ᘯ)&mx4O=.dX|cPT/ XkEػ^@%7 XWglake5>̎+&h;E9[ ʅ (ƪ$e<7OS4YA7?lb(y^@_X DGjutϽY-3 =O ƴ]v_m2IbHrES}t pYܘ׭~vs1<ưg͌v1aMv.O Uü{*Ҹ$|DO9(r#kiӪv6st؞CjAIfSaqf9%qZZa0ƞ'2yQcM*1tb5_o=w3~8<~ӘnpgxPǨyh԰p(q gDrd畆ef $_ő(8hehc ߾ϟ03$R'^\ɿ ^xlps(֌d:2 c͍+p jN88s#"]:;øL8dDKТW8Fz4oCYUhK0]H!H  30F]|kӗTDtЅZ1|NtX@][Q2-bSUI͚ "CZ Γite~0㔧f>LޙmDThru=jtS XՕ*#@d.@Q|=bJl"H*bBQKКUܢ + 7٨X-4 ug}gy?G?W6=yp~$ܧEB y)v\[K}R R`\Tӵr&=Tz8'}ޅ >=_z晱غɧm;3ޙL5_z}6UNu5liAOrhgA5lvUe08fYmuMhUlDta& Px\y}GNb 5&M-eJ xhciJ*ώe,X>pN}iS+E6}啐[CzvJ5'aƥIsc-@Ixێ:IFN (< RNȶꓓAԥL̀My͢7ީeǵCM]v M 6i,J⼯eI.ZDd%’@(@@XnA@JZ^l/;`V}Fȑ6P2d@+`Q?[ X`;ɨ-c9gyI ޤƞi6?xE@?@ dJ['v)2fMN=X?5q+S0"WMm3`uR]5,lEI̅6y_uk{]@`dRB='\lNr nX7W9K`ہ-r!vΟה_.WsXQ" AtTwCK4glTpo>6ߺn}q87; K76SMTV O gSXpL/x`+J^0yN{\,2װ]gZy3EI^Qs^!Maә-5t%2jY$1i#r5::jFS+ Ϝ&Ǘ&;t_;*:By@#烇U;4~5fqXNFaHC `%ݭ`xEk@ UmjTy,Nʃ;Α-[zsKzw!4V)(.A;IpxV5"T&h\0rkׇ͙ps,R3Zh7e53\AQE &s7&B)`8 Xf뼧f{Q=^o`3w㻞_=}W;㕵syXUߑ_2 (H2 )EЦ03Le[NCyOeq-$VQ*MЙ2;AU JQB@ٶ}Z52bxBMץu|*Jc k^LZ&HnNr0mO{ueV;2>f>e(ʘV+(fc*-9!/ &ܙx7-^f!U5A8T 4zUDJ `N4hD7L]+d3QǶ Dmu >gxSulw=;nGv/9T^TwFr3>W=izGYZbԂNPI?RoZk>=Ӂ@j[n41|OE|cW'5:YÕ Fe94#|·(uuƢ,jn({5dc+נ6=Aڻ{wy_P0WUNÙG1{vY>o.gmk [q]4 f cR|) dK$!L \+~4UvkÅ;hy2:w؜4֧u^;vQb@nXE46; {F`YtZλ9J.==VmMIH-Xح"iЁJabLe2>U#WG\_; žywyAi*/l_9tֲ^ˢ‚S֒kE0P\mmwG^lHT-7(+whqqްJ.E9&7[=.>9 Y8QĸD|aŦYV!j$h?49FD0m h B|ۺ=(4%<l/]w<Ć&!G;5MuE 첛6`b]ϝ?cg>'73:˖gZ5'HE| yY1$$GiX3:Whk+ð9nx$ԆmqХBW+ i uù5@.r<=nVE6C8R[8gcG\h{쀯_9$>Q}㯄TfmpaVQyCtC9a4RD%+o؞dP5X$l}矿`Μs6/2F.\)fnpK.=ZXhY ".C.>K;2-Vƞ \D"ipy E,:;Qb &C&m!%ߟh곦&G*8ŔO.L]sU2W؟3L~D&lX2/z}.sݨj@E*k!"ʹbӤIY(SnCLC-M*q|1ݳfu,^ʶW^C!(UiX p ]>L Sa dvIQ0O2dV ;2y\aSrD)$N~aƐk^5u5ȅx"0ݼv8lg@7 ֘YBKGBߺe@֝7\5yGWQDTl!uJd908Zi>^yն6 8DQ9i6%mnv H3w||2??NT6ez͕M,GxO_̷\2xs>J_/s?:;;V43aG L'}8&!>ԓ6<U)F|D0 )Jn F1E-X?}?~K=f\`ՙnf@S v<J¹UyF(W!\ z,Xh8!.h :ƎQӖ-]܇BV-AR1֪JQ0{=gvH@>Z@{|΄(VQ1\ LbqOݟ.q]" n*e~7B>yI'Nj5*pُe§E)FTb `M曆T6J)n(C3\}<-'qfP]RP&^nNii TY4R0F ;Bnfn&]/y+&`#Ay$VlR)NVpU5>'XDZ-l) ѳd{ؖ+ٗeJ4B-%;63M|6X82#J)YUL֊~"P#.蠎շ3a&B>p+yۀdOYY"+h=H&@[PT'gM 켌 ȪWagϜaF//SЭծt;Ιq _/~MqvYc'`b~`76K GI0~r Ok6jb# {U).93ףvѕͯî9|.H2`‡?wh kR^PSVtVm؅lގn n]r$b".Xkɧ\ɮ'w$>fgd(aj;/ؓrKיjT5fF Asuwi]+\vòi&uNy]9])`7*5Jk6 ]-j^lju08fkNeLl\3U_KYޝ+FUY֡³H/ot߹::߀θAkfE {3[`:QB@t^x`^_heS(V1.c8orS}D^:V +K,?H$E x9ե+xȶ&A,G/j&5Gn5)6Rq5xSh(_Wt; >%nT[#D'=XFRYy._fixD˸vഝprL(8S78X0 :Qp|Ӣ} +!""" uЌcC:ښ|j%#A vv:N֭udcO>uw]/^o-!po~>ݟE5-IA'UqC9.=V pC3_-bF*M5t֜h`=MH2iU.G~g}/DNLss:I.~@Q;9vJ K*M7]8 ڌF7 S&\xh#MTf}$(m9Xu*8́I+aOh& O& 鐍aH|o}W~7`}lmp[8x˒;[N(Qz0)AMf,a(T xHS^ϞbЯ Z@!>lQl,n3\ ­.KiHV"h N]㙻eso!P&N3}UΒ@R&a  k;JxA rԇPGx9 *Y,GM!fd@*D nƞЅ> tfeS^/)}"| Q ^3qψX=ZQynYhTJw3+1XNv)T1D f*&]hzJ 20.U/|Ǐ@ }6R<@j2@AkDe=(I2bh\+0}~RA2{xNY7>c)8Rr@ͭR?H2|0 CDၞ'f se ⭴B*0Y4lk$` #"d(="4*> ʺ0$[nrޠ(4x(M\Pdƴ8|?gEn{q4`"ۭ{ EfǼG]Ab}u'8Y1 ڮEA?8!L6dݶJZQJNx%D -n GJ/8߻=/my yװڎk^=ה|fh#҈thiɾx2tb:a4[Bk4N=u<~T̒VA6΂~νpQS0/߹v}pddkiH`Tgwgf{7 #+QG ^ϲS9;+{sδd&G׋ "=2] }ahw@CM=sŘ^7}xPbNK)lկ-TPSf)98 8`EP4ə# U7X|eswXq7EDXu?_\ӕٕo;T|a>LYnaWaT&EQ R&HWf6Ns +n)hFu͵AiꖂҮ/S6%dtF){N*`բtsnYOglW(QIa(Aޚ B% 9ip)Kz!Rki*@K$ V6a Z,م5S/Ĕ魁`͹0A}*wJ Հ(jn\$V "3&.B6]fGo:est/RMp+%@z5-74`q"zL1V$Ki.8/@Ң\po }.`C-P[PH^blͽ|Vkusϊ9 IG(}s&P/BYwu'("0Lo[WDAKb -Gͦx zNw^'16,Yjء ӂT6(ǔ[ enUqkQ2**$TTz#MvbW^f:.5k/=!_rU5uaES\[&%,9dg6_]^@0X=sc*,@U02HQ%5TQ8=?HZNbz(PIW\RCo?YB l)KU  ڬm֖ GBAMI Z*l5[/f)#jnhc橩 cbɼf[(c֙;99Z$(hݲ5Lضޯ] kX55sՍ ,˳R6[n6,Y掕:V:6;@ȵ)oxpm]mA-g* ̈́\ 0@@q6  %Ѡmdd*j3:vT$A3;yd@5ߪZMmJJ]6TN U8^,4Zok&!$fsVbͽ*{߳?u~bMYkوAf0ЅFI Ų6d$ޢIq =QwNuys b<z zM8>jjpݙn{Ϫ܄'T!F 9-W\b$uOSݺ_am mH% z>; N75&sO&?T/ m 3LLO^ Jgu"uǐ?WKHLc>pח[R-[*ˡn 3^&f"3(A-% CJzLhb34jsa(yv܇-S:t -YVUl6mmMS+_d`5`r0^sˬ;Df *m6-Ϭߗ\ 7Zgpt ,PS=gG,M87FIiPj̱%%k"vyhZu(*U|^V腆GV+yL-+øWp,l@t+)'; sE_q]J5N@CD*ԫ \AF3&M@2Ds%Cc^ 4EődM4 0"VM3H)IY?vT1!eE7l'<Ǥ0FhL< {:و"DY:<Me:֖0Q{?Rh'2iEWd4%歀]5R͐-r`Ǜ&4|.v_Կ?[Vx=iwϰ7O0*z.}i0?U{{/>7x!dP6q zVYi憛5"δV/"\._ uvj@#=;x8-~D"IVys© :sͭ;!apSf[ȤJӷq@T9\fy97-7䈀Cgd, 1Z$Fmf07?j gi?jP  \-\I o"2'U/o_a~ൻ޷{$?9~)w|풳#[p|!N$C#IA OGxIg̘[\UQӪ,4܄1d,hB{bL+lpƶt`Ճj{Y'zY1Xey2YB s1sP@-l@A)ӍC Rk.#(Hs,t&YZޮ0,4d2D:Z8m{y fi gʼ_^(|6ٿ({޻%/^7x+WohP xDXɹhAٚpu{_A|"־?jzuJDBRUV1E@@8)O}y7qkxpumWY3sJ'|aַu$+@lT|Q*nRȅPD5+zfW:8 \R| ǩ* GD#k(PnH;Ne="n+SQW>Vtvfy$D-Xy¹+̼drq`yYg)۽t`fk[&>:u=ìnOz1(;8#[v/o?xo; wI4&uR:kU/,Ʌuq|p}<=v9w~sڦr.욝NJmk?S aH<_g$=1ӺBcuTBL6D .t{wUSxBss捠I ,b#% CՋ`3gcD%2'oxx{HS zAy]85GcWSyRqEaJpy0C]}6eT|` Xa &7ژfd/ F)yp;AURĸV£V$L ':$88'@K6ӅlVKU J0l4rS>wcr Ck?ED#SiTzoZzn^f*сtrc<6-MʃA u043tB?謹lÒ]PoGRNXtOenrԈSkKlK8jQ6&5,x@ͫv*-+h֪kٷdU"RvâOqa1xJΡk.2*؆eI'OQpĊJ]C%*8<[H4Lo%A՜y.7ߏ6/ӞQۗb{R,rh8+t!L[08lLS1<:>^'6sc~U6?9rNl1𛇦oυWLٌM+ǁL;sZU6F5HEL-fr7ykhXW. x醠㎏*knxh֍]bVgg/u\Nhh]KyܲW=rE,#x6o'Pdzil f5>\WDOik/zUT딌Q.dF4|DYZrڻj[U)%{&[)j Y! ]w^XyK:M]l`,ww@~e^{-Aåҗ b~}`Tڈ#;ζ-m7q7!7_XggFiO`+#Z²ݟ4 _bjؠXځ^d.Xb^2 rڣ0# xhׅ9*d]ƛDkV[17S5ndeqKK7Z{"GuЖH[yÆb zlBr}6M<8 c}*X2f{Nj~W-% 9w׾T,ڬ=aJzfWg0MiYXMmO<8@/p.f E! *렯`o6AΡ;G( o$1Eb"K֬j^<9=8cȢoc*RcN?Gy[{️ֵ4>t,u2G&jkEwC8}emN~,/؍oԝ#(̖Teu$T5Z{5d>yt>#/~S%`V@C4xS/?fj{W<@Bff?OkǫZ[H@lwzF$Єqc޲Z/^,Syk}{0CʜU>shRѭUZl絿i[Š FW\=Q LjtBSk\Û9b]ÖIbR` j~k$I3a0;8Y \KB=fhއ|a1XGR`"H'ӖG$ @Z'ܿO~ U;SZKUVJ@|B3|t9{ܞ{^A# m']}!svJ{,>U^ GU%*sA\n`[m3#7F‘?(Lژ\qMֵ智 TeX/7}8ЙN`c\5GkaJ 7"vW_OO%ViՒ")mn}A>ܢT(nE=K*E*"HֵSP$!#DX N."(LU ρ41)5x8IBВVlvU° 1'tĽ ^O{oOռa'L-[yg,`w6=C 8I7cד|Plk      !"#$%&'()*+,-./0123456789:;<=>?@ABCDEFGHIJKLMNOPQRSTUVWXYZ[\^_`abcdefghijklmnopqrstuvwxyz{|}~~]3XW'L A:hT'pؐA>{oOux; l Pnvh>Ȃg2ϛt<* ;HS$0h{XTp r3S!h3u5!p<}mC:g}ybvgaH v g{3TqSj[BB^|Q|;z'b':M֦=eךY.{^Qb=n'i>K -*AHdoBJ$;-1^UOvvkx.K`,p_=[{?jp>f4?!%3fݑ 8s:N] sw|'mz,zb~[uq(43: a-hIRd /P.Ny/dzچO}`7O3[z9 `]0`3 #1)dB~[:e?c-^H52-1a H6Lp-QrXМf)w.?. I .T rdXfULw<MOEt8N} q#Jrt l qw^}ÙN8}D.D&=R83Q 2RAwӈ5ͣĥe"|Tw(N7 ( \|l?7倅^\'YSɏn75yuqw:.zrti#蝵B19ݑ-uucA&0ͺ9d/DoI?Ȗv7˝JIrJi,^s+uc*_d2F=yhVg @CpHD+$xwJ@<$TrW0892خW>@إָ=DI50Fh4u|n ܨ[znBC.{@_k5Vc"5>q|l|OACW@u?>'pzV^`Y8sr4p ,e R n&|ܢ|ujXUJKm(mLUo}߾ϋ;lۚۯm?uއgrMdcd#Qw5ڄÛ3䱟t '+lW|u3Ԧ^NkT~k MZSԼMiTI5lM@P(ځxTXAm̊jN z T,a;J =D9xۓ [ ;~0Џ'Jk/Y [$8rކ#|t7]IHCUbSMR-^utyǍ:_jh5'XN9ҭVl_I0|?Swޱ==`%O7ʗM?VZRY3##ro<Fz¹yܓXaCƤ߯Twx &#?sm{ K Śˍ@ǒ#t&YqZZ{= ؇tw h IXYYYraM_E\ 3cŗU:6 zڭv~}lE~XOz\ ]A,ٴ},Q -K&/7xK¦VeDE\=O8C>"KA5\jܠ?ugu9z7^,$^?(? ܳ{~*(94~l|;^S&g_>|8wjQ=ogEޖU6l!:_ԟ|m+|q;knf'<$(ꠍF>?&zXp(NFt;@U5Q"0 dIJUlB0"lxXTM ":j->wȩ% h<-Y-;_̦c3o}GkoJ _4 sn'826PW )M;r4Ǐj-|SKVE{GqLa TF!]w_vc?8uۗfdTrtr<[8`t*z42x%UdrXAL]np;R*Dأۿ߻C2>3XgHuYx3܀K)HF)_˦U!4wY+ʊ6w?OOW[:_.^y/>,R _:k-R"h SbB v.35?Qx5uZ[3H@ LfbRuWexahA׻ғl\ԵW.w>}ֻY?i:^#ϯS^d)'\31C\ɻyz/Ӭ zե֡-; ;{8}ga lG0j -A7`}ኅw980_6hvq)ŦTCA&30llEt4);׷v J"׭7NgK~7?4r&׳3'zm>}pebeZͅF[V q]\ϲ \ i] @fy kĨ|S+}ჅsR!Ԭzz O$57^Uwww|p45EBn$*UTchgvWNn/ +&ȹQ[Ǽ9իjsOzYp7\G\hJEKYlz18*=.vnfω(8(һӝ*?SO(2ڗ/\y4Ten}t _긙mh3}{ߴ쟘w:qxs9QA, T O1#69jbE^dc=h}z=}7A`D>Gjx! 8 ۖQ9ދV褗y@6o08wnbaKur*nb;V.HiMqж#-WvgNu{vclA2A~yCeqyP]vl)LrWv9Zif{5Z8m{*J\ɸ&J~V^J\jX}/^wqxEq۞?[~St߆~ßQڻcʮlQN0(ØF!ƝV+b{`>5P$% R[$C鷝o{M#6i!j"8QdA 7V-+׹M׬/o@{/ 2ő٬(_{=刺  tg%b I9GuWapMfaBlss@jr0:\K j6b{,' f!v)Vt8PBЌlֹ1h7fbZ%Hqmn˗m\g_}b8rYa~]ީǻNft}>X%,D]>_Iߺ3}>j$w+vTƹ(­<v5fE&< 1?TwtEFA/Pv蛂 ,fEݏPI>t6<{챿#kz7QPv?ھK\eXz֮9cݙ+zQ;Vz1zW`EN8}c;G o.Wb(JM)>J(#z@BD+nC$]28GTX;XPYߝ}V4A٩(*&X22o>z/.=3rZa3kzs0IM=*Gɖi.DJF'#cvT"X!"IA3p??{Z6KʏosRl΃#Ő~qtjY_`?_/[y<ʎǟqCօL8eǮ ϊ۷\GqPCʥ%A;/Z`m5}ʷ k q"9W#:tq5Q ܑ&fz]"pSQ& k6dFɸ 7x$zq-6{6_%-mϜ[s͹Юv8 M|iZ+%d-`k%Ī3$$&XJdэ$D E\ֵ'zG{OU>ADpun$>ldqˏ]_7D'FMPĢ}B FEǛzIx BcpƽσK+? 0v j(2[ltc$H6kK骘=Rxd& $5 ̤g] pϺZ H !Qu''Sɧ /6?kб kVCz `M~|wݚ} ajy0#@*(+"WږKͻ[߰XtĤu \mQ1K_@ RE.bk OqM](H'y95{e r\]=K*W\ɥ ~߿Ý+B U *E_.4g^i~+$쵂\u^tv>RW[m-MLHUϗ]k"Hv"UN{AY'Vu  \;}$4.Wa|ެܻ6uBh=A/B.WzZ)mzܹt7 גߤCSeOTH¢DpyDiK[&7َF1dF>w+֩ONvu{b&VH͸MWI">_wFrZ-(u6mm9Nc_`nPtQR-gC8 ܑNdQ7£LJ;߳rp:5X/WUEZ\~_ <>=>x7l\k='UD{lfT'F21Bog":j#5^ Έe_o.Tߌk|h_ơ Ӥ:Kূ7Ÿ|mi~b\ 7D ImjPx:ܤ Ha:l!}q9,d,w,Q&8.)_&DlkW3/bC]wUzŷcϲ==}t{GŧHM]/8w[A[>yEs;\`t*M;ѐN=׾\p"n%mBg` ,"0NPJe `ǚS:x r%GuBu+"\*9R?o;CCeKWhϝ8[P;{k/6yvW-isջqA# x+`p⭦C>ߴS&2 ]` >X邞wN؇w(9u6& =& (F0pcT<Ľ>鹸g&PY=S~lӵ]>hhǓh@;G6x gR{p@Qn u:yQuxCg Ǐ^˻;.s1_%`%XL: TƋLRfk%/Qz xHx48ުd!`n,K #A,Q }=-$kƽbG=:>E\sYed_4=Phﶁ7 BRM7I% 2ѠX2J_7`hQ?~HQ\A;@bÐTR zŸ\X&$ØeJg~{\&xK:s J6Dv&f6e[x:tN>>w&wY3ɑ^ ueFӤ(lMn HWHPu)$ۓ(K]TtR|i)4`N 29 ӂEItTFdH@xb~Qpwz'6{0ѻ zYq^R_/iwuzG~D\rbWAFzS &ֶ <|nkK,h+'}0BY.ܟ9y_*3=e[5MXU,HԪz+LA.vO5G.ZyX.G m2?ʥa;+ӂri6aϵOg{ſ#̗jpCG8X:4kx=;M.RE yhrTi329?Fсyvp#A IBUTt}D